sábado, 7 de noviembre de 2009

Si de profecías hablamos…


QUIEN PUEDA ENTENDER,
QUE ENTIENDA

“Hacia la mitad del siglo XX la gente será muy distinta y a medida que se aproxime la llegada del Anticristo la perversidad irá creciendo (…)

“Los deseos y las pasiones carnales crecerán y el deshonor y la ilegalidad se fortalecerán. El mundo será irreconocible por la maldad. La apariencia de las personas cambiará hasta el punto de que será casi imposible reconocer a veces entre los hombres y las mujeres por la forma desvergonzada de vestir y los estilos provocativos del cabello. Esclavos de las costumbres imperantes serán despectivos, indiferentes y autosuficientes y no pocas veces se comportarán como bestias salvajes por las tentaciones del Anticristo. Se perderá el debido respeto a los ancianos, y a los progenitores. El verdadero amor desaparecerá de la mayoría; se exaltará la voluptuosidad y el sexo con un desenfreno nunca visto, haciendo gala de sus perversiones. Pastores y obispos, así como sacerdotes y muchas almas consagradas se volverán presuntuosos y arrogantes, llenos de vanidad y soberbia con su humana sabiduría y serán inútiles o incapaces de discernir entre el camino recto y el camino del mal. Las normas morales, la veneración a las tradiciones de los mayores y de la propia Iglesia Católica, cambiarán de manera asombrosa. El pueblo, confuso y desorientado por las prédicas de pastores incrédulos o relativistas, abandonará la modestia y reinará por todas partes la disipación (…)

“La falsedad, la mentira, el engaño y la avaricia alcanzarán grandes proporciones; desgraciados de los que sólo piensan en acumular tesoros materiales olvidándose de los tesoros espirituales. La codicia, el adulterio, la homosexualidad, las acciones secretas sembrarán el terror por casi todos los lugares, asesinatos, atracos, secuestros, intimidaciones, etc., reinarán sobre la sociedad de ese tiempo (…)

“A causa de la indiferencia, la tibieza, la incredulidad y la perversidad de muchos, el pueblo en general se verá privado de la gracia del Espíritu Santo, recibida en el bautismo, y el remordimiento martirizará su conciencia (…)

“Las iglesias de Dios serán despojadas de toda veneración y escasearán los verdaderos sacerdotes piadosos, por la indiferencia con respecto a la debida veneración del Señor en sus iglesias, ya que cambiarán el culto verdadero (…)

“Desgraciados los cristianos fieles de ese tiempo porque serán víctimas de las burlas y vejaciones de los incrédulos; necesitarán mucha fe y fortaleza para soportar el ambiente reinante (…)

“Los cristianos, viéndose acosados, se refugiarán en lugares apartados en busca de un poco de luz ante tanta oscuridad, pero encontrarán obstáculos y contrariedades a causa de su fidelidad a la Fe verdadera. Este es el resultado del reinado del Anticristo que quiere ser Dios de todas las cosas como Jefe del universo. Por eso habrá signos visibles extraordinarios que asombrarán a muchos inclusive a creyentes. Él dará sabiduría a algunas inteligencias para que descubran muchas cosas, pues el hombre podrá comunicarse de una parte a otra de la tierra. En ese tiempo, el hombre podrá volar por los aires y también sumergirse en el mar como los peces… Y cuando hayan logrado descubrir otras cosas por el avance de la ciencia, el pueblo gastará toda su energía o propia vida, en lograr comodidades y disfrutar en olvido de Dios con todas sus geniosidades (…)

“Las pobres almas con todos sus inventos y logros creerán no necesitar para nada de Dios, olvidando que todas esas cosas o logros no son más que ilusiones o engaños del Anticristo (…)

“Entonces la Bondad Divina caerá sobre la faz de la tierra contra la raza humana y acortando sus días —a causa de los pocos elegidos— porque el Maligno buscará acabar también con los elegidos de Dios, haciéndolos caer en la tentación —si Dios lo permite— la espada de la justicia divina aparecerá de repente y acabará con el Pervertidor y sus Secuaces”.

San Nilo,
Abad y fundador del monasterio de Grota Ferrata (Italia),
profecía del siglo V.



“Vendrá un tiempo que ninguno lo habrá visto hasta entonces… Se producirá un estruendo tan grande, de modo que ni fue ni se espera otro mayor, sino el que se experimente en el juicio.

“Llorará la Iglesia… Ahora está lejos; pero la tristeza se convertirá en gozo. El Rey de Reyes y el Señor de los Señores todo lo purificará y regenerará. La Francia con su orgullo será del todo abatida; los días no distarán; están ya a las puertas. Veréis una señal y no la conoceréis; pero advertid que en aquel tiempo las mujeres vestirán como hombres y se portarán según sus gustos y licenciosamente y los hombres vestirán de mujeres (…)

“En los días de paz que han de venir luego de la desolación de revoluciones y guerras, antes del fin del mundo, los cristianos se volverán muy tibios en su religión y rehusarán recibir el Sacramento de la Confirmación, diciendo «es un Sacramento innecesario»”.

San Vicente Ferrer,
profecía (1350-1419)



“Me fue revelado que a través de la intercesión de la Madre de Dios todas las herejías desaparecerán. La victoria sobre las herejías ha sido reservada por Cristo para su Santísima Madre.

“En los últimos tiempos, el Señor quiere extender de una manera especial el renombre de su Madre. María empezó la salvación, y por su intercesión se completará.

“Antes de la segunda venida de Cristo, María, más que nunca, debe brillar en misericordia, poderío, y gracia para traer a los incrédulos a la fe católica. El poder de María en los últimos tiempos será muy eminente.

“Un inusual castigo a la raza humana tendrá lugar hacia el fin de los tiempos”.


Sor María Jesús de Ágreda,
revelación (1602-1665)


“…Este azote se hará sentir en todo el mundo y será tan terrible que cada uno de los que sobrevivieren se imaginará que será el único que ha quedado libre. Todos se arrepentirán y serán buenos. Este castigo será muy corto, instantáneo, pero terrible. Hasta el principio de las tinieblas, la persecución de los justos por los malos y los impíos será tan grande que habrán de padecer un verdadero martirio. Las cosas vendrán a tal extremo que parecerá imposible humanamente hacer nada y que todo está perdido. Entonces Nuestro Señor hará un cambio tan notable en un momento, como de la mañana a la noche, que el pondrá todas las cosas en orden. El triunfo de la Iglesia vendrá precedido de un gran castigo. Será un nuevo castigo y principalmente contra los impíos, que serán juzgados y castigados. Serán muchos más los que sucumbirán a el que los que se verán libres. Y enseguida vendrá el gran triunfo de la Santa Iglesia y el reinado del amor fraternal; dichoso aquel que viva en tan venturosos días”.

Venerable Padre Bernardo María Clausi,
profecía († 1849)



“Precedido de tormentas, vientos desencadenados y terribles terremotos, que abrirán la tierra y la harán temblar, Yo vendré una noche, durante los fríos meses de invierno, a este mundo cargado de pecados: rayos y centellas, salidos de incandescentes nubes, encenderán y reducirán a cenizas todo lo que está contaminado por el pecado. La destrucción será total. El aire envenenado de gases sulfurosos y levantando asfixiantes humaredas, será llevado a grandes distancias por las ráfagas del viento. Las obras levantadas por el hombre con espíritu loco y atrevido de adoración a sí mismo, queriendo demostrar su ilimitado poder, serán aniquiladas. Entonces la raza humana comprenderá que hay una voluntad muy superior a la suya, que destruirá sus vacíos alardes de vanagloria. Rápidamente, cerrad vuestras puertas y ventanas, tapad toda vista del mundo exterior durante el más terrible de los acontecimientos; no profanéis vuestra vista con miradas curiosas porque santa, santa es la ira de Dios. La tierra será purificada para vosotros, los restos del fiel rebaño.

“Encomendaos a la protección de mi Santísima Madre; no os desaniméis a pesar de lo que viereis y oyereis; es una ficción del infierno que no os podrá hacer ningún daño. Cobijaos en constantes oraciones bajo la protección de mi cruz e invocad a los ángeles de vuestras almas. Luchad con confianza en mi eterno amor y no dejéis que se levanten en vosotros dudas acerca de vuestra salvación. Cuanto más firme y perseverantemente permanezcais en mi amor, tanto más seguramente os defenderé contra todo daño. Luchad por las almas amadas de mi corazón.

“Perseverad por una noche y un día y por una noche y un día, y a la siguiente noche se calmarán los terrores… Al amanecer del próximo día el sol brillará otra vez y su calor y su luz disiparán los horrores de la oscuridad. Aceptad la nueva vida con humilde gratitud. Vividla con sencillez y gratitud en paz y amor, según mi intención. Orad y sacrificaos para que vuestro sacrificio produzca abundantes frutos de bendición y para que florezca una raza nueva que alegre vuestros corazones.

“El mundo os llamará fanáticos, locos y creaturas miserables; amenazarán haceros vacilar en vuestra constancia con su elocuencia engañosa. Y los tramposos intrigantes del infierno intentarán ganaros con sus astutos engaños. Luchad con humildad y silencio; combatid con las almas de las buenas obras; oración, sacrificios y con la convicción interior del deber. Buscad refugio en la Madre de la gracia, para que el flagelo inevitable resulte una victoria sobre el infierno y para que mis ángeles puedan dar la bienvenida en las eternas venturas del Padre a las ovejas penitentes…”

San Pío de Pietrelcina,
profecía (1887-1968)


“Después de purificar al mundo y a su Iglesia y de arrancar de cuajo toda la mala hierba, preparaba un renacimiento, milagroso triunfo de su misericordia, y mi mano todopoderosa volverá a imponer el orden ahí donde es impotente el esfuerzo humano.

“Dios enviará dos castigos: uno en forma de guerras, revoluciones y peligros originados en la tierra; y otro enviado del cielo. Vendrá sobre la tierra una oscuridad intensa que durará tres días y tres noches. Nada será visible y el aire se volverá pestilente y nocivo y dañará, aunque no exclusivamente, a los enemigos de la religión.

