jueves, 17 de julio de 2008

miércoles, 16 de julio de 2008

Ruega por nosotros


FESTIVIDAD DE
NUESTRA SEÑORA
DEL CARMEN

Generala del Ejército



Quiero ser eremita del Carmelo,
contemplar en la nube tu presencia,
sentir el aleteo de la Esencia,
navegar con tu Estrella por el cielo,

llevar el manto, prueba de tu celo
en ofrecer al mundo tu asistencia,
el signo de mi entrega y dependencia,
tu obsequio generoso, tu consuelo.

Será tu escapulario la armadura
que me libere de mortales sellos
y me salve de error en noche oscura.

Espero que mi humana singladura,
guiada por la luz de tus destellos,
arribe al puerto azul de la ventura.

Emma-Margarita R. A. Valdés

Nota: la canción que compartimos es “La Patria vive”, compuesta y cantada por nuestro tan querido amigo Don Ángel Luis Miguel Salvat, quien ya fue llamado al Padre. Forma parte del excelente CD “Pie de Gallo”.

martes, 15 de julio de 2008

Habitantes todos de la ciudad y campaña


VOLVIERON AIRES FEDERALES

A SAN BENITO DE PALERMO







COMO DECÍAMOS AYER:
ASQUEADOS DE LA TIRANÍA

lunes, 14 de julio de 2008

Un poco de actualidad


INGENUIDAD, NO

ORÍGENES

Etimológica e históricamente la palabra ingenuo podría hoy considerarse un término de doble filo. Por un lado recuerda a uno de los treinta tiranos de la vieja Roma, el ex gobernador de la Panonia Ingenuo, que se vistió de púrpura y se proclamó emperador, allá por el 260. Derrotado por el hijo de Valeriano y las huestes campesinas, desapareció sin que pudiera saberse cómo y dónde quedaron sus huesos. Según la antigua advertencia, cualquier parecido o semejanza con personajes del momento es una mera casualidad. Desde otro ángulo, ingenuo también se llamaba por aquellos albores, al ciudadano romano nacido de padres libres. Especialmente eran reconocidos ingenuos los personajes conspicuos de la ciudad o de la vida rural, en contraposición al estado y condición del que hubiera conseguido su libertad por ahorro, especulaciones o manumisión de los poderosos.
Por estos caminos la palabra ingenuidad sólo significaba inicialmente, sinceridad, buena fe, franqueza. Pero con el andar de los tiempos, ingenuo —a fuerza de la noble candidez y la decadencia de las costumbres— llega a caer vulgarmente en fácil de embaucar.


TRAMPA

Después de haber librado batallas prestigiosas, el campo se está enfrentando a la etapa final del engaño fraguado por los especialistas del fraude. Y por momentos, da la impresión que con su ímpetu característico, los rurales están metiendo la mano en la trampa con su extenuante trajinar por el Congreso Nacional. Como si desconocieran la decisiva presión del jefe del partido justicialista —y sus súbidtos del Gobierno— sobre los legisladores. Como si hubieran olvidado algo increíble: aquella sanción de la reforma laboral que otrora cubriera de acusaciones de sobornos al Senado. Breve: deberían dejar que cocinen el engendro, sin ayudar a que lo cubran de afeites mezclándose de algún modo en la tramoya. Para que se vea claramente la ilegitimidad y la gran injusticia.


SUMA INJURIA

La ley que se está fraguando es mucho más grave que la Resolución 150. Y esto resulta así, porque ya no es que arbitrariamente el Ejecutivo ejerza facultades extraordinarias, sino que éstas quedan consagradas expresamente por el Poder Legislativo; desde luego atropellando a la Constitución Nacional.


AYUDAMEMORIA

Conviene siempre recalcar que:

- La ley en gestación prescribe: art. 1°) Ratifícanse las Resoluciones del Ministerio de Economía y Producción Nº 125 de fecha 10 de marzo de 2008, su modificatoria 141 de fecha 13 de marzo de 2008 y su derogatoria 64 de fecha 30 de mayo de 2008. Y art. 2°) Lo dispuesto en el artículo precedente lo es sin perjuicio de la vigencia de las medidas dictadas y sin desmedro de las facultades ejercidas para ello en el marco de los dispositivos en ellas citados y especialmente de la Ley N 22.415 (Código Aduanero) y modificatorias, en particular su artículo 755, correlativos y concordantes.

- El artículo 755 del Código Aduanero (dictado en 1981 por el gobierno de facto – es decir, no existiendo Congreso) al establecer tributos delega en el Poder Ejecutivo la facultad de fijar derechos de exportación o retenciones;

- El artículo 76 de la Constitución Nacional prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias determinadas de administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su ejercicio y dentro de las bases de la delegación que el Congreso establezca.

