jueves, 17 de septiembre de 2009

Testigo de cargo


¿DE DÓNDE VIENE TODO ESTO?

ACTO PRIMERO

En la Revolución Francesa los jacobinos eran la izquierda, caracterizada por proponerse profundizar la Revolución, es decir distanciarse categóricamente del “antiguo régimen” y de la Iglesia. Protagonizan el primer caso moderno del terrorismo de Estado, practicando una extrema violencia, asesinando inocentes y creando terror en la población, que no se anima a reaccionar. Con excepción de los católicos de La Vendée que son objeto del primer genocidio de la Historia.

Frente a ellos la derecha revolucionaria quiere también el cambio, pero a un ritmo más lento. Superada la antinomia por la aparición de Napoleón, la herencia jacobina quedará, en el siglo XIX, en manos del socialismo, que añade ahora una preocupación central por la situación de la nueva clase de obreros creado por la Revolución Industrial. En verdad, los intelectuales de izquierda encontraron así una tropa capaz de hacerles la revolución a la que ellos —por su escaso número— no podían aspirar.

El marxismo es la forma final del socialismo. Pretende ser un socialismo “científico”, es decir, que sus propuestas no serían recomendaciones “utópicas” (como las de los socialismos anteriores) sino anticipo de lo que va necesariamente a suceder, revelado por la aplicación del método científico al estudio de la sociedad. Y lo que revela ese método según el marxismo se puede resumir en tres puntos.

Uno, habrá cada vez menos ricos que serán cada vez más ricos y cada vez más pobres que serán cada vez más pobres.

Dos, esa polarización de la sociedad desembocará necesariamente en una revolución, la última y decisiva. Esa revolución se hará a través de las huelgas que cada vez serán más intensas y duraderas hasta desembocar en la huelga revolucionaria.

Tres, de la revolución surgirá, tras un período de transición, una sociedad sin conflictos, ya que al desaparecer la propiedad privada de los medios de producción desaparecerán las clases y con ellas (y su lucha) la fuente de los conflictos.

Ya a fines del siglo XIX era evidente que no se estaban cumpliendo las predicciones de Marx pues la sociedad, lejos de polarizarse, producía una extensa clase media. De esa comprobación van a surgir dos actitudes:

Unos optarán por mantener el esquema ideológico de Marx con sus tres puntos pero renunciando al choque violento entre explotadores y explotados, reemplazándolo por la lucha política tal como se realiza en los Estados constitucionales de Derecho que por entonces surgían y se afianzaban en todo Occidente. Ese es el camino de la socialdemocracia.

Otros optarán por explicar el error de Marx y buscar otra justificación y otros métodos para la revolución. Enseguida los veremos, en el segundo acto de este drama. Recordemos esa primera línea “civilizada”, europea y evolucionista (es decir no revolucionaria) que se prolonga hasta nuestros días, pues estos tres actos que veremos no son sucesivos, sino acumulativos.

SEGUNDO ACTO

A principios del siglo XX comienza el segundo acto. Su iniciador es Vladimiro Ulianov, conocido por Lenín. Explica que la polarización social que Marx predijo no sucedió porque las potencias europeas —explotando a sus colonias— obtuvieron los fondos para “sobornar” a sus clases proletarias aumentando sus salarios y evitando de ese modo que los pobres fueran cada vez más pobres.

Si esto es así —dijo— el conflicto se traslada de Europa al resto del mundo explotado por Europa y la huelga revolucionaria se transforma en guerra revolucionaria. Porque en el mundo explotado apenas hay proletariado (casi no hay industria) y la huelga aquí no sirve. Se abre, pues, una batalla crucial en una guerra distinta, una guerra del campesinado —allí donde se den las condiciones— o una guerrilla urbana terrorista —allí donde las circunstancias lo aconsejen.

Así fue la historia de la guerra del siglo XX que comenzó en Rusia, en 1917, y se extendió después al mundo entero, de Vietnam a Cuba y de la China a la Argentina. Los guerrilleros que la hicieron cosecharon a veces éxitos (creación de Estados “revolucionarios” desde los que se ayudaba a los revolucionarios de otros países) y a veces fracasos (derrotas militares).

A fines de la década de los ochenta se derrumbó el primero de esos Estados, la Unión Soviética, que volvió a ser Rusia. Como piezas de dominó cayeron también otros Estados de esa clase; unos pocos variaron el sistema económico, aunque mantuvieron la dictadura del Partido Comunista (China, Vietnam) y un par de ellos (Cuba, Corea del Norte) intentan todavía remontar sus sucesivos fracasos.

Tras medio siglo (o más) de aplicación del sistema que terminaría los conflictos, no han conseguido ni siquiera alimentar a su población. Pero eso si: con misiles intercontinentales (Corea) o con miles de médicos (Cuba).

Sorpresivamente, al iniciarse el siglo XXI, surgió en América Latina una repetición del camino revolucionario, pero tratando de utilizar ahora, para construir poder, las estructuras democráticas. La retórica es la de los Estados “proletarios” del siglo XX y también el objetivo final: la reducción o eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. Solo que —por ahora— no se hace uso de la violencia, sino de las elecciones.

De todos estos hechos surge una segunda línea de izquierdistas: los nostálgicos de los desaparecidos Estados revolucionarios “clásicos” y los partidarios de los nuevos Estados revolucionarios “democráticos”. (Hay que poner esta palabra con comillas porque los socialistas del siglo XXI utilizan instrumentalmente a la democracia pero su retórica y sus antecedentes muestran que la abandonarán en el primer conflicto profundo entre sus objetivos económico-sociales y las formas democráticas).

TERCER ACTO

En las décadas segunda y tercera del siglo XX un italiano llamado Antonio Gramsci, comunista preso en las cárceles del fascismo, escribió una obra profusa y compleja en la que corrigió a Marx por segunda vez.

La tesis de Gramsci puede resumirse así:

Uno, la verdadera batalla no es entre proletarios y burgueses dueños de los medios de producción. Eso fue una etapa que está terminando. La verdadera batalla no es económica ni social: es cultural.

Dos: la antinomia decisiva no es entre proletarios y burgueses, sino entre inmanencia y trascendencia. El mundo de los dioses con que se nos ha dominado por milenios o el mundo del hombre solo y triunfante.

Tres, en esa batalla la tropa son los intelectuales, no los proletarios. Son ellos los que derribarán la ciudadela de los dioses y edificarán el mundo del hombre por fin liberado de sus ataduras.

Para explicar por qué los intelectuales marxistas “blanquean” su papel de conductores de la guerra cultural hace falta una disgresión: en la primera etapa el protagonista según Marx era el proletario europeo explotado. Al cambiar su suerte, en la Europa rica, perdió sus caracteres de clase expoliada. Como residuo, quedó la social democracia, partido mayoritario o muy extendido en buena parte de Europa.

En la segunda etapa el protagonista fue el revolucionario, el luchador obrero, campesino o intelectual que hizo la revolución.

Como residuo quedaron los centenares de grupúsculos comunistas, trotskistas, maoístas, etcétera, más los nuevos grupos del socialismo del siglo XXI.

Pero ¿qué había pasado, entre tanto, en las sociedades. En las “desarrolladas”, en las “semidesarrolladas” como la Argentina y aún en las subdesarrolladas, aunque menos.

Una transformación en la que nadie había pensado. El surgimiento de centenares de oficios que no son ni de proletarios, ni de campesinos ni de la pequeña burguesía típica de las grandes ciudades (empleados). Esos oficios tienen algo en común: no implican casi nada de actividad física sino mental y el uso de la palabra como principal instrumento. Periodistas, comentaristas, pensadores que se expresan en los medios, profesionales como psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas, artistas de la palabra: escritores e intérpretes de sus palabras en teatro, cine y televisión, docentes (en un sistema de enseñanza que ha crecido exponencialmente), personas que trabajan en muchos de los oficios surgidos de la computación. No son obreros, no son campesinos, viven de las palabras y obtienen de ellas una cuota de poder. En su mayoría desarrollan tareas que o no existían hace un siglo o eran muy minoritarias. Los economistas describen este fenómeno hablando del crecimiento del sector terciario (servicios) de la economía que pronto supera —en personas ocupadas— a los sectores primario (extractivo) y secundario: transformador o industrial.

Dicho de otra forma: millones de personas usan cada día la palabra como su medio de vida: la transmiten, la expresan, la combinan, la pronuncian para otros, la usan, la corrompen y la falsifican. Como se comprenderá, el tipo humano resultante es muy distinto del proletario, del campesino y hasta de la pequeña minoría intelectual que ha habido siempre en todas las sociedades.

Su familiaridad con la palabra les da la impresión de que saben o pueden saber, que entienden mejor que nadie lo que pasa. La palabra funda oficios prestigiosos, en los que algunos ganan mucho dinero y los que no, al menos no sufren las cargas físicas que otros oficios imponen. Los dos grupos más grandes y poderosos son los periodistas (en muy amplio sentido) y los docentes. De una u otra manera ambos educan a las gentes, transmitiéndoles eso que ellos saben.

Estos “hombres de la palabra” constituyen la tercera capa de las clases dirigentes de nuestro tiempo: la primera son los políticos y los pensadores social demócratas (no sólo los que llevan ese nombre sino los que lo son con otro nombre, como los radicales en nuestro país). La segunda son los revolucionarios sobrevivientes y los intelectuales extremistas, con poca importancia política por ahora (salvo en los países en los que se experimenta el socialismo del siglo XXI).

Estos hombres le han arrebatado su oficio a los clérigos: suministran conceptos, ideas, valores a una sociedad que en ancha medida se ha desinteresado de la palabra de Dios pero no puede vivir sin orientaciones.

Las tres capas se identifican políticamente como de izquierda y culturalmente como progresistas. El progresismo proporciona los argumentos que el izquierdismo convierte en leyes: matrimonios homosexuales, aborto, eutanasia, educación sexual. Esas son las vías de penetración en la sociedad que de esa manera se cuartea y derrumba.

Porque la sociedad tradicional enseñaba que la familia es la célula básica de la sociedad, una Institución sobre la que se edificaba todo un orden social. Pero hoy ¿se puede construir una sociedad sobre el divorcio cada vez más fácil, sobre el aborto como un “derecho”, sobre el “matrimonio” de homosexuales? Los valores del progresismo: el hombre triunfante sobre los dioses, sirven para formar una sociedad de individualistas patológicos, es decir una sociedad que en el largo plazo es inviable.

TODOS UNIDOS TRIUNFAREMOS

El objetivo final es la inmanencia, el mundo sin Dios, el hombre sin ataduras. El camino es la libertad absoluta y la igualdad completa. A las que se oponen, la represión y la discriminación, los pecados sin expiación.

