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martes, 19 de noviembre de 2013

En la semana del 20-N


ANTE UN NUEVO ANIVERSARIO
  
  
Mañana, Dios mediante, hará veinte años de la muerte de Francisco Franco. El pueblo español, a esta distancia en el tiempo, puede y debe reflexionar y comparar entre la España de entonces y la España de hoy. Frente a la manipulación y al falseamiento de la verdad, que el nuevo Régimen impuso como norma y objetivo, nosotros, los que no hemos cometido perjurio, disimulado de habilidad politica; los que hemos sabido mantener nuestras lealtades; los que no hemos sucumbido ni a la tentación del abandono, ni a las seducciones del poder, recordamos públicamente y sin rubor la obra excepcional del Caudillo: el que en la guerra ganó la Victoria contra el comunismo y sus cómplices; el que en la paz logró la reconciliación auténtica entre los españoles que varonilmente se habían combatido; el que hizo de España una nación rica y próspera, unida y en orden, con paz y trabajo, que hoy, sedienta de agua y hambrienta de justicia, se encuentra en trance de ruina económica, de envilecimiento moral, de fragmentación política y de renuncia histórica.
 
La Providencia quiso que otro 20 de Noviembre cayera José Antonio. Las balas del rencor y de la envidia atravesaron su corazón, pero no pudieron terminar con su espíritu; y fue su espíritu joven, enamorado de la España que él llamó metafísica, el que, arrancando de la Tradición, afloró una doctrina para su época; una doctrina que movilizó a la juventud; una juventud que no vaciló, al servicio de la gran empresa restauradora de la Patria, ante el sacrificio heroico del sacramento de la muerte.
 
Creo que hoy urge más que nunca valorar y ensalzar a quienes como José Antonio y Franco son figuras ejemplares, no sólo en la perspectiva de un tiempo que pasó, sino en la perspectiva de futuro. No se trata de copiar y repetir, sino de identificarse con su pensamiento y su quehacer, para pensar y actuar como ellos lo hubieran hecho en el día de hoy. Si José Antonio elaboró una doctrina, fue Francisco Franco el que la puso en acción. Uno y otro nos son precisos, y no pueden ni deben ser enfrentados jamás, porque la doctrina sin acción es un sueño narcisista y evanescente, y la acción sin doctrina no hubiera sido otra cosa que epilepsia y barbarie.
 
¿Y cuál fue la doctrina que hizo posible, al ponerla en acción, que una España, pobre y triste, zaragatera áspera y tullida, se transformase, a pesar de la devastación de la guerra y del cerco internacional, en la España una, grande y libre, que conocimos y en la que vivimos?
 
Son cinco, a mi modo de ver, las líneas maestras del pensamiento de José Antonio, que revelan por un lado, una concepción original de la Política, en el más noble sentido de la palabra, y,  por otra, la apelación a cinco factores que por vez primera, fueron convocados para servirla con eficacia: el factor teológico, que contempla al hombre, no como un ciudadano que vota, o como un sujeto que produce y consume, sino como un ser trascendente, hijo de Dios, portador de valores eternos; el factor épico y lírico, que intuye que a los pueblos sólo los mueven los poetas; el factor histórico, que dada la configuración de España, la define como unidad de destino en lo universal; el factor económico, que estructura al país como un gigantesco Sindicato, en el que el trabajador, el técnico y el patrono no se enfrentan sino colaboran en la verticalidad de un objetivo: la seguridad en el empleo y la calidad del producto o del servicio; y el factor personal, que pretende devolver a los españoles el orgullo de serlo, y aspira a que se sientan mitad soldados y mitad monjes: soldados de la patria de la tierra y monjes para la patria del cielo.
 
Son estos cinco factores convergentes los que asumió Francisco Franco, y los que se dieron cita para la creación del Estado nacional, orientado al bien común; y porque el hombre, al que la Política se ordena, escapa al corsé del tiempo, la textura jurídica del Estado se inspiró en el Evangelio; y porque el hombre fomentó el bienestar económico y la calidad de vida, de tal manera que no hubo ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan; y porque el pueblo, para no diluirse en el anonimato o convertirse en colonia, debe reconocerse a sí mismo, la Política, que se ordena a una comunidad de hombre, fortaleció la conciencia nacional de España.
 
La desaparición del analfabetismo y la permeabilización cultural; la concentración parcelaria y las unidades mínimas de cultivo; la fabricación creciente de fertilizantes; la renovación ganadera; la revolución industrial (desde la siderúrgica a la construcción de automóviles y camiones); el fomento de la natalidad y la ayuda a las familias numerosas; el ordenamiento del trabajo y la seguridad social; el plan hidráulico, que dio origen, no sólo a la red de presas y pantanos, sino al trasvase Tajo-Segura; la repoblación forestal, que cubrió de arbolado los páramos y las montañas; y la edificación de tal número de viviendas que el 46% de las que hoy existen se construyeron entre 1939 y 1975, en la mayoría de los casos protegidas oficialmente, que podían adquirirse pagándolas en 50 años y por cien pesetas al mes.
 
Y comparemos esta política orientada al bien común con la política del Sistema nacido de la transición, en el que lo importante es la palabrería, el cotorreo y el insulto recíproco de las campañas electorales, el despilfarro, la corrupción y la hipocresía, que ignora o se desentiende de los graves problemas a los que, por su carácter prioritario, es preciso sacrificarlo todo. Se ha hecho de la democracia liberal un ídolo, olvidando que el liberalismo destruye la verdadera democracia y que el socialismo, que en el Sistema asciende al poder, lacera, gangrenándolo, el tejido social. De aquí, que mientras los políticos de ahora siguen su parloteo inútil, las empresas cierren o reduzcan su plantilla; el paro crezca y la bolsa de pobreza aumente; la flota pesquera amarrada durante siete meses se halle amenazada de desguace; los bosques queden reducidos a ceniza por el fuego; el número de trabajadores que mueren en las minas sea mayor cada año; la construcción naval se debilite, y estemos a punto de vender al más audaz o que ofrezca más altas comisiones, una Compañía aérea, como Iberia, que era rentable y cuyo prestigio era universal.
 
