martes, 2 de octubre de 2007

Al servicio de otra patria


CRISTINA: CHIROLITA
DEL IMPERIALISMO


“Nuestro destino no es ser forrajeros ni carniceros de Inglaterra. Nuestro destino es desenvolver grandes fuerzas espirituales para restablecer el valor del hombre, y por eso, ante todo, hemos de cuidar nuestra dignidad de hombres libres” (Carlos Saavedra Lamas”

Se lee en “La Prensa” (del 26 de septiembre de 2007, pág. 3) que: “Cristina insistió ante los especialistas que trabajan en Universidades como Harvard, Yale y el MIT (las más prestigiosas de Estados Unidos) con su idea de que el conocimiento científico se transforme en aplicaciones concretas para el campo productivo. La Universidad nunca se vio como factor de aplicación de conocimientos. Tenemos varios argentinos que recibieron el Premio Nobel en el campo científico. Necesitamos romper esa separación entre conocimiento y empresa”, afirmó. “Vamos a volcar nuestro esfuerzo a la ciencia aplicada, que agregue valor a los commodities”.

Hace ya tres décadas Zbigniev Brzezinski expresaba en “BetweenTwo Ages”, conocido entre nosotros como “La Era Tecnotrónica”: “…y es posible que la mayor intervención de las empresas en educación favorezca la adaptación más rápida al proceso de enseñanza de técnicas y conocimientos científicos más modernos”. De lo que se desprende que la idea no es propia, ni es nueva. Como las empresas que mencionan Brzezinski y Cristina no son entidades filantrópicas, la traducción al vernáculo de la palabrería anterior, sería algo así como descender los conocimientos de un nivel categorial a uno concreto, práctico, adecuado a las necesidades de las corporaciones transnacionales, funcionales al sistema. Desde su punto de vista esto es algo absolutamente coherente:un país que ha sido destinado a cosechar lechugas para el sudeste asiático (Informe de Trabajo de la Comisión Trilateral N° 16 de1977: “El Sudeste asiático será el taller del mundo y la Argentina su granja”) no necesita vida contemplativa, ni primacía de la theoria ni saberes humanísticos.

Es cierto que Harvard y Yale figuran entre las Universidades más prestigiosas de Estados Unidos, y junto con Princeton constituyen la Ivy League —la “Liga de la Hiedra”— donde asienta el poder educativo británico. Según un informe de Paul Goldstein y Jeffrey Steimberg de 1991,en Yale, fundada en 1701 en New Haven, funcionan seis sectas, de las cuales la más prestigiosa es Skulls and Bones (S&B) —“Cráneos y Huesos”—, fundada en 1832. Sus iniciadores descendían de los colonos puritanos que llegaron a América del Norte en el siglo XVII, entre ellos los Taft, Gilman, Stimson, Bundy; luego fue aceptado un segundo grupo de familias, enriquecidas entre los siglos XVIII y XIX, entre ellos los Rockefeller.

A pocas familias judías les fue concedido el acceso al limitado círculo interno: los Schiff, Warburg y Guggenheim. Recordamos que las bancas Schiff y Warburg financiaron la creación de la Reserva Federal Norteamericana en 1913 y la Revolución Bolchevique en 1917, y que la Fundación Guggenheim aportó las becas a las Fundaciones Rockefeller y Carnegie para la creación de un cuerpo de historiadores, para diseñar una enseñanza de la historia adecuada a sus fines: lograr un gobierno regional angloamericano (cfr. Alan B. Jones, “Cómo Funciona Realmente el Mundo”).

La financiación inicial de la secta derivó del comercio del opio en el Lejano Oriente, manejado por la Compañía Británica de las Indias Orientales, controlado originalmente por el Banco Baring Brothers (el del empréstito rivadaviano), para pasar luego a la casa británica de Rothschild. También otras familias pro británicas de Nueva Inglaterra hicieron sus aportes, asociándose con la Cia. de las Indias Orientales, como los Cabot, Lodge, Lowell, Russell, etc., que dirigieron flotas de clippers utilizados en ese comercio, y que posteriormente fundaron la United Fruit Co. (no pudiendo superar el hábito), y el Banco de Boston.

De todos modos, los hombres de S&B adoptaron los rasgos de la —para llamarla de algún modo— filosofía del sistema imperial británico: su creencia del derecho dado por Dios a los anglosajones a dominar todas las otras razas.

De los miembros de S&B surgen las figuras que van a integrar la comunidad de inteligencia y del gobierno de EEUU. Entre ellas se puede mencionar a William Howard Taft, Juez Principal de la Suprema Corte y presidente de los EEUU (1908/1912),quien dijera: “No está lejano el día en que tres banderas de estrellas y barras señalen, en tres sitios equidistantes, la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad de raza (?) ya es nuestro moralmente (?)” (cfr. Carlos Ibarguren, “De Monroe a la Buena Vecindad”), Henry L. Stimson, Secretario de Guerra de Taft, Roosevelt y Truman; los Bush, comenzando por Prescott Bush, senador por Connecticut, banquero, socio de Brown Brothers & Harriman, subsidiaria de Brown& Shipley de Londres, los que financiaron la empresa petrolera Zapata Off Shore, de su hijo George Herbert Bush, único director de la Cia sin antecedentes en servicios de inteligencia, y el hijo de éste, que no necesita presentación, George W. Mc George Bundy, condiscípulo de George padre, fue presidente de la Fundación Ford (recordamos, en íntimo contacto con la CIA, particularmente desde que fuera su presidente Jun Mc Cloy, también miembro de S&B, y financiamiento del CELS de Horacio Verbistky): durante su período se invirtieron cientos de millones de dólares en despoblación del hemisferio sur.

