jueves, 31 de agosto de 2017

Epistolares



UNA CARTA DE LA TFP
(Tradición Familia y Propiedad)

Hace pocos días encontré la carta que el 9 de marzo de 2003 escribió John Horvat II, Vice presidente de la TFP (Tradición, Familia y Propiedad) en los Estados Unidos en apoyo a la guerra contra Iraq del Presidente George W. Bush.(*)
Como es sabido, la escandalosa guerra genocida realizada a Irak en el año 2003 por los Estados Unidos y su aliado –en realidad, su titiritero—el Estado de Israel, costó al pueblo iraquí más de un millón de vidas humanas, el colapso del estado y de la sociedad Iraquí, inmensa destrucción e indecible sufrimiento.
Dicha guerra careció de toda justificación real y proporcionada y se basó en un conjunto de mentiras (la pretensión de destruir un arsenal de armas de destrucción masiva y de armas químicas que no existían, etc) fabricadas ad hoc por el belicismo judeo-neoconservador en control de la política exterior norteamericana. (Cfr. Neoconed! Again. Hypocrisy, Lawlessness, and the Rape of Iraq. Editado por D. L. O'Huallachain y John Forrest Sharpe. Light in the Darkness Publications. Viena, Virginia. 2005).
El designio estratégico real fue destruir uno a uno los estados autocráticos de la región e imponer gobiernos “democráticos” afines (la “primavera árabe”) y subordinados a los intereses geopolíticos del Estado de Israel y su instrumento servil, el gobierno de los Estados Unidos. La política exterior de los Estados Unidos, tal como han demostrado con tanta valentía como rigor académico los profesores John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, está diseñada, controlada y dirigida en función de los intereses expansionistas del Estado de Israel por el lobby israelí: es decir, esa amplia y poderosa coalición de organizaciones sionistas y pro sionistas con base en Washington D.C y en Nueva York, entre las cuales se destacan el AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), la ADL (la Antifamation League), el WINEP Washington Institute for Near East Policy, la CUFI (Christians United for Israel) y mas de ochenta poderosas fundaciones y “think tanks” (the American Enterprise Institute) llamados neoconservadores, agentes y operadores pro israelíes en las universidades más importantes y en los medios de comunicación, que ejecutan las políticas decididas en los niveles más altos del poder, con total desprecio de los verdaderos intereses del pueblo norteamericano.
Desde una perspectiva católica, la carta de marras del Sr Horvat es interesante pues pone de manifiesto varias cosas:
1. la obsecuencia y el desvergonzado alineamiento de la TFP, una institución que se dice católica, con el más craso americanismo, con los intereses del gran capitalismo anticristiano y el neoconservadorismo pro sionista.
2. Diciéndose católica, la TFP, a través de señor Horvat no vaciló en manipular escandalosamente la verdad y contradecir los dramáticos llamados que el Papa Juan Pablo II hizo entonces en contra de una declaración de guerra, y lo metió gratuita e injustamente en una bolsa que caracteriza como “coro de socialistas, clérigos liberales, pacifistas radicales, anarquistas y organizaciones no gubernamentales de izquierda”.
3. La TFP y otras organizaciones católicas americanistas conservadoras en los Estados Unidos vivieron durante décadas de la cruzada anticomunista. Después de la caída del muro, reconvirtieron su bandera anticomunista en una cruzada contra el Islam. Su conducta fue análoga a la de los hermanos Foster y Allen Dulles ‒gerentes políticos del Establishment‒ cuando en 1953 murió Stalin y desapareció el “cuco” que les era imprescindible para galvanizar aliados en la Guerra Fría, que ellos mismo impulsaban. Decidieron entonces prolongarla por diversos medios a fin de justificar la expansión del imperio judeo masónico americanista del cual se consideraban garantes. (David Talbot. The Devil's Chessboard. Allen Dulles, the CIA and the Rise of America's Secret government. HarperCollins Publishers. 2015).
4. Así como la TFP, con ropaje tradicionalista, en general calla las raíces judaicas mesiánicas del comunismo y del marxismo, y siempre las del capitalismo liberal (padre putativo del primero), también hoy calla que son el Estado de Israel y las fuerzas sionistas y pro sionistas neoconservadoras americanistas las que, instrumentando la política exterior de los EE.UU, han generado el caos y la desesperación inmigratoria en y hacia Europa.

