miércoles, 4 de marzo de 2009

Cultura de la vida


CUESTIONES DE
SEXO Y SESO


Como lo que hoy se denomina cultura llega a todos lados —y por eso hay que andar con cuidado— parece importante tomar los recaudos necesarios para fortalecer esa forma mentis, ese manojo de criterios básicos que esquemáticamente podríamos llamar realista. No digamos arquitectónica, teológica o jerárquica, sino al menos rústicamente ordenada, discretamente memoriosa y moderadamente lógica. Todo esto ya garantizaría un mejor y más dócil acceso a la realidad.

Así como una sana gnoseología podría resultar la clave de distinción para entender la naturaleza humana; algo así como la llave codificada para acceder al principio espiritual del alma, también la recta comprensión de la sexualidad es —en cierta manera— la variable estratégica para entender al hombre total, al hombre íntegro. Sin reduccionismos ni mutilaciones.

En efecto, de una mala definición de la sexualidad se seguirán demás errores antropológicos y, en consecuencia, morales. Sea en torno a la corporeidad, al genuino amor, a la fidelidad, a la familia o a la paternidad, por nombrar algunos. De ahí también lo perentorio que resulta definir bien esta importante noción. Porque la sexualidad subvertida es sólo un jalón más de la subversión cultural.

Entonces, es preciso entender las nuevas leyes y reglamentaciones de educación sexual a la luz de las ideologías en general. Y se entienden las ideologías dominantes sólo a través del prisma de la eterna lucha entre el poder de la luz y el poder de las tinieblas.

Vayan aquí algunas pocas consideraciones —no por sencillas menos olvidadas— que no vendría mal tener en cuenta ante la avalancha totalitaria de criterios educativos en materia sexual:

1) Se acusa, con insistencia llamativa, de haber descuidado la educación sexual. De haberla convertido en un tabú, en primer lugar por culpa de la Iglesia Católica. Pero se suele confundir el sentido del tabú con el sentido del pudor. Recordemos que el pudor se da en tres ámbitos: la vivienda, la vestimenta y el lenguaje. La intimidad debe quedar resguardada en estas tres dimensiones. No todo se puede decir o ver sin distinción de tiempo, lugar o circunstancia. Decir algo en una clase, que justifique una sensualidad mórbida, un desorden glandular o una curiosidad malsana, o dar más información de la prudentemente necesaria a determinada edad, no es una batalla al tabú: es un atropello al pudor. Que no instale el baño en la terraza de mi casa o en la vidriera de mi negocio no quiere decir que con actitud timorata haga de mis necesidades vitales un tema tabú. Sólo significa que mi presentación en sociedad la realizo con el rostro.

2) Tal como lo avizoró el Padre Castellani, el liberalismo levanta monumentos a las causas y cadalsos a las consecuencias. Porque el liberalismo es como un monstruo disfrazado de cordero. Su estrategia es muy parecida a la que usa el diablo para tentarnos. En consecuencia, si se predica y se promueve el liberalismo, que después no se lamente el inevitable desenlace. Si se institucionaliza el pecado que no se pida como fruto una vida virtuosa. Si se promueve el desparpajo, que no se mendigue la decencia. Si se le concede lo más alto del rating a la impudicia, que no se acuda a las cámaras ocultas para denunciar la perversión.

3) Está muy bien que se eduque con sentido preventivo. Dicen que Don Bosco lo hacía. Pero esto consiste en preparar el alma para situaciones que —aún en potencia— no se han hecho actuales, visibles, operantes. Prevenir no es pergeñar cosas que no existen. Tampoco es presuponer una sexualización de la conducta a una edad tan temprana que cualquier criterio psicoevolutivo desecharía.
Menos todavía consiste en genitalizar absolutamente todo en el niño, cayendo en una monopolización sexológica de cuanta conducta o comentario manifieste, en contra del más elemental sentido común. Todo esto está muy cerca del delirio erotomaníaco. Reclamemos el derecho a que nos crean que si hablamos de órgano, también estamos refiriéndonos a un instrumento musical. Y si aludimos al acto, estamos pensando en el del 25 de mayo.

4) No se deben aceptar separaciones donde no las hay. “Podés elegir, es tu cuerpo”, nos dicen. Error. No tenemos un cuerpo como quien tiene una moto y dispone de ella instrumentalmente. Somos nuestro cuerpo. Mi cuerpo soy yo. Somos un cuerpo habitado por un alma espiritual.
Y ese ser que se llama creatura está vocado a una vida virtuosa para ver después a Dios cara a cara. No existe el cuerpo si no es habitado por el alma. Como la tradicional broma de los chicos de golpear al compañero y defenderse arguyendo: “no fui yo, fue mi mano”, es ridículo establecer esta separación. Sin embargo, de igual manera se autonomizan los órganos sexuales, y se los clausura y encasilla en los parámetros de placer-displacer. Y al separar lo que nunca debió autonomizarse se los personaliza, llegando a situaciones por demás representativas como las exitosas obras teatrales Diálogos del pene o de la vagina, con sus correspondientes públicos afines a tamaña locura. Es curioso. Se separa lo que tiene una sola identidad y se une lo que tiene sustancialmente dos realidades. Para abortar es mi decisión y es mi vida. Para fornicar no soy yo, es mi cuerpo y son las necesidades de mis instintos.

