domingo, 13 de noviembre de 2011

Meditaciones dominicales

EL PADRE PÍO Y EL DEMONIO
   
      
El demonio existe y su papel activo no pertenece al pasado ni puede ser recluido en los espacios de la fantasía popular.  El diablo, en efecto, continúa induciendo hoy día al hombre justo al pecado.
      
Por esto la actitud del discípulo de Cristo frente a Satanás debe ser de vigilancia y lucha, no de indiferencia.  La mentalidad de nuestro tiempo desaforadamente ha relegado la figura del diablo a la mitología y el folclore.  Baudelaire afirmó, justamente, que la obra maestra de Satanás en la era moderna es hacernos creer que no existe.  Por ende no es fácil imaginar que el Diablo haya dado prueba de su existencia, cuando ha sido obligado a afrontar al Padre Pío en “ásperos combates”.  Tales batallas, tal como se reconoce en las cartas del Padre, fueron reales combates, siendo la última con sangre.
     
Uno de los primeros contactos que el Padre Pío tuvo con el príncipe del mal remonta al año 1906 cuando el Pío volvía al convento de Sant'Elia a Pianisi.  Una noche de verano no podía dormirse por el gran calor.  De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre.  “El Pobre Fray Anastasio no puede dormir” pensó el Padre Pío.  “Lo llamaré para hablar un poco”.  Fue a la ventana y llamó al compañero, pero la voz se le quedó en la garganta al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina se asomaba un monstruoso perro.  Así el mismo Padre Pío lo contaba: “Por la puerta, con terror, vi entrar un gran perro de cuya boca salía mucho humo.  Caí sobre la cama y oí que dijo: «Es él, es él» - mientras estuve en aquella posición, vi aquel animal que saltaba sobre el alféizar de la ventana y se lanzaba sobre el techo del frente, desapareciendo.”
           
Las tentaciones que Satanás empleó para hacer caer al Padre Pío se manifestaban de diverso modo. El Padre Agostino nos confirmó que Satanás aparecía bajo las formas más variadas: “Bajo forma de jovencitas desnudas que bailaban; en forma de crucifijo; bajo forma de un joven amigo de los frailes; bajo forma del Padre Espiritual, o del Padre Provincial; del Papa Pío X, del Ángel de la guarda; de San Francisco; de María Santísima, pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales.  A veces no había ninguna aparición pero el pobre Padre era golpeado hasta que le salía sangre, atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.  Él lograba librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús”.
          
Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron aún más cuando el Padre Pío liberaba a los poseídos.  Más de una vez —el Padre Tarcisio contó de Cervinara— antes de salir del cuerpo de un poseído, el Malvado gritaba: “Padre Pío nos molestas tú más que San Miguel”.  Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y no te molestaremos.”
             
Veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directores espirituales, los asaltos de Satanás.
                 
Carta al Padre Agostino, del 18 de enero de 1912: “…Barba Azul no quiere ser derrotado.  Él ha venido a mí casi asumiendo todas las formas.  Desde varios días acá, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras.  Lo que es peor es que ellos vienen con sus semblantes.  Cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación.  ¡Pero paciencia!  Jesús, la Mamá, el angelito, San José y el padre San Francisco siempre están conmigo” (P. Pío da Pietrelcina: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni - Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina”, Convento S. Maria delle Grazie, San Giovanni Rotondo - FG).

Carta al Padre Agostino del 5 de noviembre de 1912: “Estimado Padre, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios, y ha seguido el mismo destino de la anterior.  Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.  Padre, ellos no pueden ganar, a su voluntad por mi constancia.  Yo le informo sobre sus trampas sé que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias.  Yo encuentro en sus cartas mi único consuelo; pero para glorificar a Dios y para su confusión yo los llevaré.  No puedo explicarle a usted cómo ellos están pegándome.  A veces yo pienso que me voy a morir.  El sábado yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo pedirle ayuda.  Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda; sin embargo me hizo esperar largo rato, y finalmente, voló alrededor de mí, cantando con su angélica voz himnos de alabanza a Dios.  Entonces una de esas escenas usuales pasó.  Le reñí severamente porque él me había hecho esperar tanto para ayudardarme, a pesar que lo había llamado urgentemente.  Por castigo, no quise mirarlo a la cara; quería que él recibiera más de un castigo de mí; quise huirle pero, el pobre me localizó llorando, me tomó hasta que yo lo mirara.  Lo miré fijamente en la cara y vi que él lo sentía” (P. Pío da Pietrelcina: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni - Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina”, Convento S. Maria delle Grazie, San Giovanni Rotondo - FG).

Carta al Padre Agostino del 18 de noviembre de 1912: “El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente.  Intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales.  Se molesta mucho porque cuento estas cosas.  Me hace pensar en no decir, los hechos que pasan con él.  Me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo; de hecho él dice que le gustan sólo estas historias.  El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios, y con referencia a sus cartas; él me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas.  Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor, encontramos que la carta estaba sucia de tinta.  ¿Era la venganza del diablo?  Yo no puedo creer que usted me haya enviado la carta sucia; porque usted sabe que yo no puedo ver bien.  Al principio nosotros no pudimos leer la carta, pero después de poner el Crucifijo en la carta; tuvimos éxito leyéndola, aun cuando no éramos capaces de leer la letra pequeña…” (P. Pío da Pietrelcina: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni - Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina”, Convento S. Maria delle Grazie, San Giovanni Rotondo - FG).

Carta al Padre Agostino del 13 de febrero de 1913: “Ahora, que veintidós días han pasado desde que Jesús permitió a los diablos descargar su enojo sobre mí.  Padre, mi cuerpo todo se magulla de las palizas que he recibido recientemente por nuestros enemigos.  En varias oportunidades, incluso me han quitado mi camisa, golpeándome de manera brutal…” (P. Pío da Pietrelcina: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni - Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina”, Convento S. Maria delle Grazie, San Giovanni Rotondo - FG).

Extracto de una carta al Padre Benedetto de fecha 18 de marzo de 1913: “Estos diablos no dejan de pegarme, mientras que también me tumban de la cama.  ¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme!  Pero ahora ellos no me asustan ya.  Jesús me ama, Él me alza a menudo y me pone en la cama” (P. Pío da Pietrelcina: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni - Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina”, Convento S. Maria delle Grazie, San Giovanni Rotondo - FG).

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación, con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente.  Éste es el testimonio del Padre Pío: “Un día, mientras estaba oyendo confesiones, un hombre vino al confesonario dónde yo estaba.  Era alto, guapo, vestía con algo de refinamiento, era amable y cortés.  Comenzó a confesar sus pecados: contra Dios, contra el hombre y contra las virtudes morales.  ¡Todos los pecados eran molestos!  Yo estaba desorientado por todos los pecados que él me dijo.  Yo respondí trayendo a colación la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, la moral de los Santos, pero el penitente enigmático se opuso a mis palabras justificando sus pecados con habilidad y extrema cortesía, intentando ver como normal, natural, y humanamente comprensible todas sus acciones malas.  Y esto no solamente para los pecados que eran repugnantes contra Dios, Nuestra Señora, y los Santos.  Fue rotundo sobre la argumentación.  ¡Qué pecados mortales tan sucios y ásperos!  Las respuestas que él me dio con experimentada malicia me sorprendieron.  Me pregunté: ¿Quién es él?  ¿De qué mundo viene?  Intenté mirarlo bien, leer algo en su cara.  Al mismo tiempo concentré mis oídos en cada palabra para darle el juicio correcto que merecían.  De repente, a través de una luz vívida, radiante e interior reconocí claramente quién era él.  Con autoridad divina le dije: diga «Viva Jesús por siempre», «Viva María eternamente».  En cuanto pronuncié estos nombres dulces y poderosos, Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba un hedor insoportable”.

