martes, 16 de julio de 2013

Históricas


AÑO 1763
PRIMERA INVASIÓN INGLESA
  
  
Pertenecemos a la progenie romana. Y al hablar de ese espíritu cesáreo e imperial forzosamente hablamos del Lacio y de su raza, con valoración  que atañe a la vida misma. Fue creación original del pueblo romano, el cual se instaló como Pueblo-Señor en un trozo de suelo dejando en la historia del mundo una impronta por siempre jamás.
  
Constancia permanente de sus esencias, las legiones imperiales prepararon la cuna de Cristo, según escribió con Verdad Hilaire Belloc. Pudiendo agregar que todo empezó cuando un Centurión tuvo Fe en Cristo y pidió la curación de su ayudante sabiendo que Jesús, podía hacerlo, sin allegarse hasta el lugar donde el enfermo sufría.
  
Y se produjo el milagro por decisión del Divino Maestro. Un Oficial con gladio fue el primero en creer en el Señor Jesucristo. El guerrero, por serlo, no fue rechazado.
  
Mensaje para los siglos. Se levantó la Cruz, primero en el Gólgota por manos deicidas y luego en las catacumbas. Más tarde en los surcos feraces de Occidente. Los romanos se forjaron sobre el yunque de la virtud que iba mas allá que todas las operativas de otras civilizaciones. A ella se la llamó Fides y de su espíritu y carne nació su imponente fuerza y ésta parió, como señalara Francisco Maldonado de Quevedo, el Derecho Privado y Público.
  
Todo lo precedentemente señalado por quien nos abrió ventanas nuevas a nuestro intelecto, está en la profundidad secular mantenida en la herencia de nuestra raza. Desenvainar la Tizona de acero toledano para el rescate de nuestra Historia, mostrando, como nos decía José Antonio, que la: “Monarquía del Yugo y las Flechas había sido un instrumento histórico de ejecución de uno de los más grandes sentidos universales”.
  
Y en esa especie de arqueología histórico-política nos encontramos con las diferentes agresiones solapadas o abiertas que fueron las que el Misterio de Iniquidad realizó contra nuestra Cristianoamérica integrada, no por colonias, sino por los Reynos del Imperio Sacro y Romano de las Españas, “martillo de herejes”.
  
El tema de esta nota es la memoria de una efeméride gloriosa, como lo fue la primera invasión inglesa al Río de la Plata, derrotada estrepitosamente. Fue un 6 de enero, el Día de los Santos Reyes, de 1763. Ya se cumplieron doscientos cincuenta años. Nadie lo recordó porque primó “el pecado bíblico de la torre”, que al decir de Rafael Sánchez Mazas “es el de la confusión, el de la escisión, con las rupturas como símbolo de decadencia”.
  
Cuando la pérfida Albión copó estas regiones la Cruz se crucificó y la Espada se envainó. Pese a todo el Imperio estaba fuerte con sus Reinos Unidos por la Corona porque continuábamos teniendo ansias con “unidad de destino en lo universal”. Teníamos Voluntad de Imperio, manteniéndose pesare a quien pesare.
  
Por eso debemos revivir aquellos aconteceres.  Por dignidad. En el Año de Gracia de 1762 llegó a San Felipe y Santiago de Montevideo la noticia de que las Españas, unidas a Francia por el Pacto de la Familia Borbón, se hallaban en guerra con Inglaterra.
  
Carlos III de las Españas buscó entonces combatir no sólo a Albión sino a Portugal, satélite de Gran Bretaña desde el Tratado de Methuen firmado en 1703 y que subordinó la Corte Católica de Lisboa a la Britania antipapista. Era la oportunidad de la renovada flota española —a finales del siglo XVIII tenía trescientos buques con 7162 cañones y cien mil hombres en mar— para aplastar a los piratas de un archipiélago de 315.000 kilómetros cuadrados que se perfilaba ya como imperio rapaz y que llegó, con el ariete masónico, a ocupar la quinta parte del globo saqueando y asesinando  hasta nuestros días.
  
Declarado el conflicto, Su Majestad Católica, envió al General Pedro de Cevallos las disposiciones a las que debía ajustarse. Éstas, en su parte sustancial decían: “…Con toda la actividad que permiten las Fuerzas a su cargo deberá dar preferencia a lo que hoy posee pues probable, como es que, Portugal se mantuviese indiferente, intenten los ingleses, alguna expedición contra Montevideo y apoderarse de Maldonado y Buenos Aires. Ha de mirar V.E. estos objetos como primero”.
  
El futuro Virrey Cevallos con la capacidad de iniciativa que lo caracterizaba y poniendo en práctica las Ordenes del Real Despacho estableció sitio a la Colonia del Sacramento estratégico enclave portugués muy poblado y defendido con gruesas murallas y buena artillería.
  
El asedio fue un duelo de cañones con  numerosas bajas. El General Pedro de Cevallos obtuvo por fin la capitulación del gobernador Silva Fonseca, al cual con caballerosidad cristiana le permitió abandonar la Colonia con sus tropas y las banderas desplegadas.

Era el 2 de noviembre de 1762.  Disfrutaba el General hispano de su victoria cuando, como reguero de pólvora, por las desgarradas y sufrientes orillas del Plata llegó la noticia. Era ésta, la aparición en lontananza de una poderosa escuadra que enviaba Su Majestad Fidelísima de Portugal compuesta de poderosos buques entre navíos, fragatas, bergantines. En cada nave flameaban los pabellones de Portugal y Gran Bretaña. Eran los refuerzos para el ausente y derrotado Silva Fonseca. El Comandante en Jefe era el Almirante inglés John Macnamara quien tenía órdenes de atacar Montevideo y Buenos Aires para dividir la defensa que pudiera intentarse para impedir llegar al Ejército portugués que ya franqueaba la zona del Chuy en el Este de la Banda Oriental.
  
Hubo entonces cambio de planes. Frente a la Ensenada del Riachuelo echaron anclas durante dos días. No les dio el cuero para entrar en el río por falta de prácticos. Faltaban horas para amanecer cuando los atacantes avanzaron de improviso sobre Colonia del Sacramento colocando la  banda de estribor a los fuertes de defensa.
  
Con el rosicler del 6 de enero de 1763 los centinelas hispanocriollos al avistar los enormes buques dieron la alarma. Venían desde el sur de la isla San Gabriel teniendo a proa el “Lord Clive” con sus sesenta y cuatro cañones, seguido por el “Ambuscade” con cincuenta piezas de artillería, el “Gloria”, con setenta bocas de fuego. En los demás elementos de transporte viajaban quinientos reclutas, setecientos hombres de tropa y seiscientos infantes de marina. Se agregaban tres buques de guerra, siete embarcaciones menores armadas y trece buques para el traslado de víveres y algún ciento más de soldados.
  
