viernes, 26 de agosto de 2016

martes, 23 de agosto de 2016

Eclesiales



La “Amoris Laetitia” como “evento lingüístico” y las guerras del Papa Francisco


En esta nota espigo algunas ideas de dos artículos del sobresaliente profesor italiano Roberto de Mattei publicados en su portal Corrispondenza Romana (www.corrispondenzaromana.it). El primero de ellos se titula “Exsurge, quare obdormis Domine?” (Levántate, Señor, ¿por qué duermes?) del pasado 18 de mayo que, entre otros temas, se refiere a la polémica desatada en torno a la Amoris Laetitia. Es claro que al parafrasear los párrafos del autor manifiesto mi adhesión a lo que allí se expresa.

“Evento lingüístico” es la expresión que ha empleado el cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena, para definir la Amoris Laetitia, exhortación apostólica postsinodal “sobre el amor en la familia” del Santo Padre Francisco, publicada el pasado 19 de marzo. Y ha sido el mismo Papa Francisco quien no sólo recomendó leer la presentación que de dicho documento hiciera el purpurado el 8 de mayo del corriente sino que le atribuyó la interpretación auténtica.

No es nueva la fórmula utilizada por Monseñor Schönbron puesto que la ha empleado también un hermano de religión del Papa, el jesuita John O´Malley, de la Universidad de Georgetown (Washington), pero para referirla a un hecho más lejano. En efecto, y relatando la historia del Concilio Vaticano II, lo ha definido como “un evento lingüístico” (John O’Malley, Che cosa è successo nel Vaticano II, traducción italiana, Vita e Pensiero, Milano 2010, p. 313). Consistió dicho “evento” en un nuevo modo de expresarse que, según el historiador jesuita, “significó una rotura definitiva con los Concilios precedentes”.

Decir “evento lingüístico” no implica minimizar el alcance revolucionario del Vaticano II sino más bien comprender que el lenguaje es en sí mismo un mensaje. Bien se sabe que la elección de un estilo de lenguaje con el cual comunicar expresa un modo de pensar y un modo de ser y de allí que el estilo pastoral del Vaticano II no sólo expresase el carácter propio de ese Concilio sino que puso en marcha “un modo de pensar y un modo de ser”. “El estilo –recuerda el P. O´Malley– es la expresión última del significado y por esa razón es significado, no sólo ornamento, y herramienta hermenéutica por excelencia”. Todo eso para argumentar que el carácter “pastoral” del Vaticano II fue sin duda un “medio” deliberadamente escogido para comunicar el mensaje (la doctrina) pero que con el tiempo ese “medio” devendría principio, mensaje o doctrina irrenunciable.

Leyendo estas consideraciones del jesuita O´Malley no pude dejar de recordar una de las preclaras enseñanzas del canadiense Marshall McLuhan, gran estudioso de la comunicación, de los medios y del lenguaje, cuando afirmó que no el contenido sino que “el medio es el mensaje”. Puede ponerse en marcha una revolución no sólo en lo que se dice sino también en cómo se dice lo que se dice. Lo que estamos comentando no nos consuela porque confirme la tesis de McLuhan; nos entristece porque confirma que una revolución lingüística y de contenidos se ha puesto en marcha en la Iglesia desde hace décadas.

El propósito de elevar a principio la pastoral dando la impresión de que no se toca la doctrina está presente en la explicación que diera el Cardenal Walter Kasper al comentar la exhortación post-sinodal Amoris Laetitia. “La exhortación apostólica del Papa no cambia nada en la doctrina de la Iglesia o en el derecho canónico pero cambia todo” (Vatican Insider, 14 Aprile 2016). En buen romance, no cambiará la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio pero sí es probable que auspicie cambios en la pastoral respecto de los divorciados y vueltos a casar. Y es posible también que los cambios en la praxis de la Iglesia, por omisión, debilidad o convicción, comportarán una difuminación de la doctrina, aunque se proteste que no sea esa la intención.