Fray Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del Padre Pío que estaban allí presentes. Fray Pierino cuenta: “Un día, el Padre Pío estaba en el confesonario, detrás de las cortinas, las cuales no lo tapaban totalmente.  Tuve la oportunidad de ver al Padre Pío.  Los penitentes estaban en una sola fila.  En donde yo estaba, yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre.  Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre.  Era guapo, con ojos pequeños y negros, pelo canoso, chaqueta oscura y pantalones bien arreglados.  No quise distraerme, y seguí recitando el breviario, pero una voz interior me dijo: «¡Detente y mira!».  Miré al Padre Pío.  Ese hombre, simplemente se detuvo delante del confesonario una vez que el penitente anterior se marchó, desapareciendo rápidamente entre las cortinas delante del Padre Pío.  Entonces no vi más al hombre de cabello oscuro.  Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas.  En la silla en el confesonario, de pronto ya no vi al Padre Pío, sino en su lugar a Jesús, pero un Jesús rubio, joven y guapo que miró fijamente al hombre, quien tuvo por tumba al suelo.  Entonces, emergiendo de Jesús, de nuevo logré ver al Padre Pío que retomaba su asiento.  Ahora podía ver claramente al Padre Pío.  Oí su voz inmediatamente: «¡Dense prisa!»  ¡Nadie notó este acontecimiento!  Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos”.
   

viernes, 11 de noviembre de 2011

Literarias

MILITAR ES CONDUCIR
LA VIDA (II)
  
Luis Eugenio Togores Sánchez:
“MILLAN ASTRAY LEGIONARIO”,
Madrid, La Esfera de los Libros, 2005, 495 páginas.

  
En nota anterior (Militar es conducir la vida, comentario al libro de Luis Eugenio Togores Sánchez, “Millán Astray Legionario”, “Cabildo”, nº 84, págs. 22-23) dejábamos al Caballero Mutilado Millán Astray incorporándose a la Cruzada. Ella significó en lo inmediato un esfuerzo heroico por salvar a España de la bolchevización y para el futuro un esfuerzo sin límites por darle al “Solar de la Raza” (Galvez dixit) la revolución frustrada en otras oportunidades. Ésta sería Nacional y con Camisa Azul como quería José Antonio o de apocalíptico signo marxista masónico. Pero esos días y sucesos, magníficamente expuestos por José María Gironella en la novela histórica “Los cipreses creen en Dios”, tienen raíces que nos conducen lejos, pasando por mojones como el desastre africano de Annual en 1921 y la pérdida de regiones de la hispanidad como Filipinas, Cuba y Puerto Rico.
  
Era la hora del imperialismo yankee impregnado de judeocalvinismo con su “destino manifiesto”. Éste avanzaba con farisaicas guerras como la de Cuba (1896) preparada con pertinacia diabólica por Teddy Roosevelt  y la complicidad de la prensa democrática de Pulitzer y Hearst el último de los cuales, según cita el Dr. Togores, le ordenaba a su corresponsal en La Habana: “Usted envíenos su dibujo. Nosotros pondremos la guerra”. El pretexto fue el accidente que voló el acorazado “Maine”, como lo probó en 1975 el Almirante norteamericano Rickover. Lo de Filipinas fue aún mas indignante, pues mostró la connivencia de los “Tocinos” (yankees) con Albión, cuando a la flota española con refuerzos para Manila, se le “negó el paso por el Canal de Suez” cuyo dominio detentaba Gran Bretaña. Era una “prueba más de la postura pronorteamericana que había mantenido durante todo el conflicto”. La Paz de París (agosto de 1898) rubricó la derrota con la  humillación de borrar “para siempre de América a la España eterna”.
  
Con acierto, señala Togores, que esta caída del Ejército y la  Marina ibéricas se puede comparar a la sufrida por el Ejército francés en Indochina y Argelia las que provocaron también situaciones comparables a movimientos telúricos en la historia de la Nación Gala como lo fue el derrumbe de la IVª República. Consideramos una lamentable omisión del historiador que nos ocupa que no ahondara  su planteo subrayando que la mejor Oficialidad hastiada de las traiciones masónico marxistas en los altos círculos partitocráticos de París se alzó, en mayo de 1958, al grito de “Políticos a la basura” y el “Ejército al Poder”.
  
En Indochina como en Argelia se habían enviado al sacrificio a millares de hombres por una causa que se quería derrotada. Día a día la situación se había hecho insostenible. Ahí estaba la protección a dirigentes comunistas en la capital francesa, a lo que se agregaba la publicación, por parte de órganos izquierdistas, de informes secretos a las cuarenta y ocho horas de haber sido redactados. Todo mostraba que el sarcoma comunista estaba en el propio “Gobierno” producto del Perverso Sistema Democrático. El error de los patriotas militares fue haber colocado al frente del Estado al ególatra Charles de Gaulle, un hombre de espíritu estrecho que no creía más que en la  Francia “hexagonal” antorcha de una Europa de la cual él se consideraba destinado como providencial “guía”.
  
De Gaulle que escribió haber “estigmatizado el régimen de partidos del desorden reinante” (SIC) cambió bruscamente. Lo mismo que en julio de 1940 cuando huyó de Francia y con “valentía homérica” desde un micrófono de Londres zahirió al glorioso Mariscal Pétain que enfrentaba como servidor de Francia, los desastres de la corrupta Republica del Frente Popular de León Fulkestein, alias Blum, de Paul Reynaud y del  incapaz Comandante en Jefe Gamelin. En 1958 reeditando su proverbial coraje, el general locutor que nunca ganó una batalla, preparó la entrega de Argelia iniciando la persecución de quienes confiaron en él llevándolo al Poder. El segundo acto revolucionario estallado en abril de1961 marcó nueva felonía. En esta oportunidad al ver en peligro el demoliberalismo y las inversiones financieras, De Gaulle fue apoyado por el “católico hedonista” presidente Kennedy que ordenó a su flota ubicarse en el Mediterráneo para impedir un desembarco en Francia desde Argelia mientras los comunistas vigilaban el cielo para desalentar un ataque paracaidista. La respuesta del digno General Salan (el soldado más condecorado de Francia) fue la OAS (Organisation Armée Secret) para la lucha revolucionaria contra el “orden del desorden”. Cárcel y pelotones de fusilamiento fue la respuesta de Charles “el pequeño”. Finalmente la derrota de los que querían restaurar el rumbo tradicional del Estado Francés.
  
Pero volvamos al tema central.  España, al comenzar los años ´30, era un “bosque de sombras”. El 14 de abril de 1931 el Rey abdicaba atemorizado por unas elecciones municipales con resultado adverso. La República aprovechando la inhibición de las gastadas fuerzas de la monarquía liberal se apoderó de España. Primero pluripartidismo, parlamento demagógico y violentista. Incendio de Iglesias, persecución religiosa y disgregación regional. Todo seguido de una medrosa experiencia democristiana con estériles contubernios. Al final un Frente Popular de inspiración comunista. Subversión, lucha de clases, anarquía moral, terror y muchos etcéteras. Al satánico experimento se puso fin el 17 y 18 de julio de 1936 cuando las guarniciones y las juventudes con Camisa Azul y Boinas Rojas iniciaron la Cruzada.
  
En aquellos días mientras se combatía, sin dar ni pedir cuartel en todos lo frentes, Salamanca era, con su inmortal Universidad centro cultural y político del Alzamiento.  Millán Astray, designado por el Caudillo, ocupaba la Secretaría de Prensa y Propaganda. En pocos meses montó la emisora Radio Nacional con una potencia de onda de 20 kw. Desde ella combatió al enemigo pasando por su micrófono lo mejor de la intelectualidad. Allí estuvieron, y sólo citamos algunos, Pemán, Ridruejo, Pemartin, García Sanchiz, Marquina, Alfaro, D´Ors, Giménez Caballero y  don Miguel de Unamuno en ese momento Rector Honorario de la célebre Casa de Estudios. El doctorísimo vasco don Miguel había adherido al Movimiento Libertador con un manifiesto que, dice Togores, “fue su última lección hoy escasamente difundida”. Sin embargo con motivo de festejar el Día de  la Raza (12 de octubre de 1936) Unamuno y Millán Astray protagonizaron un incidente que el biógrafo trata en un capítulo en el que con documentación ilevantable pulveriza las falsificaciones de la seudo intelectualidad siniestra de los años setenta y ochenta. La misma que sufrió y enfrentó la Patria Grande. Novelón que, gramscianamente manipulado, continúa en la actualidad.
  