Luis Alvarez Primo
Bella Vista, 30 de agosto de 2017
Festividad de Santa Rosa de LIma

(*) Carta de John Horvat II, Vice presidente de la TFP en los Estados Unidos en apoyo a la guerra contra Irak del Presidente George W. Bush. (Mi traducción)

9 de marzo de 2003

Señor George W. Bush
Presidente de los Estados Unidos de América
Casa Blanca
1600 Pennsylvania Ave., N.W.
Washington, D.C. 20500

Estimado Señor Presidente:

Le escribo para expresar el entero apoyo de la TFP a las FuerzasArmadas que Ud, como Comandante en Jefe, ha enviado a combatir contra el régimen de Saddam Husseim en Irak.

Tal como Ud ha dicho con frecuencia, los Estados Unidos, como nación soberana, tiene el derecho a declarar la guerra, cuando su pueblo, su integridad territorial, o sus intereses son atacados o amenazados. Nuestra soberanía nos permite tomar esta decisión con independencia de los organismos internacionales.

Más aún, el derecho natural no distingue entre guerra defensiva u ofensiva. Es suficiente que la amenaza sea real e intimidante. El mismo derecho apoya la facultad de un estado soberano de concurrir en ayuda de un pueblo oprimido que sufre bajo el yugo de un régimen injusto, y, según las circunstancias, este derechio natural puede obligar en virtud de la caridad.

Los ataques del 11 de septiembre pusieron de manifiestola existencia de un enemigo cuyos ideólogos proclaman su objetivo descaradamente: el exterminio de los Estados Unidos y de la civilización Occidental.

Sin embargo, a través del mundo un coro de socialistas, clérigos liberales, pacifistas radicales, anarquistas y organizaciones no gubernamentales de izquierda no sólo impugnan la causa de esta guerra, sino el mismo derecho de los Estados Unidos a declararla. Esta posición es inaceptable puesto que deshonraría a los Estados Unidos dejánlo inherme frente a una amenaza muy real.”

sábado, 26 de agosto de 2017

Crónicas del Tercer Gobierno de Sancho


EL VOCERO MAPUCHO



Llovía en la Ínsula Agamáurica. El Gobernador de Facto Sancho se había levantado y caminado cien metros para ir a la Catedral de Santa Hebe (donde el Poliordinario del lugar guardaba en un relicario las deposiciones que la Santa efectuara en pleno altar mayor hacía unos años, cuando todavía su hijo adoptado la llamaba Mamá Hebe y ninguno de ellos había sido imputado por robos reiterados y compartidos) para rezar sus únicas oraciones del día, que consistían en tres Avemarías, dichas en el latín de su infancia, cuando iba a Misa los domingos y todavía los sacerdotes eran conocidos por sus apellidos y no por sus nombres. Pero cuando recién iba terminando la segunda Avemaría, su Gurú Edecán lo palmeó en su gobernadoril hombro y le susurró:

‒ Esplendencia, ya ha llegado el postulante a vocero del Reyno. Lo espera en la Casa Amarilla.

Fastidiado y rezando a toda velocidad su última oración, Sancho se incorporó con no poco esfuerzo y le preguntó al inoportuno Gurú:

‒ Serás Garca, ¿hace falta tener voceros todavía? ¿No alcanza con los oficialistas escribas del Gran Diario Insularino?

‒ No, Eminencia. Ya la gente no lee ni los nombres de las calles. Ahora se impone tener interpretadores de 140.

‒ ¿Cómo 140? ¿No era que debíamos achicar la Planta de Acomodados, Chupamedias Estatales y Amantes Estables, que nos han ido legando todos los gobiernos anteriores de la Ínsula? ¿Ahora vamos a contratar a otros 140 parásitos?

‒ Omnipotencia, 140 no es la cantidad de empleados, sino de caracteres que utilizan para comunicar sus regios decretos. Ahora los verá.

Apuraron el paso de vuelta a la Casa Amarilla, sita en Perro Balcarce 50, para lo cual atravesaron el Falso Cementerio de las Cruces Falsas y el Falso Teatro de Operaciones de Soldados Falsos. “Todo un síntoma de lo que es esta ínsula”, volvió a pensar Sancho, como cada vez que sorteaba ambos rectángulos que parecían estar erigidos a plena luz del día para que nadie los viera.