“Durante los tres días de tinieblas la luz artificial será imposible; sólo las velas benditas alumbrarán. Durante estos días de tinieblas los fieles deben permanecer en sus casas rezando el Santo Rosario y pidiendo a Dios misericordia.

“Millones de hombre morirán por el hierro, unos en guerra, otros en industrias civiles; otros millones perecerán de muerte imprevista. A la prueba le seguirá un renacimiento universal. Este cambio ocurrirá cuando parezca que la Iglesia ha perdido los medios humanos de hacer frente a las persecuciones”.

Beata Ana María Taigi,
revelación (1769-1837)


“Cuarenta años antes del año 2000, el demonio será dejado suelto por un tiempo para tentar a los hombres. Cuando todo parecerá perdido, Dios mismo, de improviso, pondrá fin a toda maldad. La señal de estos eventos será: cuando los sacerdotes habrán dejado el hábito santo y se vestirán como gente común, las mujeres como hombres y los hombres como mujeres”.

Santa Brígida,
profecía (siglo V)


“Del sur vendrá la guerra, del norte la paz. Italia será sumida en la desolación. Francia castigada. Roma conocerá el exterminio. El Padre tendrá que huir. Habrá un lucha terrible entre la luz y las tinieblas. Cesa la oscuridad. Luce un sol espléndido. La tierra está arrasada, muchísimos han desaparecido. El Papa vuelve. El pecado tendrá fin…”

San Juan Bosco,
revelación (1815-1888)


“Los hombres se someterán al espíritu de la edad. Ellos dirán que si hubieran vivido en nuestros días, la fe hubiera sido simple y fácil. Pero en sus tiempos, ellos dirán, que las cosas son complejas, y que la Iglesia debe ser actualizada de acuerdo a los tiempos y su problemática. Cuando el mundo y la Iglesia sean uno, entonces esos días habrán llegado”.

San Antonio,
Abad (siglo IV)


“El quinto período de la Iglesia, el cual empieza cerca de 1520, terminará con el arribo del santo Papa y el poderoso Monarca quien es llamado «Ayuda de Dios» debido a que él restaurará todo. El quinto período es uno de aflicción, desolación, humillación, y pobreza para la Iglesia. Jesucristo purificará a su gente a través de crueles guerras, hambrunas, plagas, epidemias, y otras horribles calamidades. Él también afligirá y debilitará la Iglesia Latina con muchas herejías. Éste es un período de deserciones, calamidades y exterminios. Aquellos cristianos que sobrevivan a la espada, plagas y hambrunas, serán sólo algunos en la tierra.

“Durante este período, muchos hombres abusarán de la libertad de conciencia concedida. Es a este tipo de hombre que el Apóstol Judas se refería cuando decía: Esos hombres blasfeman de cualquier cosa que no puedan entender; y ellos corrompen todo lo que conocen de manera natural tal como los animales irracionales lo hacen. Ellos ridiculizarán la simplicidad cristiana; ellos la llamaran tonta y sin sentido, y tendrán el mayor avance tecnológico, y por las mañas de la ley y sus axiomas, los preceptos de moralidad, los Cánones Sagrados y los dogmas religiosos serán opacados por preguntas sin sentido y elaborados argumentos.

“Aquellos son los tiempos de la maldad, un siglo lleno de peligros y calamidades. La herejía está en todas partes y los seguidores de la herejía tendrán poder en casi todos los lugares… Pero Dios permitirá una gran maldad en contra de Su Iglesia: los herejes y tiranos caerán súbita e inesperadamente sobre la Iglesia destruyéndola… Ellos entrarán en Italia y dejarán Roma devastada; ellos incendiarán las iglesias y lo destruirán todo”.

Venerable Barthelemy Holzhauser,
escritos (siglo XVII)

jueves, 5 de noviembre de 2009

Nuevo Orden Internacional


ALGO MÁS SOBRE ALGO MENOS

“En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón,
y eso es lo que mancha al hombre”.
(San Mateo, 15, 18)

Un amigo, ya fallecido, decía que la reputación de una persona, consolidada durante toda una vida, se puede destruir en un segundo con una palabra. Hace más de veinte años, en una charla de Julián Marías, éste mencionó una expresión de Ortega y Gasset: “el rencor de excelencia”, refiriéndose a la irritación de algunos contra los que sobresalen por su elegancia, inteligencia, posición social; en fin, por cualquier cualidad que los eleve, y que, al no poder alcanzarlos, tratan de desprestigiarlos. Agregó Marías que le sorprendió en ese viaje a nuestro país observar ese talante rencoroso en hombres y en mujeres.

Paralelamente, escribía Ortega en “La Deshumanización del Arte”, que “cuando el disgusto que la obra causa nace de que no se la entiende, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de su inferioridad que necesita compensar mediante la indignada afirmación de sí mismo sobre la obra”. Y más adelante acota: “La masa cocea y no entiende”.

El pasado 21 de julio, Federico Andahazi, en un programa televisivo, insistió en decir disparates sobre la sexualidad de Juan Manuel de Rosas, arremetiendo también sobre la de San Martín, y lo que es peor, sobre la de su esposa. Esto puede deberse al referido ánimo rencoroso al que aludíamos, lo cual sería de por sí penoso, ya que indicaría cómo viene decayendo la calidad espiritual del hombre argentino, observado hace ya años por un extranjero. Puede tratarse también, nuevamente —y es tanto más grave— de la acción de la Guerra Política de Inteligencia, que procura carcomer el espíritu de un pueblo, entre otras cosas, desvirtuando su historia. Esta posibilidad, de que se trate de una campaña de desinformación, aparece como más coherente, en principio por las facilidades que le ofrecen los medios, y por algunos detalles que se suman en ese sentido. Apunto uno doméstico al pasar: a mi nieto de doce años una maestra, en Junín de los Andes, le enseñó que Manuel Belgrano murió debido a una enfermedad contraída por su afición a las mujeres.

Andahazi manifestó que no podemos entender nuestra historia sin conocer la sexualidad de nuestros próceres. Hagamos un intento de entender algunos hechos de nuestra historia y sus hombres —los mejores y los despreciables— sin mencionar siquiera algún besito furtivo que se hubieran dado con alguien.

El General Mosconi, por ejemplo, en ocasión de un raíd aéreo de entrenamiento, se presentó a las oficinas de WICO —West India Oil Co., filial de la Standard Oil de New Jersey— con la correspondiente orden de compra para la nafta de aviación necesaria, recibiendo una rotunda negativa a la entrega de la misma a menos de satisfacer el importe correspondiente. Al ver la magnitud del problema, se juramentó a cooperar por todos los medios legales a romper con todos los trusts internacionales, librando así al país del estado de vulnerabilidad en que se hallaba por su dependencia a los suministros extranjeros, con el trinomio de peligro, inferioridad y desventaja de la República.

Dice en su libro “El Petróleo Argentino”: “Recibí la Dirección General (de Y.P.F.) con una existencia en efectivo de $m/n 90.041, 60 en el Banco de la Nación (21/10/22) […] Hice entrega de la Repartición el 9 de septiembre de 1931 con un superávit de $ m/n 25.877.034, 60”.

Por otra parte, la producción obtenida en 1922 fue de 343.229 m3 y en 1931, de 817.213 m3, y más importante aún: el número de obreros era de 2.134, de los cuales el 80% era extranjero, y en 1931, 2.732, de los cuales el 80% era argentino nativo. En su circular de despedida manifestó que “El Estado puede ser un buen administrador cuando se dictan y mantienen las normas necesarias a su fin”.

Al morir (el 4 de junio de 1940) dejó una casa hipotecada y nueve pesos con cuarenta centavos en el Banco Provincia. Dijo de él el General Morales Bustamante: “Qué fuerza misteriosa tienen los hombres de excepción, el espíritu sobre el barro mortal”.

Saltando años, según Adolfo Silenzi de Stagni, “Claves para una Política Petrolera Nacional - El Vaciamiento de YPF”, Martínez de Hoz manifestó que uno de los puntos fundamentales de su plan era el “redimensionamiento del Estado”, y que “se liquidarían o privatizarían 39 empresas nacionales y 40 empresas nacionales” (“La Prensa”, 11 de diciembre de 1978). También Juan Alemann, miembro del CARI —Consejo Argentino de Relaciones Internacionales— recordamos, filial del Council on Foreing Relations, a su vez filial del Royal Institute for International Affairs, dijo lo siguiente: “los políticos que critican la privatización en materia petrolera son estatistas, y hay algunos que en el fondo son comunistas disimulados”.

Siguió el vaciamiento y desprestigio de Y.P.F., insistiéndose en nuestra incapacidad técnica y administrativa, y en la necesidad de inmensas inversiones para contratos de riesgo. Cita el Ing. Silenzi de Stagni en su obra al presidente de Pemex, quien dijo (el 11 de septiembre de 1957): “No se puede hablar de que la industria petrolera requiera inmensos recursos de riesgo como de inversión […] Si esas palabras eran válidas en 1957, con cuanta mayor razón lo son hoy, después de veinte años en que el avance tecnológico ha reducido el riesgo a su mínima expresión […] La extensa fundamentación científica sobre los puntos brillantes conduce a una conclusión fundamental: La Ley de Contratos de Riesgo N° 21.778 sancionada por el gobierno del General Videla y que ha permitido la entrega de cinco áreas en la Cuenca Marina Austral a la Esso, la Shell y otras multinacionales extranjeras, se funda en una premisa falsa, dado que tal supuesto riesgo no existe”.

De todos modos siguió el vaciamiento por medio de contratos, la disposición 170/80 de Martínez de Hoz, por la que las Empresas Estatales debían endeudarse cada tres meses con bancos extranjeros y los tremendos impuestos aplicados por éste y Alfonsín.