Sustancialmente el problema se suscitó en el acto central de esa histórica jornada cuando el anciano Rector (famoso por sus tornadizas posiciones políticas) en su discurso dijo que “no había antipatria”, lo que quería decir (señala Millán en su informe) que los rojos no lo eran. Luego añadió (y proseguimos con el documento) “que se podía vencer pero no convencer”. Lo que fue interpretado por el Jefe Legionario como una insidia contra la lucha que se libraba en esos momentos. Las cosas llegaron a un  punto de ruptura cuando exaltó a determinado cabecilla filipino “en momentos en que la guerra contra España estaba dirigida por los comunistas rusos soviéticos judío masónicos”. Y prosigue su relato Millán Astray: “Finalizando (Unamuno) con una protesta contra las mujeres de nuestra zona diciendo que se recreaban asistiendo a fusilamientos llevando escapularios”. Allí la indignación del Guerrero estalló espetándole en voz alta “¡Muera la intelectualidad traidora!” Luego en el documento informe expresa: “a pesar de mi indignación me dirigí a los estudiantes para decir simplemente: Cuando volváis purificados de la guerra y entréis a estudiar en las aulas, tened mucho cuidado con los hombres sutiles y engañosos que con palabras rebuscadas y falsas llevarán el veneno a vuestras almas”.
  
Como inspirado por una premonición en la “Gaceta Regional” del 12 de septiembre de ese año decía: “Salamanca, Salamanca ciudad de la inteligencia secular de España, la de los Estudios de Humanidades eternos como el alma humana, por aquí no pasó la furia asesina del rojo, los malditos y mil veces malditos intelectuales que teniendo cultura envenenaron a nuestras gentes y les hicieron creer que la felicidad estaba en el crimen”. Mensaje que “no condenaba la intelectualidad” pero sí alertaba contra su perversión.
  
José Millán Astray ya es Historia y su vida ejemplo de triunfo pues la condujo en la militancia. Para él, nuestro ¡PRESENTE! con una sentencia suya: “La mayor dicha que puede tener el hombre en su vida es entregarla por Dios y por la Patria. La mayor desdicha es ser un cobarde”.
  
Luis Alfredo Andregnette Capurro
   
NOTA:
Puede verse la primera parte a la que se alude en el comienzo de esta nota en este enlace:
   
         

miércoles, 9 de noviembre de 2011

De pluma ajena

LIBRES
  
  
Hace hoy 22 años caía uno de los símbolos epónimos del comunismo, la Gran Muralla Alemana, más conocida (aquí no podemos decir “bautizada”, por obvias razones) como “el muro de Berlín”, separador artificial de un mismo país y productor de asesinatos por el delito de querer escapar del paraíso rojo. Precisamente. la canción “Libre”, de Nino Bravo, habla del primer alemán que murió intentando atravesar el muro de Berlín. El siguiente texto se encuentra disponible en distintos sitios web y cadenas de correo, sin indicar su autor.
  
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Peter Fechter, un obrero de la construcción de 18 años, intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y, tras observar a los guardias de la “frontera” alejándose, saltar por una ventana hacia el llamado “corredor de la muerte”, atravesarlo corriendo y saltar por el muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.
  
Hasta llegar al muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba, a punto ya de pasar al otro lado, los soldados les dieron el alto, y a continuación dispararon. Helmut tuvo suerte, Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás, y quedó tendido en el suelo en la “tierra de nadie”, durante cincuenta angustiosos minutos, moribundo, desangrándose, a la vista de todos, y sin que nadie hiciera nada.
  
Gritó pidiendo auxilio, pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, y lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín, que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse, y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora, los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía, gritando a los soldados de ambos lados para que le ayudasen.
  
Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen, como había pasado en otras ocasiones anteriores; aunque ninguna en una circunstancia tan perentoria como esta y a las dos del mediodía, con tantos testigos presentes, incluyendo periodistas en el lado occidental.
  
Los soldados del lado oriental, zona a la que pertenecía en realidad la “tierra de nadie”, tampoco le ayudaron, y no se acercaron hasta pasados 50 minutos, seguramente para que sirviera de ejemplo para cualquier otro que pensase huir (aún así, entre 1961 y 1989 murieron más de 260 personas, sólo intentando cruzar el Muro; además de los que murieron al querer cruzar la frontera entre las dos Alemanias, y ya no hablemos de los que estuvieron en la cárcel por intentarlo, o por ayudar a otros).
  
Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente “¡asesinos, asesinos!”. En el lado occidental, se sucedieron las protestas y las manifestaciones los días siguientes, y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron claramente lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este el intentar escapar. Asimismo, también se dieron cuenta, decepcionados, de que los soldados americanos, en pleno auge de la Guerra Fría, no harían nada para ayudarles en circunstancias similares. Fue un duro golpe para la esperanza de los berlineses.
  
Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar;
pero tras la frontera está su hogar,
su mundo y su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es, un trozo de metal
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.
Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre,
como el mar.
Libre, como el ave que escapó de su prisión
y puede al fin volar.
Libre, como el viento que recoge
mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar,
detrás de la verdad,
y sabré lo que es al fin la libertad.
Con su amor por bandera se marchó
cantando una canción;
marchaba tan feliz que no escuchó
la voz que le llamó.
Y tendido en el suelo se quedó,
sonriendo y sin hablar;
sobre su pecho, flores carmesí
brotaban sin cesar.
  
La canción, escrita diez años después de los hechos, recoge una historia y unas fotos que dieron la vuelta al mundo, y que todavía hoy son símbolo de la crueldad humana. En el lugar donde murió Peter Fechter, se levantó en 1990 un monumento. Ya en 1997, dos antiguos soldados de la RDA fueron juzgados, y admitieron haber disparado contra Peter Fechter. Se les declaró culpables, y fueron condenados a un año de cárcel. En el juicio el forense declaró que toda ayuda hubiera sido inútil, ya que la gravedad de las heridas le hubiera causado la muerte en cualquier caso. Pero es algo que nunca sabremos, ¿verdad?
  
La canción es símbolo de todo el pueblo alemán que soñó con huir, ya que si Peter fue la primera víctima del muro, el último, Chris Gueffroy, en 1989, tenía, precisamente, veinte años…
  

lunes, 7 de noviembre de 2011

Guerra semántica

D’ELÍA Y LOS PAISANOS
  
  
En varias ocasiones el cebado piquetero kirchnerista ha manifestado su hostilidad hacia el sionismo, provocando sucesivos deshilachamientos de vestiduras “en las vigilias de la judería”, como decía Borges.
  
Pero como es un blanquito políticamente correcto, y agalludo sólo cuando se encuentra en patota estatalmente subsidiada, apenas arrecian los reproches, el hombre se ocupa de aclarar que el sionismo es la extrema derecha y que, ¡válgame Odín!, por eso nomás lo cuestiona. Y si lo apuran un poco, este especialista en metalenguaje —como alguna vez se definió— acaba asociando esa extrema derecha con “la Dictadura”, por lo que toda agresión queda blanqueada, sin riesgos para su pellejo.
  
Cuando estalló el escándalo  Schoklender, a Luisito se le ocurrió decir que el imputado y sus socios “son todos paisanos”, por lo que no habría que descartar que detrás de “estas maniobras de desprestigio” del Gobierno estuviese el Mossad, “porque no se puede hacer tanto daño gratuitamente”.
  
Pero en la lógica Deliana —o Delano, para respetar la diversidad de géneros— la acusación debía remitir a una instancia aún superior, cuyas connotaciones políticas fueran de tal negritud (con perdón) que ninguna duda quedara sobre la naturaleza del malvado plan conspirativo.
  
Entonces sacó de su sorprendente archivo este dato mágico: los muchachos Schoklender son “hijos de un hombre traficante de armas vinculado a la Dictadura. Se dice que trabajaba para Massera” (cfr. “Urgente 24”, del 23-24 de junio de 2011).
  
El resultado del primoroso argumento es impactante. La culpa de todo la tiene un padre descuartizado por sus hijos, quienes seguramente obraron de este modo como parte de su militancia contra el Proceso; por lo que se entiende que las Madres los hayan adoptado como hijos y los Kirchner convalidado en sus puestos de recaudadores. Descarriados los muchachos —ahora que afectan a Cristina, no otrora cuando serrucharon a sus progenitores— si vamos a sospechar del Mossad, aclaremos los tantos.
  
Llamado a dar explicaciones ante la justicia —porque nunca falta un aplazado en lógica o en metalenguaje— D’Elía tranquilizó a todos explicándoles doctamente, según su natural talante, que “paisano es una palabra que tiene una connotación cariñosa y afectiva” y por eso no fue dicha “con intención de discriminar” (cfr.: http://www.eldia.com.ar/noti_actual_base.aspx? idnoticia=126490&voto=si&link= http://www.eldia.com. ar/edis/2011711/2011 0711151 312.htm).
  
