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lunes, 27 de mayo de 2013

Nacionales


SEGUNDO HUNDIMIENTO MONTONERO DE LA A.R.A. “SANTÍSIMA TRINIDAD”
  
La fragata misilística A.R.A. “Santísima Trinidad” ya había sido mandada a pique por buzos tácticos de la banda marxista aviesamente llamada Montoneros, los cuales le atracaron y detonaron una poderosa carga explosiva en su casco cuando estaba próxima a su botadura en los Astilleros Río Santiago. Fue el luctuoso 22 de agosto de 1975, como parte de una cañada (ola de bombas) en todo el país (destruyendo así vidas y bienes) para conmemorar el tercer aniversario de la “masacre” de Trelew. Sólo a una gavilla de cipayos de Moscú y de La Habana se le podía ocurrir un ataque a un buque de guerra argentino en trance de tener que afrontar conflictos armados nada hipotéticos con la geofagia chilena y la secular ocupación británica de territorios nuestros. El hecho histórico indiscutible e irremisiblemente infamante de hundir un navío de nuestra Armada se ha repetido en nuestros días, en este bochornoso enero de 2013 (“Nunca Pasa Nada en Verano”, solía decir el autor). La causa ha sido el odio, la incuria e inopia de un gobierno montonero que ha dejado inactivo largos años a un buque Veterano de Malvinas hasta que la corrosión (consecuencia de la corrupción y otras virtudes K) lo ha despenado tras lenta agonía.
Podemos decir que los ya viejos traidores a la Patria de 1975 se han dado finalmente el gusto con treinta y ocho años de retardo (la venganza es un manjar que debe servirse frío), gracias al incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos como la Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, su anterior Ministra de Desarme, la o el actual titular de la cartera (con cara caída de vergüenza, según dijo), los sucesivamente purgados mandos navales (de algún modo hay que llamarlos) y los de quienes vieron entrar el agua sin atinar a poner una sopapa y dar la novedad a tiempo.
Por supuesto que las sanciones anunciadas por el caricaído ministro se limitarán al personal militar —excluyendo, eso sí, a la Comandanta Suprema negligenta e ineficaza— como ya sucedió con el escandaloso tema de Tema (en la hermana República de Ghana) pudiendo perder su carrera algún oficial superior o Cabo 2º descuidado, que lo tendrán bien merecido por heredo-represores…
En el muy imborrable año 1975, la cipayísima banda de delincuentes terroristas marxistas “Montoneros”, tan elogiada y recompensada por ambos presidentes KK, se dio el lujo de atacar ese año Unidades de cada una de las tres Fuerzas Armadas argentinas como parte de su proclamada decisión de “tomar el poder por la fuerza” derrocando al gobierno constitucional del FreJuLi elegido por el 67% de los votantes. Eso, aquí o en la mismísima y modélica Cuba o fraternal Ecuador, se considera golpe de Estado pero ningún probo juez de la democracia procesó nunca a los confesos conspiradores. En ese silenciado año ´75, a los pocos días de hundir un buque de la Armada, el 29 de agosto en el Aeropuerto “Benjamín Matienzo” de San Miguel de Tucumán, la misma banda terrorista derribó e incendió un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina que despegaba rumbo a San Juan transportando al Escuadrón 22 de Gendarmería Nacional que regresaba de combatir en el monte a la otra banda castroguevarista “PRT-ERP”.  Creía matar así a dos pájaros de un tiro: aviadores y gendarmes argentinos.
El domingo 5 de octubre en Formosa, después de perpetrar piratería aérea contra Aerolíneas Argentinas (como ahora hace “La Cámpora” con toda “SU Compañía”), atacó el Regimiento 29 de Infantería merced a un conscripto entregador, asesinando a mansalva a compañeros de “colimba” del traidor que estaban duchándose o durmiendo la siesta en esa tarde de un tórrido día franco.
Hundida nuevamente y por imitadores suyos la A.R.A. “Santísima Trinidad”, a los neomontoneros sólo les falta reincidir también en derribar aviones (“La Cámpora” lo intentó con un choquecito en el Aeropuerto de Miami), reeditar otra incursión como la de La Tablada (aunque ya cerraron cuarteles cortándoles el presupuesto), matar de hambre a gendarmes y prefecturianos o asesinar con una bomba en su Comedor a más policías cuando almuerzan en familia (2 de julio de 1976). Mientras la Guerra Revolucionaria o Social prosigue in crescendo, la Comandante Suprema de las Debilidades Desarmadas Antes Argentinas emerge de un tunelcito saigonés dejado por otra banda marxista terrorista como el benemérito Viet-Cong y proclama sanmartiniano al cabecilla Ho Chi Minh, verdadero egresado de la Sorbona y no de La Plata como la “abogada exitosa” aduce ser.
A. M. Molina

martes, 2 de octubre de 2012

Cartas de Lectores

A PROPÓSITO DE DUHALDE
   
Muy querido Antonio:

Hablando de artículos cabilderos, querría aportarte algunos datos a propósito del obituario hecho al socio de Ortega Peña.  Su nombre completo era Eduardo Luis Duhalde y su apodo en el terrorismo era “Damián”.
  
Ya muerto Ortega Peña fundó una bandita subversiva con sus hermanos Carlos María Duhalde (a) “Federico” (largamente prófugo en México y luego Agregado de la SIDE a la Embajada en España con el “Soldado Emilio” Bettini), y Marcelo Duhalde (a) “Víctor” (éste prófugo en España mientras el ahora difunto sufría un exilio en París), contando con militantes suyos tan aguerridos como el hilarante trotzko Moisés Ikonicoff (a) “Iko”, por ejemplo.
   
La bandita (bastante elástica como puede verse) era el “P.R.O.A.” (“Partido Revolucionario Obrero Argentino”) que terminó sumida en la venal y sanguinaria letrina castrista “Montoneros”, cuando ya todos estaban en sus dorados exilios.
A todo esto, si bien el Estudio Duhalde-Ortega Peña abogó por erpianos (y también por gastronómicos, a quienes sistemáticamente despojaban de la mayor parte de los haberes cobrados en juicios laborales), ambos socios —también lo eran en su cátedra del Ingreso a la FDCS de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (como se llamaban entonces), donde aprobaban en exámenes colectivos a quienes fueran de la “Tendencia Revolucionaria”; es decir, marxistas.
     
Precisamente el ahora finado fue el representante de “Montoneros” en la CADHU (Comisión Argentina de Derechos Humanos), creada interbandas para Europa y Estados Unidos, secundado por Rodolfo Alfredo Mattarolo (a) “Raúl Navas” representante de la banda “P.R.T.-E.R.P.”, esquema que repitieron acá como Secretario de Estado y Subsecretario de Derechos Humanos.
   
Un abrazo.
  
Adolfo Muschietti Molina
  

lunes, 30 de enero de 2012

Activemos la Memoria

VOLADURAS SIN
“MEMORIA”
  
  
Todos los aniversarios de ambos atentados, “Memoria Activa” condena con razón las voladuras de la Embajada de Israel y de la DAIA/AMIA. Con amnesia parcial, sin embargo, la comunidad judía local como la del resto del mundo jamás rememora ni —mucho menos— repudia sus setenta cruentos atentados terroristas con explosivos en Palestina durante 1946, asesinando cuarenta y cinco soldados británicos, como tampoco su voladura del hotel “Rey David” de Jerusalén (sede de la Secretaría del Gobierno mandatario) el 22 de julio de ese año, masacrando a otros noventa y un súbditos de SMB, ni su reincidencia al volar otro hotel, el “Semíramis” el 5 de enero de 1948, dejando otros veinte occisos, por no detallar otras explosiones.
  
Al igual que dicha comunidad, es evidente que las autoridades nacionales —incluyendo las educativas, que hacen dar clases acerca de los dos atentados mencionados— padecen de memoria selectiva o amnesia parcialísima al no recordar ni incluir en el calendario escolar otras voladuras anteriores como lo fueron —entre otras muchas “menores”— la del Comedor Policial el 2 de julio de 1976 con veintiún muertos (más de sesenta y seis mutilados y quemados); la de la Subsecretaría de Planeamiento del Ministerio de Defensa, el 15 de diciembre de 1976, asesinando a otras dieciséis víctimas (e hiriendo gravemente a otras veinte), así como la destrucción total de dos edificios de departamentos en Melo 1959 y 1965/69, perpetrada el 1º de agosto de 1978 para atentar contra la familia del Almirante Lambruschini, asesinándole a su única hija —Paula— de quince años.
  
