jueves, 9 de agosto de 2007

In memoriam: Prof. Roque Raúl Aragón


RECORDANDO AL AMIGO


El pasado 15 de julio fue llamado al Padre nuestro querido amigo Roque Raúl Aragón.

A manera de recordatorio, mientras pedimos por su querida alma, transcribimos aquí algunos párrafos de una conferencia suya, que dictara en 1993, acerca de la legitimidad de la conquista española en América.

“…Se habla mucho ahora de la conquista, en esta otra polémica desatada con motivo del quinto centenario, como si la conquista fuese una cosa inusitada, un fenómeno desconocido, cuando en realidad es lo más común que hay en la tierra: no hay ningún pueblo en la tierra que sea aborigen del lugar donde vive, todos llegaron por un acto de conquista, próximo o remoto.

“Lo que tiene de original y único la conquista española es que se cuestiona a sí misma, se hace un problema de conciencia: ¿tengo derecho o no tengo derecho? ¿Puedo predicar el Evangelio haciendo al mismo tiempo un acto de conquista? ¿o el acto de conquista es una negación del Evangelio que predico? Esto sólo España se lo ha planteado, y todos los argumentos contra España vienen de España, han circulado libremente en España, porque en ningún lugar se respeta más la libertad que en una sociedad realmente católica: catolicismo y libertad son la misma cosa.

“Y en este asunto de la conquista, cuando el Padre de las Casas arremete contra las encomiendas, se encuentra con Ginés de Sepúlveda, un teólogo que lo contradice radicalmente, pues el Rey —que tenía sus escrúpulos de conciencia— fomentaba los debates contradictorios para clarificar estos temas. Ginés de Sepúlveda fundamenta abundantemente su tesis de que los bárbaros deben ser reducidos a servidumbre, ya que los indios son inferiores a los españoles, como lo son los niños respecto de los adultos: estos indios no pueden ser llevados a la fe por la sola predicación, porque en cuanto se retiran las guarniciones armadas ellos mismos matan a los misioneros y repelen la fe recibida. Sólo pueden ser elevados a la fe por la fuerza, como en el «fuércenlos a entrar» de la parábola del banquete (San Lucas, 14, 15-24). Esto lo aplica Ginés de Sepúlveda a la actitud que se debía tener con los indígenas ineptos. Y si bien no se podía atacar con armas a los paganos por el solo hecho de su infidelidad —decía éste— sí se puede cuando su idolatría recurre a prácticas inhumanas, como en la Nueva España, donde anualmente se inmolaban 20.000 hombres a los demonios.

“Nosotros hemos sido llevados a considerar estos ataques a los indios como cosas grave, atentados a los derechos humanos, pero sin tener en cuenta que los indios no eran unos angelitos y sometían a sus propios hermanos de raza a crueldades que solamente se explican por su entrega a prácticas realmente diabólicas.

“Cuando Hernán Cortés sube al templo, en un arrebato que relata Bernal Díaz, se coloca al lado de los ídolos horribles y los precipita escaleras abajo. Esas escaleras —dice Bernal Díaz— estaban cubiertas por tres pulgadas de sangre de los sacrificios humanos que allí se hacían. Y así se acaba el horror, reemplazando aquellos ídolos con la imagen de la Virgen. En Hernán Cortés hay una grandeza excepcional: él sabe que lo sagrado y los ídolos son incompatibles, que donde están los ídolos no hay nada sagrado, y donde está lo santo no hay ídolos. Cortés no era un respetuoso de las conciencias de los índígenas, quienes promovían las guerras para proveerse de víctimas humanas para sacrificar a los ídolos: Cortés era un servidor de Dios y actuaba en consecuencia.

“España se destaca por haber hecho una unidad entre la fe y la nacionalidad: ser español es ser católico y, de alguna manera, ser católico es también ser español. España fuisiona la fe con la empresa política de la conquista, y esto, porque no fue «ecumenista», porque combatió a los ídolos, porque si bien no se preocupó mucho por dar una instrucción pormenorizada del Evangelio, sí se preocupó porque renunciaran a Satanás y admitieran la gloria de Cristo, y esto es la esencia del bautismo. Así se ha bautizado América: combatiendo a los ídolos (…)

“Si el catolicismo ha de reconquistar América, ha de ser reasumiendo esa unidad inextricable de nacionalidad y de fe”.
Roque Raúl Aragón

2 comentarios:

juanaragon dijo...

Roque Raúl Aragón fue un estudioso del Martín Fierro, uno de los pocos que en la Argentina podían citar a cualquiera de los libros de crítica literaria que se hicieron sobre la obra de José Hernández, señalando en cada uno, sus virtudes y sus defectos. Otro de los objetos de su estudio fue José de San Martín. Cuando murió estaba preparando un libro -del que guardo algunos apuntes en mi computadora- en contra de ese mamarracho, "Don José", de García Hamilton. Pero, por sobre todo, fue mi padrino de bautismo. Todavía tengo en mi biblioteca la primera colección de libros "en serio" que me regaló cuando cumplí 12 años, las Vidas paralelas de Plutarco, con las que pasé muy divertido hasta los 14 o los 15 y a las cuales recurrí luego muchas veces en mi vida adulta. Hasta ese momento yo me había atiborrado de Salgari y Julio Verne, que ya me aburrían un poco. Mi tío Raúl no solamente mitigó mi aburrimiento sino que me enseñó que siempre se debe leer con provecho. En fin, este post, el blog entero me hizo recordarlo y por eso estas líneas, para dejar constancia de que un camarada santiagueño, Juan Manuel Aragón, anduvo por aquí y los leyó. Con provecho, por supuesto.

Anónimo dijo...

Roque Raúl Aragón fue sin duda un gran talento que tuvimos, aprovechado por unos pocos que supieron descubrirlo en lo que realmente valía. Pudo más en Buenos Aires que en sus pagos tucumanos donde se refugió en sus últimos años. Aquí hasta pasó desapercibido y lo que pudiéramos llamar la "cultura oficial" lo desdeñó. Tenía muchos papeles, muchas cosas manuscritas, inéditas. Entre ellas, un artículo "Borges y yo " que La Gaceta Diario se negó a publicar. ¿Alguien se preocupó por dar con esos textos?

Alejandro Celedonio Heredia Gutiérrez