Concluye de Mattei que “la brújula del Pontificado del Papa Francisco y la clave de lectura de su última exhortación apostólica post-sinodal está en el principio de un cambio necesario, no en la doctrina, pero sí en la vida de la Iglesia. Sin embargo, para sostener la irrelevancia de la doctrina, el Papa ha escrito un documento de más de 250 páginas en el cual se expone una teoría del primado de la pastoral”.

La “guerra de religión”
y el asesinato del Padre Jacques Hamel

“La verdadera palabra es «guerra» (...) Cuando yo hablo de guerra, hablo de guerra en serio, no de una guerra de religión, no (...) Alguno puede pensar: «está hablando de guerra de religión». No. Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Comprendido?"

Estas son algunas de las palabras que dijo el Papa Francisco a los periodistas mientras viajaba en el avión que lo transportaba hasta Cracovia, Polonia, para participar de la Jornada Mundial de la Juventud. La ocasión fue, precisamente, el asesinato del P. Jacques Hamel en su iglesia parroquial de Saint-Etienne-du-Rouvray (Normandía), acuchillado por dos terroristas islámicos mientras celebraba la Santa Misa. El asesinato se produjo el martes 26 de julio y las palabras del Papa un día después.

El Papa dijo haberse sentido “particularmente turbado por este hecho de violencia que ha tenido lugar en una Iglesia durante la liturgia de la Misa y ha implorado la paz de Dios sobre el mundo”. Turbado, sí ciertamente, pero da la impresión de que no ha querido definir las cosas por su nombre. No ha querido llamar por su nombre a los terroristas ‒¿acaso por temor a que el Islam asuma posiciones más enconadas ahora que ha consumado su primer sacrificio en tierra europea?‒; no ha querido llamar ´martirio´ al asesinato del Padre Hamel, cuando sí ha hablado de mártires con ocasion de las incontables matanzas de católicos en Medio Oriente a manos de musulmanes también. No ha querido, por último, referir los categóricos términos “guerra de religión”.

No son omisiones inocuas que ahorrarán vidas o que mantendrán la ilusión del ecumenismo con el Islam. El Islam, y lo ha de saber bien el Papa Francisco, es un enemigo histórico del Cristianismo y de la Iglesia y la ha perseguido cuanto ha podido. Y hoy lo está haciendo sino con más saña sí con mayor ventaja pues cuenta a su favor con la indefensión voluntaria del Catolicismo. Los asesinos han sacrificado al Padre Hamel no por cuestiones políticas, estratégicas o por el "dominio de un pueblo sobre otro". A ellos los anima una inspiración religiosa, tan tenaz cuanto perversa, que no acaba de cristalizar en guerra abierta porque la contra-parte no replicará los ataques.

Pero el Islam está en guerra contra el Catolicismo y en “guerra religiosa” desde hace siglos. Es necedad o defección no ver claramente esa realidad. Las omisiones del Papa Francisco se conjugan, lamentablemente, con las presuntas y oscuras intenciones de las autoridades religiosas del Islam que no han denunciado ‒ni parece que lo harán‒ con voz clara, firme y unánime las atrocidades cometidas en nombre de Alá por parte de sus correligionarios.

Ninguna voz del Islam se ha alzado para declarar con firmeza que los degüellos de cristianos nada tienen que ver con la pacífica religión del profeta Mahoma y del grande Alá. “Si el Papa Francisco anunciase el inicio del proceso de canonización del padre Hamel daría al mundo una señal inequívoca, vigorosa y elocuente, de la voluntad de la Iglesia de defender su propia identidad”, ha dicho con lucidez y valentía Roberto di Mattei en su artículo “I primi martiri dell´Islam in Europa” (Il Tempo, 27/07/2016, reproducido en “Corrispondenza Romana” del mismo día).

Mientras tanto sigo confirmando que la revolución del lenguaje no consiste solo, ni principalmente en ocasiones, en la transmutación de los significados sino en la omisión de palabras que evocan significados que debieran estar pero que no conviene que estén presentes.