Las dos primeras de estas tres voladuras de edificios perpetradas todas por marxistas “montoneros” fueron de autoría intelectual y responsabilidad mediata denunciada y nunca rebatida del hoy muy homenajeado (plazas, calles, cátedras, premios, etc.) Rodolfo Jorge Walsh.
  
La bomba (“mina vietnamita” o “Claymore”) dejada en el Comedor abierto a todo el personal policial, sus familias e invitados en Moreno 1547, la colocó el ex agente José María Salgado según el testimonio publicado por el periodista Eugenio Méndez en su libro “Confesiones de un montonero” en las páginas 159/60 (notas 6-7) que transcribimos:
  
(Salgado) “Tuvo una reunión con su responsable, el oficial Esteban (Rodolfo Walsh) que lo había infiltrado en la Policía Federal… Deciden colocar la bomba el 4 de junio de 1976. Se posterga porque en la Policía lo dan de baja. Esteban le indica que no devuelva la chapa. Ingresa a la Superintendencia con paquetes tentativos. No lo controlan. Considera que el comedor es el lugar apropiado. La bomba se la entrega Esteban y el Monra le indica cómo hacerla detonar, que va a tener veinte minutos para escapar. El 2 de julio de 1976 ingresa y la coloca, cubriéndola con su sobretodo. Se retira. Cambia de vehículo en Loria y Rivadavia, encontrándose con Esteban que le manifiesta: «El operativo salió perfecto»”.
  
Si bien se aclara entre paréntesis la verdadera identidad de “Esteban”, no se da la del “Monra”, alias del célebre Marcelo Daniel Kurlat, jefe de la Columna Norte de la banda, abatido en Boulogne el 9 de diciembre de 1976.
  
Lo mismo hizo “el escritor desaparecido” (abatido en un tiroteo que él inició en plena Avenida Entre Ríos entre Humberto I y Carlos Calvo, Capital Federal, el 25 de marzo de 1977, ante numerosos transeúntes) para la segunda voladura sin “Memoria Activa” (ni pasiva siquiera), perpetrada por el sociólogo José Luis Dios contra quienes fueron sus compañeros de trabajo durante nueve años reunidos en el microcine de su Subsecretaría. Para entonces ya había caído con su compañero y otros secuaces en el combate urbano (requirió artillería) para tomar la Jefatura de Inteligencia de la banda en Corro 105 esquina Yerbal, Capital Federal, el 29 de septiembre de 1976, la hija del instigador, María Victoria Walsh (a) “Isabel”, cuya hermana Patricia aún insiste en conquistar el poder por las urnas.
  
Ya que nadie recuerda estas voladuras —quizá discriminadas por haber causado únicamente víctimas cristianas— nosotros lo hacemos, repudiando a la vez toda forma de terrorismo.
  
Adolfo Muschietti Molina
  

miércoles, 19 de enero de 2011

Memoria histórica




EL COMIENZO DE UN MARTIRIO ATROZ
         
         
El 19 de noviembre venidero se cumplirán 37 años del nunca recordado holocausto, a manos de uno de sus captores, del Teniente Coronel Jorge Roberto Ibarzábal, asesinado segundos antes de ser hallado, tras diez meses cabales de torturas por sus secuestradores e incesantes búsquedas por parte de las autoridades.
       
Fue “tomado prisionero” (secuestrado y desaparecido) la noche del 19 de enero de 1974, durante una incursión de más de un centenar de terroristas del “PRT-ERP” en la zona de cuarteles de Azul, compartida por el Regimiento 10 de Caballería al mando del Coronel Gay y el Grupo de Artillería Blindado 10 a su mando. Dado que podían sorprender a una mayoría del personal y sus familias durmiendo, luego de degollar a un centinela —el soldado conscripto Daniel Osvaldo González— comenzaron su ataque por el barrio de viviendas. Avistados por otro centinela e iniciados los disparos, ametrallaron al Coronel Camilo Arturo Gay cuando salía de su casa para encabezar la defensa y —como modelo para los delincuentes comunes de fin de siglo— tomaron como rehenes a la Sra. Hilda Casaux de Gay y a sus hijos de 14 y 16 años.
       
Estos desdichados adolescentes, que acababan de ver morir a su padre, tuvieron que presenciar rato después cómo los “jóvenes idealistas” (así los calificó Sábato) asesinaban también a su madre cuando ya no les servía para cubrir su retirada. La hija del matrimonio —Patricia Gay Casaux— perdió la razón en 1984 cuando leyó que “el retorno de la democracia” había puesto en libertad a los asesinos de sus padres; debió pasar los últimos años de su corta vida internada hasta que la truncó por mano propia el 5 de octubre de 1991, suicidio no imputable a esa desdichada mujer de 31 años sino a quienes le destruyeron su familia y su salud mental cuando tenía sólo 14.
        
El no menos infortunado Tte. Cnel. Ibarzábal —reducido e inmovilizado por superioridad numérica— fue cargado en uno de los camiones en que huyeron los terroristas y trasladado por distintas “cárceles del pueblo” durante diez meses. Fue “condenado a muerte” por ser lo que era —un militar— con la “ejecución en suspenso” a la espera de ser canjeado por una suelta de presos que no lograron. Más tarde, se supo que fue mantenido todo el tiempo con fuertes ligaduras que dejaron sus huellas en su torturado cuerpo, como también las dejaron el hambre y la sed que le hicieron padecer. Otro de los tormentos infligidos fue el encierro en un estrecho armario de oficina colocado en la parte trasera de una camioneta a la cual llamaban “cárcel del pueblo móvil”. En esa cámara de torturas rodante, traqueteando a su víctima durante días enteros, se sumaron el entumecimiento y falta de aire, la suciedad acumulada y ulceraciones en la piel.
     
El 19 de noviembre de 1974 a las 19:30, la “chatita del horror” fue interceptada para un control de automotores en las avenidas San Martín y Donato Álvarez de San Francisco Solano. Su conductor —Sergio Gustavo Lincowsky (a) “El Polaco”— se apeó según le ordenaron pero extrajo un arma y alcanzó a impactar varios disparos contra el armario mientras era a su vez abatido. Así concluyó la vida terrenal y el martirio prolongado del Tte. Cnel. Jorge Roberto Ibarzábal sin que —desde entonces— ni “Madres” ni “H.I.J.O.S.” ni garzones a su servicio se hayan dignado jamás condolerse por sus suplicios e injusta muerte.
     
Quien comandó el ataque a Azul y lo secuestró no escarmentó con aquella derrota e hizo atacar (por otros) los cuarteles de La Tablada: se llamaba Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.
       
Adolfo Muschietti Molina
        

viernes, 18 de junio de 2010

Vidas execrables


AYUDAMEMORIA:
RODOLFO JORGE WALSH

— Importante cabecilla de FAP y Montoneros, sucesivamente, y padre de otra terrorista: María Victoria, quien se suicidó al verse cercada en un operativo militar del 29 de septiembre de 1976.

— Autor, entre otros, de “Variaciones en Rojo” y “Crónicas de Cuba”, plena confesión de ideario marxista.

— Agente castrista desde 1960, y director —en carácter de tal— de los Servicios Especiales de Prensa Latina.

— Miembro del Comando “Héroes de la Resistencia Domingo Blajakis”, cuyo nombre alude a uno de los homicidas de Rosendo García, sobre cuya muerte escribió el clásico “¿Quién mató a Rosendo?”

— Colaborador de Noticias, el diario montonero dirigido por Miguel Ángel Bonasso, quien fuera columnista regular de Tres Puntos.