5) La sexualidad no es un invento de este gobierno ni del ministro de salud. Es recomendable no acercarse al tema empapado de snobismo. La Iglesia ha enseñado mucho y bien al respecto. No caigamos en una versión barata de la amnesia del descubridor, de la que hablaba Pitirim Sorokin. Las leyes positivas se han separado tanto de las leyes eternas que llegan casi al ridículo. “A partir de mañana, por decreto de necesidad y urgencia, la erección se adelantará dos años”, podría ser la nueva norma para EGB 3 y Polimodal. Cualquier educador sano sabe el tiempo de la sexualidad en la tarea formativa de la persona total.

6) Sólo se entiende bien la sexualidad desde la persona. Y sólo se entiende la persona desde Dios. Es preciso insertar la realidad sexual en el compromiso de ser virtuoso. Y el compromiso de ser virtuoso en el destino final de la Mesa Celestial. El placer está regulado por la templanza y por criterios de prudencia, no por las enfermedades de transmisión sexual ni por el rendimiento escolar. El placer sin virtud no es materia de promoción curricular.

7) Finalmente y a modo de anexo, un comentario epistemológico: la tan popular sexología no existe. Salvo que se la enseñe en las horas de química o zoología. ¿Qué es? ¿Una descripción de cómo funciona el pene o de qué modo se realiza el apareamiento? Entonces que se dé en Biología, y con reservas. ¿Un recetario sobre obtención de placer? Que se dé en Ética. Mal nacida como está, difícilmente se adapte a alguna de las dos. No tiene absolutamente ningún fuero propio que reclamar —mucho menos de índole educativo—. Es preciso y urgente llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan, y a lo puerco, puerco.

Jordán Abud

martes, 3 de marzo de 2009

Desagravio


CONVOCATORIA
A
UN DESAGRAVIO
IMPOSTERGABLE


A mediados de febrero, el Canal 10 de Israel emitió un programa blasfemo y sacrílego, ofendiendo en forma inusualmente satánica los principios, los símbolos y las figuras de la Fe Católica.

Dichos ataques fueron repetidos y propalados multimediáticamente por todo el mundo, probando una vez más el odio programado contra Nuestro Señor Jesucristo que alienta Israel y sus innúmeros secuaces.

En consonancia con la magnitud de la ofensa, los líderes de la Iglesia Católica en Tierra Santa emitieron un comunicado conjunto, el pasado 18 de febrero, para condenar lo que no trepidaron en llamar “repugnantes ataques”.

El Comunicado, en su parte más saliente declara:

“El programa dirigió sus ataques contra las figuras más sagradas de nuestra fe con el objetivo, como el mismo director de la emisión declaró específicamente, de destruir el cristianismo […] De este modo el canal ha sido utilizado «para profanar nuestra fe y ofender a millones de cristianos en el mundo» […] Este episodio se inscribe en un contexto más grande de ataques continuos contra los cristianos en Israel desde hace años […] «Hace tan sólo unos meses, copias del Nuevo Testamento fueron públicamente quemadas en el patio de una sinagoga en Or Yehuda. Desde hace años, el cristianismo ha hecho mucho para detener manifestaciones de antisemitismo, y ¿ahora los cristianos en Israel acabarán convirtiéndose en víctimas de una manifestación de anticristianismo de bajo nivel?» […] «Condenando éste y todos los demás actos hacemos un llamamiento a todas las partes implicadas a investigar el asunto y a tomar las acciones necesarias para acabar con esta horrible profanación de la fe» […] Es necesario que el Canal 10 reconozca su responsabilidad y que pida perdón de manera pública y oficial y que no vuelva a repetir algo así”.

A pesar de estas valientes palabras, en nuestra patria, la ofensa fue propalada con indisimulada complicidad, sin que nadie convocara a un desagravio público a Nuestro Señor, a su Santísima Madre y a la Fe Católica.

Precisamente porque no queremos ser cómplices, siquiera por omisión, es que invitamos a rezar un rosario en desagravio.

La cita es el martes 10 de marzo a las 18:00,
en el Camarín de la Virgen del Rosario de la Reconquista,
en el Convento de Santo Domingo,
Belgrano y Defensa.


Quede aclarado que se trata de un acto exclusivamente penitencial y religioso.

¡Acompáñenos a honrar a Cristo Rey y a María Reina!

Se ruega difundir

lunes, 2 de marzo de 2009

Cuánta falta nos hace

S.S. PÍO XII

El dos de marzo de 1876 nació Eugenio Pacelli, el glorioso Papa Pío XII.

El dos de marzo de 1939 fue elevado a la Silla de Pedro.

En este dos de marzo, cuando hace ya más de medio siglo que contempla la faz del Padre, le pedimos que ruegue por la Santa Madre Iglesia, que falta le hace.

Poesía que promete


HIMNO DE LAUDES
PARA EL TIEMPO DE CUARESMA

Oh Sol de salvación, oh Jesucristo:
Alumbra lo más hondo de las almas,
En tanto que la noche retrocede
Y el día sobre el mundo se levanta.