El general Pedro de Cevallos en esas horas fue protegido por la Providencia. Entre los oficiales que habían servido a los portugueses había un ingeniero francés técnico en defensa y que había cursado en la Escuela del Mariscal de Vauban, genio que le había permitido al gran Luis XIV dar un vuelco fundamental en las artes militares concibiendo las fortalezas en forma de estrella.
 
Al ingeniero militar de apellido Havelle encomendó Cevallos reforzar las defensas en los baluartes de Santa Rita, San Pedro y en una nueva Batería construida en la costa sur. El combate dio comienzo al mediodía. Desde todos los puntos se levantaron nubes de humo grisáceo acompañadas de estruendos. Eran los cañones del General Cevallos que repartían metralla sobre los invasores. El aire se cubrió de acre olor a pólvora  mientras las balas hacían saltar grandes trozos de piedra. El “Lord Clive” con su blanco velamen desplegado se detuvo frente al embarcadero mientras disparaba todos sus cañones. Por detrás suyo el “Ambuscade” y el “San Pedro de Alcántara” redoblaban sus tiros intentando barrer la playa del Colegio y el baluarte de Santa Rita.
  
El combate que llevaba horas, cuando de pronto los artilleros hispanocriollos con una bala al rojo vivo lograron el impacto perfecto en la santabárbara del “Lord Clive”, que comenzó a arder desde la popa, hasta donde se extendía la arboladura y resto de la cubierta. La nave intentó alejarse. Pero era demasiado tarde. Las llamas se extendieron por velas y jarcias.  Escuchándose en su interior fortísimas explosiones. El navío sin control escoró violentamente en el banco de la isla de San Gabriel. En poco más de una hora el orgulloso navío británico era una inmensa fogata en la que solo, en el puente de mando, estaba el Almirante Macnamara que se supone pereció quemado con su barco. La destrucción del “Lord Clive”, navío almirante de aquella flota anglo portuguesa, marcó el final de la lucha ya que los maltrechos atacantes se retiraron  en medio de un gran desorden mientras morían ahogados cientos y cientos de marinos y soldados.
  
Con las campanas lanzadas a rebato, San Felipe y Santiago de Montevideo oficiaba un “Te Deum” por el gran éxito de las armas hispanocriollas. Lamentablemente la victoria alcanzada con el sacrificio de militares conducidos por la pericia de quien sería el primer Virrey, del Reyno del Río de la Plata, el general Pedro de Cevallos, se frustró en la firma del Tratado de París. Allí se consolidó la hegemonía marítima de Gran Bretaña. Se perdió en la masónica mesa diplomática lo ganado con sangre de guerreros.
  
El 10 de febrero de 1763 se formalizaba la Paz de París entregándose la Colonia otra vez a Portugal. La situación española en el Plata había empeorado. La hegemonía inglesa era un hecho. Todo fue resultado de un mal inicio de la Guerra de los Siete Años (1756-1763) entre Austria, Rusia y Francia contra Prusia e Inglaterra en la que se había envuelto España con los primeros y Portugal con los últimos.
  
El mal comienzo continuó con un declive que no se pudo detener. Francia estaba agotada y al borde del desastre. Había perdido su Imperio norteamericano y sus bases en el Caribe estaban en manos británicas. Prusia era inquebrantable y Rusia había defeccionado. La caída de La Habana en 1762, de antemano, inclinó la balanza. Pero el Atlántico Sur ofreció resistencia a los desbordamientos ingleses. Montevideo y su área marítima formaron coraza frenando las pretensiones de las talasocracias. En el siglo XVIII frustró una segunda Jamaica. La violencia armada repetida en 1806 y 1807 y en la Guerra Grande (1838-52) reveló el poderío económico británico que no se resquebrajaría hasta 1918. Poco conocida es esa penetración suave y quintacolumnista con espías y traidores. De Hiram y sus hijos nos ocuparemos, Dios mediante.
  
Luis Alfredo Andregnette Capurro
  

domingo, 14 de julio de 2013

Sermones y homilías

OCTAVO DOMINGO
DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Romanos 8: 12-17: Hermanos, somos deudores no a la carne, para vivir según la carne. Porque si viviereis según la carne, moriréis. Mas si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos cuantos obran por el Espíritu de Dios éstos son hijos de Dios. Porque no recibisteis el espíritu de esclavitud para obrar de nuevo por temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, en virtud del cual clamamos: ¡Abba! Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio, juntamente con el espíritu nuestro, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo. Con tal, no obstante, que padezcamos con Él, a fin de que seamos con Él glorificados.

San Lucas 16: 1-9: Y decía también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado delante de él como disipador de sus bienes. Y le llamó y le dijo: ¿Qué es esto que oigo decir de ti? Da cuenta de tu mayordomía porque ya no podrás ser mi mayordomo. Entonces el mayordomo dijo entre sí: ¿Qué haré porque mi señor me quita la mayordomía? Cavar no puedo, de mendigar tengo vergüenza. Yo sé lo que he de hacer, para que cuando fuere removido de la mayordomía me reciban en sus casas. Llamó, pues, a cada uno de los deudores de su señor, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? Y éste le respondió: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu escritura, y siéntate luego, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él respondió: Cien coros de trigo. Él le dijo: Toma tu vale y escribe ochenta". "Y alabó el señor al mayordomo infiel, porque lo hizo prudentemente; porque los hijos de este siglo, más sabios son en su generación, que los hijos de la luz. Y yo os digo: Que os ganéis amigos de las riquezas de iniquidad, para que cuando falleciereis, os reciban en las eternas moradas.

La vocación cristiana impone al hombre gravísimos deberes y le sitúa ante una gran tarea a realizar. Y ello, no sólo por unos días o por unos años, sino por toda la vida y por todos los instantes de ella.

En la Epístola de hoy, San Pablo nos explica las obligaciones contraídas: no somos deudores de la carne, para vivir según la carne; al contrario, somos hijos de Dios, herederos suyos y coherederos de Cristo. Por lo tanto, hemos sido llamados a mortificar con el espíritu las obras de la carne y estamos obligados a dejarnos conducir por el Espíritu de Dios, a vivir enteramente para lo divino, para lo sobrenatural, para lo eterno. Esto nos costará lucha y sacrificios sin cuento, hasta que logremos dominar y poner al servicio del espíritu el poder de la carne.

Por el contrario, ¡cómo lucha el hombre terreno, mundano, en defensa de sus intereses! ¡Cómo lo pone todo en juego para poder conseguir sus propósitos, sus aspiraciones terrenas, temporales! Buena prueba de ello la tenemos en el mayordomo de la parábola del Evangelio de hoy.