— Fue autor y/o coautor, intelectual y/o material de innúmeros atentados. En “Confesiones de un montonero”, por ejemplo, su autor Eugenio Méndez lo sindica inequívocamente como partícipe de la voladura del Comedor Policial. Este atentado causó la muerte de 21 inocentes, además de 66 víctimas de quemaduras, mutilaciones y heridas graves.

— Murió en un enfrentamiento que procuraba su captura, en marzo de 1977, y a pesar del carácter público del hecho, fue considerado “desaparecido” durante años.

— Órganos del Estado le han rendido honores oficiales. Por iniciativa de su compañero de militante subversiva, Eduardo Jozami, el entonces legislador logró, en 1994, que la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires homenajeara con su nombre a una plazoleta ubicada en Chile y Perú, declarando “de interés municipal toda su obra literaria y periodística”. La Biblioteca Nacional inauguró una vitrina con sus textos en la Sala Borges, en marzo de 1995, adhiriendo Ernesto Sábato, Mercedes Sosa, Jaime de Nevares, Adolfo Pérez Esquivel y José Octavio Bordón. La precitada plazoleta fue inaugurada con discursos de homenaje del susodicho Jozami, y de quien fuera su brazo derecho y sucesor en los cuadros terroristas de Montoneros, el Sr. Horacio Verbitsky. Pero de este impoluto fiscal de la República nos ocuparemos en otra ocasión.

Adolfo Muschietti Molina

martes, 8 de septiembre de 2009

Aniversarios


CENTENARIOS
CUIDADOSAMENTE
SILENCIADOS

¿HUBO VIDA ANTES DE 1930?

La zurda omnímoda que padecemos —desde la cultural gramsciana políticamente “correcta” hasta la terrorista aburguesada porque ya se ha encaramado en el poder— en los últimos años ha “ignorado” (u ocultado) prudentemente ciertas efemérides propias cuya recordación vendría a demostrar que la subversión comenzó con su terrorismo sistemático mucho antes de la “catástrofe de 1930, origen de todos los males” según Grondona

No sólo se dejan pasar aniversarios de gestas “gloriosas” para el zurdaje, sino centenarios que brindan la posibilidad a periodistas ambiciosos de lucirse como historiadores, quienes sólo se ciñen a límites cronológicos que no superen el cincuentenario del bombardeo de 1955 —verdadero “bautismo de fuego” de nuestra Aviación Naval y de nuestra Fuerza Aérea (que no fue en Malvinas)— o los recientes cuarenta años del “Cordobazo”. Todo es válido si es posterior a 1930.

A esa izquierda mendaz y acomodaticia no le conviene que la gente recuerde que importó del Viejo Mundo sus crueles e inútiles prácticas del atentado terrorista y/o de los desmanes callejeros convenientemente dirigidos en épocas tan lejanas como la segunda mitad del siglo XIX —y, por lo mismo— dejó pasar en silencio sus escabrosos centenarios.

Algunos de los hechos “destituyentes” (Kirchner dixit) perpetrados no fueron contra funcionarios de segunda línea como los asesinatos del Jefe de Policía Cnl Ramón Lorenzo Falcón y su secretario Alberto Juan Lartigau, cuyo centenario el próximo 14 de noviembre —hasta ahora, al menos— se ha dejado pasar inadvertido, sin que el Colegio Militar recuerde a su primer cadete inscripto ni la Policía Federal conmemore a su primer Jefe asesinado por la subversión (luego lo siguieron Villar y Cardozo) junto a un joven funcionario policial también Caído en cumplimiento del deber.

En aquellos tiempos que parecen remotos hubo atentados magnicidas —cuyos respectivos centenarios fueron olvidados por los “formadores de opinión”, más atentos a las groseras “sutilezas” de “Gran Cuñado”— contra los Presidentes Sarmiento (1873), Quintana (1905) y Figueroa Alcorta (1908), como tampoco se recordaron los cien años de sucesivos “porteñazos” como los tumultos socialistas del 13 de octubre de 1903, los conjuntos de socialistas y anarquistas del 1° de mayo de 1904 con muertos (un policía) y heridos, además de la “Semana Roja” del 1° al 8 de mayo de 1909, cuyas decenas de muertos (cuatro eran conscriptos) y centenas de heridos fueron obliterados de la Historia Oficial al cumplirse cien años de esa primera “guerrilla urbana”.

Guerrilla que fue precursora de la “Semana Trágica” del decenio siguiente (1919) —en la que participaron anarquistas, socialistas y comunistas— a la cual va a ser más difícil “olvidar” por los libros y películas que han falseado el tema. Más adelante daremos más detalles de los atentados terroristas y los tumultos vandálicos que requirieron no solamente una enérgica represión, sino una denostada Ley de Residencia que permitiera expulsar a los extranjeros que hicieran peligrar nuestra paz interior.

LAS INTERNACIONALES

Dado que el socialismo actual ha edulcorado su posición política del presente como “socialdemócrata”, será necesario recordar que —al igual que su aliada electoral de antaño (1931) y hogaño (2009), la U.C.R.— ambos partidos son “Secciones Argentinas” de la IIª Internacional marxista o IS (Internacional Socialista) fundada en París el 14 de julio de 1889, al cumplir cien años la cruenta Revolución Francesa. Los marxistas habían sido expulsados con sus mentores —Chahim Mordechai Ha-Levy (a) “Karl Marx” y Federiquito Engels— de la Iª Internacional que estos benefactores de la humanidad habían fundado en Londres en noviembre de 1864, la AIT o Asociación Internacional de Trabajadores, que renegó del marxismo y se convirtió en anarquista bajo el influjo del ruso Mikhail Bakunín.

En la Argentina venimos padeciendo de “Secciones” locales de las cuatro Internacionales desde 1870, más algunos sucedáneos “mistongos” como el “Foro de San Pablo”, el de “Porto Alegre” o “Foro Social Mundial” y el latrofaccioso Eje “bolivariano” (!) castrochavista “ALBA”.

Cuando los subversivos del mundo se dividían en marxistas y bakuninistas, las dos respectivas Internacionales rivalizaban en perpetrar los atentados más impactantes y las revoluciones más sangrientas. No olvidemos que la Revolución Soviética tuvo como partido único oficial a la “Fracción de los Bolcheviques del Partido Socialdemócrata Ruso” (nombre que usó hasta la Segunda Guerra Mundial) y estuvo afiliado a la IIª Internacional hasta que Lenín creó la IIIª o Komintern (Internacional Comunista).

Con los anarquistas, estos marxistas cometieron las incalificables tropelías de la Guerra de España, durante la cual se fundó la IVª Internacional trotskista. Ninguna de estas asociaciones ilícitas (varias son “legales” pero nunca serán lícitas) ha dejado de tener su “Intelligentzia” sumisa y su mano de obra cipaya en la Argentina desde hace un siglo y medio.

ATENTADOS CONTRA CUATRO PRESIDENTES

Los magnicidios fallidos planeados por anarquistas comenzaron por el dirigido contra el Presidente Faustino Valentín Quiroga Sarmiento y Albarracín, quien por aversión a su pariente y biografiado Facundo prefirió quitarse el primer apellido paterno y llamarse “Domingo Faustino Sarmiento”.

El 23 de agosto de 1873, cuando iba en su coche por la calle Maipú llegando a Corrientes en Buenos Aires, fue blanco de tres italianos “carbonarios” a órdenes de un austríaco también anarquista y el asesinato fracasó al explotarle el arma al tirador —Francesco Guerri— volándole la mano, haciendo que otros dos terroristas tiraran tardíamente cuando el carruaje se estaba alejando. Éstos eran Pietro Guerri (hermano del mutilado) y Luigi Casimir (a) “Aníbal” y el “responsable” de la célula era Aquiles Segabrugo (a) “El Austríaco”.

Los Guerri fueron apresados por el oficial de la escolta (luego Coronel) Floro Latorre: “Aníbal” fue capturado el 14 de septiembre en un muelle (disfrazado de marinero) y “El Austríaco” huyó a Montevideo, donde fue asesinado el 27 de ese mes. Otra tentativa fallida fue la de ultimar al Presidente Manuel Quintana en Buenos Aires el 11 de agosto de 1905 por el anarquista catalán Salvador Enrique José Planas y Virella, debida a la mala calidad de las balas que disparó. Condenado a prisión hasta el 29 de abril de 1917, se fugó de la Penitenciaría Nacional con otros doce presos el 6 de enero de 1911.