Junto con este favorable tiemp
Danos ríos de lágrimas copiosas
Para lavar el corazón que (ardiendo
En jubilosa caridad) se inmola.

La fuente que hasta ayer manó delitos
Ha de manar desde hoy perenne llanto
Si con la vara de la penitencia
El pecho empedernido es castigado.

Ya que ha llegado el día, el día tuyo,
Y vuelve a florecer el universo,
Compartamos su gozo los que fuimos
Devueltos por tu mano a tus senderos.

Oh Trinidad clemente: que te adoren
Tierra y cielo a tus pies arrodillados,
Y que nosotros, por tu gracia nuevos,
Cantemos en tu honor un nuevo canto.

Francisco Luis Bernárdez

domingo, 1 de marzo de 2009

Caso Williamson


EL JURAMENTO ANTINEGACIONISTA

por Antonio Caponnetto

Hacia mediados de febrero, por vía digital primeramente y en forma gráfica después (Cfr. “Cabildo” nº 79, págs. 16-18), hicimos circular un escrito al que titulamos El otro negacionismo. Alude el mismo a la tensa situación eclesiástica desatada a propósito de las declaraciones de Monseñor Richard Williamson, y al drama de que más preocupe hoy negar una versión historiográfica hebrea que los fundamentos esenciales de la Fe Católica.

La nota tuvo su circulación, y como suele suceder, sus adhesiones y sus objetores. Explicamos las primeras —Dios quiso que abundantes y gratas—porque son muchas las personas que están esperando la mayor claridad sobre estas cuestiones, por dura que resulte. La esperan de los sacerdotes, de los pastores, de los intelectuales prominentes. Y cuando de ellos no procede, agradecen con entusiasmo que hablen los simples laicos con el catecumenado aprobado. Y explicamos las calificadas objeciones porque enbuenahora existen los lectores amigos —sacerdotes y laicos— que nos las hacen llegar con el mejor espíritu de corrección y de enmienda.

Pensando en unos y en otros, adherentes y críticos, nos ha parecido oportuno glosar aquí algunas aclaraciones.

I. La defensa del Papa

No desconocemos los esfuerzos del Papa Benedicto XVI en orden a lo que podríamos llamar —algo simplificadamente— el afán restaurador de la Tradición. Desde sus tiempos de Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que viene dando concretos testimonios de este anhelo, estampado incluso en algunos hechos relevantes de los que muy pocos tomaron debida nota, como los sendos y magníficos prólogos a las dos obras del liturgista alemán Monseñor Klaus Gamber, traducidas al castellano como ¡Vueltos hacia el Señor! y La reforma de la liturgia romana. Esto sin contar su propia obra como liturgo, reseñada en su notable libro El espíritu de la liturgia.

El periodismo malicioso y ramplón, la feligresía ganada por los dislates modernistas, y aún cierto clero supuestamente ilustrado, fingen desagradable sorpresa, o veramente quedan perplejos en razón de su ignorancia, cuando el Pontífice ajusta ciertas clavijas destornilladas, reponiendo gravitantes cosas en su sitio.

O desconocen completamente su ideario —y el depósito de la Iglesia, claro— y reaccionan como si el Papa acabara de descolgarse con las medidas más insólitas; o por lo mismo que saben de quién se trata, no cesan de declararle la guerra. En cualquier caso, a la vista queda tanto el propósito restaurador del Santo Padre como el talante inmoral y corrupto de quienes lo maltratan, pertenezcan o no formalmente a la Barca que preside.

Vease el artículo completo en:

ESTE ENLACE

viernes, 27 de febrero de 2009

Testigo de cargo


HISTORIADORES AL BORDE
DE UN ATAQUE DE NERVIOS


¿Qué hace falta para ser historiador? Un papel, un lápiz y un cerebro. Las dos primeras cosas pueden reemplazarse por sus equivalentes: un papiro, un pergamino, una pluma de ganso y hasta una computadora.

El cerebro no es negociable. La prueba de que esto es exacto es que desde Herodoto hasta Guicciardini no era mucho más que eso lo que tenían todos los historiadores. Luego, tras el Renacimiento y la modernidad —pero en especial desde el siglo XIX— comenzó a forjarse la historia académica (también llamada “historia científica”) y entonces se hizo prescriptivo el estudio en una de las instituciones del circuito académico, lo que confería una especie de “venia docendi” (o permiso para enseñar) sin el cual lo que se publicaba resultaba sospechoso.

Pasó con la Historia lo mismo que con tantos otros saberes que se “cientifizaron” y quedaron prisioneros de una Academia real o virtual formada por las cátedras, las Instituciones, las publicaciones, los premios. Todo eso es lo que da hoy patente de historiador, y el que no lo tiene está frito. En el diario “La Nación” Beatriz Sarlo se ocupó de hacer una excursión por esta doble historia hoy existente: la académica y la “popular”.

Sin embargo, lo real sigue siendo lo que dijimos al principio: los estudios, títulos, publicaciones y premios son muy útiles si uno quiere juzgar al Señor Fulano, que escribe historia. Pero para juzgar su historia, la historia que Fulano escribe, lo que hay que ver es la adecuación a la realidad de su versión de los hechos que relata, su capacidad mayor o menor de interpretar esos hechos y de ponerlos al alcance del lector, su destreza en el relato, etc.

