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jueves, 29 de marzo de 2012

Aniversarios

NUEVO ANIVERSARIO DE LA
“DIVINI REDEMPTORIS”
  
   
Ante un nuevo aniversario de la Encíclica “Divini Redemptoris” del Papa Pío XI, signada en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de San José, Patrono de la Iglesia Universal, el 19 de marzo de 1937, año decimosexto del pontificado de aquel preclaro Pontífice, vemos que los males que se señalan allí están presentes en la sociedad de  hoy, y por lo tanto conviene recordarlos.
  
Baste señalar uno de sus párrafos en el que se describe el régimen de matrimonio y familia imperantes en la Rusia Soviética de entonces. Leamos lo que nos dice: “Al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual, esta doctrina convierte naturalmente el matrimonio y la familia en una institución meramente civil y convencional, nacida de un determinado sistema económico; niega la existencia de un vínculo matrimonial de naturaleza jurídico-moral que está por encima de la voluntad de los individuos y de la colectividad, y consiguientemente ,niega también su perpetua indisolubilidad. En particular, para el comunismo no existe vínculo alguno que ligue a la mujer con su familia y con su casa. Al proclamar el principio de la total emancipación de la mujer la separa de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en las mismas condiciones que el hombre, poniendo en manos de la  colectividad el cuidado del hogar y de la prole; niegan,finalmente, a los padres el derecho  a la educación de los hijos ,porque este derecho es considerado como un derecho exclusivo de la comunidad, y sólo en su nombre y por mandato suyo lo pueden ejercer los padres” (cfr. Doctrina Pontificia II - Documentos políticos, Madrid, BAC, 1958, pág. 676).
    
Nos preguntamos ahora: ¿No vemos en estos días que vivimos la persistencia y aún el agravamiento de las ya graves tergiversaciones de instituciones fundamentales de la sociedad que aquel Pontífice, de feliz memoria, describía, contemplando el régimen soviético? Contemplamos una falsa y engañosa “reivindicación de los derechos de la mujer” frente a una presunta opresión masculina que tiene, según sus cultores, una evidente conexión con lucha de clases. El tan llevado y traído “machismo”, del lenguaje vulgar, se ha adueñado de muchas mentes y se lo lanza, como fácil arma arrojadiza contra cualquier intento de postergación, real o ficticia, de una mujer, no ciertamente para defenderla, sino para utilizarla como un elemento más de la dialéctica marxista. Además, ese  negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual lleva de la mano a las políticas, perfectamente planificadas en todos los países, de promulgación de leyes que faciliten el aborto, encubierto tras el eufemismo de “liberación femenina”.
  
La propia Encíclica nos habla, en otro de sus capítulos, de la “propaganda que dispone de grandes medios económicos, de numerosas organizaciones, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas excelentemente preparadas; propaganda que se hace a través de la prensa, de hojas sueltas, en el cinematógrafo y en el teatro, por la radio, en las escuelas y hasta en las universidades, y que penetra poco a poco en todos los medios sociales, incluso en los más sanos, sin que estos adviertan el veneno que está intoxicando a diario las mentes y los corazones” (ibidem, pág. 680).  Y si esto pudo hacerse en 1937,¡qué no podría hacerse hoy con medios mucho mas sofisticados de penetración de las mentes!
  
“Ideología de género”, “matrimonio” entre personas del mismo sexo con posibilidad de  adopción, etcéteras y mas etcéteras de inversión de las pautas culturales, nos dicen que, de la mano de Gramsci, se está pudriendo intencionalmente a las sociedades.  Bueno es recordarlo ante un nuevo aniversario de una Encíclica cuyas advertencias están, aunque parezca paradójico, más vigentes que en el año 1937.
   
Jorge P. Andregnette Capurro

martes, 19 de abril de 2011

Históricas

BICENTENARIO DEL URUGUAY
     
     
Ha tomado estado público el inicio de los festejos oficiales por el Bicentenario de 1811 en la Banda Oriental, conmemorando el período histórico que culminó en independencia. Ahora bien, el Uruguay no tomó parte alguna en los festejos de la conmemoración, el año pasado, de los sucesos de la Semana de Mayo de 1810. Sucesos que, como se sabe, marcaron el inicio de todo el proceso ante la prisión del Rey Fernando VII, y por tanto la vacancia del Trono. Hecho que tuvo como consecuencia la formación de Juntas de Gobierno, como en España, y que los avatares posteriores culminaron, por que no decirlo, en la destrucción de esa maravillosa construcción geo-política que fueron los  Reynos de Indias, de la que se aprovecharon otros imperialismos extranjeros para atarnos, por otras vías, tal vez comerciales y culturales, a su carro avasallador.
     
