viernes, 4 de septiembre de 2009

Diez años de Cabildo (I)


LA CRUZ Y
LA BANDERA


Si hemos de creer en el valor que tienen los símbolos para la vida política, tres hechos se nos presentan como tales, y han ocurrido en los últimos meses.

El primero fue el arribo formal de la Internacional Socialista, cuando llegaba en junio a su última semana. El Gobierno le dio la bienvenida, el Canciller señaló a los “puntos de encuentro”, la oposición exhibió su impúdico connubio, los principales candidatos se arrimaron para la foto, y quienes siquiera por tardanza o por dudas quedaron afuera, no creyeron oportuno hacer oír su voz de protesta ante una entidad sobre cuyas espaldas pesan no pocos crímenes y malandanzas varias. La unanimidad aprobatoria fue la consigna, por no hablar de la moral del rebaño, como quería el filósofo de Turingia.

Julio trajo su día 4 y el consabido festejo de la “Independencia”; que fue en el Sheraton, claro, con la asistencia en masa de los mismos que ayer nomás, mesaban nostálgicamente las barbas virtuales o reales de cuanto rojo deambulara a su alcance. Y otra vez, como en “Fuenteovejuna”, mas sin su honra, “gritaron todos a una”, su adhesión monocorde y canalla. La partidocracia en pleno se comportó aquella jornada como una dócil y complaciente pasante de Clinton. Washington y Moscú volvían a ser los polos de nuestro equidistante sometimiento.

Y ya en agosto, y he aquí el tercer símbolo al que aludíamos antes, elencos oficiales, oficiosos y facciosos, desfilaron por turnos ante los examinadores de Wall Street, jurando pagar la deuda externa o morir, según reza el inglorioso estribillo hímnico de los crápulas nativos. Después vendría la nueva rendición en Malvinas, aceptando sin protestar los unos o protestando con aceptación los otros, las reglas impuestas desde las nieblas londinenses. Como se ve, en materia de sujeción a los personeros del Nuevo Orden y de servilismo a sus planes, rige la indiscriminación irrestricta y la aquiescencia generalizada.

A esto llamamos “Régimen”. A esta sucesión de personajes, de gestiones, de partidos, de turnos gubernamentales, de conductas públicas, de administraciones políticas, cuyo común denominador es la sistemática acción antinacional; su legitimidad la democracia, de iure o de facto, de civil o uniformada; su cosmovisión la populista; su soporte la usura; su garantía el endeudamiento y la expoliación consentida; su ética la antinaturaleza; su objetivo la extinción de la Fe y de la Nación.

Régimen que ahora proclaman Modelo, abusando de la semántica y de la paciencia. Modelo de diplomacia vasalla, de economía dependiente, de educación pervertida, de justicia sodomizada, de leyes descristianizantes, de resarcimiento material y espiritual a los subversivos, de costumbres amorales, de ejércitos desmantelados, de inseguridad dominante, de vergonzosa e inicua frivolización de la clase dirigente.

A tal Régimen se necesita vencer, para que la Argentina resucite, para que la “hiedra deje de sofocar a la encina”, y el cerrojo que atenaza el cuerpo y el alma de esta tierra doliente se convierta en el hierro con que forjar el asta de un estandarte soberano. Victoria difícil, que no se resuelve en la ficción de las urnas, ni en el sofisma de la soberanía del pueblo, ni en las estrategias de socorristas ineptos, ni en ninguno de los mecanismos que el sistema ofrece para asegurar su supervivencia. Victoria que exige la reacción combativa del argentino sano. Del que es naturalmente nacionalista, porque ama a la tierra con razones y pasiones bienhabidas. Del que no ha renegado de su bautismo ni ha ofendido al Orden Natural. Del que ejercita la decencia antigua de llamar a las cosas por sus nombres. Del que cultiva el decoro del trabajo, del hogar, de la profesión, del oficio, de la tradición y de los sueños. De ese argentino que se siente avergonzado cuando el país es reconocido por sus miserias y sus rufianes, y se enorgullece cuando le mencionan las gestas de los héroes australes.