Por cierto que esto es sólo un botón de muestra. Es bueno recordar que en Harvard tienen grandes intereses los Cabot, y que en ella se han graduado varios funcionarios y ministros de Economía., accidentalmente nacidos en nuestro suelo. Y que el MIT —Massachussets Institute of Technology— forma parte de la red del Instituto Tavistock de Londres en Estados Unidos. En Tavistock funciona el Gabinete de Guerra Psicológica Británica, fundado a comienzos del siglo pasado, financiado por John Rockefeller y dirigido por el entonces Mayor, luego Brigadier John Rawllings Reese, cuyo principal campo de trabajo es el control y manipulación de la conducta humana, individual y colectiva.

De paso, Brzezinski en “La Era Tecnotrónica” no sólo impulsó la injerencia de las empresas en la educación (también de paso, el Manual de cuarto grado para niños de 9 años se titula “Ciencias Sociales con Formación Etica y Ciudadana y Tecnología”). Además expresó en su libro: “El concepto de interés y soberanía nacional sólo era viable mientras las naciones estaban suficientemente separadas en tiempo y espacio, conservando el margen de maniobra y la distancia necesaria para mantener sus identidades independientes”. Y, “Los vínculos supranacionales prosperan, en tanto que las reivindicaciones nacionalistas, aunque todavía potentes, se están diluyendo. Naturalmente, este cambio se ha acentuado en los países avanzados, pero ningún país escapará a sus efectos”.

En fin, sigue diciendo “La Prensa”: “La gente se quedó muy sorprendida porque (Cristina) demostró que había pensado en esos temas”. Lo que equivale a decir que Chasman se quedaba sorprendido cuando hablaba Chirolita.

Luis Antonio Leyro

1 comentario:

Rex dijo...

No hubo ninguna sorpresas -aqui en EE.UU- en las apariciones de Cristina. Sus intervenciones fueron cuidadosamente preparadas, todo orquestado al punto que en ningun momento se permitio la participacion espontanea del publico.

Las caras eran las mismas de la era menemista cambiando algunos apellidos (se sumaron ahora los hermanos Timerman)

Por ejemplo un lobbista con muy mala reputacion aqui, Saul Rotzstain, que en su momento fue encargado de "Asuntos Judios" designado por el Sr. Ruckauf, fingia de duenio de casa en los actos de Cristina.

Para los que no saben quien es el Sr. Rotzstain un articulo de Pagina 12 lo describe muy bien.

"Ayer fue imposible saber cuál es la especialidad de Rotsztain, además de la que lo lleva a presentarse aquí y en los Estados Unidos siguiendo este criterio: si usted cumple años y tiene poder, Rotsztain aparecerá en su cumpleaños sin que nadie sepa quién lo invitó. Y hasta puede dejar una tarjeta. Hombre de mundo, tiene muchas.


En una época usaba una que decía: "Representante de bancos extranjeros". Así, sin nombres concretos.
O también podía presentarse sin tarjeta e invocar amigos comunes.

Hizo gestiones diciendo que era socio de Jacobo Finkelstain, un empresario argentino que estuvo detenido en los Estados Unidos. Esto explicaría por qué Ruckauf quiso designarlo embajador: como Finkielstain es uruguayo, jamás podría haber sido parte del servicio diplomático argentino.

Mencionó como contacto a Enrique Coti Nosiglia.

Quiso montar en la Argentina un negocio de tabaco transgénico en nombre de empresas que, en realidad, lo rechazaban, porque las tabacaleras no querían convertirse de nuevo en un blanco. Ya lo habían sido por la colocación de nicotina como sustancia adictiva en los cigarrillos.

Cuando Rubén Beraja presidía el hoy caído Banco Mayo, ofreció negociar en su nombre."Tráigame negocios y hablamos", fue la respuesta de Beraja. Rotsztain no le llevó ninguno, pero todos recuerda cómo circulaba por fiestas y almuerzos con una tarjeta del Mayo que se había hecho él mismo.

Hombre ubicuo e informado, Rotsztain siempre sabe algún dato del interlocutor a quien va a ofrecer un negocio.
"Usted y yo debemos conocernos de la lucha entre laica y libre", dirá por ejemplo si la persona pasa los 60 años y fue dirigente estudiantil.

Y si es peronista citará a Ruckauf o a Esteban Caselli, el secretario de Culto que hace un culto de los buenos contactos.

Conseguirá que, en una comida, un ministro se siente a la mesa de un empresario y hará notar a ambos "discretamente y con el tiempo, sin extorsionar" que los dos le deben un favor.
Lo mismo hará en los Estados Unidos, y en especial en Nueva York, donde mantiene un departamento en el Upper East Side, el encantador barrio próximo al Central Park donde antes vivía Woody Allen, y se jacta ante el gobierno argentino de tener llegada directa al Comité Judío Norteamericano o el Congreso Judío Mundial. Una llegada que cualquier funcionario puede tener con solo buscar el teléfono en la guía y marcar el número. A menos que, antes de dejar el Gobierno, quiera favorecer a un amigo con un pasaporte que evita revisar las valijas en la aduana.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-7747-2002-07-16.html