A nuestro entender, nos parece profundamente equivocada la forma de percibir la Historia en nuestros días. Tanto desde el punto de vista de los hechos como desde el punto de vista socio-político.
     
No hubo aquí, mal que les pese a muchos orientales, una separación de los sucesos de Buenos Aires, sino todo lo contrario, una armonía de procederes buscando el mismo fin. Nunca mejor argumento que el propio pensamiento del General Artigas, que a dos días de su victoria en Las Piedras, envía, con fecha 20 de mayo de 1811, a Francisco Xavier de Elío, un mensaje en el que le dice: “Este ejército concluirá la obra en que se halla tan adelantado y VS hará apurar la copa de las desgracias a esos habitantes si no resuelve que sea reconocida la autoridad de la Exma. Junta Provisoria (la de Buenos Aires) de estas provicias por ese pueblo y que lleve a ella sus votos por medio de un representante conforme al reglamento publicado y siguiendo así las medidas que han adoptado todas las provincias de España para conservar ilesos los dominios de nuestro Augusto Soberano el Señor Don Fernando VII de la opresión del tirano de la Europa que ha causado tantos males cuantos toda ella experimenta”.
     
Basta entonces, a nuestro leal saber y entender, con la lectura de este breve pero enjundioso párrafo de nuestro héroe máximo, para echar por tierra todo intento que pretenda separar los sucesos de Mayo del 10 con lo sucedido en la Banda Oriental. Sólo puede ocurrírsele tal dislate a quien, enancado en un absurdo patriotismo de capilla estrecha, se niega a entenderlo, y pretende festejar aparte, como si esto no tuviera nada que ver con aquéllo.
     
¿Acaso pretende ignorarse que en la batalla de Las Piedras rindieron su sangre criollos del Regimiento de Patricios, sí, aquel del Coronel Cornelio Saavedra, de gloriosa y fecunda actuación? ¿Qué se pretende con esa separación de festejos? Tal vez sea un enigma a resolver. ¿Hay intereses político-partidarios mezclados con ese complejo anti-argentino, y se busca por todos los medios separar claramente que ellos son los “porteños” y nosotros los “uruguayos”? Reflexione el amable y paciente lector de estas líneas dictadas por el corazón ante tan sorprendentes nuevas.
     
Sabemos que las banderas artiguistas, a veces manoseadas o usadas indebidamente por grupos partidarios que dividen a la familia oriental, parafraseando a Lavalleja, no son otra cosa que la bandera creada por el General Belgrano, alistadas con las bandas punzó del federalismo. Reiteramos la pregunta entonces: ¿Qué sentido tiene ese festejo haciendo “rancho aparte”?
     
Se ignora que todos somos hispanoamericanos, integrantes de esa hermosa unidad geopolítica que fueron los Reynos de Indias, como decíamos al principio, y cuya disgregación trajo penurias. Tantas que el propio Bolívar, al fin de sus días pudo reflexionar: “hemos arado en el mar”.
     
Entonces, señores, ¿todo empezó en 1811 y terminó en la Convención Preliminar de Paz y en la Constitución de 1830? ¡Qué poca historia tenemos despojados de los restantes hermanos de América, aún de los más cercanos, y ni qué hablar de la fecunda tradición hispana!
     
Basten para cerrar estas reflexiones las palabras del ilustre historiador Don Felipe Ferreiro en “La Disgregación del Reyno de Indias”: “Si la Convención Preliminar de Paz nos privó del derecho a volver a vivir en «unión y libertad» con los demás pueblos hermanos, no por eso se apagaría en el corazón de los orientales de la generación revolucionaria, la llama del sentimiento que durante casi veinte años los había llevado a considerarse «compatriotas» de los demás indianos” (cfr. ob. cit., Montevideo, Barreiro y Ramos Editores, 1981, pág. 205).
     