A ese argentino queremos ofrecerle nuestros propios símbolos. No más que dos tenemos; no más se necesitan. La Cruz y la Bandera. La que fundó la estirpe, y desde hace dos mil años abraza a los cuatro rumbos, redimiéndolos. La que flameó sin dobleces, limpiando el aire con sus bríos.

Cruz y Bandera. Porque con ellas, tuvo la patria su historia y su triunfo. Porque con ellas, la gloria nacional tendrá mañana.

Antonio Caponnetto

Nota: Editorial del nº 1 de nuestra Revista. Tercera época, septiembre de 1999.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Fiesta de San Pío X


PÍO X, EL PAPA SANTO

El hombre y el santo

Hay un aspecto en el que Pío X consiguió dominar como un soberano, mostrándose una vez más “el Papa de lo Sobrenatural”; así, con una frase exacta y feliz, lo definió el Episcopado Piamontés.

Este aspecto es el terreno de la santidad. Había en él algo de sobrehumano que lo hacía inolvidable (…) El Arzobispo de Reims, en una carta del 15 de agosto de 1923, escribía: “En las numerosas audiencias que Pío X se dignó concederme, siempre fui profundamente impresionado y edificado por su espíritu de fe, por la altura sobrenatural de sus puntos de mira y por la santidad de sus palabras”.

El Ministro de la Argentina cerca de la Santa Sede, Su Excelencia Daniel García Mansilla, testimoniaba: “La primera impresión que me causó Pío X fue la de un hombre que irradiaba santidad y rompí a llorar: cosa que nunca me había sucedido. Y añado que de los cuatro Papas que he tenido el honor de conocer de cerca, ninguno me hizo una impresión tan profunda de santidad como Pío X” (…)

Su Secretario de Estado, el Cardenal Merry del Val, el 1 de agosto de 1928, hablando con un redactor de un importante diario de Bruselas, se expresaba así: “Pío X tenía un alma que conmovía a todos los que vivían con él. Yo mismo me sentía profundamente conmovido y me parecía casi imposible que hubiese nacido en un pobre pueblecito, cuando en realidad parecía que hubiese sido educado en una familia de soberanos. Era su santidad la que confería a sus humildes orígenes una luz de nobleza que sorprendía” (…)

Su mansedumbre

No había penitencias severas, ni austeridades de anacoreta en la vida de Pío X.

Los Procesos callan. Pero se asegura que “fue continua su mortificación interior y continua la renuncia a su propia voluntad la penitencia más ardua y difícil”, y numerosos testimonios afirman que toda su vida no fue más que un ininterrumpido ejercicio de fortaleza cristiana, una lucha continua, sin tregua, sin abdicaciones y sin descanso, por conquistar el completo dominio de sí mismo.

Llevaba la mansedumbre en el corazón. Pero esa mansedumbre la había conquistado con una lucha que no era la de crucificar la carne. La naturaleza lo había dotado de un carácter ardiente: la firmeza heroica de la voluntad le dio aquella maravillosa mansedumbre que lo hizo pasar a la historia con la aureola de “mansísimo Papa”.

Una vez, le preguntó uno de sus Secretarios Particulares cómo hacía para dominarse a sí mismo entre tantas contradicciones y tantos gravísimos disgustos. “¡Oh! eso —respondió— se aprende con los años”: respuesta sencilla, pero reveladora de largas batallas ignoradas y de secretas victorias. Nadie, ni siquiera sus más íntimos familiares, lo vio nunca alterado, perturbado o airado, no sólo en los pequeños e inevitables encontronazos de cada día, pero ni siquiera en medio de las contradicciones o ante audaces e irreverentes provocaciones.

“Puedo decir —confirmaba su Cardenal Secretario de Estado— que nunca noté en él un arrebato, ni siquiera ante las cosas que le disgustaban”.