Sin embargo, en su género y dada su mentalidad, es un hombre realmente activo, diligente, celoso, previsor: es un verdadero modelo de prudencia y de sabia actividad, que bien podrían imitar los hijos de la luz en sus afanes y luchas por la perfección espiritual, por su salvación eterna. Pero, desgraciadamente, los hijos de este mundo son más prudentes en sus cosas que los hijos de la luz en las suyas.
Somos hijos de Dios y, por lo tanto, herederos suyos y coherederos de Cristo. ¿Qué más queremos? ¿Nos falta algo todavía? Para convencernos plenamente de nuestra inconcebible grandeza en Cristo la Sagrada Liturgia presenta hoy ante nuestros ojos este doble modelo, diametralmente opuestos: el del hombre carnal y el fiel hombre espiritual, el del hijo del mundo y el del hijo de Dios, el del hombre que vive en Cristo y el del hombre separado de Cristo.

El hombre carnal es el hombre de lo presente, de lo perecedero. Sus sentimientos, sus aspiraciones y toda su mentalidad se ciñen exclusivamente a lo que existe aquí en la tierra. Está magistralmente retratado en el administrador del Evangelio de hoy.

Es un hombre que sólo se preocupa de sacar provecho de las cosas temporales y de los medios que para ello habrá de utilizar. En cambio, le tiene sin cuidado el que estos medios sean justos o injustos, lícitos o ilícitos.

Es un hombre que pertenece por completo a los hijos de este mundo. Para él no significan absolutamente nada la vida futura, los mandamientos de Dios y una vida conforme al ejemplo de Cristo, a las máximas y principios del Evangelio.

Los que son carnales no encuentran gusto más que en lo que es de la carne. La prudencia de la carne es muerte. Es enemiga de Dios, pues no se somete a su Ley. Los que son carnales no pueden agradar a Dios.

En los hombres espirituales, en aquellos que están en Cristo, que no caminan según la carne, no se encuentra nada digno de condenación, nada pecaminoso y digno de castigo. Porque la ley del espíritu les ha dado la vida en Cristo y los ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.

El Espíritu de Dios, que animó a Jesús, vive en los bautizados. Este Espíritu es el mismo aliento de Dios, es su llama vivificante, es el mismo Dios. Él es quien obra en nosotros, quien nos inunda de su vida divina, quien nos inflama con el fuego del amor divino, quien inspira en nuestro corazón los sentimientos de filial amor al Padre.

Él es quien nos hace contemplar la vida con ojos sobrenaturales, desde el punto de vista de la eternidad. Él es quien nos hace valorar todas las cosas a la luz de los designios de Dios, quien hace que encontremos nuestro contento en todo aquello, y sólo en aquello, que aprecia Dios. Él nos incita a renunciar, a despreciar todos los intereses terrenos, todo lo que aprecian y aman los hombres carnales y el mundo.

Grande, sublime es la vida del espíritu. Aunque exteriormente parezca pobre, sin embargo, en su íntima esencia, es algo enorme y extraordinariamente rico. Obscura, insignificante, inadvertida al exterior, interiormente es, sin embargo, muy poderosa y elevada. Ella nos inocula la misma vida de Dios; nos da una santa libertad, una paz y un definitivo sosiego en Dios. ¿Quién más dichoso, más libre, más imperturbable y más fuerte que el hombre vivificado por el Espíritu de Dios? Este tal comparte realmente la misma vida de Dios.
 

Vosotros habéis recibido el Espíritu de filiación. El Espíritu Santo creó en nosotros la vida de la gracia, como también fue Él quien, en el instante de la Anunciación, descendió sobre la Virgen de Nazaret y obró en Ella el prodigio de la Encarnación del Hijo de Dios. Esto fue lo que pasó en el gozoso y bienaventurado instante de nuestro Bautismo. Desde entonces el Espíritu Santo habita en nuestra alma, y expande en nosotros su efusión amorosa, el torrente de su amor, que es Él mismo.

En virtud de este amor, hemos sido hechos miembros vivos de Cristo, hemos sido incorporados a Cristo, a la Cabeza, se nos ha comunicado la nueva vida en Cristo. Impulsados por este amor, nos dirigimos, en Cristo, con Cristo y por Cristo hacia el Padre, como verdaderos hijos suyos. El Espíritu que nos ha sido dado nos encamina, nos conduce a Dios.

Mas, los hijos de este mundo son más prudentes en sus negocios que los hijos de la luz en los suyos.

Los hijos de este mundo viven la vida del hombre natural. Piensan de un modo humano. Impulsados por esta mentalidad puramente terrena, no aspiran más que a poseer bienes, a conseguir su bienestar y su honra, a vivir de lleno y exclusivamente para los negocios e intereses puramente temporales. Viven según el espíritu del mundo.

En cambio, los que han recibido el Espíritu de filiación, se dejan animar y conducir, lo mismo en sus pensamientos que en sus deseos y en sus obras, por el Espíritu de Dios.

Impulsados por la fuerza del Espíritu Santo, que habita y obra en ellos, mortifican en sí mismos las obras de la carne, es decir, el pecado, el espíritu humano y sus obras. Cuando este amor se apodera del alma, la obliga a despojarse de todos sus pensamientos, de todos sus deseos y de todas; sus aspiraciones puramente humanas y naturales. La llena de luz divina. Le hace apreciar y valorar las cosas y los sucesos según el criterio y los principios de la fe, conforme a las enseñanzas y al ejemplo de Cristo.

Si alguien, en otro tiempo, creyó que podía confiar en la carne, en su origen y nacimiento, en su educación y cultura, en sus talentos y habilidades, en su carácter, en su poder y en sus grandes obras, ahora el Espíritu le transforma de tal manera, que no puede menos que repetir con Pablo: Lo que tuve en otro tiempo por ganancia, lo desprecié más tarde por amor de Cristo.

Si viviereis según la carne, moriréis. Y, al contrario, viviréis, si mortificáis las obras de la carne por medio del Espíritu.

El Señor envía a nuestra alma, mientras nosotros no lo impedimos con el pecado mortal, el Espíritu Santo, el Espíritu de filiación y de amor. Este Espíritu de filiación nos empuja constantemente hacia el Padre, nos impulsa a vivir, en Cristo y con Cristo, en una filial, gozosa y confiada entrega al Padre y a sus intereses.

Existe en nosotros mucho de bajo, de innoble, de carnal, de pecaminoso, que lucha encarnizadamente contra el espíritu. El alma pugna constantemente por elevarse a la espiritualidad. Tantas veces como no logra triunfar y no puede revestirse de sentimientos puros, nobles y santos, otras tantas vuelven a levantar de nuevo su cabeza las pasiones del hombre bestial, carnal, animal.

