martes, 30 de diciembre de 2008

Cromagnon


CASTIGO Y
MISERICORDIA

La posibilidad y la licitud del castigo divino, son dos verdades que no han sido excluidas de las enseñanzas de la Iglesia. De ellas se habla con abundancia, desde las inspiradas páginas de las Sagradas Escrituras hasta en las fundantes respuestas del Catecismo, Castigo que pueden merecer tanto los hombres pecadores como las naciones corruptas, así en la historia cuanto en la eternidad. Reprimenda justiciera e inapelable, que bien recordaban y temían los genuinos creyentes, cada vez que la Secuencia Dies Iræ, por ejemplo, glosaba aquel texto de Sofonías, según el cual, en el día de la ira del Señor habría “estrépito y asolamiento”, aún “en las ciudades fuertes y en las altas torres”. Por cierto que esta pedagogía divina es omitida o burlada hoy, sistemáticamente, pues el sujeto contrahecho y subvertido a que ha quedado reducido el hombre, está muy lejos de discernir el acontecer desde la perspectiva sobrenatural. Pide signos entre los falsos profetas, y no sabe ver los que con verismo se le presentan. Ciega generación aquélla en la que está inserto, a la que tal vez, como lo dice el Señor, ya no se le dará ninguna otra señal, porque su corazón es de piedra.

Venga a cuento el introito para explicar el doloroso drama de los maremotos en el Pacífico, ocurridos precisamente allí, en un tiempo y en una geografía en la que el vicio abunda y han hecho una industria de la perversión de los niños. Escándalo impar para cuyos ejecutores previó Jesucristo la pena de ser arrojado al fondo del mar. Pero Asia y el Pacífico quedaban demasiado lejos de estos lares argentos, como para reflexionar demasiado; y mucho más lejos todavía la posibilidad de que algún obispo predicara sobre la ira celeste, las postrimerías, el temor de Dios y la necesaria enmienda. Paralelamente, demasiado cerca quedaba el fin de año y el veraneo, con su clima de gula y de relajo, de bacanal estruendosa y necia. El festín podía continuar su curso, y la blasfema muestra de un estulto reabrirse, y el sacrilegio multiplicarse, y el infierno negarse, y la infamia acrecer, y el Día de los Inocentes acallarse y la impiedad extenderse. Pero entonces, Dios necesitaba hacernos ver —con la visión cuajada de lágrimas— que ya no teníamos una patria de señores sino una república de cromagnones.

A pesar de que este nuevo y trágico signo ha venido envuelto en la sangre de nuestro prójimo, en el sentido más estricto del término, el fondo hondo, mistérico y cruento del episodio, aún sigue sin quererse considerar. Se han echado culpas políticas, y bien está que así sea, porque nos gobiernan degenerados de todo jaez. Se han echado culpas municipales, administrativas, contables o empresariales, y no serán nunca suficientes, porque la vileza corroe los cimientos mismos de todos esos ámbitos. Se han echado culpas a los funcionarios que parecían intangibles en su soberbia populista, y ahora enfrentan la furia del mismo demos y de los mismos ideólogos que les dieron sus inicuos respaldos. Pero hay culpas reales que se acallan, sea desde los púlpitos o desde los estrados, porque quienes los ocupan prefieren la adulación y la demagogia, y más temen a la impopularidad que a las consecuencias mortales de la mentira.

Es culpable la descristianización de las costumbres, la bestialización de las diversiones, la animalización de las fiestas, la secularización de la alegría. Es culpable la juventud promiscua, hedonista y tribal, a la que no sólo no se le señalan sus pecados sino que se glorifica post mortem, se adula en vida y se le levantan santuarios para inmortalizar sus desafueros. Es culpable la paternidad libertina y permisiva, cómplice y secuaz de la adolescencia descarriada. Es culpable la promoción de la vida licenciosa y lasciva, en la que se revuelcan por igual veinteañeros goliardos y cuarentones torvos. Es culpable el conjunto de modas impúdicas y lujuriosas, sodomitas y prostibularias, en cuyo cultivo compiten simétricamente progenitores estúpidos y proles desenfrenadas. Es culpable la pseudomúsica que ocupa el lugar del arte, y todo aquel que medra difundiéndola. Es culpable el que monta un boliche, del que se sale siempre muerto aunque no se tiren bengalas, y es culpable el que asiste a sabiendas de que hallará allí refugio a sus malandanzas. Es culpable la metódica violación del tercer mandamiento, y la madeja ruin de cuantos mercan con la desnaturalización de lo festivo y la traición a la noble virtud de la eutrapelia. Empezando por un presidente que en materia melódica ha declarado su afección por las hordas marginales, y terminando por un alcalde, que es todo él un cántico a la contracultura. Nada de esto se ha dicho en público, y difícilmente se quiera decir.