Cuando el deber le exigía corregir o amonestar a alguien, y también cuando se refería a cosas que le habían hecho sufrir mucho, se expresaba con mucha calma, con suavidad y cariño de padre. Sólo se encendía en santa indignación cuando se enteraba de que el Señor había sido ofendido gravemente o había sido ultrajada la Iglesia, movido únicamente por el deseo ardiente de hacer detestar el mal. Un día, su médico —el ilustre Profesor Marchiafava— lo encontró casi fuera de sí, a causa de una oleada masónica de calumnias desvergonzadas y de vergonzosos vituperios contra la Iglesia, y, con voz excitada, le oyó que decía: “¡Ha sido una verdadera tempestad de infamias y de calumnias contra la Iglesia!” Indignación santa que, en las almas grandes es una indudable manifestación de “convencimientos profundos, de fuerte y de corazón magnánimo”.

Firmeza inquebrantable

Pío X tenía un corazón muy sensible: se conmovía y era efusivo con mucha facilidad. Pero estas efusiones de su corazón nunca le ataban las manos, como suele decirse.

Era inexorable cuando se trataba de condenar cualquier posibilidad de equívocos fatales, ya se tratara de adversarios declarados de fuera, como de desviados incautos tic dentro; nunca se cansaba de llamar “con oportunidad y sin ella” —según la expresión del Apóstol— a las almas y a los corazones a ser fieles a la palabra revelada por Cristo. En estos casos se apoderaba de él un vigor apostólico y una “energía a la que nadie podía resistir”, y “no había preocupación que lo quebrantara”. Era el Papa de lo Sobrenatural, que obtenía su fuerza no de juicios humanos, sino de juicios divinos: un Papa indómito, que, en uno de los primeros días de su Pontificado, a alguien que le preguntó cuál iba a ser su política, elevando los ojos y extendiendo el brazo hacia un pequeño Crucifijo que tenía delante, respondió sin vacilar: “esto es mi política”. La política que en los tempestuosos albores del siglo XX, iba a reanimar toda la vida de la Iglesia con profundas reformas renovadoras e innovadoras.

No fue sin razón como un viejo hombre de mar, cuando se enteró en Venecia de que el Patriarca Sarto había sido elevado al Pontificado, no dudó en exclamar: “Han hecho Papa a un hombre de hierro”; “un hierro hecho de caridad y de fe —comentaba más tarde un mantuano de agudo ingenio—, pero un hierro tan puro que si Bonaparte se las hubiera tenido que ver con él, las cosas no le habrían ido tan suaves”.

Antes de tomar cualquier decisión de importancia, Pío X reflexionaba largamente a la luz de la fe y con el auxilio de la oración; consultaba a los más eminentes Cardenales y a los más íntegros y listos Prelados, pero sin dejarse llevar por ninguno, pues sabía que la responsabilidad de sus actos pesaba sobre sus hombros. Él era quien tomaba las decisiones y, cuando tomaba una decisión, era irrevocable, mostrando la firmeza de su carácter, con la que había santificado toda lucha y toda batalla, desde los tiempos de la Parroquia de Salzano hasta la Curia Episcopal de Treviso, desde la tierra de Virgilio hasta la patria de Lorenzo Justiniano.

“Cuando he de tomar una determinación —dijo a un Cardenal—, rezo y pido consejo, pero una vez tomada la decisión, quiero que se lleve a cabo”.

Su Cardenal Secretario de Estado afirmaba: “No había en él ni sombra de debilidad. Cuando se planteaba alguna cuestión de importancia, en la que los derechos y la libertad de la Iglesia exigían ser afirmados y firmemente mantenidos; cuando la integridad de la doctrina católica tenía que ser estrictamene defendida, o cuando se imponía el mantener la disciplina eclesiástica contra relajamientos e influencias profanas, entonces Pío X ponía de manifiesto toda la fuerza y toda la energía de su carácter, el vigor inflexible de un gran hombre de gobierno, consciente de la responsabilidad de sus grandes deberes, cuyo cumplimiento llevaba a cabo a toda costa. En ocasiones semejantes, era absolutamente vana toda tentativa de socavar su firmeza: cualquier intento de atemorizarlo con amenazas, o suavizarlo con pretextos o razones puramente humanas estaba indefectiblemente destinado al fracaso.