De lo que viene a resultar lo que todos ya sabíamos; que el buen Luis tiene “cariño y afecto” por los Schoklender —por eso lo de paisanos— y que su ataque al sionismo sólo admite una lectura posible, la de su lucha contra la sanguinaria Dictadura. ¿Cómo no se entiende el relato? ¿Tan poco han aprendido los argentinos de los filósofos de Epístola Chiusa?
  
Por el momento le diremos tres cosas a Luis. La primera que su incongruencia mide más que su abdomen tras ingesta dominguera. Porque en ninguna testa congrua puede caber que se está en contra del sionismo y se trabaja a la vez, con la docilidad de un felpudo, para Elizabeth Wilhelm y los innúmeros Timerman, Filmus, Spolsky, Heller, Verbistky, Feinmann o Gvirtz que la secundan. ¿Estos “pibes” no son “paisanos”, gordo? Los múltiples, visibles y explícitos actos de vasallaje y alineamiento de los Kirchner con el Estado de Israel y los lobbies judíos, o el connubio Alperovich-Mossad consumado a la luz del día, ¿no tienen nada que ver con el sionismo? ¿Los encuentros cristínicos del tercer tipo con las cabezas del Congreso Mundial Judío, del Comité Judío Estadounidense o de la B’nai B’rith, tampoco?
  
Lo segundo que deseamos decirle al Chomsky matancero, es que su capacidad para el arrugue no tiene límites ni pudores. Porque no es cierto que la palabra “paisano” aplicada a los judíos, tenga forzosamente una acepción “cariñosa y afectiva”. Por el contrario, es una de esas figuras retóricas populares que se suelen aplicar por contraste, como decirles “ñatos” a los narigones o “lungos” a los bajitos.
  
El pueblo llano, sin necesidad de leer las fuentes hebreas en las que se desaconseja y hasta se castiga la asimilación con las patrias cristianas en las que los judíos se aposentan e invaden, dio en llamarlos sarcásticamente paisanos como un modo de fustigar su radical extranjería, y su  obstinado rechazo a toda asimilación desinteresada y genuina.
  
Ese pueblo llano, no leyó las confesiones hechas al respecto por Bernardo Lazare, Jacobo Klotzkin, Isher Guinsburg o Itzhak Korn, pero seguramente lo escuchó a Ariel Sharon, Ministro de Defensa del Estado de Israel durante la contienda de Malvinas, llamando a los judíos británicos y argentinos a no combatir “en una guerra que no es la suya”, agregando que a dichos combatientes “los necesita Israel para afirmar su existencia” (cfr. “La Nación”, 24 de mayo de 1982, pág. 3).
  
El mismo pueblo llano que presenció la emigración de cantidades de judíos, cuando la crisis social y económica de los años 2001-2002. Se fueron manifestando insolentemente su categórico desarraigo, alistándose muchos de ellos en el ejército israelí (cfr.: ambitoweb.com, n0 1144, 18 de diciembre de 2003).
  
No, D’Elía. No hagas trampas lexicológicas para zafar. La palabra paisano tiene una añeja connotación despectiva. O te hacés cargo ante los Tribunales, o te dejás de hacer el macho. Para criticar al sionismo, en este país enteramente sojuzgado por él, hay que tener algo más que una banda de rufianes adictos.
  
Por último, Luisillo todavía no aprendió que bajo la tiranía semántica desatada por sus bienamados Kirchner, las palabras no significan lo que los diccionarios enseñan o el ethos social impone, sino lo que determinen los filósofos del tocador que, siguiendo las instrucciones del Marques de Sade, Cristina ha armado cerca suyo, con buenas rentas de las arcas oficiales.
  
Uno de esos “filósofos” del boudoir cristínico, por ejemplo, ha prohibido repetir la palabra asco lanzada por Fito Páez contra los macristas, porque es un término nazi. Tal cual. El imperativo filológico cundió tanto, que hasta un tipo como Lanata, que es crítico del Gobierno, lo repitió dócilmente en cámara frente a Majul, la noche del 31 de julio.
  
No importa que Marx, Engels, Lenin y Trostky, hayan descalificado sistemáticamente a burgueses y capitalistas y hasta a disidentes de la misma izquierda con la susodicha palabra.
  
No importa que sea un epíteto común entre personajes de infinitas procedencias. Tampoco importa que aparezca muchas veces en la Sagrada Escritura, como cuando en el Libro de Oseas (8, 4-7) se condena a quienes se inclinan ante el becerro de oro.
 
No; como según los muchachos de Epístola Chiusa la palabra es “nazi”, ninguno de ellos debe usarla. Advertencia que se extiende a todo demócrata de pro, y a todo estúpido del PRO.
  
El 9 de marzo del año pasado —y es otro ejemplo— como la Corte Suprema le pidiera “mesura” a Cristina, ésta le respondió sosteniendo muy seriamente que le resultaba inadmisible acatar tal pedido, porque la palabra rimaba con censura. Créase o no, lo usó como argumento.
  
Pero cuando en estos días, exactamente la misma fuente usó la palabra mesura para referirse al tratamiento del caso Zaffaroni, la presidenta no se sintió perturbada por ninguna similicadencia. Misterios de la guerra semántica.
  
Por suerte, para calificar lo que nos causan D’Elía, sus mandantes y socios, el buen diccionario tiene previstas otras expresiones menos nacionalsocialistas: grima, arcada, basca, vahído y vómito.
  
Antonio Caponnetto
  

viernes, 4 de noviembre de 2011

Los crímenes de “los buenos”

EISENHOWER,
EL CARNICERO DEL RIN
  
  
Los campos de concentración (KZ) y las crueldades que en ellos se cometieron, no fueron patrimonio exclusivo de los alemanes. El avance aliado sobre Alemania hizo multiplicar los KZ existentes, con la salvedad de que esta vez estarían habitados por los alemanes: militares y civiles.
  
En particular, los campos que se establecieron sobre las márgenes del río Rin (Rhein) fueron: Alzey, Andernachdec, Bad Kreuznach, Biebelsheim, Böhl, Bretzenheim, Büderich, Büdesheim, Dietersheim, Diez, Hechtsheim, Heidesheim, Ingelheim, Koblenz, Koblenz-Lützel, Ludwigshafen,  Mannheim-Waldhof, Miesenheim, Plaidt, Remagen, Rheinberg, y otros cincuenta más.  Administrados por los norteamericanos, en ellos murieron millares de alemanes.
  
En el año 1989, James Bacque editó en Canadá su libro “Morts pours raisons diverses”, que fue motivo del artículo central de una muy popular revista de aquel país, “Saturday Night” y dio lugar a varios documentales televisivos, entre ellos, uno de la BCC. Bacque recuerda que los prisioneros de guerra alemanes que cayeron en poder de los británicos y canadienses fueron tratados adecuadamente, en los términos de la  Convención de Ginebra y rápidamente fueron liberados.
  
Distinto fue lo ocurrido a quienes cayeron prisioneros de los americanos: “Los prisioneros recibían una pequeña ración de alimentos el primer día, pero ésta fue reducida a la mitad. Para obtener la ración fueron forzados a correr una manga. Agachados debían correr entre los guardias norteamericanos, que los golpeaban con palos mientras se movían hacia el alimento”.
  
Afirma Bacque que: “La tasa de muertes en los Campos norteamericanos en el Rhineland, de acuerdo con los datos de sobrevida de una encuesta médica, fue del 30 % al año, la tasa normal de muertes de la población civil en 1945, estaba entre el 1 y el 2%… De acuerdo con las historias referidas por otros ex prisioneros del Campo de Rheinberg, el último acto de los norteamericanos, antes que los británicos tomaran el control del Campo, fue aplanar con buldózer una sección del campo mientras aún había hombres vivos en los agujeros que habían cavado en la tierra”.
  
En virtud de la convención de Ginebra, los prisioneros de guerra (POW), tenían derecho a ser alimentados y cobijados en los mismos términos en que lo son las fuerzas que los han capturado; a cursar correspondencia con el exterior y a ser visitados por Delegados de la Cruz Roja Internacional.
  
