sábado, 16 de octubre de 2010

Hay que defender la vida


EL ABORTO
                
Aquí me pongo a cantar, al compás de la vigüela,
porque a este criollo lo desvela una pena extraordinaria,
la de ver tanta mentira, vilmente desplegada,
transmitiéndose en los medios, en la calle y en la escuela.

Me atrevo a plagiar fielmente al maestro Hernández, sabio popular si los hubo, para comenzar a redactar algunas ideas sobre un tema harto complejo: El Aborto.
             
Y si se me acusa de redundante, acepto los cargos. Siempre digo lo mismo sobre el tema y seré  insistente ya que, como decía Sócrates, “siempre digo lo mismo de las mismas cosas”, delito extraño en una sociedad donde tenemos tendencia a no decir siempre lo mismo de las mismas cosas.

Introducción

Se ha instalado nuevamente en el debate social la cuestión del aborto. Una vez más, progenitores abortistas, formadores de opinión, funcionarios, dirigentes, doña Rosa, el ciruja del barrio, en fin, todo el mundo se encuentra opinando sobre el tema.
                  
En este pequeño trabajo, haré una reseña de todos los argumentos a favor de la despenalización del aborto que se esgrimen, para luego plantear mi tesis al respecto.

EL ABORTO

Argumentos a Favor

Los Derechos Humanos. Derecho A La Disposición Del Propio Cuerpo
                 
Dentro de los derechos no enumerados reconocidos por la Constitución Nacional (art. 33), se encuentra un derecho de los que se dan en llamar “humanos” o “personalísimos”: El derecho a la disposición del propio cuerpo.
              
Este derecho es defendido por eutanasistas y abortistas. En nuestro caso, los abortistas sostienen que el feto concebido en el seno materno no es un ser independiente, distinto, autónomo del cuerpo de la madre.
            
Entonces, si esto es así, la mujer tiene tanto derecho a realizar en su cuerpo una cirugía plástica, estética, o a practicarse un aborto. Es su cuerpo, su organismo, y tiene derecho a alterarlo, aún queriendo causarse daño.

La Salud Pública
              
Afirman los abortistas que debe reconocerse el derecho a la mujer de practicarse un aborto, y que el Estado debe arbitrar los medios necesarios para que la intervención médica (legrado) sea realizada en forma libre y gratuita.
                   
Como el aborto es un delito, salvo casos especialmente contemplados por la Ley, las prácticas abortivas se desarrollan en la más absoluta  clandestinidad. Esto  hace que, en los lugares donde se practican abortos, no se cuente con las medidas de salubridad y profilaxis necesarias para garantizar el cuidado de la salud de la mujer  que aborta.
                     
Debido a la gran cantidad de abortos que se cometen a diario en la Argentina y en el mundo, y como es imposible un eficaz  control se propone, basándose en razones de salud pública, que el Estado permita las prácticas abortivas y garantice los medios necesarios para que se practiquen, cuidando la salud de las personas. De esta manera, disminuirá considerablemente el índice de mortalidad de mujeres sometidas a prácticas abortivas clandestinas.

El Delito De Violación
             
El viejo delito de violación, hoy llamado abuso sexual con acceso carnal, suele tener como consecuencia el embarazo de la víctima. Los abortistas esgrimen el daño psicológico y moral que implica a la mujer llevar en su seno el producto de un delito, la semilla del agresor, y lo dificultoso que puede resultar el futuro de la mujer con su hijo. Esto necesariamente produce, asimismo, un daño psicológico y moral para el niño.

Los Embarazos No Deseados
              
La mayoría de los abortos son practicados por mujeres que se encuentran en estado de gravidez sin haberlo deseado. También influye la decisión del progenitor de no hacerse cargo del hijo que vendrá.
                
Es inhumano, dicen los abortistas, condenar a la mujer a llevar en su vientre a un niño que no quiere tener, y condenar al niño a vivir en un hogar trunco ab inicio, sabiéndose no querido.

La Normalidad De Las Prácticas Abortivas
                 
En nuestro tiempo, el aborto se ha convertido en cosa común. El Sociólogo Emile Durkheim, sostuvo que la normalidad era la media aritmética de producción de un fenómeno social, es decir, cuando las estadísticas de su acaecimiento se presentaban en un determinado porcentaje en un período de tiempo dado. Desde éste punto de vista, sin dudas, el aborto es algo normal, es decir, existe y se produce en un alto índice en las sociedades modernas.
                      
Dada esta normalidad y habitualidad de las prácticas abortivas, se infiere que la sociedad debe tolerarlas, aceptarlas y reconocerlas como algo dado.

Síntesis de los Argumentos a favor del Aborto                 
                           

El aborto es un derecho que debe reconocerse a la mujer, quien tiene libertad de disposición sobre su propio cuerpo. El ejercicio de este derecho debe garantizarse y facilitarse los medios para asegurar que el aborto sea practicado bajo estrictas condiciones de seguridad y salubridad, para preservar la salud y la integridad psicofísica de la mujer.
                  
En el caso de violaciones y embarazos no deseados cobra más relevancia el derecho de la mujer a abortar, debido a las graves consecuencias psicológicas y morales que traerá aparejado, tanto a la mujer como al niño, ya ser la víctima o el producto de un delito, ya llevar en el vientre un ser no querido, ya saberse no deseado por su propia madre.
                     
El avance de los tiempos ha hecho que el aborto sea un fenómeno normal, aceptado por la sociedad, que debe ser eliminado como delito y tolerado.

TESIS. LA ELIMINACIÓN DEL ABORTO COMO DELITO
                  

El Marco Legal
                     
Resulta llamativa la tendencia que tenemos los argentinos de defender a ultranzas la aplicación de la ley, cuando son los demás quienes tienen que cumplirla. En efecto, constantemente nos encontramos haciendo férreas defensas del Orden Constitucional, los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales. Ahora bien, cuando de obligaciones se trata, se observa una peculiar tendencia a hacer la vista gorda y encontrar el amparo de la Constitución, la Ley, la moral, o cualquier otro motivo que nos deje al margen de tener que cumplir nosotros mismos con el deber.
                     
Reza un principio jurídico antiquísimo: “Las leyes se dictan para ser cumplidas…” a lo que la práctica social argentina ha agregado: “… por los demás, che.”
                       
Cabe aquí hacer un análisis del ordenamiento jurídico vigente y los principios fundamentales que rigen nuestro sistema constitucional legal.
                     
La Constitución Nacional es la Ley Suprema, y así lo dice expresamente el mencionado cuerpo legal:
Artículo 31: “Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congreso y los Tratados con las potencias extranjeras, son la ley suprema de la Nación…”
Los tratados internacionales, por tanto, se encuentran en un grado de jerarquía tan elevado, que ninguna ley nacional, provincial u ordenanza municipal puede violar las disposiciones en ellos contenidas.
                   
La misma constitución en su artículo 75 inciso 22 otorga esta jerarquía a los tratados internacionales, y al Congreso la facultad expresa, exclusiva y excluyente de aprobarlos:
Artículo 75 de la Constitución Nacional: “Corresponde al Congreso… … 22: Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones internacionales y concordatos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos… …en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos. Sólo podrán ser denunciados, en su caso, por el Poder Ejecutivo Nacional, previa aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara…”
Por lo tanto, si aceptamos el ordenamiento jurídico vigente, debemos ceñirnos a su contenido, respetarlo y defenderlo. Tenemos, entonces a la Constitución Nacional, los Tratados Internacionales, el Código Civil,  el Código Penal y demás leyes.
                  