“Después de días densos de graves pensamientos y después de noches de insomnio, manifestaba su decisión definitiva y expresaba su juicio con pocas y bien ponderadas palabras; levantando despacio la cabeza, sus ojos, habitualmente tan tranquilos y tan serenos, tenían una mirada severa y decidida. Bien se comprendía que, entonces, no había nada que decir ni que hacer”.

La mansedumbre y la indulgencia con los hombres; la firmeza y la inflexibilidad, dando de lado a cualquier consideración humana, ante los derechos de Dios y de la Iglesia: eran dotes de la santidad que en Pío X tuvieron una de sus más espléndidas manifestaciones.

Girolamo Dal-Gal
(Tomado de su libro “Pío X, el Papa santo”)

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ORACIÓN A SAN PÍO X
POR LA BEATIFICACIÓN
DEL PAPA PÍO XII


(para uso privado)

¡Oh San Pío X, que fuiste el fuego ardiente que inflamó en renovada caridad a la Iglesia! Te pedimos que ejerzas tu valimiento ante Jesucristo, de quien fuiste ejemplar vicario en esta tierra, a favor de la causa de tu sucesor Pío XII.

Él, como tú, fue un gran defensor de nuestra fe y, siguiendo tus pasos, no dudó en desenmascarar y denunciar los errores de su tiempo, esos mismos que tú condenaste, pero que bajo nuevos ropajes pretendían contaminar de nuevo la doctrina católica.

A ejemplo tuyo, celoso de la mayor gloria de Dios, promovió el verdadero culto, restaurando la sagrada liturgia de la Iglesia, obra del Cristo místico, y previniendo contra las desviaciones de celos, algunos bienintencionados pero los más temerarios y falsos.

Emulando tu amor por las almas, que hizo de ti el Papa de la Eucaristía, quiso acercarles aún más el Pan de los Ángeles sin merma de la dignidad de tan alto sacramento.

Fue un heraldo de la paz verdadera, la que es obra de la justicia, y se desvivió por preservarla lo mismo que tú, que ofreciste a Dios tu vida por ella. Y, cuando hombres impíos, desoyendo su llamado acuciante (como otrora hicieran con el tuyo), desataron la furia bélica sobre el mundo, no ahorró esfuerzos ni medios para socorrer a las atribuladas víctimas de la persecución y de la ruina moral y material. Pío XII fue un ferviente defensor de la civilización cristiana y de la ciudad católica, esas mismas que declaraste que no estaban por inventar ni por construir en las nubes, sino que han existido y existen. Él, al igual que tú, procuró fundamentar en ellas la sociedad humana, instaurándolo todo en Cristo y extendiendo así el reinado de Su Sagrado Corazón, cuyas riquezas quiso singularmente comunicar a todos los fieles.

A ambos os unió la misma devoción a la Santísima Virgen María y os fue dado celebrar cada uno en su momento la gloria de su Inmaculada Concepción, definida por vuestro bienaventurado predecesor el beato Pío IX. A ti, pues, recurrimos hoy para que, así como franqueaste al joven Eugenio Pacelli el camino que lo llevaría a la sede de Pedro, así también allanes el que conduzca al Pastor Angélico Pío XII, que tuvo la dicha de beatificarte y canonizarte, a la gloria de los altares para poder tener pronto el consuelo y el gozo de honrarlo e invocarlo como a un nuevo intercesor ante Dios.

Amén.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Pío X, ruega por nosotros.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Estilo K


INTELECTUALES,
LA PENÚLTIMA COMPRA K


“El mal vive de mil formas, ocupa la cúspide del poder… brota del abismo”
Reinhold Schneider

El universo K se deshace, y hay señales indicadoras de que la tarea de demolición de ese edificio de mentiras se realiza desde adentro.

Hasta el advenimiento del conflicto con el campo, K fue amo y señor de un país en el que pocos se oponían a sus designios.

El horizonte K parecía no reconocer límites, al amparo de un ciclo de crecimiento económico tanto internacional, como local gracias a la increíble soja, el estado K tuvo recursos insospechados.

El respaldo político lo buscó en el mesianismo ideológico del progresismo revolucionario. A cambio de su apoyo el montonerismo y sus beneficiarios, encontraron a su disposición, poder, dinero y medios de comunicación casi ilimitados.

