miércoles, 25 de enero de 2012

La Guerra Justa


MALVINAS: TREINTA AÑOS
  

    
Próximos a cumplirse los primeros treinta años de la Reconquista de Malvinas, parece propicia la ocasión para asentar algunos enunciados.
   
Sirva el inicial de plena ratificación a lo que desde siempre venimos afirmando; a saber, que fue aquella una guerra justísima, cuyos resultados temporariamente adversos no anulan ni opacan la recta decisión de librarla y el honor de quienes supieron protagonizarla con gallardía. Sigan pensando pacifistas, ignorantes y descastados de todo jaez, en las hipótesis mezquinas que habrían motivado la contienda, sosteniendo entonces —contestes con su miopía— que la rendición fue el escarmiento y el fracaso que nos merecíamos. Para nosotros, el 2 de abril sigue siendo la fiesta de la dignidad nacional, y el 14 de junio la cifra de todas las claudicaciones que aún perduran, aborreciblemente potenciadas.
  
De sobra sabemos que la Argentina de 1982 era una época sombría y decadente, bien que por motivos antagónicos a los que hoy esgrime la historia oficial, subsidiada y ficticia. Como de sobra sabemos que hubo quienes condujeron las operaciones o se condujeron a sí mismos, asidos al pellejo, sopesando cálculos antes que pálpitos, midiendo las armas por sobre el coraje, diagramando estrategias diplomáticas cuando debían soñar asaltos a campo traviesa. Sólo cabía el triunfo, que sigue siendo tal —o empieza por ser tal— si se triunfa sobre el afán de conservar la vida, y el corazón se alista en la brigada de los mártires; en ese último pelotón spengleriano, dueño de todos los arrojos y de la osadía de donarse sin reservas. Pero llegó la batalla legítima en el abril de la patria, y la patria tuvo héroes. Sangre fecunda de los muertos y de los combatientes cabales, ante la cual cualquier homenaje es pequeño, cualquier gratitud insuficiente, cualquier admiración escasa. Paradójicamente, ha sido un inglés lúcido, Carlyle, el que dijo que “no se necesita solamente lo que solemos llamar un alma grande para ser un héroe; lo que se necesita es un alma creada a imagen y semejanza de Dios y que sea fiel a su origen”. Tuvo la nación estas almas durante los días que duró la hazaña. Ennoblece reconocerlo.
  
Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario. Para que el mundo entero supiera que la única reina de aquel territorio insular no estaba en Buckingham, sino en el Cielo. Quienes otrora y después, hasta este hoy de espanto y de vergüenza, no han comprendido o han traicionado esta honda significación religiosa de la lucha, merecen nuestro repudio. Tan simétricamente como merecen nuestra piedad y observancia, los que ataron escapularios a sus fusiles y desgranaron Avemarías al son de cada disparo.
  
El segundo enunciado que aquí queremos asentar, es el que también entonces supimos, pero que luego corroborarían los interesados con explícita grosería. Ante todo, que pudimos haber vencido, infligiéndoles a los intrusos una inolvidable paliza. Lo han reconocido, entre otros, los gringos Charles Koburger, Anthony Simpson, Bruce Schoc, y el mismísimo Secretario de Marina de Estados Unidos, John Lehman, en su Informe ante el Subcomité de Armamentos de la Cámara de Representantes de su país, el 3 de febrero de 1983. Si no vencimos, no fue por nuestra falta de agallas para la lid, como se insiste en acomplejarnos desde hace treinta años, sino por la incalificable traición a la patria consumada por el Generalato y la Partidocracia, con la anuencia y la instigación del embajador Schlaudemann. Cuando el general Llamil Reston le dijo a Galtieri que “Yalta existe”, indicándole con el funesto laconismo que era obligatorio acatar sus inicuos mandatos, hablaba por él toda una clase de jefes castrenses de oprobiosa conducta. Cuando Alfonsín, Menem, Duhalde o De la Rúa, cada uno a su turno, reconocieron que gracias a la derrota en las Malvinas fue posible la instauración de la democracia, no hacían sino coincidir deliberadamente con las gozosas declaraciones que al respecto formularían David Steel, ministro del Foreign Office, en 1985, y la mismísima Margaret Thatcher después, en 1994. El sátrapa Néstor Kirchner ha llevado hasta el paroxismo, y cumplido a rajatabla, esta endemoniada dialéctica de los traidores. Nadie como él se ha hecho cargo de esta endemoniada pedagogía de los traidores, según la cual, de la rendición brotó la democracia, y de la democracia el hundimiento definitivo de las Fuerzas Armadas. Quien jugaba ante la ordinariez de su hinchada a presentarse como adalid del antiimperialismo, no era sino su dócil peón, su manso usufructuador y turiferario.
  