Hecha esta breve reseña sobre el marco legal vigente, pasemos ahora a la crítica a la postura abortista.

Críticas A Los Argumentos A Favor Del Aborto

Los Derechos Humanos. Derecho A La Disposición Del Propio Cuerpo
                            
Reza el artículo 33 de la Constitución Nacional:
Artículo 33 de la Constitución Nacional: “Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno.”                  
En esta categoría se encuadran los denominados Derechos Humanos o Personalísimos. No hay norma en la Constitución Nacional que garantice el derecho a la vida, a la libertad, etc., todos estos derechos se denominan no enumerados pero reconocidos por la Ley Suprema y, dado a que los tratados Internacionales tienen jerarquía constitucional, cabe reseñarlos porque ellos sí tratan exclusiva y exhaustivamente el tema de los Derechos Humanos
               
El citado artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional otorga expresamente jerarquía constitucional, entre otros, a los siguientes tratados internacionales:            
  • 1. Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, aprobada en la 9ª conferencia Internacional americana. Bogotá, Colombia, 1948.
  • 2. Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada y proclamada por la Asamblea General de la Naciones Unidas el 10/12/48.
  • 3. Convención Americana sobre Derechos Humanos, Pacto de San José de Costa Rica, suscripto el 22/11/69, aprobado por Ley 23.054.                
Analizaremos ahora las principales disposiciones en cuanto al derecho a la vida de los mencionados tratados.
                             
DECLARACIÓN AMERICANA DE LOS DERECHOS Y DEBERES DEL HOMBRE
Artículo I: “Todo ser humano tiene derechos a la vida, a la libertad y a la integridad de su persona.”
         
DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS
Artículo 3: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”
Artículo 5: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.”


CONVENCIÓN AMERICANA SOBRE DERECHOS HUMANOS
Artículo 3: “Derecho al Reconocimiento de la personería jurídica.- Toda persona tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica.”
Artículo 4: “Derecho a la vida.- 1. Toda Persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho está protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente…”
El derecho a la vida es, pues, el Derecho Humano o Personalísimo fundamental ya que, si al ser humano no se le garantiza este derecho, resulta irrelevante e irrisorio reconocerle y garantizarle los demás derechos (libertad, seguridad e integridad, libertad religiosa y culto, opinión, etc.). Un hombre sin vida no puede ser libre, íntegro, etc.
           
Todos los Derechos Humanos ceden (y deben ceder) en cuanto se encuentren el colisión o vulneren el Derecho a la Vida.
             
Por lo tanto, no hay derecho a la libre disposición del propio cuerpo, toda vez que ello implique cercenar el derecho a la vida de otra persona.
                
El feto in utero no es parte del cuerpo de la mujer, y esto es médicamente y empíricamente verificable. Tan es así que, cuando el óvulo fecundado anida en el útero, el organismo femenino reconoce la presencia de un cuerpo extraño y, en consecuencia, envía todas sus defensas a destruirlo. Cuando las defensas del óvulo fecundado ceden ante las defensas del organismo femenino, se produce lo que se llama un “aborto espontáneo”; si esto no es así, el óvulo anida en el útero y comienza el desarrollo del nuevo organismo.
               
Esto ya no admite discusión pues, desde la unión del óvulo y el espermatozoide, el ADN del nuevo ser está completo y es único, individual e irrepetible. Distinguidos especialistas, como el premio Nobel de biología Jean Rostand, han expresado que “existe un ser humano desde la fecundación del óvulo” y que “el hombre, todo entero, ya está en ese óvulo, con todas sus potencialidades”. Del mismo modo, el genetista francés Jérôme Lejeune sostuvo que “la naturaleza humana, desde la concepción hasta la vejez, no es una hipótesis metafísica, sino una evidencia experimental”.
                
Dispone el Código Civil Argentino:
Artículo 63: “son personas por nacer las que no habiendo nacido están concebidas en el seno materno.”
Artículo 70: “Desde la concepción en el seno materno comienza la existencia de las personas…”
Entonces, si los Tratados Internacionales tienen Jerarquía Constitucional y dichos tratados reconocen el Derecho a la Vida desde la concepción, a la Personalidad Jurídica, y el Código Civil expresamente consagra la vida desde la concepción y al concebido como persona jurídica, mal podríamos fundamentar el aborto en el derecho de la mujer a la disposición del propio cuerpo, toda vez que está lesionando la vida de una persona a la cual el ordenamiento jurídico le reconoce la calidad de tal y su consiguiente derecho a la vida.

La Salud Pública
                
Cuando de políticas de estado se trata, los argentinos somos especialistas en desviar las decisiones y soluciones propuestas del eje fundamental de los problemas planteados.
            
Tan es así que, cuando hay una ruta en mal estado, la solución no es bachear, sino colocar carteles que digan: “Cuidado - Ruta en mal estado”. Estas decisiones de los gobiernos, son aplaudidas y vitoreadas por nosotros, ya que se condicen con nuestro criterio de solución de problemas.
              
En cuanto al aborto, como nos resulta imposible controlarlo, educar para lograr una paternidad responsable e infundir valores en la sociedad, más vale trabajar sobre los efectos que sobre las causas.
                        
La batalla contra el aborto no debe implicar evitar sus consecuencias, sino evitar sus causas.
               
Mientras no infundamos en los jóvenes la importancia del amor a sí mismos y hacia los demás, lo hermoso del amor basado en el respeto y la responsabilidad, el aborto existirá por siempre. Como esto resulta difícil; como creemos imposible enseñar desde el amor y los valores, dejemos que la gente aborte y facilitemos los medios para ello.
            
El Delito De Violación
                  
Dispone el Código Penal Argentino:

Artículo 85: “El que causare un aborto será reprimido:
    1.- Con reclusión o prisión de tres a diez años, si obrare sin consentimiento de la mujer. Esta pena podrá elevarse hasta quince años, si el hecho fuere seguido de la muerte de la mujer;
    2.- Con reclusión o prisión de uno a cuatro años, si obrare con consentimiento de la mujer. El máximun de la pena se elevará a seis años, si el hecho fuere seguido de la muerte de la mujer.”
Artículo 86: “Incurrirán en las penas establecidas en el artículo anterior y sufrirán, además, inhabilitación especial por doble tiempo que el de la condena, los médicos, cirujanos, parteras o farmacéuticos que abusaren de su ciencia o arte para causar el aborto o cooperaren a causarlo.
El aborto practicado por un médico diplomado con el consentimiento de la mujer encinta, no es punible:
    1.- Si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios;
    2.- Si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para el aborto.”
El aborto, en nuestro sistema Penal, es un delito.
                
Ahora bien, hay que ser claros y llamar a las cosas por su nombre. Utilizar un concepto técnico, a veces peca de disimulación. El aborto es LA INTERRUPCIÓN DE LA VIDA.
                  
Quien practica un aborto a otro, con o sin su consentimiento, o directamente sobre su cuerpo comete un delito.
                