Uno de éstos, el mosaiquista salteño de 21 años Francisco Solano Regis (a) “Rojas” —quien dijo ser “comunista y anarquista”— arrojó a los pies del Presidente José Figueroa Alcorta —el 28 de febrero de 1908 a las 18:30, cuando descendía de su coche frente a su casa en Tucumán 848, Buenos Aires— un envoltorio humeante con explosivos que pudo ser apagado con agua. Condenado a prisión hasta el 8 de marzo de 1929, cavó un túnel en Salguero y Juncal y por allí se fugó con Planas y otros once. A su vez, en uno de los festejos por el 9 de Julio de 1916, Centenario de la Independencia, un anarquista terrorista hizo fuego —sin éxito— contra el Presidente Tcnl y Dr. Victorino de la Plaza.

PORTEÑAZOS

En cuanto a vandalismo urbano, éste no comenzó en mayo de 1969 con el “Correntinazo”, el “Rosariazo” y el “Cordobazo”, sino mucho antes. Ya el 13 de octubre de 1903, por promover y participar en tumultos e incidentes callejeros fueron detenidos los dirigentes socialistas (único partido marxista en aquel entonces) Enrique del Valle Iberlucea, Manuel Ugarte y Alfredo Lorenzo Palacios.

Meses después, el 1° de mayo de 1904, los marxistas y los bakuninistas convinieron conmemorar el “Día del Trabajo” con marchas separadas que confluirían en la Plaza Colón de Buenos Aires, detrás de la Casa de Gobierno; el PS marxista desde la Plaza Constitución y los anarquistas desde la Plaza Roma, donde aún se encuentra la estatua sedente —y, según parece, nada sedante— de Giuseppe Mazzini, atacando a la Policía Montada asesinándole a un Agente y muriendo un activista en el bando agresor, además de numerosos heridos en ambos.

Un lustro después (y en una sucesión de acciones coordinadas), comenzó en Buenos Aires la “Semana Roja” del 1° al 8 de mayo de 1909. Comenzó con tiroteos de varios miles de socialistas y anarquistas contra la Policía y transeúntes durante su manifestación conjunta desde la Plaza Lorea por la Avenida de Mayo, causando cinco muertos y cuarenta heridos; el 2 se declaró una huelga general; el 3, tiroteos cerca de la Morgue para llevarse sus muertos y asesinan al capataz de playa Pablo Coello en los Mataderos; el 4, tiroteos en Once y en Chacarita con más muertos y heridos; el 5, asesinan a “cuatro conscriptos y un vigilante”; el 6, enfrentamiento en Plaza Constitución entre tropas de Ejército y socialistas; el 7, al detonar una bomba oculta en una canasta hallada por el conductor de un tranvía en Corrientes y Carlos Pellegrini, muere asesinado el niño Esteban Garaycoechea y quedan numerosos heridos, y el 8, entre otros incidentes, asesinan en Las Heras y Montevideo a un lechero que no se plegó a la huelga. Los revoltosos anuncian que matarán al Jefe de Policía Cnl Ramón Falcón para vengarse, lo cual cumplieron antes de finalizar el año.

CONTRA EL CENTENARIO PATRIO

Para alcanzar mayor resonancia perturbando los festejos del Centenario, marxistas y anarquistas encabezados por el “Grupo Ruso Israelita «Amigos del Obrero»” y los agremiados en la F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina, anarquista) convocan a una “huelga general insurreccional” entre el 18 y el 25 de mayo de 1910, amenazando a quienes trabajen, hagan circular transportes o luzcan colores patrios, causando muertos, heridos y la declaración del estado de sitio, con cientos de detenidos y deportados. Al mes siguiente, el 26 de junio de 1910, mientras se interpretaba el segundo acto de la ópera “Manón” de Massenet en el Teatro Colón de Buenos Aires, estalló en la fila 14 de la platea una bomba que causó numerosos heridos, colocada por los anarquistas judíos rusos David Romanoff e Isaac Molinoff, pudiendo evadirse el primero y siendo apresado el segundo.

El Cnl José María Calaza, Jefe del Cuerpo de Bomberos allí presente, ordenó a la orquesta tocar el Himno Nacional que fue cantado por toda la concurrencia, mientras la Policía de Orden Social se lanzó a realizar unas cien detenciones.

RAMÓN L. FALCÓN, DE OCCISO PRÓCER
A REPRESOR ESCARNECIDO

Cuando volvían a sus despachos en la Jefatura de Policía desde la Recoleta, donde habían asistido a un entierro, el 14 de noviembre de 1909, el Jefe de Policía Cnl Ramón Lorenzo Falcón y su secretario Alberto Juan Lartigau fueron asesinados por la bomba que les arrojó adentro de su carruaje el anarquista terrorista ruso e israelita Simón Radowitzky en la esquina de Callao y Quintana, Capital Federal; el cochero Isidoro Ferrari, asimismo, quedó gravemente herido.

Innumerables homenajes se rindieron a las víctimas, incluyendo calles y paseos con sus nombres y la denominación de la Escuela de Cadetes de la actual Policía Federal Argentina. Su asesino participó en la excavación del túnel en la Penitenciaría para la fuga del 6 de enero de 1911, pero ese día tuvo que trabajar en la imprenta. Fue trasladado al Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, y logró fugar en un cúter el 7 de noviembre de 1918, pero fue recapturado a los 23 días. En 1930 fue indultado por Hipólito Yrigoyen y emigró a México, donde falleció durante la Segunda Guerra Mundial.

El 1° de mayo de 2004 —centenario del primer “Porteñazo”— Naúm Normando Brisky (a) “Norman Briski” (del Consejo Superior de “Montoneros” desde el 20 de abril de 1977), en nombre de Celia Guevara de la Serna (hermana del “Che”) y mancomunadamente con el historiógrafo Osvaldo Jorge Bayer, acompañado por grupejos izquierdistas de todo pelaje cambiaron el nombre a la Plaza Ramón Falcón en Floresta, Capital Federal, por el del Che Guevara. Además, unas cuantas cuadras de la calle sobre la que se encuentra la mencionada plaza —denominada homónimamente Ramón Falcón— amanecieron rebautizadas de hecho con el nombre de su asesino. Substitución ilegal y aberrante que —de la Plaza, al menos— han hecho perdurar hasta el presente mediante la ocupación de ese paseo público usurpado desde entonces.

A su vez, la diputada kirchnerista Silvia La Ruffa presentó en la Legislatura porteña el proyecto de cambiar el nombre a la calle Ramón Falcón —“un policía represivo”— por el del futbolista castrista Diego Maradona, “así matamos dos pájaros de un tiro”…

CONCLUSIONES PARA 2009

La cruenta “Semana Roja” no se conmemoró en mayo de este año ni por la Izquierda tan obsesionada (y enriquecida) por “la Memoria”, que le ha resultado asaz provechosa política y económicamente en nuestra asolada y desolada Patria. El año que viene se nos saturarán las entendederas con el Bicentenario, sin recordar —casi seguramente— incómodos detalles como la “huelga general insurreccional” (sic) del 18 al 25 de mayo de 1910 por marxistas y anarquistas con cruentos choques y numerosas bajas tras declararse el estado de sitio o la bomba que estalló en la fila 14 de la platea del Teatro Colón al mes siguiente, como no se conmemorarán oficialmente —si la ciudadanía decente no exige lo contrario— los asesinatos de Falcón y Lartigau en noviembre de este año 2009, ni el atentado terrorista contra el Presidente Victorino de la Plaza en ocasión de otro Centenario patrio, el de la Independencia en 1916. “Los pueblos que no aprenden de su Historia…”

Adolfo M. Muschietti Molina

lunes, 20 de abril de 2009

Los homenajeados del kirchnerismo


ASESINOS SERIALES

Salvo el caso de los hermanos santiagueños Santucho Juárez, fundadores y cabecillas de la banda terrorista inicialmente trotzkista y luego castroguevarista PRT-ERP, no se recuerda otro caso de grupo familiar consagrado —salvo la madre Elsa Sánchez— a asesinar a presumibles oponentes en forma sistemática sirviendo a la banda Montoneros como el del historietista Héctor Germán Oesterheld Puyol (a) “Dad” (a) “Jovato”, sus cuatro hijas y las “parejas” de éstas, todos finalmente abatidos después de perpetrar una seguidilla de crímenes en serie.