Sin  embargo, éstos y los restantes derechos le fueron negados a los prisioneros alemanes en poder de los norteamericanos en base a directivas expresas emanadas del Cuartel Central Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias (SHAEF), cuyo comandante supremo era el general Dwight Eisenhower. “«Dios, cómo odio a los alemanes» escribió Eisenhower a su mujer, Marnie, en septiembre de 1944. Antes, en frente del embajador británico en Washington, había dicho que todos, los tres mil quinientos o algo así, de los oficiales del Staff de generales alemanes deberían ser «exterminados»”.
  
En grosera violación de la Convención de Ginebra, en marzo de 1945 propone crear una categoría distinta de prisioneros: la de Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF), de modo de excluirlos de las previsiones alimenticias de aquella Convención.
  
El 26 de abril de 1945 se aprobó el status DEF para prisioneros en poder de los americanos, ya que los británicos rehusaron hacerlo con los propios. Ya en ese tiempo el general Robert Littlejohn, del SHAEF, había reducido dos veces las raciones de los prisioneros y Eisenhower había cursado un informe al general George Marshall, Jefe del Ejército de los Estados Unidos, haciendo saber que los prisioneros alemanes “no tendrían refugios o techo u otras comodidades”.
  
Afirma Bacque: “Las provisiones no eran un problema, había material suficiente acumulado en Europa para construir locaciones de Campos de Prisioneros. El ayudante especial de Eisenhower, el General Everett Hughes, había visitado los enormes almacenes de provisiones en Nápoles y Marsella e informado: «Existe más stock del que podemos alguna vez usar. Puesto en línea hasta donde la vista puede alcanzar». Los alimentos no habían sido un problema… El ejército mismo tenía tanto alimento de reserva, que un almacén totalmente cargado fue sacado por accidente de las listas de vituallas en Inglaterra y no se dieron cuenta hasta tres meses después. Además, el Comité Internacional de la Cruz Roja tenía más de cien mil toneladas de alimento en almacenes en Suiza. Cuando la Cruz Roja intentó enviar dos trenes cargados con alimentos al sector norteamericano de Alemania, oficiales del Ejército norteamericano hicieron volver los trenes, diciendo que sus almacenes ya estaban sobresaturados de alimentos de la Cruz Roja, alimento que ellos jamás distribuyeron. Sin embargo, fue a través de la provisión de alimentos que la política de aniquilación fue llevada a cabo. Agua, alimentos, tiendas de campaña, espacio, medicinas, todo lo necesario para los prisioneros fue fatalmente negado”.
  
Entre los prisioneros había niños, ancianos y mujeres embarazadas.  Bacque recuerda la narración de Charles von Luttichau, quien se entregó voluntariamente y fue alojado cerca de Remagen: “Más de la mitad del tiempo no tuvimos alimentos, el resto del tiempo teníamos una pequeña ración K.  Pude ver desde el encierro que nos estaban dando una décima parte de lo que le entregaban a sus propios hombres… Le reclamé al Comandante norteamericano del Campo que estaban violando la Convención de Ginebra, pero simplemente me dijo: «¡Olvide la Convención, ustedes no tienen ningún derecho!» Las letrinas eran sólo una tabla sobre una zanja junto al cerco de alambre de púas. Por las enfermedades, los hombres tenían que defecar en el suelo. Pronto muchos de nosotros estábamos demasiado débiles para sacarnos los calzoncillos. Así nuestra ropa estaba infectada, y así estaba también el barro donde caminábamos, nos sentábamos o nos acostábamos. Es esas condiciones… hombres que habían ingresado sanos al Campo estaban muertos.”
  
El cuadro referido por el canadiense es atroz: “Algunos de los cuerpos habían muerto de gangrena como consecuencia del congelamiento (fue una lluviosa y fría primavera anormal ese año). Una docena o más estaban tan débiles para sostenerse en las tablas sobre la zanja de las letrinas que habían caído allí y se habían ahogado”.
  
El 10 de julio de 1945, el Ejército francés tomó al campo de Dietersheims, su jefe, el capitán Julien, elevó un contundente informe que Bacque recuerda así: “En el primer Campo al cual entró, dijo haber encontrado un terreno fangoso «habitado por esqueletos vivientes» algunos de los cuales murieron cuando el observaba. Otros se apretujaban unos a otros bajo trozos de cartón a pesar que el día de julio estaba cálido. Mujeres que yacían en agujeros cavados en el suelo le miraban directamente con edemas de hambre en sus abultados vientres en una grotesca parodia de embarazo; hombres ancianos con largas barbas grises le miraban débilmente, niños de seis o siete años con los anillos de un mapache en sus ojos del hambre le miraban con sus ojos faltos de vida. Dos médicos alemanes en el «hospital» estaban tratando de cuidar a los moribundos en el suelo, bajo el cálido cielo, entre las marcas dejadas por las tiendas de campaña que los norteamericanos se habían llevado con ellos”.
  
Concluye Bacque: “…sin duda ochocientos mil, quizás más ciertamente novecientos mil y bastante probable, más de un millón de alemanes, murieron en los Campos norteamericanos y Franceses, más que aquellos que fueron muertos en todos los combates en el Frente Occidental al norponiente de Europa desde que Estados Unidos entró en la guerra en 1941 hasta abril de 1945”.
  
El National Geographic Channel, en su portal de la web relata: “1945. Cerca de trescientos ochenta mil prisioneros de guerra alemanes pueblan las cárceles americanas durante la Segunda Guerra Mundial. Se estiman en siete millones los presidiarios  designados por el Presidente Eisenhower como «fuerzas enemigas desarmadas» por lo cual las normas de protección de la Convención de Ginebra no son pasibles de aplicación”.
  
El propio marxismo reconoce esta criminal conducta: “Los campos de concentración y exterminio no fueron solamente alemanes sino de todos los países beligerantes. Incluso si la verdad oficial la escriben los vencedores, la verdad histórica antes o después hace su aparición.
  
“El fin reservado a los soldados del derrotado ejército alemán fue siempre silenciado y ocultado; … los bloques ruso y estadounidense se intercambiaban acusaciones de haber engullido los restos de la Wehrmacht y no haber devuelto a casa a los prisioneros. La realidad fue tremenda… Rusia envió a todos los prisioneros capacitados a las regiones más perdidas e inhóspitas de su inmenso territorio a realizar los trabajos más insanos y duros en condiciones bestiales; poquísimos volvieron. La sangría, en términos de vidas humanas, por parte de la URSS fue espantosa, más de veinticinco millones de muertos…
  
“Distinta suerte corrieron los prisioneros alemanes en manos de los aliados: no fueron considerados POW, o sea prisioneros de guerra, sino que fueron degradados a la condición de DEF, es decir fuerzas enemigas desarmadas, traicionando por tanto las convenciones de Ginebra.  
“El racionamiento alimenticio redujo hasta los huesos a los prisioneros literalmente dejados morir de hambre y enfermedades en campos de prisioneros que no eran más que desnudos «trozos de terreno rodeados por alambre de espinos»” (página web de la Biblioteca Internacional de la Izquierda Comunista: “Nuestra conmemoración de los cincuenta años del final de la Segunda Guerra Imperialista”).
  
Carlos García
  

martes, 1 de noviembre de 2011

Policiales

LOS BURDELES DE SU SEÑORÍA
  
  
Cuando creíamos que el modelo K había colmado nuestra capacidad de asombro en eso de envilecer a la sociedad, nos enteramos de que un juez de la Suprema Corte de Justicia dispone de una red de prostíbulos, funcionando en el centro porteño y distribuidos hasta ahora, en seis departamentos de su propiedad.
  
Al quedar expuesto, el juez de “la corte ejemplar” inventada por El muerto, primero niega, aduce desconocimiento (como si no hubiera culpa en la absoluta desaprensión respecto de quiénes son y qué hacen sus inquilinos) y luego, sencillamente, dice que va a cambiar a los supuestos locadores, bromea ¡y aquí no ha pasado nada!
  
Es difícil imaginar algún otro lugar del mundo donde —desde cargos similares— se explote  la prostitución, sin provocar una grave conmoción social  y aún es más difícil  pensar que, en esas circunstancias —más bien repugnantes— su señoría no haya renunciado, ni hayan actuado los organismos de control legislativo, ni sus colegas de la corte se sintieran rozados por el escándalo, ni desde los medios se haya promovido claramente  la renuncia del juez.
  
Consideremos que hasta en el recientísimo caso de Strauss Khan, el violador declinó el cargo después de conocerse su última hazaña.
  