Y si la acción que implica el delito de aborto es interrumpir la vida: ¿Qué es lo que lo diferencia del delito de homicidio?
                 
Continuando con el Código Penal:

Artículo 79: “Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro, siempre que en este Código no se estableciere otra pena.”
Artículo 80: “Se impondrá reclusión o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo dispuesto en el artículo 52, al que matare:
1.- A su ascendiente, descendiente o cónyuge, sabiendo que lo son…
…2.- Con ensañamiento, alevosía, veneno u otro procedimiento insidioso…
…6.- Con el concurso premeditado de dos o más personas
Cuando en el caso del inciso primero de este artículo, mediaren circunstancias extraordinarias de atenuación, el juez podrá aplicar prisión o reclusión de ocho a veinticinco años.”
El homicidio simple (art. 79), sostiene la doctrina jurídica, implica ciertas condiciones de defensa de la víctima. Cuando la víctima se encuentra en especiales condiciones de indefensión, el homicidio puede calificarse (agravándose), lo que convierte al delito en más gravoso, imponiéndole una pena mayor.
                  
El homicidio calificado (art. 80), es considerado más grave aún, toda vez que se comete sobre un ascendiente, descendiente o cónyuge, sabiendo que lo son. Citando al gran maestro Ricardo Núñez, podemos decir que la razón del agravamiento es, en este caso, la violación por el autor de los deberes de respeto y protección emergentes del vínculo de sangre o matrimonial. El autor muestra un desafecto que vuelve más criminal la muerte causada. Cuando hay cómplices, si éstos desconocen el vínculo, responden por homicidio simple, y si lo conocen, por homicidio calificado.
                  
El homicidio alevoso (art. 80 inc. 2), es aquél que se comete con indefensión de la víctima, agregándole el autor la cobarde finalidad de obrar sin riesgos para su persona.
               
El Homicidio con ensañamiento encuentra su razón calificante en la crueldad subjetiva y objetiva de la consumación de la muerte.
                  
El inciso 6 del artículo comentado, nos habla del concurso premeditado de dos o más personas.
                  
A esta altura, se preguntará el lector por qué el título de la tesis es “La Eliminación Del Aborto Como Delito”.
                 
Pues bien, si el aborto consiste en la interrupción de la vida, por qué el crimen cometido sobre un ser concebido a quien la Constitución Nacional, los Tratados Internacionales y las Leyes le atribuyen personalidad jurídica y, consiguientemente derecho a la vida; si la víctima del delito es ese ser concebido; si la víctima es descendiente del agresor, vínculo que jamás puede ser desconocido por la mujer o quien practique el aborto en caso de ser un tercero; si la víctima se encuentra en evidente estado de indefensión; si el legrado, raspaje o cualquier otro medio de producción del aborto son alevosos, ensañosos e insidiosos: ¿Por qué el aborto, en cualquiera de sus variables tiene una pena incluso inferior a la del homicidio simple?
                  
En efecto, desde mi modo de ver las cosas, debe eliminarse el delito de aborto del Código Penal y, consiguientemente, ser castigado como un homicidio calificado, es decir, con reclusión o prisión perpétua.
                
Dejo por supuesto a salvo, la no punibilidad del aborto en el caso del artículo 86 inciso 1, cuando se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios.
              
Ahora bien, en cuanto al segundo supuesto de no punibilidad (art. 86 inc. 2) , me opongo rotundamente. Este caso se ha dado en llamar “aborto eugenésico”, y su finalidad es la preservación de la raza. El aborto no es punible cuando se practica sobre una mujer idiota o demente, cuyo embarazo proviene de una violación. Se dice que hay grandes posibilidades que, de una madre idiota o demente, salga un hijo idiota o demente; por lo tanto, para evitar esta consecuencia, cabe abortar. Recalquemos aquí la incoherencia del legislador. Si la mujer violada es idiota o demente, el aborto no es punible; ¿y si el violador es idiota o demente? Que quede claro que no hay ningún tipo de razón científica o empíricamente comprobable de que, de padres idiotas o dementes, salgan hijos idiotas o dementes. Cabe citar aquí la cantidad de embarazos y nacimientos de niños normales, fruto de la relación entre los internados en distintos hospitales neuro psiquiátricos.
            
Los Embarazos No Deseados
             
Utilicemos aquí el sentido común (el menos común de los sentidos). Creo que hasta un niño en jardín de infantes se alarmaría si su maestra lo castigara por las travesuras de sus compañeros, en las que no ha participado.
               
Entonces, por qué castigar el delito en la víctima.
           
Si la mujer embarazada no desea dar a luz; si el progenitor no quiere hacerse responsable: ¿Qué culpa tiene el niño? Debieron haber pensado mejor, tanto el hombre como la mujer al momento de la relación sexual.
              
Pero, claro está, siempre es más fácil y menos duro para los partícipes actuar sobre las consecuencias, en vez de hacerlo sobre las causas.
                
Y como el estado y la sociedad no se animan a correr el riesgo de educar desde el amor, la responsabilidad y los valores, viva la pepa y aborto libre y gratuito.
              
Si es inhumano condenar a la mujer a llevar en su vientre a un niño que no quiere tener, y condenar al niño a vivir en un hogar trunco ab inicio, sabiéndose no querido; tanto más inhumano es privar a ese ser de su derecho a la vida.
         
La Normalidad De Las Prácticas Abortivas
               
Sólo queda aclarar que el hecho de que un fenómeno sea normal desde el punto de vista sociológico (que se registre con cierta frecuencia estadística), no implica que sea bueno ni aceptable.
             
Claro está, el aborto es moneda corriente y cada vez se practica con mayor frecuencia.
            
Ahora bién, por ello no deja de ser un delito, que debe ser juzgado y penado.
                
El homicidio, la estafa, el hurto, el robo, los delitos de guantes blancos, también son moneda corriente en el mundo moderno. ¿Debemos por ello aceptarlos?
             
Como bien se ha manifestado en una editorial del Diario La Nación, “Es muy extraño leer como seudoargumento que han muerto 80 madres en 460.000 abortos clandestinos, según supuestas cifras oficiales, y no se diga que por tal acción murieron 460.000 niños. Hay miles de padres que desesperan durante años por tener en adopción alguno de esos niños.”
             
Conclusión
              
El derecho a la vida es el Derecho Humano fundamental, que no puede ser cercenado de ninguna manera.
        
El ser humano existe desde la concepción.
       
El aborto debe ser eliminado del Código Penal como delito autónomo, juzgándose como un homicidio calificado por el vínculo, la alevosía y el ensañamiento.
         
La Familia, la Sociedad y el Estado (en ese orden), deben enseñar e instruir desde el amor, los valores y la responsabilidad, proveyendo al respeto y la paternidad responsable.
 
La habitualidad de un fenómeno no lo convierte en correcto.
        
Epílogo
        
Lo más importante en toda tesis, es la coherencia. Si uno sostiene y afirma una postura, sobre una determinada cuestión, debe hacerlo desde un modelo de análisis abstracto, que nos permita analizar distintas situaciones con la misma lupa.
 
Si aplicamos los argumentos esgrimidos a favor del aborto a otras cuestiones de debate, fácilmente nos daremos cuenta de la fragilidad de todo cuanto nos rodea.
 
