jueves, 11 de diciembre de 2008

Precisiones


NOSOTROS,
LOS OBSESIVOS

Dicen los manuales de psicopatología —y lo corrobora la experiencia clínica— que uno de los trastornos obsesivos más frecuentes consiste en buscar compulsivamente la simetría exacta, la repetición mecánica de un acto determinada cantidad de veces, el cálculo en todo buscando la cifra tranquilizadora. Consiste, en fin, tal complejo y drástico cuadro mórbido en reducir a la aritmética y las ecuaciones toda, absolutamente toda la realidad.

Este pseudo orden, compulsivo por cierto, al que se siente obligado el sujeto, pasa por la prolijidad cuantitativa y la omnipresencia de los dígitos que todo lo nivelan. No es un invento nuestro: el rito cuantofrénico es un síntoma severo que termina atentando gravemente contra la salud del paciente.

Curioso, pues, que combatido en el campo de la salud mental —porque bien se sabe de su nocividad— se haya entronizado en el ámbito cultural y político. Hasta el punto de que, por momentos, este omnicalculismo vertiginoso que desprecia la calidad y absolutiza lo contable, parece heredarse como un bagaje genético que se lleva hasta en los tuétanos. “Satán en la ciudad”, tal es la descripción que alguien dio del imperio frío, anónimo e impersonal de los números en los pueblos.

Sin dudas que es recomendable menos ecuaciones y más poesía. Pero, en definitiva, ¿qué pueden y qué no pueden los números? Pueden convertirnos en dóciles colaboradores del próximo censo demográfico y del plan de viviendas, pero no pueden captar el calor prometedor de los hogares cristianos. Pueden ubicar cronológicamente a los mártires, pero no pueden honrar su sangre con el buen combate. Pueden medir la audición, pero no recibir el don de la fe. Para lo primero se necesita una orden médica, para lo segundo, estar de rodillas y con las manos juntas.

Pueden darnos la hora, pero no hacernos comenzar la jornada de cara a la eternidad. Pueden medir el tiempo, pero no anhelar la eternidad. Y mucho menos salir a conquistarla. De los héroes, pueden darnos el talle, pero no la talla. Pueden conformar un presupuesto, pero no saben agradecer el pan de cada día. Pueden calcular los infectados por el sida, pero no pueden enseñar la virtud de la templanza. Pueden manejar un índice, pero no llenar un estómago.

Que nadie se confunda. No tenemos nada contra los números, sí contra la numerolatría.
En materia moral, las encuestas arrojan cuál es la opinión más frecuente; pero ninguna encuesta puede dictaminar la verdad. Los números se han convertido en esa fuerza misteriosa que todo lo decide y todo lo legitima. ¿No serán los números desquiciados una excelente herramienta de las ideologías?

No es el sistema métrico sino la profundidad de las heridas la que jerarquiza los amores. No es el almanaque sino la esperanza la que nos mantiene la mirada puesta en el nuevo amanecer. Para los aficionados a los números se inventó la quiniela, no la política. Lo que está pendiente en nuestra Patria no es “la 125” sino el reinado social de Cristo.

Vaya nuestra admiración a los que conservan el sano desprecio por las estadísticas, los pronósticos y las encuestas. A todos los que no cifran la política en ser más, sino en ser mejores. A los que no piden el voto, sino los brazos, el coraje y el cansancio. Y vaya nuestra gratitud al hombre eterno que siempre supo que el Rey de la Historia no es el 666 sino Dios Nuestro Señor.

Jordán Abud

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Hoy que derriban las cruces


BRILLEN
DE NUEVO
LAS LUCES

Ya se promociona, en cuanta sentina farandulesca se quiera verla, el espectáculo (?) “Bendito Total, un varieté XXL”, protagonizado por un mórbido obeso que se hace llamar “La Tota”, el cual planea estrenar su obra (!) en Mar del Plata, el 26 de diciembre venidero.

Mucho podríamos decir: que no se atreverían a montar la carnestolenda con hábitos rabínicos o de un muslim, que clamarían por discriminación los diferentes si ellos fueran los ridiculizados, que idiotas de todo pelaje, en número subido, clamarán por el derecho a la libre expresión ante esta bellaquería.

Pero resumámoslo todo en esto, con frase del Apóstol de los Gentiles: De Dios nadie se burla. Veremos si en Mar del Plata, ciudad bañada en la luz de la Stella Maris, sus hijos fieles serán mudos testigos del ultraje a la Esposa en plena Octava de la Natividad.

martes, 9 de diciembre de 2008

Guiones de estilo


AVANZAR

Para qué explicar lo que es ya un hecho evidente: en la Argentina de hoy se agravia a Dios, se profana la Fe, se ofende la moral, se desprestigia sistemáticamente a las instituciones fundamentales. Lo sabemos de sobra aunque la propaganda oficial no lo sugiera.

Para qué insistir en lo que es innegable: la Nación está subvertida, y en manos de sus enemigos esenciales que la desfiguran y despojan a la vista de todos. Conocemos perfectamente sus nombres y sus rostros. Ayer se especializaban en defender guerrilleros o practicaban el terrorismo, amnistiaban a los prisioneros marxistas o reconocían no tener soluciones. Nos acordamos de todo esto y mucho más a pesar de los “usted sabe” lavadores de cerebros que soportamos de rato en rato.

Para qué describir el cuadro de situación imperante: el sometimiento al imperialismo internacional del dinero, el resquebrajamiento social, la pobreza y desempleo de un gran número de conciudadanos, las claudicaciones diplomáticas y de las otras, la inseguridad pública cada vez más notoria, los métodos totalitarios como recurso de gobierno, la inmundicia metida en todas partes usurpando el nombre de cultura, la parodia electoralista, el caos generalizado, la complicidad disfrazada de oposición solventada por el oficialismo. Sí, tenemos conciencia clara de todo cuanto ocurre. Ya están “arriba los de abajo” como piden los ascensoristas del Régimen. Ciertamente ya están arriba los mediocres, los inferiores e ineptos, los babosos reptantes de los subsuelos democráticos. Ya están arriba los responsables de todas las bajezas.

Para qué demorarnos asimismo en puntualizar las traiciones que podemos ver a cada momento. Recitaron el preámbulo hasta gastarlo, pero no se ha “constituido la unión nacional” y sí se ha desmembrado el territorio, se ha fomentado el odio hacia sectores sociales e institucionales específicos, se han tolerado las iniciativas de segregación provincial.

La “justicia” que se ha “afianzado” es la de la Fiscalía más canallesca que registren nuestros anales; la “paz interior consolidada” es la del mayor número de delitos y depravaciones sucedidos y reconocidos públicamente…

La “defensa común provista” es el desmantelamiento sistemático de las Fuerzas Armadas y de Seguridad; el “bienestar general promovido” es el de nuestros expoliadores y adversarios, pero no el del hombre común; los “beneficios de la libertad asegurados” son el permisivismo más inaudito para que cualquier inmoral piense, diga, haga, muestre y publique la porquería que se le ocurra. Es que recitaron el preámbulo pero evitaron siempre, cuidadosamente, invocar la protección de Dios Nuestro Señor.

Pero ya lo hemos dicho. No queremos ocuparnos de lo que a todos nos consta y es obvio. No queremos dedicarle más tiempo a quienes sólo merecen nuestro desprecio y conmiseración.

Es mucho más importante establecer nuestra conducta: vamos, sí, a definir lo que nos corresponde. Y por eso vamos a reiterar la misión que nos cabe y el hacer en que debemos empeñarnos.

Lo primero, ante todo, es formarnos en el conocimiento y en el servicio de la auténtica doctrina, la del Nacionalismo Católico.