Ya reingresados y saludados por los dos coquetos uniformados de la nueva Policía de la Ciudad, con sus impecables vestidos de payasos recién estrenados por capricho del intendente Larrata, quien ahora le pedía al Gobernador una tercera policía para –por fin‒ poder hacer frente a los piquetes constantes en la Avenida Mayor, Sancho y Serás Garca vieron al único joven que se había postulado para el cargo de vocero.

Se extrañó Sancho. ¿No era que había tanta desocupación en Agamáurica, y apenas una persona quiere empezar a trabajar?, susurró como al pasar y al pesar.

‒ Reverencia, los jóvenes de hoy tienen otras profesiones. Ahora quieren ser expertos en relaciones humanas, chefs, preparadores de cerveza artesanal, artesanos de mostacillas, paseadores de perros, webmasters, programadores de telefonía, desarrolladores de aplicaciones y depiladores a la cera negra, pero no voceros.

‒ ¿Y qué hago si preciso un carpintero, porque se me rompe la pata de mi sillón? ¿Dónde lo encuentro?

‒ Pone un aviso en buscounlaburante.com y vienen de Asunción del Paraguay en 24 horas. Pero si precisara un frutero tardaría un día más, porque llegan desde Perú o desde Bolivia. Por eso le aconsejo no romper patas de sillones ni comprar un cuarto de tomatitos cherry, Su Decencia.

Sancho suspiró y pidió que se acercara el joven; el cual, visto de cerca, tenía un aspecto algo zaparrastroso.

‒ Buen día, querido. ¿Cómo te llamás?

‒ Lihué Morfolanerca, Señor Gobernador. Soy vegano.

‒ ¿Liqué?

‒ No, Liqué no, Lihué. Lihué Morfolanerca, hijo de Giussepín Morfolanerca y vegano. Bueno, ustedes nos decían “vegetarianos”.

‒ Claro, el querido tano que tenía una fiambrería en el Bajo… ¿Pero cómo se le ocurrió ponerte ese nombre?

‒ No, me había puesto otro nombre. Lihué me lo hice agregar por el nuevo Código de Convivencia. Es que en realidad mis ancestros no son italianos, Excelencia. He descubierto, en la Universidad de las Santas Viejas Apañaladas de la Plaza, que en realidad yo soy descendiente de los indios mapuchos.

‒ ¿Qué son los capuchos?

‒ Gobernador… los mapuchos son el pueblo de fumadores originarios más antiguo que pobló esta ínsula.

‒ Ajá. Y se nota que vos estás bien fumado, muchacho.

‒ Gracias, se sonrojó el joven, que no había entendido realmente lo que Sancho había querido decirle.

‒ ¿Por qué querés el puesto de vocero de la Ínsula?

‒ Porque de esa manera mi voz sería la de todos aquellos que no tienen posibilidad de ser escuchados. Porque sería en realidad el vocero de los marginados, de los sin techo, sin pan y sin iPhone 7; porque sería realmente el grito ancestral de la masa germinal que lucha por su independencia y es hija de la Pachamama y la Ayaguasca, hija del dios Sol y la diosa…

Sancho recordó que el Gurú le había interrumpido su última Avemaría para escuchar a este individuo, que parecía ignorar que el puesto de vocero es para manifestar lo que otros le dicen y no lo que él pensaba, y con el rostro inflado de furia le espetó y le esputó a la vez:

‒ ¡Pero acabála con esa monserga colorada, lihueano o luterano, morfador-de-nerca! ¿Quién sos vos para venir a hacerme perder tiempo con tus tonterías de universitario repetidor? ¡Hijo de la Pachamama y la Ayaguasca! ¡Lo será la vieja que te metió esas ideas en la cabeza! ¡Aquí somos todos hijos de la Cruz y de la Espada! Y ahora vas a escuchar lo que es un grito ancestral…

El alarido se escuchó amplio, esbelto, categórico. Fue un pedagógico y sublime grito de descarga para Sancho, quien con sólo una única palabra (“¡Fuera!”) hizo desaparecer al mapucho de aspecto algo zaparrastroso y hasta su inequívoco olor algo dulzón de cigarrillo armado con mano temblorosa.

Serás Garca, con sus pantalones mojados como consecuencia del miedo que sintió, salió de atrás de un macetón, y aún temblando, le preguntó al Gobernador si podía ir a cambiarse.

