lunes, 24 de abril de 2017

Timos famosos



EL TIMO DEL AMBIENTALISMO

Es un cuadro más o menos repetido por estos días en toda la vastedad de nuestra pampa agrícola: cuadrillas de activistas “verdes” que, salidos del más opresivo e irrespirable laberinto de las urbes, se hincan al frente de las ajenas tranqueras para impedir el ingreso de las fumigadoras a los campos.

Lo hacen, valga aclararlo, cuando la superficie a fumigar se encuentra a una distancia menor al ejido urbano que aquella permitida en las ordenanzas locales, aduciendo que incluso aquellos químicos que cuentan con la certificación de inocuidad para la salud humana –despachada por la Secretaría de Agricultura y Medio Ambiente– serían altamente nocivos para el hombre y contaminantes del suelo.

No vamos a dirimir cuestiones técnicas, siendo nosotros en esto tan legos como lo son los entusiastas del ecosistema. Pues lo cierto es que aún entre quienes se suponen competentes en la materia hay conclusiones encontradas acerca de los efectos de ciertos productos en el hombre. Simplemente decidimos, por razones de método pero también de principios, subordinar la cuestión a la única instancia reguladora que puede admitirse para una discusión cualquiera reducida voluntariamente a los lindes de la razón natural: la razón, ea ipsa, la consecuencialidad del discurso fundado en las evidencias primeras.

De acuerdo con esto, los militantes de la fotosíntesis debieran poder sortear unas cuantas groseras aporías que se le presentan muy liminarmente a su sistema en el orden práctico. ¿Cómo es posible rechazar con tanto énfasis la presunta contaminación de la tierra cuando se in- siste con los hechos en pro de la contaminación del aire al emplear el automóvil y los medios públicos de transporte?

Al comprar un paquete de galletitas con lecitina de soja (como muchos de ellos lo hacen cuando el hambre se lo reclama), ¿no se está acaso fomentando la explotación de esta leguminosa detestada?

¿Cómo puede (cosa que ocurre con harta frecuencia) compaginarse el reclamo por los reinos mineral y vegetal, y a la par reconocer el aborto –que afecta a la especie más empinada en la escala perfectiva de los seres– como un derecho?

¿Por qué no se deplora abiertamente la escalada legislativa que mira a liberalizarlo, tratándose de un asunto muchísimo más urgente que la salvaguarda del humus?

Si se milita en contra del veneno que afectaría al organismo físico, ¿por qué se tolera el veneno ideológico que se escancia en las aulas a las conciencias maleables de los niños, con sus cambios de paradigma ético década tras década, con su infatuado evolucionismo, con su historicismo soez? Y aunque se llegase a reconocer por amplio consenso científico la nocividad de los herbicidas para la salud humana, ¿no se advierte que se trata de una práctica agrícola que se le ha impuesto desde hace décadas a los productores a expensas de la tiranía bursátil y de la sobrepoblación urbana, y que todo lo que obtendrán estos conatos agroecológicos es sacar a los productores de su ámbito sin una propuesta viable acerca de cómo trabajar la tierra de modo de obtener de ésta la supervivencia?

Así, tenemos que los intereses a menudo afectados no se agotan en los grandes terratenientes, como convendría a una remozada lucha de clases con escenario agreste (del ambientalismo también puede decirse, como lo dijo de la ideología de género un obispo español, que es una “metástasis del marxismo”), sino de pequeñas explotaciones fa- miliares frecuentemente laboreadas por sus propios dueños.

Pero el dialecticismo moderno, consumado una y mil veces en tanta guerra prefabricada, no se detendrá ante la evidencia de sus desatinos. Sabíamos, al fin de cuentas, que estaba bien lejos del humanismo –en la cruda acepción de los hechos– la exaltación del hombre: más bien su abyección a impulsos de una arbitrariedad sin orillas, cumplido el metódico despliegue que va del subjetivismo más radical a la cosificación del otro y de sí mismo.