Al padre —a quien se homenajea con frecuencia por haber sido un “pacífico” escritor de historietas como “El Eternauta” y es el héroe epónimo de una Peña marxista al servicio del kirchnerismo— los explotadores de los izquierdos humanos lo dan por “desaparecido en La Plata, Buenos Aires, el 27 de abril de 1977”, “víctima inocente del genocidio”, según la actual jurisprudencia fallada en dicha ciudad contra el Padre von Wernich.

A sus cuatro hijas terroristas, dicha Peña las hace miembros de la UES y de la JP (como si ambas agrupaciones no hubieran sido colaterales combatientes de la banda Montoneros) y las cuatro terminaron abatidas (no “desaparecidas”) al igual que sus parejas cómplices en los lugares y fechas que se indican seguidamente:

1) Beatriz Marta Oesterheld Sánchez (a) “María”, en el trayecto hacia su transitorio aguantadero en la Villa sanisidrense La Cava el 19 de junio de 1976. El enfrentamiento al resistir su detención fue denunciado como “Ejecución Sumaria” (no “Desaparición Forzada”), lo cual ya es un avance en cuanto a aproximarse a la verdad.

2) Diana Irene Oesterheld Sánchez, embarazada (¿?), en San Miguel del Tucumán, el 7 de agosto de 1976, compañera del terrorista Raúl Ernesto Araldi Lumbardini (a) “Chiche” (a) “Carlos”, a quien denunciaron como “desaparecido” en esa provincia en septiembre de 1977.

3) Marina Oesterheld Sánchez (a) “Liliana” (a) “Pantera”, con su pareja Alberto Óscar Seindlis Frisch (a) “El Polaco”, ambos abatidos en el Tigre, Buenos Aires, a quienes la nueva edición del “Nunca Más” da por “desaparecidos” el 1 de noviembre de 1977.

4) Estela Inés Oesterheld Sánchez (a) “Marcela”, (a) “Mónica Chesterfield”, con su marido Raúl Óscar Mórtola Artaza (a) “Vasco”, abatidos rato después de su último asesinato en Lonchamps, Buenos Aires, el 14 de diciembre de 1977, aunque el nuevo “Nunca Más” los dé por “desaparecidos”, tras un profuso historial homicida que se sintetiza seguidamente.

Es un caso único en la ola terrorista que asoló la Argentina —por su frecuencia e indiferencia en causar abundantes bajas indiscriminadas en el campo “enemigo” (preferentemente Policía de la Provincia y en la zona sur del Gran Buenos Aires)— el de la pareja motociclista de triste y creciente fama “Vasco” y “Mónica”.

Manejando la moto él y ametrallando a sus víctimas o bajándose a atracar cargas explosivas ella, este dúo montonero (también hubo tríos terroristas) perpetró los siguientes asesinatos en 1977 solamente:

Coronel Ángel Arturo Sureda (Temperley, 31 de mayo);
Agente de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Miguel Gregorio Jarmoszyc e hiriendo al Cabo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Martín Duete (Berazategui, 7 de julio);
Auxiliar 5ª de la Polícia de la Provincia de Buenos Aires Juan Segundo Gallardo (al día siguiente, 8 de julio);
Cabo 1° de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Heraclio Cipriano Olivar, quedando heridos el Cabo 1° Ismael Santillán y el Agente Omar Chamorro al ametrallar la Comisaría 2ª de Lomas de Zamora (19 de julio) y rato después la de Llavallol, sin causar más víctimas;
Oficial Inspector de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Jorge Julio Salerno al atacar la Comisaría 3ª de Lomas de Zamora (21 de julio);
Comisario Mayor (R) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Daniel Américo Juárez (Berazategui, 20 de agosto).

Hieren al Agente de la Polícia de la Provincia de Buenos Aires Antonio Rajoy de la Comisaría 2ª de Lomas de Zamora (24 de septiembre);
Rodolfo Arche (ejecutivo de la Algodonera “Llavallol”, 29 de septiembre);
Sargento 1° (R) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Víctor Héctor Amado, Enrique Ramuna y dos mujeres (Lomas de Zamora, 13 de octubre);
al día siguiente hieren al Agente de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Américo Maran (Berazategui, 14 de octubre); Francisco Schwer (Gte. Rel. Ind. de Y.P. F. ascendido desde cadete en cuarenta años de carrera) y el Sargento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Rodolfo Potter, quedando herido el Sargento Arturo Godoy, ambos de la Comisaría 2ª de Lomas de Zamora (20 de octubre);
Suboficial Principal ARA Martín Nicolás Unterstein (Bernal, 24 de octubre);
Mayor (R) de la Fuerza Aérea Argentina Rodolfo Mattis (Dir. Com. MCBA) al salir de su domicilio en Balcarce 208, Quilmes (26 de octubre);
Cabo Principal ARA Marcelino Benítez y
Agente de la Policía Federal Argentina Domingo Teodoro Alderete (Banfield, 7 de noviembre);
Ayudante 4ª SPF Egidio Augusto Ponce en Humberto I° esq. Arias, Burzaco (23 de noviembre);
Ayudante 3ª SPF Juan Pedro Santos Norgeot,
Ayudante 4ª SPF Francisco Sebastián Chávez y
Subay SPF Daniel Enrique Argüello en Gallo esquina Arenales, Banfield, hirieron gravemente (dándolo por muerto) a un director de Microómnibus “Quilmes” e hicieron explotar una bomba de alto poder frente a la Procuración General de la Nación en Uruguay esquina Guido, Capital Federal, hiriendo a varias personas y dañando varias fincas y vehículos (los tres atentados el 2 de diciembre);
Cabo 1° de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Herculano Ojeda y
niño de 3 años Juan Eduardo Barrios, ametrallados e incendiados con una bomba molotov e hiriendo a Ramón Echeverría y a Carlos Ravazzani en la puerta del Banco de la Provincia en Corvalán esquina Caaguazú, Monte Chingolo (6 de diciembre).


Al día siguiente asesinan al Cabo 1° Ernesto Martínez, destinado en Florencio Varela (7 de diciembre);
y —por último— al adolescente Aspirante a Agente de la Policía de la Provincia de Buenos Aires José Basilio Chudut de la Comisaría 1ª de Lomas de Zamora (14 de diciembre), lo cual desató una veloz persecución automovilística con nutrido fuego recíproco que terminó por abatirlos entre Burzaco y Longchamps, Buenos Aires.


No obstante este historial criminoso (incompleto, pues se ha omitido lo anterior a sus últimos meses), es un lugar común de los usufructuarios de los derechos humanos e idiotas útiles recordar —sin entrar en cruentos “detalles”— al ameno historietista y a sus cuatro hijas (con algunos “yernos”) que hizo “desaparecer” la dictadura militar genocida, tal como “desapareció” el periodista Rodolfo Walsh, iniciador de su último tiroteo callejero y abatido en ese mismo enfrentamiento ante multitud de testigos.

Adolfo Muschietti Molina

viernes, 8 de febrero de 2008

Nunca pasa nada en verano


Y DICEN QUE

NO HUBO GUERRA…

E
n un tórrido verano cordobés, los aviesamente llamados Montoneros resolvieron atacar directamente a un representante oficial del imperialismo yankee (para ellos el único, ya que el soviético no era considerado tal), secuestrando, torturando y asesinando a su cónsul honorario local, John Patrick Egan, un pequeño empresario de la construcción que vivía en “la Docta” y aceptó representar en ella a su país natal. Fue secuestrado en la ciudad en que eligió vivir y morir, el 26 de febrero de 1975, para canjearlo por 5 “montoneros” que sus secuaces sabían muertos en enfrentamientos (y luego denunciarían como “desaparecidos”). Vencido el plazo de 48 horas para el imposible trueque, fue hallado el cadáver brutalmente golpeado, con un segundo “comunicado” clavado en el pecho, justificando la salvajada como represalia por la caída de dos de sus secuestradores. Don Juan, como lo llamaban los cordobeses, vivía de su trabajo sin “explotar” a nadie y era católico como buen descendiente de irlandeses.