‒ ¿Cambiarse? ¿Te das cuenta los riesgos de cambiar por cambiar? Andá, mal menor, y llamame a Miguel Celulario, el Escribiente del teléfono cismático, que quiero dictarle el siguiente

Decreto.

Visto y considerando que los jóvenes de hoy en día no entienden que antes que pontificar deben aprender, que antes de declarar deben estudiar, y que antes de llamar la atención para decir falsedades deben recluirse para imbuirse de la verdadera historia,

Ordeno:

1. Que se abra una Facultad de Maestros en Serio, para que los aspirantes a maestros de la nueva generación de jóvenes sepan qué deben enseñarles.

2. Que el cuerpo docente de esta nueva Facultad sean los ancianos que han vivido la historia y la recuerdan bien, para que transmitan a los docentes en formación la verdad que vivieron y no las mentiras que los libros de texto nos han querido hacer creer.

3. Que, luego de egresados los profesores bien formados y enviados ya a las escuelas, vuelvan a bien educar a todos los maleducados que se creen voceros vocacionales y en lugar de levantarse para rezar tres Avemarías, se ponen a revisar las redes sociales.

Luego de lo cual, y ya recompuestas la calma y el alma de Sancho, dio nuestro Gobernador la señal de los festejos, que consistieron aquel día en repartir garrote, garrote y garrote al que roba, al que le cambia los uniformes a la policía, y a los que arrancan las cruces falsas de los cementerios falsos, pero que recuerdan héroes MUY verdaderos.


Rafael García de la Sierra,

en humilde imitación de Dan Yellow.


lunes, 14 de agosto de 2017

Internacionales



¿QUÉ PASÓ CON
LOS HÉROES DE USA?