Día 2 de julio del año del Señor de 2009. Se reúne la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En debate un proyecto declarando un día de septiembre como el Día de la Prevención del Embarazo Adolescente No Planificado. Eufemismo para justificar la entrega, a adolescentes de todos los géneros, de la Píldora del Día Después, el aborto cuando ésta falle y cuantos objetivos modernos y progresistas pueda Usted imaginar.

Un chusco hubiera dicho que para prevenir el embarazo adolescente lo mejor sería enseñar a las dichas adolescentes a mantener las piernas cerradas. Pero eso era antes, en épocas de la represión y la discriminación. Ahora les damos clases de Educación Sexual enseñándoles diversas formas de abrirlas. Y sin culpas ni preocupaciones pues si hay consecuencias la “ciencia” las salvará con la farmacia (la píldora) o el quirófano (el aborto). Y todo a cargo del Estado. Un mundo feliz.

Bueno, volvamos a la Legislatura porteña. Sin debate, se aprueba el proyecto por unanimidad. Ni un voto en contra, ni una voz objetando. Votan desde luego la Coalición Cívica, el Frente para la Victoria y diversos partidos cuyos nombren son toda una definición: Igualdad social, Autonomía con Igualdad, Encuentro Progresista, Nueva Izquierda. Sin sorpresas ni deserciones. Pero vota también disciplinadamente y en bloque la Propuesta Republicana, PRO para los amigos, el partido “de derecha” cuya más conspicua representante es la renguita Michetti, sedicente cristiana y supuesta objetora del aborto.

Aquí tenemos una novedad… que no es tal. Mientras la izquierda ha tenido en Europa desde hace más de un siglo un Partido vertebral: el socialismo, la derecha continental no ha gozado de esa ventaja. Sólo en Gran Bretaña los Tories y en Estados Unidos los republicanos han representado una derecha pragmática y no siempre coherente pero por o menos presente.

En el resto de Europa no hay ningún grupo que ostente una carrera tan larga como la de republicanos y Tories. ¿La razón? Muy clara: en la Europa católica ha habido en verdad dos derechas: la religiosa (desde que León XIII autorizó los Partidos católicos) y la liberal. Han coincidido en algunos lugares y tiempos (en el seno de un solo Partido o como grupos diversos pero aliados) y han divergido en otros lugares y tiempos. Es que suele olvidarse que los objetivos finales de la derecha liberal son iguales (salvo en matices) a los de la izquierda. Las diferencias residen más bien en modos y tiempos. Y sobre todo en el talante más conservador que revolucionario del hombre de derechas. Lo que ha acercado la derecha liberal a los grupos católicos es la cuestión de la propiedad privada o la imprudencia verbal de la izquierda, debida al vínculo más emocional que político de la social democracia con los revolucionarios. (Con esto se señala que toda la izquierda admira en secreto a los revolucionarios aunque diga no compartir sus métodos. Por eso toda la izquierda votó aberraciones como la anulación legislativa de la Ley de Punto Final).

El voto unánime de la Legislatura es una clara advertencia de lo que está sucediendo ante nuestros ojos (pero de lo que no todos toman conciencia):

Primero: las diversas “capas” geológicas de la izquierda han unificado su lenguaje bajo la denominación de “progresistas”.

Segundo: la derecha liberal se ha rendido con armas y bagajes a ese lenguaje y desea mimetizarse cada vez más para que nadie recuerde sus adscripciones y cercanías a la derecha católica y a las “tiranías” (¡tan diversas!) de Franco, de Pinochet y de Videla.

Tercero: No existe hoy, en ninguna parte del mundo, una expresión política de la cosmovisión católica con alguna posibilidad de actuar eficazmente en política. No lo decimos como una acusación a los pequeños grupos que luchan en condiciones casi imposibles sino como una dolorosa toma de conciencia de la situación.

No existe en el mundo otra cosmovisión capaz de enfrentar a la progresista más que la católica. Pero la batalla en el interior de la Iglesia le hace imposible presentar una alternativa política coherente. (No necesito decir que no creo que sea la Iglesia jerárquica la que tiene que llenar ese vacío sino los laicos católicos.

Coincido en que la formación de partidos no es la única vía para hacer política, pero lo cierto es que hoy los enemigos jurados de la Iglesia ocupan la totalidad del panorama político y eso es un hecho grave que merece al menos reflexión. La votación en la Legislatura Porteña debería llamarnos a esa reflexión.

INFORME SOBRE CIEGOS

Te ruego, lector amigo, que releas lo que digo más arriba sobre esos “hombres de la palabra” que tejen, cada día, la tela del traje del Emperador, es decir las palabras que constituyen la ideología del progresismo. ¿Recuerdas lo que dije sobre los periodistas? Bueno, ahora tolle, lege.

En “Clarín” del 10 de julio aparece una “carta de lector” referida a la reciente muerte del dibujante Andrés Cascioli. El remitente dice que no lo conoció, como no conoció a John Lennon ni al Che Guevara pero que todos ellos “fueron parte indisoluble de mi adolescencia, teñida de sueños e ideales en búsqueda de un mundo mejor”.

Este entusiasta lector cree que Cascioli y los otros como Cascioli que publicaron en pleno Proceso la revista “Humor”, “representaron un huracán de aire libertario en medio de tanta basura, censuras, bajezas, traiciones, destierros y muerte”. Es más, cree que leer la revista mencionada “fue la posibilidad de encontrarnos con una verdad ignorada por el cínico poder dictatorial”. Lo cierto es que al pobre lector “le es muy difícil expresar la sensación que le producía las notas y tiras de…” y sigue un inventario de los zurdos y zurdas que colaboraron en “Humor”. Termina ensalzando de nuevo a quien “clarificó mis días juveniles”.

Fácil recurso, lamentar que un ciego se muestre agradecido con el otro ciego que lo guió hacia el abismo. Es verdad, pero esta verdad deja afuera otra cuestión. Porque lo cierto es que este lector encontró en Cascioli y en “Humor” el mensaje que ningún otro le pudo hacer llegar. ¿Oiría algo distinto en su Colegio? Bajo el Proceso, la mayoría de los docentes calló su ideología progresista sin renunciar a ella, pero muy pocos fueron capaces de dar otro mensaje, de enseñar otros caminos.

Uno se siente inclinado a comprender, aunque no a aprobar a los pobres ciegos que tropiezan con otros no videntes que dicen saber el camino. Así funciona el sistema de los hombres de la palabra que hacen de gurúes de este siglo sin luces.

TRANSFERENCIAS

Según un prolijo aviso aparecido en “Clarín” del 10 de julio de 2009, el INADI, de larga fama, abre un concurso “de transferencias”. Primero, nos dice el objeto de tales transferencias. Son “para la asistencia técnica a organizaciones de la sociedad civil que luchan contra la discriminación”.

Bien. Luego nos informa qué se transfiere y a quién. Se transfieren “fondos de asistencia técnica” y se los transfiere a “proyectos de intervención y/o sensibilización”.

Bien. ¿Proyectos en qué temas? “de diversidad y no discriminación”.

Bien. Hasta aquí clarísimo: no se entiende una jota. Yo soy tan retrógrado, reaccionario y anticuado que no tengo la menor idea de qué me está hablando el INADI: ¿habrá que hacer un cursillo previo de neoparla? Los temas a tratar parecen interesantes, sea lo que fuere que hagan con ellos: “las propuestas ganadoras deberán abarcar, ente otras, las siguientes temáticas: género, diversidad sexual, diversidad religiosa” y otras varias diversidades. Hay una muy buena: “adultos y adultas mayores”, pero esa delicada concesión al bello sexo (si se me permite este troglodítico lenguaje) no se repite en “migrantes y refugiados/as” ¿cómo? y las “migrantas”? También me gustan mucho los “afrodescendientes” pero, digo yo ¿y los asiáticodescendientes? ¿entrarán?

Pero volvamos a nuestro tema. Lo único que me queda claro es que “se otorgará la suma de hasta diez mil pesos” a cada una de las propuestas ganadoras. Eso ya me gusta y/o sensibiliza más. Pero como no sé qué demonios tengo que hacer para ganarme esa suma, empezaré yo por un concurso previo en el que pueden participar mis lectores a fin de aclararme y/o explicarme en lenguaje llano y apto para ancianos reaccionarios:

1) Qué cosa se entiende aquí por transferencia;

2) Qué cosa es un fondo de asistencia técnica;

3) Qué cosa es un proyecto de intervención y/o sensibilización;

4) Quienes serán los jurados de este concurso y si se aceptan recomendaciones de personas del gobierno. En su caso, qué porcentaje pretenden estos de lo que se gane. Risum teneatis. Contén tu risa, amigo lector. ¿Ves cómo trabajan los hombres de la palabra? Repartirán premios de diez mil pesos a unos cuantos que entren en la lógica de su lenguaje. Y este uno entre millones de premios, de concursos y de certámenes que forman la tupida red con la que se intenta cambiar el sentido común de la gente común.

DISCURSO PERIMIDO

El discurso del progresismo tiene tres fuentes principales: el marxismo, el cientificismo y la neoparla de los medios de difusión.

El cientificismo es simple abuso de la ciencia, la pretensión de hacerle decir cosas que están fuera de su alcance.

El lenguaje de los medios de difusión es la burda simplificación de todos los tópicos revolucionarios con el común denominador del disfrute rápido y sin problemas de conciencia. Que cada uno procure el máximo de placer con el mínimo de responsabilidad.

¿Y el marxismo? Es placentero ver cómo esta parte del discurso progre termina de desmoronarse. ¿Ha visto Usted, amigo lector, esos castillos de arena que los chicos construyen en la playa y que luego, al atardecer, la marea alta barre?

En “Clarín” del 12 de julio nos encontramos con un artículo titulado “Los exhibicionistas de ideas arcaicas” firmado nada menos que por mi viejo conocido don Fernando Savater. Se refiere al marxismo y afirma que la literatura marxista del siglo XX —Lenín, Mao, Garaudy, Althusser, Marta Harnecker, Lukacs— “resultan hoy inimaginables como posible relectura. Son incompatibles con las mínimas pautas de ecología intelectual”. Y agrega estas palabras con las que coincido —¡quién me lo hubiera dicho!— plenamente: “Están escritos en una lengua artificial, pretenciosa y mortecina en la que es imposible decir nada digno de interés o cercano a cualquier forma de verdad. Incluso parecería, si no fuese por su intrínseco aburrimiento, que son una especie de parodia intelectual con toques inesperadamente humorísticos”.