Al relativizarse la realidad, sometiéndola a razonamientos falaces como el que se critica en el presente trabajo, pronto nuestra sociedad y el mundo todo sucumbirán inexorablemente en la anomia.
           
Sebastián Leguizamón Charif
                  

jueves, 14 de octubre de 2010

Nuevo Orden

GRAN DANÉS VERDE
                            
“Lo que más bronca me da
es haber sido tan gil”
(“Chorra”, de Enrique Santos Discépolo)
                   
En ocasión del aniversario de los sucesos del 9 de septiembre de 2001, recordé un viejo póster, de al menos treinta años, que exhibía la leyenda “War is good business. Invest your son” (“La guerra es buen negocio. Invierta a su hijo”), junto a la fotografía de una clavera tocada con un casco de Marine, poco conocido entre nosotros.
                          
También recordé unas palabras de Hilaire Belloc, incluidas en la dedicatoria a Gilbert Chesterton de su libro “Cómo aconteció la Reforma”: “Porque nada caracteriza mejor al letargo en que ha caído la inteligencia que la aceptación indiscutida que otorga a los mitos oficiales, y dudo que la mentira enclavada pueda aflojarse con algo menos drástico que el martilleo de la verdad repetida hasta el cansancio” (julio de 1928).
                                  
En este aniversario el canal de cable “Infinito” presentó un documental que llama la atención acerca de algunos hechos no mencionados en la historia oficial. Veamos:
                       
A) Respecto a la falta de advertencia:
                      
La Asesora Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice, manifestó: “No creo que nadie hubiera podido predecir que tratarían de usar un avión secuestrado como misil”. Y el presidente George W. Bush: “Nadie en nuestro gobierno y no creo que en el gobierno anterior pudiera prever que volaran aviones contra edificios”.
                            
Sin embargo:
                               
1) Según “USA Today” en los dos años anteriores a los ataques del 9 de septiembre, el NORAD (North American Aerospace Defense Command), uno de los servicios más sofisticados y eficientes del mundo,  condujo ejercicios utilizando aviones secuestrados como armas, y uno de los objetivos eran las torres del World Trade Center (WTC).
                          
2) En la tapa de “Emergency Response to Terrorism” “Manual de Respuesta al Terrorismo” (1997), de la FEMA (Federal Emergency Management Agency), dependiente del Departamento de Justicia, se ve un dibujo de las torres a través de una mira.
                     
3) Según el “New York Times”, el FBI tenía conocimiento desde hacía años del entrenamiento de pilotos suicidas.
                    
4) En octubre de 2000 se llevó a cabo la operación “Mascal”, que simuló el impacto de un avión contra el Pentágono.
                     
B) En los escenarios:
                      
1) En las torres varios testigos, entrevistados por diversos medios, se preguntaron cómo ambas torres colapsaron siguiendo exactamente el mismo patrón, hecho registrado también por las cámaras filmadoras desde distintos ángulos, a velocidad de caída libre, transformándose el hormigón en polvo, y no encontrándose luego ningún elemento: escritorios, sillas, teléfonos, computadoras. Llama la atención que el mismo patrón de caída se registró en la Torre 7, hecho muy poco conocido, que colapsó horas más tarde, a las 17:25, sin haber sido impactada ni por una mariposa.
                          
Del mismo modo, otros testigos declararon haber escuchado explosiones secundarias, que alguno describió como una sucesión de disparos. Expertos en demolición: Peter Tully, de la Empresa Tully Constructions de New York y Mark Loiziaux, de la Empresa Controlled Demolitions Inc. de Phoenix (según informes de American Free Press, 2002), manifestaron que la forma de caída de las torres no se diferenció de la que se observa en demoliciones controladas. Tully declaró también que había visto acumulación de escombros de “acero literalmente fundido en los sótanos y en los ejes del ascensor, siete niveles abajo”. Por otra parte expertos declararon que para lograr ese patrón de colapso, se tiene que llegar a la infraestructura del edificio. Lee Robertson, ingeniero estructural del WTC, manifestó que “diseñamos los edificios para soportar el impacto de un Boeing chocando al edificio en cualquier punto”.
                                
Según el prof. Steven E. Jones, de la Universidad Brigham Young, una sustancia llamada “Thermite”, la cual por reacción de sus elementos puede desarrollar temperaturas superiores a los 2500º C, fue la utilizada para cortar las 47 columnas que sostenían las torres (el hierro se derrite a 1535º C). Asimismo refiere el prof. Jones que seis semanas después se registraron temperaturas de 1100º C en los charcos de metal fundido entre los escombros, es decir, 250º C más de lo que se podría esperar de la combustión del combustible de un jet.
              
2) En cuanto al Pentágono, no se encontró ningún rastro del avión que supuestamente se estrelló contra él, asientos, equipaje, caja negra, si siquiera los motores, ni tampoco cuerpos. Tampoco se hallaron rastros de las turbinas; la explicación oficial fue que el intenso calor del combustible vaporizó por completo el avión. Sin embargo, la opinión de expertos afirma que el avión habría estado equipado con dos turbinas Rolls Royce, de siete toneladas cada una, de un aleación de acero y titanio, imposibles de ser evaporadas por el calor del combustible. Por otra parte, uno de los interrogantes más llamativos es como un avión cuyas alas tendrían que haber tenido una envergadura de más de treinta metros desapareció en un agujero de cinco, y también cómo fue posible que el impacto de un avión, que destrozó las ventanas del edificio, dejó intactos los marcos. Otro enigma lo constituye el por que los videos de las cámaras  de seguridad fueron inmediatamente secuestradas por agentes del FBI.
                                      
C) En lo referente al fallo de seguridad aérea, se hizo hincapié en que, de acuerdo a los procedimientos standard, si un operador detecta alguna anomalía, en caso de no solucionarse en un minuto, sus superiores informan a NORAD, cuyos jets de combate habitualmente logran interceptar el problema dentro de los diez minutos. Bien, el 9 de septiembre ningún avión despegó hasta después de pasados ochenta. El motivo de tanta confusión fue que ese día se desarrollaron un número de juegos de guerra en forma superpuesta y conflictiva. Esta anomalía inaudita incluyó la aparición de puntos falsos en la pantalla de los radares del sector Noreste de Defensa Aérea. Uno de los ejercicios: “Guerrero Vigilante”, consistía, según una fuente de NORAD, precisamente en un secuestro simulado de un vuelo, de tal manera que no se pudieron separar los informes del ejercicio de los sucesos reales. Lo cierto es que en el 2000, NORAD logró, en 67 ocasiones, un 100% de efectividad, y el 9 de septiembre falló cuatro veces en un día.
                               
D) En cuanto al informe producido por la Comisión Investigadora de los hechos, dirigida por Philip Zelikow, amigo personal de Condoleezza Rice, los investigadores se expidieron en forma unánime, no admitiendo ninguna duda acerca de los autores del supuesto atentado, lo cual dio lugar a un martilleo hipnótico contra los supuestos terroristas y el terror, la presencia de armas de destrucción masiva (nunca encontradas), lo que permitió la formulación de doctrinas y autorización de fondos necesarios para un nuevo nivel de movilización sobre Irak y Afganistan, formulación liderada por el mismo Zelikow.
                    
