viernes, 4 de junio de 2010

Guerra antisubversiva


EL VIL Y GRADUAL ASESINATO
DEL COMISARIO ETCHECOLATZ


“Cosa inicua es no tender la mano al caído”
(Séneca)

El 4 de junio de 2007, aproximadamente a las 18:00, en el Complejo Penitenciario Federal de Marcos Paz, donde había sido recluido con condena perpetua el Comisario General Miguel Osvaldo Etchecolatz, entonces con 78 años y una enfermedad terminal, se produjo un atentado contra su persona, perpetrado impunemente por integrantes de una banda delictiva autotitulada Quebracho, que por diversas violaciones a la ley cumplen detención en el mismo penal, en un sector cercano al que se alojaba el precitado Comisario.

En circunstancias en que Etchecolatz —junto a otros prisioneros de guerra de la actual tiranía, apresados por haber combatido al terrorismo marxista— se dirigía hacia el sitio adjudicado para el cumplimiento habitual del horario de recreo, dos personas que oficiaban de “campana”, apostados en un pasillo, dieron cuenta a otras tres más del paso del Comisario, urgiéndolos a que se apresuraran a aproximársele. Había en el grupo una mujerzuela que dirigía los insultos y las amenazas de muerte, a viva voz. Todos los agresores portaban palos y otros elementos contundentes.

Golpeado cobardemente en espalda y rostro, la agresión estuvo a punto de encontrar réplica de parte de los eventuales acompañantes del Comisario, cuando éste pidió expresamente que no sucediera, llamando en cambio a la Guardia, que se hizo presente. De acuerdo al curso de la investigación que llevó a cabo la Fiscalía UFI05 con asiento en Mercedes, a cargo de la Dra. María Inés Carlés, quien golpeó el rostro de Etchecolatz fue Fernando Esteche (primer matón de la banda Quebracho), mientras que el autor de los restantes golpes podría ser un visitando del delincuente, de profesión abogado, que no habría sido registrado en los controles. El resto de los atacantes fue identificado como: Roberto Lizzano, Raúl Lescano, Joaquín Isasi y Mariana Gómez, quien ingresó como abogada junto con Alba Noemí Lamberti. Los visitantes representan a la Liga Argentina de los Derechos del Hombre y la Fundación de Investigaciones y Defensa legal Argentina. La primera de las mencionadas mujerucas, pudo saberse, era la que pedía a los gritos que la golpiza terminara con la vida del Comisario.

Para los investigadores y los abogados que asisten a Etchecolatz, este atentado fue prolijamente organizado, teniéndose en cuenta —entre otros factores— que Esteche y los miembros de su gavilla que se alojan en el Penal conocían muy bien sus movimientos.

Llama la atención la ausencia de personal del Penal en la puerta de la Sala de Abogados, como es norma, cuando estaba ocupada por Esteche y los abogados que lo visitaron, todos los cuales recibieron el aviso de quienes hacían “de campana” para iniciar la agresión.

Llama la atención asimismo, que se haya permitido a estos visitantes que permanecieran en los pasillos, cumpliendo esta tarea de vigilancia de un recluso, cuando está terminantemente prohibido. Y llama al fin la atención, la fragilidad de las medidas de seguridad adoptadas por el Penal, no sólo para evitar el inicio de este tipo de situaciones sino para ponerle un punto final expeditivamente.

Es de hacer notar, y no es un detalle menor, que este tipo de atentados contra Etchecolatz no era la primera vez que sucedieron. Padeció uno similar en ese mismo Penal, en el año 2001, al negársele la medicación y el tratamiento médico, tras una convulsión causada por su enfermedad. La persona que fue llamada para prestarle socorro sostuvo que se trataba de una simulación. Otro tanto sucedió en el Penal de Villa Devoto, cuando trasladado de urgencia al Hospital Vélez Sárfield fuera atendido y agredido inhumanamente por una médica de turno, sin que nadie impidiera el atropello verbal y físico contra su persona. Episodio análogo al que le sucediera en el Hospital Pirovano, cuando un médico y un enfermero en la sala de tomografía computada, intentaron asfixiarlo por “haber matado a nuestros compañeros”. Una causa abierta en el Juzgado Correccional N° 14, secretaría 82, da cuenta de estos inauditos sucesos; sin que —por supuesto— a nadie se le haya ocurrido movilizar las investigaciones pertinentes.