Ese mismo mes y año había comenzado en Tucumán el Operativo Independencia, que en un año jalonado por combates casi diarios aniquiló a la Compañía de Monte Ramón Rosa Giménez del ERP, y a la Patrulla de Monte de Montoneros. En el primero de esos combates, sobre el río Pueblo Viejo, el 14 de febrero de 1975, ofrendó su vida el teniente primero Héctor Cáceres, al acudir a rescatar a dos de sus subordinados gravemente heridos.

Igualmente veraniegos fueron los rutinarios y fáciles asesinatos de policías mendocinos, apostados e inmóviles frente a sus comisarías, por una gavilla de marxistas Montoneros, que comenzó su práctica de tiro con blancos fijos y humanos al ametrallar la Seccional 1ª de la Capital, asesinando al agente Alberto Rubén Cuello, padre de cuatro niños, el 3 de enero de 1976. No conformes con ello, prosiguieron por las inmediaciones matando caprichosamente en los días consecutivos al agente Humberto Armando Hernández Guerra, en Godoy Cruz (el 14 de febrero de 1976), al agente Santos Tomás Fredes Campillay (el 15 de febrero de 1976) y al agente Pablo Roberto Puebla (el 16 de febrero de 1976), éstos en Guaymallén.

La dispersión del aparato ”montonero” operante en la capital mendocina y alrededores (había otro en San Rafael), fue narrada fragmentariamente por Eloy Camus en “La Nación” diario, del 10 de agosto de 2000, pág. 7, identificando a los prófugos “en la clandestinidad” —todos desaparecidos e inocentes como siempre—, una de las cuales era María Ana Erize Tisseau (a) “María Anne” (a) “La Francesa”, muy mentada en esos días para “fundamentar” la detención en Italia y extradición a Francia del My. (R) Dr. Jorge Olivera.

La subsiguiente temporada estival iba a empezar mal. En un año jalonado por voladuras que nadie recuerda (como la del Comedor Policial, con 23 muertos y 66 mutilados y/o quemados graves, del 2 de julio de 1976), otro “montonero” encubierto —el sociólogo José Luis Dios (a) “Jerónimo”, se constituyó en un unipersonal “Pelotón de Combate Norma Arrostito”, para dejar una mina vietnamita “Claymore” bajo su impermeable sobre una butaca del microcine de la Subsecretaría de Planeamiento del Ministerio de Defensa, abandonando “por un momento” la reunión (y el edificio en pleno centro de Buenos Aires) ese fatídico 15 de diciembre de 1976, para no ser alcanzado por la explosión que asesinó a 16 o hirió o quemó a otros 20 de sus compañeros de tareas, con quienes había convivido diariamente durante nueve años. Dos de sus víctimas fallecieron medio mes después: la Sra. Juana Elena Dacunha de Aballay, y el Cnel. Jorge Andrés Fernández Cendoya. El terrorista “Jerónimo” fue abatido en un enfrentamiento en San Andrés, el 9 de septiembre de 1977 y —toda una rareza— no figura como “desaparecido” en las listas de la CONADEP, abultadas hasta con cabecillas como Quieto, Mena, etc., etc.

También culminó en los idus de diciembre la sangrienta trayectoria de una pareja de marxistas “montoneros”, Estela Inés Oesterheld (a) “Marcela” (a) “Mónica Chesterfield”, y Raúl Mórtola (a) “Vasco”, cuando fueron abatidos en Longchamps el 14 de diciembre de 1977. Según el Boletín Público Militar “Nuestras Operaciones”, Nº 44, págs. 9-10, perpetraron sus crímenes casi siempre circulando en una veloz moto y en la zona sur del Gran Buenos Aires. Entre esos asesinatos debe destacarse el del niño Juan Eduardo Barrios, en Lanús, el 6 de diciembre de 1977, con ocasión de encontrarse frente a la sucursal bancaria que ametrallaron e incendiaron ese día. No sabemos de ninguna “abuela” plazamayista que haya pedido por los derechos de este niño.

Según ecuánimes y humanitarias declaraciones de la secretaria del ramo, Diana Conti (del 30 de noviembre de 2000), “no ha lugar a reclamación alguna” por estas y todas las víctimas del terrorismo marxista, arguyendo que reconocerles violación de sus derechos humanos, “tiende a justificar el terrorismo de Estado”, lo cual sería un suicidio para la “sociedad democrática”, más precisamente para la sociedad (legal pero ilícita) de quienes curran —no curan— con la democracia.

Al igual que un buen número de terroristas notorios, tanto el “Vasco” Mórtola como su acompañante motociclística, dos hermanas de ésta —Diana Irene abatida en Tucumán con su compañero y otros cuatro compinches (el 7 de julio de 1976), así como Marina (1 de noviembre de 1977) y el padre de todas, Héctor “Germán” —el autor de “El Eternauta” y militante pasado a la clandestinidad (24 de abril de 1977), según sus admiradores que lograron imponer su nombre a una plazoleta en Puerto Madero— engrosan la nómina de “desaparecidos” de la CONADEP.

Dos días después de la caída de los perpetradores de la seguidilla bonaerense émula de la mendocina, la banda Montoneros asesinó al director de Servicios Técnicos de SAFRAR, Andrés Gasparoux (el 16 de diciembre de 1977). Para facilitar la huida de los criminales, otros cómplices disfrazados con uniformes simularon un control vehicular, cortando la ruta 2. Al revisar la documentación de un conductor e identificarlo como integrante del Batallón de Inteligencia 601, lo asesinaron ante su familia y luego huyeron. No fue el único de su condición que dio la vida por la patria. Transcurridos dos decenios de preservar necesariamente el secreto —previsto en los reglamentos— la Jefatura II de Inteligencia del EMGE, ha inscripto con letras de bronce los nombres de sus héroes anónimos, que nos honramos en transcribir: Francisco Daniel Righetti, Néstor Osvaldo Esnaola, Daniel José Ibáñez, Alberto Rafael Peláez y Juan José Ceresola. Sólo es de lamentar que este justificadamente tardío homenaje, se haya limitado al hall central de la citada Jefatura, en vez de agregar esos nombres tan dignos de recordación, a los que están en el gran hall de acceso al Edificio Libertador, pues todos ellos, con o sin uniforme, son caídos del Ejército en la guerra contra el marxismo.
Adolfo Muschietti Molina

miércoles, 23 de enero de 2008

Nunca pasa nada en verano


A 19 AÑOS DEL

COMBATE DE LA TABLADA

Una tardía repetición de los frecuentes ataques a cuarteles de quince años antes, dio lugar al prolongado Combate de La Tablada durante un día y medio, el 23 y 24 de enero de 1989, cuando un rejunte de erpianos, montoneros y sandinistas bajo el antiético antónimo de “MTP” (Movimiento “Todos por la Patria”, sin aclarar cuál) irrumpieron según el método de Monte Chingolo en los cuarteles del ahora finado Regimiento 3 de Infantería, mientras arrojaban volantes y proclamas “carapintadas” simulando un alzamiento de “Rico y Seineldín”.

El combate comenzó en la madrugada del 23 y finalizó al mediodía del 24 con sendos asesinatos a traición: el del centinela Roberto Tadeo Taddía, hermano de un caído en Malvinas, y el del Teniente Primero Ricardo Alberto Rolón, quien, tras acudir al cuartel y combatir heroicamente durante la primera jornada, fue ultimado por un francotirador desde un edificio cercano cuando Alfonsín inspeccionaba las instalaciones y quizás reconocía cadáveres de marxistas amigos, con origen radical, como Provenzano.