Paradoja siempre operante en el coro de la mojigatería progre, que se alarma ante la sola alusión al Round-up y no se indigna ante los innúmeros atentados contra la verdad cumplidos en la vastedad del edificio político, empezando por el dogma infecto de la democracia, trampolín de todos sus ulteriores atropellos. Pero el no parar mientes (en el contexto incuestionable de la notoria y generalizada merma de toda conciencia) en que el sorprendente ascenso de la “conciencia ambiental” podría deberse nomás a una generosa campaña publicitaria subvencionada por el gran capital, siempre ávido de atomizar las sociedades y de promover banderías falsas: éste habrá sido el oprobio de tanto activista.

Pues se esgrime el argumento –verosímil por cierto, pero extrínseco al problema de la composición química de los herbicidas– de que si el ente público encargado de fiscalizar estos productos otorga licencia para usarlos, esto ocurre por presión de los laboratorios.

El problema surge cuando se comprueba que detrás de innúmeras causas “libertarias” de nuestros días (legislación del aborto, “matrimonio” homosexual, imposición del multiculturalismo en Occidente azuzando mareas de refugiados, sanción de leyes “antidiscriminación”, etc.) hay un George Soros que lo financia todo.

Por lo demás, el tic ecologista, con ser tan propio de nuestros días, tiene un no sé qué de extemporáneo. Al menos desde el siglo XIX, y aunque la exploración y usufructo de los bienes de orden físico resultan poco menos que ilimitados (hasta el átomo entregó sus secretos), la vanagloria de dominio ya pasó holgadamente de las cosas a las conciencias. Tanto, que la tan invocada noción de “naturaleza” adolece de una simplificación semántica ni siquiera suficientemente conocida por quienes la vocean de continuo, limitándose a significar algo así co- mo “el conjunto armónico de los seres” o –con uno de esos tantos neologismos de cuño helénico– “el ecosistema”: fuera de combate, desechada por las artes de la persuasión, quedó la clásica noción de “naturaleza” como “principio de determinación del ser”, y la causa es que contraría en su raíz los presupuestos mismos del idealismo moderno, del titanismo desaforado de la res cogitans.

Se nos ofrece, entonces, el increíble cuadro de que los que encarnan el standard de vida burgués y desconocen lo que es enterrarse el barro hasta las pantorrillas en cada temporal, o pisar la escarcha en los crudos amaneceres del invierno, salen a “marcarle la cancha” al tractorista.

Spengler lo predijo hace cien años: a medida que las grandes urbes continuaran su acción centrípeta y la población rural decreciera a instancias de la mecanización de las tareas agrícolas, se terminaría asistiendo a una puja entre la ciudad y el campo. La demanda de bienes crecería con la superpoblación y con la irrupción de nuevas necesidades más o menos inducidas, y el campo se vería sobreexigido para satisfacerlas, de resultas de lo cual el abismo entre la ciudad y el interior se agigantaría, dando lugar a dos inconciliables percepciones del mundo. Lo que quizás no previera el filósofo hiperbóreo era esta manía artificial por lo natural, culminante en un canon de conducta agrícola redactado entre los rascacielos e impuesto por tenderos y oficinistas a quienes andan entre los corrales.

No se nos oculta que la cultura rural está más que moribunda, que ya no se vive el tradicionalísimo gaudeamus de la cosecha, ahora puesta raudamente en las plantas de acopio para su posterior venta en lejanos e indescifrables destinos. Ni desconocemos que la yerra ya no convoca al asado con cuero, humeante imán para la confluencia del vecinerío de varias leguas a la redonda.

Pero hay algo que todavía perdura en las deslavazadas existencias rurales de hoy día, y que contrasta con sus contemporáneos hábitos citadinos: las reliquias del sentido común y del realismo, auspiciados por un medio en el que las estaciones siguen dejando su impronta y el sol nace y se pone para el cotidiano asombro, en el que terneros y corderos retozan emulando al oleaje marino y las flores de los frutales aún desnudos por el invierno se abren como otras tantas miríadas de ojos. Otro dato, también vivencialmente ajeno a las gentes de ciudad, es el de la permanencia de cinco, seis y a veces más generaciones en posesión de una misma porción de tierra. Esta última y muy significativa condición tendría que ser tenida en cuenta por los apasionados impugnadores del glifosato, cuyo juicio se encuentra inevitablemente sujeto a la deriva de las sucesivas rupturas generacionales de los tiempos modernos y que determinan cualquier cosa menos la permanencia (la solidez) de los principios y la continuidad de la experiencia de los fundadores a sus descendientes.