- Por el artículo 93, inciso 3 de la Constitución, le está prohibido al Ejecutivo legislar. Ni por decretos de necesidad y urgencia puede hacerlo en materia tributaria. Transferir el poder legislativo al Ejecutivo, obviamente importa subvertir las funciones asignadas a cada poder en un sistema republicano.

- Por lo demás el tributo del caso actual es confiscatorio, según la doctrina de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En pugna con el artículo 17 de la Constitución.

- Artículo 29 de la Constitución Nacional. El Congreso no puede conceder al Ejecutivo Nacional, ni las legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria.

- Artículo 227 del Código Penal. Serán reprimidos con las penas establecidas en el artículo 215 para los traidores a la patria, los miembros del Congreso que concedieren al Poder Ejecutivo Nacional y los miembros de las legislaturas provinciales que concedieren a los Gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, la suma del poder público o sumisiones o supremacías, por las que la vida, el honor o la fortuna de los argentinos queden a merced de algún gobierno o de alguna persona (artículo 29 de la Constitución Nacional). El artículo 215 establece la pena de reclusión o prisión perpetua.


CONCLUSIÓN

No conviene querer enderezar lo retorcido deliberadamente.

sábado, 12 de julio de 2008

Convocatoria


Queridos amigos:

La causa del campo es justa. Y lo que dicha causa representa lo es aún más.

Frente a esta causa, y queriendo doblegarla, está la tiranía kirchnerista.

Parece todo ello razón suficiente para que nos sumemos a la concentración del martes 15.

Lo demás ya lo sabemos y lo hemos dicho con largueza en todos estos meses. Sabemos de la confusión, de la heterogeneidad, de la mezcolanza ideológica, y de los personajes indeseables que están detrás de la cuestión ruralista. Pero a pesar de estos riesgos creemos legítimo y necesario dar nuestro presente. Todo lo nacional es nuestro, decía Maurras.

Por razones de practicidad y de seguridad, nos encontraremos a las 13:00 en la puerta del Jardín Zoológico. Esperaremos a quienes deseen participar junto a nosotros hasta las 13:30 aproximadamente. Y luego nos acercaremos al lugar central.

Los esperamos.

Muchas gracias, desde ya.

Un abrazo.

En Cristo y en la Patria,

Antonio Caponnetto
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EL KIRCHNERISMO LEGISLA
CONTRA LA PATRIA

La ley injusta no obliga en conciencia a su cumplimiento.
La ley injusta no es propiamente ley.
La ley sólo es justa, en razón de su fin,
cuando se ordena al bien común;
en razón de su autor,
cuando no sobrepasa las atribuciones del legislador;
en razón de su forma, cuando establece
cargas proporcionales entre los súbditos.
La ley es injusta si su fin es contrario al bien común;
si hay exceso de potestad por parte del legislador,
o si la distribución de las cargas
que impone la norma es desigual.
Sin estas condiciones, la ley es violencia tiránica
y debe ser resistida.

Santo Tomás, Suma Teológica; I,-2, q.96

ACATAR UNA LEY INJUSTA
ES SER SU CÓMPLICE

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Se agradece difundir

viernes, 11 de julio de 2008

Científicas


EL CASO GALILEO

“Se me ha concedido a mí y sólo a mí,
el descubrir todos los nuevos fenómenos del cielo,
y ya no queda nada para nadie más”
(Galileo Galilei, “Il Saggiatore”)


Como es la costumbre en nuestro mundo moderno, la verdadera naturaleza de los problemas siempre se oculta. Así, el tan manoseado y novelado “caso Galileo” sólo ha servido, y sigue sirviendo, para repetir las usuales tonterías sobre la Inquisición, la represión del pensamiento, el héroe “librepensador” enfrentado contra las fuerzas del oscurantismo, etc. Pero todo esto es pura manipulación ideológica. Desde ya digamos que la primera y rotunda verdad a señalar, es que Galileo fue un católico convencido y practicante hasta el fin de sus días, y que siempre tuvo muy en claro que su problema había sido de carácter fundamentalmente disciplinario, que jamás afectó su fe. (Mis queridos camaradas “librepensadores”: aunque Uds. rechinen los dientes, no me queda más remedio que comunicarles que Galileo no sólo era católico, sino además “clerical” (!), y que la famosa frase “eppur si muove”, es puro verso, en caso de que todavía no se hayan enterado).