Todas cosas que tienen una relación muy remota e indirecta con el curriculum académico del historiador. Por ejemplo: nadie ha igualado la interpretación global de la historia argentina que hizo Ernesto Palacio, y no tenía otro título que el de abogado. No hay, en suma, historiadores académicos y populares. Hay historiadores buenos y malos, y las críticas a Pacho O’Donnell y Felipe Pigna no deben dirigirse a la ausencia o presencia de tales o cuales antecedentes, sino a la estrechez de sus miras, a su carencia de ideas generales, a su incapacidad de situar los hechos en una perspectiva histórica esclarecedora.

Algo parecido pasa en España (ya lo hemos relatado más de una vez) con Pío Moa, el historiador que le ha pasado el trapo, en cinco minutos, a toda la historiografía edificada desde la muerte de Franco. Que tenga o no títulos académicos es cosa, claro, que aquí tampoco tiene la menor importancia.

Le bastó con exponer los hechos de manera sencilla pero verídica para derrumbar todos los miles de estudios hechos por historiadores profesionales que intentaban explicar lo ocurrido en 1936 como un simple alzamiento de los militares contra la “República Española” auxiliados por nazis y fascistas.

Con calma, con documento tras documento, Moa mostró que en julio de 1936 no había tal República y que la guerra civil la habían iniciado, en 1934, los supuestos defensores de esa República. Gracias a los recortes que me envía, con paciencia sin igual, mi viejo amigo ARP, tengo un panorama muy completo de las vicisitudes de esta batalla. No cansaré al lector con sus detalles (que a mí me llenan de gozo) pero no puedo omitir un artículo en el que un historiador de los que tienen licencia para escribir lo políticamente correcto se desata en lo que bien podríamos calificar de ataque de nervios.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, publica en “El País” del 20 de diciembre de 2005 un feroz artículo contra Pío Moa al que, una vez más, no nombra, pero dedica cada una de las líneas de lo que escribe. Este demócrata nato, este progresista de pura cepa está tan fuera de sí con su enemigo, que no trepida en estampar: “Ya no se trata de juzgar a los verdugos franquistas, sino de evitar, por medio de instrumentos legales, que se haga apología de esa dictadura sanguinaria y del general que la presidió y de impedir también que esas alabanzas puedan difundirse en público”.

¿Qué tal? Esto es, claro, propiciar la censura, y al final hay todavía una última coz: “Hay que ilustrar libremente a los ciudadano sobre su pasado (lo) que puede traer importantes beneficios en el futuro, siempre y cuando esa educación histórica no se base en la apología de la dictadura y el crimen organizado, como hacen hoy todavía conocidos periodistas, falsos historiadores y políticos de la derecha”.

¿Qué tal? Las viejas “historias oficiales” de fines del XIX y principios del XX acogieron con disgusto los revisionismos, pero no pretendieron censurarlos. Ya vemos cómo piensa esta nueva Historia Oficial que la izquierda está edificando en todo el mundo.

Aníbal D'Ángelo Rodríguez

jueves, 26 de febrero de 2009

Países incompatibles


EL PAÍS DE LOS KIRCHNER

ES SODOMA Y GOMORRA


“…Quiero recordaros,
ya que una vez lo habéis sabido,
que el Señor, habiendo salvado
al pueblo sacándolo de Egipto,
después destruyó
a los que no creyeron, […]
como Sodoma y Gomorra
y las ciudades vecinas, las cuales
habiendo fornicado e ido en pos
de vicios contra naturaleza,
fueron puestas por ejemplo,
sufriendo el castigo
del fuego eterno”.

(Ep. de San Judas, 1, 5-7)

NUESTRA PATRIA
ES LA ARGENTINA


miércoles, 25 de febrero de 2009

In memoriam


A trece años del fallecimiento
del R.P. Raúl Sánchez Abelenda


AQUEL SACERDOTE
AL SERVICIO DE DIOS



Nada más aplicable a su propia persona que lo expresado por el Pbro. Dr. Raúl Sánchez Abelenda, cuando con su habitual clarividencia dijo: “el hombre es autor (por su inteligencia) y actor (por su libertad) de sus transformaciones, de la propia materia de su vida”.

Partiendo de esta premisa fue que se destacó en los distintos ámbitos del pensamiento y de la acción, cuya versatilidad pone de manifiesto su afán constante por superarse, para así servir mejor a los demás. Fue escritor, habiendo desarrollado una labor doctrinal de gran enjundia y jerarquía, siempre orientada a la búsqueda de la verdad en sus distintas manifestaciones; filósofo y teólogo, con una profunda formación tomista; político, preocupado como el que más por los asuntos vinculados al quehacer nacional y al futuro de nuestra Patria; fue sobre todo un extraordinario sacerdote.

Se formó al lado del R. P. Julio Meinvielle, quien sin duda lo guió en la senda del trabajo y esfuerzo intelectual. Su inteligencia, natural, fue forjada e incrementada con el estudio serio y permanente, que se dejaba ver en sus escritos, en sus homilías y en sus conversaciones.