Es quizás contra esto mismo que se sublevan; por insospechada o inconfesable que sea esta motivación de parte de quienes la ejecutan, los paisanos no dejan de reconocerla, acusando a sus acusadores de prepotente injerencia. Se trata, con la excusa del veneno, de la querella de Heráclito con Parménides, de la opción por lo mudable contra lo firme y asentado. Se trata, al fin, de dos distintas estirpes que, aun con entrecruzamientos locales y numerosas excepciones, corresponden a dos esferas típicas e inconciliables de la existencia en este mundo declinante.

Alguien dijo que le tributaría sus honras al sistema copernicano el día en que éste sea capaz de inspirar una obra comparable a la Divina Comedia. Nosotros, que no fundamos esperanzas en la restauración del siglo de las Catedrales y las Sumas antes de la Parusía, no le pedimos a nuestro tiempo nada de extraordinario: apenas que nos conceda asistir a la belleza de unas sencillas y bien calibradas coplas, a una pintura que no renuncie al imperio de la representación y de la inteligibilidad, a una arquitectura que no se agote en veleidades soñadas por autómatas sino que trasunte la profunda bondad del orden, que refleje la primacía arquitectural de la sustancia sobre los accidentes, del ser sobre el devenir. Porque con la visión copernicana –valga la generalización compulsiva del término– lo que nos separa es una cuestión de perspectivas.

No descubrimos nada nuevo al afirmar que el gobierno irracional y despótico del mundo se deriva por consecuencia inevitable de un cambio de orientación de la vida a partir de la ruptura protestante, que liberó a las concupiscencias por el recurso al puro extrincecismo de la justificación y por una antropología deprimente, haciendo del hombre no sólo un ser que no puede aspirar a perfección, sino incluso un mero haz de pasiones y de apetitos.

“Así lo quiero, así lo ordeno: que la voluntad sirva de razón”, clamó un atormentado Lutero; programas semejantes hemos escuchado en boca de los ambientalistas, que declinaban el recurso a la razón por ser ésta “patrimonio de los poderosos” (sic). Si no fuera demasiado cínico, el pensiero debole preconizado por Vattimo tendría que ser asumido como premisa de autojustificación por historiadores, psicólogos y demás mercaderes hodiernos de las ciencias del hombre desde la primera página de sus obras.

En estos días de furor por los tatuajes, tendrían que grabarse en las frentes la declaración de debilpensamiento para advertencia de quienes todavía recurren al olvidado instrumento de la razón.

Éste es –testigo la obra aniquilante de la Revolución contracultural– el espíritu en el que la tardía modernidad forma a aquellos de sus hijos que devendrán sus propios fiscales, haciendo –¡paradoja desopilante!– de la autofagia un medio privilegiado de conservación.

Flavio Infante

jueves, 20 de abril de 2017

Recuerdos que emocionan



ADDENDA A LOS "RECUERDOS ILUSIONADOS” DEL CAMARADA MAGISTRAL ENRIQUE DÍAZ ARAUJO



Aclaro que como Veterano de Guerra ‒así consta en mi vieja LE y en mi actual DNI‒ debería estar en algún acto conmemorativo del 2 de Abril pero, en mi condición octogenaria y muy deteriorada, mi familia me impide afrontar condiciones climáticas malvineras e inestables que puedan llevarme a una tumba inexplicablemente expectante hasta ahora. Ya adentrándome en el asunto de este correo electrónico, debo aclarar también que, desde los tiempos de los seis números de “Vísperas”, en casa consideramos a “Cabildo” como una gracia de Dios y alimento espiritual, al igual que las lecciones que verbalmente y por escrito nos has dado siempre. Admiro y leo prolijamente ‒también‒ al Camarada Enrique Díaz Araujo aunque le reprocho la larga espera del Tomo IV de su muy formativa e informativa obra “La Guerrilla En Sus Libros”…



