viernes, 24 de septiembre de 2010

Nuestra Cruz de idea y geometría

LA REACCIÓN QUE VINO DEL ESTE
                                                             
Bien  conocida es por todos, la exigencia planteada por una madre, al estado italiano, para que este retire un crucifijo de la escuela adonde concurría su hijo.
    
En realidad la mujer, una emigrante finlandés de apellido Lautsi comenzó las acciones judiciales en el 2002. La demanda recorrió los tribunales italianos, con resultados negativos, para aterrizar en el tribunal europeo de derechos humanos. A fines de 2009, la corte falló a favor de Lautsi, argumentando que el Estado está obligado a la neutralidad confesional en el campo de la educación pública dado que hay que preservar el pluralismo esencial —según ellos— para  una sociedad democrática.
    
Si entendemos bien, el tribunal quiere decir que para ser democrática una sociedad debe renunciar a su identidad religiosa.
   
Si  entendemos bien, quieren decirnos que esto es así porque, la nueva religión es la democracia.
   
Volvemos al tema de siempre planteado desde todos los escenarios imaginables. No hay verdad, todo es relativo y opinable menos claro está, la idea central del inmanentismo que dice que no hay sitio para Dios en la vida del hombre, ni de la sociedad.
   
Este caso es importante puesto que, lo que está en juego es nada menos que un símbolo en la lucha por establecer, o mejor dicho por reconocer la identidad cultural y religiosa de Europa.
   
Es decir, si el estado italiano siguiera las indicaciones de la corte debería actuar como si la sociedad y la cultura del país no tuvieran nada de religioso. No en vano la finlandesa cuenta entre otros con el apoyo de la liga de ateos racionalistas de Europa.
   
Pero la verdad es, como muy claro demuestran la tradición y la historia, que  un pueblo tiene una identidad y que esa identidad tiene una dimensión religiosa.
   
El estado tiene origen en nuestra naturaleza social de donde no surge para servirse del hombre sino para servir al hombre a alcanzar su destino trascendente.
   
Entendido en cambio de acuerdo a las ideas constructivistas laicistas el origen de la sociedad  no viene de esa naturaleza social, sino que es una creación transitoria que de acuerdo a las ideologías de moda o las circunstancias, podrá  cambiar lo que fuera, ya sea anulando el pasado, o “construyéndolo” de acuerdo a planes determinados o avanzando como en este caso sobre terrenos que le son ajenos. Es difícil no aceptar que un estado y en este sentido un pueblo, no es un concepto, no es una estructura neutral, no es una ONG.
   
Un estado es una consecuencia de un pueblo. De un pueblo con su historia y su identidad. Y la identidad colectiva se forma y se va determinando en torno a símbolos y usos sociales de diversa jerarquía, como las fiestas, los nombres de las cosas y del pasado, la manera de vestir, de hablar, de comer y claro está también mediante símbolos visibles, como el crucifijo en hospitales, escuelas, juzgados, etc.
   
Sumándose a estas corrientes anticristianas que cruzan el mundo, en nuestro país, la jueza Carmen Argibay propone en estos días retirar los crucifijos de los juzgados y lugares públicos.
   
Argibay desparrama fatigosamente sus odios. El primero de los cuales tiene a Dios como destinatario. Se trata, según sus declaraciones, de un ateísmo agreste y pendenciero, al que ha dedicado buena parte de su vida.
   
Algunos de los que la observamos desaforada, en tan desigual batalla, no dejamos de sentir cierta piedad por la jueza. Y lo decimos pensando que ha de ser  difícil y penoso moverse continuamente entre las dos nadas de su existencia,  la corte que es casi nada y la ausencia de  Dios que, aún no existiendo, la enfurece de tal modo…
   
Para que los hijos de Lautsi no vean un crucifijo ¡en Roma! ese supuesto derecho individual debe prevalecer sobre el derecho de todo un pueblo.
   
Para que Argibay no vea un crucifijo en la Argentina corramos a quitarlos. “Son —ya lo señalaba Soltzhenitsyn— las concesiones miopes de entregar y entregar con la esperanza de que el lobo, algún día, se saciará”.
   
Nadie dude que estos lobos nunca encontrarán  sosiego, porque el ateismo militante no es sino odio militante. Resulta ahora que de esta patria nuestra, cristiana desde siempre, habría que retirar los crucifijos porque alguien odia demasiado.
   
Están hablando de La Argentina fundada sobre la Cruz de Cristo, el territorio de la patria donde un 1º de abril de 1520 se celebró la primera misa en lo que hoy es Puerto san Julián. Esta misma patria donde más tarde Manuel Belgrano le recordaba a San Martín: “…usted es un general cristiano apostólico y romano… que no deje de implorar a Nuestra Señora de Mercedes,… cele V. de que en nada ni en las conversaciones más triviales se falte el respeto de nuestra Santa Religión.”
   
Ahora, gracias  a tan extrema manipulación de los términos y del sentido de las cosas han llevado al punto  en que en nombre de la libertad de religión se llega hasta negar la religión. De acuerdo al tribunal, la libertad religiosa ya no es un derecho esencial derivado de la dignidad singular de la persona humana, sino algo secundario que concede o quita o vigila el estado según le parezca porque en definitiva lo que hay que preservar no es el bien común sino “la neutralidad del estado democrático”.
   