Con las inversiones fabulosas a nivel faraónico de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de la Exposición de Sevilla, del tren de alta velocidad, y los préstamos sin retorno al exterior, admisibles con una economía holgada y estable, se hubieran podido paliar los efectos de la falta de lluvias, que está desertizando a Andalucía, y que puede convertir en dunas las huertas magníficas de Murcia y Valencia. Y sin agua no hay vida, y sin vida la patria se convierte en cementerio.
 
Y a eso es a lo que consciente o inconscientemente nos lleva de un modo inexorable la política del cambio, a la que se une y abraza la política del mal menor, que va debilitando, a base de cesiones, concesiones y dejaciones, la capacidad de un pueblo, que, cuando permanece sano, tiene empuje y coraje para reaccionar. Lo que importa no es España, sino que haya partidos políticos que se enzarcen entre sí, que pacten con los terroristas, que absorban una parte gruesa del presupuesto del Estado para mantenerse, que no se opongan al corte de vides y olivos que nos impone la Unión Europea, que legalicen con el aborto el homicidio, que se comprometan a reconocer el matrimonio de los homosexuales, que permanezcan impasibles ante el drama del sida o de una juventud drogada, que enferma y se pervierte en el itinerario suicida de las famosas “rutas del bacalao”.
 
No creo haberme alejado de la realidad: una realidad profundamente dolorosa para los que tenemos conciencia de la misma, y  de lo mucho e importante que se halla en juego y a plazo breve. Porque un sistema político sin valores, en el que decide sobre cosas fundamentales el voto de los indecisos, que no tienen criterio; en el que los votos de una minoría parlamentaria condicionan al gobierno de un partido mayoritario, de tal modo que la minoría, y no la mayoría, es la que de verdad gobierna; en el que la Constitución declara abolida la pena de muerte y luego se aplica a través de instrumentos que se financian con fondos reservados; en el que la misma Constitución exalta la unidad de la Patria y después fomenta su fragmentación, hablando de nacionalidades y entregando el poder a los que oficialmente piden la independencia, no sólo no puede contener el proceso de liquidación de España, sino que lo fomenta sin escrúpulos, porque es muy poco lo que España les interesa.
 
Por eso es sumamente importante el recuerdo y la presencia espiritual de José Antonio y de Franco, acicates uno y otro para sobreponernos a la indiferencia egoísta: para convencernos que de nada sirve —salvo para caer en la desesperación— la protesta individual; para,  con sentido común, y con espíritu de sacrificio, no derrochar las energías restauradoras con la atomización de grupos —nobilísimos, ciertamente, en su intención— que permanecen aislados y dispersos, carentes de la fuerza necesaria para —haciendo confluir ideales e intereses, y hasta el instinto de supervivencia—, resultar operativos a finj de rehacer una Patria que se convierte en escombros.
 
Son muchos, por desgracia, los que dicen: No hay nada que hacer, hay que resignarse y entregarse a la transformación social y cultural que exige el despegue de una civilización basada en la fe religiosa, el amor a la Patria y el pilar de la Familia. Olvidan los que así lo entienden que la sociedad fruto de esa transformación sería —y donde se implantó lo ha sido— totalmente inhumana, con la tiranía en el poder y la esclavitud en el pueblo.
 
Nosotros, ni nos resignamos ni nos entregamos. Hay que continuar la siembra, a pesar de que el campo parezca el sueño de una pocilga o de un muladar, porque la basura, al pudrirse, abona la sementera. Lo que hace falta es que no ingresen los sembradores, voluntariamente y desesperanzados, en la estadística del desempleo. La desesperanza se evita y suprime con el amor. Mientras haya un puñado de hombres y mujeres, de jóvenes y menos jóvenes, que amen a Dios y a la Patria habrá apóstoles que evangelicen y soldados que combatan, hasta el martirio unos y hasta el heroísmo otros. No hay mejor antídoto contra la deserción o la complicidad que el testimonio de la sangre. Sólo mueren las ideas por las cuales no hay quien esté dispuesto a morir. Las naciones no desaparecen por pequeñas o débiles sino por viles.
 
Franco y José Antonio nos ofrecen hoy —época de oscuridad y nubarrones— el testimonio viril de sus vidas. Nuestra obligación no es otra que dejarnos iluminar por ellos; no regresar al pasado, pero sí acceder al agua viva de los grandes principios dinamizantes que hicieron posible España. Nos sentimos orgullosos de ser, como alguien nos ha llamado despectivamente en letras de molde, “los hijos del 20-N”, porque lo somos; y con la herencia, la responsabilidad y el honor que ello supone seguiremos cantando a la intemperie, sin ningún complejo de inferioridad y sin un solo gramo de cobardía:
 
“Gloria a la Patria que supo seguir,
sobre el azul del mar, el caminar del sol”.
 
Blas Piñar
(Discurso pronunciado el 19 de noviembre de 1995, desde la tribuna de oradores en el acto conmemorativo de la muerte de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera)
 

lunes, 1 de abril de 2013

Una, Grande y Libre

¡ARRIBA ESPAÑA!

   
Magnífico documental sobre la liberación de Madrid y la culminación de la Cruzada.
Para descargarlo haga click sobre el siguiente enlace:


jueves, 17 de noviembre de 2011

Poesía que promete

           
   
ETERNIDAD DE JOSÉ ANTONIO
    
   
Latir de nueva sangre a sucederte
por derramadas, valerosas venas,
los pechos convertidos en almenas,
el pulso, sin recelo de la muerte.
   
Latir en yermo desolado, inerte,
de rejas que remueven las arenas
y flor prometen en semillas plenas
de querer lo que quieres, de quererte.
   
Latir de la sonrisa moribunda
y del saludo póstumo del brazo
en el celeste rumbo del presente.
   
Tanto latido es gloria que circunda
la promesa del pan al eriazo
bajo la presidencia de tu frente.
   
Eduardo Llosent y Marañón
  

sábado, 29 de octubre de 2011

No perdemos la FE

1933 - 29 DE OCTUBRE - 2011
   
   
   
JOSÉ ANTONIO:
¡PRESENTE!
   
¡ARRIBA ESPAÑA!
   