Como todo absolutismo que se precie, necesitó confrontar y lo hizo todo el tiempo. Hubo demonios interiores a montones, las fuerzas armadas, la iglesia, la prensa independiente, el campo etc. y también exteriores que gozaron del privilegio de la abominación K.

El kirchnerismo llegaba para romper con el pasado, a reescribir la historia, a tomar venganza, a fomentar odios, todo esto era, según K, necesario para crear un país nuevo, ya que nada que valiese la pena había sucedido desde 1810.

A estas presunciones, características del totalitarismo, las llamaron “el modelo”.

En la década del cincuenta desde la U.R.S.S., a la disposición amenazante y persecutoria del estado hacia “los otros” se la llamaba “el campo socialista” respondía a una idea central, la dominación despótica de un país usando el terror.

Estrangulado y perseguido el campo por el desaforado K, “el modelo” que era puro cuento, termina en eso, en nada, y comienza a salir de la escena política argentina dejando ruinas.

Entre los últimos intentos de resistencia, y en defensa del “modelo” han aparecido extraños personajes convocados por K.

Dentro de esa recolección de apologistas y defensores prepagos, recientemente incorporó la variante de los llamados “intelectuales K”.

Estos cultos K llegan, en general, desde una destrucción, el neo marxismo, agonía más bien trágica que ahora tomó con no poco cinismo, el paradójico subtítulo de “progresismo”.

Pero son así, y hay que entenderlos, como se quedaban de a pie declamando en el vacío, y ya nadie los descifraba ni los entendía, agarraron el último tren, el esquivo destino hizo que les tocara el que llevaba los deshechos, el tren K.

Por ahí les arrimaron ciertos cargos públicos, tal vez para hacerles la vida más dulce, pero hay que decir en su defensa, que tienen por delante tareas peliagudas.

La primera sería algo así como la custodia del pensamiento K. El encargo absurdo por donde se lo mire, los obliga a adular a un espacio vacío. Sus contratantes nos recuerdan a esos reyes de Israel del Antiguo Testamento que buscaban profetas que tan solo dijeran lo que ellos querían oír.

Claro, son conchabos para intelectuales de alquiler. Ya lo hicieron entre tantos Aragón en Francia y Brecht en Alemania escribiendo lo que Moscú les dictaba y necesitaba difundir. Sabían que mentían y falseaban la realidad, pero, había fama y buen sueldo por medio…

El último documento de Carta Abierta no difiere de una payada, ni ideas ni proyectos, ni principios comprensibles, apenas palabras que repiten abusivamente la misma precariedad. Así, sobre la pobreza: “…Nos compete, nos atraviesa. Por eso podemos decir: no nos escandaliza. El escándalo es gesto espectacular y ademán avieso. El rostro de los pobres se vuelve superficie de inscripción de llamados evangélicos, sacralidades disponibles, obsceno plano televisivo y objeto de malversación política. Nos atañen tanto las vidas dañadas por la miseria como su circulación en un imaginario que las despoja de creación, potencia y libertad”.

Densa articulación de gansadas para cubrir lo que en seis años no fueron capaces de solucionar, apenas de agravar.

Como no pueden responder, divagan fiero, sobre si escándalo es la palabra adecuada. De todos modos, en este punto y como lo dicen con todas las letras, los entendimos bien: “no los escandaliza la pobreza”. Está claro, los intelectuales de carta abierta no se escandalizan fácilmente, ni siquiera ante la riqueza K.

No hay duda que tan solo encerrados en su ideología, aislados de la gente, pueden pensar que ese lenguaje tiene algún significado para el hombre común. ¡Ya les pasó lo mismo en los setenta muchachos! Nadie sabe de qué están hablando…

Mal que les pese, sus papeles no son más que accesorios y provisionales, comparsas k que regresarán a su libresco mundo cuando a K se le ocurra.

Mientras tanto sonríen delante de la corrupción —la más grande que haya memoria— de la miseria, de la destrucción de las instituciones, de la droga, de la inseguridad, del fin de la república.