Porque son muchos los que hoy usufructúan el adjetivo nacionalista, pero para nosotros, debe ser algo sustancial y sustantivo. El conocimiento y el servicio a la Verdad nos dará la fuerza y la libertad para actuar y decidir; será en definitiva la acción más duradera de todas cuantas emprendamos, el legado más valioso que podamos dejarle en herencia a nuestra Patria.

También, fortalecernos espiritualmente con la práctica viril de nuestra Santa Religión. No hay Argentina restaurada sin soberanía de Cristo, pero no hay posibilidades de emprender el rescate con almas sin Fe apasionada, sin arrebato y exaltación cristiana, sin coherencia entre la prédica y la vida. Para dar lo que se tiene hay que tener lo que se debe dar.

Renunciar al escepticismo, a la desesperanza, al cansancio, al individualismo estéril, a la holgazanería y al miedo. Es fácil y cómodo el combate cuando se tienen armas y el enemigo está doblegado. Lo verdaderamente heroico consiste en enfrentarse porque corresponde, sin calcular las fuerzas y las diferencias. Estamos, como Martín Fierro, para esperar “que vayan saliendo” sin preguntarnos cuántos son. Lo que necesitamos son milicianos como el Sargento Cruz que se encuadren orgánicamente en nuestro apoyo.

Organizarnos para ser más eficientes, para actuar más y mejor, para estar en condiciones de responder al desorden con disciplina, al hedonismo con austeridad, a la inconducta con el ejemplo. No somos la imaginación al poder. El Nacionalismo es la Inteligencia de la Patria: ése es su poder y debe hacerlo sentir aunque pretendan evitarlo.

Encolumnarnos con sencillez, jerárquicamente. No nos hacen ningún bien los ambiciosos y soberbios, los envanecidos que creen haber nacido para mandar sin haber jamás obedecido. Es preciso obedecer para llegar a mandar; cumplir, cumplir perseverantemente hasta la más imperceptible y deslucida de las acciones, porque ninguna de ellas es anónima a los ojos de Dios, porque todas ellas nos hacen falta. Iniciativas, órdenes y mando; pero también sujeción, acatamiento y trabajo.

Desasimiento de apegos desordenados. Sin una Nación Soberana no seremos dueños de nada, sin el Bien Común asegurado durará muy poco el refugio ensimismado o la evasión simulada. Necesitamos darlo y darnos todo porque se trata de un momento excepcional y urge responder con estilo excepcional (…)

Disponernos a resistir el mal, a fortalecernos en camaradería sincera, en acuartelamiento de corazones y de brazos. Que no se acerquen ni ingresen a nuestras filas los especialistas en el rumor o la maledicencia, los acomplejados o enfermos de figuración, los verborrágicos, frívolos, snobistas y demás aparatos. Porque para ellos existen decenas de partidos políticos o hasta pueden inventar uno propio donde hacer carrera sin excluir la probabilidad presidencial.

Queremos, en suma, ser capaces de movilizarnos. Movilizarnos para defender a Dios y a la Patria, para no darle tregua a los conjurados contra la argentinidad, para desbaratar sus planes, para no consentir sus enredos. Movilizarnos, pero estar siempre en la misma cumbre, en el testimonio indoblegable de la Verdad.

Nosotros no renunciamos. No desertamos ni abandonamos el compromiso. Tampoco fomentamos supuestas disidencias para justificar ambiciones personales o grupales. Nosotros queremos cargar la Cruz sobre los hombros para clavarla erguida, firme, alta, en el paisaje intacto de la Patria.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ave María Purísima


DIOS TE SALVE, MARÍA

Con todo el cariño y devoción con que un hijo se dirige a su madre, te saludamos, María, pidiéndote que en estos momentos tan difíciles que vive nuestra Patria ayudes a su pueblo y a sus gobernantes.

Ni en la tierra, ni en los cielos, ha habido ni habrá una pura criatura más excelsa que Tú. Al mismo Dios le fue necesario tu Sí para enviarnos al Redentor.

Desde que Colón pisó estas tierras, tu nombre fue invocado en todo lugar de Hispanoamérica y en tus preferencias uniste al indio y al evangelizador español. Por eso Guadalupe, por eso Luján.

Liniers te convocó para expulsar al invasor y, como testimonio, a tus pies se guardan sus pendones en la Basílica de Santo Domingo.

Belgrano y San Martín te ofrecieron sus triunfos y te nombraron su Capitana. Nuestros soldados defendieron nuestra libertad y nuestros derechos luciéndote en sus pechos con el escapulario del Carmen o el Rosario con que te invocaban. Así en Salta, en Maipú o en las Malvinas.

Ayer, la adhesión argentina a la definición del Dogma de tu Inmaculada Concepción y su consagración como Nación a tu Divino Corazón. Hoy, tus procesiones y fiestas. Toda una tradición mariana.

Nuestra Constitución reconoce como propia la religión de tu Hijo e indica que el Presidente de la República deberá profesarla y promoverla entre los indios, para su conversión.

No hay pueblo, no hay lugar en toda la extensión de nuestro territorio, desde los Andes hasta las playas atlánticas, donde tu Santo Nombre no sea venerado.

No permitas, por eso, que a nuestra Patria lleguen la blasfemia y el odio hacia Ti escondidos en la cínica invocación de tu nombre. Por todo esto, para que nos enseñes tu paciencia y tu fortaleza, no nos cansaremos de invocarte y rogarte que nos protejas, que nos cobijes bajo tu manto de Madre, que te acuerdes de esta Patria que es Tuya:

DIOS TE SALVE, MARÍA.

Nota: Publicado en diciembre de 1985, segunda época, año X, nº 95.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Lecturas dominicales


DE LA INMACULADA
CONCEPCIÓN DE MARÍA

PUNTO I. En primer lugar, convino al eterno Padre exceptuar a María de la mancha original, porque era Hija suya, e Hija primogénita, como ella misma lo atestigua: “Yo salí de la boca del Altísimo engendrada antes de toda criatura”; cuyo texto aplican a María los sagrados intérpretes, los Santos Padres y la misma Iglesia, particularmente en la solemnidad de la Concepción.

En efecto, ya sea primogénita en cuanto fue predestinada junto con el Hijo en los divinos decretos antes que todas las criaturas, como pretende la escuela de los Escotistas, ya sea primogénita de la gracia, como predestinada para Madre del Redentor después de la previsión del pecado, como quiere la escuela de los Tomistas, sin embargo todos están acordes en llamarla la primogénita de Dios (…)

Sentado esto, replica San Anselmo, el gran defensor de la Concepción Inmaculada de María, diciendo: “¿Por ventura no pudo la divina Sabiduría preparar a su Hijo una habitación pura, a fin de preservarlo de toda mancha del género humano? Dios pudo conservar —prosigue el mismo Santo— ilesos a los ángeles del cielo en la caída de tantos otros, ¿y no pudo preservar a la Madre de su Hijo y a la Reina de los ángeles de la común caída de los hombres?” Pudo Dios, añado yo, conceder a Eva la gracia de nacer sin mancha, ¿y no pudo hacerla después a María?

¡Ah!, no; Dios pudo muy bien hacerlo, y lo hizo, pues bajo todos conceptos convenía, como dice el mismo San Anselmo, que aquella Virgen a quien Dios había determinado dar a su único Hijo estuviese adornada de tal pureza que no sólo excediese a la de todos los hombres y de todos los ángeles, sino que fuese la mayor que después de la de Dios pudiera imaginarse. Más claramente aún se expresa San Juan Damasceno diciendo: “Conservó el alma de María y asimismo su cuerpo, según correspondía a la que había de llevar en su seno al mismo Dios, que siendo santo descansa en los Santos”. Por lo que el Padre Eterno bien pudo decir a su querida Hija: “Hija, entre todas mis demás hijas tú eres como el lirio entre las espinas, pues si ellas están manchadas del pecado, tú fuiste siempre inmaculada y siempre mi amiga”.