 Ernesto Alonso
 
Ernesto Alonso

lunes, 11 de julio de 2016

Mirando pasar los héroes

1983:
EL DESMALVINIZADOR ROJO



2016:
EL DESFILE DE
NUESTROS VETERANOS

jueves, 30 de junio de 2016

Correspondencia



SI UN CIEGO
GUÍA A OTRO CIEGO

Sr Director:

Como tantos católicos argentinos me sentí abochornado y con vergüenza ajena por el revoleo de la valija de dólares por encima de las tapias del Convento de La Reja en General Rodríquez. No porque el protagonista principal fuera un alto funcionario político del gobierno precedente. Después de todo, se trataba de un integrante típico de la corporación partidocrática que ha tomado el Estado para provecho propio.Y esto es, además, la democracia, forma impura de gobierno, según Aristóteles.

No. Mi pena proviene, por un lado, del involucramiento del obispo muerto (según parece muy amigo del dinero, y de las estancias de un rico armador naviero en la zona de Sierra de La Ventana) y, por otro, por el desempeño patético en la ocasión de Monseñor Juan Radrizzani, actual Arzobispo de Mercedes, bajo cuya responsabilidad está el convento de marras. Es decir, sus negaciones, mentirillas, ambigüedades, cara de yo-no-tengo-nada-que-ver y, finalmente, los hipócritas lagrimones de cocodrilo cuando se quejó casi sollozante: “quien me va a creer ahora si yo digo que erancriptas y no bóvedas”.

Pues bien, este desbarre al final de la carrera del obispo mercedino parece una broma permitida por Dios Padre para que él –y sus colegas del episcopado argentino‒ empiecen a hacer su examen de conciencia antes de morir. He escuchado por ahí, sin entrar en mucho detalle, que el Obispo Radrizzani tiene su frondoso prontuario en las filas inmundas y disolventes del Progresismo Modernista que ha demolido la Iglesia en los últimos 60 años. Por esto no sorprende su carrera ascensional ni su pertenencia a un episcopado mayoritariamente felón. Es decir, traidor e infiel a Cristo por acción u omisión.

En este sentido vale compartir ‒y aquí viene mi pequeño aporte para conocer mejor de dónde viene Radrizzani‒ que inesperadamente cayó en mis manos el artículo extraordinario, del R. P. Julio Menvielle (escrito para refutar los artículos de la revista Criterio del 22 de agosto de 1968, sobre la Humanae Vitae)aparecido en Jauja Nro 22 de Octubre de 1968. El mismo lleva por título Si un ciego lleva a otro ciego.

Los dos ciegos de la metáfora son el entonces Padre Jorge Mejía, luego Cardenal y reconocido protector de bujarrones (la Homomafia Vaticana que le llaman), quien también tuvo su inesperado tropiezo farsesco al final de sus días cuando su automovil con chapa diplomática fue utilizado, gracias a su secretario personal, para contrabandear dinero en Europa. Y el otro ciego del artículo era el moralista P. Juan Radrizzani, por aquellos años siniestros de “renovación” y anarquía eclesial, Teólogo en la Facultad de Teología de Villa Devoto.

Entre los dos prelados colegas se brindaron entonces mutuo respaldo para “escamotear lisa y llanamente la Encíclica Humanae Vitae de S.S. Paulo VI bajo un sincuento de sutiles consideraciones”, con el afán de confundir y relativizar el pronunciamiento dogmático, claro y valiente, del Papa, sobre la ilicitud e intrínseca perversidad del recurso a los medios contraceptivos. Meinvielle los expuso con la acuidad, lucidez y coraje que lo caracterizaban, de modo contundente e inapelable, desarticulando la maniobra en la que se combinaban el consumado “arte de embrollar de Mejía” y la sofística petulante, contradictoria y desobediente del moralista de Villa Devoto.

