jueves, 2 de agosto de 2012

Históricas

EL ORO Y EL PUÑAL DE SHYLOCK CONTRA PALESTINA
  
Los acontecimientos que llevaron a una minoría hebrea a levantar la bandera con la estrella de David en el corazón del mundo musulmán tienen que ser recordados.   En general nuestras gentes conocen  muy poco la cuestión.  La razón ha sido que, en este asunto, hubo mala fe en los escribas que complicaron lo que en sustancia es sencillo.
 
Empecemos por señalar el enorme interés que los grandes financistas tienen por el Estado de Israel.  Para tomar la punta del hilo no tenemos que ir más allá que al año 2008 y recordar la importancia que el accionar del Banco israelí Lehman Brothers de Nueva York tuvo en el estallido de la crisis que hoy sigue avanzando y hace peligrar las estructuras sociales.  Retrocediendo a la segunda mitad de la XIXª centuria nos encontramos a grandes financistas mezclados en el movimiento sionista. El Barón Edmund Rotschild, que reposa al igual que su esposa en Eretz Israel, fue quien proporcionó los capitales necesarios para la instalación de las primeras colonias invasoras judías en Palestina. A renglón seguido fue el Barón Hisrch quien, habiendo previsto la ubicación de grupos hebreos en la Argentina, resolvió finalmente apoyar a los que sostenían Palestina como centro de recepción a los judíos que dejaban Rusia y el este de Europa. Para ello legó al sionismo doscientos cincuenta millones de francos oro que fueron administrados por la Jewish Colonization Association fundada en 1891. De todas maneras, la figura fundamental del movimiento lo fue Teodoro Herzl, nacido en Hungría, personaje éste que durante años actuó con voluntad inflexible en la organización de los primeros Congresos Sionistas.
 
En el seno de estas reuniones, realizadas en Basilea, convivieron varios sectores del judaísmo mundial, comenzando por la organización masónica “B’nai B’rith” (Hijos de la Alianza).  Un segundo grupo  integrado por los amigos de Herzl laicos de “principios” al que se oponían (es un decir) los Ortodoxos (Mizrahi) adictos a la Torah y la tradición. El proletariado judío, lógicamente marxista, con  sus representantes del “Po’ale Zion” estaban allí sentados. y hasta un “sionismo moral” que rodeaban a Anscher Ginzberg. Todos éstos tenían el objetivo de obtener, en primer lugar, un Hogar Nacional y más tarde el Estado (Eretz Israel) el que, según el Antiguo Testamento, debía abarcar de Dan a Beersheba.
 
Sugerimos a nuestro paciente lector observe en un mapa bíblico la extraordinaria extensión del proyecto (que incluía Jordania actual) junto al cual, Herzl barajó la posibilidad de conseguir que, Su Majestad Británica, cediera la zona africana que hoy se conoce como Uganda. “El profeta de los Bulevares”, como se lo llamaba en París al dirigente que tratamos, publicó en 1895 un libro titulado “El Estado Judío”.
 
Según los críticos, es un estudio en el que su autor demostraba gran habilidad. En esas páginas escribió Herzl que, por su  interés, “los israelitas debían hacerse adjudicar una vasta región para contenerlos a todos”. El problema grave para el sionismo lo constituía el antisemitismo, ya que trababa el triunfo de los judíos. Su programa positivo era fundar una sociedad encargada de negociar con las grandes potencias al estilo de las financieras. Con un capital de cincuenta millones de libras esterlinas se podría asegurar el éxito, reiteraba Herzl, antes de su muerte en 1904.
 
Cuando estalló la guerra de 1914 el Centro Sionista se instaló en Nueva York con un Comité Provisorio integrado por Eugene Mayer, que años después ocupó la presidencia del Comité de la Reserva Federal, el Juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis con Stephen Wise, Consejero del Presidente Wilson, y Nathan Strauss con Félix Frankfurter, futuro miembro de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos.
 