En estos días hemos visto una foto de la presidente abriendo una canilla en Quilmes, dicen que se trata de una canilla con suficiente entidad como para requerir la presencia y el favor presidencial, pues bien en esa ceremonia, no exenta de grandeza y humedad, Cristina Fernández dijo que “los pobres son los que no piden nada y lo dan todo”.

Por favor, que alguien le avise rápido a la presidente que los pobres piden.

Claro que piden y a los gritos, todo el tiempo y con toda justicia. Piden trabajo digno y trato de hombres libres. Háganle saber, que ahí esta la raíz del escándalo, en no escuchar ese pedido o mucho peor, en ignorar que los pobres necesitan y porque necesitan lo esencial, piden, aunque la presidente no lo sepa.

En cuanto a la segunda parte de la frase, “y lo dan todo”, sería bueno que le informen que no lo han dado, se lo quitaron.

Ésta es la verdad, casi siempre desde el estado, a los pobres, —sospecho que para facilitar el enriquecimiento de los gobernantes— les han quitado todo.

Miguel De Lorenzo

lunes, 31 de agosto de 2009

Monólogo nacional


MIRANDO PASAR
LOS HECHOS


BASUREO

En la fecha patria, la Presidenta volátil ¡se pasó! como dicen los muchachos. Con un desparpajo que hace retumbar la indignación, en Puerto Iguazú osó convocar a los argentinos para una “nueva gesta profundizando el camino”. “Venimos a construir una manera diferente de hacer política a través de millones (sic) de puestos de trabajo; a través de miles y miles (sic) de empresas que se han creado; a través de la devolución de los derechos jubilatorios a millones (sic) de argentinos que habían perdido el derecho a tener un aumento o una jubilación o una pensión…”

Además, con un descaro paroxístico, criticó las prácticas clientelistas que siguen “a pesar de la mejora en los índices (sic) de empleo”. Nunca jamás habrán oído semejante cuchufleta los miserables castigados por el Régimen. Esto recuerda la audacia del juvenil Jefe de Gabinete, cuando hace poco se jactaba —¡de su paso por la ANSeS!— en un programa televisivo —DDT— curiosamente facilitado.


Este desprecio a los pobres jubilados, clama justicia. Pero precisamente, es en la Justicia donde claudican los derechos más obvios y elementales de la pobre gente. Juicios innecesarios —casos ya resueltos en situaciones similares— forzados intencionalmente a producir, con los vericuetos curiales y el congelamiento de los años, el superávit insultante que se utiliza para proveer a la Kaja y otras yerbas inicuas.

Como remate de semejante sevicia han puesto a repartir los fondos jubilatorios (a cualquiera, menos para los jubilados), a un adolescente que no hace más que sonreír feliz, luciendo su cuidadosa cabellera. Salvo en el Soviet, jamás pueblo alguno ha sufrido tamaña humillación, aquí para colmo, a manos de advenedizos adueñados hasta de la historia. Un país destruido material, moral e institucionalmente, con millones de habitantes condenados a la miseria. Mientras la pareja irreal ostenta turbias riquezas, inconmensurables y crecientes. Y la grácil marioneta del tirano viaja por el mundo con nutridas comitivas, se aloja en los mejores y costosos hoteles… luciendo primorosos modelos y relumbrantes alhajas, cambiados varias veces por día. Para terminar anunciando la llegada del Tren Bala o la visita de Tutankamón. Nunca a tantos basureó tanto tan poca vergüenza…

EL ROBO DEL SIGLO

Ciertamente llama la atención de todo el mundo, el increíble encumbramiento de un sujeto hasta hace unos años prácticamente desconocido. Hay que recordar que en horas, después de asumir la Presidencia revoleando toscamente el bastón de mando, se puso en el bolsillo a las Fuerzas Armadas y a todos los poderes públicos nacionales o provinciales. Resucitó el tema de la guerra revolucionaria para apresar a los combatientes contra el marxismo. Encumbró a feroces terroristas y se jactó en Monterrey, ante todos los Presidentes americanos, de llevarse al extranjero —como patrimonio propio— los dólares archimillonarios de Santa Cruz. (Recientemente por televisión, en el programa “DDT” recalcaban que se han esfumado ¡quinientos millones de dólares!). Una sustracción que en cualquier país con mínima justicia, hubiera bastado para recluirlo para siempre donde corresponde.