Hablaba el latín “culto” —el que hablaba Cicerón, como él solía decir— para diferenciarlo del que se suele oír en ciertos ámbitos, en especial el eclesiástico, en la actualidad; conocía como pocos a Santo Tomás, a los Padres de la Iglesia y a las Sagradas Escrituras. Tenía una condición muy especial: admiró también las expresiones de inteligencia en otras personas, lo que no ocultaba y, al contrario, siempre ponía de manifiesto con un gesto de satisfacción.

Su vida fue un ejemplo de permanente y exaltada coherencia entre su inteligencia y su libertad, que dirigió con férrea voluntad hacia un destino prefijado: la salvación de su alma, halagando a Dios en la búsqueda constante de la salvación de los demás.

Fue su libertad, interpretada no como posibilidad de escoger, sino en el sentido de Donoso Cortés —a quien admiraba— como la facultad que tienen los seres dotados de entendimiento y voluntad, que le hizo ejecutar el bien. Entendió y quiso el bien para todos.

Fiel a su sacerdocio católico, lo consideró como una verdadera milicia; con su fuerte carácter y convicción interior, que dejaba ver en cada uno de sus actos, se enfrentó en duro pero desigual combate con “el príncipe de este mundo”; se opuso a la apostasía generalizada y a sus agentes, de cualquier jerarquía que fuesen, poniéndolos en evidencia con singular valentía; hizo de la caridad, que como bien dijo el R. P. Julio Meinvielle “no es sentimentalismo” sino “procurar eficazmente el bien real (eterno y temporal) de los demás y odiar en todo momento el mal”, el leit motiv de su vida; defendió con énfasis sin igual y notable capacidad los embates contra la tradición religiosa, en comunión plena con todos los Papas y concilios dogmáticos que definieron nuestra fe; amó profundamente la Santa Misa Tridentina, resumen perfecto de esa fe de siempre que albergó en su alma hasta el fin de sus días.

Para él, como para todo buen sacerdote, la Santa Misa era el acto más importante de su vida. Defendió el rito tradicional como nadie. Nunca dejó de rezar la Misa de siempre; era la Misa que había aprendido en el Seminario de Paraná. Su pensamiento se reducía a una frase, que repetía con asiduidad: “Tengo un solo Dios, una sola madre, una sola Misa”.

Esto le valió críticas de amigos, que no entendieron la razón de esa lucha o no compartieron su amor a la Tradición, y de sus enemigos, quienes por corrupción, falta de formación, cobardía o comodidad, veían en él un peligro y un rival de enorme jerarquía, capaz de arrasar con sus desvíos intelectuales y de influir en el pensamiento de muchos.

Lo tentaron con una vida más cómoda, rezar la Misa en una de las iglesias importantes por su concurrencia y ubicación en la ciudad de Buenos Aires; pero no aceptó, pues consideraba que no podía rezar la Misa verdadera donde un rato antes y un rato después se celebraría la nueva misa. Lo contrario, entendía él, hubiera sido una claudicación. Por su capacidad, pudo asimilarse a cualquier orden religiosa, que lo hubiera acogido con interés. Pero siempre despreció cargos, comodidades y honores, y se acercó y apoyó a la Fraternidad San Pío X porque enseñaba la verdad.

Era un hombre valiente y viril. Lo demostró en su actividad sacerdotal, en la defensa de la Tradición, en su actividad doctrinaria y política. Como una de tantas demostraciones de su valor, ocupó el cargo de Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, en una época en que el marxismo se había enseñoreado en la Universidad y reclutaba a sus guerrilleros en los claustros universitarios.

Transmitía sus pensamientos con notable energía y vehemencia. Nunca se callaba ante el error, característica que evidenciaba esa sana indignación que lo hacía ser directo, firme, para expresar su desavenencia con lo que estaba mal o equivocado.

Corregía a su interlocutor con el mismo énfasis que ponía de manifiesto cuando consideraba que debía disculparse; lo hacía con una humildad que lo enaltecía. Sin embargo, su aparente dureza se aflojaba cuando mencionaba a la Santísima Virgen, la Madre de Dios. Se estremecía al nombrarla y en muchas oportunidades se le quebraba la voz.

Sintió mucho la soledad. Eso lo llevó a hacerse de muchos amigos, de todos los niveles intelectuales y sociales, y muchas veces a concurrir a lugares públicos donde se sentía más acompañado. Alguien, refiriéndose a él, escribió que estaba en el mundo, pero no era mundano.

En efecto, aún en los momentos de mayor crisis que pudo haber vivido, en ninguna circunstancia abandonó su posición sacerdotal ni claudicó en la defensa de la verdad. Era sacerdote hasta la médula de su ser, estuviera con quien estuviera. Es que —algo que no es común— según sus propias palabras, su vocación sacerdotal se despertó a los cinco años de edad y continuó a lo largo de su vida.

Sus dos grandes amores fueron Dios y la Patria, motivo por el cual en cierta forma y a pesar de todo lo expuesto le costó ser sacerdote. Porque esos amores lo llevaron a luchar arduamente en el ámbito eclesial y en el mundo para imponer la verdad. Todas sus misas terminaban con una frase que sintetizaba su sentimiento: “Virgen de Luján, salva a nuestra Patria”.