Llegado el momento, Menem se encontró con algunas dificultades para privatizar Y.P.F., pero para eso están los amigos. Escribía Rodolfo Terragno (“La Nación”, 25 de febrero de 2007): “Menem quería sancionar la ley de privatización, pero no podía. No tenía en el Congreso los votos necesarios, aparte de la abierta negativa de la U.C.R., enfrentaba resistencias del propio P.J.”. Mr. K “ofreció la solución: había asumido la presidencia de la Organización de Estados Productores de Hidrocarburos… si la privatización era reclamada de modo unánime… se vencerían muchas resistencias”. La Provincia de Santa Cruz “recibió en 1993 U$S 654 millones”, Mr. K “envió esos fondos a dar la vuelta al mundo”. “El 1 de junio de 2005 Santiago María Lozada, juez de Instrucción N° 1 de Río Gallegos, mandó las actuaciones al archivo”.

Dijo Carroll Quigley en su “Tragedia y Esperanza”, que “El poder del capitalismo financiero mundial tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía como un todo, e influir sobre los políticos colaboracionistas mediante recompensas posteriores en el mundo de los negocios”. Su discípulo Bill Clinton reconoció que “cuando uno llega a ser el presidente del país más poderoso del mundo se da cuenta de que es otro el que toma las decisiones. Uno puede ser un presidente virtual, un primer ministro virtual, cualquier cosa virtual”.

Esta confesión vale mucho más que todas sus acrobacias de dormitorio, y puede ser entendible, sin que haya necesidad de sacar a relucir ni una tanguita. Le sugeriría al señor Andahazi que intente bucear en las almas y en las decisiones de los hombres de la historia, los más elevados y los más ruines; tal vez esto pueda ser —y serle— más útil que bucear entre sus sábanas.


Luis Antonio Leyro

martes, 3 de noviembre de 2009

Del Profeta de la Argentina

                         
HACER VERDAD

     
El coraje actualmente en la Argentina se llama Paciencia, con una gran dosis de Decisión; el mal es profundo… La situación actual de confusión mental y cretinización colectivoprogresiva nos ha sido dada, no la hemos hecho nosotros; no podemos cambiar de golpe el juego tramposo, pero podemos cada uno en su lugar hacer Verdad, dar verdad es la mayor bondad, “la caridad de la Verdad”, dice San Pablo…

¿Cómo se hace Verdad? solamente con Vida, esa es la materia prima. ¿Cómo se hace Vida? Dios nos ha dado un cachito, no podemos aumentarlo ni disminuirlo, podemos bien gastarlo.

Aquí no se podrá hacer nada si no se resuelve antes el problema político, no se puede resolver ningún otro problema antes que el problema político; el cual ha llegado a punto crítico por la desintegración del sistema liberal, que nunca nos sirvió y ahora se ha convertido en una pudrición y en una payasada. El pueblo no cree ya más en todo eso.

La solución práctica consiste en alcanzar de hecho que haya en una Nación el máximo de Autoridad con el máximo de libertad; pues como dijo Heráclito el Oscuro, “la oposición es la madre de todas las cosas, y todas las cosas buenas consisten en el equilibrio de dos contrarios”; equilibrio del que tenemos ejemplo y herencia, pues reinó en la Madre Patria desde el siglo XIII al siglo XVI y en general en toda Europa con la Monarquía Cristiana, hoy liquidada; aunque quizá no definitivamente. El Liberalismo la liquidó; pero el liberalismo está siendo liquidado actualmente y a grandes pasos.

Y ha llegado el momento en que una de las dos Argentinas elimine a la otra, como dijo San Martín… Eliminar ¿cómo? ¿Matando a todos los liberales? No es ese nuestro sistema, es el sistema de ellos. El sistema nuestro es hacer Verdad.

El liberalismo del siglo pasado enarboló la bandera de la libertad y arruinó las libertades, que son la única verdadera Libertad que existe; pues existe también una falsa libertad, que es la fomentada por el liberalismo; la cual es a la verdadera Libertad lo que la demagogia y el democratismo es a la democracia; el filosofismo a la filosofía; la sofística a la sofía y la superstición y la herejía a la Religión. Es decir, es peor que ignorancia, es peor que mentira, es confusión.

La palabra “libertad” es una palabra ambigua, pues si no se le añade el “para que”, es una palabra sin contenido… La Libertad del nacionalista, con una fórmula acuñada en América Latina es: “libertad para todo y para todos menos para el mal y los malhechores”… el mayor mal que existe en el mundo es la libertad en manos de los malhechores; y esa, la ha traído al mundo actual el liberalismo.

Mejor es no creer en nada, ni en Cristo ni en Sarmiento, que creer a la vez en Cristo y en Sarmiento. Lo primero da un ateo; lo segundo un católico mistongo.


Padre Leonardo Castellani, S.J.
(Tomado de su libro “Esencia del Liberalismo”, Buenos Aires, 1971)
                              

domingo, 1 de noviembre de 2009

Homilías sobre la Virgen

                        
IMAGEN DE LA INMACULADA
          
Vemos en la imagen de la Inmaculada, cómo ella se yergue sobre el orbe de la tierra, el cual está rodeado y envuelto en los anillos de una serpiente que lleva en su boca una manzana.  Ved ahí, como si dijéramos, el triste y sombrío fondo sobre el que se destaca este misterio, por lo demás tan lleno de luz y de consolaciones; es, a saber, la caída original del hombre así en sus causas como en sus consecuencias.  Buena salió de las manos del Hacedor Supremo no solamente la naturaleza insensible e irracional, sino que también, y peculiarmente, bueno y santo fue creado el hombre en el principio, y según los designios de Dios así lo había de ser en el porvenir.  Mas por la envidia del diablo fue frustrada esta santa intención del Señor.  Bajo la figura de una serpiente se acercó al hombre inocente y dichoso en el paraíso, y a fuerza de astucia y de mentira logró sembrar en el corazón del hombre la venenosa cizaña del pecado.

Cómo sucedió esto nos lo dice objetivamente la manzana en la boca de la serpiente.  Esa fruta debía ser materia de prueba para nuestros primeros padres, quienes por amor de Dios y por temor del castigo que les había amenazado, debían haber respetado el mandamiento divino que les era harto conocido y que Eva misma repitió con estas palabras: “Nosotros comemos de los frutos de los árboles que hay en el paraíso, mas del fruto del árbol que está en medio del paraíso Dios nos ha ordenado que no comamos de él, ni siquiera lo toquemos, no sea que muramos”.  Cosa fácil y más llevadera de cumplir que este mandamiento no podía haber, y con sólo un poco de buena voluntad, con alguna consideración a lo que demandaba encarecidamente su propio bienestar, hubieran podido evitar el pecado nuestros primeros padres.  Sin embargo, y en esto vino a ser el primer pecado el triste ejemplo de todos los pecados posteriores, en vez de prestar crédito a lo que Dios tenía prometido y amenazado, en vez de obrar en conformidad con esta fe y así resistir valerosamente a los primeros principios del pecado, a la primera tentación que les inclinaba al mal, nuestros primeros padres le creyeron más al diablo que a Dios, obraron según su propia voluntad torcida, para experimentar luego, aunque demasiado tarde, que el que no da oídos a las enseñanzas divinas caerá en manos de la justicia, y que quien juega con sus pasiones, se halla engañado por ellas.

Mas el primer pecado no sólo fue nocivo a los que lo consintieron, sino también a toda su descendencia.  La satánica serpiente envolvió con sus anillos a todo el orbe de la tierra, agarrado con su propia conquista que no se dejará arrebatar fácilmente.  Imagen por desgracia demasiado exacta del hecho de que el pecado con todas sus malas consecuencias, con todas las atormentadoras pasiones, con la nunca saciada concupiscencia, con todo género de miserias y dolores, ha hecho su entrada triunfante en la desdichada humanidad, porque como escribe el Apóstol: Per unum hominem.  Por medio del pecado domina la infernal serpiente en el mundo y sobre el mundo, por el pecado le pertenecieron y han pertenecido todos los hombres, al menos por algún tiempo, puesto que todos nacemos hijos de ira y manchados con la culpa de origen.  Sólo una criatura humana hay, que jamás ha llevado este yugo del pecado, una criatura que jamás ha estado bajo el dominio de Satanás, y ésta es la Santísima Virgen María.  Por eso vemos la luminosa figura de María sobre el globo de la tierra y asentando triunfadora su planta virginal sobre la cabeza del dragón.

¿Qué otra cosa se quiere significar con esto, sino que María no fue desde el principio incluida en la general corrupción de la naturaleza humana ni cayó bajo la esclavitud del demonio?  En Ella no tiene jamás el enemigo ni el menor derecho, porque no sólo fue libre de la mancha original, sino que también por particularísima gracia divina, permaneció durante toda su vida libre del pecado.

Ciertamente, que todo esto no fue como queda ya indicado, su propio y personal mérito, sino una prerrogativa otorgada por Dios, la cual tenía su fundamento en el último destino suyo para ser Madre del Hijo de Dios.  Esta misma exención de María de todo pecado, la destrucción del dominio de Satanás por medio de Aquel que como Hijo del Hombre había de ser su Hijo, está muy bien representada y expresada por el hecho de que María apoya su pie sobre la cabeza de la serpiente, pronta a quebrantarla.  Inimicitias, había sido determinado por Dios, y así fue anunciado inmediatamente después del primer pecado.  En aquella sentencia que el Altísimo pronunció contra la serpiente tentadora, se dijo claramente entre otras cosas, lo siguiente: “Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, y Ella quebrantará tu cabeza; y tú pondrás asechanzas a su calcañar”.