Es cierto que —como no podía dejar de hacer— don Savater enseguida se bandea. Y funda su rechazo del marxismo primero en que se trata de “ideas arcaicas” y segundo en su irracionalidad producto de un cierto “milenarismo religioso” que impregnaría al marxismo. Y toma esto último como pretexto para darle una buena sacudida a las creencias religiosas “que no se pueden refutar intelectualmente (puesto que) no fueron adoptadas por razones inteligibles sino que responden a sentimientos…”

Bueno ¿y qué tal si le hacemos ver a don Savater que su progresismo, que le hace rechazar ideas por ser viejas es un pensamiento mucho más arcaico que el marxismo? Y que si bien tiene razón en identificar la religiosidad falsificada que hay en el marxismo, el problema proviene de fundar una supuesta visión “científica” sobre bases religiosas. En todo caso, el articulejo muestra lo acertado que estuvo Chesterton al decir que no valía la pena refutar las herejías… porque se refutaban entre ellas.

LA PICARESCA EN EL CINE

No, no se trata de que estén por filmar una nueva versión del Lazarillo o por hacer una serie con el Guzmán de Alfarache. Picaresca, sí. Española, también. Pero de otra clase.

El diario zurdo madrileño, “El País”, informa en su edición del 21 de mayo pasado, sobre la situación del cine en la península. Veamos algunos datos: se filmaron 173 filmes, de los cuales 46 no se estrenaron y 24 reunieron menos de cien espectadores.. O sea que 70 sobre 173 (algo más del 40%) han fracasado de una u otra manera. Hasta el momento en que se escribió el artículo.

Pero leyendo nos enteramos de bastantes cosas más: que ese porcentaje es, en 2008, sólo un poco más elevado que en el común de los años anteriores. Que todas las películas reciben subvenciones copiosas del gobierno central, de los gobiernos autonómicos, de la televisión (por ley). Que el promedio de la subvención (muy fácil de obtener) es de 780.000 euros (es decir unos cuatro millones de pesos). Que el cine norteamericano produce el triple de películas que el español pero la población norteamericana es siete veces mayor que la española.

Bien. ¿Quién gobierna en España casi desde la transición? El PSOE y el PP, el partido socialista obrero y el partido popular de derechas. Ambos prototípicos de la clase dirigente que hemos descripto más arriba.

Estas trampitas, esta picaresca, son también prototípicas de esa clase. Subsidian, con el dinero de los contribuyentes, a todos los amiguetes intelectuales. Se premian entre sí, se nombran (en los puestos culturales del Estado) los unos a los otros. Atiborran las Academias, las publicaciones, los suplementos intelectuales de los diarios. Una red tupida e inmensa que crea los prestigios y destruye la fama de los enemigos o —mejor aún— los hunde en el silencio.

Esta sí que es picaresca española. Y olé.

REBOTES

Mi amigo, el Director de esta impar revista me comunica un mail que le enviara un tal Cangiano, en el que luce una nota sin firma. En esa nota se critica una notícula de mi autoría aparecida en el número de marzo-abril de “Cabildo”. No contesto anónimos, aunque comiencen con un homenaje a mi talento, pero voy a concederle el beneficio de la duda al señor Cangiano y voy a suponer que es el autor de la nota.

Veamos.

Mi notícula es una crítica a un texto de la Secretaría de Derechos Humanos en la que sintetiza la historia de la guerra contrarrevolucionaria de esta manera: “El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas realizaron un golpe de Estado usurpando el poder e instalando, a partir de ese momento, el Terrorismo de Estado en la Argentina, metodología precisa y sistemática, producto de un plan político para la región, que estaba inmersa en procesos de luchas populares de liberación y reivindicaciones sociales en nuestro país”.

Comentando este texto, sostuve que era una versión para “lobotomizados o desinteresados”, pues olvidaba el pequeño detalle de que los jóvenes idealistas reprimidos por los militares “asesinaban, torturaban, secuestraban y ponían bombas”.

El Señor Cangiano (supongamos que sea él) me pregunta en qué desmiente la versión que yo cuento a la de la Secretaría de Derechos Humanos y por qué no complementar ambas versiones ya que el “que los «subversivos» (yo no uso ese término; es de Cangiano, con comillas y todo) hayan eventualmente (sic) asesinado, torturado, etc. no indica que las Fuerzas Armadas no hayan usurpado el poder e implantado el terrorismo de Estado”.

Con mucho gusto le explicaré al Señor Cangiano lo que me pregunta.

Él —y la Secretaría de Derechos Humanos— saben de buena tinta que hubo un plan para la región de reprimir a los jóvenes idealistas. Supongo que se refieren, ambos, al Plan Cóndor pero también a algo mucho más siniestro: un plan imperialista urdido por los Estados Unidos para sofocar esas “luchas populares” y esas “reivindicaciones sociales”. Para aceptar esto hay que pasar por dos pequeños obstáculos. El primero es que entre 1977 y 1980 gobernó los Estados Unidos Jimmy Carter, un presidente de izquierda que puso todos los palos posibles —Patricia Derian incluida— en las ruedas del Proceso. Pero claro que Cangiano tiene una versión del asunto inspirada mitad por Vladimiro Ulianov (a) Lenín y mitad por las películas de la serie Bourne. Los malos son “la C.I.A. y el Pentágono” que trabajan por su cuenta a espaldas del Presidente y el Senado. Pero ese obstáculo es lo de menos. El otro, ya más gordito, es que los militares del Proceso no fueron ni los primeros ni los únicos en reprimir a los jóvenes idealistas con terrorismo de Estado y todo. ¿Esa metodología precisa y sistemática” fue también la del gobierno constitucional peronista?

¿Se acuerda el Señor Cangiano de la represión legal de los primeros guerrilleros durante el gobierno de Illia?

¿Recuerda la represión legal, sin terrorismo de Estado, que hizo el gobierno de facto pero legalista de Lanusse?

¿Recuerda la amnistía de 1973 y cómo los terroristas “volvieron a matar”?

¿Recuerda lo que pasó en el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y su señora esposa?

Los militares “usurparon el poder” como lo habían hecho otras cinco veces en el siglo, pero no “implantaron el Terrorismo de Estado”. Ya estaba implantado dos años antes. No hicieron más que continuarlo, si uno quiere usar una expresión inventada casualmente por los creadores del Estado terrorista. Uno lamenta ciertos métodos del Proceso pero a la luz de lo que pasó tras la actuación escrupulosamente legal de Lanusse se siente tentado a comprenderlos si bien no a justificarlos.

Vamos a ser breves. La versión real, simplificada en pocas líneas, de lo que pasó en la Argentina es ésta. A principios del siglo XX Lenín corrigió la versión marxista de la lucha por el poder para el proletariado. En lugar de la huelga revolucionaria, había que emprender la guerra revolucionaria.

En cumplimiento de esta consigna, desde 1917 hasta 1991 en todos los continentes se desató esa guerra en cuyo desarrollo los revolucionarios asesinaron a cien millones de personas. Esa guerra llegó a la Argentina entre 1965 y 1979 y fue enfrentada por gobiernos civiles y militares, constitucionales y de facto.

Tanto en algunos gobiernos civiles como en el último gobierno militar se utilizaron métodos ilegales de represión, cuya descripción es para la izquierda la de “terrorismo de Estado” y para las personas sensatas un “exceso en la legítima defensa”.

Esto aclarado, confieso no tener ya paciencia para responder las tonterías que el Señor Cangiano dice en la segunda parte de su nota. Es la versión zurda según la cual:

1) Lo que había en los setenta eran “luchas populares de liberación” y “reivindicaciones sociales en nuestro país” (¿Reivindicaciones sociales contra el gobierno constitucional peronista? ¿En serio?).

2) Los militares “mataron y murieron… para que ocurriera lo que efectivamente ocurrió, para que fuéramos lo que somos, un país arrodillado ante el imperialismo, inmerso en la degradación económica y moral, con millones de compatriotas subalimentados y regenteado por (la) partidocracia…”

Insisto en que no creo que valga la pena refutar estas afirmaciones. Son la versión zurda del conspiracionismo, una especie de enfermedad senil del izquierdismo.

Según ella Videla, Martínez de Hoz, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner. Son todos parte de ese plan siniestro elaborado en la C.I.A. y el Pentágono.

Es que la zurda, sin un programa político desde que se cayó el socialismo real, se refugia en esta clase de simplificaciones que pretenden explicar todo y no explican nada. Con ellas tranquiliza su alma y duerme mejor: “todos, todos manejados por el imperialismo”. Solamente ellos, los grupúsculos residuales de la izquierda violenta, están libres del pecado. Los guerrilleros urbanos y rurales habrán “eventualmente” asesinado, pero su lucha era justa.

Bien. Si el señor Cangiano quiere tranquilizar su alma creyendo estas cosas, allá él. Puedo explicarle algunas cosas pero no puedo rehacer su concepción del mundo. Que le haga provecho.

ADDENDA

Mr. Cangiano bien podría argumentar aquí: “Pero usted no quiere aceptar a conspiración imperialista de los Estados Unidos pero adhiere a otra versión conspiracionista: la de la guerra revolucionaria”.

Pare el carro, Herr Cangiano. La conspiración que Ud. aduce es una interpretación de complejos fenómenos de política internacional pero nunca sus protagonistas declararon su voluntad de actuar de esa manera y con esos objetivos.

Yo no niego que entre los datos a considerar haya una cierta voluntad imperialista de los Estados Unidos. Se trata de un imperialismo muy especial, como de nación que fue colonia, pero imperialismo al fin. Lo que rechazo es la simplificación al uso hoy entre los zurdos según la cual todo se explica por esa voluntad.

Ahora bien, Monsieur Cangiano, la “conspiración” llamada guerra revolucionaria ha sido descrita, propiciada, ensalzada y recomendada en miles de documentos de los propios “conspiradores”.

Y esto no es una interpretación, sino la descripción de un hecho que solamente la ignorancia de la historia o la voluntad de ocultar permite omitir.

Aníbal D’Ángelo Rodríguez

martes, 15 de septiembre de 2009

Sanitarias


LAS INVASIONES BÁRBARAS

Entre los numerosos déficit que padece la sociedad argentina, uno, no menor, está vinculado a la cuestión de la salud.

La realidad indica la inexistencia de un programa nacional en la materia, con objetivos precisos, de contenidos coherentes, comprometido con las diversas realidades regionales y extendido eficazmente a todo el territorio nacional.

Un plan que vaya más allá del patetismo y la insignificancia del reparto compulsivo de preservativos; una política de salud en suma, en la que el bien esencial a proteger sea siempre la vida.

Como en tantas áreas de la vida social, justicia, seguridad, trabajo, equidad etc. rige la ley no escrita del sálvese quien y cómo pueda.