Eran los tiempos en que hacía su aparición Chaim Weizman, judío nacido en Rusia (1874) de profesión químico, que desempeñó junto a los Rotschild y miembros de la aristocracia británica un papel trascendental en el cumplimiento del plan judío para dominar Palestina.  La doctora MacMillan, en su estudio “París 1919” (pág. 516), lo describe en estos términos: “Alto, calvo, con perilla, Weizman parecía una especie de Lenín bien alimentado e incluso tenía un porte que reflejaba una gran seguridad en sí mismo. Discrepó con Herzl respecto a Uganda. Para Weizman y, al final, para la inmensa mayoría de los sionistas, la única  ubicación posible era Palestina […]. Cuando en una ocasión le  preguntaron por  qué los judíos tenían derecho a Palestina, Weizman respondió sencillamente: «La memoria es derecho»”.
 
Cuando las noticias del frente bélico empezaron a mejorar para los aliados, Lloyd George gustaba decir que en momentos en que ocupaba el Ministerio de Municiones había contraído con los hebreos una gran deuda.  Eran los días difíciles de Gran Bretaña por la escasez de acetona para la fabricación de explosivos.  En esos momentos Weizman tenía un proyecto para fabricarla en gran escala.  En brillante maniobra lo puso a disposición de los ingleses a cambio de apoyo para la causa sionista.  Años después, escribió George en sus “Memorias” (vol. 2, pág. 586): “ésta fue la fuente y el origen de la declaración sobre el Hogar para  los Judíos en Palestina”. Sin embargo, expresa la doctora MacMillan, “los franceses tenían otra teoría: que Lloyd George tenía una querida casada con un prominente hombre de negocios  judío (Ministére des Affaires Etrangéres, EU, 18-30).  Todo este turbio e inmoral asunto fue conocido como la Declaración Balfour. “A las 24 horas, prensa público, y diplomáticos hablaron del «Estado Judío»” (Friedman: “La Cuestión de Palestina”, págs. 311-324, Oxford).
 
Meses más tarde, la Legión Judía organizada como Fusileros Reales, reclutados por Vladimir Jabotinski (un extremista y brusco sionista) entraba en Jerusalem con las tropas inglesas comandadas por el Gral. Allenby.  Se hizo presente la “Comisión Judía” encabezada por Weizman: “Aunque sus instrucciones eran vagas, actuaba como si fuera un gobierno en gestación, lo que motivaba quejas de los oficiales británicos” (MacMillan, ob. cit., pág. 522).  Rápidamente se acentuó la oposición entre árabes  y judíos. Los árabes se negaban a reconocer la Declaración Balfour. La sangre corrió a torrentes. La Legión Judía se empeñó en forma tan inhumana que Jabotinski fue encarcelado por los británicos y condenado a quince años entre rejas.  El Reino Unido habló de “instituciones de autogobierno”.
 
La presión de la Alta Finanza representada por Lord Melchett, del trust químico de Sir Philip Sasoon y el conglomerado petrolero encabezado por Lord Bearstd, hicieron “comprender” al gobierno británico que la Declaración Balfour era un compromiso inamovible. Las cosas se “encauzaron”. El Reino Unido recibió el mandato sobre Mesopotamia, los ricos territorios petroleros de Mosul pasaron a ser regenteados por hombres de la City. En tanto, Sir Hebert Samuel era designado Alto Comisionado en Palestina.
 
Hasta 1944 el sionismo jugó las barajas inglesas. Pero la situación cambió con el asesinato de Lord Moyne por parte de elementos hebreos que acusaron a Gran Bretaña de “potencia ocupante”. Se inició entonces la guerra por el reconocimiento del “Estado de Israel”.  Pese a que continuaban siendo minoría (550.000 israelitas frente a 1.700.000 palestinos), los sionistas organizaron ejércitos clandestinos.  El primero por su importancia fue el Haganah, con más de setenta mil hombres armados y entrenados.  Fueron el cimiento de las actuales fuerzas armadas israelitas.  Hubo otros dos grupos, que fueron “iluminados” de la guerra terrorista como el Irgun y el más activo, conocido como organización Stern.
 