Bien, estos datos inevitablemente llevan a recordar otros hechos que desembocaron en otras tantas intervenciones. Veamos si podemos encontrar algún común denominador.
                       
I) En 1848, por iniciativa del Presidente Polk de Estados Unidos, se ofreció a España comprar Cuba por la suma de cien millones de dólares, a pagar al contado.
                         
En agosto de 1854, por orden del Secretario de Estado Marcy, se  reunieron los plenipotenciarios Buchannan Mason y Soulé en Ostende, Bélgica, para confeccionar un memorando, el “Manifiesto de Ostende”, cuyo primer punto establecía que los Estados Unidos debían ensayar comprar Cuba por una suma no superior a los ciento veinte millones de dólares.
                   
El 7 de diciembre de 1896 decía el Presidente Cleveland  que “Se sugiere ahora que los Estados Unidos podrían comprar la Isla”.
                      
El 25 de enero de 1898 fondeó el acorazado “Maine” en el puerto de La Habana, con motivo de un “pequeño desorden de índole policial”.
                     
El 16 de febrero se produce la voladura del “Maine”, muriendo 250 hombres, “ninguno de ellos de la plana mayor”. Estados Unidos rechazó la propuesta de España de formar una comisión mixta para esclarecer las causas de la catástrofe. El Presidente Mac Kinley  presentó entonces su ultimátum: “O la venta inmediata de Cuba, o la también fulminante intervención armada de los Estados Unidos”. En fin, como resultado de la guerra España cedió Cuba, Puerto Rico y demás islas bajo soberanía española en las Indias Orientales, la ciudad, bahía y puerto de Manila (Carlos Ibarguren: “De Monroe a la Buena Vecindad”).
                      
II) Al comienzo de la Primera Guerra Mundial el presidente Woodrow Wilson prometió al pueblo norteamericano mantener la neutralidad. Ahora bien, el Secretario de Estado William Jennis declaró que “Los grandes intereses bancarios estaban profundamente interesados en la Guerra Mundial, debido a las oportunidades de grandes ganancias. La cosa más lucrativa que puede ocurrir a los banqueros internacionales es la guerra”.
                       
Uno de los asesores principales y mentor de Wilson, el Coronel Edward House, íntimamente conectado con esos banqueros, se puso en contacto con Sir Edward Grey, Secretario Exterior inglés, y así, el 7 de mayo de 1915 el “Lusitania” fue hundido por un submarino alemán, muriendo 1198 personas, de las cuales 128 eran norteamericanos. El Comandante Joseph Kenworthy, del Servicio Secreto Naval Inglés, dijo en “La Libertad de los Mares”: “El Lusitania fue enviado, con velocidad considerablemente reducida, a una zona donde sabíamos que esperaba un submarino,  y eso después de retirar su escolta” (desde hacía varios meses el Servicio Naval británico había logrado descifrar casi todos los mensajes de la marina enemiga, y por medio de estaciones radiogonométricas había descubierto el origen de las emisiones).
                     
El Comandante Kenworthy responsabilizó directamente a sus superiores inmediatos, Winston Churchill, primer Lord del Almirantazgo, y al Almirante John Fisher, primer Lord del Mar. Estados Unidos entró en la guerra y John D. Rockefeller ganó doscientos millones de dólares.
                       
III) Dice Ladislas Farago en “El Sello Roto” que, en junio de 1941, el Teniente de la Marina norteamericana entregó, a las 21:30, en la Oficina Oval de la Casa Blanca al Presidente Franklin D. Roosevelt, “la transcripción de un largo telegrama del Ministerio de Relaciones Exteriores de Tokio al Embajador japonés en Washington”. Después de estudiarlo dijo: “Esto significa la guerra”. ¿Cómo no actuó, pues en consecuencia? ¿Por qué tuvo que ocurrir Pearl Harbor?
                         
En otra parte nos informa que el 12 de enero de 1920 Herbert O. Yardley pudo enviar a Washington la primera traducción de un despacho diplomático japonés cifrado. Y luego: “En la época de Pearl Harbor los criptólogos de la Armada leían los mensajes japoneses con la ayuda de JN - 25, vigésimoquinta variante de la clave. Cada vez que los japoneses modificaban la clave, los criptoanalistas de la Armada conseguían identificar los cambios sin necesidad de violar las cajas fuertes consulares”. El 4 de diciembre la inteligencia australiana advirtió a Estados Unidos de la fuerza de tareas japonesa moviéndose hacia Pearl Harbor.
                                  
A todo esto, Roosevelt había suspendido las entregas de petróleo al Japón, congelado todos los bienes japoneses en Estados Unidos, hizo públicos préstamos a China nacionalista, y entregó ayuda armada a China nacionalista y Gran Bretaña, ambos entonces en guerra con Japón.
                                 
Henry Stimson, Secretario de Guerra dijo el 21 de noviembre de 1941: “La cuestión era como deberíamos maniobrarlos para que disparen el primer tiro. Era deseable asegurarse que los japoneses fueran los que hicieran esto, así no quedaban dudas acerca de quienes fueron los agresores”. Murieron aproximadamente 2400 hombres. Roosevelt dijo entonces que “ese fue el día de la infamia”. Nada parece desmentirlo.
                       
IV) El General norteamericano Hodge se hizo cargo de las tropas de ocupación de Corea del Sur el 8 de septiembre de 1945 (año asumió la presidencia Harry S. Truman), al mando del 24º Cuerpo de Ejército. En 1948 colocó a Sigman Rhee en la presidencia.
                        
Por entonces pasaba Estados Unidos una “época de recesión”: las ganancias de las grandes corporaciones habían bajado de 18 mil millones de dólares en junio de 1946 a “tan sólo” 14 mil en junio de 1949. Ante el pedido de ayuda de Rhee, el grito de las corporaciones fue: “Hay que salvar a Corea del comunismo”. El día anterior al comienzo de la guerra los ingresos habían vuelto a los 18 mil, y a los seis meses de guerra ascendieron a 28.
                         
Resulta interesante que durante la presidencia de Truman (en realidad se llamaba Harry Salomon Schipp), Alger Hiss, secretario privado de Roosevelt en la conferencia de Yalta, espía comunista, fuera encargado de formular la Carta de las Naciones Unidas, recién en 1950 fue condenado y sentenciado a prisión. Otro espía comunista, Henry Dexter White, subsecretario de finanzas norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial fue nombrado en este período gerente del FMI de Estados Unidos en las Naciones Unidas.
                       
5) Una declaración oficial de 1964 denunció el ataque de Torpederas vietnamitas a dos destructores norteamericanos, hecho que se conoció como el “Incidente del Golfo de Tonkín”, que determinó el pleno ingreso de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Varios años (y muertos) después Robert Mc Namara, Secretario de Guerra, declaró que “el Incidente fue un error”.
                  
El “Washington Observer” acusó a Nelson Rockefeller de “haber obtenido considerables ganancias por proveer petróleo a los comunistas, con cuya ayuda fueron muertos soldados norteamericanos en dos guerras perdidas (Corea y Vietnam)”. (Extracto de un ensayo de C.B. Baker: “El Fraude Energético de Rockefeller”, publicado en “The American Mercury”).
                  