Dejando en claro que esta modesta “Addenda” no intenta ser una crítica ‒y, mucho menos, un reproche‒ a tan destacado historiador y Camarada, agrego algunas “remembranzas juveniles”, maduras y de Veterano ‒vetusto, cachuzo e inútil‒ a las muy interesantes que nos narró el Profesor. En su enjundiosa reseña del siglo anterior nacionalista, me gustaría agregar el recuerdo de quienes son los máximos dirigentes que tuvo nuestro Movimiento Nacional (se llamara así o no) y los que restauraron la enseñanza religiosa suprimida en las escuelas públicas por la nefasta Ley 1420. Quisiera aludir siquiera al My José W. Rosasco o al Tte Grl José Félix Uriburu (apodado “von Pepe” por sus seguidores civiles y militares) o, al menos al Grl Juan Bautista Molina que lo acompañó siempre hasta su muerte parisina y, luego, encabezó al Nacionalismo antes del final de la Segunda Guerra Mundial; también al Grl Silva embajador en Madrid como el otro, Radío, amigos del Generalísimo; al Cnl Camilo Gay, tío del también asesinado homónimo inmolado en Azul; al primer Grl Div Benjamín Menéndez (los otros, sobrinos e hijo fueron liberales o, peor, radicales); el Cnl Mendióroz y su hermano; el Grl Eduardo Molina y el Grl Buasso; el Cdro de la Vega; los Brig(s) Cayo Alsina, Estrella y Capellini; el bahiense (hijo del cónsul boliviano) Almirante Anaya que fatigaba a sus compañeritos del LMGSM con sus proyectos para recuperar Malvinas y logró convencer al aún niño Cadete Galtieri; y ‒con infinito respeto‒ al "Mono" José Luis Spinazzi, Tte 1ro que leía y difundía “Cabildo” y que cayó en un combate secundario para recuperar Monte Chingolo; antes, al Cap Fernando Cativa Tolosa, muerto en un combate marplatense contra terroristas; etc; etc; etc; que cubren desde el heroico comando malvinero Sarg Mario Antonio Cisnero hasta el Cap Roberto Máximo Chavarri ultimado junto al Subof Domínguez en el famoso palco de Ezeiza…



En mi adolescencia tuve el privilegio de acompañar a mi padre ‒bastantes veces, hablando poco y aprendiendo mucho‒ a las inmejorables tertulias que se reunían en Uruguay 725 casi Viamonte, CF. Era la casa que mi padre tuvo la suerte de conseguir para la precipitada mudanza desde la Biblioteca Nacional para su amigo ‒el dignísimo Director cesanteado por Perón, Dr. Gustavo Adolfo Martínez Zuviría ("Hugo Wast") y su familión‒ el autor del decreto y de la Ley de Enseñanza Religiosa optativa que lleva su nombre. Se reunían semanalmente con él sus colaboradores de aquella cristíada y patriada ‒José Ignacio Olmedo y Jordán Bruno Genta (¡¡¡nada menos!!!)‒ y su sucesor Óscar Ivanissevich a quien sus contertulios (inclusive mi padre) llamaban "Iván"… Así conocí a nuestro Mártir y decisivo Mentor, antes de los tiempos de “Combate”, publicación que dirigía mi amigo Felice. En ese círculo ‒para mí augusto‒ a veces permanecía mi inolvidable amigo Marcelo MZ ‒el menor de los hijos varones del dueño de casa, casado con la bella Celia Ortiz de Rosas (occisos en un accidente rutero)‒ a quien mi padre le pidió que me incorporara al Comando Civil que comandaba en 1955 (siendo su miembro más joven a mis 17 años y apresado tras un tiroteo)…