Lo que sí es importante destacar, por la enseñanza que nos deja, es que tanto Galileo como los que lo juzgaban, estaban al mismo tiempo equivocados y acertados. En distintos planos, claro. Pero lo más curioso del caso, es que cada uno de ellos acertaba en su área no específica y se equivocaba en su propio campo. Esto es, Galileo se equivocaba en lo científico y acertaba, a medias, en lo teológico y los teólogos que lo juzgaban, se equivocaban (?) a medias, en lo teológico y acertaban en lo científico. Tenían razón los teólogos cuando decían que los datos científicos de Galileo no eran suficientes para afirmar con certeza la teoría heliocéntrica (y definitivamente no lo eran). Tenía razón Galileo a su vez, cuando sostenía que ningún descubrimiento científico podía entrar en conflicto con la verdad revelada. Con lo cual no hacía otra cosa que adherir a la postura tradicional de la Iglesia, expresada en este caso por el mismísimo Cardenal Belarmino —encargado del proceso— (y amigo de Galileo, digamos de paso), cuando decía que “si se llegara a tener una demostración científica del copernicanismo, se interpretarían entonces los textos de la Sagrada Escritura copérnicamente”.(1)

De todas maneras, es importante dejar bien en claro que se trató de una típica disputa de familia. Esto es, un pleito entre católicos. Los “librepensadores” no tienen un pito de la vela que hacer aquí, y el hecho de que traten de sacar partido de este conflicto, demuestra una vez más su absoluta falta de honradez intelectual. Lo que generalmente se ignora en todo este asunto, es el contexto histórico en que tuvo lugar este proceso. Pues, cabe preguntarse, ¿por qué la teoría heliocéntrica, publicada por el canónigo Copérnico cien años antes de Galileo, lo mismo que su aceptación por Kepler (17 años antes), no suscitaron la más mínima reacción adversa por parte de Roma? ¿No requiere esto acaso una explicación? Y la explicación es, como dije, que Galileo no tenía los suficientes fundamentos científicos para afirmar como cierta la teoría heliocéntrica. Esto además de que varios de ellos eran erróneos, como su teoría de las mareas, sin ir más lejos. Tengamos presente además, que en 1610 Giordano Bruno, basándose en la teoría de Copérnico había dicho un montón de disparates totalmente heréticos, que crearon un clima de mala disposición hacia el tema. Varios historiadores de la ciencia coinciden en afirmar que sin el precedente de Giordano Bruno, es muy poco probable que la Iglesia hubiera impuesto sanciones contra Galileo.(2) Como de hecho no las tomó frente a Copérnico y como no sólo no las tomó contra Newton, sino que aceptó totalmente su teoría, (levantando en 1757 la condena contra el heliocentrismo) al ver que Newton —al contrario de lo que había ocurrido con Galileo— sí tenía todos los elementos científicos para afirmar como cierta la teoría heliocéntrica. Además, Galileo no se limitó al tema científico, sino que se creyó autorizado a pontificar como filósofo y teólogo, en lo cual era absolutamente nulo. Y esto fue lo que colmó el vaso.

Es importante destacar también que Galileo era bastante cabroncito y de una soberbia feroz, y que en el sentido estrictamente legal —y prudencial— su censura tenía más de un punto defendible. Arthur Koestler, el gran escritor contemporáneo, uno de los pocos que ha analizado con honradez y profundidad este tema, y que además era agnóstico para más datos, dice que “el rasgo más destacado del carácter de Galileo y también la causa de su trágica caída, era la vanidad… una hipersensibilidad a la crítica, combinada con un sarcástico desprecio hacia los demás… una fatal mezcla de genio y arrogancia, sin la menor humildad”.(3) Los teólogos y sabios que lo juzgaban, reaccionaron más contra su dogmatismo que contra el heliocentrismo. Contra su egolatría antes que contra su astronomía. De todas maneras, es innecesario que digamos que Galileo fue ciertamente un científico genial. Sin lugar a dudas que lo fue, y ante eso nos inclinamos con admiración y respeto.

Así y todo, no nos resulta humanamente simpática su figura. No fue heroico como Giordano Bruno, que al menos estuvo dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias por sus ideas. No tenía ningún vuelo filosófico y menos aún místico, como Kepler. Se retractó de la boca para afuera (luego del primer proceso), pero siguió enseñando lo que había jurado por escrito no enseñar, y además con un lenguaje en donde los términos “asnos”, “estúpidos” y “pigmeos mentales”, por ejemplo, eran de rigor para referirse a cuantos no aceptaban sus ideas. Es pertinente agregar también, que antes y después del primer proceso (1616), Galileo fue tratado con suma consideración y respeto, siendo homenajeado y agasajado en Roma por personalidades como el Cardenal Famese y los Papas Paulo V y Urbano VIII; que las famosas “torturas” jamás existieron; que su castigo fue la prohibición de continuar publicando, y finalmente, que sus “cárceles y cadenas” inquisitoriales —luego del segundo proceso (1636)—, fueron… la residencia forzada en el palacio del Gran Duque de Toscana, y después en su suntuosa finca de Arcetri, cerca de Florencia.(4) Lugar donde el ilustre sabio continuó sus estudios en la más completa tranquilidad, con un magnífico telescopio —obsequiado por los jesuitas— muriendo como un buen cristiano en 1642, a la respetable edad de 78 años. Esto además de tener un hermoso monumento a su memoria, nada menos que en la Iglesia de la Santa Croce, en Florencia, donde descansan sus restos.