Por cierto no vale la pena gastar palabras en Zaffaroni, que imaginó una ficción garantista y al engendro lo llamó derecho penal; que es casualmente el mismo juez que sentenció que no constituían delito ciertas violaciones siempre y cuando los hechos se desarrollasen en la penumbra.
  
No cuesta ningún esfuerzo darse cuenta hacia dónde vamos.  Zaffaroni ahora, mientras hace campaña por Boudou, lo expresa sin tapujos, derecho viejo, al pan pan y a los argentinos burdeles. Un glamoroso burdel con madamas y madamos con putas y putos. Es que el modelo K nos lleva derechamente hacia el país prostibulario.
  
Viene de la mano de los abanderados socialistas de los derechos humanos, que en los departamentitos del señor juez permiten que argentinas y extranjeras, mayores y tal vez  menores de edad, se prostituyan bajo el amparo, extraño amparo, de la Corte Suprema, mientras el ilustrado profesor, el juez abolicionista enseña, en algún edificio cercano, acerca de la bondad de los asesinos y sobre la conveniencia de no criminalizar la pobreza.
  
Lo del juez es la frutilla de este postre envenenado que han servido en la mesa criolla.
  
La enorme cuestión pendiente de cualquier manera, no es tanto que haya quienes preparen y vendan comida podrida, sino si estamos dispuestos a seguir tomando esos alimentos infames, sabiendo que nos liquidan como sociedad y como país.
  
Parecería haber acertado Roberto Arlt cuando escribía sobre la indiferencia o claramente la simpatía de alguna gente ante la degradación, la corrupción y el escándalo que bajaban desde el Estado  y que resumía en la frase: “era una ciudad que se había enamorado de sus rufianes”. Dando a entender que parte del pueblo, como las prostitutas, permiten los mayores agravios casualmente a aquellos que más desprecian su dignidad humana. ¿Será Zaffaroni uno de los rufianes de los que hablaba Arlt?
  
Pero ahora que “Clarín” y el rubro 59 han caído en desgracia, es posible que surja alguna dificultad extra en publicar el mini emprendimiento del juez, con lo que su economía podría verse afectada. Claro que, como el judicial es un poder independiente, bien se podrían fijar en el mismo Palacio de Tribunales los autoadhesivos publicitando los burdeles; todo indicaría que no habría conflicto de intereses.
  
Recuerda Castellani que en el año '37 pasaron en Madrid varios meses sin que se diera una sola Misa. Parecía el triunfo definitivo de Dolores Ibarruri. Como ahora vivimos nosotros esta arremetida prostibularia que también parecería triunfal, es bueno tener en cuenta que a los dos años Ibarruri y su fama atroz, habían pasado definitivamente y España renacido.
  
Miguel De Lorenzo
  

lunes, 31 de octubre de 2011

Cultura de la muerte

NO TE CREO
  
“No temáis a los que matan al cuerpo y después de esto nada pueden hacer. Voy a deciros a quien debéis temer. Temed a Aquel que después de haber dado muerte tiene el poder de arrojar a la gehenna. Sí, os lo digo, a Aquel temedle” (San Lucas, 12, 4-6)
    
         
Decía Don José Ortega y Gasset en “El Tema de Nuestro Tiempo” que “la verdad, al reflejar adecuadamente lo que las cosas son, se obliga a ser única e invariable. Pensar es poner ante nuestra mente individual las cosas según ellas son. El hecho de por veces erramos, no hace sino confirmar el carácter verídico del pensamiento. Llamamos error a un pensamiento fracasado”. Muy bien, pero a un pensamiento por el que deliberadamente se deforma la realidad, generalmente para confundir a otros y obtener un beneficio —muy distinto del caso anterior— lo llamamos mentira.
  
Veamos: se lee en “Poder Total y Religión Universal”, del Padre Juan C. Sanahuja, que “En el Parlamento de las Religiones del Mundo, en 1993, Hans Küng, al que la Santa Sede prohibió la enseñanza de la teología católica, presentó el proyecto de Ética Planetaria, con los avales de la UNESCO, el Foro económico de Davos y el Wild World Fund, éste último presidido por Felipe de Edimburgo, quien prologó la presentación de Küng”. Continúa el P. Sanahuja diciendo que: “El contenido de la Ética Planetaria está lleno de ambigüedades. En él se acentúan palabras que los mismos redactores se han encargado de vaciar de contenido, de modo que cada individuo pueda interpretarlas a su manera, de acuerdo a su tradición cultural O A SUS INTERESES, y se trata de un alegato en el que no se concreta en ningún principio, porque, según declara el mismo Küng, los principios quedan para ser elaborados en un consenso posterior”.
  
Lenguaje ambiguo, falto de precisiones, que lleva a ocultar, confundir o dividir, y que recuerda las palabras de Albert Camus, en su estudio “El Destierro de Helena”, incluido en “Bodas - Verano” (1948): “Para los griegos los valores eran anteriores a toda acción, de la que precisamente marcaban los límites. En cambio, la filosofía moderna sitúa sus valores al final de la acción. Los valores no existen, pero llegan a ser, de suerte que no los conoceremos sino al término de la historia. Con tales valores desaparecen los límites…(y) los mesianismos se atreven hoy a todo”.
    
Continuemos con el Padre Sanahuja, quien cita en otra parte, acerca de “El Nuevo Paradigma de la Salud”, las palabras del entonces director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “…la salud es un requisito previo para el pleno disfrute de los Derechos Humanos (DDHH). La OMS está presionada para ser selectiva. Por ejemplo, en supervivencia infantil, poco sentido tendría para un niño sobrevivir a la poliomielitis tan sólo un año, para morir de paludismo al año siguiente, o no tener un crecimiento que le permita ser un adulto sano y productivo” (¿dónde quedó la tan cacareada no discriminación?) El mismo Nakajima declararía que “la ética judeocristiana no podrá ser aplicada en el futuro”. “De ahí que la OMS insista una y otra vez en la necesidad de que nazcan NIÑOS SANOS para el DESARROLLO SUSTENTABELE del planeta. En la categoría de niño sano se incluye sólo a aquel cuyo nacimiento haya sido deseado, planeado y previsto”. En criollo, la dignidad del ser humano no tiene nada que ver, sino sólo su utilidad y manipulación, lo que significa atentar directamente contra su naturaleza profunda.
  
Sigamos con el Padre Sanahuja: “Un ejemplo de la aplicación del nuevo paradigma de la salud es el proyecto de reforma de salud de los Estados Unidos propuesto al Congreso por el presidente Barack Obama, que incluye: a) el aborto sin restricciones, financiado con fondos públicos; b) la eutanasia encubierta, que limita el número de consultas médicas, los medicamentos y cuidados necesarios para enfermos crónicos, desde chicos con Síndrome de Down hasta enfermos de cáncer y veteranos de guerra; c) niega el derecho a la objeción de conciencia a los profesionales de la salud que no quieran involucrarse en esas prácticas, d) le otorga un control casi exclusivo al gobierno en cuanto a las pólizas de seguro de salud, creando un Comité de Salud que puede tomar decisiones sobre los pacientes, además le otorga al gobierno federal el poder de vigilar las cuentas bancarias personales para averiguar los gastos en salud de cada individuo”.
  
Preguntemos, en cuanto al punto a), el aborto irrestricto, no limitado a  los casos que siempre se invocan para justificar su despenalización: peligro para la vida de la madre, violación o malformación fetal incompatible con la vida, sino para aplicarse en cualquier caso considerado por la madre como un problema, tal vez resultado de una noche de farra, y no un ser humano. Para resolverlo habría que pagarlo con fondos públicos, los que muy bien podrían utilizarse para la adopción o el cuidado del bebé, en caso de no ser deseado después del nacimiento.
   