Luis Álvarez Primo
Bella Vista, 26 de junio de 2016

jueves, 16 de junio de 2016

Te lo juro yo



LO INVEROSIMIL

“Hoy un juramento, mañana una traición...”
Gardel y Le Pera

Realmente, el juramento de los últimos diputados electos me llenó de desazón. No todos, por cierto, pero varios agregaron a la tradicioanl fórmula por lo más elevado, otra, burdo por lo más bajo, por lo demás absolutamente innecesario, y por si fuera poco, nada menos que, algunos, por Néstor y Cristina, y otros por la militancia, lo que a mi entender constituye una blasfemia, equiparar a NUESTRO Creador con dos politiqueros y una rentabilidad mercenaria en particular.

Además, si lo que juran es respetar la Constitución, el texto de la misma considera a dichos personajes, sin lugar a dudas, “infames traidores a la patria”.  Véase su artículo 29, donde se especifica: “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarle sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna.  Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen a la responsabilidad y penas de los infames traidores a la Patria”.

Este insólito juramento se presta por dos personajes que encuadran a la perfección en el artículo.  Por ejemplo, por haber consentido los actos de Menem, y no haberlo condenado por los mismos como hubiera correspondido; lo que constituye una burla a la ley, y por tanto a la República.  Estamos entonces ante una paradoja inquietante: hay diputados que juran defender la Constitución invocando el nombre de dos infames traidores que la violaron cuanto quisieron.

Párrafo aparte para el rabino Bergman que juró “sobre el Tanaj, la sagrada biblia hebrea”.  Para Araceli Ferreyra, que lo hizo por Rosa Guarú, según ella “madre biológica de San Martín” y por Enrique Castro Molina que lo hizo “por el compañero Hugo Moyano”.

Para el lector dado a las sospechas, le juramos que todo esto es cierto.  Se lo juramos por la colección completa de “Cabildo”.

Vicente Cadenas

sábado, 11 de junio de 2016

Relatos modernos



LOS DERECHOS HUMANOS DE MACRI
Y LA CONTINUIDAD K

Al grito de “Recuperamos la República”

Los días previos a la “revolución de la alegría”, y el pasado 10 de diciembre sobre todo, macristas convencidos y aquellos de ocasión o relumbrón no dejaron de alentar a quienes los escuchasen a fin de que “embanderasen las casas para celebrar con júbilo la recuperación de la República”. Y aguafiestas fuimos quienes, hasta con pacato pudor, opusimos alguna nota discordante al relato rupturista y a la épica de la discontinuidad que presuntamente se venía con Mauricio Macri y sus equipos.
Si por caso recuperáramos la auténtica República de los tres poderes y la Constitución del ‘53, con sus debidas reformas, no creo que sea el mejor bien para la Patria que pudiéramos celebrar de Mauricio Macri. Es hija del liberalismo político del que dijera Napoleón que “no creía mucho en sus principios ex- cepto cuando le servían para derrotar a sus adversarios”.
Y si cierta sigue siendo la  vieja tesis nacionalista de que los gobiernos se suceden pero el Régimen permanece inalterable; luego, entonces, esta República recuperada no será sino la entelequia jurídico-política destinada a sostener la savia intacta del Régimen, incluyendo sin cortapisa alguna tanto las democracias de facto como los últimos treinta y dos años de democracia partidista, frentista o aliancista.
Pero la Argentina es el país del “nunca cambiemos” y las mudanzas sabias y rectas son las que de veras faltan. El italiano “ogni tanto bisogna cambiare” aquí no funciona; el estribillo de la “negra” Sosa “cambia, todo cambia” tampoco arrastra.
Y las cosas siguen igual ayer con Cristina y hoy con Mauricio. Los cambios que muchos celebran y vocean son más aparentes que reales y las figuras que hoy estarán no sólo no reemplazan los viejos conocidos sino que parecen representar el más puro y duro continuismo K.
¿Usted me pide una prueba, lector amigo? Aquí va una.