Fuera del objetivo fundamental mencionado más arriba, los sionistas exigían que se aumentara el número de inmigrantes, concediendo la visa a cien mil nuevos  colonizadores.  Los palestinos pedían se respetara el Libro Blanco de 1939, cesando la llegada de hebreos y concediendo la independencia a la Palestina árabe.  El fundamento de la posición árabe se apoyaba en el Protocolo de Alejandría (de octubre de 1944), el cual señalaba: “Nada resultaría más arbitrario que querer arreglar la cuestión de los judíos europeos mediante otra injusticia cuyas víctimas serían los árabes de Palestina”.
 
Harry Salomón Truman, el 4 de octubre de 1946 se declaró partidario de la constitución de un Estado Judío. El problema fue entonces a la ONU, donde el 28 de noviembre de 1947 con el esotérico número de treinta y tres países (soviéticos y capitalistas) aprobaron dividir Palestina en tres partes: un estado árabe, otro judío y un tercer sector de los Santos Lugares entre cristianos, musulmanes y hebreos.
 
Los árabes rechazaron la partición, exigiendo un plebiscito de acuerdo a las disposiciones de la Carta que había fundado las Naciones Unidas en la ciudad de San Francisco (1945). Ni siquiera fue atendido el petitorio. A medida que las fuerzas británicas abandonaban el territorio para cumplir con el plazo que vencía el 15 de mayo de 1948, la Haganah ocupaba territorios. La caída de Jaffa y Haifa dio lugar a cruentos combates. Mientras tanto, la terrorista Irgún organizó un avance al estilo asirio, incendiando y masacrando poblaciones.
 
En medio del baño de sangre y horror los civiles palestinos abandonaron sus territorios y se refugiaron en las vecindades.  El 14 de mayo de 1948, a horas del fin del mandato británico, el “Consejo Nacional Judío” proclamó Israel independiente.  Con rapidez fulminante el “Estado” sionista fue reconocido de facto por Truman y Stalin.
 
Solamente la parte antigua de Jerusalén fue mantenida por la Legión Árabe de Transjordania. El Consejo de Seguridad nombró entonces, como mediador, al Conde Folke Bernadotte, miembro de la Familia Real sueca y Presidente de la Cruz Roja Internacional. El 16 de septiembre de 1948 Bernadotte declaró: “Ningún arreglo puede ser justo si no se reconoce el derecho a los refugiados árabes a regresar a sus hogares, de los que han sido expulsados”. Al día siguiente fue asesinado en su automóvil junto al Oficial Ayudante, el coronel francés Maurice Serot. La banda Stern, con el cobarde cinismo que le daba la impunidad, se hizo responsable del brutal crimen. La Haganah, que sin piedad continuaba sembrando el terror, se apoderaba del Neguev, Galilea y Nazareth. Las mejores armas, suministradas por el régimen comunista de Checoeslovaquia, habían cumplido su objetivo.  Sión, contra el Derecho de Gentes, triunfaba en toda la línea. Sin embargo, no hubo en Tierra Santa punto final.  Las masacres y las torturas sádicas continúan hasta nuestros días.
 
De más está decir, que con la anuencia de las Grandes Potencias y de los Poderes Invisibles.
  
Luis Alfredo Andregnette Capurro

8 comentarios:

E. Mario dijo...

ATENCIÓN: NO ES LO MISMO LA “ESTRELLA DE DAVID” QUE EL “HEXAGRAMA DE SALOMÓN”.

El hexagrama no es un una estrella, en realidad son dos triángulos contrapuestos. A diferencia de la estrella que está rellena en oro o en plata, los triángulos esotéricos están vacíos en el interior, significando profundidad.

En el esoterismo cabalista el uso de los triángulos se refiere a espíritus, y ni siquiera hay auténticos registros que confirmen su uso por el Santo Rey David ni por su hijo, el Rey Salomón.