PUNTO II. En segundo lugar convino al Hijo preservar a María de la culpa como a Madre suya. A ninguno de los demás hijos le ha sido concedida la facultad de escogerse la madre que les plazca; pero si alguna vez se concediese esta elección a alguno de ellos, ¿quién habría que pudiendo tener por madre a una Reina la eligiese esclava, pudiendo tenerla de elevada estirpe, la quisiese villana, pudiendo tenerla amiga de Dios, la prefiriese enemiga?

Si solamente, pues, el Hijo de Dios pudo escoger a su gusto la madre, no hay duda, dice San Bernardo, que la elegiría tal como convenía a un Dios. Y siendo decoroso a un Dios purísimo tener una Madre exenta de toda culpa, tal se la eligió, como afirma San Bernardino de Sena; a lo que alude lo que escribió el Apóstol: “Tal convenía que fuese nuestro Pontífice santo, inocente, inmaculado, segregado de los pecadores, etc.”. Un sabio autor observa que, según San Pablo, fue conveniente que nuestro Redentor no sólo fuese exento de pecado, sino también separado de los pecadores, como lo explica Santo Tomás. Mas ¿cómo pudiera decirse que Jesucristo se halla segregado de los pecadores, si hubiese tenido una madre pecadora? (…)

Admitido, pues, que María fue digna Madre de Dios, ¿qué excelencia, dice Santo Tomás de Villanueva, y qué perfección puede dejar de convenirle? El mismo Doctor Angélico enseña que cuando Dios elige a alguno para una dignidad, le hace también idóneo para la misma; por lo que dice que habiendo elegido Dios a María para Madre suya, la hizo ciertamente también digna con su gracia; de lo que deduce el Santo que la Virgen jamás cometió ningún pecado actual ni aun venial; de otro modo, dice, no hubiera sido digna Madre de Jesucristo, pues la ignominia de la Madre hubiera recaído en el Hijo, habiendo tenido a una pecadora por Madre. Si María, pues, cometiendo un solo pecado venial, que no priva al alma de la divina gracia, no hubiera sido digna Madre de Dios, ¿cuánto menos si hubiese sido rea de la culpa original, la cual la hubiera hecho enemiga de Dios y esclava del demonio? (…)

PUNTO III. Si convino, pues, al Padre preservar del pecado a María como a Hija suya, y al Hijo como a su Madre, también convino al Espíritu Santo preservarla como a Esposa suya. María, dice San Agustín, fue la única que mereció ser llamada Madre y Esposa de Dios, “pues San Anselmo afirma que el Espíritu Santo descendió corporalmente en María, y colmándola de gracias sobre todas las criaturas descansó en Ella, e hizo a su Esposa Reina del cielo y de la tierra” (…)

Finalmente, los motivos que garantizan la verdad de esta piadosa sentencia son dos: el primero, el consentimiento universal de los fieles sobre este punto. El Padre Gil de la Presentación atestigua que todas las órdenes religiosas son de este dictamen, y un autor moderno de la misma Orden de Santo Domingo dice que aun cuando haya noventa y dos escritores que sostienen la opinión contraria, ciento treinta y seis profesan la nuestra.

Pero lo que sobre todo debe persuadirnos que nuestra piadosa opinión se halla conforme con el común sentir de los católicos, es lo que el Papa Alejandro VII nos atestigua en su célebre bula, “La solicitud de todas las iglesias”, expedida a fines del año 1661, en la que se dice: “Tomó nuevo aumento y se propagó esta devoción y culto de la Madre de Dios... de manera que habiendo adoptado esta opinión, las universidades ya la siguen, y casi todos los católicos la han abrazado”. En efecto, la profesan las academias de la Sorbona, de Alcalá, de Salamanca, de Coimbra, de Colonia, de Maguncia, de Nápoles y otras muchas, en las cuales todos los que se gradúan se obligan con juramento a defender la Inmaculada Concepción de María. De este argumento (…) se vale sobre todo el docto Petavio para probar esta opinión, argumento que (…) no puede dejar de convencer, porque si verdaderamente el común consentimiento de los fieles nos asegura de la santificación de María en el seno de su madre y de su gloriosa Asunción al cielo en alma y cuerpo, ¿por qué esta común opinión de los fieles no nos asegura también de su Concepción Inmaculada?

El otro motivo, más fuerte aún que el primero, que nos hace creer que la Virgen estuvo exenta del pecado original, es la fiesta que la Iglesia universal ha establecido en celebración de su Concepción Inmaculada, sobre lo que por un lado veo que la Iglesia celebra el primer instante en que fue criada el alma de María y unida al cuerpo, como declara Alejandro VII en la bula que se ha citado, en la cual se dice que la Iglesia tributa a la Concepción de María el mismo culto que la piadosa opinión, según la cual fue concebida sin la culpa original. Por otra parte, no ignora que la Iglesia no puede celebrar lo que no sea santo, según los oráculos de San León Papa y de San Eusebio Obispo: “En la Sede Apostólica siempre se ha conservado la Religión apostólica sin mancha”; como enseñan todos los teólogos con San Agustín, San Bernardo, Santo Tomás, el cual, para probar que María fue santificada antes de nacer, se sirve precisamente de este argumento, esto es, de la celebración que hace la Iglesia de su nacimiento, y por esto dice: “La Iglesia celebra la Natividad de la bienaventurada Virgen; es así que no se celebra fiesta en la iglesia sino por algún Santo; luego, la bienaventurada Virgen fue santificada en el vientre de su madre. Si es cierto, pues, como dice el Doctor Angélico, que María fue santificada en el vientre de su madre, pues la Iglesia santa celebra su nacimiento, ¿por qué no hemos de tener también por cierto que María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su Concepción, ya que sabemos que en este sentido la misma Iglesia celebra su fiesta?”

San Alfonso María de Ligorio

sábado, 6 de diciembre de 2008

Diálogos (IM)pertinentes


LA IZQUIERDA
EN LA ARGENTINA

— El Discípulo: Maestro, el mes pasado un grupo grande de intelectuales de izquierda publicó unas cartas abiertas en las que puso de manifiesto su adhesión a los Presidentes Kirchner.

— El Maestro: En efecto, y creo que eso nos da un espléndido pie para hablar de la situación de la izquierda en el mundo y en la Argentina.

— El Discípulo: ¿Por dónde comenzaremos?

— El Maestro: Vayamos de lo particular a lo general. Y veamos el caso tan singular de nuestros izquierdistas, que se suman a una causa perdida y defienden a un gobierno en estado comatoso.

— El Discípulo: Eso ¿no habla bien de ellos? Por aquello del quijotismo y las causas perdidas…

— El Maestro: Pero en cualquier caso hay que examinar sus razones. Lo quijotesco de una causa no garantiza su acierto, ni su seriedad.

— El Discípulo: Maestro, leo en las cartas de los intelectuales que se sienten solidarios con tres cosas del gobierno de la familia Kirchner: con la política de redistribución de ingresos, con la promesa de regular mejor que hasta hoy los medios de difusión y con aquello que ellos llaman “su política de derechos humanos”.

— El Maestro: En efecto. Veamos pues, ante todo, qué hay de cierto en estas afirmaciones. Primero, la política económica del gobierno. Es de todo punto de vista evidente la fragilidad de la estrategia económica hoy en curso. Se funda en dos cosas: primero, utilizar dispendiosamente, en subsidios, los altos ingresos que “los términos del intercambio” hoy le aseguran. Segundo, estar muy atentos a la coyuntura, al día a día.

— El Discípulo: ¿Y cómo se verifica eso, Maestro?