El Dr. Julian Williams (1972), encargado de una investigación de la organización “Christian Crusade”, en “Henry Kissinger. Hombre de Misterioso Poder”, manifestó: “…pero por otras observaciones de Kissinger parece que en semejante orden mundial  la soberanía nacional ya no tiene lugar. Esto es un paso esencial que no es sino un sueño fantástico, y si fuera alcanzado pronto se transformaría en una pesadilla”.
                          
En fin, a la vista de estos datos se puede llegar a la conclusión de que los perros verdes no existen, pero los hay. Y se los van a querer endilgar, de buen porte, bien acicalados, con moño y en jaurías. Le recomiendo no comprarlos, y ni siquiera acercarse para acariciarlos, porque muerden.
                 
Por lo visto, los grandes compradores se encuentran en el norte: el pueblo norteamericano. Me refiero al pueblo llano —no a los miembros del Council on Foreing Relations ni de la Comisión Trilateral (que son los criadores y distribuidores)— el que hace el papel de Rocky en su versión I, el grandote bobalicón que anda fracturando pulgares para cobrar cuentas ajenas, y que tiene que sobrellevar las cicatrices y lágrimas de la guerra.
                
Tal vez algún día despierte del letargo y aprenda a cantar tango. Sería simpático escuchar “Chorra” con acento yankee.
                   
Luis Antonio Leyro
                     

miércoles, 13 de octubre de 2010

Falacia

DISCRIMINAR, EL VERBO PROHIBIDO
LA AGONÍA DE LA INTELIGENCIA
                      
Certeramente plantea Juan Carlos Monedero,(1) que lo esencial en la ideología de la no discriminación es la crisis de la inteligencia y el desprecio a la verdad. Sin dudas, no se trata, en primer lugar, de detectar confusas hostilidades raciales o de propender a una paródica “sana convivencia”. Es preciso entender que estamos ante la corrupción de lo mejor: el escamoteo de la verdad y la perversión de aquello que nos hace Imago Dei. Y lo realmente peligroso sería que esta “estructura mental” se gane en nuestras propias cabezas, y por inevitable contagio del dinamismo humano, en nuestros corazones.  Si así fuera, nuestra forma mentis  dejaría de ser realista y cristiana.
                   
Con la cantata ininterrumpida de “libertad de opinión”, acompasada por la maquinaria que detenta el poder y coreada por los medios nos hemos convertido en testigos diarios de los ataques a la Iglesia, a la familia, a la pureza, a la niñez, en fin, a una larga lista de bienes necesarios.
                
No hace falta mayor sutileza para reparar en dos hechos evidentes: primero, que proporcional a esta supuesta libertad y a la falta de regulación en materia informativa, periodística y (seudo) cultural  crece en otros casos la censura y la persecución a todas luces parcial e infundada. Y es que esto primero conduce a lo segundo de mayor tenor aún de sentido común: el liberalismo absoluto, tanto en lo social como en lo individual, conduce a la autodestrucción. Por tanto, ciertamente es preciso que alguien “marque la cancha”, que delimite, controle, advierta y sancione. De más está decir que tamaña tarea corresponde en primer lugar a los responsables del bien común (es confusa, por decir lo menos, la consigna de que la inseguridad —por ejemplo— es un “problema de todos”).
               
Por eso es que —y en esto es preciso ser cuidadosos— la objeción no es que exista alguna ley. La objeción está en su fundamento, en quién la dicta, en cómo se la ejecuta y a quién sirve. El problema es cuando la ley se fundamenta en la ideología marxista y atea, cuando la dicta el poder internacional del dinero, cuando se concreta mafiosamente, cuando sirve esencialmente para que quienes han secuestrado el poder se mantengan en él.
                     
Entonces así, junto con el verso liberal,  hay algo que funciona como nueva inquisición.
                      
Insistamos: no es la fuerza de la ley sino su arbitrariedad lo que se objeta. Es la preocupación por quién dice qué es lo que se debe castigar y qué no.
                    
Evidentemente el criterio actual es relativo, confuso, mudable, porque lo dicta la ideología dentro de la cual está la falacia de la no discriminación. Falacia que esconde el culto al relativismo, la negación del orden natural, el odio a la Iglesia y el poder político marxista como causa y medida de todo lo existente. Falacia que tiene por caudillo al primer subversivo que fue Satanás y grito desafiante el “no serviré”. Caudillo detrás del cual tan prolija y decididamente se encolumnan sus secuaces.
                          
Por eso es que bien se ha dicho ya infinidad de veces: la cuestión no es no discriminar sino defender la necesidad de la sana discriminación. No discriminar es imposible. Pero —y aquí tenemos una ambigüedad que ha infectado aún más el ambiente social— en el intento didáctico de lograr alguna captación mejor del término podríamos decir que existen, por lo menos, dos sentidos —de necesaria distinción— del verbo “discriminar”.
                      
El primero hace referencia a un acto de injusticia, y como tal a un acto propio de la voluntad, que desprecia deliberadamente al prójimo y le niega un bien que es preciso ofrecerle. Hasta aquí, si bien hoy plagado de falacias y mentiras, sería atendible —y quisiéramos poder creerlo— una preocupación política por el orden social. Orden que ciertamente se apoya en la justicia. Sería pensar —en un gigantesco acto de candor e ingenuidad— que nuestros gobernantes están velando para que entre los compatriotas no pisoteen su dignidad ni lesionen el honor. Exige un esfuerzo importante conceder que la ideología de la no discriminación se vincule con esto. Pero además, este primer sentido —lejos de ser un descubrimiento del Inadi— fue asumido, enriquecido y sobrenaturalizado por Cristo. Y por eso, esta primer distinción del término discriminar es bien nuestra, legítimamente nuestra. ¿Cuál es la novedad de la obligación que tenemos respecto de lo que es debido a nuestro prójimo? ¿No están acaso las obras de misericordia y la parábola del buen samaritano transidas de esta profunda vocación cristiana de no discriminar y desbordadas generosamente por el fuego de la caridad? ¿No abarca y desborda, no  incluye y trasciende, con lógica sobrenatural y locura para el mundo, los parámetros de la estricta justicia y de la no discriminación?(2) Además, si este fuera el sentido  de la actual maquinaria de poder ¿por qué se ve tan lejos esta realidad del horizonte de preocupación de los pomposos defensores de los derechos humanos?
                    
Entonces no es este primer sentido el que está en juego en la ideología de la no discriminación. Sin ninguna duda que es el segundo: es la discriminación como acto de la inteligencia. Es la discriminación como capacidad de definir, de delimitar, de iluminar, de llamar a las cosas por su nombre. Al samaritano samaritano, al levita levita, al posadero posadero, al asno asno (de lo contrario, se diluye lo esencial de la parábola). Al nombrar las cosas, necesariamente se las distingue. Lo que es es. Lo que no es no es. Lo que es, es eso y no otra cosa. Cómo no discriminar, si en esto consiste el alimento esencial de la inteligencia. Llamar perro al perro no es reprimirlo ni coartarlo, y tampoco es despreciar al gato.
                              
Es el relativismo carcomiendo hasta la médula. Sugería Chesterton que nadie debería escribir nada, ni decir nada, a menos que creyera que está en posesión de la verdad, y por tanto, que el otro está equivocado. Porque la verdad es exclusiva, la verdad es excluyente. El error no tiene ningún derecho. Nada más ajeno a la caridad y al imperativo apostólico que no matar al error ni corregir al que yerra.
                   
