lunes, 16 de agosto de 2010

Postrimerías

SUEÑO POSTRIMERO
(Primera víctima de la ley C. Kirchner)


En la página 35 de “La Nación” (del 14 de agosto de 2010), un recuadro de la sección “Breves”, muestra la fotografía de dos hombres rebosantes de contento bajo un baño de arroz, con el título: “Matrimonio gay: se casó y murió en la fiesta”. La crónica breve y cruel, casi perdida como un acontecimiento baladí, dice que para aquéllos era el día soñado”… La noche los recibió a pura fiesta, con un buen menú, tragos y baile, hasta que uno de ellos se descompensó y murió de un paro cardíaco. “Tras haber protagonizado el primer matrimonio gay”. Como si nada.
 

Es el primer saldo de la ley C. Kirchner de “matrimonio homosexual”. La peor tragedia documentada que pudo ocurrirle a un pobre hombre. Pasar del sueño asqueroso al sueño eterno, o mejor dicho al tremendo despertar para siempre después de celebrar semejante porquería… De irrumpir entre burbujas de champagne a la eternidad, que no admite más opciones que el Cielo o el Infierno. Les guste o no, a los incrédulos y a los progresistas que quieren abolir las postrimerías. O a los pastores distraídos en el amable arreglo con el mundo… o dialogando con los lobos insaciables. Entonces uno se pregunta: ¿Este pobre sujeto habría cometido semejante enormidad, si alguien le hubiera golpeado la conciencia sobre lo grave del pecado y su burla, con el riesgo del castigo eterno?  Es inevitable recordar entonces, que la generalidad de los reclamos pastorales contra la repugnante ley recién promulgada, se abstuvieron de recordar el Pecado. Como además —aquí y en tantas partes— se ha proscripto la idea de “castigo”, sea cuando el Tsunami o Nueva Orleans y para qué decir el Sida… hasta Sodoma y Gomorra, borroneados como anécdotas acaso pintorescas. Pero las postrimerías siguen vigentes. Para todos nosotros, incluidos los pastores.

J.E.O.A.P.
Agosto de 2010
                                     

3 comentarios:

Pampa dijo...

Pobres... me pregunto a veces, y discúlpenme la heterodoxia, cuánto hay, en este tipo de personas, de ignorancia. Aquella ignoracia que por propia culpa se tiene, luego de haberla elegido libremente, para terminar aprobándola orgullosamente.
Dios que Es Amor, y también Señor de los Ejércitos, se apiade de ellos.
Desde San Juan de Vera de las Siete Corrientes.

Almena dijo...

Justicia divina.

Anónimo dijo...

que alegria uno menos gracias naturaleza. daniel jorge