¡VIVA ESPAÑA!
  

sábado, 4 de diciembre de 2010

Cantando he de llegar al pie del Eterno Padre

NUESTRO HIMNO DE AMOR Y DE GUERRA

Dionisio Ridruejo da la fecha del 3 de diciembre de 1935 como la del día en que Cara al Sol dejó de ser solamente música. En el Or-Kompon, restaurante ya desaparecido, en los aledaños del Palacio de la Prensa, era una especie de Rastro aristocrático donde acudía la gente atraída por el tipismo del local, en el que se vendían libros raros de brujería, viajes y recetas, grabados antiguos, zuecos, cerámica y mantones de Manila. Los sótanos eran como una especie de cueva vasca, con acuarelas de Guipúzcoa que representaban carros de bueyes, con la lana sobre el testuz, frontones, caseros con boina, maizales y curas con paraguas bajo los cielos plomizos de Loyola. En estos bajos había un piano.

Allí estaban, con José Antonio Primo de Rviera y Juan Tellería Arrizabalaga, Luis Bolarque, Pedro Mourlane Michelena, Rafael Sánchez Mazas, Agustín de Foxá, José María Alfaro (que en el libro “Madrid de Corte a cheka” de Agustín de Foxá, el nombre de Alfaro aparece enmascarado por razones de seguridad, ya que cuando se publicó la novela, en 1938, José María estaba aún en zona roja. El nombre que le da es el de José María Haro), Jacinto Miquelarena, Dionisio Ridruejo, además de Agustín Aznar y Aguilar, que vigilaban la puerta, no de posibles asaltos enemigos, sino para evitar la deserción de los poetas que a veces se largaban de la cueva a la barra que quedaba en el piso de arriba. Trajeron chacolí, sidra y bacalao. Después de la cena, el maestro Tellería se puso al piano tocando pasodobles y tangos.

— Oye, toca ese que hiciste el otro día.

Sonó una música enérgica, alegre y guerrera.

— ¿Te gusta, José Antonio?

— No está mal. A ver, ¿cuántos poetas hay aquí?, podríamos hacer un himno para que lo cantaran los chicos.


José Antonio trazó el plan.

— Tiene que ser un himno sencillo. En la primera parte debe hablarse de la novia, después de decir que no importa la muerte, haciendo una alusión a la guardia eterna de las estrellas, y luego algo sobre la victoria y sobre la paz.

Él traía ya media estrofa pensada porque en la casa de Bolarque, con Jacinto Miquelarena y Alfaro ya habían hecho una parte. La dijo:
Traerán prendidas cinco rosas
las cinco flechas de mi haz.


El músico, despeinado, golpeaba sus teclas. Disperso, arrebatado, Foxá escribía en una mesa entre las migas de pan y el olor reciente de la fruta. Quiso poner un arranque brioso:
De cara al sol, con la camisa nueva
que tú me bordaste ayer.

                

José Antonio y Sánchez Mazas amputaban sílabas y preposiciones. Y se acercó Dionisio Ridruejo con un papel arrugado; leyó:
Volverán banderas victoriosas
al paso…

Llenó la palabra que le faltaba con el la inarticulado de las canciones que no se recuerdan; añadió:
de la paz.
Todos se abstrajeron en la caza del adjetivo:
El paso fuerte.
Recio.
Alegre.


Hizo José Antonio el ademán de coger en el aire aquella palabra: “Eso, eso, alegre”. Ridruejo apuntó: “Al paso alegre de la paz”. No salía la segunda estrofa. José María Alfaro recitaba la estrofa de la sonrisa de la primavera y aquella tan hermosa cuyo último verso era:
Que en España empieza a amanecer.
              

Eran las dos y media de la madrugada. Algunos se querían marchar, pero Agustín Aznar vigilaba la puerta:
— De aquí no sale nadie.
                

Pedro Mourlane Michelena tachaba con una línea de lápiz el segundo verso de la última estrofa, aquel que ya nadie iba a conocer: “y será la vida vida nueva”. Escribió con letra menuda encima unas palabras.

— ¿No os gusta más esto?
Que por cielo, tierra y mar se espera.

Aprobaron unánimes.
— Desde luego, mejor.
— Gana mucho.

           

Propuso Bolarque, impaciente:
— Aunque esté incompleto el himno, vamos a cantarlo.

José Antonio se frotaba infantilmente las manos;  se agruparon alrededor del piano.
— Atención.

Sonaron los primeros compases. Comenzaron a cantar. La música se hacía densa; eran voces juveniles que invocaban a la muerte y a la victoria. En los ojos de José Antonio brillaba una luz de entusiasmo velada por una ligera tristeza. Le parecía escuchar en la cercana calleja las pisadas rítmicas de sus camaradas que marchaban hacia un frente desconocido, y que penetraba por la ventana el aire frío de las batallas y de las banderas.

Y se imaginó a sus mejores pronunciando, moribundos en la tierra en el mar y en el aire, aquellas palabras que hacía unos minutos, sobre el papel, no eran nada y que ya no pertenecían a los poetas.

Al día siguiente, Agustín de Foxá encontró la estrofa de los caídos. Se la llevó al anochecer a José Antonio.
Si caigo aquí tengo otros
compañeros
que montan ya la guardia en los
luceros,
impasible el ademán.


José Antonio añadió tres versos para enlazar con la tercera estrofa.
Si te dicen que caí
me fui
al puesto que tengo allí.


Así quedo, definitivamente, el himno Cara al Sol de Falange Española y de las J.O.N.S.:

                


                  
Cara al Sol, con la camisa nueva
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.
Formaré junto a mis compañeros,
que hacen guardia sobre los luceros
impasible el ademán
y están
presentes en nuestro afán.
Si te dicen que caí,
me fui
al puesto que tengo allí.
Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz,
y traerán prendidas cinco rosas:
las flechas de mi haz.
Volverá a reír la primavera,
que por cielo, tierra y mar se espera
¡Arriba, escuadras, a vencer!
que en España empieza a amanecer.
                   

viernes, 19 de noviembre de 2010

In memoriam: José Antonio


¡NOS HA LEGADO A SÍ MISMO!

Se cumple un nuevo aniversario del fusilamiento de José Antonio en Alicante. Un 20 de noviembre de 1936, treinta y nueve años antes de que muriera Francisco Franco, moría víctima de aquellos que quieren segar el aviso y la conciencia.
      