— El Maestro: Muy sencillo. Una política, unas políticas que vayan a lo estructural, a resolver los problemas de fondo del país, delinean necesariamente un modelo, es decir un tejido de soluciones unificadas por un propósito esencial. Que se cumpla bien o mal ese propósito, es otro problema. Pero si hay políticas constantes y esas políticas tienen un centro común, se puede hablar de un modelo económico. No hay posibilidad de deducir modelo alguno en el accionar de los Kirchner, por lo pronto, porque no hay políticas establecidas.
Bien a las claras se vio en el conflicto con el campo. Comenzó con unas retenciones que no obedecían a otra cosa que a un objetivo fiscal, recaudar más dinero. Ya avanzado el litigio se inventaron unos destinos para los fondos a recaudar, pero esos destinos, por muy “sociales” que fueran (viviendas, caminos, hospitales) no estaban vinculados a ningún objetivo de política permanente. Todo era improvisación, medidas coyunturales, marchas y contramarchas.
Lo mismo que pasó con el campo sucedería con cualquier item de la política económica. O sea, no hay políticas establecidas, no hay propósito central, no hay modelo kirchnerista. Lo de la redistribución del ingreso sería importante si ese fuera el tema central de la política kichnerista. No lo es, porque no hay tal tema central. Ni ese ni ninguno.

— El Discípulo: Y las subvenciones ¿no serían una forma de redistribución?

— El Maestro: Eso es lo que intentan hacernos creer los Kirchner. Pero los subsidios van mayoritariamente a empresas.

— El Discípulo: ¿Pero los pobres no se benefician, en definitiva, de un pasaje de tren y de ómnibus barato, de la leche barata, etc.?

— El Maestro: Eso es redistribución a lo picapiedras, a lo bruto. Se benefician pobres y ricos, pero tienen que viajar como ganado y provocan la quiebra de la industria láctea.

— El Discípulo: A pesar de todo, Maestro, algo de redistribución ha habido.

— El Maestro: Allí tropezamos con el primer gran “katéjon” de los Kirchner: la mentira.

— El Discípulo: ¿Qué es “katéjon”, Maestro?

— El Maestro: Una palabra que introdujo Castellani, tomándola del Apocalipsis: obstáculo. Yo sostengo que aunque pudiera decirse algo bueno de los Kirchner, lo impiden tres grandes obstáculos: la mentira, la corrupción y la violencia patotera. No se trata de construcciones ideológicas, son hechos verificables. La principal cara de la mentira es el INDEC, la principal cara de la corrupción son los fondos de Santa Cruz y la principal cara de la patota es Moreno. Hay evidencias sobradas de que el INDEC se ha convertido en una fábrica de mentiras.
En consecuencia, todos los datos estadísticos referidos a este gobierno son objetables e inseguros. ¿Ha habido algo de redistribución? Muy poca cosa, según todos los indicios. Algo, según el INDEC. Pero no le creemos, no le podemos creer. Y en todo caso, seguiría siendo un dato coyuntural, ya que la redistribución no es el centro de una política estructural.

— El Discípulo: ¿En cuanto a la regulación de los medios de difusión?

— El Maestro: Los mismos intelectuales reconocen que es algo aún no cumplido. No se puede fundar un apoyo en promesas de alguien que se ha caracterizado por no cumplirlas. No hay más que ojear la síntesis de cien promesas incumplidas por Néstor Kirchner que ha hecho el diario “Perfil” en su edición digital.

— El Discípulo: ¿Y la política de derechos humanos?

— El Maestro: Allí hay que decir dos cosas. La primera es que —por lo visto— estos intelectuales de izquierda, adeptos a las visiones críticas, no se han preguntado si esa política obedece a convicciones profundas de los Kirchner o a un vulgar oportunismo.
Veamos: los Kirchner estuvieron unos siete años en Santa Cruz actuando como abogados. Y luego actuaron veinte años como políticos, ocupando él los cargos de Intendente de Río Gallegos y Gobernador de la provincia y ella los de Diputada provincial y Diputada y Senadora Nacional.
En esas dos etapas decisivas de su vida, jamás —lo que se dice jamás— hicieron, escribieron o peticionaron algo relacionado con los derechos humanos o sus “derecho habientes”, los terroristas.
¿No es curioso? A los cincuenta años, cuando el azar y el dedo de Duhalde lo hacen Presidente, el Doctor Néstor Kirchner se despierta de su letargo, cual Blancanieves besada por el Príncipe, y descubre los “derechos humanos”, los “jóvenes idealistas” y a sus madres, sus abuelas y sus hijos. ¿Es abusivo llamar a esto el más crudo y vulgar oportunismo?

— El Discípulo: ¿Y la segunda cosa a este respecto?

— El Maestro: Eso que se llama “política de Derechos Humanos” del matrimonio Kirchner consiste en uno de los espectáculos más miserables y degradantes que se han visto en la Argentina, que comienza —como todo en los Kirchner— con el doble sello de la mentira y el dinero. No hay treinta mil desaparecidos y sí hay abundantes transferencia de fondos a los familiares de los siete mil y pico que en verdad hubo.

— El Discípulo: Maestro, pero… ¿y las desapariciones?

— El Maestro: A fines de los años cincuenta llega a la Argentina la guerra revolucionaria que es la táctica marxista revisada por Lenín, la cual reemplaza la huelga general como arma proletaria por la guerra. Desde 1959 hasta 1976 se van formando los ejércitos privados (por ejemplo, el Ejército Revolucionario del Pueblo) que hacen esa guerra. Para entenderla hay que analizarla toda, en su conjunto, cosa que no podemos hacer aquí. Pero sí podemos señalar que en todos esos años hay tres terrorismos en acción, poniéndonos en la perspectiva revolucionaria: el terrorismo de los terroristas, el terrorismo de Estado del gobierno peronista de 1973-76 y el terrorismo de Estado de los militares (1976-78). No me interesa ahora discutir si están bien o mal aplicados estos nombres. Entremos en su juego y digamos que hubo tres terrorismos. Pues bien, el Estado argentino ha optado por perseguir sólo a uno, destrozando el principio de igualdad ante la ley.

— El Discípulo: Maestro, ellos dicen que el Estado está para proteger a los ciudadanos y que su terrorismo es más grave que el de los particulares.

— El Maestro: A efectos polémicos, aceptémoslo. Y ya es mucho aceptar. Pero de esta primera proposición – es más grave uno que el otro – pasamos a una segunda: el terrorismo de los terroristas no es punible y a una tercera: no hubo terrorismo de los terroristas. Estos eran “idealistas” que luchaban para imponer la democracia. No sólo no se los castiga, sino que se los premia con colegios y calles que llevan sus nombres y con abundantes remuneraciones a sus parientes. Esto es un escándalo con el apoyo de innumerables juristas —incluyendo a la Suprema Corte— una enormidad que clama al cielo.

— El Discípulo: Maestro, volvamos a los intelectuales de izquierda.

— El Maestro: Que han perdido la dimensión ética que tuvo el socialismo original y se han convertido en socios de unos personajes que abusan de los que hoy tienen menos poder que ellos. El tercer katéjon de los Kirchner, el patoterismo. Así, los intelectuales de izquierda han sucumbido a los tres obstáculos. De la mentira y la corrupción son cómplices por el silencio, del patoterismo son cómplices activos porque uno de ellos —Horacio Verbitsky— es el autor intelectual de eso que ahora ellos llaman “política de derechos humanos” y que no es otra cosa que la venganza patoteril contra los que los vencieron en la guerra. Sin importarles para ello destruir el orden jurídico argentino. Todo ello muestra la orfandad de la izquierda, que tiene que tragarse unos sapos enormes para conseguir la venganza contra los militares que derrotaron su intento de conquista del poder en 1959-1978.


LA IZQUIERDA EN EL MUNDO

— El Discípulo: Esa actuación de la izquierda en la Argentina ¿es reflejo de lo que pasa con la izquierda en el mundo?

— El Maestro: La cuestión exige ciertas precisiones. Tenemos que saltar al origen de la izquierda. Que es la Revolución Francesa y los que se sentaban a la izquierda del hemiciclo de la Asamblea Nacional: el partido llamado “jacobino”.