Decía en uno de sus escritos: “Hoy ha desaparecido la Cristiandad” y hacía referencia a que estamos sumergidos en una civilización yerma y antievangélica. Sufrió la decadencia de la hispanidad, a la que definió, en primer término, como Cristiandad Hispánica. Por eso siempre bregó por la restauración de los valores de la hispanidad. En nuestra Patria, decía, “quedan rescoldos de Cristiandad, de Hispanidad: urge atizarlos, reconocidos para con la madre Patria, porque como dijera José María Pemán «pueblo en que puso la vista, su vista la emblanqueció, por fuera con luz de aurora, por dentro con luz de Dios»”. Estas palabras, de admirable belleza que hizo suyas, demuestran con cuánto dolor sentía la necesidad de volver a esos principios que veía como la única posibilidad de restaurar la realeza social de Cristo en nuestra Patria.

Su historia particular, irrepetible, al decir de Joseph Pieper, camino determinado por su especial respuesta a lo que le ofreció el destino, tuvo un presupuesto: la fe. A partir de allí, de la aceptación de la verdad revelada, interpretó como pocos la creencia que orientó su vida. Con la teología comprendió y aprehendió los insondables misterios del acontecer histórico, y apoyándose en ella, unió a conciencia su destino personal al que está previsto —profetizado— para la humanidad.

Toda su vida estuvo orientada e inspirada, o más propiamente imbuida, en la idea del cumplimiento del fin mismo de la historia; pudo así amalgamar en íntimo pensamiento y total armonía su vida y su fin natural, doloroso pero esperanzado en un orden sobrenatural, con lo que denominó la ciclicidad helicoidal de la historia, —“Salí del Padre y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y regreso al Padre” (San Juan, 16, 28)— que habrá de culminar en esa transposición, explicada por Pieper, a lo intemporal, como obra del Creador.

En definitiva, la estructura teológica de la historia, que siempre tuvo presente, lo hizo partícipe y actor, como parte de un todo ordenado a la construcción de la Iglesia.

Murió como él era, solo. Se enfermó, y su deseo permanente de preservar su intimidad y evitar que alguien pudiera invadir su privacidad, lo llevó a recluirse en su casa sin que nadie lo supiera, en singular comunicación con Dios. Sus amigos llegamos tarde.

Hoy tenemos que lamentarnos de no tenerlo con nosotros, de no poder consultarlo, de no poder hablar con él de los problemas que se presentan en la Iglesia y en la política, que tanto le preocupaban. Dios quiso que se fuera con Él. Sin duda, le tendrá reservado un lugar a su diestra, desde donde velará por el futuro de la Iglesia y la salvación de nuestra Patria.

Alejandro J. Arias

martes, 24 de febrero de 2009

Actualidad


LAS INSEGURIDADES SOCIALES

TOLERANCIA: HAY CASAS PARA ESO

Hace cosa de unos diez años —el 2 de diciembre de 1998— el diario “La Nación” registró que vecinos de la provincia de Buenos Aires reclamaban su derecho a armarse. Era evidente que nunca hubo tanta inseguridad en la República, y era más lógico permitir que el buen vecino se arme, a dejarlo indefenso en manos del delincuente siempre bien armado, sin que ello le ocasione el menor riesgo.

Hay que subrayar que el auge de la inseguridad comenzó a partir del gobierno de Alfonsín, cuyo monumento acaba de inaugurarse en la Casa de Gobierno y se lo festeja como un prócer. Toda la calamidad coincidió en su tiempo con el famoso “destape” moral y la campaña —desde los colegios— contra la Autoridad motejada “autoritarismo”. Además de la doctrina garantista y la legislación suavizante del derecho penal.

El diario nombrado se refirió entonces a ciertas declaraciones de un comisionado neoyorquino —William Bratton— considerado uno de los puntales de la lucha contra la delincuencia en su ciudad. Según Bratton el incremento de los delitos fue proporcional al crecimiento de la liberalización de las costumbres y la tendencia a la permisividad que caracterizaron a su país a lo largo de la década del sesenta. A lo que después se sumó el aumento de la drogadicción. Se puso en práctica, entonces, la tolerancia cero. La cual consiste en prevenir —o enfrentar— desde las ofensas menores hasta los más graves delitos. En Nueva York, decía el diario, no se tolera ningún comportamiento antisocial.

Exactamente al revés de lo que ocurría treinta años después, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires, donde se desatan diariamente los escándalos más increíbles por parte de degenerados de todo tipo, apabullando a barrios enteros. Todo al compás de una legislación de la ciudad “autónoma” que ha abierto las puertas a la degradación social. En estos días el Estado Nacional ha promovido incluso la degeneración sexual, abriendo cauce a todas las perversiones.

Hoy la gente está segura de una cosa: que por el camino que vamos, en lugar de desaparecer, la inseguridad seguirá creciendo. La señora Presidente de la Nación, con su don de oportunidad, acaba de descubrir que “la brecha social” entre ricos y pobres “aumenta la inseguridad”. Desde luego, olvidando los enormes gastos en hoteles de lujo en sus frecuentes viajes por el mundo. O las alhajas, o los modelos o el “Mini Cooper” para su retoño… o del chateau del lejano Sur.