Y en continuidad con esta corrupción del intelecto, tal ideología sirve para promover todo tipo de pecado, sin llamarlo como tal. Esto último es lo novedoso, más allá de la gravedad. En los tiempos de cristiandad también se pecaba, en la mal llamada edad media hubo pecados, y muchos. Pero también hubo realismo y humildad, arrepentimiento y penitencia. Porque se llamaba a las cosas por su nombre. La homosexualidad y la hibridez existían. Pero no eran tapa de revista ni tampoco obligatorios.
                  
La propaganda barata presenta a la cristiandad como una época de apariencias y de represiones. No hay época más farisaica y reprimida que ésta. También se mata hoy, pero se lo llama salud reproductiva, libertad de pensamiento o democratización escolar.
                                
Por eso, la dimensión del problema desborda el de la hipocresía y supone un descenso más en este desmoronamiento del orden natural. El hipócrita pretende que el sepulcro se vea blanco y vivo por fuera, aunque por dentro haya solo muerte. Pero con esta ideología, no hay nada que blanquear. Hay que ingresar al sepulcro, como si fuera un salón de fiesta, porque se impone la obligación de llamar vivo al muerto, y muerto al vivo.
                                  
Debemos, más que nunca, estar dispuestos a llamar a las cosas por su nombre, a mantenerlas vivas por el verbo justo. Nuestro Rey es el Verbo. Verbo que nos salvó y nos va a juzgar. A Nuestro Señor le hubiese bastado cambiar una respuesta, sólo algunas palabras, para evitar la Pasión y la Cruz. Sólo unas palabras, y nosotros quedábamos irredentos.
                      
— Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.
                       
— Sí, tú lo has dicho. (San Mateo, 26, 63).
                      
Y detrás de tal Rey, cuánta sangre y cuántas vidas por no cambiar un coma de lo que es.

¿Qué decir entonces si esta falacia mortal, si este operativo contra natura se hiciera institución? Tantos montajes simulados y torcidos en torno al caballito de batalla de los derechos humanos son esencialmente esta herramienta ideológica de control.

¿Por qué el Inadi no defiende la vida humana, ni los derechos de Dios, ni las injusticias cometidas por el marxismo, ni el sufrimiento de tantos que son atropellados en sus derechos por querer salvaguardar el pudor, el buen gusto, la decencia? ¿Por qué no se detecta y se castiga a los traidores a la Patria, a los enemigos de la verdadera paz social, a los que pervierten el alma? ¿Por qué el ataque de estos paladines es siempre a la Iglesia, a la Patria (a la verdadera, la que un día renacerá), a la vida castrense, al orden natural, a la genuina tradición?

 ¿Formará parte de nuestra irrenunciable vocación al combate?, ¿habrá que salir a quebrar lanzas para defender que no es gris la hoja verde? Parece que sí, pero con una condición: no tener la estructura mental de esta ideología, de lo contrario no seremos mártires sino idiotas útiles.

No temamos afirmar que aquí no hay  cuestiones circunstanciales. Nos separan las ideas y los amores. Somos incompatibles, y debemos estar dispuestos a la contienda. No hay convivencia posible entre los hijos de la Luz y los hijos de las tinieblas.  Esto no es nuevo, el católico siempre lo supo. Sólo que antes para ello existía el testimonio y el apostolado, la misión y el martirio, la promesa y la persecución. Ahora existe el Inadi y la secretaría de derechos humanos.
Jordán Abud

Notas:
1. En su artículo “Qué hay detrás de la ideología de la no discriminación” (http://elblogdecabildo.blogspot.com/)  dice que “el fondo y verdadero fin de la ideología de la no discriminación es el vaciamiento del significado de las palabras para obtener deliberadamente la ruptura de la capacidad del discernimiento en las inteligencias”.
2. “Cualquiera que esté un poco informado acerca de los dos milenios de historia del Cristianismo, está familiarizado con el hecho de que el amor a Cristo floreció en un singularísimo amor a los pobres: amor que se manifestó en que los cristianos perdonaban incluso a sus enemigos. Esos católicos «modernos», que han convertido a la historia en su Dios, ¿no han leído jamás una biografía de San Francisco de Asís o de San Juan de Dios o de San Vicente de Paúl? ¿No han oído hablar jamás acerca de los sacrificios heroicos de los misioneros que no se preocupaban exclusivamente de la salvación de las almas de los paganos, sino que además alimentaban a los hambrientos y cuidaban de los enfermos? (…) Todo el que estudie la historia de la Iglesia, sin prejuicios, no podrá menos de reconocer que de todos aquellos que vivieron realmente el Cristianismo, manaba un ardiente y sublime amor hacia sus semejantes e incluso hacia sus enemigos y perseguidores” (Dietrich Von Hildebrand: “El caballo de Troya en la ciudad de Dios”, 1967, ed. Fax, Madrid).
                               

martes, 12 de octubre de 2010

Día mayor de la Hispanidad

CANTO DE HISPANIDAD
                  
Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve! Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos; mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto; retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte; se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron encontramos de súbito, talismánica, pura, riente, cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino, la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!
                 
Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba o a perpetuo presidio condenasteis el noble entusiasmo, ya veréis al salir del sol en un triunfo de liras, mientras dos continentes , abonados en huesos gloriosos, del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando, digan al orbe: la alta virtud resucita que a la hispana progenie hizo dueña de siglos.
                     
Abominad la boca que predice desgracias eternas, abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos, abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres, o que la tea empuñan o la daga suicida. Siéntense sordos ímpetus de las entrañas del mundo, la inminencia de algo fatal hoy conmueve a la tierra; fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas, y algo se inicia como vasto social cataclismo sobre la faz del orbe.
               
¿Quién dirá que las savias dormidas no despierten entonces en el tronco del noble gigante bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana? ¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos y que al alma española juzgase áptera y ciega y tullida? No es Babilonia ni Nínive enterada en olvido y en polvo ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro, la nación generosa coronada de orgullo inmarchito, que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas, ni la que tras los mares en que yace sepulta la Atlántida, tiene su coro de vástagos, altos, robustos y fuertes.
                  
Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos; formen todos un solo haz de energía ecuménica. Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo. Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente que regara lenguas de fuego en esa epifanía. Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora, así los manes heroicos de los primitivos abuelos, de los egregios padres que abrieron el surco prístino sientan los soplos agrarios de primaverales retornos y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica.
                     
Un continente y otro renovando las viejas prosapias, en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua, ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos. La latina estirpe verá la gran alba futura, en un trueno de música gloriosa, millones de labios saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente, Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva la eternidad de Dios, la actividad infinita. Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros.
                
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!
                   