— El Discípulo: ¿Y cómo se caracterizaba esa primera izquierda?

— El Maestro: En un principio por dos cosas: Primero, la izquierda era “más revolucionaria”, quería cambios más rápidos y profundos que la derecha. Segundo: representaba el ethos de los intelectuales, de los hombres formados por y en la ilustración.

— El Discípulo: Maestro ¿qué se entiende por “ethos”?

— El Maestro: Se parte de la base de que determinados tipos humanos ven la realidad a partir de ciertos supuestos y desarrollan un conjunto de percepciones y valoraciones de la realidad. Ese conjunto es el “ethos”. Los intelectuales ven al mundo de tal y cual manera y en consecuencia valoran esto más que otro. Por ejemplo, valoran la libertad de expresión más que el común de los mortales porque hace a su oficio, la difusión de ideas. Los comerciantes, a su vez, observan el mundo a partir de tales o cuales parámetros y por ello valoran más la libertad (sobre todo la de comercio) que otros.

— El Discípulo: Pero no todos los intelectuales piensan igual ni todos los comerciantes perciben igual el mundo.

— El Maestro: Por cierto que no, pero mayoritariamente sí y eso tiñe, de alguna manera, las actitudes del grupo. Se trata siempre de conceptos aproximativos que sirven de guía pero no hay que tomarlos literalmente ni como verdades del tipo de las “ciencias duras” como la física y la química.

— El Discípulo: Bien, sigamos con la izquierda.

— El Maestro: Recordemos primero que la derecha en ese primer momento se caracteriza más que nada por cierta moderación. Por eso la radicalización de la Revolución —el Terror— la protagonizará la izquierda. Primera curiosa paradoja: si existe algo que pueda llamarse “terrorismo de Estado” es un invento de la izquierda, que creó el terror de la guillotina y lo prolongará, como veremos, en el tiempo.
Por eso es divertido —digamos— ver a los militantes de la izquierda marxista llenarse la boca condenando el terrorismo de Estado en la Argentina —invento de ellos— y acusando a sus enemigos de genocidio —invento también de ellos— en La Vendée, la región católica de Francia que asolaron.

— El Discípulo: ¿Y luego?

— El Maestro: Vamos a esbozar una hipótesis. Ha habido tres izquierdas. La primera es la del siglo XIX, segunda la del XX y tercera la del XXI.
Comencemos por la primera. La del siglo XIX agrega a lo dicho antes dos caracteres: el descubrimiento de los pobres y la incorporación de la ideología. Recordarás que la pre-izquierda, la de la Revolución Francesa, se caracterizaba por dos cosas: era más revolucionaria que la derecha y estaba integrada por intelectuales.
En el nuevo siglo, cuando la Revolución Industrial ha creado las masas urbanas proletarias, la izquierda descubre su ejército, porque los intelectuales eran —en esa época— muy pocos. La izquierda descubre que la clave está en asumir —o por lo menos, decir que asumía— todos los anhelos de los pobres y los desheredados de la tierra. Desde entonces, “obreros y estudiantes” es una consigna básica de la zurda.
Todo esto encontrará su expresión ideológica en el marxismo que pretenderá ser un socialismo (nueva denominación de la izquierda) nada menos que científico.
Todas las personas que no han perdido la cabeza se ríen de esta ridícula pretensión de Marx y de sus supuestos remedios. La historia es leída por él en términos de pobres y ricos, que siempre han luchado y esa lucha tiene un misterioso componente que la hace significativa hasta el punto que su final, la supresión de los ricos, representará la culminación de la historia humana. Semejante colección de idioteces es el meollo de la interpretación marxista de la historia. Lo asombroso es que alguien haya podido tomarla en serio.
Los intelectuales de izquierda, que son la izquierda, recorren el siglo XIX europeo incorporando proletarios a su causa y desarrollando toda la mitología marxista.
Esa primera etapa debe caracterizarse cómo La izquierda se configura. Participa en todas las revoluciones importantes: Francia, 1830 y 1870 y Europa 1848. Pero a fines de siglo el balance no es positivo (como el voto de Cobos). No han conseguido la adhesión más que de una parte del proletariado y los hechos comienzan a desmentir al marxismo. Los anuncios escatológicos de una pauperización de las masas no se cumplen. La izquierda está enfrentando su primera crisis existencial.

— El Discípulo: ¿Cómo salen de ella?

— El Maestro: La segunda revolución industrial ha acelerado un proceso iniciado en el siglo XVI: el paulatino achicamiento del mundo debido a una revolución en los transportes y las comunicaciones. Ahora en las crecientes ciudades del mundo se difunde la conciencia de un mundo, mientras que antes cada persona tenía conciencia de su país y apenas algo más. El telégrafo difunde las noticias que pasan por las rotativas y llegan a casi todo el planeta, sobre todo en las ciudades. Al mismo tiempo, un Occidente que tiene un doble mensaje cuya incompatibilidad todavía no es manifiesta.

— El Discípulo: No entiendo, maestro.

— El Maestro: A fines del XIX Occidente tiene un doble mensaje: es progresista y es cristiano. Ya comienzan a producirse cortocircuitos entre ambos (las leyes laicas en Francia, el modernismo en la Iglesia) pero todavía no hay ruptura abierta.
La ola de imperialismo de la segunda mitad del siglo XX lleva el progresismo a África, pero también lleva misioneros cristianos. Conciencia de un mundo achicado, difusión mundial de lo que pasa, imperialismo. En esa realidad se inserta el mensaje de Lenín para el siglo XX y la segunda fase de la izquierda.


LA IZQUIERDA DEL SIGLO XX

— El Discípulo: ¿Cómo la llamaría?

— El Maestro: La izquierda toma el poder político y lo pierde. Pero no nos anticipemos. Lenín le presta una muleta al marxismo y lo da vuelta como un guante. Va a realizar la primera mutación del marxismo. Explica que la pauperización de las masas europeas no se produjo porque, gracias al Imperialismo, los ricos europeos pudieron “sobornar” a los pobres del continente. Es una más de las imbecilidades marxistas que pretenden explicar la riqueza europea por la explotación colonial.
Lo que sí importa son las conclusiones que Lenín saca de esa estúpida idea: Primero, el campo de batalla ya no es Europa sino el mundo. Caramba, pero en el mundo no europeo apenas hay industrias, apenas hay proletarios. No importa: Segunda conclusión: la encarnación de la historia ya no es el proletariado sino el partido que tendrá que encuadrar —como los oficiales de un ejército— a una masa de sudorosos campesinos (despreciados, digamos de paso, por Marx) para hacer esa revolución que culminará la Historia humana.

— El Discípulo: Maestro, no perdamos de vista a los intelectuales.

— El Maestro: No, no los perdamos. Mientras todo esto pasaba, el número de intelectuales y su influencia crecían prodigiosamente. Si llamamos “intelectual” simplemente al que no se gana la vida con el esfuerzo de su cuerpo, en los primeros veinte años del siglo XX su número (el de aquellos que trabajan en lo que los economistas llaman el “terciario”) superará —en las naciones ricas— al de los proletarios. Pero han sufrido una dolorosa ruptura: dentro de la izquierda socialista y marxista ha surgido un nuevo grupo que rechaza la idea de revolución y la cambia por la de evolución, democracia, controversia intelectual y no violencia. Se llamarán “social-demócratas”

— El Discípulo: Totalmente opuestos a los revolucionarios extremistas y violentos.

— El Maestro: No, aquí viene una cuestión importantísima, casi diría que la clave de todo el resto. Hay que comenzar por recordar que los hombres no se mueven por razones sino por una confusa mezcla de razones y afinidades emotivas. No nos moviliza sólo la razón sino también el corazón. No solo los conceptos sino los afectos. Una música tanto como un discurso. Las adhesiones a una parcialidad política no son solo (muchas veces ni principalmente) racionales sino también emocionales.