Mas, pese al tiempo transcurrido, la voz de José Antonio sigue resonando en los ecos de la Política (con mayúscula). Y hoy, más que ayer si cabe, la figura de ese joven iluminado —no iluminista, ni alumbrado en el sentido usual de desviacionismo religioso— se yergue como un titán del siglo XX. Lástima que los jóvenes todos no relean sus textos. Lástima que no hayan aprendido muchos del sacrificio de su vida y de aquellas hermosas frases suyas del testamento…
     
¿No tienen vigencia expresiones como ésta?: “Las naciones no son contratos, rescindibles por la voluntad de quienes los otorgan: son fundaciones, con sustantividad propia, no dependientes de la voluntad de muchos ni pocos”.
      
Esas afirmaciones de hondura intelectual y veracidad política e histórica tienen hoy vigencia. Quizá más que nunca. José Antonio intuyó esos valores y trató de encauzarlos en una doctrina que sirvió, tras el Alzamiento del 18 de Julio de 1936, para nutrir el Nuevo Estado de Franco, el Movimiento Nacional, hoy tan denostado como imprendido por unos y otros. Se ha dicho que Franco nutrió su régimen con la doctrina de Vázquez de Mella y otros pensadores del tradicionalismo español (Víctor Pradera, Ramiro de Maeztu, Donoso Cortés, etcétera) y hay una parte de razón, porque muchos de ellos se vinculaban e identificaban con el idealismo de José Antonio; pero, socialmente, la médula moderna está en el Fundador, y de ahí se alimentó toda la ideología del Movimiento antes del inevitable desgaste, acoso y torpedeamiento de los años 60.
    
Más todavía. El ideario joseantoniano, porque el hombre o el profeta se impuso incluso al partido fundado con otros dos grandes hombres españoles, como fueron Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, permanece, revive en nuestros días. No ya por ser intemporal o permanente, sino porque las circunstancias han vuelto a actualizarlo, al darse los mismos condicionamientos político-sociales con este neoliberalismo y socialdemocracia dominantes.
      
Y no sólo en España. La figura de José Antonio, aunque se la quiera borrar más con el silencio que con la desfiguración o la invectiva, se proyecta en todo el mundo. Si hubiera medios de comunicación que se opusieran a esas internacionales liberales e izquierdistas que los dominan, la luz del Fundador irradiaría esperanza a un mundo donde han vuelto las ideas caducas y los viejos resabios y emplastos políticos, como un reactivo contra ellos.
     
Arnaud Imatz, en un documentadísimo y exhaustivo estudio (“José Antonio et la Phalange Espagnole”, Albatros, París, 1981) concluye su obra con estas palabras: “Además, para todos aquellos que rehúyen ver o admitir la grandeza de su alma, y piden todavía y siempre «pero ¿qué ha legado verdaderamente José Antonio?», nosotros no dejaremos de repetir las palabras de Unamuno: «El nos ha legado a sí mismo, ¡y un hombre, un hombre vivo y eterno, vale por todas las teorías y filosofías!»”
   
(Editorial de “Fuerza Nueva” nº 925, año XX, del 8 al 22 de noviembre de 1986)
  

sábado, 24 de abril de 2010

A José Antonio


1903 - 24 DE ABRIL - 2010

NACIMIENTO DE
JOSÉ ANTONIO

PRIMO DE RIVERA


Señor, acoge con piedad en tu seno a los que mueren por España y consérvanos el santo orgullo de que solamente en nuestras filas se muera por España y de que solamente a nosotros honre el enemigo con sus mayores armas. Víctimas del odio, los nuestros no cayeron por odio, sino por amor, y el último secreto de sus corazones era la alegría con que fueron a dar sus vidas por la Patria. Ni ellos ni nosotros hemos conseguido jamás entristecernos de rencor ni odiar al enemigo y tú sabes, Señor, que todos estos caídos mueren por libertar con su sacrificio generoso a los mismos que les asesinaron, para cimentar con su sangre joven las primeras piedras en la reedificación de una Patria libre, fuerte y entera. Ante los cadáveres de nuestros hermanos, a quienes la muerte ha cerrado los ojos antes de ver la luz de la victoria, aparta, Señor, de nuestros oídos las voces sempiternas de los fariseos, a quienes el misterio de toda redención ciega y entenebrece, y hoy vienen a pedir, con vergonzosa urgencia, delitos contra delitos y asesinatos por la espalda a los que nos pusimos a combatir de frente. Tú no nos elegiste, Señor, para que fuéramos delincuentes contra los delincuentes, sino soldados ejemplares, custodios de valores augustos, números ordenados de una guardia presta a servir con amor y valentía la suprema defensa de una Patria. Esta ley moral es nuestra fuerza. Con ella venceremos dos veces al enemigo, porque acabaremos por destruir no sólo su potencia, sino su odio. A la victoria que no sea clara, caballeresca y generosa, preferimos la derrota, porque es necesario que mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde, cada acción nuestra sea la afirmación de un valor y de una moral superiores. Aparta así, Señor, de nosotros, todo lo que otros quisieran que hiciésemos y lo que se ha solido hacer en nombre de un vencedor impotente de clase, de partido o de secta, y danos heroísmo para cumplir lo que se ha hecho siempre en nombre de un Estado futuro, en nombre de una cristiandad civilizada y civilizadora. Tú solo sabes, con palabra de profecía, para qué deben estar “aguzadas las flechas y tendidos los arcos”. Danos ante los hermanos muertos por la Patria perseverancia en este amor, perseverancia en este valor, perseverancia en este menosprecio hacia las voces farisaicas y oscuras, peores que voces de mujeres necias. Haz que la sangre de los nuestros, Señor, sea el brote primero de la redención de España, en la unidad nacional de sus tierras, en la unidad social de sus clases, en la unidad espiritual en el hombre y entre los hombres y haz también que la victoria final sea en nosotros una entera estrofa española del canto universal de tu gloria.