Por eso se encuentra siempre entre esta doble alternativa: o luchar incansablemente contra el bajo hombre, o sucumbir ante el poder de las pasiones bestiales y convertirse en prisionera, en esclava de lo innoble, de lo abyecto, de la carne y de sus concupiscencias. Si quisiera renunciar a la lucha, se convertiría en traidora de su propia espiritualidad, se haría enemiga de su propia vida, atentaría contra su misma existencia... En ese caso, renunciaríamos a convertirnos en hombres verdaderos, nobles, completos; despreciaríamos el ser hijos de Dios; renunciaríamos a la nobleza, a la libertad, a la dicha de los hijos de Dios.

La filiación divina sólo puede obtenerse mediante una encarnizada y constante lucha contra la ley del pecado, contra la concupiscencia de la carne, contra la concupiscencia de los ojos y contra la soberbia de la vida.

El Espíritu Santo nos enseña que el verdadero y único camino para la nobleza natural y para la espiritualidad sobrenatural se encuentra en la lucha, en la austera y continua ascesis, en el constante vencimiento de uno mismo.

En la santa Confirmación se nos dio el Espíritu Santo como Espíritu de fortaleza; Él no quiere otra cosa que conducirnos, por el triunfo sobre la ley de la carne, a la perfecta filiación divina.
 

La ley del Espíritu Santo es la ley de la santa libertad. Es la ley de los hombres, a los cuales hace vivir según la medida y las normas establecidas por Dios. Él abraza, domina, desarrolla y fecundiza todo cuanto de grande, de noble y de santo ha puesto Dios en el corazón humano.

Esta ley del espíritu es la que nos libera del pecado y de las faltas. Es la que engendra en nosotros un alma clarividente y perspicaz, capaz de ver y descubrir lo divino en todas las cosas, inclinada siempre a lo recto, a lo noble, a lo divino. Es la que nos libera de las cadenas del egoísmo y de las malas pasiones, y la que nos eleva hasta la santa libertad de los hijos de Dios.

La ley del espíritu es la ley de la santa libertad, es la ley real que nos eleva por encima de los limitados horizontes del mundo presente, nos llena de fuerza, de superioridad y de triunfal convencimiento y nos reviste de sentimientos regios e imperiales.

La ley del espíritu quebranta las cadenas de nuestra natural indolencia, de nuestra tibieza para el bien, de nuestra desgana para todo lo religioso, para el cultivo del hombre interior. Nos hace libres, ágiles, expeditos, fuertes.

Respetemos, pues, la ley del espíritu. No nos sometamos a ella a la fuerza. Al contrario, abracémosla con entera libertad, fervorosamente, con plena y gozosa generosidad. La ley del espíritu constituye toda nuestra vida. Convenzámonos bien de esta verdad. Es una ley que responde a las más hondas exigencias de nuestra naturaleza, sedienta de Dios, de verdad, de bondad, de belleza y de perfección. Es una ley que sólo aspira a hacernos libres, a redimirnos, a elevarnos, a saturarnos de fuerza y de vida divinas.

En la ley del espíritu residen nuestra vida, nuestra libertad y la plenitud de nuestra filiación divina. No olvidemos que somos hijos de Dios y coherederos de Cristo... pero que los hijos de este siglo son más sabios su generación, que los hijos de la luz...

viernes, 12 de julio de 2013

Nacionales


LA INDIGNIDAD
  
  
La mañana del 13 de marzo —cuando comenzaba el Cónclave y con él las lógicas y legítimas conductas devocionales de la grey católica— una banda de enajenados que se autotitula Movimiento Popular La Dignidad, tomó por asalto la Catedral de Buenos Aires.
  
Los motivos invocados no vienen al caso; y lo decimos ex profeso. Porque los que se expresaron como tales no justifican en absoluto el copamiento de un templo católico. Para ser honestos, hubiera sido tan descabellado e improcedente entrar por la fuerza a una sede religiosa de cualquier otro signo. Si de defender la educación pública se trataba, o del reparto más equitativo de los subsidios gubernamentales, cabían mil medidas de protesta, en otros tantos sitios de la ciudad.
 
Pero no. La naturaleza manifiestamente marxista y repugnante de la canalla que protagonizó los hechos, lo que buscaba era profanar la casa mayor de la catolicidad porteña, en una fecha de particular recogimiento espiritual; y eso hicieron, durante largas horas. Ante la pasividad cómplice de ambos gobiernos —el nacional y el porteño— y la aquiescencia del clero, supuestamente a cargo del templo, cuya mayor osadía fue negociar una tregua con los asaltantes, para que no hicieran tronar sus bombos y sus vómitos durante la misa matutina. Es comprensible; el padrecito Alejandro Russo —actual rector catedralicio— no tiene precisamente el perfil apolíneo de los mártires de Barbastro.
 
La noche de ese negro día profanatorio, una taberna —o cosa parecida, de los tantos predios y bienes materiales que regentea “La Dignidad” con evidentes apoyos oficiales— fue atacada por algunas personas, en lo que pareció ser una clásica actitud reactiva e indignada al sacrilegio que previamente se había perpetrado. Desde entonces y hasta hoy una marejada de ayes, quejas, lamentaciones y jeremiadas no cesan de emitirse desde los multimedios de los profanadores, bajo el indigno y común denominador de arrogarse ellos el carácter de víctimas, como si nada, absolutamente nada, hubieran protagonizado previamente que los colocara en el lugar de victimarios. Sin mengua claro, de amenazar con repetir el modus operandi cuando lo crean conveniente.
 
Hagamos sencillísima la comprensión de esta breve crónica, para que algún tarado —de los que nunca faltan— no quiera pescar en río revuelto o lanzar acusaciones al voleo. Porque las cosas son fáciles y trágicas de comprender a la vez: no se puede causar un daño impensado, imprevisto, artero e injustificado sin que el mismo suscite alguna reacción en el ofendido. Está en la lógica de los hechos —y hasta en su misma dinámica física— que si le tiro una trompada a alguien, sin causa ni motivo, el otro me la quiera devolver. Ergo: o no trompeo a nadie sin razones, o me aguanto la piña del atacado. Entonces, muchachos de “La Dignidad”, pónganse de acuerdo con ustedes mismos. Si hacen la Revolución con los dineros de Macri, Lázaro Báez y Cristóbal López, lo más aconsejable es no pasarse de locuras. Porque si se hacen los loquitos más allá de los límites burgueses permitidos por sus millonarios patrones, siempre habrá un cuerdo —esto es, alguien poseído de santa locura— que no esté dispuesto a que le copen la parada.
 