— El Discípulo: Pero ¿eso vale también para los intelectuales? ¿No se caracterizan precisamente por dar predominio al intelecto?

— El Maestro: Error. El intelectual no se caracteriza por lo que imaginas sino porque el intelecto (mejor, las palabras) son el instrumento por el que obtiene poder. Pero el intelectual se moviliza, como cualquier hijo de vecino, por las razones y por las emociones.
Y este va a ser uno de los argumentos que recorre el siglo XX. Los revolucionarios harán toda clase de horrores y de barbaridades, mentirán, traicionarán, robarán y para culminar sus hazañas asesinarán cien millones de personas.
Pues bien, lo asombroso es que durante todo el tiempo en que así obraban el otro sector de la izquierda tomaba, a primera vista, distancia de los revolucionarios e inclusive renunciaba a toda inspiración marxista. De los dientes para afuera. En su corazoncito feminoide, la socialdemocracia suspiraba por la valentía de estos “machos” que tomaron el Palacio de Invierno, que empuñaban las armas (que ellos no se atrevían a tocar), que usaban un look revolucionario. De éstos hay miles de pruebas, pero permíteme recordar sólo dos episodios: primero cuando salió en Francia “El libro negro del comunismo” (en el que se cuentan, más o menos bien, los cien millones de muertos que asesinaron los marxistas-leninistas) hubo una reacción de la izquierda, tanto la revolucionaria como la social demócrata. Los detalles están contados en un libro: “Un pave dans l’histoire” por Padre Rigoulot. Segundo caso: la izquierda social demócrata argentina que se convierte en cómplice de la revolucionaria en los repugnantes procesos a militares, en la exclusión de Patti, en la mentira de los 30.000 desaparecidos, en todo.

— El Discípulo: Bien, Maestro, volvamos a la historia de la izquierda.

— El Maestro: Que en el siglo XX conquista el poder en muchos países por “revoluciones” (en realidad, guerras revolucionarias) y por votos (la social democracia). Pero, claro, la social democracia es la prosa aburrida mientras que las revoluciones son la poesía épica. Se sigue dando esa envidia del aura revolucionaria y la social democracia sigue amando en secreto, vergonzantemente, la mitología de la revolución.
En 1917 se había producido la revolución (guerra revolucionaria) bolchevique en Rusia, la cual comenzó con la toma del Palacio de Invierno de los zares donde tenía su sede el Gobierno Provisional. Fue un episodio ridículo. El palacio estaba defendido por un batallón de mujeres y apenas algo más. La mayor parte de la población de Petrogrado ni se enteró del episodio. Los teatros siguieron funcionando. Este golpe, como la guerra de Castro en Cuba parecen inspirados más en Groucho que en Carlos Marx. Sin embargo, la social democracia “compró” íntegro el paquete y todavía hoy se emociona hasta las lágrimas con Lenín y Fidel.


LA TERCERA IZQUIERDA

— El Discípulo: Bien ¿y la tercera izquierda?

— El Maestro: Recordarás que hablamos de una primera mutación del marxismo: la etapa leninista. Ahora viene una segunda mutación, la gramsciana. En las décadas del 20 y el 30 aparece Gramsci, un dirigente comunista italiano, que sostiene dos cosas esenciales que servirán para definir la tercera izquierda. Primera: la batalla no es contra la burguesía sino contra la concepción tradicional de Occidente, contra la visión del mundo cuyo principal adalid es la Iglesia Católica. Es inmanencia contra trascendencia. Segunda: por ello, la batalla es cultural, antes que social.

— El Discípulo: Un cambio esencial.

— El Maestro: Claro, la izquierda del siglo XIX es marxista, la del XX es leninista y la del XXI será gramsciana. Pero volvamos un momento al siglo XX. Lo ridículo de todo el marxismo quedó demostrado con la implosión de la URSS y sus satélites. Un programa absurdo, la supresión de los ricos, no podía terminar sino en la disolución desde adentro del gobierno comunista. Bastaron setenta años (un instante, en tiempo histórico) para demostrar que suprimiendo a unos ricos, lo único que se hace es crear otros ricos, los aparatchik, los miembros del “aparato” del Estado socialista, una clase de dirigentes políticos que dispondrán de la propiedad que supuestamente es de todos. Así se derrumbó, en 1991, el ensayo marxista. En poco tiempo sólo dos naciones —Cuba y Corea del Norte— persistían en un ensayo obviamente condenado al fracaso.

— El Discípulo: ¿Era el fin de la izquierda marxista?

— El Maestro: En lo más mínimo. Sólo abría paso a la tercera etapa.
A principios del siglo XX había tres fuerzas en capacidad de ganar la guerra cultural que iba a ser un argumento paralelo de la historia del siglo: la derecha liberal, la izquierda (en sus dos versiones, la revolucionaria y la socialdemócrata) y la Iglesia Católica.
Para entender lo que sigue hay que tener en cuenta tres fenómenos. Uno, ya mencionado, el crecimiento exponencial del sector terciario de la economía y el desarrollo de una clase de personas que es ignorante pero que, como ha estudiado algo, lee diarios, revistas y algunos libros, cree saber. Es lo que Spengler llama “la sub inteligencia de las ciudades”. Dos, la aparición de medios de difusión desde los diarios de gran tirada hasta la televisión, culminación (por ahora) del sistema. Tres, la extensión de la educación, desde primaria a universitaria. Estos tres fenómenos abarcan todo el siglo y lo impregnan.
¿Qué tenemos? Una masa grande de receptores de palabras, músicas, imágenes (agregar el crecimiento del tiempo libre por disminución de las horas de trabajo), una nueva clase de escritores, profesores, periodistas, cineastas, etc. en condiciones de darle a esa masa lo que necesitaba: distracción y un libreto para su vida. Y los medios técnicos para hacerlo.
Resultado: con casi total prescindencia de lo que pasaba en el terreno político, iba creciendo en las sombras un inmenso fenómeno cultural. La clase nueva de “intelectuales” adhería a la mitología marxista, izquierdista que fue poco a poco convirtiéndose en progresismo. La derecha liberal se conformó con el triunfo “en los hechos” que le dio la crisis política de la izquierda y cedió a todos los argumentos del progresismo solo que poniendo el acento en una libertad absolutamente sin límites.
Por ejemplo: la izquierda defiende el aborto con argumentos “sociales”: las mujeres pobres abortan sin seguridad. La derecha defiende también el aborto, pero con el argumento de la libertad de decidir. Otro: la izquierda defiende el “matrimonio” homosexual por odio a la idea cristiana de familia. La derecha la defiende por la libertad de cada cual de casarse con quién quiera: hombre, mujer o animalito.

— El Discípulo: ¿Y la Iglesia?

— El Maestro: En estas condiciones, sólo quedaba la Iglesia para defender la vida, la familia tradicional, etc. ¡Sorpresa! A partir del Concilio Vaticano II la Iglesia no tiene una doctrina clara e indiscutible. El Vaticano dice una cosa pero muchos Obispos, Párrocos y fieles hacen (y dicen) lo contrario. Así hay “Mujeres católicas por el Derecho a Decidir” es decir, abortistas, por ejemplo. Y lo peor es que apoyadas por Obispos y sacerdotes a quienes nadie pide cuentas.
El resultado es la tercera izquierda, que se hace progresismo. Está culturalmente instalada en las sociedades del mundo entero, ha convencido a multitudes de sus argumentos y ejerce una férrea dictadura cultural.
He aquí otro fenómeno del siglo: el cambio de paradigma cultural, que he relatado en muchas oportunidades. Hasta 1945 el iluminismo (izquierda y derecha) creía en la frase de Voltaire: “Estoy en desacuerdo contigo, pero moriría para asegurarte la libertad de decir eso con lo que no concuerdo”.
El fascismo fue la primera vez en que una gran fuerza política y militar se colocaba fuera y enfrente de izquierda y derecha, de todo el espectro iluminista. Que estuvo a un tris de ser derrotado. Entonces hubo un cambio total del paradigma, que pasó a ser: “Estoy en desacuerdo contigo y como ese desacuerdo no es de detalle sino global, no tienes derecho a hablar y te lo impediré por todos los medios”. Así puede entenderse que existan leyes que prohiben discutir hechos históricos y personas en la cárcel por “falsificación de la historia”. Antes de 1945 era impensable. Hoy, a nadie le llama la atención.

