martes, 31 de mayo de 2016

Editorial del Nº 117



LA RUTA DEL HONOR

La sociedad asiste atónita a un espectáculo prácticamente inédito en nuestros trajinados anales políticos. Ese espectáculo es el de una asociación ilícita, ahora plenamente al descubierto, que a la par que desgobernaba atrozmente al país se dedicaba en forma colosal a la rapiña, con volúmenes de robos y de acumulaciones malhabidas fuera de todo cálculo habitual.

Mucho nos tememos, sin embargo, que tamaña atrocidad –amén de terminar impune– quede explicada sólo entre los lindes leguleyos de las crónicas judiciales, o entre las curiosidades de los suculentos desbarajustes financieros. La verdad es que la atipicidad de este caso no la constituye el hurto en sí, ni tampoco el carácter público de los timadores, ni siquiera el altísimo nivel del botín con que se han alzado. Otras miradas cabrían y queremos ofrecerlas.

Por lo pronto, los ladrones no han robado para la Corona sino para la Democracia. Aunque parezca inconcebible, hemos escuchado justificaciones según las cuales, como para conquistar, conservar y prolongar el poder se necesitan riquezas, era conveniente y prudencial tenerlas como fuere y en altísimos montos. La vieja tesis maurrasiana cobra, repentinamente, un brío tan inusitado cuanto temible: partidocracia y plutocracia marchan juntas; sistemas democráticos y oligárquicos se necesitan en patológica simbiosis. El Kirchner que grita: “¡éxtasis!”, abrazado a una caja fuerte, no es sólo el emblema del usurero particular. Es la heráldica guarra y sicalíptica del sistema político que nos domina.

El dinero ha tomado el lugar de la divinidad, se quejaba Péguy; en consonancia esta vez con los Sagrados Textos, que no en vano enseñaban en el Antiguo Testamento: el que ama el oro nunca podrá ser justo (Eclesiástico, 31, 5), para ratificar en el Nuevo, por boca del mismo Cristo: no podéis servir a Dios y a las riquezas (San Mateo, 6, 24). Quiere decir entonces que tras las montañas de millones vilmente adquiridos –en esa alianza entre el Régimen y la Sinarquía, en ese maridaje entre Mammón y el Modelo– asoma el pecado de la avaricia. Santo Tomás lo llama raíz de los pecados todos, pues como en un árbol depende de aquélla la consumación de los frutos, en el vicioso depende de la plata la alimentación de innúmeras iniquidades. No sigamos, en consecuencia, hablando de corrupción, de estafa o de saqueo. Aquí asoma el rostro repugnante del pecado. Y se cumple una vez más aquello, de que nos encontramos siempre, tras una cuestión política, con una cuestión religiosa.

Una tercera reflexión podría cerrar por ahora tema tan vasto y desdichado. Los que han amontonado vorazmente la plata decían servir al proyecto nacional y popular, inspirado en el setentismo marxistoide. Y apenas habló el principal testaferro y recaudador de los “revolucionarios”, salpicado e involucrado quedó el apellido Macri, ícono del capitalismo salvaje si los hay. Nuevas reglas que se cumplen. No únicamente aquella de que el dinero no tiene olor, sino la otra, en virtud de la cual, capitalismo y marxismo se prestan servicios intercambiables y recíprocos.

La ruta del dinero “K” o del dinero “M” dan en llamar a esta saga purulenta, que avergüenza y escandaliza, subleva, clama al cielo e indigna hasta a los mansos. “K” o “M”, según la consonante inicial del pirata más involucrado. No saldrá de ninguno de ellos otra cosa más que un pacto de lenidad y de encubrimientos recíprocos.

El remedio es esa ruta del honor que les propuso el General Martín Miguel de Güemes a los jujeños, en un Manifiesto de 1819. “¡Venid todos!” –clamaba el jefe gaucho– “que yo, en la escuela de los trabajos, donde aprendieron mis bravas legiones el arte de la pelea, os enseñaré la ruta del honor y de la gloria”.

Sólo hay dos caminos, y no son nuevos. Sólo hay dos señores posibles, y los conocemos bien. Sólo hay dos servicios que pueden prestarse y los tenemos identificados. Que acumulen nomás tesoros en la tierra… Les caerán sobre sus hombros ya doblados por la ignominia, aplastándolos tarde o temprano. Nosotros seguiremos predicando, en la soledad y en la pobreza, la ruta del honor y de la gloria.
Antonio Caponnetto

7 comentarios:

Anónimo dijo...

El caso es EL INTERES ROMPE EL SACO, en el caso de los peronachos tienen el privilegio de lo burdo, lo soez, el robo de los ceniceros, eso son. Nunca tuvieron gente preparada ni para administrar una calesita-Respecto del hebreo Macri, es la misma cosa, pero tratando de no dejar huellas. Un pelotón de fusilamiento para esta chusma sería hacerles un favor. Con la democracia se roba, se prostituye,se confunde y denigra la Patria.
PACO LALANDA

Tubero dijo...

¡Muera la democracia!
¡Viva Cristo Rey!

Anónimo dijo...

Gracias Doctor. Me conmovió especialmente la última oración. Que Dios nos ampare.

Anónimo dijo...

Excelente editorial, gracias Antonio por seguir con gran esfuerzo haciendo posible que la revista cabildo salga a la calle.

Anónimo dijo...

jaja... me gustó esa, Tubero, adhiero.

Anónimo dijo...

No sé, por ahí que ni siquiera lo que mueve a la sinarquía es avaricia, ellos necesitan todo el dinero y riquezas del mundo para comprar voluntades, dominar, corromper a través de los medios a las masas, y así preparar la gran tiranía del nuevo orden mundial. Si trabaja con la avaricia de los que se dejan comprar, pero para la sinarquía el dinero no es sino un medio para alcanzar el fin de la dominación.

Anónimo dijo...


¿de quienes son las empresas que imprimen los afiches inmensos que ponen en las calles, las empresas que realizan la propaganda del Estado que se llevan millones?¿porque el Estado tiene que gastar millones en eso o en algo como el fútbol? ¿quince millones para scholas occurrentes que solo sirve para corromper a los niños?
¿de quienes son las empresas que logran adjudicaciones de obras públicas?
....busquen por ahí, me parece que van a encontrar varios ladrones y avaros, generadores de inflación que es otra forma de robo y estafa.