Señores, se ha equivocado el camino pretendiendo festejar aparte, pues al decir de aquel insigne español de la generación del '98, Don Ramiro de Maeztu, cruelmente asesinado en jornadas trágicas para España: “en América se puede ser noble sin serlo en España”, pues todos, criollos y peninsulares tenían los fueros y derechos de los Reynos de España e Indias. Es preciso enmendar lo que debe ser enmendado, so pena de tergiversar los hechos históricos, y de dividir lo que no puede en manera alguna, por lazos de sangre y de heroísmo, ser dividido.
     
Jorge P. Andregnette Capurro
Desde el Real de San Felipe y Santiago de Montevideo
     

miércoles, 16 de marzo de 2011

Actuales herejías

EN TIEMPO DE CUARESMA:
ALGUNAS HEREJÍAS VIGENTES
       
       
En este tiempo de Cuaresma conviene, ciertamente, investigar si algunas herejías, combatidas tan exitosamente por San Agustín, no viven y actúan aún.
       
Pongamos un ejemplo: el pelagianismo. Sabemos que tal heresiarca —Pelagio— inició  dentro del Cristianismo un proceso de secularización de la cultura. Pero hete aquí que ese proceso de “secularización de la cultura” tiene adeptos en el mundo actual y estos le han puesto manos a obra. Basta asomarse al mundo, en Europa, o en ambas márgenes del Plata, a su prensa radial o televisiva, o a los grandes medios de comunicación de masas en general, para comprobarlo. Vemos en todos estos medios una constante, que en “Contra Julianum opus imperfectum”, el de Hipona señaló así : “la libertad consiste en una emancipación del hombre respecto  a Dios”.
       
Por doquier vemos tremolar las ominosas banderas del humanismo laico de nuestro tiempo: a) emancipémonos de Dios, b) emancipémonos del dogma, c) de la moral católica, y sustituyámosla por una lavada “educación en valores” que nadie sabe qué son, dicho sea entre paréntesis, y finalmente, emancipémonos de toda jerarquía o autoridad.
       
Un pensador insigne,que con su pensamiento se adelantó y fue profeta, por decirlo así, de muchos males que hoy presenciamos: nos referimos a Don Juan Donoso Cortés, escribía en cierta oportunidad al Cardenal Fornari, por supuesto, en el siglo XIX: 
“Los errores contemporáneos son infinitos; pero todos ellos, si bien se mira, tienen su origen y van a morir en dos negaciones supremas; una relativa a Dios, y la otra, relativa al hombre. La sociedad niega de Dios que tenga cuidado de sus criaturas, y del hombre, que sea concebido en pecado. Su orgullo ha dicho al hombre de estos tiempos dos cosas y ambas se las ha creído:que no tiene lunar y que no necesita de Dios; que es fuerte y que es hermoso; por eso lo vemos engreído en su poder y enamorado de su hermosura”. Nos preguntamos: ¿No es el secreto envenenamiento del antiguo pelagianismo el que campea por sus fueros en el pensamiento de hoy?
       
Creemos que sí, pues lo vemos en las prédicas de los hombres públicos en ambas márgenes del Plata y, todavía más grave, en algún Pastor encargado de la grey católica, que a veces son los primeros, por desgracia, en levantar tales estandartes del error. El que que arrastra a muchos sedicentes católicos, algunos en cargos de responsabilidad política y los lleva a apoyar y aun a votar leyes inicuas. Desde los escaños parlamentarios, leyes que contrarían el orden natural, guiados por esa supuesta “emancipación del hombre respecto a Dios”.
       
Se nos ha hecho creer que  las fuerzas creadoras del hombre, cuya “libertad” es de una esencia pura, no deben ser estorbadas por la soberanía de Dios. No tiene entonces sentido la acción del Espíritu Santo ni la gracia ni los sacramentos. Todo esto también es pelagianismo. En “La nausée”, la obra cumbre de Sartre, el hombre pelagiano henchido de vana ciencia, comienza con la euforia pero comprobando su vacío interior, termina con asco de sí mismo. No obstante, se persevera en el error, y se lo difunde por doquier.
       
Con el pelagianismo,el mundo que nos toca vivir asiste también a otra herejía: tan vieja como aquélla: el marxismo, nueva versión del maniqueismo,en el que la materia eterna está sometida a un proceso interior de lucha en que las tesis y las antítesis tenderán a resolverse en una síntesis. El hombre, enrolado en la contienda de los contrarios, burguesía y proletariado, pierde su dignidad y queda incorporado al todo,engranaje anónimo de toda aquella dialéctica.
       