Pero lo más alarmante tal vez, haya sido su añoranza curiosísima de los países en que todos son pobres y los niveles de delincuencia son muy bajos… y aumentan cuando mayor brecha social hay. Está claro: el supremo objetivo de su gobierno —prácticamente logrado— es alcanzar la pobreza general.

Por otro lado hay iniciativas, como la del gobernante Scioli, buscando bajar la edad de la imputabilidad de los menores. Algo así como romper los termómetros para acabar con la fiebre.

Pero el presidente de la Corte Suprema de Justicia se ha referido a ello señalando (¿recién lo advierte?) que los menores no pueden caer en cárceles que son como la universidad de la delincuencia… Mientras, agregamos, crecen día a día otras cárceles: las villas miseria, y nos enteramos que hay menores que deben comer de la basura. Lo cual ya no es una brecha social: es el más inicuo crimen de “la clase política”.

En tanto ¿qué educación reciben los chicos, incitados por todos los medios a los placeres lícitos o ilícitos, pero privados de lo mínimo para una vida humana? Si van a la escuela, reciben educación sexual. Pero nadie les habla del sentido de la vida ni de premios o castigos, aquí o Más Allá… Mucho menos de un Creador: sólo de una gran explosión originaria y el orangután antepasado, cuando no un dinosaurio… ¿Cómo puede sorprender que recurran a la droga con su oferta de inmediato placer demoníaco? Para peor, inducidos criminalmente al consumo, mientras el Ministro de la Justicia busca despenalizar tal consumo…

Nadie se preocupa por la ejemplaridad. Por el contrario, el ex Presidente en ejercicio del mando, acaba de decir que “es hora de que la Justicia se ponga los pantalones largos”. También vituperó a los “mercaderes de la derecha que lucran con el dolor”, sin identificar por cierto a nadie.

Pero nadie olvida que a la derecha e izquierda de sus narices, un formidable asesino de sus padres, gozaba y sigue gozando de la libertad. Y tiene un altísimo rol, tanto económico social como educativo. Tampoco se olvidan los seiscientos millones de dólares santacruceños esfumados por él…

El ya recordado ministro de la Corte, insólitamente, ha dicho que el respeto por la garantías (de los delincuentes) nada tiene que ver con “la puerta giratoria”, por donde ellos entran y salen. Pero encima ha olvidado que hay una colosal inseguridad jurídica. La cual se remonta a la pérfida reforma constitucional, con la secuela de la incorporación de sistemas importados que desde luego no garantizan la seguridad ciudadana.


LA OPCIÓN PREFERNCIAL POR EL MINI-COOPER

Alguien ha recordado que hay muchas otras inseguridades que la “clase política” no ha podido conjurar: la de los niños de la calle que limpian vidrios de los autos o hacen pantomimas; la de la desocupación engrosada con la juventud que fue privada de esa gran escuela que fue el servicio militar, abolido irresponsablemente por el gran demagogo; las de las villas de emergencia; las del trabajo en negro, sin amparo social ni jubilación; la de los hospitales desguarnecidos, carentes de medicamentos o espacios dignos; las de las cárceles “sanas y limpias”, como un sarcasmo constitucional; la de los jubilados sin privilegio; la de los que no consiguen más lugar para dormir que las plazas y zaguanes; la de los niños hambrientos y la de los niños por nacer, permanentemente agredidos por legisladores y defensores de “derechos humanos”. Y por último, la inseguridad de los aferrados a la normalidad natural, que ven peligrar su libertad o su vida tranquila a manos de los malabaristas del sexo.


ASOCIACIÓN ILÍCITA

Aparte de los numerosos escándalos al respecto, de criminales sueltos, de jueces indecorosos, de sumisiones vergonzosas, de sentencias increíbles, merece una especial mención una sentencia recaída en el expediente 16.307/06 de la Justicia Federal, por el cual se condena a varios militares a las más altas penas —con agravantes— por su actuación en la guerra subversiva. Acusados concretamente de “asociación ilícita”, destinada a cometer delitos, con una “organización militar o de tipo militar (sic) que disponía de armas de guerra o explosivos (sic), compuesta por uno o más oficiales o suboficiales de las fuerzas armadas o de seguridad”.

Resulta imposible seguir un razonamiento montado con exactitud en las premisas de la tiranía: Estado terrorista, lesa humanidad y derechos humanos exclusivamente marxistas. Todo rematado con refinada severidad.

Pero, acaso, la mayor sorpresa provenga de saber que se trata del mismo juez que ha descartado las denuncias por los crímenes feroces contra el sindicalista José Ignacio Rucci y contra el Teniente Primero Lucioni.