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(Esta Oración a los Caídos de Falange
puede ser perfectamente destinada
a nuestro Jefe.
Arma al brazo,
y en lo alto las estrellas.)


jueves, 29 de mayo de 2008

29 de Mayo

DÍA DEL EJÉRCITO

No podríais, aunque quieras, soldado, ser sordo y ciego ante la apremiante angustia de la patria. Y por mucho que acalles las inquietudes de tu propio espíritu, no podrás eludir, en las largas vigilias del servicio, estas preguntas inaplazables: ¿qué es lo que está ocurriendo? Este Estado en cuya defensa arriesgo la vida, ¿es el servidor del verdadero destino patrio?

No puede haber vida nacional en una patria escindida en dos mitades inconciliables. No cabe convivencia fecunda sino a la sombra de una política que no se deba a ningún partido ni a ninguna clase; que sirva únicamente al destino integrador y supremo de la patria.

Normalmente los militares no deben profesar opiniones políticas; pero esto es cuando las discrepancias políticas sólo versan sobre lo accidental; cuando la vida patria se desenvuelve sobre un lecho de convicciones comunes que constituye su base de permanencia. El Ejército es, ante todo, la salvaguardia de lo permanente, por eso no se debe mezclar en luchas accidentales. Pero cuando es lo permanente mismo lo que peligra, cuando está en riesgo la misma permanencia de la patria —que puede, por ejemplo, si las cosas van de cierto modo, incluso perder su unidad— el Ejército no tiene más remedio que deliberar y elegir. Si se abstiene, por una interpretación puramente externa de su deber, se expone a encontrarse, de la noche a la mañana, sin nada a qué servir.

Como en los cuentos, la patria está cautiva de los más torpes y feos maleficios; una política confusa, mediocre, cobarde, estéril, la tiene condenada a parálisis. ¡Que Dios nos inspire a todos en la coyuntura!

José Antonio Primo de Rivera

lunes, 28 de abril de 2008

En la semana de la muerte del Duce (II)

EL RECONOCIMIENTO
DE JOSÉ ANTONIO


El hombre es el sistema y ésta es una de las profundas verdades humanas que ha vuelto a poner en valor el fascismo. Todo el siglo XIX se gastó en idear máquinas de buen gobierno. Tanto vale como proponerse dar con la máquina de pensar o de amar. Ninguna cosa auténtica, eterna y difícil, como es el gobernar, se ha podido hacer a máquina; siempre ha tenido que recurrirse a última hora a aquello que, desde el origen del mundo, es el único aparato capaz de dirigir hombres: el hombre. Es decir: el jefe. El héroe.

Los enemigos del fascismo perciben esa verdad por el revés y hacen de ella argumento de ataque. “Sí —reconocen—, Italia ha ganado con el fascismo, pero, ¿y cuando muera Benito Mussolini?” Creen dar con ello un golpe decisivo al sistema, como si hubiera sistema alguno que tuviese garantía para la eternidad. Y, sin embargo, es lo más probable que —cuando muera Mussolini— sobrevenga para Italia un momento de inquietud, pero un solo momento; el sistema producirá —con alumbramiento más o menos laborioso— otro jefe. Y este jefe volverá a encarnar el sistema para muchos años. Mas él (Duce, conductor) seguirá la fe de su pueblo en comunicación de hombre a hombre en esa forma de comunicación elemental, humana y eterna que ha dejado su rastro por todos los caminos de la Historia.

Yo he visto de cerca a Mussolini, una tarde de octubre de 1933, en el Palacio de Venecia, en Roma. Aquella entrevista me hizo entender mejor el fascismo de Italia que la lectura de muchos libros.

Eran las seis y media de la tarde. No había en el Palacio de Venecia el menor asomo de ajetreo. A la puerta, dos milicianos y un portero pacífico. Se dijera que el penetrar en el Palacio donde trabaja Mussolini es más fácil que tener acceso a cualquier gobierno civil. Apenas enseñé al portero el oficio donde se me citaba, se me hizo llegar —por anchas escaleras silenciosas— a la antesala de Mussolini. Tres o cuatro minutos después se abrió la puerta. Mussolini trabaja en un salón inmenso, de mármol, sin muebles apenas. Allá, en una esquina, al otro extremo de la puerta de entrada, estaba tras de su mesa de trabajo. Se le veía de lejos, solo en la inmensidad del salón. Con saludo romano y una sonrisa abierta me invitó a que me acercara. Avancé no sé cuanto rato. Y sentados los dos, el Duce empezó su coloquio conmigo.

Ya le había visto en audiencia rituaria, años antes, cuando fue recibido por varios alumnos de la Universidad de Madrid. Aparte, como todos los habitantes del mundo, le conocía por los retratos: casi siempre en actitud militar, de saludo o de arenga. Pero el Duce del Palacio de Venecia era otro distinto: con plata en el pelo, con un aire sutil de cansancio, con cierto pulcro descuido en su ropa civil. No era el jefe de las arengas, sino el de la maravillosa serenidad. Hablaba lentamente, articulando todas las sílabas. Tuvo que dar una orden por teléfono y la dio en el tono más tranquilo, sin poner en la voz el menor asomo autoritario. A veces cuando alguna de mis palabras le sorprendía, echaba la cabeza atrás, abría los ojos desmesuradamente y, por un instante, mostraba rodeadas de blanco, sus pupilas oscuras. Era notable su actitud para escuchar.

Hablamos cosa de media hora. Luego me acompañó hasta la puerta, a través del inmenso salón. No es de gran estatura; ya no tiene la erguida apostura de un jefe de milicias. Al llegar los dos a la puerta me dijo con una calma paternal, sin sombra de énfasis: “Le deseo las mejores cosas, para Usted y para España”.

Luego se volvió hacia su mesa, despacio, a reanudar la tarea en silencio. Eran las siete de la tarde. Roma, acabadas las faenas del día, se derramaba por las calles, bajo la tibia noche. El Corso era todo movimiento y charla, como la calle de Alcalá hacia esas horas. La gente entraba en los cafés y en los cinematógrafos. Se dijera que sólo el Duce permanecía, laborioso, junto a su lámpara, en el rincón de una inmensa sala vacía, velando por su pueblo, por Italia a la que escuchaba palpitar desde allí como a una hija pequeña.

¿Qué aparato de gobernar, qué sistema de pesos y balanzas, consejos y asambleas, puede reemplazar a esa imágen del Héroe hecho Padre, que vigila junto a una lucecita perenne, el afán y el descanso de su Pueblo?”
José Antonio Primo de Rivera

jueves, 24 de abril de 2008

Presente en nuestro afán


105 AÑOS

DESPUÉS

Hoy, en el aniversario del nacimiento de José Antonio, nos ha llegado de la España Eterna un interesante documento en power point. Sólo pesa tres megas y medio.