Incomprensiblemente grandes fueron los dones de gracia, soberana la vocación con que Dios favoreció a María, pero debemos, para ser fieles a la verdad, añadir que María —de su parte— correspondió admirablemente a estas gracias, a esta sublime vocación, porque jamás hubo criatura tan fiel al llamamiento de la gracia, a la manifestación de la voluntad de Dios, como lo fue María.  ¿Cuándo ni dónde hubo un santo que durante su vida se esforzase tan continuamente por la perfección como la Virgen Santísima?  No hay perfección sin humildad, pero, ¿María no ejercitó la más profunda humildad en palabras y en obras, así para con Dios como para con los hombres?  Su propia voluntad no era nada para Ella.  Todo lo era la palabra y la voluntad de Dios.  No hay perfección sin vigilancia y oración, pero ningún santo fue jamás tan severo en la represión de los sentidos externos, en el ejercicio de una continua vigilancia, como María.  El retiro y la soledad fueron las perpetuas compañeras de su vida.  Ninguna palabra ociosa salió nunca de sus labios, ningún pensamiento desordenado turbó jamás la pureza y la paz de su corazón, y siempre que en la Sagrada Escritura se habla de Ella la encontramos casi siempre unida con Dios en la oración.  No hay tampoco perfección sin continuo recogimiento de nosotros mismos, sin mortificación, pues el Salvador dijo: “El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”.  Ah, no hay aquí necesidad sino de recordar estos tres nombres: Belén, Nazareth y el Calvario, para con ellos significar bastantemente en qué escuela de sufrimiento y de mortificación puso el Señor a María durante toda su vida.  Y fue María una dócil discípula que en la escuela del sufrimiento y de la mortificación adelantó tanto, que mereció ser llamada Reina de los Mártires.

Finalmente, no puede haber perfección sin verdadero amor de Dios, pero este amor no ha de ser un mero sentimiento, no un simple sentimentalismo, no palabras vacías: es más bien obras y verdad, probado con el espíritu de sacrificio que lo anima.  ¿Y quién será capaz de referir uno por uno los grandes sacrificios que María por amor de Dios realizó alegremente durante el curso de su vida?  Cualquier narración de ellos está tan lejos de la realidad, como un sol pintado respecto al sol verdadero que resplandece en el firmamento.  Pero todo lo que María ha llegado a ser por el favor de Dios y por su propia cooperación, todas sus gracias, todo su poder, todos sus méritos deben ceder en beneficio de nosotros sus hijos, y por eso vemos en la imagen de la Inmaculada Concepción, cómo María extiende a nosotros los hombres sus manos llenas de bendiciones y gracias.  A nosotros, que gemimos y lloramos todavía en este valle de lágrimas. extiende sus manos la bendita Virgen, y esas manos qué abundancia de favores no han derramado sobre la afligida humanidad en el curso de los siglos.  Cuántas y cuan amargas lágrimas no han enjugado esas manos virginales.  En muchas y grandes tribulaciones de la Iglesia, ocasionadas ya de fuera por la violencia o la astucia, ya de dentro por los errores y apostasías de sus propios hijos, se ha mostrado Nuestra Señora como una poderosa ayudadora.  Dios ha escuchado el clamor de la cristiandad y más de una vez parece que el Omnipotente defensor de la Iglesia no aguarda para ampararla sino la intercesión de María, como para mostrar al mundo cuánto pueden las manos de su Madre en el cielo y en la tierra.

¿Y quién conoce todos aquéllos, quién puede contarlos, que en medio de la necesidad y la angustia, abrumados de terribles dolores, amenazados de graves peligros o acosados por intolerables tentaciones, se dirigieron a Dios confiadamente por medio de María, y enteramente contra toda humana previsión se vieron brillantemente justificados en su esperanza? Y no diga nadie: Dios puede ayudarnos sin la mediación de María. Cierto, quién lo duda, Dios lo puede, y afirmar lo contrario sería una detestable blasfemia, pero no se trata de saber lo que Dios puede por sí mismo; trátase de averiguar lo que quiere hacer por nosotros y cómo lo quiere hacer. Y Dios quiere mostrarse admirable en sus santos y señaladamente en la Madre de su Hijo, y por eso ha demostrado de mil maneras que tiene determinado conceder a los hombres precisamente los mayores y más apreciables dones mediante la intercesión, y como si dijéramos por las manos de María. De esa manera siguen cumpliéndose aquellas palabras que la Virgen pronunció, animada del Espíritu Santo: Me llamarán bienaventurada todas las generaciones.

María extiende a nosotros sus brazos para que nosotros no vacilemos en aferrar esas manos bienaventuradas de nuestra Madre, para que conducidos por la mano de nuestra Madre vayamos seguros y tranquilos por el camino, a veces áspero y escabroso, de nuestros deberes como cristianos. Cuántos hombres desgraciados que trajeron al mundo como infeliz herencia la inclinación a algunos pecados, que arrastrados luego durante la vida sin descanso por poderosas pasiones, conociendo claramente su miseria espiritual pero sin hallar modo de librarse de ella y prontos ya a entregarse a la desesperación, fueron por medio de María, aun en la última hora, apartados del negro abismo y levantados a la luminosa altura de la confianza en Dios y salvados así en el tiempo y en la eternidad.

Amados hermanos míos, las manos de una madre cariñosa son siempre para el hijo que no haya degenerado completamente, dignas de veneración. Cuánto han hecho por ti, oh hijo o hija, las manos acaso ya temblorosas de tu madre; qué servicios no te prestaron cuando todavía por la edad eras incapaz de valerte por ti mismo; cuántas veces han trabajado; cuántas se han juntado y levantado al cielo para orar por ti; cuántas veces se han levantado para bendecirte en todos los caminos de tu vida. Por desgracia, hay muchos hijos que no comprenden todo esto, sino cuando las manos de su madre yacen frías e inmóviles en la muerte.

Pero, comoquiera que sea, por mucho que las manos de nuestra madre terrena hayan trabajado por nosotros, es como nada si se comparan con todo lo que María ha hecho y hace por nosotros. Tomemos, pues, en espíritu con viva fe y encendido amor las manos de nuestra Madre celestial, no nos desprendamos de Ella jamás mientras vivamos, y hoy principalmente clamemos con filial confianza: Oh, María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a Ti.


P. Carlos Cortes Lee 
                                  

sábado, 31 de octubre de 2009

Guiones de estilo




SIGNIFICADO DE
LAS FLECHAS Y EL YUGO


No sé lo que hay detrás de esa camisa ni entiendo lo que significan las flechas y el yugo. Pero debe ser algo muy grande, cuando se le convierte en sonrisa la mueca de dolor a un pobre muerto.

Muy grande, sí —contestó Víctor, aprovechando la ocasión para abrir uno de los frecuentes arrebatos de su temperamento apasionado—. Significa nada menos que el obrero educado en el odio, ha muerto en el amor. Que ha entendido toda la angustia, que no es angustia sólo de problema económico, sino también —y quizá más— de problema sentimental. Que ha sabido leer en el cielo y el idioma todo el destino único y maravilloso de la Patria, que no es sólo la redención económica del pobre, sino la aspiración de Imperio de todos. Significa que él y yo, distantes en la vida por mundos de prejuicios y siglos de lucha, nos hemos encontrado corazón a corazón, en una encrucijada, para vivir esta camaradería nueva en la Vida y en la Muerte. Él, obrero; yo, señorito estudiante; él, instrumento manual de la Historia y el progreso; yo, camino intelectual de ese mismo progreso y esa misma Historia, hemos borrado por nuestra voluntad todo un falso mundo de lucha de clases o espíritu de castas que nos separaba. Eso significa que Ud. acaba de perder un hijo, y de ganar otro, que llevará a su casa alientos de otro mundo para fundirlos con los del suyo. Yo he bebido con Enrique las preocupaciones de los obreros, y él ha sentido a mi lado la inquietud de los intelectuales.

Él me proyectaba hacia un universo de máquinas y angustias sociales —que yo por nacimiento desconocía—, y yo le llevaba como de la mano a otro universo de sueños y quimeras que, a su vez, ignoraba. Si yo he ido con él al taller, al horno, a la fragua, a la caldera, a todo ese infierno rojo donde vive el obrero y he sudado el mismo sudor que ellos sudan, él ha venido conmigo al Museo, a la Música, a la Historia y al Verso, a todo ese paraíso donde vive el intelectual y ha gozado el mismo goce que ellos gozan. Esa camisa azul nos ha igualado en goce y en dolor, y nos ha hecho ver a los dos la vida con los dos ojos abiertos y ansiosos, no a medias como antes, mientras él ignoraba nuestro goce angustiado y yo su angustia gozosa. Esta camisa nos igualaba en el servicio a España y en el sacrificio. Él, más afortunado, por llevarla, ha muerto en estado de gracia: sin odios ni rencores. Esa camisa es y será en España como un viento ligero que borre las tormentas. Ni clases ni odios, ni parias ni privilegios. Representa esa cosa tan sencilla y tan difícil a la vez: una Humanidad con camisa limpia que ponerse, frente a esta sociedad absurda donde algunos pocos tienen camisas de seda y de sport y de etiqueta, mientras los más no tienen camisa que ponerse. Una sociedad en que los de la camisa bien planchada se apartan del que va en camiseta sucia para no mancharse, en vez de darle —no una de sus camisas, que sería limosna y no se trata de eso— ocasión de llevar una camisa. Contra esa sociedad van ustedes y vamos nosotros. Por distintos caminos, pero ustedes creen que esa sociedad es España y las confunden en su odio ciego, y nosotros sabemos que esa sociedad es una costra sobre la carne limpia de España —ríos que saltan, trigo que crece, agua que alumbra, madres que engendran, minas y bosques, viejas ciudades, catedrales, talleres, fábricas, Universidades y una Historia rota que reanudar—, costra que hay que arrancar para que pueda circular la sangre. Si ustedes los marxistas creen que es necesaria la violencia para arrancarla, a nosotros no nos asusta la violencia, que nos parece sagrada. Cueste lo que cueste cumpliremos nuestros juramentos, hechos bajo el viento de España y sobre cuerpos de España, de dar a cada español para cada día de su vida y de la vida de sus descendientes, Pan, Paria y Justicia, que es lo único que vale la pena de dar y de ofrecer al que padece hambre de pan y sed de justicia, y no le han enseñado a ver en la Patria más que a todo cuanto le niega el pan y le dificulta la justicia, cubriéndolo con una bandera que no puede respetar y tapando sus gritos de protesta con chinchines grotescos, invocaciones destempladas y nostalgias incoherentes para esos hambrientos y sedientos. Queremos el Imperio, pero construido con hombres libres, de voluntad imperial, no con esclavos famélicos y torturados. Concebimos el Imperio como la más gigantesca democracia: la voluntad de todos los españoles alzando el brazo para afirmar que quieren a España una, grande y libre. Sin candidaturas ni colegios electorales. Sin partidos ni coaliciones. España, una y sola, arma al brazo y velando a la luz de las estrellas. Para ello sólo tendremos dos instrumentos: Trabajo, miles de horas de trabajo cada uno, y Disciplina, que no es tiranía sino conciencia del deber y de la jerarquía. Y un solo pensamiento: España. Y una sola misión: España. Y una sola preocupación: España. Y una sola alegría: España. Y una sola ambición: España. Una España de todos y para todos, hecha por el esfuerzo —diferente de calidad y exacto de intensidad de todos—, tanto del rico como del pobre, que a todos impondremos al arco de luz de la verdad nacionalsindicalista. ¿Comprende lo que significa la camisa azul que lleva Enrique a la tumba?