Casimiro Conasco

lunes, 23 de febrero de 2009

Cumpleaños


ASÍ ESCRIBÍA UN AMIGO

Cuando tanto se ha escrito sobre Francisco Franco, cuando tantas anécdotas más o menos ciertas y tantas semblanzas más o menos certeras se han publicado sobre su persona, creo que nadie ha comentado aún la apabullante impresión que producía verlo frente a frente. Y, sobre todo, el impacto casi hipnótico, aceradamente profundo, de su mirada. Los negros ojos de Franco, vivos, inquisidores, penetrantes, parecían diseccionar a quien tenía delante. Vestía, como casi siempre, uniforme de diario de capitán general y estaba esperando al visitante de pie, frente a la mesa. Una mesa atiborrada de libros, de papeles y de carpetas. Daba la mano con cierta inercia, señalaba el sillón y se sentaba en el de enfrente. Cuantos, como yo, así le vieron coincidirán conmigo en que se hacía difícil iniciar la conversación, porque no daba pie para ello. Supongo, naturalmente, que cuando se trataba de visitas con fines más concretos, más importantes, no sucedería lo mismo. Pero hete aquí que yo iba, sencillamente a entregarle un libro, y un libro, además, sobre cine. Pensé que debía motivar las razones y le dije:

— Excelencia, en este Diccionario del Cine Español aparece Vuestra Excelencia con todo derecho. Como guionista de Raza, cuyo argumento escribió con el seudónimo de “Jaime de Andrade”, pero también como actor…

Me miraba en silencio, sin mover un músculo. Tenía el rostro con un saludable color moreno; las sienes y el bigotillo, plateados; muy pocas arrugas. Y no hablaba.

— Vea, Excelencia, lo que me he permitido incluir en el libro acerca de sus contactos con el cine…

Le mostré la página donde venía su párrafo: “S.E. el Jefe del Estado aparece en este Diccionario por derecho específicamente cinematográfico, como autor del argumento de la película Raza, que firmó con el seudónimo de «Jaime de Andrade» y que realizaría con gran éxito José Luis Sáenz de Heredia en 1942. El mismo director recogería en Franco, ese hombre (1964) una entrevista con el Caudillo, que había aparecido ya en 1926, cuando era tan sólo un joven y prestigioso jefe del Ejército español, junto con otras varias personalidades de la época, en el film de Gómez Hidalgo La malcasada…”

— Yo he visto esa película muda —le dije—. Su Excelencia está muy joven…

Y al tiempo que lo decía, pensé que el comentario constituía una soberana estupidez: ¡cómo no iba a estar joven si tenía entonces treinta y tres años! Franco bisbiseó:

— Fue muy divertido…

— He pensado que a Su Excelencia le gustará, quizá, ojear este libro, porque me consta su afición al cine… — La primera frase del Caudillo en la conversación había estimulado mi capacidad dialéctica.

— Es un medio de difusión importantísimo en todos los órdenes…

Entonces, mantuvimos un diálogo de cinco o seis minutos sobre cine, sobre películas, sobre la trascendencia social del que llaman “séptimo arte”. Hablaba yo mucho más que Franco, que ponía a mis frases un comentario corto y, por cierto, siempre certero. No había sonreído todavía una sola vez. Y yo estaba recordando lo que cuenta mi suegra de aquel Franquito que ella conoció en La Coruña, en el verano de 1918. Y que, según siempre dice, era alegre, muy hablador, muy sonriente. Y muy bailón. Sí; aunque el dato humano ha escapado incluso a la minuciosidad biográfica de Ricardo de la Cierva, hete aquí que el comandante Franco era gran aficionado al baile. La información era directa. Y por eso, ya de pie, despidiéndome del Jefe del Estado, le dije:

— Mi suegra me ha encargado especialmente que le salude con mucho cariño. Naturalmente, Su Excelencia no la recordará; se llama Maruca. Maruca de la Fuente. Hace muchos años eran ustedes amigos, en La Coruña…

— Bailábamos mucho…

Fue una respuesta inmediata, segura, que me desconcertó.

Cincuenta años después, cincuenta años durante los que nunca más habían tenido la menor relación, Franco recordaba por su nombre el detalle de que bailaba con aquella señorita coruñesa y con sus amigas. Era otra demostración más de su prodigiosa memoria, tantas veces resaltada por sus biógrafos.

Casa Loja esperaba a la salida; me disculpé por haber abusado, quizá, del tiempo previsto. Eran más de las tres.

— No se preocupe —me tranquilizó el jefe de la Casa Civil—. Hoy no hemos terminado muy tarde; hay miércoles que las audiencias acaban pasadas las cuatro.

Camino de Madrid, llevaba encima, como una obsesión, la mirada de Franco y la impresión de su indescifrable personalidad, que acogotaba, que embarazaba, que desasosegaba al visitante. He conocido a muchos personajes ilustres de la más variada condición; a gentes de prosapia, de categoría universal, de rango humano superlativo. Solamente dos me han anonadado literalmente: Pío XII y Franco. Solamente ante estos dos he sentido la angustia de verme sin reflejos, empequeñecido, dominado de una manera absoluta. Y en los dos, la misma nota determinante: sus ojos, su mirada…

Fernando Vizcaíno Casas

Nota: El querido Don Fernando, hombre del 23-F si los hay, cumple años hoy. Brindamos por él, y rezamos también por su alma. Que el Buen Dios lo haya encontrado digno de estar para siempre a su lado.