Lo recomendamos para ver imágenes edificantes, y oír gratos sonidos. Pueden bajarlo de esta dirección web:

http://rapidshare.com/files/110175528/joseantonio.pps

José Antonio Primo de Rivera:

¡Presente!


¡Arriba España!


¡Arriba!


¡Viva España!


¡Viva!

domingo, 16 de marzo de 2008

Setenta y siete años después

LA HORA DE LOS ENANOS

F
ue misericordia de Dios el llevárselo a las regiones de la paz eterna. Tras un breve martirio, el descanso. ¡Eran muchos sus merecimientos para que la divina generosidad no le indultara de este espectáculo!

Todo bulle como una gusanera. Como si no hubiera pasado nada. Los mismos hombres, las mismas palabras vacías, los mismos aspavientos. ¡Y todo tan chico! Contra la obra ingente de seis años —orden, paz, riqueza, trabajo, cultura, dignidad, alegría—, las fórmulas apolilladas de antaño, las menudas retóricas de antaño, las mismas sutilezas de leguleyo que ni el Derecho sabe.

Aquí están los políticos a quienes nadie desconoce. Todos pasan de sexagenarios. Gobernaron docenas de veces. Casi ninguno sirvió para nada. Pero no escarmentaron. Piensan que una breve abstinencia –que ellos disfrazan de persecución– los redime del pasado inútil.

Aquí están los ridículos intelectuales, henchidos de pedantería. Son la descendencia, venida a menos, de aquellos intelectuales que negaron la movilidad de la tierra y su redondez, y la posibilidad del ferrocarril, porque todo ello pugnaba con las fórmulas. ¡Pobrecillos! ¿Cómo van a entender –al través de sus gafas de miopes- el atisbo aislado de la luz divina? Lo que no cabe en sus estrechas cabezas creen que no puede existir. ¡Y encima se ríen con aire de superioridad!

Aquí están los murmuradores, los envenenados de achicoria y nicotina, los snobs, los cobardes, los diligentes en acercarse siempre al sol que calienta más, (algunos, ¡quién lo dijera!, aristócratas, descendientes de aquellos cuyos espinazos antes se quebraban que se torcían ... ).

Aquí están todos. Abigarrados, mezquinos, chillones, engolados en su mísera pequeñez. Todos hablan a un tiempo. No se hizo nada. Se malgastaron los caudales públicos. Las victorias militares acaecieron bajo el mando de aquel caudillo como pudo acaecer otra cosa. Todo fue suerte o mentira. Y, antes que nada, ese Gobierno no fue un Gobierno inteligente (¡santa palabra para deslumbrar a los tontos!); gobernó para España, a la española, no al gusto de la docena de los elegidos. Prefirió prescindir de solemnidades hipócritas mejor que falsificarlas.

Los enanos han podido más que el gigante. Se le enredaron a los pies y lo echaron a tierra. Luego, le torturaron a aguijonazos. Y él, que era bueno, sensible, sencillo; él, que no estaba acorazado contra las miserias; él, que por ser muy hombre (muy humana) gozaba y padecía como los niños, inclinó su cabeza una mañana y no la alzó más.

Ahora es la hora de los enanos. ¡Cómo se vengan del silencio a que los redujo! ¡Cómo se agitan, cómo babean, cómo se revuelcan impúdicamente en su venenoso regocijo! ¡Hay que tirarlo todo! Que no quede ni rastro de lo que él hizo! Y los más ridículos de todos los enanos —los pedantes— sonríen irónicamente.

El también sonríe. Pero su risa es clara, como su espíritu sencillo y fuerte. Nosotros padecemos –como él antes– todas las torturas de la injusticia. Pero el ya goza el premio allá en lo alto, en los ámbitos de la perpetua serenidad. Nada puede inquietarle, porque desde allí se disciernen la grandeza y la pequeñez. Pasarán los años, torrente de cuyas espumas sólo surgen las cumbres cimeras. Toda esta mezquina gentecilla —abogadetes, politiquillos, escritorzuelos, mequetrefes— se perderá arrastrada por las aguas. ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que la figura de él —sencilla y fuerte como su espíritu— se alzará sobre las centurias, grande, serena, luminosa de gloria y de martirio.
José Antonio Primo de Rivera
(ABC, 16 de marzo de 1931)

Nota: Uno de los primeros textos de José Antonio, escrito al cumplirse un año de la muerte de su padre, Miguel Primo de Rivera y Orbaneja.

viernes, 23 de noviembre de 2007

En la semana del 20-N (y IV)

SONETO EN LA MUERTE
DE JOSÉ ANTONIO


boomp3.com


Quede la tierra allí con su momento.
No rompa el aire su mortal sentido.
Aquí yace la lanza que ha tenido
rasgada la tiniebla al firmamento.

No se ha roto el empuje de tu aliento.
Tu anhelo, en soledades encendido,
sigue su curso, ya que no es vencido
por la sorpresa del sudor sangriento.

Deja mirar tu luz a quien espera,
cisne del pensamiento, en la morada
donde la muerte transparenta el ceño.