La Dirección
  

miércoles, 10 de julio de 2013

Mentiras de la historia oficial


EL “CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE LA PERLA”
  
Uno puede saber muchas cosas, por aquella ventaja del diablo, que “sabe por diablo, pero más sabe por viejo”. Y así no puede menos que compadecer a quienes, tras arduas investigaciones, terminan creyendo saber lo que no saben.
  
Lo digo por un padrecito jesuita que firma Gustavo Morello S.J., y publicó  el pasado 14 de febrero, en HOY DÍA CÓRDOBA, algo titulado “La Perla y Primatesta” (http://www. hoydia.com.ar/magazine/item/18441-la-perla-y-primatesta.html). Aclaro que no defiendo a Primatesta si es que lo necesita y que nunca fui su amigo.  El pobre Padre Morello declara “hace años que estudio, desde la sociología, el tema de lo religioso y la violencia política…” Lástima de tiempo malgastado. Como viví lo que él cree haber estudiado, le aportaré algunos datos testimoniales.
  
La Perla no fue un “campo de detención clandestino”. Durante la guerra no declarada legalmente que vivimos entre 1964 y 1989, y cuya existencia está reconocida en la Sentencia 13 de la Suprema Corte de Justicia, cuando condenó a los Comandantes en Jefe, cualquiera sabía que La Perla era un puesto en el campo de maniobras del Tercer Cuerpo de Ejército, cuyos edificios se veían desde la autopista a Carlos Paz. Los militares durante muchos años se negaron a combatir al terrorismo, permitiendo los asesinatos, las bombas y los atentados en los que morían civiles, políticos, jueces que habían encarcelado a terroristas, etc., a veces asesinados con sus hijos o familia.
  
Recuerdo en particular, bajo el gobierno democrático de Isabelita, el año que murió Perón, los asesinatos de los Profesores Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri, filósofos católicos. Pero los militares no querían actuar: en todo caso era “asunto policial”.
  
Así que cuando el Gobierno Democrático ordenó “la aniquilación de la guerrilla”, hubo que improvisar todo: el Estado no estaba preparado para enfrentar la agresión de miles de combatientes armados, adoctrinados casi siempre en las universidades estatales y católicas, dirigidos militarmente desde Cuba y espiritualmente por “capellanes” tercermundistas. Hablo de los que conocí, por ejemplo, de Milan Viscobich, Erio Vaudagna, “El Gato” Rivarola, Marcelo Sarrailh, Guillermo Mariani, Oreste Gaido y otros que no traté tan cercanamente porque yo colaboré con los de mi parroquia.
  
Me consta la filiación espiritual del famoso terrorista Miguel Ángel Barrionuevo, (mi exalumno que colocó ocho bombas en el Palacio de Justicia en 1971 y murió tiroteándose en la Ruta 20), dirigido por Vaudagna y por Monseñor Angelelli.
 
Conociendo mis estudios de Santo Tomás, Vaudagna me contaba que el “prefería leer el Evangelio desde otra filosofía, de alemanes”, como Karl Marx. Y eso, dijo, enseñaba desde sus cátedras en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Loreto, de la Arquidiócesis de Córdoba. Y también es cierto que no encontraba mejor representación humana del Verbo Encarnado, que el “Che” Guevara, centro del pesebre navideño parroquial.  En cambio, Marcelo Sarrailh, sobre Santo Tomás de Aquino me dijo que “era un ignorante: no sabía teología bíblica”. Aún conservo un pergamino firmado en agradecimiento por las clases que me pidieron para la juventud parroquial, y que duraron dos domingos.
 
Así que cuando los militares no tuvieron más remedio que obedecer al Gobierno civil y enfrentar al terrorismo marxista, no estaban preparados.  Morían de ambos lados en los enfrentamientos callejeros, y cuando los vecinos denunciaban talleres de armamento, cárceles “del pueblo” (cuevas o agujeros donde retenían y torturaban a las personas secuestradas, antes de asesinarlas) o depósitos de armas clandestinos, los detenidos en la acción eran llevados a instalaciones militares, porque no cabían en las policiales ni penitenciarias.
 
Ciertamente, fueron cientos de estudiantes universitarios, (mis compañeros a veces), hijos de familias burguesas acomodadas, los que pasaron por instalaciones militares: algunos —como mi amigo y colega Carlos Álvarez Igarzábal— fueron devueltos a su casa por comisiones mandadas por oficiales, ofreciendo disculpas a su esposa tras haber comprobado su inocencia. Otros permanecieron allí y salieron pese a su militancia en el PRT, como mi compañero Luis Reyes,(1) y otros desaparecieron.
 
Las instalaciones de La Perla no eran clandestinas, y estaban reguladas por las reglamentaciones legales. En Córdoba, eran las más apropiadas para concentrar detenidos, en razón de sus condiciones: aislamiento de vecindarios, tamaño, posibilidad de dar seguridad. Como los terroristas elegían blancos donde hubieran muchas víctimas, (como oficinas muy concurridas, galerías comerciales céntricas, dependencias públicas),  se trataba de no poner en peligro a la población civil.
 
De modo que el “Centro Clandestino de Detención de La Perla” es un invento posterior, no sé si de las Madres de terroristas, de las Abuelas de hijos de terroristas, de los HIJOS de terroristas, o de los mismos terroristas sobrevivientes y gobernantes.
 
Y algo más sobre los “cristianos comprometidos” que alude el padrecito Morello: los que conocí no estaban “comprometidos” con las necesidades de los más necesitados: estaban “comprometidos con la violencia revolucionaria”, me consta que predicaban la lucha de clases marxista.
 
En cambio, en las barriadas polvorientas de casuchas miserables (a veces, en la única habitación, la familia convivía con el caballo que tiraba el carrito usado para seleccionar basuras. Y de eso comían, bajo gobiernos democráticos y “populares”. Y allí rezaban), que mi esposa, asmática, recorría bajo el sol llevando a la Virgen y anotando necesidades, y que los párrocos “comprometidos con la opción por los pobres” se negaban a incorporar a sus parroquias, se daba atención espiritual, misas y sacramentos. Pero eso lo hacían el Padre Miguel Ángel Regueiro, el Padre Roque Puyelli, el Padre Fr. Tadeo Coradazzi, el Padre Iván Rolando Luna, el Padre E. Maidana, y otros veteranos de Malvinas, porque casualmente, eran Capellanes Militares. Y fue el Padre Regueiro, con personal militar voluntario del Ejército argentino, quienes construyeron casitas a la víctimas del tornado en el pobre Barrio San Roque… ¡Qué lindo sería que la sociología del Padre Morello incorporase estos datos…!
 