— El Discípulo: ¿Cómo aprovechó la izquierda esta coyuntura?

— El Maestro: Vivimos en una férrea Dictadura cultural. Cerraremos por hoy con dos fenómenos: primero, lo que se llama “lo políticamente correcto”, conjunto de afirmaciones sobre todos los temas de interés público que fijan “verdades” que está prohibido discutir. El que las desafía se condena a vivir en un ghetto cultural. No podrá ser profesor ni periodista del noventa y nueve por ciento de las instituciones y medios, salvo que disimule su pensamiento. La tercera izquierda vigila celosamente (con mucho más rigor y eficacia que lo que en su momento hizo la Iglesia) que no se cuele nada ajeno al sistema.
Esa izquierda naturalmente no ha abandonado su mitología y sus ambiciones políticas y está dispuesta a hacer otra prueba —en ese terreno— con el “socialismo del siglo XXI” que, como es igual al del siglo XX, fracasará como fracasó aquel. Pero te aseguro que no va ser un fracaso gratis, va a correr mucha sangre. Porque enfrente no hay nada que uno pueda aprobar con entusiasmo ¿La derecha norteamericana? Se apresta a elegir un candidato a Presidente progresista y abortista. ¿Qué batalla se puede esperar que de, si ya tiene media cabeza en el horno?

— El Discípulo: ¿Todo está perdido?

— El Maestro: “Aun guarda la esperanza la caja de Pandora”. La gran paradoja es que iluminismo izquierdista y socialismo izquierdista triunfan justo cuando sus argumentos se derrumban. Esto es lo que quiere decir la vaga intuición del posmodernismo. “Se han terminado los grandes discursos”. El cristiano no se terminó nada, pero creen en él el Papa y un puñado de fieles cristianos. Y algún raro Obispo.
Pero el sueño progresista, tal como se pensó originalmente, se derrumbó. La izquierda cree, siguiendo a Gramsci, que tiene una posibilidad mayor que en el XX porque en el el siglo pasado conquistó el poder sin haber conquistado previamente la sociedad, el modo de pensar del hombre común. Ahora, en cambio, ha logrado una gran victoria cultural: convencer a las masas urbanas (mayoría en el mundo actual) de los argumentos del progresismo.
Pero en el terreno político enfrenta un dilema de hierro: si sigue la vía revolucionaria (Venezuela, Bolivia) va a enfrentar inexorablemente el mismo fracaso de la URSS. Si sigue la vía moderada y gradualista de la social democracia (Uruguay, Chile, Brasil) refuerza las estructuras capitalistas. Todo el dramatismo y la épica de la izquierda se hunden en minúsculas disputas por un punto más de crecimiento económico.
Además, el “triunfo” cultural dista de ser total: el discurso usado para convencer a las masas está muerto. Ya nadie cree en serio en que la ciencia va a salvar al mundo. Lo que queda es una atroz y confusa mezcla del lenguaje televisivo y un marxismo recalentado que sirven en las Universidades.
Ni la izquierda ni la derecha liberal tienen respuesta para los terribles interrogantes de nuestra era, desde la ecología hasta el sentido de la vida. Allí está Europa, hundida en su crepúsculo poblacional provocado por el egoísmo implícito en el discurso cultural vigente. Veremos que hará Dios con este planeta en sombras.

POSDATA

Al entregar este trabajo, se publica en “Noticias” un artículo de Silvio Maresca que dice: Uno “la izquierda cultural o, si se prefiere, el progresismo, dominan sin disputa… los instrumentos de producción y reproducción sistemáticos de la cultura, incluyendo la industria cultural”. Dos: La izquierda practica una “exclusión impiadosa de las personas que sustentan… puntos de vista que permanezcan fuera del territorio… efectivamente delimitado por (ella)”. Tres: “El carácter abstruso y rebuscado del discurso de la izquierda cultural, su alambicamiento, así como su falta de ideas y su indefinido dar vueltas sobre las mismas cosas, evocan el escolasticismo tardío… un discurso que, huérfano de todo frescor juvenil, nos agobia con su rebuscamiento ininteligible, cegando posibilidades creadoras”. Sic.

Aníbal D’Angelo Rodríguez

viernes, 5 de diciembre de 2008

Abajo los de arriba


AHORA QUE
SE ATREVIERON
A QUITAR
LOS ROSARIOS…


Cuando éramos niños, en los partidos de fútbol de los recreos y las tardes sin colegio, solíamos decir que el equipo que no conseguía ningún gol y perdía jugando pésimamente, quedaba “zapatero”.

Esta España zapatera de hoy que reniega de su Virgen del Pilar, que tiene guardias civiles que obligan a quitar rosarios y pisotean las banderas rojigualdas, necesitaría un milagro para arreglarse.


Que baje, hombre, que baje.

Y que la Inmaculada, Patrona de la Infantería, mueva las conciencias y despierte a España, sacándola del pudridero en el cual duerme.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Legionario, Legionario


RECUERDO
Y HOMENAJE
AL CAPITÁN
CODREANU


Hubo un tiempo de gloria en que la Fe formaba los cimientos de toda milicia y la milicia era la prolongación de una vida consagrada a la Fe. Un tiempo que jamás puede ser exclusivo del pasado y, si así lo fuera, nada valdría el presente y menos aún el futuro que está por venir.

A quien armoniza en su vida la Fe y la milicia es justo llamarle héroe. El heroísmo es la milicia extrema al servicio de la Fe y la esencia de la vocación juvenil que el hombre abraza. Y cuando el héroe, encarnando la Fe en la milicia, entrega la vida y la sangre testimoniando ese compromiso inalterable, decimos que ha pasado a ser mártir. Es entonces cuando culmina, con letras de oro en el libro de la Historia, el paradigma sempiterno del combatiente cristiano.

Ochenta años después, recordamos con profunda emoción, la vida y la obra de Cornelio Zelea Codreanu, maestro y capitán.

Maestro, siendo todavía universitario, de estudiantes y profesores. Predicó a los suyos con la elocuencia propia de quien domina la palabra, porque la palabra le poseía. Nadie como él supo analizar, primero, y dinamitar después, el saqueo judeo-bolchevique en que se vio envuelto el pueblo rumano. Porque no sólo les fueron robados los bolsillos, causa ya justa para levantarse, sino algo más profundo y superior. Les arrebataron la Fe y la Patria, lo más valioso, la Santa Causa por la que el hombre está dispuesto a ofrecer su vida e incluso a batirse hasta el final en el campo de batalla.

Enseñó, por todos los rincones de Rumanía el amor que se debe tributar al semejante, a la familia, a la nación; y sobretodo, amor sin fisuras a Dios. Cumplió, intachablemente, su misión de maestro, alzando la bandera, jamás arriada, de la Verdad, “oportuna e inoportunamente predicada”. La vida de Codreanu, imagen perfecta de su palabra, nos hace llamarle, justamente, héroe. Como consecuencia de su palabra y su vida, fue asesinado, junto con trece de sus legionarios, la noche del treinta de noviembre de mil novecientos treinta y ocho. Justo es, también, llamarle mártir.