No queda el mar porque la muerte quiera
sin su bravura y vida desatada:
nunca es ceniza el valeroso sueño.
Manuel Diez Crespo

martes, 20 de noviembre de 2007

En la semana del 20-N (II)

ALGUNAS PALABRAS
DE JOSÉ ANTONIO

ANTE EL TRIBUNAL POPULAR

Desde la izquierda se nos mata y se nos acomete, pero ¡cuidado, Camaradas! no está en la izquierda todo el peligro. Desde las derechas ya se está especulando como siempre y se acercan un día sí y otro no, a nuestros jefes, visitas misteriosas, de los conspiradores de esas derechas con una pregunta así entre los labios: ¿Podrían ustedes darnos tantos hombres? Al que os haga esta pregunta, escupidle. ¿Pero, qué supone esa gentuza? ¿Que la Falange es una carnicería donde se adquieren al peso tantos o cuantos hombres? ¿Suponen que cada grupo local de la Falange es una tropa de alquiler a disposición de las empresas? La Falange es una e indivisible, milicia y partido. Su brío combatiente es inseparable de su fe política. Cada militante en la Falange está dispuesto a dar su vida por ella. por la España que ella entiende y quiere, pero no por ninguna otra cosa. El “madrugador” no tiene escrúpulos. A codazos se abrirá paso en sus propias filas. Traicionará y tratará de eclipsar a sus propios Jefes. Contraerá a cada instante la voz y el gesto con los que más pueda medrar. Y cultivará sin recato la adulación. Y será inútil el madrugón. Aunque el “madrugador” triunfara le serviría de poco su triunfo. La Falange con lo que tiene de ímpetu juvenil, de acervo intelectual, de brío militante, se le volvería de espaldas. Veríamos entonces, quién daba calor a estos “fascistas” rellenos de viento. Nosotros, para ver pasar sus cadáveres, no tendríamos más que sentarnos a la puerta de nuestra casa bajo las estrellas. La Falange a disposición de un político “madrugador”, con un general de más o menos buena fe, pero sin formación política: ¡Eso no! (…)

Una sola palabra al Tribunal

Creo que es usual en los políticos de algún relieve, que cuando se ven en un trance así, como este en que vosotros me ponéis, empiezan o acaban soltando una heroica baladronada para la posteridad, diciendo: “En fin, yo soy el responsable de todo. Haced de mí lo que queráis. Cumplo con mi deber. Disponed de mi vida”.

Esta decisión ha sido interrumpida algunas veces por algunos Jefes revolucionarios de izquierdas. Yo prefiero imitar a éstos y, no a los otros. No os voy a decir nada de esto: “No me importa dar la vida por esto o por lo otro”. El señor Fiscal ha dicho que soy valiente. No soy valiente. Quizá no sea cobarde... Sí me importa dar la vida. Hay que arrostrar los sucesos de la vida con decorosa conformidad. Os digo que prefiero con mucho no morir. Que creo que la vida no se nos ha dado para que la quememos como una bengala al final de una función de fuegos artificiales.

Si yo no he tenido parte en esto, si no he participado en esto, ¿para qué voy a venir aquí y hacer el papel de víctima?

Yo os ruego que estiméis mi causa en conciencia y la causa de estos dos y que en conciencia dictéis veredicto de inculpabilidad.

Vuestro rigor no va a ser puesto en duda por nadie. Habéis defendido a las instituciones que os han encargado de defender, con severidad. Vuestro entusiasmo por el Régimen, tampoco. Os ruego que no veáis en mí si soy fulano o mengano, sino que soy un acusado que viene aquí a comparecer ante la justicia con otros dos. Que peséis mi causa con todos los indicios y todas las pruebas; y porque creo que lo merecemos y no tenéis que acreditar vuestro rigor y os interesa seguir acreditando la absoluta justicia de este Tribunal Popular, os pido dictéis un veredicto de inculpabilidad para los tres.

Yo os aseguro que en nombre de todos y mío he de agradecéroslo muy de veras, que me alegraré muy de veras esta noche encontrarme con la vida en el cuerpo, con esta vida que modestamente he dedicado y seguiré dedicando, a que contribuya con mucho o poco a que el Pueblo Español tenga uno de los lemas de nuestro Movimiento: “La Patria, el Pan y la Justicia".
José Antonio Primo de Rivera

En la semana del 20-N (I)

¡PRESENTES!
EN NUESTRO AFÁN



Treinta y dos años pasaron. Casi nada
en la eterna rueda de la vida;
y tu España, Francisco, dividida,
sin pulso y sin honor, llora callada.

La cosa se quedó bien mal atada
y la espada guerrera, enmohecida,
olvidó su misión. Está vencida
la victoria de ayer, y está olvidada.

¡Vuelve, Franco, por Dios! Danos tu brío
para aceptar de nuevo el desafío
de esta aurora sin luz, de esta quimera.

¡Que España necesita en esta hora
una nueva Cruzada salvadora!
Y volverá a reír la primavera...

Luis Hernández del Pozo

Porque tenemos memoria histórica,
hoy como ayer, te recordamos,
Caudillo de España y de la Cruzada
por la Gracia de Dios,
Generalísimo a perpetuidad
de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire:


¡Franco, Franco, Franco!

¡Arriba España!

¡Viva España!


Nota: La canción-poema que reproducimos pertenece a don Luis Fajardo, quien la interpreta. Su nombre es “20 de Noviembre”.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Poesía que promete

LA PROFECÍA DE MAGALLANES

E
l mar estaba inquieto, el cielo oscuro
por nubes cenicientas apagado,
con fulgor inseguro,
empezaba a asomarse la alborada;
cerrando los confines de Occidente,
brotaban de las sombras lentamente
las titánicas cumbres de los Andes,
y en toda su hosquedad Naturaleza
mostraba la magnífica fiereza
con que sabe vestir los hechos grandes.

Y entre esa majestad, sobre las olas
que el continuo vaivén tornaba pálidas
las cuatro carabelas españolas
se alzaban atrevidas y gallardas;
sobre la inmensa superficie solas,
las quillas en el mar, la enseña al viento
lanzaban en su arrojo un desafío
al oscuro nublado, al mar bravío,
al ígneo rayo y al ciclón violento.

¡Jamás ante el poder de un elemento
temblaba aquella Raza de titanes!
Hasta el mar cuando fiero se alborota
humilla su poder ante una flota
como aquella de Hernando Magallanes.

Él era su Almirante. Sobre el puente
de la nave izadora de la enseña
iba el bravo marino, alta la frente,
la mirada aguileña
escrutando orgullosa el Occidente:
es que allá, separados los pilares
que forman la gigante cordillera,
dejaban paso abierto hacia otros mares,
es que la audaz quimera
que en su mente genial alentó un día
ante la faz de la Creación entera
proclamando su gloria se cumplía…

Magallanes habló; sus ojos de ave
brillaban encendidos de entusiasmo,
los bravos marineros de la nave
le escuchaban hablar, mudos de pasmo,
y aun las nubes que en lo alto se cernían,
y hasta el agua sin fin del mar Atlante
absortas parecían
escuchando la voz del Almirante.