Atentado contra su persona fue también el que padeció en el recinto del Tribunal Oral Nº 1 de La Plata cuando se lo sentenció a prisión perpetua y revocatoria injustificadísima del arresto domiciliario que nunca violó. En esa audiencia se permitió el ingreso de personajes marginales, quienes portando palos y baldes con pintura, causaron heridos y se arrojaron contra el Comisario con la pasividad y anuencia del Tribunal.

Sin olvidar que, mientras cumplía arresto domiciliario en su casa de Mar del Plata, integrantes de la banda H.I.J.O.S. —con la explícita aquiescencia de la Policía que permanecía a pocos metros de los atacantes— destrozaron parte de la vivienda y de un automotor que allí se encontraba. Violando el domicilio, penetraron en su interior, golpeando a la esposa del Comisario y a su madre política. Tamaño desmán fue televisado y fotografiado minuciosamente. La filmación circuló por canales televisivos locales, las fotos por la red de internet, los responsables del grupo atacante confesaron su autoría y el fiscal de turno habría archivado las actuaciones por “no establecerse responsables”. El Ministro de Seguridad Dr. Arslanian, obviamente, nada hizo, ni para investigar el caso ni para reparar los visibles daños.

Un dato más agrega patetismo y estupor a esta mezcla infame de cobardía, venganza, demencia ideológica y satanismo. La esposa de Miguel Etchecolatz, Graciela Carballo, fue brutalmente golpeada en el mismo 2007 en el interior de un taxímetro, por dos individuos que previamente habían seguido sus pasos. Fue golpeada en la cabeza provocándosele virtualmente la pérdida de un ojo. Y en ese estado se la arrojó al pavimento. El diagnóstico clínico indicó: desprendimiento de retina, perforación de mácula y aplastamiento de iris, con rotura de córnea.

En todos y en cada uno de los casos hasta aquí enunciados se efectuaron las denuncias pertinentes, sin que nadie haya movido un dedo para investigar, esclarecer y acercar las soluciones y las sanciones previstas por la ley. Es que las Madres y Abuelas declararon ya públicamente que Etchecolatz debía morir en la cárcel. Y se trató de cumplir sus deseos lo antes posible.

No hay medio alguno en el país que quiera tener la elemental honestidad de denunciar tamaños atropellos. Ni de desenmascarar las flagrantes mentiras urdidas alrededor de este hombre, como la adjudicación de la tenencia de un arma, para privarlo del arresto domiciliario que legalmente le corresponde.

No hubo juez ni tribunal ni funcionario alguno de la justicia que estuviese dispuesto a restablecer un mínimo de equidad o de decoro. La consigna era torturarlo y provocarle la muerte en la prisión. Responsable de tamaño crimen es el Gobierno en primer lugar, y el interminable número de sus secuaces erpianos y montoneros desparramados a lo largo y a lo ancho de la función pública.

Digámoslo todo. El delito real de Miguel Etchecolatz —sin mengua de los errores o debilidades humanas que pueda haber cometido— es haber combatido con las armas en la mano a la guerrilla marxista. Y al igual que en su momento lo hiciera el General Ramón Camps, el haber desenmascarado a los financistas-capitalistas de la subversión.

Los imbéciles de Quebracho —cuyo mayor arrojo consiste en atacar a un anciano desprevenido, desarmado y enfermo prisionero— dicen declamar contra el capitalismo y el imperialismo.

Si les quedara algún resto de neuronas deberían saber quiénes han sido y son los financistas de la plutocracia internacional que han subvencionado y subvencionan a las bandas marxistas y a sus activísimos ideólogos.

Deberían saber que las finanzas yankees y sionistas que tanto los encolerizan, han estado y están prontas para garantizar las tropelías de sujetos como Verbistky, no como Etchecolatz. De estructuras como la de las Madres, no como la Bonaerense. Pero para darse cuenta de la criminal contradicción en la que incurren, tendrían que nacer de nuevo. Y ya han nacido y están muertos en vida, despidiendo a cada paso el hedor propio de los cadáveres insepultos.

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