Y una más: cuando dice que “los católicos comprometidos… nunca abandonaron la iglesia católica”, vuelve confundirse: la mayoría de los “tercermundistas” que nombra, abandonaron el ministerio sacerdotal para casarse o convivir, aceptaron lucrativos puestos gubernamentales y arrojaron la máscara católica para definirse marxistas revolucionarios, y algunos, defensores de la homosexualidad y la ideología de género. Un apóstata y rebelde contra Roma, ¿abandona o no la Iglesia?
 
Quiero creer que el R.P. Gustavo Morello, S.J., es hombre joven, que no vivió esos tiempos, y es víctima de la propaganda mentirosa.  ¡Vea qué sociología!
  
Edmundo Gelonch Villarino
  
(1) Compañero al que debo gauchadas; una de ellas, avisarme que sería asesinado en 1973 si no dejaba de enseñar en la Escuela de Aviación. Figura como “desaparecido” (CONADEP), pero ha tenido actuación pública posterior a 1984.
 

domingo, 7 de julio de 2013

Doctrinales


CRITERIOS DE ACCIÓN POLÍTICA
  
  
Una necesaria disquisición —para quienes tenemos la gracia de ser católicos y argentinos, y la desgracia de estar inmersos hasta lo impensable en una revolución cultural que parece no haber dejado rincón por destruir— es preguntarnos con cautela qué criticamos cuando criticamos.
 
Podemos estar disconformes con la ideología reinante, pero sin sólidos criterios morales terminaremos creyendo —por ejemplo— en el voto castigo, sin darnos cuenta de que —así como están dadas las cosas— el verdadero castigo es el voto.
 
Ya lo sabemos, el fariseísmo a coro rasgará sus vestiduras diciendo que no somos amigos del pueblo.  Pero no es precisamente a la legítima y necesaria participación orgánica del hombre en lo atinente al bien común a lo que aludimos. Es a esta parodia liberal, demagógica y maquiavélica que funge de gerenciadora nacional.
 
Pero vamos a lo nuestro; queremos que la tristeza que hoy embarga a todo argentino bien nacido, sobre cuyo corazón cae diariamente un azote y una afrenta, no opaque las directrices básicas con las cuales debemos “pensar la Patria”, ni desvirtúe las anheladas opciones políticas del cristiano.
 
¿A qué apuntamos? Pongamos algunos ejemplos sueltos:
 
La figura de Guillermo Moreno no es nefasta —como lo es, de hecho— porque sea descaradamente frontal, desprecie abiertamente el dialoguismo a ultranza, y le ponga el cuerpo a sus ideas. El Inadi no es perverso porque censure y reprima, ni porque pretenda ponerse en custodio de algún supuesto tipo de bien social intangible. Tampoco porque denuncie públicamente todo lo que se aparta de las líneas generales del gobierno reinante, o recurra a la justicia —presuponiendo que aquí existiera— y hasta al castigo de la cárcel si fuera preciso. La Cámpora no es reprochable por conformarse de juventudes militantes que pretenden ser el brazo fuerte y el grupo de choque de quien gobierna. En fin, no reprobamos siquiera un calendario sembrado de feriados porque existan nutridas —y cada vez más— celebraciones que se van intercalando en el ritmo cotidiano del trabajo y la rutina. Objetar equivocando el sentido de la objeción resulta funcional a la expansión de la patraña.
 
Ir a la raíz es preguntarse a quién se sirve: a la verdad o a las mentiras ideologías. Lo que cualifica son los fines, y más propiamente el Fin. Claro, ellos —los fines— disponen, orientan, sugieren, prefiguran los medios. Para quien no cree en Dios cualquier medio está permitido, y aquí ya comenzamos a hacer el diagnóstico diferencial de fondo.
 
Lo reprochable de Moreno es que mienta y robe abierta e impunemente; lo indignante es que la fuerza ejercida, al no estar movida por la justicia, resulta palanca del mal. Que para él y su camándula el fin justifique los medios, con un franco desdén por los criterios morales: eso es lo sublevante. Que, en las antípodas de la genuina política, su principio y fundamento sea acumular e incrementar poderes, no servicios a la Nación. No es el desprecio al supuesto clamor popular lo que nos preocupa, sino la burla al hombre sencillo, al ciudadano de bien, al argentino de sentido común.
 
El Inadi es perverso porque su fin propio es hacer la guerra al Creador y al Orden Natural, y ser custodio de la soberbia, madre de todos los pecados capitales. El Inadi es represor, pero no lo acusamos de ello, sino de reprimir el Bien. Es discriminador; pero tampoco radica aquí su culpa, sino en discriminar a la Verdad. Es censor, pero bueno sería que lo fue, y más aún, si el objeto de su censura fuera la inmoralidad.
 
Lo reprochable de La Cámpora es que sus integrantes sean mercenarios y sicarios de una tiranía marxista; no jóvenes dispuestos a luchar y a promover su ideario. Lo que los vuelve condenables a sus miembros es vender el alma al mejor postor y ponerle precio a los amores. Es hacer alarde de una valentía disfrazada de patoterismo impune y anónimo.
 
En fin, la vergüenza de nuestro calendario, es trocar el sentido cristiano y patriótico de la fiesta por la mentira oficial plasmada en el almanaque; es hacer de la alegría pagana el motor forzado de un pueblo que nació bajo la protección de María Santísima y la inspiración de los santos. Es inventar puentes para demostrar por lo mismo el poco peso vital que tiene un día auténticamente festivo.
 
Entonces —como en El nuevo gobierno de Sancho—, si el querido Padre Castellani nos permitiera por un momento soñar con él una Argentina Católica, digamos con certeza que puestos en tales circunstancias quienes gobernaran deberían aplicar la mayor reciedumbre contra los enemigos del orden, la mayor conmiseración para el indefenso y un contundente vigor para mandar a todos. Un jefe que cuando diga blanco sea blanco, y cuando negro, negro.
 
Desde ya que debería existir una institución especial que censurara el error, que persiguiera la herejía, que castigara el escándalo. Todo lo que ofendiera a Dios, la Patria y la Familia sería detectado rápidamente y reprimido. Diríamos entonces, una vez más, que la juventud, por estar hecha para el heroísmo y no para el placer, será la gran invitada a alistarse en el escuadrón más glorioso que pudo existir: el de la Iglesia Militante. Alistada para que defienda sus amores con la oración, con la palabra, con el ejemplo y con los brazos. No serían mercenarios a sueldo, sino soldados de Cristo Rey. No el tío Cámpora sino el Arcángel San Miguel resultaría el patrocinante de la Legión.
 
Desde luego que el calendario tendría un peso vital en la marcha de la vida social. Pero sus fiestas palpitarían al unísono con el corazón de la Iglesia y de la verdadera historia de la Patria, ésa que nos han secuestrado y que es preciso rescatar. El día de la Asunción de Nuestra Señora y de Corpus Christi volverían a ser días gloriosos en el alma festiva de la Argentina.
 