En cuanto al b), digamos que, al parecer, en Estados Unidos, “tierra de los libres”, según reza su himno, es mejor ser rico y sano que pobre y enfermo, y no dejarse atrapar ni por broma para ir a pelear por lo que uno cree que es su patria. Al c) cabe preguntarse por que podría oponer su objeción de conciencia un médico ante tales prácticas, si no estuvieran abiertamente en contra de toda ética médica y moral individual, y hasta donde un gobierno que no se considere la peor tiranía, puede meterse en la conciencia de un hombre. Poco más o menos lo mismo podría preguntarse acerca de los otros puntos: por que no puedo utilizar mi dinero a mi antojo, en especial para cuidar mi salud y que derecho tiene el gobierno a meterse en cuentas privadas, (como tampoco en los vientres de mujeres de otros países ni en su economía, defensa, moral, etc.). Pero volviendo al Padre Sanahuja: “La Carta de la Tierra (incorporada a la UNESCO en 2003) es un manifiesto materialista, pagano, panteísta, que busca dar una base ética al férreo control de la población mundial …disfrazar con buenas intensiones el proyecto de convertir grandes extensiones del planeta en el almacén que asegure el sostenimiento de los hábitos opulentos de consumo de unos pocos privilegiados”.
    
En fin, todo esto viene a raíz de lo publicado en “El País” de Madrid, del 18/10/11 con el título “Argentina intenta romper el muro antiabortista en Latinoamérica”, donde se lee: “De una mujer, CFK, puede depender en las próximas semanas que la despenalización del aborto, un tema que sigue siendo objeto en América Latina de un permanente tira y afloja, experimente un paso adelante, o quede, una vez más, empantanado. La presidente argentina se ha manifestado en público en contra del aborto, pero no se trata de que ella tenga que votar a favor sino simplemente deje libertad de voto a los diputados de su grupo, el Frente para la Victoria, explica ESPERANZADA la diputada Cecilia Merchán, impulsora del proyecto de ley que debe ser discutido el 1/11”. Luego agrega que “está segura … que daremos un paso decisivo en las condiciones de vida de la mujer, no sólo argentina sino latinoamericana”. Presenta el artículo una foto con un cartel con la leyenda “Voto a favor de la salud sexual y reproductiva”, de 2008, en protesta contra el presidente uruguayo por su veto.
     
Nueva pregunta: ¿en qué beneficiaría la salud sexual matar a otra persona por medio de un aborto, a menos que exista una poderosa razón médica, y en base a esto por qué no llamar al procedimiento Salud no Reproductiva cuando se realiza en forma irrestricta? Continúa diciendo la nota que “cada año mueren unas cien mujeres y niñas víctimas de abortos clandestinos”, y que “se calcula que se practican en el país anualmente 460.000 abortos”. En caso de cumplirse las “esperanzas” abortistas, los hospitales argentinos se convertiría en verdaderos campos de exterminio gratuitos, donde los médicos deberían vestir ambos negros.
  
Manifiesta también la nota que la Campaña por el aborto gratuito cuenta con el respaldo de 16 universidades y “grupos de católicos”. Una vez más, palabras a medias. No existen católicos en serio que no intenten, al menos, cumplir la ley de Dios, que incluye no mentir y o matar.
     
El miedo suele ser la causa de muchos pecados mortales. A los que tengan la responsabilidad de imponer o no el aborto les sugeriría no temer el disgusto de bwana, y a las señoras o señoritas que se encuentren con un problema (ya que no un hijo) que no teman enfrentar las consecuencias de sus propios actos, porque tarde o temprano hay que enfrentarse con un Tribunal Absoluto, al que no se lo convence con verdades a medias.
        
Luis Antonio Leyro
     

domingo, 30 de octubre de 2011

Fiesta de Cristo Rey

LOS IMPÍOS GRITAN:
“NO QUEREMOS QUE JESUCRISTO Y
SU IGLESIA REINEN SOBRE NOSOTROS”
      
          
“Satanás combate en todas partes —escribe el R. P. Fahey— y en todas partes intenta eliminar lo sobrenatural.
          
“El ser entero de este puro espíritu, toda esa incansable energía, de la cual nosotros, pobres criaturas de músculos y nervios, no podemos hacernos una idea adecuada, está, siempre y por todas partes, dirigida contra la sumisión sobrenaturalmente amorosa a la Santísima Trinidad. Nosotros cambiamos de parecer y tenemos necesidad de descanso y de sueño. No le ocurre lo mismo a Satanás. Toda su espantosa energía está dirigida, sin cesar, con el más infatigable encarnizamiento, contra la obra de salvación y de restauración del Verbo hecho carne”.
        
Hemos visto que el resultado de tal revuelta era, sobre el plan de las ideas, el naturalismo.
          
Desde el punto de vista en que ahora nos situamos, el de un combate más concreto, podemos observar que los ataques del infierno tendrán, primeramente, como objetivo la humanidad en general, en cuanto privilegiada del Amor divino; seguidamente el orden cristiano más estrictamente considerado, y en fin, la Iglesia Católica, más directamente vulnerable en sus miembros, laicos o sacerdotes. Los sacerdotes, sobre todo, serán el objeto del odio infernal, no solamente porque son cristianos por excelencia, sino porque son los hombres de la Misa.
         
La Misa es, en efecto, la renovación del sacrificio del Calvario por el cual la humanidad se reconcilia con Dios, con lo que el orden inicial se encuentra de esta forma restablecido por una unión nueva, en cierta manera, de lo natural y de lo sobrenatural: unión que habían destruido y como rechazado nuestros primeros padres.
           
“El olvido de esas verdades fundamentales —escribe el R. P. Fahey— hace difícil a las gentes, que no leen más que los periódicos y frecuentan el cine, comprender el odio a la Misa y al sacerdocio mostrado por la Revolución, masónica o comunista, en España, en México o en otras partes.  La formación dada por Moscú no basta para justificarlo…”
        
De todas maneras, no huelga saber distinguir lo que Satanás buscaba con la crucifixión de Nuestro Señor y la finalidad que persigue ahora, al provocar y dirigir los ataques contra los que celebran Misa y los que a ella asisten.
            
“Satanás movió a los jefes del pueblo judío a desembarazarse de Nuestro Señor, pues tenía conciencia de la presencia en el hombre Jesucristo de una excepcional intensidad de esa vida sobrenatural que detesta; pero, ciertamente, no quería y no pensaba entrar en el orden del plan divino de la Redención. Su orgullo no le permitió comprender el misterio de un Amor que llegaba hasta la divina locura de una inmolación en la Cruz.  Los demonios no sabían, en efecto, que el acto de sumisión del Calvario significaba el retorno al orden divino por la restauración de la Vida Sobrenatural de la Gracia para el género humano”. (1)
                         
San Pablo insiste que si (los demonios) “lo hubiesen sabido, no habrían nunca crucificado al Señor de la Gloria” (I Corintios, 11, 8).  Y explica Santo Tomás de Aquino: “Si los demonios hubiesen estado absolutamente ciertos de que Nuestro Señor era el Hijo de Dios  y si hubieran sabido de antemano los efectos de Su Pasión y de Su Muerte, nunca hubieran hecho crucificar al Señor de la Gloria”.
               
“Pero, si bien los demonios comprendieron demasiado tarde el sacrificio del Calvario, están, por el contrario, perfectamente enterados de la significación de la Misa.  Ahí se adivina su rabia.  Todos sus esfuerzos van dirigidos para impedir su celebración.  Pero, no pudiendo terminar totalmente con este acto único de adoración, Satanás
intentará limitarlo a los espíritus y a los corazones del menor número posible de individuos…”
        
Y esta lucha continuará hasta el fin de los tiempos.
        
De esta forma se comprenden las apremiantes recomendaciones de los Apóstoles y de los Santos para ponernos en guardia contra Satanás y sus demonios. Conocemos la fórmula de San Pedro sobre el león rugiente buscando a quien devorar. San Pablo, por su parte, no temía escribir a los Efesios: “Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis resistir a las insidias del Diablo, que no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires. Tomad, pues, la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y, vencido todo, os mantengáis firmes” (Efesios, 6, 11-13).
          
Cuando se ha comprendido el sentido y el alcance de esta lucha, cuando se conoce el plan de universal restauración realizado por Jesucristo y su Iglesia, aparece inevitable que Lucifer y todo el Infierno con él se encarnicen en hacer fracasar este plan y que a la catolicidad (entiéndase: a la universalidad) de la salvación operada por la acción sobrenatural de la Gracia, Satanás busque oponer la negación de un universalismo puramente natural, del cual el Señor de la Gloria sería expulsado y en el cual la obra de la redención estaría neutralizada, anulada.
       
Pero… “ad ortu solis usque ad occasum… im omni loco sacrificatur et offeretur Nomini Meo oblatio munda…” (“Desde el Levante hasta el Poniente, en todas partes, he aquí que sacrifican y ofrecen a Mi Nombre una oblación pura…”)
            
Esta frase del profeta Malaquías indica, por el contrario, el orden divino.
                              