¡Qué no hubiera sucedido si a Galileo lo hubiesen ejecutado! Como aconteció, sin ir más lejos, con Lavoisier —el padre de la Química moderna—, guillotinado, por católico y monárquico, durante la democrática Francia del Terror, en 1789. ¡No habría colegio o universidad sin una estatua a su memoria! Pero claro, el carácter de mártir lo determina siempre el poder dominante.

Por ello es que Galileo es un “mártir” “correcto” y Lavoisier, en cambio, es “incorrecto”. De la misma manera que el “Che” Guevara es totalmente correcto y Corneliu Codreanu, entre tantos otros, espantosamente incorrecto.

Los feroces contestatarios “librepensadores” —siempre muy revolucionarios ellos— deberían comenzar por investigar, cuál es el poder ideológico, político y sobre todo económico —según ellos, el más importante— que domina a Occidente en los últimos cuatrocientos años. Si así lo hicieran, con rigor y honradez intelectual, quedarían estupefactos. Aunque en realidad, mucho me temo que ya lo han hecho, y que por eso se hacen los distraídos…

Raúl O. Leguizamón

Notas:
(1) Citado por Guillermo Furlong en “Galileo Galilei y la Inquisición Romana”, Buenos Aires, Club de Lectores, 1964.
(2) Pascual Jordán: “El Hombre de Ciencia ante el Problema Religioso”, Madrid-Guadarrama, 1972, pág. 57; Charles C. Gillispie: “The Edge of Objectivity”, Princeton University Press, 1973.
(3) Arthur Koestler: “En Busca de lo Absoluto”, Kairós, 1983, pág. 126.
(4) Salvando las abismales distancias, esto me hace recordar las famosas “cárceles y cadenas” de José Mármol, cuya “reclusión” se debió a una decisión expresa de Rosas para protegerlo de la vindicta justiciera de los hermanos de una niña seducida por el “mártir”. Excepcional deferencia que tuvo Rosas para con José Mármol, por ser éste hijo natural de su gran amigo y embajador en el Brasil, general Tomás Guido, según decía Jauretche.


ADVERTENCIA: Es altamente recomendable —y felizmente adictivo— leer todos los libros de nuestro buen amigo el Profesor Raúl Leguizamón.

jueves, 10 de julio de 2008

Hipótesis


¿ARGENTINA ES
“LA ESPERANZA DEL MUNDO”?

Justo al aparecer en los medios esa increíble frase supuestamente de labios papales: “Argentina es la esperanza del mundo”, andaba releyendo a Castellani en ese Prólogo-ensayo llamado “Decadencia de las sociedades”, que está en “Seis ensayos y tres cartas”. Aunque ya sé que el yo es odioso, me tendrán que perdonar porque no me queda sino hablar en primera persona, aunque el que piensa sea otro.

Al leer esa frase me dije: por aquí anda la Providencia. ¡Pero de qué modo absurdo! ¿Es una amarga ironía o una burla siniestra? “Ni lo uno, ni lo otro, ch’amigo” —como dijo el ilustre santafesino citando al sinlustre correntino—, Benedicto XVI es totalmente incapaz de eso. Absolutamente imposible, aunque me taladraba los oídos como si fuese macana…

“Hay naciones que crecen, otras que se estabilizan, otras que retroceden y aun perecen y desaparecen…” —leía al cura y creía saber por donde estábamos—. “Nación que pierde el sentido de lo sacro, está perdida” —la cita era de Platón, y analizándola en contexto de nuestra historia, pasada y presente, era demoledora—. Ni falta hace el haberse enterado por Aníbal D’Angelo de las porquerías del “Gran Hermano”.

Yo estaba convencido de que no siendo un sarcasmo, la frase debía haber sido una inocentada, fruto de la buena intención para con una nación débil en manos de “perdularios” (vamos a ser finos como Castellani y no llamarlos como me sale a mí).