En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) hubo estrategas afamados en ambos bandos (Erich von Manstein, Heinz Guderian, Franz Halder, Dwight Eisenhower, Omar Bradley,  Georgi Zhukov, etc.) y operadores tácticos reconocidos (Berd von Runstedt, Vasili Chikov, Albert Kesselring, Archibald Wavell, Herman Hoth, Ivan Koniev, Konstantin Rokossovski, Harold R. Alexander, etc.). También hubo uso destacado de armas (blindados alemanes y rusos, cruceros ingleses, bombarderos norteamericanos, etc.).
Los que no abundaron, a pesar del constante batallar, fueron los héroes bélicos, reconocidos y aclamados popularmente (Erwin Rommel o Bernard Montgomery). En el caso de los Estados Unidos, que es el que acá nos interesa, sólo dos conductores militares alcanzaron ese nivel épico. Ellos fueron el Grl. Douglas MacArthur y el Grl. George S. Patton. El citado germano (Rommel) fue honrado (suicidio mediante, por su anti-hitlerismo), entonces y después. El inglés (Montgomery) por un solo suceso (El Alamein) pasó a la gloria, donde ha permanecido. En cambio, los dos yanquis quedaron opacados, tras sus notables triunfos. ¿Por qué?
Veamos.
Douglas MacArthur (1886-1964), general de Ejército de USA (el quinto en su historia que alcanzó ese grado), fue el famoso “Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en el Frente del Pacífico”, durante la guerra con el Imperio Japonés. Derrotado en Filipinas, desde Australia proclamó “Volveremos”, y lo cumplió, hasta la rendición de los nipones. Después, en 1950, le tocó comandar las fuerzas de la ONU en su guerra con Corea del Norte. En tal lucha protagonizó el audaz desembarco en Ichón, tras las líneas enemigas, que hubiera permitido concluir la contienda, de no mediar una circunstancia decisiva. A las orillas del río Yalu, las tropas comunistas chinas de Mao Tse-Tung apoyaron a los norcoreanos que, restablecidos, empujaron a los aliados de vuelta hacia el sur. Merced a la maniobra del Grl. Mathew Ridgway los aliados pudieron contener a los comunistas en el paralelo 38, donde luego se fijó la frontera entre ambas Coreas.
Empero MacArthur no se conformó con esa situación. Planteó dos operaciones ofensivas. Una primera, de auxilio a los nacionalistas chinos del Grl. Chiang Kai-Shek, refugiados en Taiwan (abandonados por USA, a raíz del Informe de Owen Lattimore, un comunista infiltrado en la diplomacia yanqui, donde se acusaba a Chiang de corrupción, mientras se elogiaba a Mao, como un buen “demócrata”). La segunda y más decisiva, el ataque a las fuerzas chinas detrás del  río Yalu.
En esa última operación quedaba implicada la posibilidad de tener que emplear armamento atómico. Dado que los chinos comunistas carecían de esos explosivos no era improbable que para responder a los Aliados lo pidieran prestado a la URSS (que lo tenían merced a la traición del matrimonio Rosenberg). Ante esa expectativa, MacArthur opinó que la Unión Soviética -sopesando su propia defensa- no intervendría, y que así se destruiría el poder de Mao. Pero que, si se produjera el apoyo ruso, ese era el momento en que USA y sus Aliados debían atacar con todo su poderío a los comunistas de ambos países y destruirlos para siempre. Osadía suprema de este gran estratega (censurada, por cierto, por todos los políticos bien pensantes y el pacifismo periodístico liberal).
Ese fue el momento en que intervino el Presidente de USA, Harry S. Truman, quien en abril de 1951 relevó a MacArthur de su mando, y lo reemplazó por Ridgway. MacArthur acató la orden presidencial, no sin hacer público su desacuerdo con ella.
Después de 11 años, regresó a su país, donde fue recibido apoteóticamente por el pueblo estadounidense. El Partido Republicano, en principio, iba a postular a MacArthur para la candidatura presidencial. No lo hizo, y eligió a Robert Taft, congresista de la derecha anticomunista, al cual MacArthur apoyó, y del cual iba a ser su eventual vicepresidente. Entonces, las fuerzas ocultas que gobiernan en la trastienda de la política  yanqui seleccionaron al Grl. Dwight, “Ike”, Eisenhower para que enfrentara a Taft (y, eventualmente, a MacArthur). En esa interna republicana se impuso Eisenhower, quien arribó a la presidencia exhibido como un derechista. En realidad, era un típico exponente de la pseudo-derecha, quien nunca rompió con la Unión Soviética (y que por  el contrario, instaló a Fidel Castro en Cuba).
Douglas MacArthur, el victorioso  general  cinco estrellas, se “desvaneció”- cual lo expresó en su célebre discurso en el  Congreso: “Los viejos generales nunca mueren; solo se desvanecen”-, y el mundo occidental tuvo que esperar hasta 1991 para que el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) arriara la bandera roja con la hoz y el martillo del frente del Politburó. Cuarenta años de zozobra, de Guerra Fría y Telón de Acero, ante el Nuevo Islam. Con la Komintern desestabilizando a todos los gobiernos del mundo.
En 1964, USA enterró  en Norfolk, Virginia, en un modesto cementerio, a su héroe nacional, descalificado como belicista aventurero. No obstante, quedó firme su lema: “Primero el  deber, el  honor y la patria”.
Con el Grl. George Smith Patton Jr., (1885-1945), el héroe de las fuerzas norteamericanas que operaron en Europa, la cosa fue peor; mucho peor. Asunto que pasamos a considerar.
El problema está claramente expuesto en el libro de Robert K. Wilcox, Target: Patton. The plot asesinate General George S. Patton, Washington, Regenery Publishing, 2008, 2014, de 400 páginas, y divulgado en el de Billy O´Reilly, Killing Patton, New York, Henry Llolt and Company, 2014. Publicaciones que han tratado de ser desacreditadas por el “establishment”, que ha empleado a tres periodistas (de “History Channel”) para que, con visos de objetividad, negaran la acusación contenida en las obras antes citadas.
Porque ya corresponde que informemos al lector que la denuncia sensacional publicada indica, nada menos, que el Grl. Patton fue asesinado y que tal homicidio fue planificado y ejecutado por las autoridades superiores de USA, en connivencia con la NKVD soviética.
¿Cómo?
Pues, como se verá a continuación.
El Jefe del III Ejército de USA George S. Patton murió el 21 de diciembre de 1945 en un hospital de la ciudad alemana de Heidelberg, supuestamente de las secuelas de un accidente de tránsito que había protagonizado unos días atrás en la carretera de Manheim; concretamente, en una colisión entre el automóvil Cadillac en que viajaba el General y un camión del Ejército de USA, que se cruzó de carril.
Tal la versión oficial de las cosas (que es la registrada en la excelente película “Patton: The true story”, traducida como “Patton: mito o realidad”, con la extraordinaria actuación del actor George C. Scott). Esa muerte, tenida como accidental, conmovió al mundo. Patton había sido el comandante del victorioso Tercer Ejército Norteamericano. Se había distinguido en batallas en Túnez, en Sicilia (con la toma de Palermo y Messina), en Normandía, pero sobre todo con el contraataque en Las Ardenas, que rompió el  cerco alemán.
Sin embargo, resulta que en el otoño de 1979, en Washington, Douglas Bazata, condecorado ex paracaidista y miembro de la O.S.S. (Office of Strategic Service), antecesora de la CIA, le confesó a Wilcox que él había sido comisionado por su jefe, el Grl. William Donovan, apodado “Wild Bill”, para matar a Patton.
En una confesión circunstanciada, Bazata explicó que ya en 1943, por orden de Donovan, había recibido instrucciones de “detener” a Patton en Francia, recibiendo  una remuneración extra de 800 dólares. De consiguiente, en agosto de 1944, en las cercanías de Dijon, hizo un primer intento de asesinato, que fracasó.
Entonces se planificó el delito con mayor cuidado. Mientras el conductor del camión militar, el sargento Thompson, debía girar bruscamente su vehículo para que contra él se estrellara el Cadillac, Bazata, munido de un arma especial, efectuaba un disparo de un proyectil de baja velocidad contra Patton, que le rompió una vértebra del cuello.
Se suponía que allí debía terminar la cosa.
No obstante, Patton sobrevivió tanto al choque como al disparo y fue llevado de urgencia al hospital militar de Heidelberg. Pasados unos días, se informó que el General se reponía satisfactoriamente de su accidente. Entonces, ahí entró a jugar un agente de la NKVD, quien -con el visto bueno de USA- se encargó de inocular un veneno (de cianuro de potasio) en la sonda del suero que recibía el General. Con lo que, claro, se consiguió el objetivo, y Patton falleció de inmediato.
En los diez años que le llevó  a Wilcox indagar las causas de las cosas, dio con datos relevantes (en “Documentos secretos desclasificados, T 2”).  De ellos resultaba que hacia el fin de la guerra, Patton con su 3er. Ejército había penetrado hasta Pilzen, localidad a 50 kilómetros de Praga, y de allí se encaminaba a conquistar Berlín. En ese estado de las cosas, recibió la orden de Eisenhower de retirarse de Checoeslovaquia, al tiempo que el combustible para sus tanques se desviaba para las lejanas tropas inglesas de Montgomery. Obviamente disgustado con esas medidas indagó el motivo de ellas, y se le contestó que en Yalta se había pactado que la Unión Soviética se haría cargo de la Europa Central y que el Ejército Rojo de Zhukov y Koniev era el que debía entrar primero en Berlín.
Concluida la guerra, y al frente de las tropas yanquis de ocupación en Alemania, Patton asistió a diversos sucesos demostrativos de  la tendencia de la política internacional que seguía el Gobierno estadounidense. Recibió denuncias de la aplicación del Plan Morgenthau destinado a eliminar la industria y parte de la población germana. Comprobó que alrededor de 5 millones de rusos que se habían refugiado en Occidente eran obligados a retornar a Rusia, donde pasaron al Gulag siberiano. El comandante de esos rusos anticomunistas, el General Vlasov,  se rindió a Patton, éste consultó con Eisenhower, quien le ordenó que lo remitiera a su comandancia. Desde allí Vlasov fue entregado a los soviéticos, quienes lo degollaron y  pusieron su cabeza en un palo. Colmada la paciencia, Patton proclamó sin ambages: “Los aliados hemos luchado contra el enemigo equivocado”. Se dispuso a renunciar a su cargo y retornar a su país para informar a la población de lo que estaba aconteciendo en Europa.
Con esos dichos y actos firmó su sentencia de muerte. El General Donovan, cumpliendo por supuesto, instrucciones superiores, dio la orden a Douglas Bazata para que eliminara a Patton, tal como éste –abrumado en la conciencia por su crimen- lo refirió a Wilcox.
En el citado libro, su autor enumera diversos hechos, ninguno de los cuales pudo ser rebatido por el núcleo de periodistas oficiales, encargados de desacreditarlo. Entre otros, estuvieron los siguientes:
El conductor del camión militar que efectuó la increíble maniobra de girar su vehículo hacia la contramano, el sargento Thompson, nunca fue indagado ni procesado y se lo trasladó a Inglaterra.
Los periodistas alegan que fue porque el propio Patton se opuso a que lo enjuiciaran. Versión insostenible, porque, en primer lugar, Patton yacía ensangrentado y semi-moribundo, como para suponer que en ese estado iba a hacer las manifestaciones exculpatorias que le atribuyen. Por lo demás, el delito de lesiones gravísimas y /o tentativa de homicidio estaba consumado, y con perdón o no de la víctima, el fiscal de la causa debió citar a indagatoria a Thompson, cosa que nunca sucedió.
El expediente sobre el accidente desapareció, sin que se efectuara un sumario para determinar los hechos.