Un dato cercano al año 2000, aún de interés, es que nuestro país gastaba en salud por habitante, casi a la par de Francia, que ocupa uno de los primeros lugares en la materia, mientras nosotros figurábamos bastante más allá del puesto cincuenta. O sea que, como aproximación, para este penoso hacer nada, ni siquiera podría tomarse demasiado en cuenta el problema de los recursos, sino su destino final.

Es casi innecesario aclarar que, mantener hospitales públicos funcionando, en manera alguna constituye un plan sanitario nacional, por lo que el sostenimiento de los hospitales, admitiendo que esto se realizara de manera adecuada, es sólo una parte de algo infinitamente más complejo.

Informes actuales de la organización panamericana de la salud muestran un aumento de la mortalidad infantil en el país. Otros estudios epidemiológicos originados en la facultad de medicina de la U.B.A., dan cuenta que, un adulto internado en hospitales públicos del conurbano bonaerense, disminuye cerca de diez años su expectativa de vida respecto a si la internación se hubiera realizado en instituciones privadas.

Diez o doce millones de pobres de la argentina, no tienen protección odontológica alguna, dado que no hay políticas oficiales que los tengan en cuenta. Brasil implementó hace cinco años, un plan para el cuidado bucal de la población en riesgo, destinando para este fin 25.000 odontólogos y 40 millones de dólares mensuales. En nuestro país para lo mismo, estaríamos invirtiendo algo así como cuatro millones de pesos anuales.

Indicadores parciales y al paso, no hay duda, pero útiles para evidenciar diferencias y sobre todo la máxima gravedad de la cuestión.

De trampa en trampa, vivimos ahora el caso del policlínico bancario y de las droguerías que adulteraban medicamentos, que sale a la luz estos días y que era un secreto a voces desde hace demasiado tiempo. Por lo pronto, el juzgado a cargo lleva ¡no menos de cuatro años! en conocimiento del tema, no pudiendo admitirse ignorancia acerca de las graves consecuencias, que de la lentitud de la investigación podrían derivarse.

También es cierto que la antigua insistencia del estado en otorgar a los sindicatos sin otra razón que la connivencia, el cuidado de parte de la salud pública, bien podría considerarse como un hecho criminal según demuestra, aunque parcialmente, el caso bancario.

De manera reiterada, distintas administraciones, destinaron recursos extraordinarios y millonarios —sin rendición de cuentas— a las cajas sindicales, fondos que supuestamente destinados a salud, terminan quien sabe adonde.

Más aún, hace pocos días los medios informaron que Moyano reemplazó a un funcionario del ministerio de salud, antes que asumiera el candidato originalmente designado, por un “colaborador” próximo a la C.G.T. a fin de poder “estar cerca” de los recursos del área

Sospecho que si no hubiera tanto dinero en el medio de la cuestión de la salud, tal vez disminuiría el interés de algunos sindicalistas en hacerse cargo del problema.

No hay necesidad alguna de insistir en algo tan evidente, no son los dirigentes de la C.G.T. quienes deben ocuparse del ministerio de salud ni de sus fondos. Ni la salud es su tarea, ni están preparados para realizarla, ni menos aún el gobierno que fuera, tiene potestad para delegar lo indelegable. Inversamente, pensamos que nadie le pediría a la academia de medicina, que se ocupe de organizar la C.G.T.

Claro que desde la C.G.T. pueden y deben exigir, como deberíamos hacer todos, no los fondos de la salud, sino una política sanitaria nacional que proteja seriamente a cada uno de los argentinos.

Pero cuando todo lo expuesto adquiere la máxima entidad y seriedad, aparece en el momento de referirnos a las víctimas directas y a sus familias. Ciertamente es difícil imaginar el dolor, o la angustiosa incertidumbre de aquellos que tuvieron familiares o amigos internados en el bancario y que murieron durante el tratamiento de enfermedades que requirieron la utilización de alguna medicación supuestamente vencida o adulterada.

El hombre tiene un valor incondicionado que es su dignidad. Enfermo, minusválido, anciano, embrión, esa persona es, en todas circunstancias, única e irrepetible, y está en manos del hombre atropellar esa dignidad o preservarla.

Para los filósofos de la posmodernidad entusiastas de la eutanasia y para quienes la vida, en esos casos espacialísimos carece de valor, es posible que lo estimen como un paradigma interesante. Para las familias de las victimas en cambio, nadie tendrá nunca una respuesta clara, que les de razón de los derechos humanos que les negaron y de los innecesarios sufrimientos —claramente inhumanos— que les causan.

Por cierto que no solo desde el bancario atropellaron el valor trascendente de la vida humana, hay una demasiado extensa red de complicidades que parecerían ordenadas al mismo fin.

En primer lugar el estado delegando, lo indelegable. El régimen K, que todo estatiza y controla y vigila, menos, casualmente, lo que es el sentido último de la política, el bien común, y por supuesto, la vida de las personas. Otra zona de penumbra que merecería alguna aclaración sería, ¿cuál es la función del ANMAT? en el control de los medicamentos que se utilizan en el país.

Por otra parte, el estado cómplice, recolectando dinero, desde el área de salud para la campaña de Cristina, casualmente, dinero de las mismas bandas que trafican efedrina y falsifican drogas hemato-oncológicas por placebos y fármacos vencidos. La realidad nos muestra a un gobierno que, no sólo no protege, sino que desprecia la vida de los ciudadanos, estableciendo alianzas y complicidades con los traficantes de la muerte.

Mientras tanto inmóviles, esperamos sentados, vaya uno a saber que cosa, y miramos la tragedia, con cierta indiferencia…

Miguel De Lorenzo

lunes, 14 de septiembre de 2009

Diez años de Cabildo (II)

.

DIEZ AÑOS MÁS
DE “CABILDO”

El 14 de septiembre de 1999 salía el nº 1 de la tercera época de nuestra revista. Era la Festividad litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz, como nos lo recordó en cálida carta el inolvidable Jorge Mastroianni. Todo un símbolo. “Cabildo” emergía, como siempre, para sumarse a la lucha por Dios y por la Patria. Como desde los viejos tiempos de 1972 —con el maestro Ricardo Curutchet a la vanguardia— para batirse “por la Nación contra el caos”. Una vez más e irreductiblemente ganábamos la calle, animados por el convencimiento de que Alguien tiene que decir la Verdad.

Diez años resistiendo al Régimen, perverso siempre cualesquiera sean los nombres malditos de sus gestores. Diez años animando y congregando a la propia tropa, crecida en brazos juveniles y en indoblegables veteranos. Diez años sembrando la recta doctrina, cultivando la docencia política, ejercitando el apostolado intelectual, propiciando la militancia nacionalista y católica.

Una década más, sumada a las anteriores y con el mismo espíritu, enfrentándonos contra los peores enemigos de la Nacionalidad y de la Iglesia, sin más recursos que nuestra palabra, nuestra soledad, nuestra pobreza y nuestra congruencia extrema.

Nos conforta y confirma el sabernos el blanco recurrente de los ataques de aquellos enemigos señalados. Más todavía nos consolida y fortalece la presencia renovada de amigos y camaradas, llegados desde rincones distintos del terruño.

Llegan y permanecen sabiendo que no hay triunfos temporales para disfrutar sino batallas para librar. Ni famas mundanas que repartir sino deberes y servicios para ofrecer. Ni conquistas de cargos por repartir, sino de sacrificios por consumar.

“Cabildo”, en suma, se siente austera y legítimamente orgullosa de haber cumplido diez años más de vida, conservando el espíritu fundacional y la fidelidad a quienes nos precedieron.

No hemos de olvidarnos las obligadas gratitudes. Las celestes primero, que no sería justicia el omitirlas. Y entre las terrenas las de todos aquellos que nos han socorrido con sus donaciones para el cuerpo y para el alma; en plata y en compañía, en consejos y en especies, en servicios profesionales y en gestos solidarios.

Un agradecimiento especialísimo a los que han muerto, dejándonos el ejemplo de su magisterio y de sus conductas en cada nota que emocionadamente repasamos ahora. Se cifre en uno este reconocimiento a los caídos: Víctor Eduardo Ordóñez, amigo impar cuya ausencia sigue siendo añoranza latente y dolorosa.

Nada sabemos sobre el futuro de “Cabildo”. Va de suyo que la intención de todos quienes la hacemos es continuarla y dejarla en heredad a quienes nos sucedan. Pero vano sería disimular que las muchas contingencias y zozobras materiales no nos permiten trazar planes futuros. No importa. Cada día tiene su afán, y al Señor nos encomendamos. Si hasta aquí hubiéramos llegado, bendito sea Su Santo Nombre. Si la misión prosigue, al mismo Dios le pedimos que nos sostenga con su gracia. Para que alcanzados con la fortaleza podamos mantenernos —según dijéramos ayer— inescoltables por la rendición.

La Redacción

domingo, 13 de septiembre de 2009

Errores modernos


LA “HEREJÍA” SOBRENATURAL

El título escogido para designar este artículo puede provocar cierta extrañeza debido a que en el campo de la espiritualidad cristiana se suele hacer alusión a la herejía naturalista o naturalismo, que es una verdadera y peligrosa desviación en cuanto deja demasiado margen a la espontaneidad humana sin ponerla bajo la necesaria influencia de la gracia. ¿A qué queremos referirnos entonces con lo que llamamos herejía sobrenatural?

En los tiempos que corren, signados como están por una destrucción no sólo de lo sobrenatural sino también de lo natural, algunas almas pueden quedar atrapadas en una suerte de engaño, el cual intentamos circunscribir bajo aquél título, y que en resumidas cuentas podría caracterizarse de la siguiente manera: se advierten, ya sea por conocimiento propio, ya sea por indicación de los confesores, los pecados, especialmente los graves, y las debilidades de que se es presa, se reconocen las faltas y se confiesan debidamente, se escuchan los consejos pertinentes y hasta se forma el necesario propósito de enmienda y, con todo, al fin de cuentas, se termina esperando que únicamente por obra de la sola gracia se haga realidad en la reforma de la propia vida y la desaparición de las faltas que es imprescindible combatir.

Entendámoslo bien: ni se trata de suplantar la gracia por la naturaleza, ni de atribuir a la naturaleza un papel que ni tiene ni le corresponde, ni de fundar una nueva escuela de ascetismo, ni de propiciar una sobre otra. Es algo mucho más sencillo y asequible. Se trata simplemente de reconocer que venimos al mundo con una naturaleza herida por el pecado original, que este envilecimiento resulta agravado por nuestros pecados personales, que aún en ese estado nuestra naturaleza no es absolutamente impotente para obrar, por lo mismo que no ha sido destruida del todo, y que no sólo puede y es ayudada por la gracia, sino que también puede y hasta debe cooperar con la gracia, aunque tenga unas pocas virtudes y muchos defectos, y precisamente a causa de éstos.