— ¡Ya es hora! —dijo— ¡Un mundo nos espera
tras del que hoy se divide a nuestro paso!
¡Sigamos nuestra ruta aventurera
por los mares ignotos al acaso!
Es infinito el mar, la vida corta,
nuestro poder, pequeño,
¡pero no os arredréis! ¿Qué nos importa
que se acabe la vida en el empeño?
¡No importa que muramos! Las estelas
que dejan nuestras raudas carabelas
jamás han de borrarse; por su traza
vendrán para buscar nuevos caminos
otros bravos marinos
de nuestra Religión y nuestra Raza;
de España y Portugal, la raza ibera
cuyos hijos, unidos como hermanos,
a la sombra van hoy de una bandera;
portugueses e hispanos,
bogamos juntos tras la misma suerte…
Españoles, ¡quién sabe si algún día
se unirá vuestra Patria con la mía
en un lazo de amor eterno y fuerte!

Calló; todos callaban
de solemne estupor sobrecogidos;
los bravos corazones palpitaban
con rápidos latidos,
y tendiendo los brazos a Occidente,
por donde un nuevo mundo aparecía,
el marino vidente
acabo la asombrosa profecía:

— Esas costas y esotras cordilleras
también serán iberas
cuando naves de Iberia con sus quillas
surquen aquel Estrecho que allí asoma;
desde las dos orillas
les darán parabienes en su idioma…
¿Qué importa nuestra muerte si con ella
ayudamos al logro de este sueño?
Si la muerte es tan bella,
¿qué importa sucumbir en el empeño?…
¡Adelante hijos míos!
—gritó transfigurado el Almirante—.
Y los cuatro navíos
temblaron a las voces de: —¡Adelante!…

Hincháronse las velas;
en el mástil derecho
la enseña tremoló, las carabelas
embocaron audaces el Estrecho…
Y entonces, estallando de repente
la fiera tempestad que amenazaba,
rugió por los espacios imponente
cual monstruo colosal que se destraba;
aullaba el huracán, el mar bramaba
alzándose feroz en ronco estruendo
y la Creación entera parecía
que presa de pavor se estremecía
ante el empuje del ciclón tremendo.

¡Era un himno triunfal que nubes y olas
con su música fiera
cantaban a las naves españolas,
embajadoras de la Raza Ibera!
José Antonio Primo de Rivera

martes, 23 de octubre de 2007

En la semana de la fundación de Falange (y IV)

DE PARTIDOS, ELECCIONES Y OTRAS DESGRACIAS



Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio —conjetura de los más que triunfa sobre los menos en la adivinación de la voluntad superior—, venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos en cada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.
Como el Estado liberal fun un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los guardianes del Estado mismo a defenderlo.
(29 de octubre de 1933)


Para que el Estado no pueda nunca ser de un partido hay que acabar con los partidos políticos.
Los partidos políticos se producen como resultado de una organización política falsa: el régimen parlamentario.
En el Parlamento, unos cuantos señores dicen representar a quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen nada común con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni de los mismos municipios, ni del mismo gremio.
Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres años en unas urnas, son la única razón entre el pueblo y los que dicen representarlo.
Para que funcione esa máquina electoral, cada dos o tres años hay que agitar la vida de los pueblos de un modo febril.
Los candidatos vociferan, se injurian, prometen cosas imposibles.
Los bandos se exaltan, se increpan, se asesinan.
Los más feroces odios son azuzados en esos días. Nacen rencores que durarán acaso para siempre y harán imposible la vida en los pueblos.
Pero a los candidatos triunfantes, ¿qué les importan los pueblos? Ellos se van a la capital, a brillar, a salir en los periódicos y a gastar su tiempo en discutir cosas complicadas, que los pueblos no entienden.
¿Para qué necesitan los pueblos de esos intermediarios políticos? ¿Por qué cada hombre, para intervenir en la vida de su nación, ha de afiliarse a un partido político o votar las candidaturas de un partido político?
Todos nacemos en una familia.
Todos vivimos en un municipio.
Todos trabajamos en un oficio o profesión.
Pero nadie nace ni vive, naturalmente, en un partido político.
El partido político es una cosa artificial que nos une a gentes de otros municipios y de otros oficios con los que no tenemos nada en común, y nos separa de nuestros convecinos y de nuestros compañeros de trabajo, que es con quienes de veras convivimos.
Un Estado verdadero, como el que quiere Falange Española, no estará asentado sobre la falsedad de los partidos políticos, ni sobre el Parlamento que ellos engendran.
(7 de diciembre de 1933)


Estamos divididos en partidos políticos. Los partidos están llenos de inmundicias; pero por encima y por debajo de esas inmundicias hay una honda explicación de los partidos políticos, que es la que debiera bastar para hacerlos odiosos.
Los partidos políticos nacen el día en que se pierde el sentido de que existe sobre los hombres una verdad, bajo cuyo signo los pueblos y estos hombres, antes de nacer los partidos políticos, sabían que sobre su cabeza estaba la eterna verdad, y en antítesis con la eterna verdad la absoluta mentira. Pero llega un momento en que se les dice a los hombres que ni la mentira ni la verdad son categorías absolutas, que todo puede discutirse, que todo puede resolverse por los votos, y entonces se puede decidir a votos si la Patria debe seguir unida o debe suicidarse, y hasta si existe o no existe Dios. Los hombres se dividen en bandos, hacen propaganda, se insultan, se agitan y, al fin, un domingo colocan una caja de cristal sobre una mesa y empiezan a echar pedacitos de papel en los cuales se dice si Dios existe o no existe y si la Patria se debe o no suicidar.
Y así se produce eso que culmina en el Congreso de los Diputados.
(4 de marzo de 1934)


Si el resultado de los escrutinios es contrario, peligrosamente contrario a los eternos destinos de España, la Falange relegará con sus fuerzas las actas de escrutinio al último lugar del menosprecio. Si, después del escrutinio, triunfantes o vencidos, quieren otra vez los enemigos de España, los representantes de un sentido material que a España contradice, asaltar el Poder, entonces otra vez la Falange, sin fanfarronadas, pero sin desmayo, estaría en su puesto como hace dos años, como hace un año, como ayer, como siempre.
(2 de febrero de 1936)