No se efectuó autopsia al occiso. Los periodistas sostienen que fue porque la esposa de Patton, Beatrice, se opuso a esa medida. De nuevo, insostenible. Ante un delito de acción pública que produzca la muerte, la autopsia del occiso es de reglamento, cualquiera fuera la supuesta voluntad de los parientes.
Los periodistas aseveran que Patton nunca estuvo solo en su habitación del hospital, porque siempre hubo  una enfermera a su lado; lo que habría impedido la acción del agente ruso. Esto es falso; porque en cuanto llegó su esposa, ella fue la encargada de cuidarlo. Beatrice, por su lado, salía de cuando en cuando de la pieza. De modo que el agente soviético, que estaría esperando la ocasión, debió o pudo aprovecharla.
El automóvil Cadillac que transportaba a Patton sufrió daños severos. Empero, ninguno de los otros  tres ocupantes del coche padeció lesiones. El  auto fue enviado a USA y se haya en un museo de Fort Knox. Wilcox,  tras un minucioso estudio de las fotos, afirma que se cambió el vehículo, y que el que se guarda en el museo no fue el que intervino en la colisión.
El 2 de octubre de 1979, Douglas Bazata fue sometido al aparato detector de mentiras, que verificó que decía la verdad.
El oficial del Ejército de USA en Baviera, Steven Skukik, que se había interesado por averiguar el caso, fue desafectado de sus funciones en Alemania, y remitido a USA.
Por fin, Douglas Bazata murió en enero de 1999, sin haberse arrepentido de su confesión.