El símbolo que tradicionalmente usaron los judíos era la Menorah.

No fue sino hasta la edad media, cientos de años más tarde, cuando apareció el uso de la estrella bitriangular en las comunidades de falsos judíos, o hebreos cabalistas. Su verdadero origen fue de los paganos sumerios y fue transmitido a los iniciados cabalistas en secreto durante su cautiverio en Egipto, así como la adoración de Moloch, Set, Anubis y otros demonios.

El significado es de tres niveles, el primero como “estrella de sabiduría”, el segundo, como dualidad sexual; y el tercero, como rostro demoníaco.

LA SALETTE

Anónimo dijo...

Exelente articulo Cda. Luis muestra a las claras que es el imperio "suave" de Israel, EEUU, UK, y toda la runfla de hebreos que lo manejan directa o indirectamente.

Anónimo dijo...

Muy interesante el artículo y oportuna la aclaración del lector que destaca que la estrella de David es un nuevo invento. Porque muchas de las cuestiones judías son inventos nuevos y se quieren hacer pasar por viejos, inclusive en lo religioso. Creo que hay que destacar estoL 1) Los judíos comparten derechos con los palestinos de vivir en aquellas tierras, hectárea mas, hectárea menos, pero lo cierto es que ninguno de los dos grupos humanos han podido vivir sin matarse lo que habla mal de las dos partes, y por supuesto y suerte ajenos, totalmente ajenos ambos a nuestri mundo cristiano. 2) Los judíos se unieron y metieron mucho empeño y dinero en la cuestión, revelando un merito, que aunque con fines dudosos y hasta criminales no deja de ser una lección para los otros.3) El mundo arabe que supuestamente debería apoyar a los palestinos, los manda al muere y los mantiene con limosnas y a duras penas, lo cual habla de que en ese sentido son peores que los judíos, que al menos se apoyan. 4)Respecto de las especulaciones bancarias y los prestamos son temas en los cuales el 99% de la gente no sabe nada y es algo en extremo complejo.Los judíos tienen una tsradición muy asentada de canallas estafadores yusureros, y por supuesto se la merecen, pero los banqueros católicos o musulmanes son exactamente lo mismo.y por otro lado, aunque el mundo capitalista clama al cielo por mas justicia, hasta ahora se reveló como el único sistema medianamente capaz de producir riqueza, que aunque mal repartida al menos es algo.Lo que tiene que decir la Iglesia con su Doctrina Social, no da la talla para rebatir una verdad de a puño (Franklin dixit): LO UNICO QUE HACE AGACHAR EL LOMO AL HOMBRE ES LA CODICIA.Si alguien cree en otra cosa tiene - si sus padres todavía viven - que pedir a sus progenitores que se sinceren con el tema de los Reyes Magos.
CD

Anónimo dijo...

http://web7.taringa.net/posts/info/2567524/Iglesias-y-antenas-de-telefonia-movil.html
PROFANACION DE LUGARES DE CULTO CON
ANTENAS DE TELEFONIA CELULAR

Anónimo dijo...

Realmente, no desmerezcan a Cabildo con notas como esta. Palestina y Jerusalem,son la heredad eterna de Israel.

Pablo dijo...

CD no para de alabar al capitalismo. Dejó comentarios en un montón de artículos de este sitio, pero por lo visto no ha entendido absolutamente nada.

Anónimo dijo...

http://www.argenpress.info/2012/08/argentina-alperovich-anuncia-la-llegada.html

Anónimo dijo...

Preguntas al sr. CD: ¿qué opina de la escuela austríaca de economía, de Von Mises y Hayek? ¿leyó "Por qué es Estado sí es el problema", de Thomas Woods? ¿qué opina de sus críticas al distributismo de Chesterton / Beloc? ¿cree que esas ideas prácticamente "anarcocapitalistas" son compatibles con la doctrina social de la Iglesia?.