Gritaremos una vez más, para que no haya malos entendidos: nuestros amores son incompatibles.  No hay paz posible entre Cristo y el mundo. No anhelamos la belleza inaugural de la Patria ni presentimos el poético nuevo amanecer porque nos inspire una acaramelada novela de moda o nos guíe una imaginación dislocada. Es la esperanza cristiana la que prefigura la belleza eterna de las cosas, es la verdadera poesía, la que promete, la que señala el norte muchas veces oculto en la marcha terrena de la historia; es la vocación inalterada de la Iglesia y de la Patria, que mientras más se traicionan más claman rugientes desde sus entrañas juramentándonos a la última y definitiva restauración.
 
Por todo esto, seguiremos siendo católicos y nacionalistas.
  
Jordán Abud
  

viernes, 5 de julio de 2013

De pluma ajena

¿POR QUÉ ESTAS NOTICIAS
NUNCA SON NOTICIA?
 
RABINO PEDERASTA CONDENADO A 103 AÑOS EN PRISIÓN
 
Nueva York, Estados Unidos. Un juez condenó hoy a 103 años de cárcel al líder judío ultra-ortodoxo Nechemya Weberman, del barrio neoyorquino de Brooklyn, por abusar sexualmente en repetidas ocasiones a una menor de edad.
 
Weberman, de 54 años, fue sentenciado después de que una joven de 18 años denunciara que cuando tenía 12 años sufrió abuso sexual por parte del rabino cuando éste desempeñaba sus funciones de consejero religioso, pese a no poseer licencia. Según informaron medios locales, Weberman no mostró ninguna reacción cuando el juez lo condenó y aunque no realizó ningún tipo de declaración, su abogado señaló que apelará la sentencia. Esta condena rompe con el hermetismo que caracterizaba el sector judío en la Gran Manzana, concentrado en la zona de Williambsburg, donde no es habitual las denuncias dentro de la comunidad. Desde que el rabino fue declarado culpable por un jurado el pasado 9 de diciembre, la comunidad judía se dividió entre los defensores y detractores del rabino.
 
Así, un sector criticó duramente a la víctima y defendió a su líder religioso, mientras que otro apoyó públicamente la valentía de la joven, que ya se ha convertido en un referente para las jóvenes que se encuentran en una situación similar. La tensión en Williamburg tras conocerse la noticia se plasmó en la agresión que sufrió uno de los defensores de la víctima, Nuchem Rosenberg, herido después de que un desconocido, que posteriormente fue arrestado por la policía, le arrojara lejía en la cara.  Rosenberg es conocido entre los judíos neoyorquinos por poseer una página web donde publica los casos de abuso sexual en la comunidad judía, ya que habitualmente el silencio y el secretismo envuelve los abusos, que pocas veces acaban en una denuncia. De hecho, el fiscal del distrito de Brooklyn, Charles Hynes, se comprometió recientemente a tomar medidas contra la intimidación que sufren las víctimas por abusos dentro de la comunidad judía ultra-ortodoxa, que en muchos casos trata de encubrir estos delitos. Antes de la agresión, Rosenberg se pronunció en contra de Weberman por el caso de abuso a la menor, aunque la policía no encontró ningún vínculo entre ambos sucesos.
 
En Estados Unidos se concentra gran parte de la comunidad judía en el mundo, con 5,3 millones de personas, detrás solo de Israel, con cinco millones y medio, lo que convierte al pueblo judío en uno de los sectores con más influencia en el país norteamericano.
  
http://www.haaretz.com/jewish-world/jewish-world-news/n-y-hasidic-counselor-sentenced-to-103-years-for-sexual-abuse-1.495663

miércoles, 3 de julio de 2013

Editorial del número 103


LA DÉCADA INFECTA
  
Ha corrido demasiada tinta a propósito de la reforma judicial, y por cierto que no se nos escapa la maniobra política que subyace tras la misma. Si de concentrar el poder tiránicamente se trata, este gobierno es tan especialista en hacerlo como en acumular riquezas mal habidas. De modo que, en principio, sean bienvenidos los reparos y los obstáculos que algunos representantes honorables de la justicia puedan presentarles a los titulares de este régimen atroz, para atemperar en algo el avance arrollador de sus atrocidades.
  
Sin embargo, en el fondo del planteo, es Cristina quien tiene razón y no sus impugnadores. Una razón endiablada y pervertida, pero razón sustentable.  Es ella quien gana la partida de la lógica, y no sus contendientes. De una lógica igualmente malsana, pero sin fisuras en el despliegue de su ruin coherencia.
  
Expliquemos el punto. Si la democracia ha sido deificada, idolatrada y adorada hasta las heces; si ella viene siendo predicada como objeto sacro por antonomasia, ante la cual ceden tiaras, cetros, altares y plazas públicas. Si sus correlatos naturales, el sufragio universal y la soberanía del pueblo, son los pilares que la flanquean, igualmente dotados de inmaculada sustancia, ¿por qué la justicia no habría de democratizarse?, ¿por qué sustraerla del Jordán purificador del voto de las masas?, ¿por qué someterla al aristocratizante ludibrio de permanecer en un ámbito exento del calor de las urnas, de la pringue de las papeletas electorales, del aliento tabernoso de los punteros, del vivificante hedor de los comités? ¿A título de qué extraño título nobiliario los miembros del Consejo de la Magistratura quieren verse privados del olor de multitudes que, sabias e infalibles como son, ora pueden decidir quién juzga, ora quién legisla u ora quién nos opera del corazón o del páncreas?
  
En el Prefacio de la Crítica de la razón pura, Kant se los había dicho, y todos lo repitieron dócilmente. ¡Basta de intangibilidades! ¡Basta de objetos y sujetos metafísicos, no legitimados por el baño numérico de la plebe! “Nuestra época es, de modo especial, la de la crítica. Todo ha de someterse a ella. Pero la religión y la legislación pretenden de ordinario escapar a la misma. La primera a causa de su santidad y la segunda a causa de su majestad”. Ergo, sea acusado de crimen de leso populismo quien osare sustraerse a la crítica, y a la más impoluta y certera de todas ellas, la de la mitad más uno. Tras haber reemplazado a la Verdad Revelada por la Democracia, y a Aristóteles por Kant, ¿de qué se quejan ahora?
  
El insensato Lorenzetti, que en nombre de la religión democrática justifica y convalida, entre otras aberraciones, el cautiverio contra derecho de los soldados que abatieron al marxismo, acaba de descubrir que “las mayorías son muy importantes en democracia porque guían hacia dónde va el país, pero también son las que cometen muchas equivocaciones”; y que “la gobernabilidad basada en las elecciones deja muy de lado a las futuras generaciones”.
  