Rubén Darío
                              

lunes, 11 de octubre de 2010

El bautismo de América

SENTIDO HISTÓRICO DE
LA LABOR EVANGELIZADORA
                             
La impotencia de los penates de la historiografía americana para comprender la esencia misma de la conquista espiritual del continente, es el resultado de considerar a la religión como un hecho separado de la vida. Para aquellos escritores, la labor misionera pudo ser considerada como un hecho desprendible de la realidad integral de la conquista, y ésta pudo ser exactamente lo que fue, y la colonización no otra cosa que lo que alcanzó a ser, con evangelizadores, o sin ellos. A lo sumo, para alguno más “progresista”, lo misional no fue sino expresión del secular “atraso de España”, cuando no un medio de sojuzgamiento de imaginarios propósitos libertadores. No cayeron en tal punto de vista por aceptar que las superestructuras sociales, éticas e intelectuales son reflejo de los movimientos de la estructura económica, especie de supremo hacedor sin alma, ni sentidos ni conciencia.
                            
¡No! para desprestigiar y poner en evidencia lo sagrado y lo tradicional en la historia no hubieron de caer en las redes de la dialéctica marxista pues, hijos del pensamiento francés de los siglos anteriores, les bastó con actuar como apóstoles de una supuesta ley del progreso, en virtud de cuya presencia todo el proceso histórico consistiría en destruir lo que existe para colocar en su lugar algo nuevo.
                          
“El progreso, desde el punto de vista positivo, ha dicho Berdiaeff, consiste en que, a través del hombre, una generación cede su sitio a otra, elevando la Humanidad hasta unas alturas extrañas que yo en vano trato de concebir; la Humanidad avanza, avanza siempre, hacia un estado superior con respecto al cual todas las generaciones presentes son siempre eslabones sin ninguna finalidad propia. El progreso transforma a cada generación humana, a cada individuo y cada época histórica en un medio, en un instrumento para alcanzar un fin que consiste en la perfección y la bienaventuranza del hombre futuro, en la que ninguno de nosotros tendrá participación alguna”.
                            
Fue ese progresismo el que trató de eliminar de la historia americana todos los elementos tradicionales, sin los cuales “lo histórico” deja de existir, pues el “progreso” —no sabemos por qué curiosas secreciones mentales— es enemigo de Dios, o Dios enemigo del progreso; y el hacer historia se transformó en informar, periodísticamente, de lo que había sucedido antes de nosotros, mediante una selección crítica cuyos mayores éxitos se lograban cada vez que se podía exhibir algún acto contrario a la religión, y, por consiguiente, destinado a acelerar el proceso progresista de esto pueblos.
                        
La concepción cristiana, que vive de la esperanza de una felicidad común a todas las generaciones, puesto que todos pueden ser salvados, es diametralmente opuesta al progresismo. Todavía se pueden leer las obras de aquel Padre Vitoria, defensor ejemplar de América, en las que se lo advierte afanado en buscar la conciliación entre la predestinación divina y los méritos del hombre, porque no creía que sus semejantes hubieran sido concebidos para el mal, y convencido de que la salvación —próxima o remota—, había de llegar a todos, sobre todos volcó la dulzura de la esperanza con su doctrina de la gracia. Y es, justamente, el sello característico de la conquista de América el que sus misioneros trajeran esa doctrina. Si los españoles de la conquista hubieran creído que las generaciones sólo son medios instrumentales para realizar, en un futuro incierto, incomprensible e inimaginable, la felicidad de unos hombres que no podemos determinar, no habría sido por cierto lo que fue; no habría habido problemas de conciencia en el ánimo de sus reyes. Sólo porque creían en que la salvación está al alcance de todos, es porque dieron un sentido misional a la tarea que la Providencia puso en sus manos.
                            
Si hacer historia de América no tiende a conocer las realidades espirituales de los hombres de América, es que se trata de una labor inútil y sin objeto. Conocer la forma de la nariz de Cleopatra podrá ser un elemento de curiosidad, nunca de juicio. Si el hombre es inseparable de la historia, es porque la historia se mueve alrededor de hechos concretos desarrollados dentro de los marcos de la tradición. Lo que a la tradición escapa deja de ser histórico.
                                  
El misionero que llega a América trae algo más que la materialidad del catecismo; algo más que las ceremonias sacramentales; trae, a un mundo estático, con un sentido inmanente de la vida, los elementos liberadores que habrán de darle conciencia histórica. Porque esa conciencia surge en los pueblos con el cristianismo, pues es con él que los hombres adquieren la posibilidad de concebir horizontes trascendentales y se libran de la sumisión a la naturaleza circundante.
                           
Cuando el cristianismo, por la Redención, libera al hombre en la resolución libre del destino humano, lo histórico aparece; porque recién el hombre es librado de la naturaleza. Por eso, la labor misional no es un episodio religioso, aislado del resto de las realidades pasadas, presentes y futuras de América, para comenzar por ser, en cuanto a las razas aborígenes del continente, un adquirir el sello del alto origen divino del hombre. Un colocarlo en el centro de la creación. Tarea que sólo es posible cuando se tiene en alta estima al espíritu humano.
                      
Esa manera de ver y de sentir está encarnada  en aquellas reales cédulas por las que los reyes de España estimaban que perder el alma era más grave que perder la conquista misma; lo está en aquella respuesta de Felipe II a los consejeros que le hablaban del mucho dinero que constaba la conquista de Filipinas, diciéndoles que lo que se debía tener en cuenta no era el interesse sino los universales, es decir, los principios mismos de la fe que ordenaban salvar el alma de los semejantes en peligro de perderla.
                        
El catolicismo, en su acción contra los elementos humanos puramente naturales, rebasó siempre, y ello era lógico, lo estrictamente humano. Las prácticas del culto son sólo una faz de su acción. Emprendió, además, la inmensa labor de construir una cultura con sentido universal que respondiera a su dinamismo liberador. Y es así como tiene una posición ante todos los problemas de la vida, y porque la tiene es la suya una postura de evidente sentido ético. El misionero no se conforma con bautizar a los naturales, ni con que crean en el misterio de la Eucaristía, sino que, además, los habilita para enfrentar la vida, y les da normas para vivirla; no hacen cultivar los sacramentos como una imposición, sino como un acto de libertad, determinado y controlado por la propia conciencia. Los obispos no cuidan sólo del ornamento de las iglesias o de la grandiosidad de los actos religiosos, sino que intervienen en la vida civil y crean, cada uno a su alrededor, núcleos de vida social propia.
                    
Por eso no hay un hecho económico, social, político o intelectual en la vida de la colonia, en el cual la Iglesia no se encuentre presente. Y los alcances reales de esa presencia no pueden ser valorados cuando se considera al hombre como un mero instrumento en el proceso de la formación de nuevos fundamentos sociales; no puede entenderse a través de humanismos que en el afán de superar al hombre lo niegan, o de él reniegan; no pueden comprenderse sino cuando se percibe el verdadero significado histórico del cristianismo, que no es otro que el de ser una doctrina de amor a los hombres, porque es un Dios-hombre el que muere en la cruz para redimir a sus semejantes, y en su sangre redentora la que devuelve al hombre la libertad, lo libra de las potencias naturales inferiores y le da la conciencia de su grandioso origen.
                 
Cuando todo eso se percibe y se comprende, se advierte que la verdadera historia de América es la de su conquista espiritual; y cómo ella no fue un mero episodio religioso o el aspecto religioso de un hecho más importante, sino la formación misma de lo que la historia de América tiene de tradicional y, por consiguiente, de irrenunciable.
                  
Vicente D. Sierra
(Tomado de su libro “El sentido misional de la Conquista de América”)