Entre los pocos nativos incursores se contaban el erpiano “Sordo” Carlos Samojedny, Carlos Alberto Burgos (a) “Quito” de “Página/12” o el abogado derechohumanista Jorge Baños, entremezclados con el francés Roberto Sánchez (a) “Osvaldo Farfán”, su coterráneo Vital Roberto Gaguine (a) “Martín el Inglés” (a) “Peer Anker Hansen”, los españoles Pablo Ramos y José Luis Caldú (a) “Gallego”, la brasileña Aldira Pereira Nunes, el paraguayo Pedro Juan Cabañas o el chileno José Mendoza, todos enviados por el represor nicaragüense Tomás Borge, del FSLN (“Frente Sandinista de Liberación Nacional”) bajo el mando del ejecutor de sus órdenes y de sus oponentes, el “Ángel” Gorriarán Merlo.

Del lado argentino cayeron el Comisario Inspector Emilio García García (agonizó hasta el 26) y el Sargento Primero José Manuel Soria, de la Policía Bonaerense, el segundo jefe al mando de la Unidad Mayor Horacio Fernández Cutiellos —amigo y camarada ejemplar—, el Sargento Ayudante Ricardo Raúl Esquivel, el nacionalista y veterano de Malvinas Sargento Primero Ramón Wladimiro Orúe (expiró el 2 de febrero) y los soldados Héctor Cardozo, Leonardo Martín Díaz, Julio Domingo Grillo y el ya citado centinela Roberto Tadeo Taddía, además de Rolón, abatido como se dijo, el día 24.

Todas las vicisitudes del prolongado combate fueron televisadas en directo para el país y el mundo por los cinco canales de cabecera, lo cual debería hacer innecesario reseñarlas, pero el silencio se ha impuesto deliberadamente.
Adolfo Muschietti Molina

miércoles, 9 de enero de 2008

Superstición desmentida


“NUNCA PASA NADA EN VERANO” (I)


Obviamente, cuando comenzó a circular esta conseja en tiempo de “malestares”, “planteos” u otros “fragotes” cívicomilitares a mediados del siglo XX “problemático y febril”, no se tuvo en cuenta al marxismo. Se habían olvidado ya de la vandálica y cruenta “Semana Trágica” de enero de 1919 —lanzada por “ácratas” y “maximalistas” de apellidos impronunciables contra el gobierno radical y represor del “Peludo”— o los sistemáticos asesinatos de nacionalistas por sicarios del Partido Comunista —integrantes de la “Unión Democrática” engendrada por Mr. Braden, los infaltables radicales y los hermanitos Ghioldi (el socialista “Norteamérico” y los cipayos de Moscú)— durante el verano de 1945/46.

Y ya en las recientes décadas, tres de los mayores ataques a cuarteles tuvieron lugar en la otrora apacible temporada estival: el de Azul (19/1/1974), el de Monte Chingolo (23/12/1975) y el último (por ahora) en La Tablada (23-24/1/1989), todos bajo gobiernos constitucionales sin mácula castrense alguna. Los dos primeros fueron perpetrados por el ERP, así como el más reciente lo fue por sus continuadores del aluvional “MTP”.

Repasando datos

Nada hace presagiar que pueda mejorar la sesgada amnesia mediática —selectivamente mantenedora de una “memoria” parcial— cuando a fines del 2008 se cumplan 33 años del ataque al Batallón Depósito de Arsenales 601, perpetrado en la víspera de Nochebuena de 1975. Mientras la historia militar registra ciertos enfrentamientos armados con el correcto nombre de combates rurales o urbanos, dos de ellos —el recién citado y el de Formosa— alcanzaron la magnitud de batallas, tanto por la extensión abarcada por sus combates secundarios como por la calidad y diversidad de elementos empeñados (interbandas en el primero de los casos) y aéreos, terrestres y fluviales en el segundo. No obstante su gran repercusión inocultable, ésta pronto fue olvidada —inclusive la del Combate de La Tablada, televisado en directo a lo largo de sus dos días con imágenes y sonidos que reportarían jugoso “rating” si algún canal las volviera a emitir— mientras cables locales y foráneos nos prodigan documentales sobre Fidel, el “Che” y sus secuaces.

La batalla de Monte Chingolo

La batalla de Monte Chingolo —si bien se centró en los depósitos de arsenales de esa localidad, que el “PRT-ERP” se proponía saquear, y en una “villa” aledaña donde los derrotados buscaron mimetizarse— abarcó desde el Riachuelo hasta Gonnet, desde el límite de la Capital Federal a los suburbios de La Plata distantes unos 70 km. entre sí, con cruentos ataques a comisarías e instalaciones militares. Se entablaron combates más o menos sostenidos en los capitalinos puentes Pueyrredón, Bosch, Victorino de la Plaza, Uriburu y de la Noria, cortando el Camino de Cintura en el Puente 12 sobre el Río de la Matanza, así como los cruces importantes en Avellaneda, Quilmes y Lomas de Zamora, el Camino Gral. Belgrano y el tráfico ferroviario en la barrera de Pasco, atacando cuarteles en City Bell y en Arana, la Unidad Regional Nº 2 de la Policía Bonaerense en Lanús, entre otras.

En uno de los combates secundarios perdimos al valiente Tte. 1º José Luis Spinassi, caído al frente de sus hombres cuando atacaba una posición enemiga en el puente sobre el Arroyo de las Piedras. Al admirable “Mono” Spinassi —condecorado postmortem “Al Heroico Valor en Combate”— como a los demás Caídos por la Patria desagradecida en esa cruenta jornada, nadie les dedica avenidas (como a Azucena Villaflor) ni plazoletas (como al terrorista Rodolfo Walsh u Ortega Peña) ni “homenaje popular” alguno, salvo la piadosa recordación de un puñado de sus camaradas civiles y militares.

En varios de esos combates participaron —reconocidamente— integrantes de “Montoneros”, mientras el “PRT-ERP” lanzaba sus más fogueados secuaces contra su objetivo central. El 23/12/1975 una columna de vehículos encabezada por un camión pesado embistió el portón de acceso a los depósitos de arsenales dejando malherido al centinela, táctica que repetirían exactamente sus continuadores al atacar La Tablada en otro “verano caliente”, el de 1989. A diferencia de éstos, que ultimaron al centinela (Roberto Tadeo Taddía, hermano de otro soldado caído en Malvinas), el herido en Monte Chingolo abrió fuego contra unos de los diez vehículos que intentaba embestir la antena de la radio, desviándolo e interrumpiendo su avance al tirar en ráfaga sobre el conductor.

En el Boletín Público Militar “Nuestras Operaciones”, Nº 43, págs. 4/8, así como en “Guerra de Guerrillas”, fascículo 16, págs. 241/249 —textos casi desconocidos e inhallables, porque no fueron reeditados por el Estados (con dinero nuestro) una cincuentena de veces como el “Nunca Más”— se narran en detalle las acciones heroicas que fundamentaron las condecoraciones (varias postmortem) de quienes impidieron el copamiento y saqueo de las muy extensas instalaciones, poniendo en fuga a los diezmados atacantes. Por ejemplo, un soldado —Carlos Eduardo Niessi— salvó la vida del operador de radio derribando y ultimando a golpes de martillo al terrorista que ya había asesinado a otro conscripto, Roberto Caballero. Un sargento ayudante —Roque Carmelo Cisterna— murió heroicamente tras poner fuera de combate a dos vehículos enemigos y sus dotaciones. Otro sargento ayudante defendió la Guardia durante dos horas y media, resistiendo entre sus ruinas hasta que fue rescatado. Quienes defendieron ese pequeño Alcázar derruido por no aceptar replegarse ni —mucho menos— rendirse, tenían con ellos a otro conscripto que estaba preso por desertor (volvió tarde de un franco) que reclamó un arma y un puesto de lucha y se ganó una condecoración al arrastrarse más de un centenar de metros al descubierto bajo intenso fuego, logrando recuperar la llave de un depósito de municiones de la Guardia cuya puerta no lograban forzar los defensores. Luego de incendiar esa Guardia, los atacantes se lanzaron al ataque, siendo rechazados por el sargento ayudante y sus soldados (“desertor” heroico incluido) en lucha cuerpo a cuerpo.