¿Un invento de Scioli? Quizás… aunque… y seguí pensando y leyendo: “La cima de la actividad intelectual es la profecía. El profeta está por encima incluso del metafísico; y de hecho no hay un gran metafísico que no tenga una punta de profeta. La razón es que el profeta es a la vez profundo como el metafísico, y concreto como el político”.

¿Por qué misteriosos caminos quizás lo absurdo sea una profecía? Desde ya que las profecías no suelen ser razonables, porque si no, más que profecías serían deducciones o predicciones lógicas. Las profecías sorprenden y golpean con lo inesperado, como para mostrarnos que detrás de todo está el Misterio.

Y los profetas aparecen en las crisis, cuando hay un tironeo (como dice su etimología griega) entre lo que debemos ser y lo que somos; podría ser ahora, cuando vemos lo que no somos: un país en serio (a pesar del slogan barato del Irreprochable Mr. K.).

“Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas…” (San Lucas, XIII) dijo Nuestro Señor cuando el pueblo judío mostraba su infidelidad. “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” ¿Y son males los que profetiza? Al fin se verá que no —al final de los tiempos, digo— “hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor…”

La voz profética advierte para que esperemos y no nos sorprendamos. Y si es que el Papa Benedicto XVI profetizó algo, es todavía más sorprendente que la destrucción de Jerusalén —que se podía olfatear—: es la resurrección del muerto que ya hiede.

La Argentina está muerta, y una de las causas Castellani la describe así: “Un pueblo que mata a sus maestros naturales está perdido, y no hay más que llorar sobre él. Un pueblo que mata a sus maestros naturales se saca los ojos. No es necesario que los mate físicamente, basta que los mate como maestros. Basta que al escritor que sabe, por ejemplo, no le deje editar sus libros; basta que al escritor que construye, no le deje difundir sus escritos; al escritor que tiene la palabra de la salud, le haga el vacío delante y entorno. Ese pueblo se vuelve voluntariamente ciego. Y entonces se hace guiar por otros ciegos, pues no puede ver que son ciegos. Y se precipita al abismo”. Que es donde estamos, ¿o no?

Per crucem ad lucem; todavía hay algo esperanzador. Ciertamente que Argentina tiene la tradición hecha carne de matar a los maestros y colocar en su lugar a pseudomaestros (falsoprofetas). La historia de nuestra “cultura” es muestra palmaria “desto”. Dondequiera que se encuentra la virtud en grado eminente es perseguida y despreciada, le explicaba Don Quijote a Sancho. Y el dondequiera acá es totalitario, nada se le escapa… salvo el infinito poder de Dios. Nos duele ver cómo se ha destruido la escuela argentina, la Universidad y hasta nuestra misma Iglesia local (porque la “Santa y universal” es intocable). Ver que leemos menos, que somos menos, que ya ni con los peores nos podemos comparar (¡ay, que me da bronca decirlo!), ver eso, decía, es t-e-r-r-i-b-l-e… y sin embargo, aunque suene absurdo: hay una esperanza.

¿Se sale de la imbecilidad voluntaria? Por cierto que no con fuerzas propias. Se sale con la fuerza que viene de lo alto (si a Él le place —y quizás le plazca—), y con la fuerza milagrosa de esos maestros que matamos, pero que aún están. Castellani, por nombrar a uno, fue perseguido, ignorado, maltratado, despreciado, pero todavía está y eso es Providencial, porque no abundan por el mundo los Castellani, ni los Hernández, ni los Menvielle, ni los Sáenz (y termino aquí aunque podría escribir varios renglones).

Cuando el magisterio “católico-oficial” nos muestra terriblemente su esterilidad histórica, cuando ya no se oyen voces claras ni desde los púlpitos (que por lo pringosos y blanduchos a veces parecen pulpitos —¡oh, maravillas de la acentuación!—), cuando las reservas de la Nación ya no existen y la gente está embrutecida con Tinelli o con el “Gran Hermano”; ahí es cuando la voz del profeta se levanta y nos abre al Misterio.

La conclusión del cura era parecida: “En fin, nuestro grande y hermoso país está en decadencia política, educacional y moral en forma que no vemos el remedio. Es un proceso que viene de muy atrás y seguirá adelante si Dios no lo remedia, pues sólo Él puede remediarlo, quién sabe cómo”.

Y propongo que nos aferremos a lo dicho por el Papa como si fuese en serio una profecía (que quizás lo es), poniendo los medios posibles como para que Dios pueda obrar. Si leíamos que “un país que mata a sus maestros está perdido”, más que nunca tenemos que resucitarlos con lectura y difusión, con reconocimiento y afecto hacia los que todavía están vivos (aunque, como corresponde, anden magullados) y hacia los que ya no están entre nosotros —porque a decir verdad, nunca se los puede matar del todo—.

Si en otros tiempos el encontrarnos con alguno de aquellos maestros cambió nuestra vida, por qué no ser agradecidos y transmitir esa Vida reencontrada a los demás. Quizás alguna vez, insistiendo con el remedio, hallemos la cura. “Los sabios son aquello por lo cual se conservan, se sustentan y acrecen las naciones…” citaba el cura a Alfonso X el Sabio. Y aunque no los merecemos, los tenemos, Deo gratias!

Franco Ricoveri

miércoles, 9 de julio de 2008

Independencia


LE HABLO
DE UN
NUEVE
DE JULIO

lunes, 7 de julio de 2008

Castrenses


LAS CULPAS DEL GENERAL
LUCIANO MENÉNDEZ

El 27 de mayo comenzó el juicio al General de División Don Luciano Benjamín Menéndez. Ante todo, debo asentar mi expresión de respeto por quien, además de luchar contra los enemigos de la Patria, ha tenido la lealtad y la valentía de reclamar para sí la responsabilidad de los actos de los subordinados que actuaron bajo su mando.

Pero ese respeto no me hace coincidir con Menéndez, ni en su actuación política, ni en el estilo procesal usado para con los enemigos prisioneros. Creo que, una vez más, este simulacro de juicio es perverso, entre tantas otras cosas, porque la acusación no se refiere a las verdaderas culpas del General, por las que, eventualmente, podría ser juzgado.

Procurando anticipar un juicio desde la perspectiva histórica, pienso que Menéndez es responsable o co-responsable, de algunos males infligidos al Bien Común de la Nación, a pesar del patriotismo y de su valentía civil en asumir gran parte de la conducción contra el enemigo nacional.

Y paso a detallar cuáles son, a mi parecer, las deudas por las que podría pagar.

1ª: Volver a atrapar a la Argentina en la trampa colonialista liberal. Si el movimiento militar del 24 de marzo de 1976 era plenamente legítimo en sus motivos antecedentes, fue perdiendo legitimidad en la medida en que insistía en aherrojar a la Patria en el liberalismo: político, educativo, jurídico, económico. Recuerdo una exposición de casi cuatro horas, en la que fue secundado por varios oficiales superiores, que se realizó en el Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria de Córdoba, acerca de las causas y naturaleza de la subversión. En vez de referirla a un orden sobrenatural, o por lo menos natural, cuya jerarquía se procuraba invertir, suprimiendo principios del orden natural como la Autoridad, la Libertad, la Justicia en todas sus formas, especialmente la legal y la distributiva, la Propiedad y su función social, etc., la exposición ordenada por Menéndez definía a la subversión como “la guerra del totalitarismo contra la democracia” y ejemplificaba como fuerza orgánica subversiva, al Ejército Alemán bajo el gobierno de Hitler.

A partir de tal incomprensión del problema a resolver, partiendo de un diagnóstico tan errado, cuesta pensar que una de las mayores Unidades de Batalla de la Patria estuviera en manos de quien tan poco entendía de política. Y sabemos que la ignorancia o la conciencia errónea, no disminuyen la responsabilidad cuando se tiene obligación de saber.

No sería justo culpar a Menéndez de todos los errores políticos del “Proceso”, que fueron esenciales, pero innegablemente fue parte de la más alta Conducción del País cuando se tomaron decisiones fatales, como la política económica creadora de la monstruosa deuda externa, o la decisión de combatir a la guerrilla marxista “por la izquierda”, es decir, degradar una Guerra Justa transformándola en operaciones clandestinas, regalando al enemigo la legalidad. Si él no estuvo de acuerdo, al menos omitió oponerse tan decidida y virilmente como lo hizo luego, unos años más tarde, cuando se fue dando un portazo que lo honra. Probablemente, podría haber incurrido en el mismo error de los Generales de Hitler, al creer que la función militar que le correspondía no era esencialmente política, lo cual implicaría ignorancia de su responsabilidad profesional y cívica. Igualmente, demostró no estar políticamente preparado para tan alta función.

Haber creído en la “democracia” y la “constitución” es una tacha política indisimulable en tanta jerarquía.

2ª: Omitir la legislación de guerra necesaria para enmarcar las acciones contrarrevolucionarias. Demostrada la inadecuación de las leyes y del sistema judicial, pensados en el mejor de los casos para penar a ladrones y cuchilleros que dañan bienes particulares, era imprescindible aplicar la Justicia de Guerra para agresiones al Bien Común, sustituyendo el sistema judicial y los procedimientos por juicios sumarísimos, como probablemente se hizo en muchos casos.

Santo Tomás explica que, aunque el criminal obre como una fiera, sigue siendo humano, y la naturaleza racional exige que sea condenado en juicio (que es una operación lógica, racional) por más breve y hasta implícito que fuere.

La represión, pese a las ridículas versiones escolares y periodísticas, no se hizo a ciegas, al azar, ni por capricho, como mató muchas veces el terrorismo marxista. Lo prueba que la lista de ejecutados “desaparecidos” prácticamente coincide con la de bajas de las organizaciones terroristas, según informes de parte. Pero la coincidencia entre sentencias y crímenes, no quedó legalizada, sino que se hizo violando la legislación vigente. Aniquilar a la subversión no quería decir marginar las leyes, códigos y procedimientos, cosa que ningún decreto podría ordenar sin destruir su propio fundamento. Por más justas moralmente que hayan sido las condenas, han quedado en la ilegalidad.

3ª: Confundir al enemigo, dirigiendo la guerra hacia los efectos y no a las causas. La repetida declaración de que la guerra había sido ganada y ahora se pretendía juzgar a los vencedores, demuestra el error: puede haberse aniquilado a la guerrilla, a la fuerza armada combatiente, pero fueron respetadas las estructuras políticas y los dirigentes ideológicos y políticos de la subversión.

Y al final del Proceso, a ellos se entregó la Patria en un acto de fe en el sistema subversivo constitucional. Una Constitución que suprime de la parte resolutiva toda referencia a la constitución católica de la nacionalidad, omite el fundamento del orden estatal en la Realeza Social de Cristo y, en cambio, proclama como fundante a la “soberanía popular” (artículo 33), es una Constitución esencialmente subversiva. Poner como principio del orden jerárquico jurídico, social y político a lo más bajo, rechazando a lo Más Alto que era invocado siempre en los intentos constitucionales o equivalentes anteriores, es subvertir la jerarquía de las esencias que estructura la realidad entera.

Lamentablemente, murieron guerrilleros y jóvenes ejecutores de órdenes, pero la Conducción y la Inteligencia enemigas se adueñaron del terreno al amparo del sistema constitucional y hoy nos gobiernan.

4ª: Omitir los testimonios procesales con el registro de las culpas de los criminales ejecutados. La Historia no dispondrá nunca de las razones que hubo para condenar a muerte y ejecutar a los condenados. Si bien es cierto que hay otros testimonios que incriminan a muchos de ellos, incluso confesiones de sus cómplices, tampoco puede probarse que tales elementos de juicio obraran en conocimiento de quienes juzgaron y condenaron a los criminales, por lo cual hoy es posible oír que se los mató arbitrariamente, sin juicio ni defensa.

Si hoy pudiéramos disponer de las actas de los procesos, aunque fueran mínimas, se caerían las imposturas de inocencia de los “jóvenes idealistas”, y aparecerían otra vez las fisonomías morales, brutales o retorcidas, de asesinos y terroristas, y se tendría la medida de la responsabilidad de los ideólogos y dirigentes que los engañaron y usaron.

Y no hablo aquí, porque sería injusto, de posibles inocentes que puedan haber sido ejecutados, porque, ¿qué sistema judicial está exento de haber condenado erróneamente a gente que no tenía la culpa que se le atribuía? Y ¿en qué guerra no mueren inocentes?

En fin, es lamentable que el General Menéndez sufra hoy un proceso por patriota y por haber eliminado enemigos de la Patria, y no por sus errores y los daños que, seguramente sin quererlo, se han hecho a la Argentina con su cooperación. Será la Justicia Divina la que ponga las cosas en su sitio.
Edmundo Gelonch Villarino
Córdoba, 27 de mayo de 2008

viernes, 4 de julio de 2008

1807 - 5 de julio - 2008


A 201 AÑOS
DE UNA HAZAÑA

A decir verdad en este Bicentenario de la derrota inglesa en las calles Buenos Aires, lo que recordamos es un capítulo —tal vez de los más importantes— en la larga serie de agresiones que a través de la masonería y de las armas realizó Gran Bretaña contra el Imperio Católico y sus Reinos de Indias.

Francisco Miranda, llegado a Londres en 1797, expresó a los círculos políticos sus intenciones de llevar la “Independencia” al continente Hispanoamericano a través de una invasión militar inglesa. Su fracaso en Puerto Cabello no fue tenido en cuenta, ya que la victoria de Trafalgar —obtenida por el Almirante Nelson en octubre de 1805— ratificó el dominio inglés de los mares para proyectarse donde la estrategia del “War Office” lo considerara necesario.

La ocupación del extremo sur de África por parte del Comodoro Popham, en esos momentos asesor del Premier británico, hizo renacer la posibilidad de un golpe contra el Imperio de las Españas. Fue entonces cuando —expresa el historiador Francisco Bauzá— “Popham al encontrarse desocupado comenzó a volver sobre sus recuerdos. Aquellos ofrecimientos de Miranda que habían tentado su codicia lo inflamaron de nuevo…”

En una rápida acción, en junio de1806, ocupó la capital del Reino Platense donde con el general Beresford sentó sus reales. Dueños de la ciudad los británicos recibieron la inmediata adhesión de muchos personajes conocidos. Castelli, por ejemplo, encabezaba la lista de más de medio centenar de “distinguidos” vecinos que bajo firma mostraban su entusiasmo por la nueva situación. Como más tarde relató Rivadavia: “Beresford pudo reunir todo el partido que ya meditaba la separación de la Colonia”.

Ellos eran seguramente los que desde 1804 se venían reuniendo con Santiago Burke, el espía anglo-irlandés, quien a instancias de sus jerarcas londinenses había montado una secreta red de extranjeros como el norteamericano Guillermo White y criollos, entre los que se contaban Castelli y Rodríguez Peña, corresponsales de Miranda.

Todo esto nos lleva a señalar que le asiste razón al Dr. Carlos Alberto Pueyrredón cuando en “Publicación del Instituto de Estudios Históricos sobre la Reconquista y Defensa de Buenos Aires” (Editorial Peuser, 1947) dice que “es lógico suponer que la idea de independencia no estuviera ausente durante la breve posesión de Buenos Aires. Fue funesto error de los ingleses —agrega— no haberla planteado antes del ataque”.

El mismo autor, por anglofilia solidaria con su antepasado, muestra documentos que hablan de la conferencia entre don Juan Martín, el Comodoro Pirata y Mr. White, buscando la “independencia” mediante la “generosidad” gringa. En resumen: repasando las páginas del capítulo que hoy nos ocupa, queda muy claro el doble juego de quien era Jefe de la Caballería contrainvasora y su emisario receptor, el naviero yanqui sostenedor logístico del invasor.

Poco duró esta situación. En agosto de 1806 las fuerzas montevideanas reclutadas por el Gobernador Ruiz Huidobro y las de Buenos Aires, ambas comandadas por Santiago de Liniers, vencieron en Miserere y reconquistaron la Ciudad de la Trinidad. Pero llegó el segundo zarpazo pirata, como refuerzo del primero. Cuando el coronel Backhouse ocupó y saqueó San Fernando de Maldonado la situación mostró que el objetivo era San Felipe y Santiago de Montevideo.

El 16 de enero de 1807 los ingleses —comandados por el general Samuel Auchmuty— desembarcaron en “Playa Buceo”. Durante quince días atacaron por río y por tierra.

Finalmente, el día 1º de febrero consiguieron entreabrir una brecha en la muralla. Por ella penetraron en la noche del 3 de febrero, desarrollándose entonces un combate calle por calle hasta el amanecer, en el que los atacantes lograron el dominio del Real montevideano. La resolución de volver a atacar Buenos Aires fue adoptada por el nuevo Jefe británico, el general John Whitelocke.

Era el mes de julio de 1807. Se repetían la situación y los propósitos. Nuevamente recaía la responsabilidad en el Reconquistador de 1806. Aquel Caballero de la Orden de Malta: Santiago José Luis de Liniers y Bremond, hombre de Fe que amaba la Monarquía Católica; providencialmente, se hallaba cumpliendo 54 años, pues había nacido en la festividad de Santiago en Niort (Francia) el 25 de julio de 1753. Se preparó para la lucha como todo un Caballero Cristiano.

Así escribió: “Mi confianza en la Providencia es inalterable, cuando veo más apurados los lances es cuando más se acrisolan mis esperanzas, fundadas en un precepto de San Pablo”. Agregando en nota al cabildante Martín de Álzaga: “En los lances apurados y desgraciados es cuando se debe tener mayor constancia”.

La ciudad se preparó entonces para el ataque enemigo. Hasta los niños formaron. Entre ellos, Juan Manuel de Rosas, con sus trece años, integrando los Migueletes. Del parte de Santiago de Liniers al Príncipe de la Paz extraemos un breve párrafo: “el día cuatro lo aproveché para abrir unas trincheras a una cuadra al frente de las ocho calles de la Plaza… haciendo subir a las azoteas las piedras que se sacaron de las calles y habiéndolas provisto de granadas y frascos de fuego”.

El día cinco, cuando las lámparas comemzaban a expirar, empezó el ataque por el Retiro, que duró horas. Finalmente Whitelocke, desalentado por sus miles de bajas, aceptó el desalojo del Río de la Plata en dos meses. El Misterio de Iniquidad no había prevalecido.

Luis Alfredo Andregnette Capurro