Un fiel servidor judío para “Memoria, Verdad y Justicia”

En efecto, estamos hablando de Claudio Avruj, hasta hace pocos días subsecretario de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires, quien a partir del jueves 10 de diciembre se ha convertido en el nuevo titular de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, “y por ende responsable de continuar la política de Memoria, Verdad y Justicia iniciada en 2003, cuando Néstor Kirchner nombró en ese cargo al fallecido Eduardo Luis Duhalde”. Hasta aquí la primera parte de la información publicada por Telam la Agencia Nacional de Noticias, el miércoles 25 de noviembre pasado. No concluye aquí el currículum vitae del “siervo continuista y fiel” pues añade la gacetilla de Telam que “Avruj, un licenciado en dirección y organización institucional, fue durante toda una década (1997-2007) director ejecutivo de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y está considerado un hombre de confianza del ex banquero Rubén Ezra Beraja, quien presidió la DAIA entre 1991 y 1998 y está siendo juzgado, acusado de encubrir a quienes volaron la mutual AMIA (…) Avruj pasó a encabezar la Dirección de Relaciones Institucionales del gobierno porteño en 2007, y tres años después asumió en la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralidad Cultural, en reemplazo de Edgardo Berón”. Además, y para aprovechar el tiempo libre que le quedaba por las tardes, “Avruj fue designado en 2013 al frente del Museo del Holocausto, cargo que ejerce de manera honoraria. Designó en esa entidad como hombre de confianza a Guillermo Yanko, pareja de la futura ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Avruj está asociado con Yanko (que cuenta con afiatadas relaciones con fundaciones estadounidenses) en emprendimientos como la “cadena judía de información Vis a vis” dedicada a temáticas de la colectividad judía y financiada en su totalidad por publicidades del gobierno  de la Ciudad de Buenos Aires (…) El año pasado, el funcionario (Avruj, se entiende) cerró el Programa de Atención a las Víctimas de Delitos Sexuales, en tanto que los trabajadores de la subsecretaría lo acusaron de negarse a actualizar los haberes de los trabajadores con- tratados que se desempeñan en el Parque de la Memoria, sobre la Costanera Norte, donde se encuentra el monumento a las víctimas del Terrorismo de Estado (…) Por último, y para que tengamos bien presente el orden de jerarquías y subordinaciones, “Avruj está considerado un funcionario próximo a Marcos Peña, actual jefe de Gabinete porteño, quien asumiría igual función co- mo «primus inter pares» del gobierno nacional a partir del 10 de diciembre”. Hasta aquí el reporte
de Telam.
Pero, claro, no las tiene todas consigo Claudio Avruj y no falta quien lo corra por izquierda. Jorge Elbaum, plumífero de “Página/12” y auténtico “judío por la liberación”, se queja amargamente de que Avruj ocupe la Secretaría de Derechos Humanos precisamente porque “sus antecedentes son coherentes con el resto del gabinete, conformado por empresarios, CEO de multinacionales y actores de las ONG devenidos en puristas gestores del Estado. Todos ellos se autodefinen como la contracara de la “militancia” –las comillas son de Elbaum– y buscan difundir una pátina aséptica y desideologizada orientada a invisibilizar sus biografías y naturalizar la verdad de sus decisiones futuras” (Jorge Elbaum, “Derechos (humanos) torcidos”,Página/12”, 3 de diciembre de 2015).
¡Tranquilos muchachos que Claudio Avruj sabe respetar fidelidades y, amigos son los amigos, no habrá ideología, Memoria, Verdad y Justicia capaces de resistir un buen plan de carrera y un no menos cuantioso menú de negocios personales! Al fin de cuentas qué son la Revolución, el Terrorismo de Estado y los Parques de la Memoria sino la ocasión de hacer buenos números con camaradas y amigos y seguir vendiendo el mismo relato K esta vez con los colores de Cambiemos.
Calma, liberales y socialistas, porque Anzoátegui nos ha enseñado de una vez por todas que los judíos no se juegan por nada “porque no pelean nunca: prefieren esperar a ver quién gana, para luego ofrecer sus servicios al vencedor y de paso quedarse con la mayor parte de sus ganancias”.
“Es una lástima que los Reyes Católicos hayan muerto”, se lamentaba don Ignacio Braulio.
¡Cuánta razón tiene!
Ernesto Alonso