En esa perspectiva, decimos que es un error esperar o confiar en que la gracia lo haga todo, obrando el hombre, no ya contra la gracia —por ejemplo, pecando mortalmente o no secundando las gracias actuales— pero al menos como suspendiendo la cooperación que está llamado a prestarle.

Hay algo en el hombre que recibe el nombre de virtud natural, que no sólo existe, sino en la cual es preciso ejercerse, antes como ahora, pero máxime hoy por la razón arriba expresada, y no precisamente para desenvolver una ascética puramente naturalista en que la gracia no tenga cabida alguna, sino porque bajo la óptica de la espiritualidad cristiana y para la vida moral, si no existe un sustrato natural suficiente, cabe preguntarse: ¿sobre qué materia ha de pensarse que obrará la gracia?

Hay que abrir los ojos a la realidad y reconocer que Nuestro Señor, tal como le tentaba el demonio, bien podía hacer panes a partir de piedras, pero sabemos que no lo hizo; somos conscientes de que Dios, en su omnipotencia, puede hacer relativamente cualquier cosa, pero una vez que estableció un determinado orden, se ajusta ordinariamente a él y sólo obra al margen del mismo en casos contados y excepcionales; por lo que nos narran los Hechos de los Apóstoles, sabemos que Jesucristo hizo de Pablo de Tarso, terrible perseguidor de la Iglesia, un grandísimo santo, y aún así, el modo ordinario de su providencia es muy distinto de aquel que tal vez nos vendría más cómodo, a saber: que nos envíe una gracia tan grande que supla en nuestra naturaleza lo que somos renuentes a hacer, pudiéndolo y debiéndolo hacer.

Si es cierto que la gracia suele encontrar un terreno mejor preparado para fructificar en una persona cuyo natural está mejor dispuesto, también podría serlo que si alguien, con natural mal dispuesto, encarase a conciencia la práctica de ciertas virtudes naturales, éstas podrían cooperar —y de hecho se ve que ordinariamente coadyuvan— a que la gracia opere con otra eficacia allí donde hasta el presente ha sido estéril.

Y eso, no por insuficiencia o deficiencia de la propia gracia, sino por falta de auxilio de la naturaleza en cuanto está a su alcance hacerlo.

Pero en la medida que se observa lo contrario y que se confía en restaurar la naturaleza caída por obra de la pura gracia, lo cual no es una cuestión tan abstracta desde que existen los confesionarios, más que un error, es cosa antinatural porque marcha a contramano del orden que de hecho estableció la Providencia.

Una vez más, hay que recordar el caso de Pablo de Tarso: porque cuando nuestro Señor se le apareció y lo interpeló diciéndole por qué lo perseguía, tras un breve diálogo, Pablo se expresa así: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Vul., Hechos de los Apóstoles, 9, 6). Pablo no se quedó en los deseos, porque los deseos, por sí solos, no son sino deseos, y no se ponen por obra ni por sí mismos, ni por recurso a potencias sobrenaturales, dado que las naturales bastan para moverlos. Él tenía ciertamente algo de suyo que poner y no podía esperar ni esperó que Dios lo hiciese todo.

La vida sobrenatural también tiene sus reglas, es decir, una estricta economía y no suele dar lo que Dios dispuso que provenga de otro principio –la naturaleza, en este caso.

Pues bien, algo bastante parecido podría ocurrir en nuestra propia vida espiritual. Sabemos que tenemos cierto defecto, conocemos que somos reincidentes en tal pecado, somos conscientes de lo que nos toca poner, pero tal vez pensamos acabar con el problema apelando únicamente al rezo de cinco novenas, o diez rosarios, o treinta avemarías. Cierto —¿quién lo niega?— que es necesario rezar, orar, pedir, insistir, pero pareciera quimérico suponer que orando solamente y haciendo nosotros poco, casi nada, o directamente nada, se puede cosechar algún fruto de reforma moral.

Por eso, no basta con pedir a Dios que nos conceda más piedad, hay que ejercerse en la piedad e intentar hacerlo bien. No alcanza con pedir a Dios la obediencia, es menester realizar una y muchas veces actos concretos de obediencia y someter la rebeldía. No es suficiente con declamar sobre la pereza, hay que vencerla. No alcanza con pedir a Dios la castidad, hay que esforzarse en obrarla. No es bastante con quejarse de los accesos de ira, es imprescindible practicar en concreto la mansedumbre —con la ayuda de la gracia, es verdad— pues ¿de dónde Dios va a derramar sus dones en quien se muestra reticente a lo que sin género de dudas está a su alcance hacer?

La gracia santificante, sea que se devuelva a quien la ha perdido, o que se aumente la que ya se tiene, precisa que el cristiano también diga: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”

A cuántas malas interpretaciones podríamos exponernos si dijésemos que es preciso restaurar el papel de la naturaleza y, sin embargo, la afirmación encierra cierta verdad, a condición de que se la entienda bien; porque la vida moral del cristiano no se construye en el aire ni es una vida teórica: es una vida moral, es decir, atañe a las costumbres, y costumbres de un hombre que tiene cierta naturaleza, herida, sí, pero sobre la cual y sin la cual no puede operar la gracia.
Cuando la vida sacerdotal permite, por una parte, comprobar la verdadera magnitud de la herida del pecado original y su profundización por las faltas personales, y por otra, se advierte, no obstante las confesiones, cierta deficiencia del propósito de enmienda, que se ha gestado pero que tiene un breve y hasta a veces brevísimo aliento, fuerza es admitir que algo falla y deviene necesario indagar más detalladamente para establecer sus causas.

Entre ellas, contentémonos por ahora con reconocer ésta: la penitencia no apunta sólo a devolver o aumentar la gracia santificante, sino también a luchar contra los vicios a través de una paulatina reforma de vida. Esto equivale a decir que el efecto esencial o inmediato de la penitencia termina cuando el penitente se levanta del confesionario, pero que el efecto pleno de este sacramento demanda su prolongación a la vida cotidiana.

Esta conexión se rompe no sólo cuando el propósito de enmienda es demasiado genérico o demasiado abstracto —como quien dijese “voy a ser más bueno”, “voy a ser más obediente”, sin particularizar más el verdadero deseo, descendiendo aún más a lo concreto— sino también cuando, permítase expresarlo así, cuando está demasiado ausente.

Porque ¿quién vio jamás a un arquitecto hacer una casa sin bosquejar numerosos planos, sin pensar, si no de continuo, al menos diariamente y hasta varias veces al día en lo que tiene que hacer, sin visitar la obra, sin vigilar el acompasamiento de las partes con el todo, para que resulte lo proyectado?

Pues bien: en la vida espiritual sucede exactamente lo mismo. Quien tras haber formado un propósito, no se lo pone por delante, frecuentemente, varias veces al día, para motivar la voluntad; quien no desciende a lo concreto, quien no visita ni vigila la obra que quiere perfeccionar, ¿cómo o cuándo podrá ver realizado su proyecto?

Un Sacerdote Fiel

sábado, 12 de septiembre de 2009

Denuncias


UN ATAQUE IMPUNE
A LA CRUZ DE CRISTO

El Dr. Exequiel Ávila Gallo, nos ha hecho llegar el planteo de inconstitucionalidad-nulidad que ha formulado ante la Cámara en lo Contencioso Administrativo contra el Gobernador de Tucumán, por haber derogado éste la Bandera de la Provincia que gobierna, sólo porque tenía la Cruz.
No es la primera noticia que tenemos ni que damos del odio judío al Cristianismo, manifestado explícitamente por el Gobernador José Alperovich. Bajo su gestión hay una manifiesta y reiterada actitud despectiva hacia la Fe fundacional de la patria, así como una no menos manifiesta propensión a rodearse de agentes sionistas.
Lo que reproducimos a continuación es apenas un fragmento significativo de la demanda presentada. Va de suyo que el texto completo es de mayor longitud.
Pero antes se imponen algunas mínimas aclaraciones.
La primera, que ningún vínculo partidario tenemos con el Dr. Ávila Gallo, así como tampoco lo tenemos con ninguna otra agrupación partidaria provincial o nacional.
La segunda, que es un escándalo que clama al cielo, que el Pastor de la diócesis, Monseñor Villalba, no solamente no movilice a los católicos tucumanos a una condigna reacción, colocándose a la cabeza de la misma, sino que tenga públicos y reiterados gestos corteses o contemporizadores con el sacrílego gobernante.
La tercera aclaración, al fin, es que episodios de esta índole prueban el odio inabolible que el judaísmo profesa hacia el Símbolo de Nuestra Salvación, y la consiguiente insensatez que representa esa política de mano tendida hacia los deicidas —oficialmente practicada hoy en los ambientes eclesiales— no con el propósito de convertirlos, que sería lo justo y lo loable, sino con el afán de promover una nueva y sincrética religión judeo-cristiana.

Por intermedio de la Ley 6.694 que fuera sancionada por unanimidad de los legisladores que conformaban al 9 de octubre de 1995 la Legislatura de la Provincia, y promulgada el 30 de octubre de 1995 con dicho número, y publicada en el Boletín Oficial del 3 de noviembre de 1995, se creaba la Bandera de Tucumán y se daban las motivaciones en su exposición de su creación.

Esta Bandera tuvo su vigencia plena, tan es así, para citar tan solo un ejemplo, que en el Salón de Acuerdos Públicos de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia estaba instalada la misma.

Tenía como emblemas la CRUZ, la Casa Histórica, y las fechas 1812 —la Batalla de Tucumán— y 1816 —la Declaración de la Independencia de nuestra Patria—, hasta su derogación con la ley que solicito su inconstitucionalidad y/o nulificación.

La Bandera de Tucumán con la llegada al gobierno del actual gobernador José Jorge Alperovich, con el argumento de que era discriminatoria porque tenía la CRUZ […] prohibió su uso en los cuerpos policiales, escuelas, representación administrativa en la Capital Federal, hizo sacar del Salón de las Banderas ubicado en la Casa de Gobierno de Jujuy, con el argumento que Tucumán no tenia bandera, y también la hizo retirar de nuestra propia Casa de Gobierno, y de reparticiones policiales, escuelas, representación de la Provincia en la Capital Federal, eliminó el izamiento de la Bandera de Tucumán con la Nacional, y de muchas otras partes, en consecuencia, incumplió con las disposiciones de dicha ley, por lo que con fecha 21 de junio de 2005 lo denunciamos en forma documentada al mencionado mandatario, por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público por ante la Fiscalía Tercera de Instrucción en lo Penal, la que hasta el momento no conocemos si se ha dado trámite alguno o que resolución ha tomado, pese a que fue denunciada por el partido que represento ante la Excma. Corte sobre la demora intencionada e injustificada de la Sra. Fiscal, comprensible —por el temor a una represalia del Gobernador Alperovich de investigar el hecho— la misma tuvo entrada en el Alto Tribunal con fecha 9 de marzo de 2009.

Esta Bandera fue derogada sin ninguna exposición de motivo, por intermedio de la Ley 8.153, como surge de la misma, que fue publicada en el Boletín Oficial el 16 de enero de 2009, y esto lo confirma el propio artículo 1º que dice: “Derógase las leyes o normas de igual jerarquía cuya nómina integra el Anexo 1, que forma parte de la presente”, y entre ellas estaba la Ley 6.694.

Como no existe en dicha Ley 8.153, motivación o fundamentación alguna, para conocer las razones de su derogación, y para dar mayor basamento jurídico a esta demanda, es que solicité al Sr. Presidente de la Legislatura Dr. Juan Luis Manzur el 5 de marzo de 2009 que se pusiera a muestra disposición el diario de Sesiones de fecha 5 de diciembre de 2008 para conocer los motivos de la derogación de la Ley 6.694, tanto en el dictamen de Comisión y en las opiniones de los legisladores intervinientes.

Pese a que dicha entrega es gratuita, ofrecimos pagarle el Diario, se nos responde verbalmente que no se puede adquirir el mismo, porque no estaba impreso.

Se acompaña en prueba, la petición en fotocopia del escrito mencionado, que fue registrado en la Legislatura como Expediente 18-VL-09, en el Libro 182 Folio 646 de Mesa de Entradas con fecha 5 de marzo de 2009. Se sigue actuando de mala fe porque se continúa escondiendo la razón o fundamento o motivo que se tuvo para derogarla.

En cambio le acompaño para que forme parte de la presente demanda, la opinión de los Profesores Asociados de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Tucumán, Dres. Luis Iriarte y Carmen Fontán, publicada en el diario “El Siglo” del 30 de junio de 2005, pág. 4.

Así como cito la opinión fundada en vastos hechos jurídicos e históricos dados por los mencionados profesores universitarios, que no los tiene la ley que la deroga, ni en una línea siquiera.

En consecuencia desde ya solicito se me tenga por reservado el derecho a ampliar la demanda, una vez que la Legislatura remita el diario de sesiones del 5 de diciembre de 2008 y/o versión taquigráfica de dicha reunión, en el término de 24 horas como lo solicitaré en el petitium.

[…] La urgencia de solicitar esta medida está en una cuestión de hecho, que hemos quedado sin pabellón provincial, y es imprescindible hasta que no quede firme el fallo que requiero por esta acción, se mantenga la vigencia de la Ley 6.694 de creación de la Bandera de Tucumán.

Tenemos, como ejemplo de esta urgencia, el caso del Liceo Militar General Gregorio Araóz Lamadrid que tiene para sus desfiles todas las banderas de la Provincia del NOA y en cambio no la tiene en estos momentos la nuestra, por lo que solicito se haga lugar a la medida innovativa que solicito, porque esta probada la verosimilitud del derecho con la fundamentación de la inconstitucionalidad y/o la nulidad planteada: ley sin motivo, sin fundamento.

Exequiel Ávila Gallo

viernes, 11 de septiembre de 2009

Vidas execrables


SARMIENTO
EN CHILE
(poema y canción)

Desde Chile vocifera
renunciando a su nación
el sanjuanino masón
que a su tierra la vendiera.

El liberal lo venera
(entre bueyes no hay cornada)
inventando una patriada
ajena a la realidad:
pues no pasó de chacal
que a su patria repudiaba.

¡Cuánto odio destilaba,
provocando la rapiña!
Magallanes se perdía…
¡cuánta historia deformada!

Un valiente a la distancia,
es del sinarca su aliado:
a Facundo lo ha insultado
y critica a Juan Manuel…
¡pero la gloria ha de ser
tan sólo del gaucho alzado!

jueves, 10 de septiembre de 2009

Editorial del Nº 83


LA DISCORDIA,
ESA PELIGROSA ESTRATEGIA

Si hemos de creerle a la mitología, cierta deidad causó la discordia, arrojando una manzana para la más bella, cuya posesión disputó con egomanía furiosa una de las presuntas destinatarias del objeto frutal. Y si hemos de creerle a los registradores de extrañísimas sectas, hacia fines de los años cincuenta del siglo XX, un yanqui alucinado, Greg Hill, fundó la religión del Discordianismo con el propósito de dar batalla a la armonía y el orden.

No necesitará el lector mayores detalles para advertir que estamos evocando la realidad argentina. Porque el kirchnerismo es, entre otras tantas degeneraciones, una técnica del conflicto permanente, una manía por la desavenencia, una ruinosa obsesión por el resentimiento, un culto fatídico por la disensión rencorosa y las querellas vengativas.

Contrastando con su impiedad manifiesta y su ateísmo práctico, tiene la dupla siniestra que al gobierno encarna, la devoción por la ira de los necios que condena la Escritura (Proverbios, 27, 4), hasta hacer del odio una fe subvertida y canallesca. Porque bien enseñaron los Padres que cuando la ira repentina se convierte en odio duradero, el alma se vuelve homicida, y despojándose de la caridad se mata a sí misma y asesina al prójimo. Se entiende que los llamados intelectuales K hayan salido en defensa de un odiador profesional del oficialismo, para más señas atocinado delincuente piquetero.

Lo grave de esta discordia, retratada a grandes rasgos, es que la misma no consiste solamente en el vicio privado o en el morbo psicológico individual de Néstor y Cristina, patológica yunta de pobres diablos nativos. Lo verdaderamente grave es que la desunión y la atomización de la comunidad argentina, la disensión exasperante y el quiebre de la paz social, es su programa y su táctica para asegurarse la permanencia en el poder. Como es grave que para el logro de tamaño fin cuente el Estado con esbirros impunes, adiestrados para vulnerar a la ciudadanía e impedir agresivamente cualquier expresión de repudio al modelo.

¡Cuidado con minimizar esta violencia de los mercenarios! Están bien pagos, y son a su vez los sórdidos garantes del latrocinio de sus mandantes. Ya se los vio en acción, arrollando y amenazando, bajo la tutela cómplice del Poder Judicial, garante de los desmadres del Poder Ejecutivo.

La discordia, el garrote y el odio son hoy las instituciones malignas en la estrategia política de los Kirchner. Les molesta el catolicismo, la historia verdadera, las guerras justas de la patria, el orden natural, el federalismo, el señorío de la palabra libre y veraz, las tradiciones nacionales, los soldados que enfrentaron al marxismo, el trabajo rural, y sobre todo la realidad. Porque lo real —lo real en ellos, inmundos ricachones, y en el prójimo convertido en objeto de sus múltiples saqueos— no concuerda en absoluto con el discurso ideológico que gustan repetir.

¿Puede una nación vivir sin concordia? Va de suyo que no, y a la respuesta de Aristóteles nos remitimos cuando en la Ética Nicomaquea enseña que sin esa amistad política, la ciudad se desarticula y los comunes intereses se desmoronan. Pero tampoco cabe el engaño de aquellos ilusos, que creen que a los causantes de tantísimo daño planificado puede pedírseles alguna contribución a la paz, algún aporte a la reconciliación o algún gesto magnánimo. Estamos obligados a combatir las causas y los causantes de la discordia odiosa y virulenta, sin fomentar la unidad de los opuestos, de la que saldría mayor espanto y ruina enorme.

No acabarán los Kirchner como Dorrego, según la comparanza inaudita y ofensiva que enarboló dos veces la bruja. Nadie fusilará sus carnes quirúrgicas, destino final de la gusanería como toda materia humana. Terminarán como ya acabaron, aunque se nieguen a verlo: objetos del desprecio entero de los argentinos decentes, corridos de la historia a fuerza de denuestos, escupitajos y patadones en el traste, rumbo a alguna jaula, que es el modo en que suelen abandonar el escenario los peores payasos, mientras el público celebra. El tiempo prueba que la discordia suele arrasar de este modo a quienes no quieren ser sus solucionadores sino sus estrategas.

En lo que a nosotros concierne —y si fuera cierto lo que muchos prevén sobre la posibilidad de un enfrentamiento civil provocado por esta gentuza— Dios nos conceda el don de resistir sin desmayos.

Antonio Caponnetto

martes, 8 de septiembre de 2009

Aniversarios


CENTENARIOS
CUIDADOSAMENTE
SILENCIADOS

¿HUBO VIDA ANTES DE 1930?

La zurda omnímoda que padecemos —desde la cultural gramsciana políticamente “correcta” hasta la terrorista aburguesada porque ya se ha encaramado en el poder— en los últimos años ha “ignorado” (u ocultado) prudentemente ciertas efemérides propias cuya recordación vendría a demostrar que la subversión comenzó con su terrorismo sistemático mucho antes de la “catástrofe de 1930, origen de todos los males” según Grondona

No sólo se dejan pasar aniversarios de gestas “gloriosas” para el zurdaje, sino centenarios que brindan la posibilidad a periodistas ambiciosos de lucirse como historiadores, quienes sólo se ciñen a límites cronológicos que no superen el cincuentenario del bombardeo de 1955 —verdadero “bautismo de fuego” de nuestra Aviación Naval y de nuestra Fuerza Aérea (que no fue en Malvinas)— o los recientes cuarenta años del “Cordobazo”. Todo es válido si es posterior a 1930.

A esa izquierda mendaz y acomodaticia no le conviene que la gente recuerde que importó del Viejo Mundo sus crueles e inútiles prácticas del atentado terrorista y/o de los desmanes callejeros convenientemente dirigidos en épocas tan lejanas como la segunda mitad del siglo XIX —y, por lo mismo— dejó pasar en silencio sus escabrosos centenarios.

Algunos de los hechos “destituyentes” (Kirchner dixit) perpetrados no fueron contra funcionarios de segunda línea como los asesinatos del Jefe de Policía Cnl Ramón Lorenzo Falcón y su secretario Alberto Juan Lartigau, cuyo centenario el próximo 14 de noviembre —hasta ahora, al menos— se ha dejado pasar inadvertido, sin que el Colegio Militar recuerde a su primer cadete inscripto ni la Policía Federal conmemore a su primer Jefe asesinado por la subversión (luego lo siguieron Villar y Cardozo) junto a un joven funcionario policial también Caído en cumplimiento del deber.

En aquellos tiempos que parecen remotos hubo atentados magnicidas —cuyos respectivos centenarios fueron olvidados por los “formadores de opinión”, más atentos a las groseras “sutilezas” de “Gran Cuñado”— contra los Presidentes Sarmiento (1873), Quintana (1905) y Figueroa Alcorta (1908), como tampoco se recordaron los cien años de sucesivos “porteñazos” como los tumultos socialistas del 13 de octubre de 1903, los conjuntos de socialistas y anarquistas del 1° de mayo de 1904 con muertos (un policía) y heridos, además de la “Semana Roja” del 1° al 8 de mayo de 1909, cuyas decenas de muertos (cuatro eran conscriptos) y centenas de heridos fueron obliterados de la Historia Oficial al cumplirse cien años de esa primera “guerrilla urbana”.

Guerrilla que fue precursora de la “Semana Trágica” del decenio siguiente (1919) —en la que participaron anarquistas, socialistas y comunistas— a la cual va a ser más difícil “olvidar” por los libros y películas que han falseado el tema. Más adelante daremos más detalles de los atentados terroristas y los tumultos vandálicos que requirieron no solamente una enérgica represión, sino una denostada Ley de Residencia que permitiera expulsar a los extranjeros que hicieran peligrar nuestra paz interior.

LAS INTERNACIONALES

Dado que el socialismo actual ha edulcorado su posición política del presente como “socialdemócrata”, será necesario recordar que —al igual que su aliada electoral de antaño (1931) y hogaño (2009), la U.C.R.— ambos partidos son “Secciones Argentinas” de la IIª Internacional marxista o IS (Internacional Socialista) fundada en París el 14 de julio de 1889, al cumplir cien años la cruenta Revolución Francesa. Los marxistas habían sido expulsados con sus mentores —Chahim Mordechai Ha-Levy (a) “Karl Marx” y Federiquito Engels— de la Iª Internacional que estos benefactores de la humanidad habían fundado en Londres en noviembre de 1864, la AIT o Asociación Internacional de Trabajadores, que renegó del marxismo y se convirtió en anarquista bajo el influjo del ruso Mikhail Bakunín.

En la Argentina venimos padeciendo de “Secciones” locales de las cuatro Internacionales desde 1870, más algunos sucedáneos “mistongos” como el “Foro de San Pablo”, el de “Porto Alegre” o “Foro Social Mundial” y el latrofaccioso Eje “bolivariano” (!) castrochavista “ALBA”.

Cuando los subversivos del mundo se dividían en marxistas y bakuninistas, las dos respectivas Internacionales rivalizaban en perpetrar los atentados más impactantes y las revoluciones más sangrientas. No olvidemos que la Revolución Soviética tuvo como partido único oficial a la “Fracción de los Bolcheviques del Partido Socialdemócrata Ruso” (nombre que usó hasta la Segunda Guerra Mundial) y estuvo afiliado a la IIª Internacional hasta que Lenín creó la IIIª o Komintern (Internacional Comunista).

Con los anarquistas, estos marxistas cometieron las incalificables tropelías de la Guerra de España, durante la cual se fundó la IVª Internacional trotskista. Ninguna de estas asociaciones ilícitas (varias son “legales” pero nunca serán lícitas) ha dejado de tener su “Intelligentzia” sumisa y su mano de obra cipaya en la Argentina desde hace un siglo y medio.

ATENTADOS CONTRA CUATRO PRESIDENTES

Los magnicidios fallidos planeados por anarquistas comenzaron por el dirigido contra el Presidente Faustino Valentín Quiroga Sarmiento y Albarracín, quien por aversión a su pariente y biografiado Facundo prefirió quitarse el primer apellido paterno y llamarse “Domingo Faustino Sarmiento”.

El 23 de agosto de 1873, cuando iba en su coche por la calle Maipú llegando a Corrientes en Buenos Aires, fue blanco de tres italianos “carbonarios” a órdenes de un austríaco también anarquista y el asesinato fracasó al explotarle el arma al tirador —Francesco Guerri— volándole la mano, haciendo que otros dos terroristas tiraran tardíamente cuando el carruaje se estaba alejando. Éstos eran Pietro Guerri (hermano del mutilado) y Luigi Casimir (a) “Aníbal” y el “responsable” de la célula era Aquiles Segabrugo (a) “El Austríaco”.

Los Guerri fueron apresados por el oficial de la escolta (luego Coronel) Floro Latorre: “Aníbal” fue capturado el 14 de septiembre en un muelle (disfrazado de marinero) y “El Austríaco” huyó a Montevideo, donde fue asesinado el 27 de ese mes. Otra tentativa fallida fue la de ultimar al Presidente Manuel Quintana en Buenos Aires el 11 de agosto de 1905 por el anarquista catalán Salvador Enrique José Planas y Virella, debida a la mala calidad de las balas que disparó. Condenado a prisión hasta el 29 de abril de 1917, se fugó de la Penitenciaría Nacional con otros doce presos el 6 de enero de 1911.

Uno de éstos, el mosaiquista salteño de 21 años Francisco Solano Regis (a) “Rojas” —quien dijo ser “comunista y anarquista”— arrojó a los pies del Presidente José Figueroa Alcorta —el 28 de febrero de 1908 a las 18:30, cuando descendía de su coche frente a su casa en Tucumán 848, Buenos Aires— un envoltorio humeante con explosivos que pudo ser apagado con agua. Condenado a prisión hasta el 8 de marzo de 1929, cavó un túnel en Salguero y Juncal y por allí se fugó con Planas y otros once. A su vez, en uno de los festejos por el 9 de Julio de 1916, Centenario de la Independencia, un anarquista terrorista hizo fuego —sin éxito— contra el Presidente Tcnl y Dr. Victorino de la Plaza.

PORTEÑAZOS

En cuanto a vandalismo urbano, éste no comenzó en mayo de 1969 con el “Correntinazo”, el “Rosariazo” y el “Cordobazo”, sino mucho antes. Ya el 13 de octubre de 1903, por promover y participar en tumultos e incidentes callejeros fueron detenidos los dirigentes socialistas (único partido marxista en aquel entonces) Enrique del Valle Iberlucea, Manuel Ugarte y Alfredo Lorenzo Palacios.

Meses después, el 1° de mayo de 1904, los marxistas y los bakuninistas convinieron conmemorar el “Día del Trabajo” con marchas separadas que confluirían en la Plaza Colón de Buenos Aires, detrás de la Casa de Gobierno; el PS marxista desde la Plaza Constitución y los anarquistas desde la Plaza Roma, donde aún se encuentra la estatua sedente —y, según parece, nada sedante— de Giuseppe Mazzini, atacando a la Policía Montada asesinándole a un Agente y muriendo un activista en el bando agresor, además de numerosos heridos en ambos.

Un lustro después (y en una sucesión de acciones coordinadas), comenzó en Buenos Aires la “Semana Roja” del 1° al 8 de mayo de 1909. Comenzó con tiroteos de varios miles de socialistas y anarquistas contra la Policía y transeúntes durante su manifestación conjunta desde la Plaza Lorea por la Avenida de Mayo, causando cinco muertos y cuarenta heridos; el 2 se declaró una huelga general; el 3, tiroteos cerca de la Morgue para llevarse sus muertos y asesinan al capataz de playa Pablo Coello en los Mataderos; el 4, tiroteos en Once y en Chacarita con más muertos y heridos; el 5, asesinan a “cuatro conscriptos y un vigilante”; el 6, enfrentamiento en Plaza Constitución entre tropas de Ejército y socialistas; el 7, al detonar una bomba oculta en una canasta hallada por el conductor de un tranvía en Corrientes y Carlos Pellegrini, muere asesinado el niño Esteban Garaycoechea y quedan numerosos heridos, y el 8, entre otros incidentes, asesinan en Las Heras y Montevideo a un lechero que no se plegó a la huelga. Los revoltosos anuncian que matarán al Jefe de Policía Cnl Ramón Falcón para vengarse, lo cual cumplieron antes de finalizar el año.

CONTRA EL CENTENARIO PATRIO

Para alcanzar mayor resonancia perturbando los festejos del Centenario, marxistas y anarquistas encabezados por el “Grupo Ruso Israelita «Amigos del Obrero»” y los agremiados en la F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina, anarquista) convocan a una “huelga general insurreccional” entre el 18 y el 25 de mayo de 1910, amenazando a quienes trabajen, hagan circular transportes o luzcan colores patrios, causando muertos, heridos y la declaración del estado de sitio, con cientos de detenidos y deportados. Al mes siguiente, el 26 de junio de 1910, mientras se interpretaba el segundo acto de la ópera “Manón” de Massenet en el Teatro Colón de Buenos Aires, estalló en la fila 14 de la platea una bomba que causó numerosos heridos, colocada por los anarquistas judíos rusos David Romanoff e Isaac Molinoff, pudiendo evadirse el primero y siendo apresado el segundo.

El Cnl José María Calaza, Jefe del Cuerpo de Bomberos allí presente, ordenó a la orquesta tocar el Himno Nacional que fue cantado por toda la concurrencia, mientras la Policía de Orden Social se lanzó a realizar unas cien detenciones.

RAMÓN L. FALCÓN, DE OCCISO PRÓCER
A REPRESOR ESCARNECIDO

Cuando volvían a sus despachos en la Jefatura de Policía desde la Recoleta, donde habían asistido a un entierro, el 14 de noviembre de 1909, el Jefe de Policía Cnl Ramón Lorenzo Falcón y su secretario Alberto Juan Lartigau fueron asesinados por la bomba que les arrojó adentro de su carruaje el anarquista terrorista ruso e israelita Simón Radowitzky en la esquina de Callao y Quintana, Capital Federal; el cochero Isidoro Ferrari, asimismo, quedó gravemente herido.

Innumerables homenajes se rindieron a las víctimas, incluyendo calles y paseos con sus nombres y la denominación de la Escuela de Cadetes de la actual Policía Federal Argentina. Su asesino participó en la excavación del túnel en la Penitenciaría para la fuga del 6 de enero de 1911, pero ese día tuvo que trabajar en la imprenta. Fue trasladado al Penal de Ushuaia, Tierra del Fuego, y logró fugar en un cúter el 7 de noviembre de 1918, pero fue recapturado a los 23 días. En 1930 fue indultado por Hipólito Yrigoyen y emigró a México, donde falleció durante la Segunda Guerra Mundial.

El 1° de mayo de 2004 —centenario del primer “Porteñazo”— Naúm Normando Brisky (a) “Norman Briski” (del Consejo Superior de “Montoneros” desde el 20 de abril de 1977), en nombre de Celia Guevara de la Serna (hermana del “Che”) y mancomunadamente con el historiógrafo Osvaldo Jorge Bayer, acompañado por grupejos izquierdistas de todo pelaje cambiaron el nombre a la Plaza Ramón Falcón en Floresta, Capital Federal, por el del Che Guevara. Además, unas cuantas cuadras de la calle sobre la que se encuentra la mencionada plaza —denominada homónimamente Ramón Falcón— amanecieron rebautizadas de hecho con el nombre de su asesino. Substitución ilegal y aberrante que —de la Plaza, al menos— han hecho perdurar hasta el presente mediante la ocupación de ese paseo público usurpado desde entonces.

A su vez, la diputada kirchnerista Silvia La Ruffa presentó en la Legislatura porteña el proyecto de cambiar el nombre a la calle Ramón Falcón —“un policía represivo”— por el del futbolista castrista Diego Maradona, “así matamos dos pájaros de un tiro”…

CONCLUSIONES PARA 2009

La cruenta “Semana Roja” no se conmemoró en mayo de este año ni por la Izquierda tan obsesionada (y enriquecida) por “la Memoria”, que le ha resultado asaz provechosa política y económicamente en nuestra asolada y desolada Patria. El año que viene se nos saturarán las entendederas con el Bicentenario, sin recordar —casi seguramente— incómodos detalles como la “huelga general insurreccional” (sic) del 18 al 25 de mayo de 1910 por marxistas y anarquistas con cruentos choques y numerosas bajas tras declararse el estado de sitio o la bomba que estalló en la fila 14 de la platea del Teatro Colón al mes siguiente, como no se conmemorarán oficialmente —si la ciudadanía decente no exige lo contrario— los asesinatos de Falcón y Lartigau en noviembre de este año 2009, ni el atentado terrorista contra el Presidente Victorino de la Plaza en ocasión de otro Centenario patrio, el de la Independencia en 1916. “Los pueblos que no aprenden de su Historia…”

Adolfo M. Muschietti Molina

lunes, 7 de septiembre de 2009

Aviso

SALE LA NUEVA “CABILDO”


EN EL MES DE SU DÉCIMO ANIVERSARIO


ESTE JUEVES EN SU KIOSCO

domingo, 6 de septiembre de 2009

Sermones elegidos


EL VALOR DE
LA VERDADERA LIBERTAD

Precisamente hoy, cuando nuestra sociedad se precia de no desconocer nada y con gran prontitud se conocen los acontecimientos y detalles de lo que acontece en cualquier parte del mundo, por muy alejado que éste se encontrare, muchos hombres de esta misma sociedad desconocen el significado de la libertad, y piensan que un ser es verdaderamente libre cuando puede hacer… todas las barrabasadas que se le antojen.

No se dan cuenta, pobrecitos, que eso es una vergonzosa esclavitud de los sentidos.

Esta sociedad (o mejor dicho, nuestra naturaleza humana) es dependencia y esclavitud; y si a esto le agregamos las consecuencias del pecado original, somos “reyes destronados y exiliados”.

La verdadera libertad sólo se encuentra en el cristianismo, cuando el hombre bajo el impulso de la gracia, puede elegir diversos medios que la vida le ofrece para alcanzar la santificación. Ciertamente, la santificación implica obediencia y sujeción al Omnipotente, pero como dice San Pablo, “servir a Dios es reinar”. Llegamos a ser reyes: la corona está puesta sobre nuestra cabeza y entonces todo el mundo es nuestro, ninguna conquista es imposible, tenemos un dominio maravillosamente extenso, ya que en el orden sobrenatural nos hallamos bañados en una atmósfera de infinito.

Mas Jesús quiere hacernos meditar sobre la necesidad de la “elección” y por ende sobre la verdadera libertad, cuando en el Evangelio insiste en mostrarnos que “no se puede servir a dos señores”. Estos dos señores son la confianza pagana en las solas fuerzas humanas y la fe cristiana en la Divina Providencia; nosotros debemos servir solamente a esta última, porque la fe y las obras sobrenaturales son las únicas que nos permiten acceder a la verdadera libertad.

No se puede aunar nuestras ansias y preocupaciones por las cosas terrenas o por las alegrías de los sentidos, y al mismo tiempo afirmar, creer, esperar y amar a la Divina Providencia; algunos han intentado este imposible matrimonio, pero deben confesar pronto que han caído en el dominio de lo humano, de la materia y, por desgracia, del pecado. En cambio, el cristiano debe contar sólo con Dios, haciéndolo el centro de su plena confianza, apoyándose exclusivamente sobre su misteriosa y vigilantísima acción sobre nosotros: “No os acongojéis por vuestra vida, qué habéis de comer; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir”.

Si tratamos de sacudirnos un yugo que nos parece insoportable pensando que un mejor nivel de vida o un status socialmente más acomodado nos sacarán de esa “insoportable esclavitud”, más tarde o más temprano nos daremos cuenta de que habremos caído en otra esclavitud, que seguimos siendo esclavos, que sólo hemos cambiado de “patrón”.

De este modo, el pecador quiere desatarse de todo lazo que lo sujete a Dios; se rebela contra Su Ley y se lanza a la más desordenada actividad para procurarse placeres terrenos; pronto descubrirá que sólo ha mudado de patrón, pero para peor: ahora sirve al mundo, a la propia sensualidad caprichosa, al rebelde Lucifer. Y no tiene más que miedos tontos, ansiedades vanas, preocupaciones sin fin.

Luego, cuando el alma se torna esclava cayendo en el hábito del desprecio de los valores espirituales y de la insubordinación moral, ya casi no hay nada más por hacer. San Bernardino de Siena lo ha demostrado con este siguiente relato:

“Cierta vez un muchacho llevaba una carga de leña en un asno, y sucedió que cayó en medio de la calle. Un caballero que pasaba por allí, al ver al asno caído con el muchacho, dijo a sus servidores: «Ayudad a levantar el asno a ese chico». Entonces los sirvientes corrieron y, uno lo tomó por la cola, otro por el cogote, hasta que lo levantaron. Cuando el muchacho vio levantado su asno, comenzó fuertemente a quejarse: «Ay, pobre de mí, me han destrozado mi asno». Dicen los servidores: «¡Mentira!» Y el niño seguía llorando y lamentándose: «¡Me han estropeado mi asno!»

“Dice entonces el caballero: «¿Qué le han hecho ellos a tu asno que te lo han estropeado?» Dice el niño: «Si lo hubiesen dejado como estaba, yo le habría dado tantos bastonazos que se habría levantado por sí solo. Pero ahora que ha sido ayudado, cuando se caiga ya no podré hacerlo levantar más porque querrá ser ayudado. Entonces el caballero conoció que esto significaba el mal hábito, del cual no se puede salir cuando otros nos acostumbraron a él”.

Y es verdad: los malos hábitos hacen al hombre un verdadero siervo para siempre, pues lo acostumbran a considerar todo desde un punto de vista puramente humano, perdiendo para siempre toda serenidad; será muy difícil salir de esta dificultad. No confiamos en la Providencia; nos ajustamos a las muñecas pesadísimas cadenas, puesto que los excesivos cuidados de nuestro cuerpo, de nuestros asuntos, de la moda, nos tornan esclavos de pasiones indominables, de la más codiciosa avidez, del ridículo respeto humano; nos hacemos pobres esclavos de la carne, de un hombre o de una mujer, del orgullo, del prejuicio o del error.

El comer, el vestir, la salud o la posición social tienen siempre un limitado valor como “medios”. Estas cosas, nos dice Jesús, preocupan a los paganos. No dice que debamos ignorarlas o que no nos tengan que importar nada, pero no quiere que lleguen a ser para nosotros como un refugio, el centro de nuestras aspiraciones, el objetivo de nuestra vida. No se puede servir a Dios y juntamente al dinero, que los necios creen que es el instrumento indispensable para procurarse tranquilidad y alegría en la vida.

La falta de confianza en la Providencia es la primera y esencial causa de tantos pecados de cónyuges que profanan el matrimonio precisamente por no creer en las palabras de Cristo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura”. Aquellos, pues, que dedicados a sus asuntos olvidan sus deberes religiosos o los omiten porque se hallan distraídos por preocupaciones materiales, merecen el reproche del Salvador: “¡Oh, hombres de poca fe!” Y a todos nos recuerda Él siempre: “No os angustiéis preguntándose qué habréis de comer o de beber, o con qué os vestiréis. Vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas esas cosas”.

Seguramente, si queremos pensar en nosotros en vez de pensar en Dios, Él nos dejará solos y entonces tendremos que molestarnos y sufrir amargamente, porque el sudor de nuestra frente no bastará nunca para sustituir la mano divina.

Cuando San Francisco de Asís se despojó de todos sus vestidos, devolviéndolos a papá Bernardone y se refugió desnudo bajo el manto del Obispo, exclamó: “De ahora en adelante no tendré padre sobre la tierra. Mi Padre es el Padre que está en los cielos.. Él alimenta a los pájaros del cielo y viste a los lirios del campo. También a mí me vestirá y alimentará”.

La Cabrini, Don Orione, Bartolo Longo no ponían su esperanza en ésta o en aquélla persona para poder mantener a sus enfermos, pobres y huérfanos, ni se amargaban por el mañana, ni se desesperaban jamás. Sabían que es suficiente la fe amorosa para mover las montañas y hacer intervenir al Señor en cada necesidad espiritual y material.

Bueno es salir del “estuche” de nuestras mínimas preocupaciones materiales; y ocupémonos de nuestra alma y de la del prójimo. Ya pensará Dios en el sustento de nuestro cuerpo, porque Él lo ha prometido a sus fieles.

La confianza en la Providencia para nuestras necesidades terrenas facilita también la serenidad de nuestros pensamientos sobre el porvenir. La misma Sagrada Escritura nos invita a no preocuparnos por el mañana: “A cada día le basta su afán”. El mañana se halla en las manos de Dios; no debemos temer más que al pecado, y ni siquiera por esto debemos angustiarnos, ya que, como se dice en la Epístola de hoy: “los que son de Cristo, tienen crucificada su propia carne con los vicios y con las pasiones” (Gálatas, 5, 24). Si buscamos servir sólo a Dios con fe y con obras sobrenaturales, estaremos en posesión de la verdadera alegría. Por nosotros solos no lograremos nada, pero la oración nos hará ser ayudados por Quien puede hacerlo, a cada momento.

La fe en la Providencia, pues, no implica que tengamos que estar con las manos extendidas esperando que caiga el maná del cielo (que si fuese preciso, caería, como cayó para los hebreos en el desierto), pero debemos cooperar por nuestra parte a la acción divina, porque la pena del trabajo es castigo del pecado original, y es preciso ser prudente guardando algo para el mañana.

Mas todo esto debe ser vivificado por una atmósfera sobrenatural. Los Santos nos enseñan a ayudarnos a nosotros mismos trabajando con serenidad, sin ansias de lucro, con tranquilidad, buscando antes que nada perfeccionarnos cada día por medio de la oración, esperando y amando. Lo demás nos será dado luego, indefectiblemente, pues la promesa de Nuestro Señor Jesucristo es verdadera y eterna.

Un Sacerdote Fiel