CRISTIANISMO NO ECLESIÁSTICO

Ya se ha insistido y cabe volver sobre ello, que los frutos de la tiranía tienen su expresión más patética en el crecimiento colosal de las Villas de Emergencia o Villas Miseria. Al respecto corresponde recordar la controversia entre quienes denunciaban las usurpaciones y los focos de marginalidad, frente a los que predican un genérico derecho de los desposeídos para asentarse dónde y cómo quieran. A lo cual se sumó una tercera visión —de índole espiritual— que rescata y encomia valores de la “Cultura Villera”, llegando a exageraciones inauditas.

Así, no hace mucho se oyeron palabras muy inquietantes desde el seno mismo de la Arquidiócesis de Buenos Aires, cuando su Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, concluyó que “La cultura villera no es otra cosa que la rica cultura popular de nuestros pueblos latinoamericanos”… Es el cristianismo popular que nace de la primera evangelización; el pueblo siempre lo vivió como propio, con autonomía y siempre desde su vida de cada día. Es un cristianismo no eclesiástico, ni tampoco secularista, sino con auténticos valores evangélicos (AICA, 25 de julio de 2007).

Sin descartar el espejismo de un encariñamiento explicable, aparte del sesgo herético la afirmación viene a resultar contradictoria, pues es desde todo punto de vista innegable, que la miseria —arraigada en hacinamientos infrahumanos— es un ámbito impropio para el mejoramiento de las facultades físicas y morales del individuo y la sociedad. Vale decir, que constituye lo opuesto a un benéfico foco de cultura.

En cuanto al “cristianismo no eclesiástico”, el deslizamiento formulado en este caso por clérigos católicos, no precisa ningún comentario. Salvo la sorpresa de que semejante afirmación no haya merecido de la autoridad eclesiástica ningún reparo. Toda la tortuosa declaración de estos jóvenes sacerdotes, evidentemente mal formados, pésimamente vestidos y desubicados con su mimetismo, se publicó sin retaceos en la agencia católica AICA. Cumple reflexionar que al margen de las elevadas miras pastorales, hay lugares y menesteres que requieren una madurez y preparación especialísimas.

Como suele ocurrir con los grandes errores que se escurren a cobijo de la confusión espiritual, tarde o temprano los acontecimientos mismos se encargan de contenerlos. Una amenaza criminal contra la vida del líder de los sacerdotes aludidos, vino a patentizar lo obvio: el ámbito facilita ante todo la impunidad delictiva. Y demuestra que la herida social de los asentamientos miserables, por encima de la inocencia de quienes lo padecen, representa un verdadero crimen contra la humanidad. Peor aún en un país rico y extensísimo.

ANTECEDENTE TUMORAL

Para comprender las raíces de la tremenda situación de país, es oportuno recordar la influencia ideológica de Raúl Alfonsín, prácticamente canonizado en estos días. Sirven a ello, las noticias y comentarios contenidos en el repositorio de la Revista “Cabildo”. En cierto discurso del 1º de Mayo ante el Congreso, el ex Presidente manifestaba la profundidad de su odio a la tradición y su confianza en el dogma de la mutación, de la modernización, de la renovación cultural (“Democratización de la Cultura”… como diría Fidel Castro). Por entonces, personificaba al “enemigo” con palabras que valen como una radiografía visceral… y honran a sus opositores. Dijo ante el Congreso: “A lo largo de este siglo otra ideología reduccionista convocó también a los desalentados y generó corrientes de acción y pensamiento que siempre fueron marginales, pero que influyeron y colaboraron en los procesos concretos. Se trata del nacionalismo…” “Derivaciones extremas de estas corrientes condujeron a recrear recurrentemente escenarios catastróficos, espíritus de cruzada, exaltaciones místicas… El nacionalismo oligárquico, autoritario y elitista contribuyó a instaurar en el país la peor y más incontenible forma de violencia. Manifestación desordenada y siempre restauradora de un pasado mítico, perdido, niega y resiste hoy el avance de la democracia y la modernización con la misma ceguera con que resistió y frustró hace cincuenta años similar curso histórico de una sociedad emergente”.