El autor que ya citamos, Donoso Cortés, se refiere al maniqueísmo de Proudhon, pues según este último “el poder divino y humano son dos poderes rivales y el único deber del hombre es vencer a Dios, enemigo del hombre”.
       
Tenemos entonces que tener presente que el marxismo, nuevo maniqueísmo, coincide con este último en tres cosas fundamentales: el materialismo, el fatalismo y la lucha o dialéctica de los contrarios, la materia eterna que experimenta un proceso de lucha interior. De manera entonces que tenemos allí una herejía subsistente a través de los siglos.
       
Con razón se ha señalado que detrás de todo antagonismo político subyace una enemistad teológica. En el caso,herejías combatidas por aquel Obispo de Hipona subsisten, bajo otras formas, en nuestros días,p ero con la misma virulencia.
       
De manera entonces, en una como en otra herejía, tanto el bien como el mal carecen de sentido. El bien absoluto de ese hombre que se ha “emancipado” de Dios, será la prosperidad y la libertad económica propia del liberalismo: el mal absoluto,la carencia de bienes materiales, por la que se preocupan tanto aquel como el marxismo,pues son vertientes de una misma negación de lo divino. El “non serviam” del Ángel Rebelde.
       
Fray Victorino Capánaga,en su obra “San Agustín” (Ed. Studium, Madrid-Buenos Aires, 1954) nos dice que con la situación señalada, la vigencia de ambas herejías “…toda la economía del Cristianismo se tambalea. Porque si el hombre no es un ser caído,tampoco ha sido levantado o reparado. No tiene sentido la Encarnación ni el misterio de la Cruz ni la acción santificadora del Espíritu Santo,y sobran la gracia y los sacramentos,la Iglesia y la mediación de María y la Comunión de los Santos. Con estas negaciones se han formado las bases de la soberanía del hombre libre, que era el ideal de Juliano, mermando la soberanía divina y repudiándola como insostenible…”
       
He aquí entonces el resultado de nuestra reflexión:los mismos errores y perversiones bajo distinto nombre, pero igualmente dañinos para el árbol de la Cristiandad, y tal parece que, con estas “emancipaciones”, que lucen en los estandartes señalados, el Enemigo está dispuesto a colocar el golpe de la segur, no ya a las ramas,sino a la propia raíz. Hora entonces de prepararse para entablar el “buen combate”.
       

Jorge P. Andregnette Capurro
       

miércoles, 2 de marzo de 2011

Desde la orilla hermana

OTRO OLVIDO:
UN TRIUNFO DE LAS ARMAS ARGENTINAS Y ORIENTALES
   
   
Entre las celebraciones de los sucesos del año XI, a las que ya hemos calificado como erróneas, por la separación imposible que se pretende hacer de los sucesos del año 1810 en Buenos Aires, ha pasado también en silencio la gesta librada un 20 de febrero de 1827.
   
Nos referimos a la Batalla de Ituzaingó, ejecutada contra el ocupante Imperio del Brasil, y logrado el triunfo patrio en fraternidad de armas argentinas y orientales.
   
Fue allí en ese resonante triunfo sobre fuerzas muy superiores y mejor equipadas, que los soldados criollos —entre cuyos jefes se contaron a Juan Antonio Lavalleja y a Manuel Oribe, bajo el mando supremo de Carlos María de Alvear— que se logró que la Banda Oriental no fuera la “Provincia Cisplatina” del Imperio, como era el sueño imperial secular, considerando el Rio de la Plata como el límite natural de los dominios del Emperador.
   
Pero siempre lamentablemente hay un pero; tal triunfo logrado con el sacrificio de muchas valientes vidas se frustró por los manejos del Ministro de Rivadavia, Manuel García, cediendo ante un enemigo que había sido derrotado ampliamente, mediante manejos, ocultos o no, de “mediadores” extranjeros y creando un estado que se llamó Uruguay, como “algodón entre dos cristales”, como se lo ha llamado por algunos.
   
De tal forma Argentina pierde la Provincia Oriental, la más estratégica, que le daba la navegabilidad de los ríos hacia el corazón del Imperio, y por tanto, constituye, a pesar de la sacrificada victoria por las armas, un triunfo del Imperio Británico por la mediación “amistosa” de Lord Ponsonby, en sus planes de hegemonía.
   