Lo dijo en Paraná, el pasado 16 de mayo, en una Jornada Nacional de Magistrados, esbozando una objeción al proyecto cristínico de pasar por las urnas a todo jurisconsulto que camina. No quiere advertir la aporía en que incurre al declarar guías de una nación a las mayorías electorales, pero sostener a la par que las tales aglomeraciones amorfas pueden equivocarse magnamente.  Ni quiere advertir la herejía en que incurre al ponerle condicionamientos y límites al credo del que el universo entero se nutre: vox populi, vox Dei.
  
Como alguien tiene que decir la verdad es nuestro lema, también la diremos ahora. Democratizar la justicia es malo, porque la democracia lo es. Todo cuanto ella roza lo enferma, lo degenera, lo emputece, lo subvierte.  Sea el derecho, las costumbres, la educación o la política. Cristina no yerra primero al querer doblegar la justicia al poder del sufragio universal. Yerra, como tantos católicos incluso, al creer en la licitud de tan perverso e irracional mecanismo, y en la deificación de la democracia.
  
Entonces, no se siga repitiendo insensatamente desde la “oposición” que estas y otras medidas análogas convierten al régimen kirchnerista en fascismo, o que nos retrotraen a los comienzos del Tercer Reich, como editorializó tartufamente “La Nación”, el pasado 27 de mayo. Aquí no tenemos el fin de la República de Weimar, ni los pródromos de la Marcha sobre Roma. Aquí tenemos una banda de delincuentes dedicados a la política, consumando —democracia mediante— una década entera de hechos aborrecibles, que por su repugnante amplitud y hondura, bien permitirían hablar de la década infecta.
  
Para que llegue la hora de la pulcritud patria, no se necesita seguir convalidando al sistema. Sino incrementar y acrecentar los actos virtuosos en todos los ámbitos sociales en que podamos testimoniar la Verdad.
  
Antonio Caponnetto

  

martes, 2 de julio de 2013

Mirando pasar los hechos


REMEDOS Y REMEDIO
  
Una modalidad especialmente repulsiva de la política anticristiana, hoy día consiste en aparentar sentimientos piadosos al tiempo de ejecutarla. Acaso por cierta perversidad que se cuida de provocar martirios y busca en cambio confundir, alimentando el relativismo diluyente de las convicciones heroicas. Sea con tal intención o sin ella, la perseguidora local se ha dirigido al Papa para el día del Pontífice en términos que superan lo imaginable. Adoptando para ello la familiaridad guiñolesca de una feligresa pía, con desprecio del estilo protocolar que habían guardado sus ayudantes: “Me mandaron –le explicó al Pontífice– un modelo de carta que parecía escrita de compromiso protocolar del siglo XII. Les dije eso no lo firmo… Así que me tomé la licencia de dirigirle una carta (acepté que fuera dirigida a Su Santidad, bla, bla, bla) tampoco es cuestión de no aceptar nada”.
  
Realmente, sin comentarios… Salvo apuntar que por momentos la marioneta observa inclinaciones al manoseo, conforme lo hiciera pisoteando las instituciones políticas para encumbrar al ignaro comparsa de los negocios raros con alteregos extraños. No hace mucho, a la usanza de piadosas princesas antañonas, se acercó a declamar frente a las puertas del templo de Itatí. Y luego saineteó en la devota recepción junto al impío Maduro de la imagen sagrada que les trajera un solícito prelado. Todo junto a reírse de la excomunión que mereciera la política contra natura y la Ley de Dios. Frente a tantos vejámenes al sentido común y al bien común, por estos días la conmemoración de San Juan Bautista orientaba hacia el auténtico remedio. Con el magno ejemplo de hombría y santidad –modelo ante todo para religiosos y políticoshasta afrontar el martirio en defensa de la verdad, la moral y la justicia. Simplemente enrostrando al tirano lo que no es lícito…
 
Casimiro Conasco
Junio de 2013
  

lunes, 1 de julio de 2013

Aviso

Amigos:
Acaba de salir un nuevo libro de mi autoría, titulado:
Notas sobre

JUAN MANUEL DE ROSAS
Buenos Aire, Katejon,2013, 275  ps.


        Es una defensa del Restaurador, presentado como héroe católico, contrarrevolucionario, hispanista y tradicional, contra los antirrosismos
de diversos signos historiograficos, y contra el pseudo revisionismo oficial.

        Les adjunto la tapa y el índice.
   

        Para adquirirlo, les pido por favor que se pongan en contacto con: katejon@outlook.com ,
con el Ing. José Díaz: (011) (15) 6133-4150,
o con su esposa, Romina A. de Díaz: (011) (15) 6237-5117.
        Muchas gracias
ANTONIO CAPONNETTO
Se agradece difundir
   
Indice


Presentación...................................................................... 9

UN HOMBRE DE LA TRADICIÓN......................................15
   Esquema sobre Rosas......................................................15
   El Príncipe Católico.........................................................16
   El Contrarrevolucionario................................................38
   El Hispanista...................................................................57
   El monarca sin corona.....................................................66

ROSAS: LA FALACIA DE LA ANGLOFILIA........................ 131

ROSAS Y LA IGLESIA........................................................ 173

ROSAS: ASPECTOS DE SU POLITICA POBLACIONAL....... 191
   Un homo conditor criollo................................................ 191
   El estanciero patriota...................................................... 194
   El Comandante General de la Campaña........................... 202
   El civilizador................................................................... 208
   El Conquistador del Desierto........................................... 213
   La política de tierras públicas.......................................... 218
   Política inmigratoria y demográfica................................. 226
   Política realista del arraigo.............................................. 234

ROSAS Y PALERMO........................................................... 237

RESPUESTA A FEDERICO ANDAHAZI............................... 245
   El porno cipayismo de Federico Andahazi........................ 246
   Agravio absurdo a Juan Manuel de Rosas......................... 246
   La verdad sobre Eugenia Castro........................................ 248
   Héroe pero no santo.......................................................... 251
   El libertador de cautivas.................................................... 253
   Entre mentiras y vampiros................................................ 255
   Respuesta a Página 12: Andahazi anda así......................... 258
   Carta a Juan Manuel Bordón: Andahazi y Fritzl................ 261

LO QUE FALTABA: EL ANTIRROSISMO ABORTERO.......... 265
   El aborto de la intelligentzia nativa................................... 265
   Trillados sofismas............................................................. 266
   Pacifismo ramplón............................................................ 270
   El antirrosismo en acción.................................................. 271
   La mentira del embarazo de Camila O’Gorman................. 273