Jean Ousset
(Tomado de su libro “Para que Él reine”)
        
(1) Como observa San Agustín, “Cristo no ha sido conocido por los demonios más que en tanto que lo ha querido.  Cuando Él creyó conveniente ocultarse un poco más profundamente, el príncipe de las tinieblas dudó de Él y Lo tentó incluso para saber si era verdaderamente Cristo, el Hijo de Dios” (“La Ciudad de Dios”, IX, 21).
Cfr. Suárez (tercera parte: div. Thomæ, cuestión XLI, art. 1, co. III): “Sobre todo para saber si era el Hijo de Dios se acercó el demonio a Jesucristo para tentarlo”. Sus primeras palabras manifestaron su pensamiento: “Si eres el Hijo de Dios…”
          
 

sábado, 29 de octubre de 2011

No perdemos la FE

1933 - 29 DE OCTUBRE - 2011
   
   
   
JOSÉ ANTONIO:
¡PRESENTE!
   
¡ARRIBA ESPAÑA!
   
¡VIVA ESPAÑA!
  

jueves, 27 de octubre de 2011

Memoria histórica

CUANDO LA NACIÓN
PIERDE SU MEMORIA
  
  
“Recordar es un deber, olvidar es una culpa” (Jordán B. Genta)
  
“Pon en todas tus horas un enlace místico, y en la que llega vierte todo el contenido de la hora anterior, tal como el vino añejo del ánfora pequeña se trasiega en otra más capaz y se junta con el de las nuevas vendimias…” (Valle Inclán)
  
La vida del hombre transcurre en una diversidad de actos, de momentos, de situaciones cambiantes al extremo, en una pluralidad variable y dispersa de acciones y de pasiones. Y sin embargo esa diversidad, esa dispersión en el tiempo, no borra la conciencia de su permanencia, de su identidad, de su estabilidad como yo, como persona.
  
Es la memoria, hábito de la mente que opera ligado y subordinado a la imaginación, la que hace posible esta conciencia de la permanencia del sujeto que vive en el tiempo. Por ella el pasado se conserva como tal y se encuentra siempre “en disposición de ser evocado y reconocido en la conciencia presente”.(1)
  
La memoria está esencialmente referida al tiempo; su objeto propio es algo pasado, algo referido a una situación singular y determinada, conservación y evocación de la experiencia. Pero en tanto en el animal la memoria sólo se ejercita en la línea de la sensación y del impulso y queda como clausurada en la inmediatez del comportamiento y en el mecanismo automático de su ejercicio, en el hombre la memoria es memoria reflexiva, es sensación y conocimiento de esa sensación; por eso el hombre es capaz de dar al tiempo su carácter de duración “y lo rescata del instante fugacísimo en la continuidad de la conciencia que recuerda y que espera”.(2)
  
Por esto dice Aristóteles que “…de todos los animales conocidos, la rememoración sólo la tiene el hombre, siendo la causa de ese privilegio que la rememoración es una especie de razonamiento”.(3)
  
Esta capacidad de la memoria de asegurar la permanencia del yo a través de la continuidad del tiempo, de concientizar la unidad íntima de la persona a través de la dispersión de sus experiencias, ha inspirado a San Agustín —maestro insuperable del alma humana— una de sus páginas más admirables.
  
“Continuando, pues, en servirme de las potencias de mi alma como de una escala de diversos grados para subir por ellos hasta mi Creador, y pasando más arriba de lo sensitivo vengo a dar en el anchuroso campo y espaciosa jurisdicción de mi memoria, donde se guarda el tesoro de innumerables imágenes de todos los objetos que de cualquier modo sean sensibles, los cuales han pasado al depósito de la memoria por la aduana de los sentidos…
  
“Cuando mi alma se ha de servir de esta potencia, pide que se le presenten todas las imágenes que quiere considerar”.(4)
  
“Grande y excelente potencia es la memoria. Su multiplicidad, Dios mío, tan profunda como inmensa, tiene un no sé qué que espanta; todo esto que es mi memoria lo es mi alma y lo soy también yo mismo. Y ¿qué soy yo, Dios mío?, ¿qué ser y naturaleza es la que tengo? Una naturaleza que se compone de varias y que vive con varios modos de vida, y que de varios modos es inmensa…
  
“Por todos estos campos, cavernas y senos de mi memoria, corro y vuelo de una parte a otra, me insinúo y profundizo cuanto puedo… Tan inmenso como esto es la fuerza y virtud de la memoria; y tan grande es la vivacidad humana, no obstante ser la vida del hombre mortal y perecedera”.(5)
  
Este movimiento de la memoria hace que el alma se reconozca a sí misma en cada instante, en su unidad profunda. Es esa unión de las horas que las conecta unas con otras, que las rescata del tiempo y del olvido, esa especie de muerte inexorable y temible.
  
La memoria es la conciencia reflexiva de que el hombre es uno; que este mi y este mío están referidos a un yo que permanece a través de las mudanzas. La memoria es como la condición de la permanencia, sin ella la vida del hombre no sería más que un cúmulo de fragmentos, de horas, que se sucederían desconexos y fugaces en una especie de vértigo caótico. Por la memoria, el alma se reconoce a sí misma, se evoca a sí misma y rescata al tiempo.
  
La memoria histórica de las naciones, se analoga con esta facultad maravillosa de la memoria del hombre. La memoria de una Nación, une y enlaza a vivos y muertos a través de un tiempo rescatado de su temporalidad, y hecho evocación, tradición y recuerdo. Esa memoria nacional —como ocurre análogamente en el hombre, individualmente considerado— es la condición de la unidad y la identidad a través de las generaciones reunidas en la permanencia de un Ser Histórico que no cambia. Así como la memoria no es mero recuerdo, simple evocación, sino conciencia de identidad, conciencia del yo mismo e idéntico a sí mismo, que sobrevive, así también la memoria de las naciones no es sólo evocación y recuerdo, sino conciencia histórica de lo permanente, de lo que dura a pesar del tiempo y de los cambios. La solidaridad de las naciones, la unidad sustantiva de una nación están dadas por esta memoria reflexiva, consciente, íntima, que une y que religa, que pone ese “enlace místico” de todas las horas.
  
El drama de los argentinos es la pérdida de la memoria histórica, la ruptura del enlace del tiempo, la incapacidad de hacer consciente que somos una unidad e identidad nacionales.
  
El liberalismo nos borró la memoria y obnubiló la conciencia de nuestra identidad. En lugar de la memoria reflexiva, nos abrumó con “memoraciones” vacías y huecas de un pasado falsificado para mayores males. Porque el haber adulterado la historia es algo así como habernos anulado la capacidad de conocernos y reconocernos a nosotros mismos, extrañándonos y perdiéndonos en una constelación de mitos poblada de “prohombres”, de “próceres”, de réprobos y de elegidos…
  
Así desarraigados, fuera de nuestra memoria común, hemos crecido no como una nación de generaciones solidarias, sino como un conglomerado sin raíz ni en la tierra ni en el tiempo.
  
Pero la memoria de la Nación no pudo ser destruida. Yace debajo del letargo profundo a la espera de su despertar. Nuestra política no quiere ser otra cosa que la recuperación impostergable de esa memoria. Al colocar nuestra hora presente en la línea de unión de las horas pasadas —las horas gloriosas, fundacionales— vendremos a dar en la conciencia de nuestra unidad y de la unidad de nuestro destino. Al recobrar la memoria como nación recobraremos la voluntad de ser en la dirección que nos señala nuestra identidad.
  
El Nacionalismo Argentino —frente al liberalismo que es la memoria perdida y al marxismo que es la destrucción de la conciencia personal e histórica— quiere ser la memoria viva, la conciencia acuciante del ser, la trasiega del vino añejo —como en la parábola de Inclán— en las ánforas donde esplende la promesa de las vides nuevas.
  
Notas:
  
(1) Jordán Bruno Genta: “Curso de Psicología”, cuarta edición, Buenos Aires, 1969, pág. 122.
  
(2) Ibidem, pág. 122.
  
(3) Aristóteles: “Tratado de la memoria y de la reminiscencia”, cap. II.
  
(4) San Agustín: “Confesiones”, Libro X, cap. VIII, 12.
  
(5) Ibidem, Libro X, cap. XVII, 26.