Similar heroísmo evidenciaron los defensores de la Compañía de Servicio —un cabo y sus soldados— que rechazaron los ataques de seis grupos motorizados distintos; los de la Compañía de Seguridad —un sargento ayudante, un cabo 1º, seis soldados y un enfermero—, y quienes contuvieron y batieron el abanico de vehículos desplegado al irrumpir el jefe de la Unidad, dos oficiales y un suboficial. Otra columna motorizada de los terroristas atacó por el fondo, siendo rechazada por la escasa dotación del Puesto “Galpones” con la pérdida casi total de vehículos y tripulantes. Todos los combates en el amplio terreno del cuartel fueron librados por el personal del mismo exclusivamente, durante más de dos horas —contra lo que sostienen historiadores enemigos que aducen “una encerrona”— hasta que llegada la noche comenzaron a arribar —venciendo en combates subsidiarios— fuerzas de Ejército, Gendarmería, policías (Federal y Bonaerense), del Batallón 3 de Infantería de Marina (del cual murió el conscripto naval Enrique Grimaldi) e inclusive cuatro máquinas de la Fuerza Aérea. A los caídos ya mencionados hay que agregar al capitán Luis María Petruzzi y a los soldados Benito Manuel Ruffolo y Raúl Fernando Sessa, así como a los numerosos heridos igualmente merecedores del reconocimiento de una comunidad ¿nacional? desmemoriada o ingrata. Pese a la insistente convocatoria a los deudos de los atacantes abatidos para reconocer y retirar los cadáveres, casi nadie acudió, por lo cual pasaron a engrosar la lista de “desaparecidos”… Constante que hoy se ha olvidado deliberadamente.

Otros crímenes

Como último botón de muestra entre los muchos igualmente memorables, la noche del 4/1/1977 en una esquina de San Justo se hallaba el soldado Guillermo Félix Dimitri para desviar el tránsito debido a una operación que tenía lugar en la zona. Una pareja de marxistas “montoneros” desembocó allí en un coche y, sin dudarlo, ametralló al conscripto, quien al caer para siempre logró tirar en ráfaga y herir a sus asesinos, quienes huyeron a gran velocidad. Las publicaciones “montoneras” de esa época al igual que el tercer tomo de “La Voluntad” informaron que la terrorista agonizó varios días y era la célebre adolescente Ana María González, asesina del Gral. Cardozo, padre de una amiga.

Adolfo Muschietti Molina

Nota: Este artículo fue publicado en la Revista “Cabildo” Nº 5, año I, tercera época, correspondiente a los meses de febrero y marzo de 2000.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Algunos difuntos olvidados


ARGENTINOS EN TRAFALGAR


En carta dirigida a “La Nación” desde Madrid el 24 de octubre de 2005, Armando Rubén Puente decía sensatamente: “España ha conmemorado sin pena ni gloria, con una parada naval en aguas de Cádiz que ha pasado incomprendida por los españoles, la heroica gesta de Trafalgar, donde su flota fue vencida por la británica, perdiendo en el combate sus más destacados marinos que eran también geógrafos, botánicos y astrónomos reconocidos en toda Europa por su valía. En esa gesta murieron combatiendo heroicamente contra la armada inglesa nueve argentinos. Sus nombres son Santiago Aldao, Francisco Aldao, Luis Flores, Jerónimo Gurruchaga, Matías Irigoyen, Benito Lynch, Eusebio Medrano, Miguel Antonio Merlo y Martín Warnes. Poco tiempo después los criollos hicieron morder el polvo a los británicos cuando invadieron el Río de la Plata. Honor y gloria a esos héroes ignorados y olvidados”.

La Argentina ha ignorado —sin pena ni gloria— el bicentenario de la batalla de Trafalgar y sus héroes argentinos. Como homenaje, hago mención de los nombres, apellidos y otros datos básicos de nuestros caídos que completen los ya publicados por el gran periodista Armando Puente y de los también muy ilustres supérstites que prosiguieron buscando una muerte heroica de este lado del océano:

o Francisco Antonio Aldao y Aragón, nacido en Buenos Aires el 22 de diciembre de 1770, Guardiamarina del Príncipe de Asturias, nave insignia del Jefe de Escuadra, Federico Gravina, murió en Trafalgar el 21 de octubre de 1805.

o Matías José Aldao y Aragón, nacido en Buenos Aires el 26 de febrero de 1773, murió en Trafalgar el mismo 21 de octubre.

o Santiago José Aldao y Aragón, nacido en Buenos Aires el 25 de agosto de 1777, murió en Trafalgar el mismo 21 de octubre. Era guardiamarina del Santísima Trinidad, quien —tergiversando órdenes— clavó y remachó la bandera de combate, luchando hasta morir.

o Manuel José Blanco Encalada (Blanco y Calvo de Encalada), nacido en San Isidro el 21 de abril de 1790, ascendido en Trafalgar a Alférez de Fragata a sus quince años de edad, luego Coronel del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile, Contralmirante y Jefe Supremo de su Escuadra (1825 y 1865); pese a no ser nativo, fue Presidente de la República de Chile (1826), General en Jefe del Ejército de Chile (1836), Intendente, Embajador, muerto en Santiago de Chile el 5 de septiembre de 1876. En su terruño natal, el Fondo de la Legua colonial lleva su muy ilustre nombre.

o Luis Antonio de Flores Pereyra, nacido en San Isidro el 17 de agosto de 1760, murió en Trafalgar el 21 de octubre de 1805, siendo Guardiamarina del San Francisco de Asís (el “Asís”) cuyo 2° Cte. era el luego célebre Almirante Juan de Dios Topete.

o Francisco de Gurruchaga, nacido en Salta en 1766, murió en Buenos Aires en 1847. Oficial Ayudante del Baltasar Hidalgo de Cisneros, Jefe de Escuadra en Trafalgar y luego XI° Virrey del Río de la Plata. El Liceo Naval salteño (disuelto) llevaba su ilustre nombre.

o Jerónimo de Gurruchaga, nacido en Salta, murió en Trafalgar el 21 de octubre de 1805.

o Matías Ramón José Mariano de Irigoyen y De La Quintana, nacido en Buenos Aires el 25 de febrero de 1781. Guardiamarina y timonel en el Santísima Trinidad, al caer herido amarró el timón asegurando el rumbo. Luego fue General del Ejército y Jefe de nuestra Capitanía de Puertos (actual Prefectura Naval Argentina, de la cual es el prócer máximo).

o Benito Antonio Miguel Lynch y Roo, nacido en Buenos Aires 2 de abril de 1791,murió en Trafalgar el mismo día 21. Guardiamarina del Santa Ana, por orden del Brigadier Álava clavó y remachó la bandera de combate.

o Eusebio Esteban Medrano, nacido en Buenos Aires, murió en Trafalgar el mismo 21. Oficial Ayudante de Baltasar Hidalgo de Cisneros, fue Jefe de Escuadra en Trafalgar y luego XI° Virrey del Río de la Plata.

o Miguel Antonio de Merlo, nacido en Merlo, murió en Trafalgar el mismo 21. Fue Niño Asistente (Cadete) del Brigadier Dionisio Alcalá Galiano, Comandante del “Bahama”, rescató la cabeza de su Jefe y la entregó al Capellán.

o Martín Lorenzo Jacobo José Thompson y López Escribano Cárdenas, nacido en Buenos Aires el 23 de abril de 1777, murió en alta mar al regresar de los Estados Unidos en 1817.

o Martín José Antonio Warnes y García de Zúñiga, nacido en Buenos Aires el 8 de julio de 1786, murió en Trafalgar el mismo día 21. Fue Oficial Asistente de Baltasar Hidalgo de Cisneros, Jefe de Escuadra en Trafalgar y luego XI° Virrey del Río de la Plata.

o José Matías Zapiola y Lezica, nacido en Buenos Aires el 6 de marzo de 1780. Alférez en el “Santa Casilda” ascendido por su comportamiento en Trafalgar, luego General en el Ejército de los Andes y Director del Departamento General de Marina. Al morir en Buenos Aires en 1874 le tributaron honores en Chile, España, Francia y Gran Bretaña por ser el último superviviente de la batalla de Trafalgar.
Adolfo Muschietti Molina