sábado, 5 de abril de 2008

In memoriam


ARMANDO
VITTANI

En plena Cuaresma, y en vísperas de su entrañable 2 de abril, hace dos años se nos murió en Buenos Aires Armando Vittani.

Armando, para decir de él lo que pudiera ser más significativo a nuestros lectores, era el brazo derecho de “Cabildo”. Le prodigó a la revista desvelos múltiples, trabajos innúmeros, dedicaciones concretas y diarias, afanes sistemáticos, sostén continuo y perseverante, y hasta apoyos económicos que solventaba de su bolsillo tan austero cuanto dadivoso. Sin él no nos hubiera sido posible esta patriada. Sin él y su optimismo. Sin él y su bondad inagotable. Sin él y esa voluntad férrea de querer ser fiel en lo poco, soldado de trinchera, humilde y robusto pilar ofrecido con ausencia de desmayos, de vanaglorias y de altisonancias. Le entregó a “Cabildo” su oficio de administrador eficiente y honestísimo, no pidiendo a cambio otro beneficio que el poder leerla, ni otra alegría que el de verla en la calle.

Armando había sido alumno de Jordán Bruno Genta. De la guardia vieja e inaugural. Un genuino sobreviviente. Como el maestro, al que tanto admiraba, lo distinguía el señorío, la lealtad y el decoro. La pasión por la Verdad lo convirtió en un lector rico y profundo,en un escucha atento de las grandes voces de la historia, de la filosofía y de la política. Si sus largos años en Tierra del Fuego le habían dado de la patria ese conocimiento vívido que suelen tener los pioneros, su paso por la Armada le había inculcado los hábitos de la disciplina y de la jerarquía, que hacían de su sola presencia una caballeresca distinción.

Las últimas veces que pude visitarlo, ya en su lecho de enfermo terminal, con la vida que se le apagaba, y a raíz del relato que me hiciera de un penoso episodio hospitalario con un pastor protestante, Armando ratificó su fe ardiente en Nuestra Señora, la Virgen Santísima, en los Santos y en todas las enseñanzas de la Madre Iglesia.

Así murió. Católicamente encuadrado, con la compañía abnegada de su esposa y de sus hijos, sin quejas ni asomo de penurias en el alma.

Yo quiero agradecerle a Dios, públicamente, que me pusiera al lado del camino a este hombre sin dobleces, varón de Cristo y de la Argentina. Y pido a los amigos y camaradas que me acompañen rezando juntos, por él, un Padrenuestro.
Antonio Caponnetto

Nota: La fecha magna del 2 de abril nos sobrepasa tanto, que a veces se nos quedan —cronológicamente— atrasados los artículos. Pero aunque estas líneas hubieran debido publicarse algunos días antes, el recuerdo de Armando Vittani de ninguna manera se diluye ni oscurece. Que su alma y la de todos los fieles difuntos descansen en la paz del Señor de misericordia.

1 comentario:

Silvio Andrés dijo...

Estimado Antonio:
Con mucho dolor siento la muerte Armando Vittani;
Gracias a una carta firmada por él, fue cuando me enteré
Que nos convocaba a colaborar con lo que esté a nuestro alcance
Para que 3ª época de “Cabildo” este en los kioscos.
Un abrazo en Cristo,
SILVIO MARTINELLI