Capitán. Capitán Codreanu, al frente de la Legión de San Miguel Arcángel, que él mismo fundó, donde se forjaba la mejor juventud rumana. La Fe era la exigencia necesaria para formar parte de la Guardia de Hierro junto al compromiso militante de aceptar el puesto de mayor abnegación, el más austero y sacrificado, el último y más servicial. Muchas veces, también, el más arriesgado. Supo fundar y ordenar, era, el Capitán, la referencia de todo acto y pensamiento, el líder indiscutible al que tantos siguieron hasta el final. Guía y líder del pueblo, adalid y caudillo con tan pocos años y con tanta jefatura que jóvenes y mayores, obreros y catedráticos, agricultores y abogados, se cuadraban ante él en espera de un consejo, una orden o una consigna.

La Religión frente al paganismo que estaba disolviendo el componente espiritual del hombre y el pueblo. La Patria, amada, ensalzada y defendida, contra el comunismo internacionalista, que mediante las garras de Sión, despedazaba la conciencia nacional y hasta la tierra misma de Rumanía. La verticalidad de cada acto, que tendía a la perfección, pues todo se hacía como ofrecimiento a Dios por el bien de la Patria. Héroe, sí, justamente, “combatiendo los nobles combates de la Fe” que nos describiera San Pablo. Héroe, pues la exigencia de ese espíritu empezaba por él mismo. Héroe, forjador de héroes cristianos y combatientes, y por eso le mataron. Es de justicia, otra vez, llamarle mártir.

Habiendo pasado ochenta años de su martirio se sigue escuchando sus férreas palabras, en forma de arenga, que con el eco poético de su admirable vida nos sigue repitiendo: “antes que nuestros cuerpos se consuman y se agote nuestra sangre es preferible morir en los montes peleando por nuestra Fe”.

Miguel Menéndez Piñar

martes, 2 de diciembre de 2008

¡Último momento!


MONSEÑOR RADRIZZANI
DEFIENDE AL PADRE
VON WERNICH


Los hechos hablan por sí mismos. Y, en todo caso, los hechos de un Obispo de la Iglesia Católica, no pueden ser entendidos si no es a la luz de los Evangelios y de los criterios pastorales que impuso Nuestro Señor con su propio ejemplo. Veamos primero el hecho.

En una visita pastoral al penal de Marcos Paz, donde está preso el Padre Christian von Wernich, el Obispo de Mercedes Luján, Monseñor Radrizzani, recorrió los pabellones, atendiendo espiritualmente a quienes la justicia humana condenó por homicidios, violaciones, robos o multitud de crímenes; e incluso administró el sacramento de la Confirmación a quienes no lo hubieran recibido. Pero no visitó el Pabellón donde están recluidos el Padre von Wernich y otros que fueron condenados por haber combatido al terrorismo.

Cualquier interpretación periodística de las que se usan, de las que creen a la Iglesia una entidad política en busca de acrecentar su poder, o de los delirantes que creen en “las riquezas” de la Iglesia y en los afanes crematísticos del clero, podría atribuir al Obispo una conducta “políticamente correcta” de rechazo al hermano en el sacerdocio, para “hacerse amigo del juez, no darle de qué quejarse”, y así hacer méritos para recibir fondos gubernamentales, naturalmente, destinados a Cáritas y a otros organismos de beneficencia; y que no le fuera a pasar como al pobre Monseñor Basseoto, por disgustar al Gobierno. Pero eso sería confundirlo con el Viejo Vizcacha, o con Anás y Caifás u otros miembros del Sanedrín, saduceos acomodaticios con el Poder de Poncio Pilato, que preferían sacrificar injustamente a Jesucristo para quedar bien con Roma.

Y esa interpretación solamente mostraría cuán ignorante de la religión católica, es el escriba. Una conducta tan monstruosamente alejada del espíritu evangélico, es impensable en el Obispo y sería insultante para cualquier Pastor, a quien, entonces, se aplicaría el “Apartaos de mi, malditos… Porque estuve (…) en la cárcel y no me visitasteis”, que dice San Mateo en 25, 41-43. Imposible solo pensarlo.

Es evidente que el criterio de interpretación del hecho es otro, totalmente diferente. Y está en San Mateo 9, 12; o en San Marcos 2, 17; o en San Lucas 5, 31.

Los Evangelios dicen: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos, ni he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores”. En el contexto del hecho, “enfermos” o “pecadores”, equivalen analógicamente a “delincuentes culpables” o “criminales”, mientras que lo de “sanos” y “justos”, ha de entenderse como “inocentes de los crímenes que se les imputan”. Pura lógica elemental. Y verdadero espíritu pastoral.

Es decir que Monseñor Radrizzani no visitó al Padre von Wernich, proclamando así, con hechos, que cree en su inocencia y no en la inicua sentencia judicial.

Marcial Castro Castillo

lunes, 1 de diciembre de 2008

In memoriam


ALBERTO
CONSTANTINO
JOSÉ
FALCIONELLI


Nació en París el 27 de mayo de 1910. Educado en la Abadía de San Mauro, a los 18 años comenzó a trabajar en “Le Journal des Debats”, cargo que ocupó durante numerosos años, y que lo llevó a Moscú, China y Japón. Cursó estudios de Licenciatura en Historia en La Sorbona, doctorándose en la Universidad de Sapienza, Roma, en 1933.

Hijo de uno de los socios fundadores de la Acción Francesa, comenzó desde muy joven como camelot du Roi y furió un año de prisión debido a su lucha contra el comunismo y la masonería de León Blum.

Combatiente en África del Norte, fue prisionero de los alemanes, recibiendo la Cruz de Guerra y la Medalla de los Evadidos, tras evadirse del campo en 1940. Llegado a Madrid, fue director de la Agencia Havas Francesa y ocupó la cátedra de Literatura Francesa en la Universidad Central de Madrid.

Contratado por el Padre Sepich para formar el cuerpo de profesores de la Universidad Nacional de Cuyo, pasó a residir largo tiempo en Mendoza, Argentina, ejerciendo los cargos de Profesor de Historia Moderna y Contemporánea y Literatura Francesa, llegando a ser profesor titular, rodeándose de numerosos amigos y discípulos.

Mientras residía en Buenos Aires, fue amigo dilecto del Padre Julio Meinvielle, a quien recibía en su casa.

En la década del '70 fue Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad Católica de Valparaíso y de Geoestrategia en la Academia de Guerra Naval chilena. En 1978, durante el conflicto chileno-argentino, decidió volver a la Argentina por juzgar que debía hacerlo pues la consideraba su patria adoptiva, a pesar de los numerosos y generosos amigos que allá dejaba.

Investigador principal en el CONICET hasta 1983, en que fue expulsado por “razones políticas” por la tristemente célebre dupla Sadosky-Abeledo. En reconocimiento a su extensa labor, fue reincorporado durante la gestión del Dr. Matera.

Su vocación por Rusia lo llevó a interesarse en Sinología, Sovietología y el Conflicto Este-Oeste, dejando escritos numerosos trabajos sobre la U.R.S.S., China y todos los países de detrás de la Cortina de Hierro, pronosticando en sus libros muchos sucesos de la actualidad. Sería necesaria una página completa para reseñar sus obras.

De formación católica tradicional, habitué de las Misas dominicales del Rev. Padre Sánchez Abelenda en el Priorato San Pío X, fue también maestro de sus hijos, a los que formó en la recta doctrina, transmitiéndoles su profundo amor a Dios, la Verdad, la Belleza y el Supremo Bien. Falleció hace trece años en Buenos Aires el 1º de diciembre de 1995, luego de un prolongado desfallecimiento, durante el cual fue confortado con los Santos Sacramentos, a la par de animar a los suyos con su entereza y donaire.

Camarada Alberto Falcionelli: ¡Presente! Y descanse en la paz del Señor.