Como bien dice Gregor Puppinick: “El verdadero centro de la cuestión en el caso Lautsi es la legitimidad de una autoridad supranacional que pretende modificar con imperio la dimensión religiosa de la identidad de un país”.
   
Lo cierto es que el fallo del tribunal provocó de inmediato la oposición de diez países: Armenia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Lituania, Malta, Mónaco, Rumania, Federación Rusa, y San Marino. Estos, elevaron un memorial, invitando al tribunal a retractarse. Y Lituania estableció un paralelo entre la sentencia Lautsi y la persecución religiosa en la época soviética, en la que se prohibían los símbolos religiosos.
   
Pero después, otros diez países solicitaron al tribunal que se respeten las identidades y las tradiciones religiosas nacionales. Los gobiernos han insistido en que la identidad religiosa está en el origen de los valores y de la identidad europea  y son: Albania, Austria, Croacia,  Moldavia, Polonia, Eslovaquia, Servia, Ucrania.
   
Esas naciones, en definitiva están afirmando lo mismo que en La Ciudad Antigua escribe Foustel de Coulanges y con el la mayoría de los historiadores de la antigüedad: “la ciudad se fundó sobre una religión…”
   
En estas circunstancias, la veinte estados del este europeo han señalado que es conforme al bien común que Cristo esté presente en la sociedad. Es curioso observar como  los que pertenecían al mundo comunista son ahora los defensores de las raíces cristianas de la cultura y el occidente supuestamente libre quiere ignorarlas para aliarse al ateísmo inmanentista.
   
Tienen que saber desde ahora que en nuestra patria no quitarán un solo crucifijo. Ni San Martín, ni Belgrano, ni Quiroga, ni Güemes, ni Rosas, ni Giachino, ni de la Colina, ni Genta, ni Sacheri, ni aquellos pilotos de Malvinas que empezaban sus misiones rezando el rosario, ni ningún otro de los muchos héroes y mártires que tiene La Argentina católica consentirían  la sola enunciación de tal abominación.
   
Porque ahí están, ahí permanecen como tercos centinelas, hablándonos al oído con el argumento categórico de la sangre, sobre la hidalguía y la belleza viril del testimonio en defensa de Cristo y de la patria. ¿Habrá quien se niegue a escuchar esas voces sagradas?
   
Miguel De Lorenzo
      

2 comentarios:

Fernando José dijo...

Excelente nota del Sr. Miguel de Lorenzo.

Aquí se muestra con toda la crudeza como un tribunal masónico como el de la Comunidad Europea se presta a la soberbia, la desmesura y la ridiculez Cristofóbica de una emigrante disconforme con la fe y costumbres del país que generosamente la alberga.

Ella sola, una extraña, quiere reformar a una nación que, desde Constantino en adelante, ha elegido a Cristo por Señor de la vida y su historia.

Lo mas ridículo de la grotesca situación, es que el país de origen de la cruzfóba tiene por bandera nacional una cruz celeste inscripta en un campo blanco.

No hay constancia alguna que pruebe que esta señora que reacciona, ante la Cruz en Italia, cual nuevo Drácula (Brian Stoker dixit), durante sus largos años en su país natal haya promovido recurso algno contra el símbolo nacional de los finlandeses.

Lo que demuestra palmariamente que es una provocadora mas y una punta de lanza en esta ofensiva diabólica contra Cristo y su Iglesia. Como lo son nuestros Dráculas nativos, la horrible y masona Argibay y su ídem (En todo sentido) Zaffaroni.

Y esto también explica por que con su designación Kirchner obtuvo el beneplácito del Nuevo Orden Mundial.
Fernando José Ares

Rodolfo Plata dijo...

DEFINAMOS DE UNA VEZ POR TODAS NUESTRA IDENTIDAD RELIGIOSA. Cristianismo y judaísmo son religiones distintas y opuestas por eso debemos separarlas abrogando de nuestra fe el Antiguo Testamento. Los judíos cristianos (¿si es que los hay?) tienen obligación de seguir la Tanaj (Torah) porque es la Ley de Israel; y por ser impositiva están obligados a seguirla acríticamente. Obligación que no tenemos los no judíos cristianos, herederos de la cultura greco romana que utilizamos la razón en cuestiones sagradas, a fin de explicar racionalmente los portentos que se dan el cosmos y el hombre, atribuidos a Dios o las divinidades. Es por ello que los laicos no judíos seguimos a Cristo _no como Dios, sino como hombre_ ejemplo de lo que es la trascendencia humana, y su doctrina como el método para alcanzarla practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta alcanzar el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) patente en Cristo (en todo igual a los hombres excepto en el pecado). La teoría de la trascendencia humana, fue formulada por Aristóteles al abordar el problema del alma truncada. Señalando que los defectos no esta incrustados en el fondo del alma, sino que son sintomáticos de la falta de desarrollo de las virtudes opuestas a los defectos encontrados en nuestro perfil; y que es posible alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta (supra-humanidad), superando el subdesarrollo espiritual de la humanidad. La trascendencia de Cristo confirmó que es cierta la teoría aristotélica, por ello fue que los sabios alejandrinos lo siguieron. Lo paradójico es que la Iglesia haya dejado de lado la trascendencia humana de Cristo, sacralizando la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, articulando la fe con la razón, y la ciencia con la religión, a fin de actualizar el cristianismo. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD