lunes, 17 de mayo de 2010

Declaración del Consorcio de Médicos Católicos


EL TOTALITARISMO
DEMOCRÁTICO


El 2 de abril el Parlamento belga aprobó una resolución en la que insta al Gobierno a condenar las “declaraciones inaceptables” del Papa contra el uso del preservativo en la lucha contra el sida y a protestar oficialmente ante el Vaticano. La Cámara adoptó la resolución por 98 votos a favor, 18 en contra del partido flamenco Vlaams Belang, y 7 abstenciones.

El texto pide al Gobierno belga que proteste por la vía “oficial y diplomática”, a través de su embajador en la Santa Sede, al considerar los diputados que las declaraciones de Benedicto XVI en África constituyeron una “ofensa hacia los compromisos de la comunidad científica para prevenir y luchar contra la propagación del sida”.

“La resolución suscita estupor, dado que en todo país democrático parece obvia la libertad del Papa y de la Iglesia Católica de expresar su postura y líneas de acción sobre argumentos relacionados con la visión del ser humano y de su responsabilidad moral, con las perspectivas de compromiso educativo y formativo de la persona y con el servicio de cuidado de los enfermos y de los que sufren”, dijo el vocero vaticano Padre Lombardi.

A esta gravísima e intolerable pretensión totalitaria para acallar no sólo a Benedicto XVI, sino también a los otros miembros de la Jerarquía católica, se suma la del gobierno holandés de enero de 2009 (vid. NG 954). Aquella vez fue la pretensión del homosexualismo político la que quiso acallar al Sumo Pontífice (vid. NG 755, 779, 827, 841). Por un lado, se trata del intento tiránico, que va in crescendo, de imponer el discurso de la “cultura de la muerte” y por otro se desea atemorizar a la Jerarquía de la Iglesia para que acalle la verdad que debe proclamar. Benedicto XVI da ejemplo de fortaleza en el testimonio de la Verdad. Quiera Dios que no hagan mella en otros pastores la pusilanimidad y la cobardía, la “prudencia de la carne” o los cálculos políticos.

DECLARACIÓN DEL CONSORCIO
DE MÉDICOS CATÓLICOS


Hace unos días el Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires (Argentina), emitió una declaración de apoyo al Santo Padre que nos parece oportuno recordar: Dice el documento (texto completo):

El Santo Padre Benedicto XVI afirmó sobre la epidemia de HIV-SIDA que, “no se puede resolver el problema con la distribución de preservativos. Al contrario, se corre el peligro de aumentar el problema”.

Adhiriendo a estas palabras el Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires hace llegar a la opinión pública la siguiente declaración.

1) Las campañas de salud basadas en la distribución de preservativos para evitar el SIDA inducen a engaño, porque ocultan información y no colaboran a la prevención, sino a una mayor difusión de las conductas de riesgo, ya que implican que las autoridades sanitarias están dando su visto bueno a las conductas y estilos de vida que son responsables de la epidemia.

Sirva de ejemplo que la misma OMS afirma que el preservativo tiene una tasa de fallos del 14% (Organización Mundial de la Salud, Effectiveness of Male Latex Condoms in Protecting against Pregnancy and Sexually Transmitted Infections, en OMS Information Fact Sheet, núm. 243, de junio de 2000).

Al mismo tiempo la Internacional Planned Parenthood Federation (IPPF), una de las promotoras de las campañas llamadas de sexo seguro, sitúa la tasa de fallos en el 30%, y a ésta hay que añadirle que “el riesgo de contraer SIDA durante el llamado «sexo protegido» se aproxima al 100% a medida que el número de relaciones sexuales se incrementa” (IPPF, Medical Bulletin, How Much Do Condoms Protect Against Sexually Trasmitted Diseases?, febrero 1997). Por lo tanto, como afirmó este Consorcio el 8 de marzo de 2005, los preservativos no hacen el sexo “seguro” o “más seguro”.

2) Lamentamos los dichos de algunas autoridades de salud que consideran “peligrosas” las declaraciones del Papa Benedicto XVI. Parecería que se quiere imponer totalitariamente un pensamiento único, políticamente correcto, desdeñando los datos que la ciencia nos proporciona.

3) Cabe señalar que además del SIDA, debido a la promiscuidad sexual que alientan las campañas llamadas de “sexo seguro”, han vuelto a aparecer enfermedades de transmisión sexual que se creían casi extinguidas. Por ejemplo, en nuestro país han aumentado los casos de sífilis (Véase “Clarín”, 30 de enero de 2007: “En la provincia de Buenos Aires las notificaciones (de sífilis) crecieron casi un 70% desde el 2002”; “La Nación”, 3 de febrero de 2007: “Sida y sífilis: estadísticas alarmantes”; “Página/12”, 5 de febrero de 2007: “La sífilis, en un silencioso y continuo aumento de casos. En el Hospital de Clínicas, los análisis de VIH se complementan con el de sífilis”).

4) La literatura médica internacional registra aumentos en el contagio de la gorronea, clamidias, tricomoniasis, herpes genital, chancro, sífilis. Las campañas de “sexo seguro” no son ajenas a este estado de cosas.

5) Como afirmó Benedicto XVI, la solución pasa por humanizar la sexualidad, “una renovación espiritual y humana que lleve aparejada una forma nueva de comportarse”. Por eso este Consorcio hace un llamado a los médicos, educadores, padres de familia y a las autoridades públicas para que entre todos volvamos a valorar el orden natural, sin concesiones al “mal menor”, viviendo y difundiendo un comportamiento realmente humano basado en el ejercicio de las virtudes de la templanza, castidad y continencia.

Dr. Alejandro Nolazco, Presidente
Buenos Aires, 20-03-09.

domingo, 16 de mayo de 2010

Testigo de bodas


CASADOS POR UN ROBOT

La noticia, detallada en http://www.ambito.com/noticia.asp?id=522843, cuenta brevemente lo siguiente:

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Se realizó en Japón el primer casamiento con robot sacerdote

Los casamientos son cada vez más originales: a los submarinos y los aéreos se les suma ahora el oficiado por un robot sacerdote.

Una pareja japonesa decidió contraer matrimonio con la bendición de un humanoide llamado i-Fairy. Éste no fue el primer empleo del aparato, que ya trabajó anteriormente como recepcionista y guía en ferias y convenciones.

Tomohiro y Satoko dieron el sí ante el personaje de cuatro patas que mide 1,20 metros de altura, con ojos parpadeantes y trenzas de plástico. La ceremonia se dio con total normalidad y los novios justificaron su elección aduciendo que se conocieron a través de un proyecto de fabricación de robots.

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Hasta aquí la crónica. Echamos de menos la voz del Profeta de la Argentina, el querido Padre Leonardo Castellani, S.J., para que, así como en su momento dijo con toda verdad que en la Argentina faltan cincuenta curas y sobran trescientos, ahora dijera que ésta no es la primera vez que un humanoide bendice una boda.

viernes, 14 de mayo de 2010

Editorial del Nº 56


EL MIEDO PRESIDE

Si no de la historia grande, al menos de la infamia chica y de la neurastenia gruesa, el señor Kirchner acaba de escribir una nueva página. No con cualquier tinta, más bien con la de la ridiculez y el oprobio, que le son connaturales a su talante. Quien gusta identificarse con los pajarracos bobalicones de nuestra Patagonia, creyendo que la inclusión en tal escala zoológica lo beneficia, no puede trepidar en la consumación de animalescos actos. Que esos son casi todos los de aquellos que él llama su gobierno y los argentinos de bien la tiranía.

La nueva página aludida tiene como epicentro la lucha de las Fuerzas Armadas contra el terrorismo. Ocurre que la runfla montoneril y erpiana alzada con el poder no cesa un instante de reivindicar sus pasados homicidios, ni de ensalzar su cruenta lucha revolucionaria, ni de prodigar elogios a sus criminales protagonistas, ni de exaltar al cruel guerrillerismo, ni de elevar al procerato a los capitanejos marxistas. Ocurre asimismo que para imponer despóticamente esta cosmovisión ficticia de los sucesos se falsifica burdamente la historia, se tuercen los significados, se silencian las verdades esenciales y se acallan las voces de legítima protesta. Ocurre al fin —por ponerle un límite estético a la lista de perversiones— que a modo de sórdidos emblemas ideológicos exhiben los politizados pingüinos a madres y abuelas de terroristas, impúdicamente subsidiadas y con derecho público a las más procaces apologías del delito, sin que tal manifiesto pollerudismo inquiete las restricciones hormonales de alguno de los oficialistas Fernández. Todo esto ocurre, por decir lo mínimo. Pero si un haz de soldados fieles viste sus uniformes, recuerda a sus camaradas caídos en la guerra justa contra el comunismo internacional y rinde tributo público a sus olvidadas memorias y destratadas gestas, cae sobre ellos la cárcel, el castigo y la ignominia. Súbitamente, el poder del Estado Terrorista se pone al servicio de la persecución y del vejamen de los testigos de la verdad, con una rudeza que no prodiga a los facciosos delincuentes callejeros que sabe incorporar a sus cuadros partidarios. Peor cobardía no puede exhibir Néstor Kirchner.

Fue tanto el pavor como la gallinería inherente a su desquiciada personalidad, lo que impulsó su vociferación del Día del Ejército, para decirles a esos cuadros ajenos a la épica que no les tenía miedo, que no quería militares que asesinaran a sus propios hermanos, sino más bien las tropas de San Martín y de Belgrano. Si “el miedo descubre a las almas innobles”, según el verso virgiliano de la Eneida, téngase aquí una contundente prueba. Porque asesinos de hermanos es un rótulo apto para calificar a los terroristas que el presidente tiene abundantemente a su alrededor y a los que él mismo representa y protege; mas no para nombrar a quienes derechamente debieron enfrentarlos, en una contienda que no declararon y en nombre de la nación toda, salvajemente atacada, que exigía y reclamaba además ser defendida por sus guerreros. En cuanto a sus deseos belgranianos y sanmartinianos, yerra fiero el tremoso collón. Más le conviene conservar estas desmovilizadas huestes de cúpulas rastreras, de generalatos serviles y traidores, de altos mandos trocados en felpudos, de subordinados conformes con ser comandados por la misma e insolente hez que ayer mató sus camaradas. Porque el Belgrano que pedía escapularios para la tropa no hubiera consentido su impiadosa y anticristiana conducción. Y el San Martín que repudió las “máximas subversivas” de socialistas y comunistas, lo hubiera fusilado sin más trámites que un bando, una rúbrica y un tambor batiente. No; más le conviene a Kirchner esta paródica milicia de cómplices o timoratos.

En cuanto a los otros, a los que resisten incentivados sin duda por los más altos móviles, convendrá que con urgencia dejen de equivocarse y de aceptar las categorías mentales impuestas por el enemigo. El Proceso es el primer culpable de esta democracia moderna, eficiente y estable con la que soñó y acabó legándole al país, después de rendirse en Malvinas. Tan culpable como los radicales y peronistas que, alentados y conducidos por sus respectivos líderes, integraron las organizaciones subversivas y se alternan en el poder hasta hoy. El liberalismo es pecado. El de Martínez de Hoz, el de Menem o el de sus actuales continuadores. La reconciliación es un don que la víctima ofrece para fundar una paz en la justicia, si el victimario se disculpa y enmienda; no es un salvoconducto para equiparar las acciones honestas con las deshonestas, ni un toma y daca de simétricas responsabilidades, ni un pacifismo sentimentalista enhebrado de abrazos y de remilgos mutuos. El soldado no tiene un trabajo, que si pierde acude al sindicato acorde para obtener compensaciones. Tiene una vocación y un honor, que no admiten ser ensuciados. Bien estará que como gesto simbólico se le vuelva la espalda a un presidente desaforado y energúmeno, que no tuvo las agallas de enrolarse en los combates físicos del marxismo y ahora los reivindica como propios. Mas para que el símbolo sea completo, los patriotas cabales deben acompañar y repetir este gesto. Y volver el rostro hacia Dios, pidiéndole la fortaleza necesaria para acabar con el execrable despotismo de estos indisimulables miedosos.

Antonio Caponnetto

miércoles, 12 de mayo de 2010

Testigo de cargo


LA TERCERA PALABRA

Es curioso, pero la enorme mayoría de los comentaristas del liberalismo —tanto partidarios como adversarios— desconocen la importancia del tercer término de la trilogía revolucionaria: libertad, igualdad y fraternidad. Hay infinitos análisis y reflexiones sobre las dos primeras palabras: la libertad y la igualdad. Los críticos advierten que la primera es la raíz del “liberismo” (término que prefieren a “liberalismo”, concepto hoy demasiado vago) que consiste en:

a) una concepción de la libertad, con límites en continua expansión, como autonomía del sujeto para actuar a su gusto;

b) un reconocimiento legal de ese talante y una ampliación real de los límites del sujeto para obrar a su gusto.

Hay también mucho papel escrito sobre el “igualitarismo”, consistente en una voluntad de disminuir, achicar o suprimir todas las desigualdades —las injustas tanto como las naturales— y un Estado que trabaja también en la ampliación de ese objetivo. Convertidos en absolutos, esos dos primeros términos de la tríada iluminista parecen definir la totalidad del pensamiento de tal raíz y de las sociedades edificadas a la luz de esos principios. Y sin embargo, no es así. El tercer término, la “fraternidad” es mucho más importante que los otros dos y —en rigor— debía ser el primero, pues es el que crea los supuestos para que los otros dos puedan desarrollarse.

¿Qué es la fraternidad revolucionaria? ¿La idea de que todos los hombres son hermanos, como se canta en la parte coral de la novena sinfonía de Beethoven? Eso es apenas el punto de partida: reducida a eso, los cristianos podríamos coincidir, pues Dios es el padre de todos los seres humanos el que, en efecto, hace “alle Menschen bruder” (todos los hombres hermanos).

La idea revolucionaria es mucho más ancha que eso, y consiste en suponer que la fraternidad de la humanidad es todo el lazo que une a los hombres entre sí. Y como la humanidad es una entelequia, la idea deriva en su contrario, en la negación de los lazos reales que unen a los hombres y en la adopción, en consecuencia, de un individualismo rabioso.

Es el talante prometeico del hombre moderno, que no se satisface si no es —como Dios, al que envidia— un ser sin necesidad de ninguna relación real, de la que nacen obligaciones. Por eso el talante moderno ignora como realidades sustanciales a la familia, la patria, el grupo profesional. Entre el individuo y la humanidad no hay nada real ni necesario sino sólo grupos que la historia ha forjado y la historia mutará o hará desaparecer. ¿Se entiende ahora de dónde viene la absurda idea de los “nuevos tipos de familia” cuya esencia es destruir los verdaderos lazos de amor y reemplazarlos por una soledad de a dos, dos egoísmos convivientes?

Estas reflexiones descendieron de mi cerebro a mi pluma (con forma de PC) cuando, el 26 de julio pasado, leí en “La Nación” un reportaje que le hacen a un tal Gunther Jakobs, al que se presenta como “una de las máximas autoridades mundiales en teoría del derecho”. El hombre dice algunas cosas muy puestas en razón como señalar como signos de decadencia mundial “la proliferación del aborto y el desprecio del concepto de familia”.

Pero hace mucho más que quejarse de esta situación. Va al meollo de sus causas cuando agrega que “está seguro que este tiempo actual se acaba y que esto se debe a un extremo individualismo”. La flecha pegó en el centro del blanco. Es ese individualismo, esa huida de la responsabilidad que crea todo vínculo, especialmente el del amor, lo que constituye el núcleo de la situación actual del mundo. Cada hombre es —o pretende ser— un dios, cuyos deseos son el centro de su mundo.

Aníbal D'Ángelo Rodríguez

lunes, 10 de mayo de 2010

Acto en Luján en la Festividad de Nuestra Señora


OTRO BOCHORNO DEL
CATOLICISMO ARGENTINO


Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se la salará? Para nada aprovecha ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres. San Mateo, 5, 13.

Como estaba previsto se realizó ayer, 8 de mayo, Festividad litúrgica de Nuestra Señora de Luján, el acto organizado y convocado por el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina con el que la Iglesia, oficialmente al menos, quiso iniciar los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo. La fecha y el motivo de la celebración no pudieron tener un lugar más apropiado: la vieja y noble Villa de Luján en la que se levanta la hermosa Basílica en honor a la Virgen, Patrona de la Argentina. Pero, por desgracia, y como también lamentablemente lo preveíamos, el acto fue un nuevo bochorno de los tantos que ya suma en su haber el catolicismo argentino.

1. Comencemos por lo primero: la Santa Misa. Litúrgicamente, un desastre. Al lado del altar se levantó una suerte de escenario en el que una banda de cuatro musiqueros desastrados aporreaba baterías y guitarras eléctricas mientras cantaban contorneándose y, al final de cada cántico, incitaban al aplauso del público como si se tratara de un festival de música y no del servicio musical de una celebración litúrgica. De más está decir que ninguno de los cánticos entonados guardaba la menor relación o congruencia con la Misa ni se ajustaba en lo más mínimo a lo que los dos últimos Papas -por no ir más atrás- han enseñado y señalado con insistencia respecto de la música sacra (cf. Juan Pablo II Quirógrafo en ocasión del Centenario del Motu Proprio Tra le sollicitudine, de San Pío X, sobre la música sacra; Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Charitatis). A esto se sumaron las habituales boberías de un “animador” litúrgico, personaje infaltable en este tipo de celebraciones, suerte de bastonero de comparsa que ha sustituido, al parecer, a los antiguos guías que, grave y devotamente, instruían al pueblo fiel sobre cada uno de los momentos litúrgicos en pro de la sacralidad y dignidad del culto. Todo, desde luego, bajo la impávida mirada de los varios Obispos allí presentes.

2. Veamos, ahora, el otro costado del acto, es decir, su pretensión de testimonio cívico católico, dado por los laicos principalmente, de cara a la celebración del Bicentenario y ante la realidad actual de la Argentina. Las cosas, en este punto, no pudieron ser más lamentables. Desde dejar a los pies benditos de María un ejemplar de la Constitución Nacional hasta el desdichado “Mensaje de la Esperanza”, elaborado por el ignoto Departamento de Laicos de la CEA, leído por uno de sus personeros, todo fue una dolorosa y vergonzosa muestra de la decadencia irreparable del catolicismo argentino, de su falta de fuerza, de sus serias debilidades y de su absoluta incapacidad de ser la levadura de la masa y la sal de la tierra en esta hora trágica de la Argentina.

Es preocupante, y decepciona, advertir que quienes se arrogan la representación del laicado católico argentino, con el aval de la Jerarquía Eclesiástica, caigan en las mismas falsedades y lugares comunes de la fraseología política al uso, salvo algunas referencias a la defensa de la vida y del matrimonio natural o alguna mención difusa a la ética pública, cuestiones de suyo importantísimas pero que en nada representan lo específico de un pensamiento social católico.

Respecto del Bicentenario se insiste en proclamar que es “el Bicentenario de la Patria” asintiendo, así, a la mentira oficial -ayer liberal, hoy marxistoide- que pretende que nuestra Patria nació hace apenas dos siglos, cortando de este modo, con tajo impío, la continuidad viva de la Tradición Hispano católica lo que significa, exclusivamente, negar que la Argentina es hija del Evangelio traído por España y no de las revoluciones modernas. Y en cuanto a nuestra vicisitud histórica posterior a la Independencia y que llega hasta el presente, léase lo que dice el susodicho Mensaje: “Cuando Argentina festejó el centenario de la Revolución de Mayo era creencia generalizada que seríamos uno de los países más prósperos y poderosos de la tierra y por eso la euforia de esos días. Sin embargo, esa euforia no estaba sustentada en la Esperanza sino en una vana ilusión”. Hasta aquí, de acuerdo. La Argentina de aquel Centenario se nutría de la ilusión iluminista del progreso indefinido y de todas las secuelas de él derivadas. Pero no apunta precisamente allí el texto que comentamos. “Graves fallas -prosigue- corroían el espíritu nacional; una cultura donde claudicaba la honestidad y el respeto por la ley, donde era más importante derrotar y destruir al enemigo político que lograr consenso en aras del bien común. Una sociedad donde millones de personas, mujeres y hombres, no podían elegir a sus autoridades libremente y sin fraude. Una sociedad con una mesa opulenta donde millones de habitantes no alcanzaban las condiciones básicas para ser incluidos en ella”. Es decir, ni una palabra respecto del laicismo, de la marginación de Cristo de la vida política, del despojo a la Iglesia, de la preponderancia de las logias masónicas, del corte con la tradición hispánica. Nada de esto cuenta para los redactores del Mensaje: sólo les preocupa la falta de democracia, la falta de prolijidad de los actos electorales y el viejo pecado de los ricos que no dan su pan a los pobres pero visto, no como pecado, sino en clave sociológica. “Esas fallas -continúa- ensombrecieron nuestra historia hasta llegar a la página más oscura de la última dictadura militar. A pesar que en 1983 recuperamos la democracia y con ello nuestra capacidad de elegir libremente nuestras autoridades y nuestra libertad de expresión, hoy, entrando al Bicentenario y no habiendo superado las otras fallas que nos corroen, una amarga sensación de desánimo y mezquino individualismo nos embarga”. Ahora, sin disimulo, el discurso se alinea, sumisamente, con el pensamiento único de la progresía imperante. No existieron, al parecer, paro estos laicos, ni el populismo, ni las nuevas oligarquías surgidas a su sombra, ni la guerra subversiva desatada por el marxismo, ni la discordia promovida desde el Estado, ni la historia falsificada y parcializada impuesta a palos a las generaciones posteriores a la “recuperación de la democracia” con su negra secuela de presos políticos, ni la entrega canallesca del país a la Usura Internacional del Dinero y a las Fuerzas Demoníacas de la Revolución Anticristiana… No, sólo se menciona a la “dictadura militar”, “la página más oscura” como si no hubiésemos vivido, a lo largo de estos últimos años, otras y aún mayores oscuridades.

El resto del mensaje es solamente, reiteramos, la enumeración de vaguedades conceptuales. No se hallará una sola idea sólida enraizada en la gran tradición de la filosofía cristiana, ni una sola propuesta fundada en la recta concepción del orden político y social, ninguna convocatoria a una tarea de rescate de la Argentina histórica y de viril resistencia a la tiranía que nos oprime, ni la menor mención al reinado Social de Jesucristo.

Estos laicos, y la Jerarquía que los avala, han sucumbido, también ellos, a una ilusión, la ilusión del falso humanismo democrático, de la falsa religión de los derechos humanos. Ayunos de buena Teología, de una recta visión cristiana de la Política, y de la verdadera Historia de la Patria, lo ignoran casi todo y caminan sin rumbo. Son hijos de este pensamiento débil, desfondado, sin alma y sin nervio que contamina y enerva el catolicismo en vastas expresiones de su vida. Por eso no convocan a nada ni a nadie. Son como la sal insípida de la Escritura a la que aguarda el ineluctable destino de ser arrojada fuera y pisada por los hombres.

3. A modo de colofón. Nos preguntaba un amigo: Pero, ¿nada bueno hubo en esa concentración de varios miles de personas, en Luján? Sí, dos cosas, aparte de Cristo presente en la Eucaristía y la Virgen Santísima: una, que pudimos advertir en medio de tanta monjita progre y guitarrera y tanto curita desaliñado, la cara curtida y los ojos llorosos de algunos criollos que no entienden nada pero saben que su “Virgencita” está y estará siempre con ellos. La otra, Luís Landiscina (salvo su lamentable final pacifista): contó un cuento buenísimo en el que Nuestra Señora aparecía, como Buena Madre, y para enojo de San Pedro, levantando con su pie el alambrado del Cielo y haciendo pasar de “contrabando” a tantos de sus hijos.

¡Oh, Virgen Santísima de Luján, Madre Nuestra, Patrona de esta Patria desdichada, Ianua caeli, que tu pie piadoso nos levante, un día, el alambrado del Cielo. Tal vez podamos entrar por ese atajo y hasta algún Obispo se cuele por él. Amén.

Mario Caponnetto

sábado, 8 de mayo de 2010

Ante el atentado


DESAGRAVIO

Un ignoto komisario ideológico de la KK GB gobernante, en otro acto de persecución a la cultura y discriminación de la religión católica, ha tenido la osadía de quitar el nombre prócer de Don Gustavo Martínez Zuviría a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, que él presidiera durante años, mientras difundía la gloria de las letras argentinas por el mundo, con decenas y decenas de obras propias.

El brutal —de brutos— doble atentado, a la cultura argentina y a la cultura católica, ha sido recibido con aplauso por la DAIA, con una perversa muestra de odio mentiroso, digno de las calumnias y falsos testimonios de sus mayores ante Pilato.(1) Hugo Wast nunca fue antisemita, como calumnia la DAIA: un católico no puede serlo, como tampoco podía aplaudir la reiteración de ofensas sacrílegas contra Nuestro Señor Jesucristo, contra su Santa Madre y contra su Santa Iglesia, a la que siempre sirvió con fidelidad y humildad ejemplares. Ningún juicio contra la raza o el pueblo hay en sus libros, porque creía que nadie era mejor que un judío fiel a Dios y a las promesas de su estirpe, sacerdotal y real, cuando se arrodilla ante la Sagrada Eucaristía, como lo hace Mauricio Kohen en el final de “ORO”,(2) continuación de “EL KAHAL”. Hay judíos fieles a Dios, como Jesús, María, José, Pedro y los Apóstoles, y hay judíos infieles y traidores, como Caifás, Anás y Compañía, que hoy siguen persiguiendo a Cristo aunque son de la misma raza. No es cuestión de raza, sino de Fe y de Verdad, como siempre lo mostró Hugo Wast.

Callar el atentado, no reivindicar la figura de una de las mayores glorias literarias argentinas. Y permitir la ofensa, hasta seguir acompañando al inmoral ataque sin exigir retractación, reproduce la triste actitud del colegio apostólico sin el Espíritu Santo, que se escondía “por miedo a los judíos”.(3) Consentir sin protestas es ser cómplices, o confesar la propia incultura. De los gobernantes, ni hablar: son impermeables a la cultura y no sabrán de qué les hablan: obedecen.

¿Cómo no repetir las palabras de Esteban: “Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros habéis resistido siempre al Espíritu Santo…vosotros, que recibisteis por ministerio de los ángeles la Ley y no la guardasteis”? (4)

Si los que deberían hablar juzgan imprudentes la verdad y la justicia y no hablan, aún queremos nosotros seguir rezando: “Ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos hablar con toda libertad tu palabra” (5)

Edmundo Gelonch Villarino

NOTAS:
1. San Mateo, 26, 59 y ss; 27, 20 y 41; cfr. San Marcos, 14 y 15; San Lucas, 22 y 23; San Juan, 18, 30 y ss, 19, 6 , 12 y 15.

2. “ORO”, Cap. XIII.
3. San Juan, 20, 19.
4. Hechos de los Apóstoles, 7, 51 -53.
5. Hechos de los Apóstoles, 4, 29.

jueves, 6 de mayo de 2010

Instituto Hugo Wast


COMUNICADO DEL
INSTITUTO HUGO WAST


Estimados amigos del Instituto Hugo Wast: les informamos con consternación que el nombre Gustavo Martínez Zuviría ha sido despojado de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, entidad que nuestro patrono fundara cuando fuera su director entre 1931 y 1955.

El anuncio de la medida fue efectuado por el diario Página 12 el viernes pasado en un artículo escrito por el actual director de esta institución, Horacio González y consumado el lunes pasado. (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-144812-2010-04-29.html)

Leyendo cuidadosamente su escrito no se puede encontrar una razón concreta en que se fundamente esta medida arbitraria y sin parangón en el ámbito de la cultura. Sí se puede distinguir con claridad la presión a la que este hombre ha sido sometido durante los cinco años de su gestión. Expresa González el reclamo continuo hacia él “de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados —en dos oportunidades—, de importantes intelectuales de nuestro país y del exterior y de instituciones vinculadas con la memoria del Holocausto”.

Vemos aparecer acá el espíritu anticristiano de quienes desde el deicidio del Gólgota no han cesado de perseguir “a todo aquello que da verdadero testimonio de Cristo Jesús”. No es esta la primera vez que sucede ni será la última.

Gustavo Martínez Zuviría ha sido condenado y perseguido por haber escrito El Kahal – Oro, bajo el pseudónimo de Hugo Wast, setenta y seis años atrás. Esta novela se basó en las actas de los Kahales judíos de Rusia de finales de mil ochocientos revelados al Zar Nicolás I por el hebreo Jacobo Bronfman. Estas actas llevaban cuenta de una verdadera sociedad secreta paralela y hostil a la sociedad cristiana de esa nación. Pero lo realmente imperdonable en Hugo Wast a los ojos de sus perseguidores consiste en que el protagonista de esta novela, de origen judío, se convierte al catolicismo. De la misma manera Bronfman se convirtió al cristianismo en la vida real.

No resiste un análisis serio la acusación de antisemitismo contra Hugo Wast, quien adoró hasta su último día a su Señor y Salvador Jesucristo, hebreo en su naturaleza humana y veneró a su Santísima Madre, la Virgen María, nuestra dulcísima doncella judía y perseveró en su devoción a todos los primeros santos y mártires cristianos, casi todos ellos judíos, que con su celo y su sangre nos transmitieron la fe.

Hugo Wast no profesaba enemistad hacia los judíos como sus detractores señalan porque esto es inaceptable para un católico sino que combatió a los enemigos de la Iglesia sin temer las consecuencias, porque su fe era fuerte, su amor grande y su coraje admirable. Tampoco era “nazi” porque El Kahal – Oro fue prohibido en la Alemania nacional socialista. Toda su obra literaria está impregnada de adoración y alabanza a Jesucristo y sus enseñanzas de amor al prójimo. Su acción política se desarrolló en consonancia con esto y fue coronada con la reimplantación de la enseñanza religiosa católica en las escuelas públicas que eximía a los no creyentes de esta asignatura. El pueblo argentino aprobó en un 94% este mandato, reflejado en las posteriores indagaciones públicas que se hicieron. Esto tampoco se le perdonó.

Estamos ante un acto injusto, uno de los tantos que se cometen en esta persecución creciente contra todo aquello que sea de Cristo. Hoy vienen a por esto y mañana vendrán a por otras cosas aún más entrañables a nosotros.

De la misma manera que sucedió en el pasado cuando se le quitó el nombre de Gustavo Martínez Zuviría a esta Hemeroteca, que luego fue repuesto por la decidida intervención de monseñor Héctor Aguer, no aceptamos este nuevo atropello y exigimos la reposición de su nombre. La obra y la figura de Hugo Wast son patrimonio de la cultura nacional y por lo tanto no es aceptable que ideologías o intereses sectarios circunstanciales decidan arbitrariamente sobre su destino en desmedro de millones de argentinos consubstanciados con sus ideas.

Esta carta se envía a los amigos de Hugo Wast para ponerlos prontamente al tanto de lo sucedido. En los próximos días el instituto efectuará una declaración oficial sobre este lamentable suceso. Alentamos a nuestros amigos, entre quienes abundan plumas prestigiosas y personalidades sobresalientes, a que manifiesten ante quienes consideren necesario su repudio a este acto inadmisible.

Pío Martínez Zuviría
Secretario
Guillermo Martínez Zuviría
Presidente

lunes, 3 de mayo de 2010

Desagravio a Nuestra Señora


DESAGRAVIO A
LA VIRGEN DE LUJÁN

La falacia del Bicentenario

Como lo advirtiéramos desde hace años, y con mayor insistencia en los últimos tiempos, el Bicentenario ha dado lugar a una serie inacabable de mentiras.

Gobernada la patria por los peores enemigos de su genuina estirpe, no hay esperanza posible de que alguna verdad pueda colarse entre los entresijos de un poder sostenido en el engaño sistemático cuanto en la falsificación más atroz de la historia y de la política. Si la línea Mayo-Caseros fue toda ella una impostura, si las distintas escuelas historiográficas desnaturalizaron el significado esencial de los hechos, incluyendo cierto revisionismo, esta versión ahora remozada que presenta el kirchnerato, agrega repugnancia al sofisma de una nación supuestamente gestada en la rebeldía contra la Tradición Hispano Católica.

Al igual que ante los doscientos años de la gloriosa Reconquista y Defensa de Buenos Aires, ocurridos durante los años 2006 y 2007, el oficialismo no tiene otra cosa que decir más que mendacidades gravísimas, sobrecargadas todas ellas del odio liberal-marxista hacia nuestros auténticos orígenes. Repletos de subsidios y de prebendas torvas, los “intelectuales” del Régimen no dejan ruindad por difundir, ni confusión por alimentar, ni tergiversación por promover. Son, en su conjunto, esa ramería cobarde que aprisiona siempre la verdad.

El Te Deum

En este marco fatal de fraudes y de trampas, la presidenta eligió su propio Te Deum a la carta para conmemorar la fecha, como ya lo viene haciendo en situaciones similares. No siendo ella ni su entorno de malandras personas religiosas, la elección del lugar y del maestro de ceremonias para el oficio litúrgico tiene en su perspectiva groseramente maquiavélica la misma importancia que la del alquiler de un catering: conseguir el más acomodado y placentero. Sólo que esta vez ha ido demasiado lejos. Porque para justificar la elección de la Basílica Lujanense como centro del piadoso acto, ha dicho textualmente: “a la Virgen de Luján, la tengo muy adentro de mi corazón” (cfr. AICA, 31-3-10).

Aceptamos el principio “de internis non iudicat Ecclesia” —esto es, la Iglesia no juzga la interioridad— y en su cumplimiento, nos apresuramos a declarar que adentro del corazón de nadie estamos ni queremos estar. Mucho menos de quien parece tenerlo de piedra estercolada. Pero también sabemos que “de adentro del corazón salen las intenciones malas” (San Mateo, 15, 19-20), y que por los frutos se conocen bien tanto las corazonadas virtuosas como las pútridas. Por eso es posible distinguir con Santo Tomás (“Suma Teológica”, III, cuestión 96, a. 4) entre el fuero interno y el fuero externo, siendo el primero aquel en el que habitan esas intenciones no sujetas a ningún juicio humano, y el segundo el de las acciones públicas, visibles, evidentes. Si el primero es el fuero de Dios, el otro expresa las acciones y las reacciones públicas, es el fuero de la Iglesia y puede llegar a ser también, de existir dolo, el fuero de la justicia.

Distinciones hechas, la conclusión categórica es que Cristina Kirchner ha blasfemado. Porque del análisis de sus frutos objetivos, de sus conductas visibles, de sus acciones políticas, de su fuero externo expuesto cada día ante la sociedad, no hay nadie más alejada que ella de un corazón mariano. No hay nadie más distante de las palpitaciones virginales que este manojo de rencores, latrocinios, usura, vanagloria, torpor e ignorancia culposa. No hay nadie más enteramente en las antípodas del cor immaculatum que esta mujeruca abocada a promover la destrucción del Orden Natural y a despreciar el Decálogo en cada acto de gobierno. Lo que pueda tener la infeliz en su espacio cordial está ocupado por el vicio de la soberbia, del que se sigue un repertorio abultado de pecados capitales, sin excluir el pecado contra el Espíritu, ése que “no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro” (San Mateo, 12, 31-32).

Monseñor Radrizzani, que insensatamente le ofreció el histórico templo, no es un caso aislado de complicidad clerical con la corrupción gubernativa.

Va de suyo que no habrá un solo obispo que le cierre a Cristina Kirchner las puertas de la Iglesia a la que persigue y a la que combate, principalmente con su política desembozada en pro de la contranaturaleza, del crimen abortero, de la ideologización cultural gramsciana, del lujo propio y la pobreza ajena, de la decadencia moral y del terrorismo marxista. Va de suyo que no hay en toda la Argentina un Pastor que se atreva a excomulgarla, a repudiar públicamente su tiranía, ni a llamar a los católicos al combate frontal contra cada uno de sus estultos personeros, amalgamados en la indecencia y en la piratería.

Para aumento de nuestras heridas, no ha nacido aún el purpurado que, báculo en mano y crucifijo en el pectoral, se atreva a cortar rotundamente el paso al cortejo impío que encabezará la Presidenta el próximo 25 de Mayo, rumbo a la Basílica Lujanense.

Pero a este pecado de omisión de los obispos debía sumársele el de comisión, para que los padecimientos de la grey católica fueran aún más dolorosos; y mayúsculo, si cabe, el agravio a la Virgen Gaucha. Veamos por qué.

La Constitución

Sucede que según anuncios oficiales de la Iglesia, el día 8 de mayo, Festividad de Nuestra Señora de Luján, “en la plaza frente a la Basílica, se celebrará una misa que estará presidida por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina. Después de la bendición, como signo de compromiso de los laicos, se dejará ante los pies de la Virgen de Luján un ejemplar de la Constitución Nacional” (cfr. AICA, 22-4-2010).

He aquí la segunda blasfemia. Le van a dejar a María Santísima como ofrenda, el estatuto legal del coloniaje, el positivismo jurídico de masónica inspiración, el derecho iluminista, la jurisprudencia revolucionaria condenada por Pío VII, León XIII o Gregorio XVI , el constitucionalismo moderno, que al buen decir de Pietro Grasso, comete el atropello de sustituir la “imperfección divina” por la “perfección” de la diosa razón.

Le van a entregar a la Madre de Dios las inicuas Bases de Alberdi, el ominoso Pacto de Olivos, la supresión de la confesionalidad del Estado, la renuncia a la evangelización de los aborígenes, la secularización de la política, la superstición de la soberanía del pueblo, la síntesis más lamentable de ese Derecho Nuevo, contra el que se alzaron en su momento en la patria —en consonancia con el Magisterio Universal de la Iglesia— un sinfín de católicos cabales, como Monseñor Marini, Federico Aneiros, Olegario Correa, los Padres Carlos Coria, Pedro Zenteno, José Manuel Pérez y el mismísimo Fray Mamerto Esquiú, tras constatar los frutos aborrecibles del engendro demoliberal.

Le van a entregar a María todo ese mal enorme que la hizo profetizar ruinas severas e implacables en Fátima, o llorar amargamente en la montaña de La Salette.

Nuestra ofrenda

Señora de Luján: permítenos desagraviar tu nombre y tu imagen. Permítenos otra vez —como la vez primera— caer de rodillas ante tu carreta inmóvil, ante tu manto salpicado de estrellas, ante tu túnica encarnada. Permítenos impetrarte, así como te vemos desde niños en tu camarín, sobre tu nimbo de nubes, flanqueada de testas angélicas, las manos orantes junto al regazo y las puntas de la luna asomando en cuarto creciente. Permítenos, al fin, Virgen Gaucha, ofrecerte la Patria, y reparar la vileza de los blasfemos y la inacción de los cobardes, con la promesa de nuestra piedad filial.

Señora de Luján. A dos siglos del Mayo crucial y turbulento, te ofrecemos primero un navío español, con el yugo y las flechas de Isabel y Fernando. Te ofrecemos Las Partidas, las Leyes de Indias, el Fuero Juzgo, y la jurisprudencia sapiencial del Imperio Católico.

Te ofrecemos el Derecho Natural inabolible, por cuya vigencia bregaron y pelearon nuestros mejores Caudillos, nuestros héroes marianos y cristianos, nuestros guerreros sin tacha, nuestros paisanos decentes y laboriosos.

Te ofrecemos, María, lo que ya tienes, puesto que ha estado en tu seno: el Derecho de tu Divino Hijo, cuya conculcación no estamos dispuestos a permitir en esta tierra.

¡Ave Cor Mariæ!

Antonio Caponnetto

Se agradece difundir

domingo, 2 de mayo de 2010

Sermones del tiempo pascual


A LA PASIÓN
SIGUE LA GLORIFICACIÓN

Habiéndonos obtenido la gracia de llevar nuestra cruz con Él, Jesucristo nos concederá participar de su gloria, después de que hayamos sido asociados a sus sufrimientos.
La gloria de Dios es infinita, porque en su Pasión, siendo Dios, ha llegado hasta el abismo del sufrimiento y de la humillación. Y “porque se anonadó tan profundamente, Dios le ha dado tanta gloria”.

La Pasión de Jesús, por importante que sea en su vida, por necesaria que sea a nuestra salvación, no pone fin al ciclo de sus misterios. Leyendo el Evangelio, habréis notado que cuando Nuestro Señor habla de su Pasión a los apóstoles, siempre añade que “resucitará al tercer día”. Esos dos misterios se enlazan igualmente en el pensamiento de San Pablo, sea que hable de Cristo solo, sea que haga alusión al cuerpo místico. Pues bien, la resurrección señala para Jesús la aurora de su vida gloriosa.

Por eso la Iglesia, cuando conmemora solemnemente los sufrimientos de su Esposo, mezcla a sus sentimientos de compasión acentos de triunfo. Los ornamentos negros o morados, la denudación de los altares, las lamentaciones de Jeremías, el silencio de las campanas atestiguan la amarga desolación que embarga su corazón de Esposa en estos días del gran drama. ¿Y qué himno hace resonar entonces? Un canto de triunfo y de gloria: “Avanza el estandarte del Rey, he aquí como brilla el misterio de la cruz… Tú eres hermoso, brillante, árbol cubierto de la purpura real… ¡Dichoso eres por haber llevado, colgado en tus brazos, a Aquel que fue el precio del mundo!… Por la cruz, Cristo es vencedor”. Instrumento de nuestra salvación, la cruz ha venido a ser por Cristo el precio de su gloria: “¿No era preciso que Cristo sufriese todas estas cosas, para entrar en su gloria?” Lo mismo es para nosotros. El sufrimiento no es la última palabra en la vida cristiana. Después de haber participado de la pasión del Salvador, participaremos también de su gloria.

Una de las razones de la suprema glorificación de Cristo en su Resurrección y su Ascensión es el ser una recompensa de las humillaciones que Jesús ha pasado por amor a su Padre y por caridad para con nosotros. Al entrar en este mundo, Cristo se entregó completamente al beneplácito del Padre: aceptó realizar hasta su pleno cumplimiento el programa de las humillaciones predichas, beber hasta el fondo el amargo cáliz de los sufrimientos y de las ignominias sin nombre; se anonadó hasta la maldición de la cruz. ¿Y por qué? “Para que el mundo sepa que amo a mi Padre”, sus perfecciones y su gloria, sus derechos y sus voluntades.

He aquí el por qué —en palabras de San Pablo, que indican la realidad del motivo—: “he aquí por que Dios Padre ha glorificado a su Hijo, por que lo ha exaltado por encima de todas las cosas, en el cielo, sobre la tierra, en los infiernos”.

Después del combate, los príncipes de la tierra recompensan en su alegría a los bravos capitanes que han defendido sus prerrogativas, conseguido la victoria sobre el enemigo y ensanchado, por sus conquistas, las fronteras del reino.

¿No es esto lo que se realiza en los cielos el día de la Ascensión, pero con una magnificencia extraordinaria? Con soberana fidelidad, Jesús había realizado la obra que su Padre le exigía, abandonándose a los golpes de la justicia, como una victima santa, había descendido hasta abismos incomprensibles de dolores y oprobios. Ahora que todo esta expiado, saldado y rescatado; que el poder de las tinieblas esta deshecho; que las perfecciones del Padre están reconocidas y sus derechos vengados; que las puertas del reino celestial están abiertas de nuevo a la raza humana. ¡Qué alegría fue para el Padre celestial —si osamos hablar así de tales misterios— el coronar a su Hijo después de la victoria lograda sobre el príncipe de este mundo! ¡Qué satisfacción divina la de llamar a la santa humanidad de Jesús a disfrutar de los esplendores, felicidad y poderío de una exaltación eternal!

Las obras divinas resplandecen con inefables y secretas armonías, cuyo carácter único entusiasma a las almas fieles. Considerad: ¿donde comenzó Jesucristo su pasión? Al pie del Monte de los Olivos. Allí, durante largas horas, su alma santa ha sido blanco de la tristeza, el tedio, el disgusto, el miedo y la angustia. Nunca llegaremos a comprender la atroz agonía que paso el Hijo de Dios en el Huerto de los Olivos.

Y, ¿dónde inició nuestro divino Salvador las alegrías de la Ascensión? Jesús —que, en esto, no lo olvidemos, es una sola cosa con el Padre y el Espíritu Santo—, he querido escoger para subir a los cielos la cumbre de esta misma montaña que había sido testigo de sus dolorosas humillaciones.

¿No hay razón, pues, para que la Iglesia, nuestra Madre, con todo derecho exalte como “admirable” la glorificación de su divino Jefe? Nosotros gozaremos de Dios en la misma medida a que haya llegado la gracia en nosotros en el momento de nuestra salida del mundo.

No perdamos de vista esta verdad: el grado de nuestra felicidad eterna es y quedara fijado para siempre por el grado de caridad que hayamos logrado con la gracia de Cristo, cuando Dios nos llame. Cada momento de nuestra vida es infinitamente precioso, porque sirve para adelantar un grado en el amor de Dios, para elevarnos mucho más en la beatitud de la vida eterna.

No digamos que un grado más o menos importa poco. Si según una parábola expuesta por Nuestro Señor, hemos recibido cinco talentos, no es para que los enterremos, sino para hacerlos fructificar. Y si Dios mide la recompensa según los esfuerzos que hemos hecho para vivir de su gracia, para aumentar esta gracia en nosotros, todo será poco para poder dar al Padre celestial una buena medida. Jesús nos lo ha dicho: “Mi Padre de los cielos halla su gloria en veros abundar, por mi gracia, en frutos de santidad, que serán para vosotros, en el cielo, frutos de felicidad”. Tanto es así, que Cristo compara a su Padre con un viador que nos poda, por el sufrimiento, para que demos más frutos. ¿Amamos tan poco a Cristo, que tenemos en poco el ser, en la Jerusalén celestial, un miembro más o menos resplandeciente de su cuerpo místico? Cuanto más santos seamos, más grande será nuestra parte en este cántico de acción de gracias que los elegidos cantan a Cristo Redentor: “Sois vos, Señor, quien nos habéis rescatado”.

Procuremos apartar continuamente los obstáculos que pueden disminuir nuestra unión con Jesucristo; dejemos que la acción divina nos penetre tan profundamente, que la gracia de Jesús obre tan libremente en nosotros que nos haga “llegar a la plenitud de la edad de Cristo”. Escuchad las insistentes exhortaciones que San Pablo, que había sido arrebatado al tercer cielo, hacia a sus amados filipenses: “Para vosotros, decía el, a quienes yo amo tiernamente en las entrañas de Jesucristo, pido a Dios que vuestra caridad abunde más y más… a fin de que seáis hallados puros e irreprochables en el día del Señor, llenos de frutos de justicia por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”.

Y ved, sobre todo, como él mismo se muestra admirable ejemplo en el cumplimiento de este precepto. El gran Apóstol habia llegado al fin de su carrera; el cautiverio que sufre en Roma ha suspendido el curso de numerosos viajes emprendidos para esparcir la buena nueva de Cristo, toca al término de sus luchas y sus trabajos. Vive tan profundamente del misterio de Jesús, que el ha revelado a tantas almas, que puede decir a estos mismos filipenses: “Cristo es mi vida, y la muerte es, para mí, ganancia”.

Cuanto más querido de Dios es uno, más debe sufrir en este mundo. Jesús, el Hijo predilecto de Dios, ha sufrido como jamás ha sufrido hombre alguno. María, nuestra Madre, es Madre de dolores. ¿Por qué? Porque Dios es tan bueno, da a los incrédulos, a los malvados que no tendrán la suerte de gozar de su hermoso Paraíso, los bienes de este mundo, bienes que duran algunos años y después acaban para siempre. Mas, a sus amigos les da bienes eternos, porque cada pequeño sufrimiento soportado por Dios y en unión con Jesús, tendrá una recompensa inefable por toda la eternidad. Por eso fue María tan pobre; por eso fue toda su vida un martirio, desde que el santo viejo Simeón le predijo los sufrimientos de su Hijo.

Extractos de Dom Columba Marmión

sábado, 1 de mayo de 2010

Habla Antonio Caponnetto


DOS CLASES
DEL PROFESOR
ANTONIO CAPONNETTO
A PROPÓSITO
DEL BICENTENARIO

La verdad sobre
los orígenes de la patria
Martes 4 de Mayo, 19:00 hs.

El significado real
del 25 de Mayo de 1810
Martes 18 de Mayo, 19:00 hs

Ambas serán en
Viamonte 1596, 1º piso.

Auspicia
CENTRO DE ESTUDIOS
NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

Se agradece difundir