Pero Dios gobierna con las dos manos, escribe Marechal. Con la mano de hiel de su rigor, y la mano de azúcar de su misericordia. Si no lo hiciera, tendría la imperfección de un padre manco. Dios es rico en misericordia, conviene repetirlo. Y la misericordia divina tanto más se mueve cuanto nos ve débiles, orantes, penitentes y contritos. Así estamos nosotros en esta Argentina doliente, más doliente porque quiere desconocer las causas de su verdadero dolor. Implorando que a tanto castigo sobrevenga la misericordia. Que haya fiesta allí donde el amor se alegra, según decía el Crisóstomo. Y que la patria merezca salir de la caverna de primates para recuperar su sitial en la Historia.

Antonio Caponnetto

4 comentarios:

Fernando José dijo...

"Nos gobiernan degenerados de todo jaez", nos consigna con su sagacidad característica el Dr. Antonio Caponnetto. Y en esta verdad de a puño está encerrada la gran desgracia argentina.

¿Qué se puede esperar de degenerados? Una réplica de Sodoma y Gomorra.

Y voy a nuestra ciudad de Buenos Aires, el ejemplo mas próximo para los que aquí vivimos. El gobierno pervierte a tiernos escolares estableciendo una jornada dedicada al tema de la "diferenciación sexual" es decir el problema de los degenerados con gravísimas patologías de identidad sexual. Se designa secretario de Cultura a un oscuro burócrata del gobierno del inútil De la Rúa cuyo único mérito es haber creado en la ciudad un hotel para degenerados de ambos sexos.

El gobierno, mas que nunca, organiza los llamados festivales de rock que son en realidad festivales de droga, alcohol y promiscuidad a cuenta del erario público. Ninguna de las promesas preelectorales se ha cumplido, ni subtes, ni policía, ni seguridad, ni nada.

La tracción a sangre humana y animal es parte del paisaje de Buenos Aires. Vagabundos, merodeadores, cartoneros y cirujas se enseñorean del espacio público y fijan su residencia donde les apetece.

Manifestaciones de lesbianas, travestis y otros marginales de sexo invertido ganan las calles y profanan templos y deterioran monumentos históricos.

La pornografía y la procacidad se transmite por todos los medios de difusión y en todos los horarios.

El puterío manda, la plebe los vota y los degenerados nos gobiernan. ¿No es esto Sodoma y Gomorra en versión corregida y aumentada?

sebastian fernández lagos dijo...

Estimado Señor Caponnetto:
Creo, en mi más humilde entender, que no existe tal castigo divino, me parece que sólo ha sido una serie de accidentes que han ocurrido junto con algunas omisiones de parte del dueño del local de Cromañón y de algunas autoridades de la ciudad, además de la acción seguramente de algún jóven que ha prendido intencionalmente una candela en un lugar cerrado. Creo que si se castiga la actividad de algún joven tuviera esa vida licenciosa y lasciva, como dice usted, creo que muchos de nosotros deberíamos tener ese castigo, porque digo yo quien no ha gozado siquiera alguna vez de las mieles del pecado de la carne, quien no ha usufructuado los servicios de una mujer que ha hecho de su cuerpo una profesión. Y siempre el Señor está dispuesto a perdonarnos si sentimos un sincero arrepentimiento en nuestro corazón.

Anónimo dijo...

Saludos a los camaradas de Cabildo, desde el Movimiento Social Republicano MSR.

http://msr-info.blogspot.com/2008/11/y-el-herosmo-despertcrnica-de-las-iii.html

Fraternalmente,

Iñigo Ferrer

Anónimo dijo...

Caro Dr. Antonio Caponnetto:
Uso da lingua portuguesa, a qual tenho certeza de que será de vosso entendimento, para solidarizar-me com V.Sa.
Há um ano venho acompanhando o Blog de Cabildo e através dele tenho constatado serem os mesmos os problemas que ocorrem em Argentina e em Brasil. A descatolização da sociedade, o laicismo desenfreado, as ações afirmativas, a apologia das perversões, a distorção da história nacional, a descaracterizão das tradições e dos costumes locais, tudo vem concorrendo para criar um nova sociedade onde apenas o prazer e o consumismo sejam a preocupação do homem. Apreciei muito a defesa que faz V.Sa. da linguagem usada pelos articulistas do Blog. Eu, de minha parte, só posso dizer que tenho grande satisfação em ler semanalmente esses textos tão bem escritos.
Um feliz ano novo.
Luiz Melendez, Rio Grande, Brasil