Al mencionar a algunos (muy pocos) nacionalistas Caídos, no puedo dejar de evocar e invocar a los sádicamente asesinados del Partido Fascista en Avellaneda, a los de ALN, Jefes de Fortines a órdenes de dos hermanos, N° 2 y N° 3 de Alianza, Juan Gabriel Puigbó ‒Jefe de Seccionales‒ y Raúl ‒Jefe del Interior‒ (éste mencionado por Díaz Araujo); a estos dos hermanos los dividió la ya existente “grieta” de 1946, al simpatizar con el peronismo Juan (el que sufrió más bajas por sicarios del P. Comunista) y ser antiperonista su hermano Raúl, pese a lo cual se trataron siempre con sincero afecto fraternal. Un hijo de Raúl es sacerdote; una nieta de Juan es nuera mía, madre de tres de mis 29 nietos…



Otro agregado que quisiera hacer es la de personas, lugares y cosas o episodios graciosos: Mi entrañable “Bebe” Goyeneche ‒el “Virrey”, nieto del Presidente oriental Idiarte Borda, otro Mártir que nadie canonizará‒ vivía en el sótano (muy bien arreglado) de Pueyrredón 1777, CF, casa familiar subdividida. Otro que residió en un sótano de la calle Melo fue Lucas Padilla Córdoba (quizá omitido en homenaje a la seriedad). El “Bebe” estaba casi siempre escoltado por su “Guardia de Ébano” constuida por los “Negros” Bogado y Blasco (Alejandro, no Armando). Una noche en que íbamos en el coche del primero por Pueyrredón, casi chocamos con un camión al llegar a Santa Fe. El “Bebe”, haciéndose el gracioso como solía, amenazó (y amenizó) al otro conductor: “¡Bellaco! ¡Te azotaré con mi bastón!”, logrando que el acompañante (con tono muy canyengue y tragándose las eses) le asesorara a su auriga estupefacto: “Ma sí, dejalo'… ¿No ve' que son estranjero'…?”



Al mentar directores de revistas, se debe recordar a Carlos Alberto Felice (el periódico “Combate” tan bien estudiado por Mario Caponnetto, yerno del verdadero autor Genta) y al añorado Camarada Marcos Gigena Ibarguren (de “El Fortín”, cuando estábamos prohibidos). Entre los sacerdotes de nuestra Causa se omitió a dos que frecuentaban mi mesa familiar: Fray Mario Pinto, O.P., y el Capellán Mayor Amancio González Paz, aparte del valiente Rector de Filosofía y Letras del Camarada Ottalagano, padre Raúl Sánchez Abelenda. Al recordar a nuestro Mártir “Bubby” Sacheri, se olvidó a su gran amigo y Mártir católico, el Ing Raúl Alberto Ámelong. Éste y los profesores Genta y Sacheri fueron asesinados por una pequeña escisión erpiana que terminó montonera (los pocos cordobeses que no participaron en los tres magnicidios); la banda metropolitana perpetradora fue aniquilada en 1977 por la PFA.



También hay que recordar a los egresados del secundario ‒y de UNES‒ que ‒desaparecida por largo tiempo la Alianza‒ decidimos fundar una nueva agrupación para mayores en el antiguo Fortín de Matheu 185 y, años después, en Tucumán 415, primer piso, sede de la UCN de Naya y Gutiérrez Herrero: se llamó “Tacuara” (como la revista unista) y algo dio que hablar; su Jefe (prontamente oculto) fue Luis Dem Harte y su Secr Grl ‒luego Jefe‒ fue Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu, luego ejemplar sacerdote de la Iglesia de siempre. Entre los fundadores estaban su hermano Juan Antonio, Eduardo Rosa (hijo de “Pepe” y compañero del Newman mío), Jorge Gregorio Videla (Of PFA), otro Rodríguez (Of PPBA), el gran Camarada Horacio Bonfanti y su moto (uno de los pocos vehículos disponibles) y algún inconstante estudiante de Derecho (también cofundador del “SUD”). En Matheu oficiaba de centro de mesa un frasco de vidrio medio lleno de centavos moneda nacional para el que pudiera donar algo lo hiciera…