No ha de cerrarse este homenaje con amargura, sino con esperanza. Porque si la Argentina ha de salvarse, será con hombres de la talla de aquellos que pelearon bravamente, algunos de los cuales son ahora prisioneros de guerra de este Régimen monstruoso. Con hombres como aquellos de la talla de Giachino, Estévez, Falconier o Cisneros. Hombres singulares, para quienes la existencia y la muerte no eran concebibles sino como actos de servicio por Dios y por la Patria. Hombres impares, naturalmente decididos y arrojados, caídos gloriosamente entre el hielo y los albatros. Hombres —que tal vez sin saber que repetían las viriles palabras con que Palafox rechazó la rendición de Zaragoza— levantaron su misma consigna en el vértice austral de esta patria doliente: No sé capitular, no sé rendirme, después de muerto hablaremos. Como a aquel estupendo hispano, les cabe a todos ellos —parafraseadas de Pérez Galdós— una sola y confortadora promesa: Siempre habrá entre las tumbas una lengua que grite: ¡Las Malvinas no se rinden!
  
Antonio Caponnetto
  
    
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14 comentarios:

Anónimo dijo...
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shl2008 dijo...

Al Anónimo irascible: ¿Por qué merece la cárcel el autor de la nota? ¿Qué delito exactamente cometió? Con el criterio de "los padres de los caídos", entonces no puede pelearse ninguna guerra. En toda guerra caen hijos de alguien. Es doloroso y es una pena, pero no puede esgrimirse como argumento para dejar de pelear. La opción es claudicar, no dar batalla. ¿Esa es tu postura, Anónimo? Entiendo que tu pensamiento es propio de aquellos que no creen que exista nada por lo cual valga la pena dar la vida. No te culpo enteramente; en definitiva, es un poco el pensamiento de estos tiempos: Mejor tener mi i-pod y mi auto y vivir cómodo; de lo que está bien o mal, ni me preocupo. Sospecho que personajes como vos nunca entenderán el orgullo que siente un chico con la nariz ensangrentada por haber defendido, por ejemplo, el honor de su madre. Un cordial saludo. shl2008

Omar dijo...

Muy buen testimonio de Caponnetto, como siempre. Ese anónimo es otro canalla y traicionero que se esconde detrás de una cortina porque no tiene con qué aguantarse una envestida de una persona de honor.

Anónimo dijo...

Fue una guerra justa y hubo héroes que dieron el ejemplo, de lo cual hay muchos testimonios.Que debemos luchar en todos los frentes hasta lograr la restitución de lo que se nos robó, no hay duda.El artículo es muy poético para lo que es una guerra, y supongo, dicho con todo respeto, que el escribidor del mismo no ha estado en una. La guerra no es algo romántico y que necesite héroes, aunque no le vienen mal. La guerra es inteligenica y dinero, y todo lo demás se consigue con facilidad salvo estas dos materias básicas.
Lo viví al momento con esperanza y horror (un pariente oficial de las FFAA)y era evidente en aquel entonces que si venían los piratas nos iban a hacer crema. Nunca pudimos ganar esa guerra. Galtieri y los que decidieron la misma debieron ser fusilados y si lo hubieran sido, hoy todavía estarían la FFAA en el poder, que al contrario de lo que opina el articulista, eran mejor gobierno que toda la canalla que luego asaltó al pais, y no estoy de acuerdo con que era una época sombría : se había batido a la guerrilla marxista criminal y había orden. Había milicos que afanaban, pero eran rateros comparados con el hoy. Cacciatore había producido un milagro en la ciudad de Bs.As.y Bussi en el Tucumán, por favor...hora sombría, no va.Hora sombría es toda la humanidad desde el mordisco del reptil, no en 1982 en este querido suelo, sagrado.Coraje, bravura, etc, son términos - para mi,de la barra brava de Boca (pese a que esos gusanos no valen un escupitajo). Astucia, estrategia, paciencia y sobre todo toneladas de dinero, propaganda y presión comercial, diplomática, continental. En aquellas condiciones mandar borregos a las islas era ser irresponsable. Cuando los gringos estaban todos en medio del Atlántico habría que haber rajado, dejando plantada la bandera y el alerta mundial de que los Argentinos no somos boludos y que la cuestión estara siempre caliente.
El ingeniero Alsogaray, siempre antipático pero inteligente dió la posta en aquel momento " Las Malvinas serán argentinas solamente el día que lo decida USA"
Eso es lucidez, lo demás es verso.
Lo que no debemos olvidar jamás [ LA POSICION DE LOS DOS PAISES "hermanos" Italia y España, que no solamente no nos apoyaron sino que nos tiraron barro. Si Galtieri hubiese tenido cojones tendría que haber roto relaciones diplomáticas con España en el acto y expuslsión a las patadas en el culo del embajador, gallego irrespetuoso que se despach+o en nuestra contra por TV.Jamás lo olvidaré como tampoco al ENTRAÑABLE Y QUERIDO PUEBLO IRLANDÉS con su apoyo concreto e irrestricto en todo momento, aún a costa de riesgo propio. Hay que reconocer que en América solamente nos apoyó Venezuela. Y con todo.
Yo propongo que el día que se recuperen las Malvinas, invadamos España, que tal como está, con un destacamento de la Guardia de Infantería de la Polic+ia Federal vencemos.
CD

CabildoAbierto dijo...