Brasil, al decir de Carlos María Ramírez, realizaba sus sueños al trozar aquel territorio que se alzaría con la Convención de 1828, con la verdadera segregación de la Provincia Oriental. Por su parte, Roberto Ares Pons, en “Uruguay: ¿Provincia o Nación?”, Edic. del Nuevo Mundo, pág. 29, nos expresa: “La traición del patriciado montevideano, la acción de la diplomacia porteña que atrae la invasión portuguesa y logra deshacer el frente de los caudillos victoriosos, sellan la derrota del federalismo rioplatense y posibilitan la desmembración de las Provincias Unidas”. Y agregamos nosotros, la continuación de la destrucción de la magnífica construcción geopolítica que fueron los Reinos de Indias. Y allí podíamos seguir: los grandes y gloriosos derrotados, con quienes la Patria Grande siempre estará en deuda, pues no podrá pagar nunca lo mucho que lucharon y sufrieron por sus ideales: Juan Manuel de Rosas, quien dejará eterna memoria en la Vuelta de Obligado ante la prepotencia extranjera, o José Artigas, también digno representante del federalismo.
   
Se debe llamar la atención que en la gesta de Ituzaingó se consagraron los más puros ideales artiguistas, derrotando al enemigo que siempre había combatido el prócer, el que lamentablemente ya estaba exiliado en Paraguay. Por tanto, aunque no presente el Héroe Oriental que fue  también caudillo argentino, los corceles y sables de las cargas de caballería criolla contaron, a no dudarlo, con su aliento y entusiasmo por liberar estos territorios del pesado yugo luso-brasileño.
   
Una calle importante de nuestra Ciudad Vieja lleva el nombre de tal hecho de armas, y sin embargo ha transcurrido el mes de febrero sin que nadie se haya acordado en este país de tal gesta de importancia trascendental para nuestra verdadera soberanía. Tal hecho, con Rincón, con Sarandí, con la heroica conquista de las Misiones, no pueden pasarse por alto como si no representaran a nadie. Señores: ¿Qué nos está pasando a los orientales? ¿Ningún recuerdo para los hechos importantes de la Patria? ¿Se han marchitado definitivamente los laureles de antiguas glorias? ¿Hay, hoy, en estos momentos, en esta tierra oriental, maestros y profesores que enseñen a sus alumnos el valor de estos hechos y su significación y consecuencias?
   
Es en el fecundo año 1825 que nuestro Brigadier General Juan Antonio Lavalleja proclama en la histórica villa de Soriano un verdadero alegato por la libertad que comienza con estas palabras: “VIVA LA PATRIA - ARGENTINOS ORIENTALES!!! Llegó por fin el momento de redimir nuestra AMADA PATRIA de la ignominiosa esclavitud en que ha gemido por tanto años, y elevarla con nuestro esfuerzo al puesto eminente que le reserva el destino de los pueblos LIBRES del Nuevo Mundo. El grito heroico de LIBERTAD retumba ya por nuestrtos dilatados campos con el estrépito belicoso de la guerra…”
   
Convengamos en algo, ya que hoy se habla tanto de la importancia del saber técnico: también la formación de la personalidad se templa en el conocimiento de los hechos históricos que nos da el conocimiento de dónde venimos y hacia dónde vamos. La persona es una  e indivisible: el conocimiento del pasado, de sus glorias y luchas es tambien parte de la educación integral.
   
Convengamos en esto, o resignémonos a ser, definitivamente, un rebaño dócil que no sabe de donde viene, quién es y hacia dónde se dirige. Triste destino que no supera ni superará ninguna bonanza económica, por alta que sea esta. Recordemos que el escritor inglés George Orwell, el mismo de “1984”, donde señala la “robotización” inhumana del hombre víctima de un estado totalitario bolchevique, finaliza su “Rebelión en la Granja” con estas ominosas y tristes palabras, que pueden ser de aplicación a quienes han perdido su identidad y sólo constituyen un conjunto de seres consumistas, que no conocen quiénes son y de dónde vienen: “Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”. Pensemos y actuemos entonces, en consecuencia.Tal vez aún estamos a tiempo.
   

Jorge P. Andregnette Capurro