El “SUD” se fundó en 1956 sustituyendo a la Agrupación Nacionalista de Estudiantes de Derecho y también actuó bastante, incluyendo dos tomas de la FDCS en 1956 y en 1958; lo fundamos 14 varones y 5 mujeres (cuatro casadas con novios del Sindicato). Ya no están más los Dres. Guillermo Arbasetti y su mujer (Aurora) Shirley Sanz, tempranamente fallecidos; el Dr. Andrés Alfredo Cornejo, también casado con otra militante fundadora; mi Escribano Jorge Gerardo Juan (“Bubby”) Vast Salanouve, tambien casado con una Camarada del “SUD”, y el Dr. Rodolfo José Urtubey, ex Presidente del Tribunal Superior salteño, casado con su cofundadora del Sindicato y padres (entre otros 9) del actual Gobernador; también fallecieron mi Camarada falangista y compadre Dr. Manuel Barbón Rodríguez -egresado del “SUD” y Jefe de “Roja y Negra”, creación local reemplazante de la Sección Argentina de la Falange; mi Camarada y comadre María Ignacia Delfina Moyano Ymaz, hija del ex Ministro de Gobierno del asesinado “Gauchito” Lencinas en Mendoza y autor de la indispensable “Jurispruencia Argentina” (exiliado con mi padre en los felices tiempos yrigoyenistas), con lo cual se enumeraron las cinco fundadoras…



Del “Instituto” (ahora INIH “JMR”) cabe recordar al Brig French, excelente Presidente, a Óscar Denovi, a Juan Manuel Soaje Pinto, a José Luis Muñoz Azpiri (h) (el padre figura en el artículo ampliado) y a tantos otros ajenos a las pseudo “dorregadas pachoodónelicas” fingidas por los asaz ajetreados (para saquearnos) e ignaros K.



Para cuando Tata Dios me haga comparecer a Su inapelable Juicio, en mi escritorio tengo un fichero completo con nuestros Camaradas Caídos y con nuestros Fallecidos que deseo herede el Prof. Dr. Antonio Caponnetto (once años menor que su hermano Mario coetáneo mío) o quien él indique. Son realmente muchos los que podrían agregarse en los “Recuerdos ilusionados” de mi admirado historiador Don Enrique Díaz Araujo, laguna que intenté llenar un poco con estas líneas. Firmo sólo con iniciales por obvios motivos de elemental modestia y discreción. Mi saludo brazo en alto.

AMMM,
VGM y de la GCS

miércoles, 19 de abril de 2017

Citas citables



AFORISMOS

“Los que no quieren ser vencidos por la Verdad son vencidos por el error”
“Para saber cómo es un pueblo hay que examinar lo que ama”
(San Agustín)

“A Dios le gusta que lo ayuden a ser misericordioso; que no lo obliguen a ser justo”
“Negar la realidad es negar la necesidad de remediarla”
“No podemos dejar que se nos aburguese el alma”
“Es peor el eunuquismo que el satanismo; éste se cura con el exorcismo pero aquél no se cura”
(Ignacio Braulio Anzoátegui, p)

“Dios ha muerto” (Nietszche, 1882)
“Nietzsche ha muerto” (Dios, 1900)

“Desde que los hombres no creen en Dios no es que no crean en nada: creen en todo”
(Gilbert K. Chesterton)

“La Teología de la Liberación es la liberación de la teología”
(Rafael Luis Breide Obeid)

“Como fiel a la Iglesia Católica residual, desde el Concilio me propuse evitar la obediencia indebida”
(Octavio A. Sequeiros)

“Mira que te mira Dios,
mira que te está mirando,
mira que te has de morir,
mira que no sabes cuándo”
(De una carta de Miguel de Unamuno a José Ortega y Gasset)

“Si luchas, puedes perder; si no luchas, pierdes seguro”
“Recordar es un deber; olvidar es una culpa”
“El número (= la cantidad) no engendra la calidad ni la distinción ni la verdad”
“Saber es saber definir y saber definir es saber distinguir”
“El comunismo es el instrumento ideológico del poder del dinero”
(Jordán Bruno Genta)

“Un pesimista es un optimista bien informado”
(Gilbert K. Chesterton)

“Los cobardes prefieren la paz a la victoria”
(Enrique Jardiel Poncela, falangista)

“Todos mueren por alguna causa.  Unos pocos mueren por una Causa”
“La Verdad existe y es siempre una sola; las mentiras hay que inventarlas y pueden ser infinitas. Hay un solo modo de acertar e infinitos modos de errar”
“Los políticos hablan sobre ética y moral como un ciego de nacimiento opinando sobre colores”
“Si la vergüenza matara, los cargos públicos estarían ocupados por inmortales”
“De Malvinas volvimos derrotados pero no vencidos”
“Una de las ventajas de decir la verdad es no tener que acordarse de lo que uno dijo”
(VGM A.M.M.M.)