Empiezo a comprender, repuso el padre limpiándose dos lágrimas a lo popular, con el dorso de la mano.

Juan daba cabezadas en el rincón. Andrés, Manolo, Antonio y Pepe, no se movían en su centinela. Enrique parecía que sonreía más abiertamente, y por la ventana entreabierta al cielo de verano, un resplandor como de brasa de rosas anunciaba que en España empezaba a amanecer.


Felipe Ximénez de Sandoval
                             

viernes, 30 de octubre de 2009

Denuncias

                              

LAS POLÍTICAS DEL LENGUAJE


LENGUAJE E IDEOLOGÍA

La ideología del género está metiéndose en los entresijos de la conciencia nacional.  Avanza tenazmente y como ejército de ocupación no deja espacios sin devastar.  Una legislación que la sostenga, reformas educativas que desde el aula la legitimen, y la infaltable faena cultural de persuasión y penetración casi irresistibles llevada a cabo por los medios de comunicación social.

El lenguaje es un enclave de capital importancia que atraviesa aquellos tres territorios, la legislación, la educación y la comunicación.  Cualquiera sabe que la ideología opera también en el lenguaje.  Éste forma parte de la llamada “super-estructura” de dominación burguesa que, al mismo tiempo, oculta y devela una realidad tan sórdida como desigual.  Marx diría que el lenguaje también sirve para falsificar las “reales” condiciones de dominación y así continuar reproduciéndolas bajo la apariencia de una “ilusión” engañosa y anestesiante.

Los medios de comunicación social, y en particular la prensa gráfica, son un instrumento siempre eficaz para esas operaciones de ocultamiento y develamiento de la ideología.  Ese terrible iconoclasta que fuera Michel Foucault escribió que “cada sociedad tiene su régimen de verdad, su «política general» de la verdad —comillas del autor—; es decir, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o falsos, el modo como se sancionan unos y otros; las técnicas y los procedimientos que están valorados para la obtención de la verdad; el estatuto de quienes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero” (“Un diálogo sobre el poder”, Alianza, Madrid, 1981, pág. 143).

Actualmente, los medios de comunicación social son, en gran medida, los constructores de la realidad social.

Por ejemplo, la expresión políticas del lenguaje ha sido acuñada por los lingüísticas críticos para señalar la presencia poderosa e invisible de la ideología en el uso público que los medios de comunicación hacen del lenguaje.  La lingüística crítica es tributaria del marxismo y no hace sino repetir sus códigos cuando pretende explicar el  funcionamiento de los diversos signos lingüísticos.

Por eso, para todo crítico que se precie de tal será preciso desmontar las operaciones de la ideología detrás del uso de las palabras.

Así, por ejemplo, nos hemos acostumbrado a hablar de “hombre” y “mujer”.

Pues no, nos dicen ahora.  Eso sería hacer política del lenguaje, es decir, continuar reproduciendo en nuestro modo de decir y referenciar lo que ha pretendido que digamos y creamos, por centurias, el Aparato Ideológico de la Iglesia aliada con la Burguesía.  Con el propósito, claro, de mantener invisibles las “reales” relaciones de dominación y asimetrías de poder, del hombre sobre la mujer, que tienen lugar en el seno de la familia y en el mundo del trabajo.

El uso político del lenguaje en torno al género consistiría en un doble juego.  Por una parte, el lenguaje de “hombre”  - “mujer” no sería sino la creación de una ilusión, de un espejo deformado, de una falsa conciencia cuyo propósito sería tornar invisible una asimetría atroz en las relaciones de poder.

Esto es, la esclavitud de la mujer detrás del telón de acero de la familia burguesa, con la asignación ruinosa de los roles de esposa y madre.  De allí que hombre y mujer sean designaciones políticas impuestas a designio, legitimadas y reproducidas, cuyo propósito es ideológico; esto es, naturalizar un estado de cosas.  Naturalizar para los lingüísticas críticos es hacer ver el mundo social actual como si fuera natural, como si así debiera ser.

En realidad, para estos nihilistas es exactamente lo opuesto.  La naturalización del mundo social es una operación discursiva de la ideología.  Por eso, para estos personajes, el lenguaje —aún en nuestros modos cotidianos y banales de referir las realidades y las relaciones— está transido de ideología.  La ideología desde el lenguaje define todo el mundo social.  Más aún, necesita del lenguaje, lo utiliza a fin de que —¡vaya paradoja!— se cumpla cabalmente aquello que profetizaba el viejo Marx: “las ideas de la clase dominante son en cada época de la historia las ideas dominantes”.

El segundo juego consistiría en “deconstruir” dichas relaciones “hombre-mujer” —largamente naturalizadas por las prácticas de la ideología— denunciándolas como relaciones socialmente construidas a partir del y en el discurso.

El uso de las palabras, “hombre - mujer” - revela y oculta.  Revela la estructura de dominación y al mismo tiempo la mantiene oculta.  Tal como pasaría con los actos fallidos dogmatizados por Sigmund Freud que liberarían ciertos contenidos del inconciente pero manteniendo intacta la estructura y el funcionamiento de este último.

Con el lenguaje sucedería otro tanto: las palabras son ideológicas pues revelan, engañando, relaciones que no debieran conocerse en sus reales condiciones.  Pero al revelar están señalando, de paso, el camino para comenzar la obra de demolición del lenguaje, y con ello, la demolición de las relaciones asimétricas de dominación.

Antonio Gramsci viene a darles una mano en esta tarea de deconstrucción.  ¿Por qué?  Porque es imperioso hacer con el lenguaje una tarea demiúrgica en la medida en que la revolución en los significados es la vía regia para deconstruir el sentido común “cristiano-burgués”.  Así se irá instalando el nuevo sentido común de la filosofía de la praxis, que es como el fundador del Partido Comunista italiano denominaba al marxismo.

Esto es lo central.  Por eso el lenguaje y los usos cotidianos del lenguaje son un enclave capital en el nuevo proceso revolucionario instalado a partir de los últimos decenios.  Cambiando el modo de decir y el modo de significar, habrá de cambiarse el modo de pensar.  De allí que si es verdad aquello de que “la revolución está en el lenguaje”, luego, la batalla metafísica hay que darla en el lenguaje, recuperando y sosteniendo las diversas epifanías de la verdad en el hablar, en el decir.


“VISIBILIZAR A LAS MUJERES”

En esta ocasión, quiero ocuparme de una noticia periodística que apareció publicada en octubre del año pasado.  Fuera de hora se dirá.  Pero vale la pena el ejercicio.  El asunto era la media sanción de una ley que impulsa el uso de lenguaje no sexista por parte del Estado.  Dos medios recogieron el tema.  “La Nación”, el jueves 23 de octubre y “Página/12” el viernes 24 de octubre.  Mientras “La Nación“ dice “proyecto de ley que obligará a la administración pública nacional a aplicar y promover la utilización de un lenguaje no sexista”; “Página/12”, Mariana Carbajal mediante, despeja la tiniebla ideológica diciendo que se trata de “un proyecto de ley que busca visibilizar a las mujeres a través del lenguaje de la administración pública nacional”.  Como pareciera que decir “lenguaje no sexista” conserva resabios todavía modernos, será conveniente el toque foucaultiano, posmoderno, y expresar que lo que se quiere es “visibilizar la otredad”.  En este caso, la otra, la mujer.  “Las mujeres”, todas, variadas, diferentes, pues no existe, escribas nominalistas de los arrabales porteños, el substantivo “mujer”.

Será útil hacer un sumario análisis de la noticia publicada por “Página/12”.

Lo que valen las palabras es el titular.  La volanta, arriba, dice Media sanción para la ley que impulsa un lenguaje no sexista.  La bajada, debajo del titular, reza así: Después de siete meses, el Senado aprobó el proyecto para que en la administración pública rija un Manual de Estilo con perspectiva de género.  También buscan eliminar el sexismo en los medios de comunicación.  Ahora pasa a Diputados.  En una noticia el titular puede resumir el contenido más bien descriptivo.  O bien puede proponer una interpretación que se juegue mucho más allá del aspecto relativamente neutral de la información que desarrolla la noticia.

“Página/12” suele escoger invariablemente esta segunda estrategia.  “La Nación” había titulado El estado deberá usar un lenguaje no sexista.  Está bien.  La elección léxica se ajusta más al liberalismo mitrista de lo políticamente correcto en torno a los temas de género, identidad sexual y derechos de las minorías.

Y ha de ser así, pues aunque lo desmientan las estadísticas, “las mujeres” son la minoría desclasada de los tiempos que corren.  La Tribuna de Doctrina de De Vedia no desentona de la izquierda cultural dominante.

¿Cuánto valen las palabras?  Todo, pues “con este proyecto de ley buscamos una salida de este lenguaje tan masculinizado que se usa tanto en la administración como en las relaciones personales”, cita Carbajal a la kirchnerista Marita Perceval, impulsora del proyecto.

A renglón seguido, glosa a Silvia Ester Gallego, que es la presidenta de la Comisión de Población y Desarrollo Humano, al decir que el hecho de que quedara relegado no es casual.

Y cita a ésta última: “el lenguaje es parte de la construcción del poder y esto que nos ha pasado, que este dictamen demorara tanto tiempo en bajar al recinto, tiene que ver con ello”, fin del discurso directo de la Gallego.

Carbajal vuelve a citar a Perceval para que no se nos vuelva invisible (ella, ¿no?).  “El lenguaje tiene que expresar no solo la realidad existente sino, también, la sociedad que queremos construir”, destacó.

Aquí está Gramsci de cuerpo entero, casi con sus palabras.  La deconstrucción del lenguaje sexista y la imposición del lenguaje del género habrán de crear un nuevo sentido común y, por lo tanto, un nuevo ordenamiento de identidades y de relaciones.

¡Manes hodiernos del viejo Prometeo!  Como fin y remate de aquella pregunta imaginaria que yo me formulara, cuánto valen las palabras, se luce Carbajal al citar a Daniel Filmus, hermano de raza y compañero de ruta de Adorno, Horkheimer y Marcuse, quien adelantó su voto positivo al proyecto y posteriormente pontificó: “quiero decir que no es un tema feminista ni que solo incumba a las mujeres.  La discriminación por el lenguaje es un tema ideológico que nos incumbe a todos porque se trata de un asunto vinculado con los derechos humanos, que es algo central y fundamental para nuestra cultura”.

Ojo que volvemos aquí a los tópicos del marxismo decimonónico, ortodoxo y moderno.  El del joven Marx que veía con tan buenos ojos el proyecto de liberación universal del Iluminismo de la Revolución Francesa.  Desde luego, entiéndase, que la Carbajal no hace uso de ninguna de estas citas directas para tomar su propia distancia sino para refrendar su propia posición y la línea editorial de “Página/12”.  Digo, por las dudas.

Estos maestros del revés no están desmitificando la ideología para dar a luz la verdad oculta.  No están descubriendo ninguna verdad pero si están imponiendo una ideología.  No son los apasionados partidarios de la igualdad, no los insobornables buscadores de justicia, sino los delirantes totalitarios del pensamiento único y de una nueva sintaxis de la hegemonía.

No están desatando ninguna atadura; al contrario están aherrojándonos con un lazo duro, frío y gris como los viejos cementos socialistas de la Rusia Soviética.  Releyendo “¿Qué hacer?” deberían reconocer con Lenin que “la única elección posible es, o bien la ideología burguesa o la ideología socialista.  No hay vía intermedia.  Por lo tanto, debilitar la ideología socialista, apartarse de ella en el más mínimo grado, significa, al mismo tiempo, fortalecer la ideología burguesa”.  Para eso trabajan los políticos clasistas, la izquierda cultural de “Página/12” y los ex ministros de educación.  Para “meter a muerte”, en el alma de la Nación argentina, el odioso socialismo.
Tendrían que ser capaces de admitir que trabajan con buena paga, con envidiables subsidios estatales e internacionales para una ideología que promueve a la fuerza la igualdad de los otros, pero nunca la de ellos, ostensibles detentores de buenas jerarquías, mejores estipendios y óptimos premios y reconocimientos.  ¿El socialismo feminista y no sexista?  Para las mujeres de la casa.  Para nosotros —exclamarían— los buenos capitales del dinero, de los premios y la gloria de este mundo.


Ernesto R. Alonso
                              

miércoles, 28 de octubre de 2009

El hombre de la Providencia



XXVIII OTTOBRE

EVVIVA IL DUCE!

martes, 27 de octubre de 2009

In memoriam


JORDÁN BRUNO GENTA
A 35 años de su martirio
1974 - 27 de octubre - 2009

- I -

Se llamaba Jordán Bruno Genta, aunque algunos todavía no sepan escribir ni pronunciar su nombre. Y otros —recién llegados curiosamente a su tributo— lo hayan ignorado o rechazado por extremoso; mientras nosotros, nacionalistas y católicos, lo homenajeábamos año tras año, a veces en la soledad de una catacumba eclesial amiga, a veces en algún fogón provinciano siempre hospitalario, y cada día desde la clase, el libro o la conferencia.

Éramos jóvenes cuando lo mataron y cuando despedimos sus restos con nuestro inconfundible estilo. La memoria registra ojivas caudalosas de brazos en alto mientras su féretro avanzaba hacia la tierra postrimera, los gritos multiplicados de ¡Presente! ante su nombre coreado con bravura, y la consigna legionaria lanzada al viento como un desafío: ¡Viva la muerte!

Fuimos envejeciendo, pero por la gracia de Dios, aquellos ideales juveniles no resultaron abandonados ni torcidos.

Jordán, palabra aguda de resonancias graves y luminosas, como el río en el que recibió el bautismo Nuestro Señor Jesucristo. Bruno, fuerte como coraza o armadura, en antigua semántica germana.

Dios se las ingenió para que se cumpliera el poema: mira que al dar un nombre se recibe un destino.

- II -

Enseñó la Verdad Católica, Apostólica y Romana, en plena y continua comunión con la Cátedra de Pedro. Mas no ignoraba la presencia de los lobos revestidos con las apariencias de corderos. Sufría con el Vicario de Cristo el humo de Satán enseñoreado en el lugar sagrado.

No aprobó jamás los procedimientos castrenses irregulares y clandestinos para combatir al marxismo. Clamaba por la guerra justa, limpia, frontal y varonilmente librada: la guerra contrarrevolucionaria, de la que fue su más esclarecido doctrinario.

Distinguía entre el testigo y el verdugo, el partisano y el guerrero, el soldado patrio y el guerrillero apátrida. Nunca se le hubiera ocurrido homologarlos en un sincretismo contrario a la justicia. La unidad de las derechas y las izquierdas no aparecía en sus discursos. O se honraba a los gauchos de Obligado, o se aplaudía —como los unitarios— la usurpación extranjera. Pero gauchos y usurpadores no resultaban materia de forzadas reconciliaciones mediáticas.

Será prudente aclararlo. Guerra fratricida y dolorosa fue la de nuestra Independencia, porque al fin de cuentas eran los contendientes todos hijos de España. Guerra fratricida y tensa, si se quiere, la de nuestra pugna entre los ponchos celestes y las vinchas punzó. Pero la invasión planificada del Marxismo Internacional contra La Argentina, con la anuencia de una clase nativa al servicio del Aparato Subversivo Mundial, no es contienda de hermanos. Es el programa endemoniado que entonces supo lanzar la Unión Soviética y sus satélites contra las naciones cristianas.

Bien está que pidamos para que la clemencia de Dios alcance a Caín, a Ismael y a Esaú. Pero sólo Abel, Isaac y Jacob son figuras de Cristo.

Bien está que la muerte nos llegue a todos y en las cenizas nos iguale, instándonos por eso a la caridad y deponiendo rencores torvos. Pero uno es el “polvo enamorado”, y otro el destino de los que tendrán que abandonar toda esperanza cuando les llegue su Juicio. De unos seguirán cantado los versos de Foxá: “para la muerte, hermano, te vestirás de fiesta”. De los caínes se apiade el Señor de la Misericordia y nosotros no le dejemos de rezar.

“Allegados son iguales”, decía Jorge Manrique respecto de los muertos que se homologaban unánimemente al tener que comparecer ante el Tribunal del Altisimo. Pero también distinguía entre quien se presentaban con villanía y bajeza, y el varón singular que podía ser rotulado como “maestro de esforzados y valientes”.

- III -

Genta sostuvo una enemistad firmísima con el comunismo, pero también —y simétricamente— con el liberalismo en todas sus variantes. El liberalismo sigue siendo un pecado, y lo sabía.

No fue democrático. Admiraba a los grandes monarcas santos, a los varones jerárquicos instauradores de gobiernos fuertes, a los jefes aristocráticos, a los Caudillos de la Patria y de Occidente; y hasta respetaba cristianamente a los grandes conductores nacionales a quienes aplastó la conjura aliada en 1945.

La Realeza Social de Jesucristo era su opción política. El Omnia Instaurare in Christo, su lema y su norte. Su divisa flameante e izada bien al tope.

Jamás fundó un partido ni aconsejó formarlo o integrarlo. Jamás creyó en la unidad de los opuestos, ni en la coyunda con liberales y populistas, ni en la acción conjunta con quienes no existe previamente la unidad en el Ser, ni en la concordia entendida como irenismo o rendición. Repetía con Santa Teresa: “es preferible la Verdad en soledad al error en compañía”. Y con Aristóteles: “en toda juntura entre lo malo y lo bueno, sufre lo bueno”. No mixturaba los contrarios, así como evitaba mezclar el agua con el vino.

Se atrevió a decir lo que otros callaban y aún callan: que hay una culpabilidad judeomasónica tras el drama de la Argentina y tras la derrota de la Civilización Cristiana. Ni el pulso ni la voz tremaron en su cuerpo cada vez que fue necesario opugnar con la Sinagoga de Satanás. Pero tampoco faltó la caridad siempre que un prójimo, fuere quien fuese, se aquerenciaba hasta su puerta.

Denunciaba con bizarría al Imperialismo Internacional del Dinero, y con mirada sobrenatural alertaba contra la acción del Anticristo.

- IV -

Señaló la naturaleza crapulosa del peronismo, y una por una marcó a fuego las canalladas múltiples de Perón, artífice de la subversión , cohonestador de sus primeros crímenes, y propugnador hasta el final del mundialismo masónico, previo paso por el continentalismo y el socialismo nacional, como repitió hasta el hartazgo. El mito de la expulsión de la Plaza de Mayo de los montoneros no pasó por su magín. Perón murió carteándose cortésmente con Mao, Castro, Dorticós y Allende. Y los jefes montoneros hicieron la “v” de la victoria ante su féretro. Extraño caso de unos “echados” que rinden honores al “echador” y le prometen proseguir la lucha.

Las tónicas del pasado no son las medias verdades sino la metafísica, la teología y la honesta historiografía.

Expresamente repudió la falsa línea ideológica “San Martín - Rosas - Perón”. Sus arquetipos no eran los incendiarios de iglesias sino los herederos de la estirpe del Cid. Una memoria completa no basta para saberlo. Es necesario una historia veraz.

La teoría de los dos demonios, y la posición de quienes se sienten discriminados porque sólo se ataca a uno de ellos, le hubiera causado repulsión y desprecio. En la patria, no se enfrentaron ni se enfrentan dos demonios sino las dos ciudades agustinianas. Él batalló por la Civitas Dei y cayó en su defensa, heroicamente. No fue la víctima accidental de una refriega terrorista. Fue un combatiente valeroso abatido a mansalva por el enemigo. Su condición de víctima sólo puede señalársele en el más profundo sentido teológico de la palabra. Pero escapa completamente al alcance habitualmente otorgado al término, como sinónimo del que muere por causa eventual o efecto secundario.

No estaba por azar cuando ocurrió el atentado marxista, el 27 de octubre de 1974. Ni recibió una bala casualmente, ni resultó el damnificado de una explosión que buscaba otro destinatario. La substancia antes que los accidentes explican su caída. Lo habían ido a matar a la puerta de su casa. Un domingo, cuando rumbeaba para la Santa Misa, en la tradicional festividad de Cristo Rey, como después escribieron sádicamante sus verdugos.

Tuercen los hechos quienes dicen que lo mataron por pensar diferente. Lo mataron por pensar verdadero y obrar y vivir en consecuencia.

Cayó con muerte previsible, anunciada, esperada. Con la muerte bella y merecida del mártir. Dio su sangre ofrecida en oblación por la Cruz y la Bandera, por la Fe y por la Verdad Crucificada.

Para inteligir lo sucedido el 27 de octubre de 1974, no hay que acudir a “las sórdidas noticias policiales”, sino al misterio de la Comunión de los Santos.

Que lo hayan matado los mismos que antes y después mataron a tantos otros —¡ay!, tantos hombres de bien!— no quiere decir que lo hayan matado por lo mismo. No lo mataron por lo mismo que buscaban segar las cabezas de mercaderes yanquis, de empleados del Club de Roma, de dirigentes radicales, de empresarios usureros o de gremialistas pseudonacionalistas, defensores de Salvador Allende. Su muerte no fue un ajuste de cuentas entre internas peronistas. Los guerrilleros distinguieron en su momento lo que hoy no saben ni quieren distinguir otros.

Y que haya muerto en democracia, bajo un gobierno constitucional, no aumenta las culpas de la guerrilla, por no respetar la voluntad popular. Prueba hasta el cansancio lo que el mismo Genta enseñaba recordando el maquiavelismo marxista-leninista: “la democracia es la vía de acceso más directa al Comunismo”.

Lo mataron por ser católico y nacionalista. Lo mató el odio rojo por luchar por el Amor de los Amores.

- V -

En vida, quisimos ser sus discípulos y seguidores.

Desde que lo asesinaron, no hemos dejado de honrarlo, recordarlo, difundirlo, y darlo a conocer entre quienes no habían tenido la gracia de conocerlo. Lo hicimos sin medios y sin los medios. En soledad, con la conspiración de silencio como sombra amenazante y artera. Lo hicimos —corriendo modestos pero concretos riesgos— sin que se enteraran ni nos acompañaran los que hoy, en buena hora, se han percatado de su existencia y se suman a la partida. Bienvenidos si vienen por la victoria pendiente, antes que por la paz gandhiana. Por el perdón tendido al que se arrepienta y enmiende con sinceridad, y la resistencia empecinada contra los herederos sanguinarios del bolchevismo, enseñoreados hoy sobre la nación. Perdonar a los criminales sin arrepentimientos ni compensaciones de sus desmanes no es virtud; es vicio y se llama lenidad. Tender la mano al homicida insolente y amenazante, no es un gesto cristiano sino absurdo.

¿Que importancia tiene que una pseudojusticia mundana —en manos de sodomitas y aborteras— declare alguna vez que el crimen de Genta o el de sus pares en el martirio fue de lesa humanidad? ¿Son acaso las categorías de Nüremberg las que glorificarán a nuestros muertos ilustres? ¿Son acaso los criterios del enemigo los que han de blanquear sus memorias insignes? No fue un crimen de lesa humanidad contra los derechos del Salvador el que se perpetró en el Gólgota. Fue el deicidio. Los deicidas siguen matando a los testigos del Gólgota. Y no hay leguleyería internacionalista que alcance para calificar a los victimarios.

Tampoco estamos pidiendo que un tribunal oportunista y mendaz investigue a los autores del homicidio, ni nos quejamos porque los pastores cobardes de este suelo hayan rechazado la sola posibilidad de introducir su beatificación. Ya dispondrá Dios, en tiempo y forma, príncipes dignísimos de la Iglesia como aquellos que beatificaron a Anacleto González Flores.

Ningún secreto encierra la causalidad formal de su asesinato. Los que lo abatieron gobiernan. Sus nombres y sus rostros, son los nombres y los rostros execrables del Régimen. Caras con muecas sicarias y rictus infames que no logran disimular los avances cosméticos.

- VI -

Dios permita que mañana, por obra de un Caudillo victorioso, se pueda consumar en la Argentina la bella magnanimidad del Valle de los Caídos. El ilustre monumento es una glorificaciòn de la Cruzada, y es a la par el gesto magnificente del vencedor que sabe perdonar y abatir los odios. ¡Qué más quisiéramos que una montaña criolla, burilando en la piedra el fin de las discordias, tras un parte de batalla que diera cuenta de que el ejército rojo está “cautivo y desarmado”. Dichosos quienes conservan este sueño. Generosidad ejemplar los impulsa y sostiene.

Pero aquí y ahora, entre nosotros, con los enemigos ultrajando a Dios y a la Patria, activa y ferozmente, no es el tiempo del Valle de los Caídos sino la hora del Valle de Elah. Aquel donde cuentan las Escrituras que David supo tumbar al maléfico Goliath.

Siempre será honesto y legítimo predicar la concordia y bregar por ella. Cuánto más si el objetivo es la libertad de los cautivos, cuyo confinamiento supera el límite de todo oprobio. Pero sépase que la concordia no ha de pedírsele a Luzbel, ni ofrecerla como garantía de conciliaciones a cualquier precio, ni exhibirla como prueba de debilidad. La primavera no volverá a reír porque le roguemos a los tiranos que escuchen nuestras buenas intenciones. Antes habrá que alistarse en una resistencia valiente para que la tiranía no termine por arrasarlo todo.

Jordán Bruno Genta está a la derecha del Padre, gozando del merecido cielo que alcanzó por asalto, al haber caído como mártir de la Fe en el más estricto y cabal sentido de la palabra. Los mártires de los últimos tiempos no serán reconocidos como tales, escribía San Agustín. No serán reconocidos por los heresiarcas. Pero el Dios de los Ejércitos pasa revista en cada alba, y un ángel arcabucero señala su presencia con un centelleo vertical de luces altas.

De eso se trata este homenaje. De decir la verdad entera.

Jordán Bruno Genta: mártir de Cristo Rey. Jordán Bruno Genta: maestro de la Verdad. Jordán Bruno Genta: católico y nacionalista.

Jordán Bruno Genta: ¡Presente!

¡VIVA CRISTO REY!
¡VIVA LA PATRIA!

Antonio Caponnetto

lunes, 26 de octubre de 2009

¿Anti..qué?


LA DESVERGÜENZA DE LA D.A.I.A.

El jefe de la DAIA acaba de denunciar un crecimiento explosivo del antisemitismo, especialmente en la ciudad de Buenos Aires. Lo ha hecho continuando el monitoreo que desde 1998 la mentirosa e impune entidad le sigue a su benévolo huésped. En el presente caso dando por segura una sumisión desvergonzada de las autoridades.

No afrenta quien quiere sino quien puede. Y bien se sabe que el antisemitismo es un conocido invento para acallar cualquier reclamo contra los atropellos a los derechos humanos, o contra las insolencias de entidades como la D.A.I.A. La misma que por su odio al cristianismo impidió la enseñanza religiosa en Catamarca, establecida por su Constitución… Obviamente sin reacciones “antisemitas” de la Mesa del Diálogo, ni de las máximas jerarquías.

Pero cualquiera sea el disparate, la intención agraviante merece un condigno repudio. Y además interrogar: ¿Qué se esconde detrás de esta maniobra? Porque —sin entrar en refutaciones improcedentes— pocos países han de contar con tantos judíos en los más altos cargos públicos (gobernadores, ministros, jueces, fiscales y funcionarios de todas las jerarquías); de propietarios de tierras más extensas que países enteros; titulares de las empresas más prósperas, vinculadas con el Poder; periodistas de toda laya filtrando ideologías y plasmando costumbres; educadores; profesionales de todas la disciplinas; etcétera, etcétera. No faltando el máximo paradigma parricida, asesor de las Madres de Plaza de Mayo. Para más —y más que una anécdota— está fresco que el jefe de Gobierno de Buenos Aires —ciudad principalmente acusada por el insolente— en Navidad engalanó 17 plazas con candelabros judíos; ha plantado árboles simbólicos en la Avenida 9 de Julio; saluda en Idish y hasta baila con soltura en la fiesta del Janucá. Preside en fin, un Estado cuyas leyes perversas están eliminando todo rastro de la vieja ciudad católica.

¡Hasta dónde llega la audacia de la D.A.I.A.!… Acusar de antisemitismo mientras el juez Rozansky, presidente del tribunal que condenó inicuamente a un sacerdote católico, se jacta de haber hecho malabarismos para encuadrar al religioso inmolado en una figura penal inexistente en nuestro Derecho… Acusar de antisemitismo cuando el Gobernador judío de una provincia argentina suprime su bandera, porque en ella campeaba una Cruz… Sin protesta “antisemita” alguna. Y mientras se realizan ceremonias promiscuas para conmemoraciones hebreas en el más antiguo templo de Buenos Aires.

Esto es el colmo; pero algo más corona el escarnio de la D.A.I.A.: al refregar la infame expulsión del Obispo Richard Williamson.

Casimiro Conasco

domingo, 25 de octubre de 2009

Ultimo domingo de octubre


FIESTA DE CRISTO REY

En el siglo III Roma comienza a sufrir el asedio implacable de los bárbaros que ya irrumpían en el territorio de la mismísima península itálica. El último emperador capaz de hacerles frente fue Aureliano; pero ya Italia había dejado de ser un lugar seguro. El emperador rodea Roma de las imponentes “Murallas Aurelianas”, reflejo de la enorme riqueza del imperio, pero también de su creciente debilidad.

Otro peligro yace en las disensiones internas. Aureliano es asesinado por sus soldados en 275. En nueve años le suceden cinco emperadores, todos también asesinados por sus propios guardias.

Como el Palatino, hogar de los emperadores, se fuera transformando en lugar peligroso, al llegar Constantino al poder en 313, se aloja en un cuartel cerca de la Vía Casilina, y ocupa una vieja villa romana, el Palacio Sessoriano, donde rodeado de tropas fidelísimas, permanecerá hasta que traslade su sede imperial a Constantinopla. Elena su madre no se irá y morirá allí. Es ella una gran coleccionista de arte romano y griego. Entre sus esculturas preferidas conserva una estatua de Juno, expuesta hoy en los museos vaticanos.

La celebridad a Elena —además de las virtudes que la condujeron a los altares como santa— vino de su excepcional hallazgo, en Jerusalén. Allí, intentando recuperar los lugares santos, excavando la ermita de Venus que Adriano, en 135, había mandado edificar sobre el Calvario, encontró el Madero de la Cruz y otras insignes reliquias. Inmediatamente las trasladó a Roma y las ubicó en el Palacio Sessoriano, en una capilla que había construido Constantino a partir de un salón. También hizo cargar toneladas de tierra del Calvario en dos naves que llenó de bote a bote y, desembarcándola en Italia, con ella reconstruyó el piso de su capilla. Era un pedazo de Jerusalén ubicado en Roma.

Sobre esa capilla el Papa Lucio II hizo construir, en el siglo XIII, una basílica románica, rehecha casi por completo en el siglo XVIII bajo Benedicto XIV. En el medioevo, de Basílica Sessoriana fue rebautizada Basílica di Santa Croce in Gerusalemme, precisamente por la tierra jerosolimitana que Santa Elena había mandado traer allí. Hoy es una de las 7 Basílicas Mayores de Roma, a mitad de camino entre San Giovanni in Laterano y San Lorenzo.

Entrando, al fondo, se ve la capilla de Santa Elena, bajo cuyo pavimento está la tierra del Calvario. Curiosamente en el altar, una copia romana mutilada de la Juno vaticana que Elena tanto apreciaba, repuesta su cabeza y sus manos y con el agregado de una cruz, representa hoy a la mismísima Santa.
El más preciado lugar de la basílica es la Capilla de las Reliquias, que custodia los preciosos recuerdos desenterrados en el Calvario por Santa Elena.

En su entrada hay un cofre de vidrio engrapado a la pared, con un travesaño de madera que dice ser parte de la cruz de Dimas, el Buen Ladrón. En una vitrina empotrada en la pared del fondo está lo que queda del Madero de la Cruz del Señor, tras su fragmentación en forma de pequeñas astillas-reliquia a través de los siglos; también uno de los gruesos clavos que atravesaron las manos del Señor y dos afiladas espinas de Su corona.

Quizá más impresionante todavía, es una tablilla casi entera en donde de derecha a izquierda, según la costumbre judía, en hebreo, griego y latín, se lee la inscripción “Éste es Jesús rey de los judíos”.

Si nos ponemos a pensar, es el escrito más antiguo que se conserva sobre Jesús, el único testimonio gráfico contemporáneo a él, el solo título —no poca cosa— que le reconoció, aunque más no fuera “in artículo mortis” y sin saber muy bien lo que decía, la autoridad romana.

Estas tablillas eran colocadas por los jueces colgando del cuello de los que iban a ser ajusticiados y, después de la ejecución, fijadas sobre sus cabezas. Contenían en una breve frase el motivo de la condena. De allí que —como el resumen de un libro en su portada— esas tablillas recibieran el nombre de titulus, título.

Se utiliza hoy este término: Título de una obra, título honorífico, de nobleza, de propiedad, académico… Ésos son los títulos que vemos colgados de la pared de la antesala del médico, del dentista o del abogado y que siempre nos pronostican dolores y lesiones a nuestro patrimonio. Esos títulos son los que se placen en hacer sonar la prensa que se ocupa del jet set y zonceras similares. A esos títulos ni siquiera los rechazan las democracias, pues una vez abolida la monarquía y la nobleza, se inventaron otros con sus respectivas jerarquías: Diputado provincial —apenas barón—, senador nacional —casi marqués—; jefe de bancada, ministro, secretario, subsecretario; condecoraciones, legión de honor, órdenes del libertador; y finalmente, grados académicos, truchos o verdaderos, y todos con su respectivo pergamino y diploma, convenientemente enmarcados…

Pues bien, de todo eso, tan moderno y tan viejo, la tablilla sangrienta con la triple inscripción de Pilatos, es el único título humano que recibió Nuestro Señor. Y no diremos que de poca monta, al fin y al cabo no era humanamente irrisorio el ser descendiente de David y con derecho de sangre al trono del pueblo elegido.
En realidad se puede decir que, en esa capilla de Santa Croce in Gerusalemme, lo que se custodia son las Joyas de la Corona: Las verdaderas joyas de la Iglesia no son las que se conservan en los llamados tesoros de las catedrales –cálices enjoyados, copones y crucifijos esmaltados, mitras recamadas, báculos preciosos, etc. Las verdaderas Joyas de nuestro Rey se guardan en la poco visitada romana basílica de Santa Cruz de Jerusalén, aunque aquí no hay que hacer las colas que se hacen en la torre de Londres para visitar las joyas reales de Inglaterra. Poco valen madera y espinas, hierro y sangre, frente a las áureas alhajas de los reyes en serio o de opereta de este mundo y de sus émulos plebeyos y cholulos.

No obstante, a pesar de Su trono de madera y Su corona de espinas y Su cetro de caña, Jesucristo fue Rey, y lo sigue siendo, porque si la autoridad, regia o democrática, es función de servicio, y no despotismo, sino sumisión a la ley de Dios y búsqueda del bien de los gobernados; y también, es caminar alerta al lado y al frente del pueblo compartiendo su vivir, eso lo hizo Cristo en la sublime política de Su magisterio y liderazgo, y en Su última y suprema batalla de Su Pasión, Crucifixión y Muerte.

Y es quizá este fin humanamente escandaloso, de estrepitoso fracaso, en donde el Título de Rey parece una burla sobre el espantoso patíbulo de la cruz, el cual condena a lo relativo y pasajero, toda utopía política de este mundo y, junto a ellas, toda esperanza puesta en los bienes de esta tierra. Aún los títulos más gloriosos, aún los puestos cumbres de la historia, aún los escalafones capaces de atraer a sí todos los tesoros y todos los placeres y todo el poder, son tildados de vanos y pasajeros en el espectáculo atroz del Crucificado Rey de reyes.

Aún más, la imagen de nuestro Rey Crucificado nos muestra que de todos los oropeles y vanidades que nos puedan lograr nuestros mundanos títulos, solo serán fructuosos y dejarán algo, aquellos que sepamos poner al servicio de Dios y prójimo.
Justamente porque es un Rey humano crucificado y dado a Su pueblo, en la Resurrección Cristo es definitivamente coronado Rey en un sentido superior. No es un desconocido rey de esa porción de tierra palestina, herencia de David, castillo de naipes, sólo valiosa porque preanunciaba el verdadero Reino, sino precisamente es Rey imperial de ese Reino definitivo, el Paraíso, que Dios gesta lentamente bajo el gobierno del Jesucristo desde los caducos reinos de este mundo.

Y ese Reino ya vive entre nosotros mediante la gracia que, desde el bautismo, nos comunica con la vida eterna, anticipo de cielo, preanuncio del Edén perfecto, y que Cristo Rey Resucitado, Señor del Universo, gobierna para nuestro bien.

Sólo en dirección a ese reino, sólo enfilando nuestra proa hacia el cielo, hacia el amor a Dios y a los demás, podrá el hombre también en este mundo, encontrar paz y tranquilidad; un mundo que no advierte que es fugaz, pasajero, preparación para el Reino Verdadero; mundo que se cierra en la búsqueda del paraíso aquí abajo, donde no se le puede hallar ni construir, y que sólo es capaz de engendrar desgracia y extravío, división e injusticia.

Hoy, Festividad de Jesucristo Rey, la Iglesia quiere que abramos otra vez nuestra esperanza hacia ese Reino al que solo Jesús nos puede llevar, y que es capaz, incluso a último momento, de regalar al buen ladrón.

Sin embargo, como estamos en este mundo, recemos también por sus autoridades: Han ocupado títulos, coronas y Casas de Olivos; es su deber imitar en algo al único verdadero Rey. Es inútil que los aborrezcamos, critiquemos o envidiemos. Están donde están, sea como fuere que hayan llegado, y pueden hacer mucho mal, pero también mucho bien. Ayudémoslos a ser mejores, recemos para que se conviertan y sean cristianos, discípulos de Aquél que aplicó todos sus títulos, toda Su vida, en noble servicio a Dios y al prójimo. Y empecemos nosotros, cada uno, cualquiera sea el título que tengamos, por dar el ejemplo.

Architriclinus