Dejé a propósito el comentario del minusváldo mental que aparece en primer término para que nuestros camaradas le contesten. Pero también podría haberle contestado con el segundo enlace de la nota, una de las tantas escritas por la Señora María Delicia Rearte de Giachino, madre del primer caído en combate, ya que el infeliz anónimo menta a los padres de los caídos.
Deseándole un feliz ACV al estúpido que insultó al Profesor, le recuerdo que su IP quedó bien registrada en nuestros archivos. Saludos palma al cielo a los que no se rinden.

Anónimo dijo...

Moderador: no debería haber publicado el primer comentario. Carece de la elemental educación que todos debemos tener a la hora de escribir, y decir que el artículo está mal escrito es un chiste de muy mal gusto.
A CD: comparativamente con hoy en día, 1982 era mucho mejor, ciertamente; pero ello sin perjuicio de que era un época sombría y decadente. El terrorismo rojo había logrado neutralizarse, pero la subversión cultural estaba en marcha, y los propios militares del Proceso la favorecieron. Las FF.AA. de entonces no querían la economía socialista, la violencia, y no perseguían a la Iglesia; pero nada más. El liberalismo (político, económico, cultural, etc.) estaba en pleno auge. Se comportaron, como lo decía el Dr. Caponnetto en otra nota suya, como el "Partido Militar". No difirió mucho de lo que propondría un Macri.

Anónimo dijo...

Les recuerdo que Italia no se sumo a las sanciones de la comunidad europea, esto fue luego del hundimiento del Belgrano.
Saludos.
Esteban L.

sasasa dijo...

Creo con todo respeto que dejar la publicación de el coheficiente intelectual del primer comentario no tiene sentido, por otro lado me parece exelente la nota, impecables palabras y felicitaciones

sasasa dijo...

Estimados: ¿cuando sale la nueva de cabildo? hace 2 o 3 meses que no sale ninguna y hay muchos temas que me gustaria leer como habitualmente lo hago desde la perspectiva unica del sr. Caponnetto.
Muchas gracias, cordiales saludos en Cristo Rey.

CabildoAbierto dijo...

El próximo número de la Revista está por comenzar a diagramarse, para salir durante el mes de febrero. Habitualmente la periodicidad de la publicación se debe espaciar en verano porque la gráfica suele tomarse el mes de enero para sus vacaciones anuales.

Memoria dijo...

Hasta hace unos años era difícil encontrar dementes que pensaran como aquel que escribió el primer mensaje. Hoy existen muchos de estos idiotas, abundan, son los "sincerebro" que el sistema crea con su maquinaria. Pero también es cierto que ha crecido el número y el fervor de los "malvineros", de aquellos que creen fanáticamente en la causa de Malvinas.
Gloria Eterna a Nuestros Héroes!!!

Anónimo dijo...

Para aquellos que lamentan y lloran los muertos en Malvinas:Un dato interesante
8.0000 argentinos mueren al año en accidentes de transito, la mayoría de ellos por negligencia e irresponsabilidad.Son datos del gobierno de hace 2 años.
Forma estúpida de terminar con una vida.Manera estúpida de morir
Gracias a la Gesta de Malvinas 649 compatriotas nos enseñaron que hay cosas por las que vale sacrificar la vida, y que ese sacrificio no es en vano. ¿Quien recordaría a esteves, Falconier, Sarg 1ro García, Etc,Etc,Etc si hubieran sido víctimas del volante de un irresponsable?(= los hubieran matados para robarles el teléfono celular)
Esos 649 muertos, tienen nombre y apellido para todos los Argentinos.
Son historias que hay que difundir.
La derrota nos dejó arquetipos.
Esos 8.0000 son números sin rostro, que se pierden en la matemáticas de la fría estadística.

Como decía el Coronel Seineldín:
Para la verdad, el tiempo.
Para la justicia, Dios.

Claudio+

Anónimo dijo...

Aclaración:Donde dice 8.0000 Son 8.000 (aproximadamente ocho mil)
Perdón+

Claudio+++

Nicolas Moyano dijo...

Ignorante, como se nota que no conoces a los padres, ni a los hijos ni familiares ni amigos de los caídos.