“La cobardía de los más posibilita la tiranía de los menos”
“La perspectiva, esa distancia que en la pintura es el espacio y en la Historia es el tiempo”
(Aníbal D’Angelo Rodríguez e Ivanissevich)

“La claridad de la inteligencia nada tiene de común con la rectitud de la voluntad”
“Jamás el cristianismo… os parecerá más sublime, más digno de Dios y más propio para el hombre que en la guerra”
(Joseph de Maîstre)

“El realismo católico es completamente contradictorio con el utopismo revolucionario”
“El marxismo se nutre de la injusticia, (…) quiere la injusticia”
(Carlos Alberto Sacheri)

“Nostálgico… Reaccionario… Cuando un enfermo recuerda los tiempos en que se encontraba bien, no suspira por el pasado sino por la salud”
“No es que la democracia esté enferma: la enfermedad es la democracia”
(Charles Maurras)

“Stat veritas dum volvitur orbis.” (“La verdad permanece estable mientras el mundo da vueltas”)
(Lema de los Cartujos)

“Todas las familias felices se parecen; las infelices lo son cada una a su manera”
(Fedor Dostoievky)

“La ideología es un aparato nocional que explica, justifica y ayuda a conservar el poder”
(Chaim Mordechai (a) “Karl Marx”)

“Nada hay más penoso que una bella teoría desbaratada por un hecho comprobado”
(Mellor)

“Nos han vencido pero no convencido”
(Karl Schmitt, 1945)

“Los ideólogos son emparvadores de humo”
(Napoleón Bonaparte)

“Ser rojo significa ir muriendo gradualmente”
(Alexandr Solzhenitsyn)

“Cuando un pueblo manifiesta un horror «civilizado» por la sangre, luego, recibe el castigo de su culpa: Dios le muda el sexo, lo despoja del signo público de la virilidad, lo convierte en pueblo-hembra y le envía conquistadores para que le quiten la honra”
(Juan Donoso Cortés)

“Seremos fusilados por curas bolcheviques”
(Georges Bernanos)

“Dinero perdido, poco perdido; honor perdido, mucho perdido; coraje perdido, todo perdido.”
Proverbio alemán

“…la naturaleza de perro que tienen los humanos que acatan y respetan a quienes temen”
(Otto von Bismarck)

“La democracia es el gobierno del dinero”
(Oswald Spengler)

“Es preferible la Verdad en soledad que el error en compañía”
(Santa Teresa de Ávila)

En 1944/5, a cada decisivo triunfo de los Aliados, se suscitaban en Bs. As. “Marchas” cada vez más numerosas  en las lucían las banderas victoriosas y se entonaba “La Marsellesa”. Unos pocos “nazis”  encabezados por los hermanos Juan Gabriel y Raúl Puigbó apuntándole al piso por donde iban a avanzar –sin causar ninguna herida a nadie- con pocos  tiros pusieron en fuga a una enorme multitud exitista.  Se comprobaron así los dos aciertos de un descarnado refrán popular asiático: “El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.”.
Proverbio mongol

La Iglesia Católica es verdaderamente indestructible: ni sus fieles de todas las jerarquías, desde Papas a monaguillos o simples parroquianos –empeñándose durante 20 siglos- han conseguido su desaparición.

Las grandes inteligencias discuten ideas; las medianas, acontecimientos, y las pequeñas, personas.

De un poder hasta Dios está voluntariamente privado: el de cambiar o alterar el pasado.

Sobrevivir es sobrehumano e inhumano ¡y hay defensores de los derechos humanos!