Esos son los hechos reales. Los que requieren una explicación.
Patton era realmente de temer. Su lema bélico, “sangre y agallas”, lo dice todo. Si se proponía denunciar a su superior inmediato, Eisenhower, y a los gobernantes del “New Deal” yanqui, podía descontarse que iba a concretar sus objetivos. Más recelaría Stalin, toda vez que Patton no ocultaba su designio de enfrentar de inmediato a los soviéticos.
Ahí estaban los motivos del ilícito.
Ahora bien. En un país común, un disidente como Patton podía haber sido simplemente apartado del mando militar, sin afectar su integridad física. Pero en un Imperio ideológico como el estadounidense, cuyo “Manifest Destiny” era el dominio universal, las recetas maquiavelistas o renacentistas eran bien recibidas. Y, adoptado ese sendero, no habría limitaciones posteriores, incluido el crimen de su héroe nacional. El supragobierno  de USA (que,  vgr., maneja sin control alguno la Reserva Federal de Fort Knox) no se anda con chiquitas. Si hay que destruir un país, como lo hizo con Serbia, por la cuestión de Sarajevo, se lo demuele hasta arrumbarlo en la edad de piedra. O, para no ir tan lejos, tal como lo que hicieron con la República Argentina en los años del cuarenta, donde el mismo William Donovan organizó un ataque completo, una “guerra no declarada”. Precisamente, en mi reciente libro “Años del cuarenta. La Argentina en la hora norteamericana. (El sino de Chapultepec), Bs. As., Katejon, 2017, 2 volúmenes, he explorado esa cuestión. Empero, me faltaba el dato del homicidio de Patton, que es como la prueba del nueve, la información que corrobora la actitud del Imperio del Estandarte Estrellado. Aprovecho ahora para incluir esta “addenda” extra-libresca.
Como fuere, creo haber señalado lo que hizo USA con sus héroes. Por algo, los familiares de Patton, no repatriaron sus restos, y los inhumaron en un cementerio de Hamn, cercano a la ciudad de Luxemburgo, donde descansan los huesos de los soldados del Tercer Ejército Norteamericano. Es que el héroe de Las Ardenas fue un caído más en el combate secreto y profundo de su Patria con el Misterio de Iniquidad, las Fuerzas de las tinieblas que enmarañan la globalización moderna.
Enrique Díaz Araujo