Añadía el padre de la Democracia, que si bien los proyectos del nacionalismo “resultaron impracticables, se debe reconocer que sus discursos y sus prácticas penetraron hondamente en nuestra vida política trascendiendo sus reductos. Persiste, en efecto —siguió— una valoración residual que impregna aún determinadas percepciones iracundas de la presente transición y opera ante cada encrucijada como activador de cualquier tentación involutiva. Es allí donde radica su peligro”.

Finalmente, Raúl Alfonsín prometió en Alta Gracia —ya utilizando sin ambages los modales y el lenguaje de la Internacional Socialista— que “vamos a aplastar para siempre a los nazis existentes en la República” (cfr. “La Nación”, 11 de abril de 1988). Como se puede ver, nada, absolutamente nada, ha cambiado en la Revolución que culmina en nuestros días.

Juan Esteban Olmedo

domingo, 30 de agosto de 2009

San Agustín y el amor


DOCTRINA
SOBRE EL AMOR


EL MANDATO DEL AMOR

“Se nos ha dirigido la palabra de Dios para exhortarnos, y es la Sagrada Escritura la que dice: Recibid la enseñanza en la casa de la enseñanza. La enseñanza (disciplina) se deriva de aprender (discere). La casa de la enseñanza es la Iglesia de Cristo. ¿Qué es lo que aquí se aprende o por qué se aprende? ¿Quiénes son los que aprenden y quiénes les enseñan? Se aprende a vivir bien. Se aprende a vivir bien para llegar a vivir siempre. Los que aprenden son los cristianos; el que enseña, Cristo. Por lo tanto, en primer lugar veremos qué sea el vivir bien; después cuál es el premio de la vida buena; en tercer lugar, quiénes son los verdaderos cristianos, y en cuarto lugar, quién es el verdadero maestro” (cfr. O.C., 1: 668).

QUÉ ES EL VIVIR BIEN

1) Palabra breve y clara

“¿Qué buen vivir es el que aquí se aprende? Muchos son los preceptos de la ley en los cuales la vida buena está contenida, imperada y enseñada. Muchos son los preceptos, innumerables; ¿quién sería capaz de contar las páginas que los compendian y cuánto más difícil será contarlos a ellos mismos? Sin embargo, Dios, para que nadie tenga excusa en el día del juicio y privar de ella a los que pretendieran disculparse, o por no haber tenido tiempo de leer, o por no saber, o por no poder entender fácilmente, quiso, como está escrito, resumir y abreviar la palabra en la tierra, conforme a aquello del profeta: Verbum enim consummans et brevians faciet Dominus super terra (Is. 10, 23).

Dios quiso que esta palabra fuese resumida y breve y nada oscura. Breve, para que haya tiempo de leerla, y clara, para que nadie diga que no ha podido entenderla. Las Sagradas Escrituras son un gran tesoro contenedor de muchos y muy admirables preceptos, como alhajas abundantes, hermosas joyas y grandes vasos de metal precioso. Pero ¿quién es capaz de poder escrutar ese tesoro, de usarlo y de llegar a todo lo que contiene? Cuando el Señor expuso en su Evangelio una parábola sobre esto, dijo: «El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo». Y, por si alguno dijera ser incapaz de escrutar este tesoro, añadió inmediatamente otra comparación: «Es semejante también el reino de los cielos a un mercader que busca preciosas perlas y, hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra» (Mt. 13, 44-46). Si tienes pereza de buscar un tesoro, no la tengas de buscar una sola perla que se encuentra a flor de tierra” (cfr. O.C., 2: 668).

¿Y cuál es esa palabra resumida y abreviada? “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos preceptos pende toda la Ley y los Profetas” (Mt. 22, 37).

2) La enseñanza de Dios en la Iglesia

“He aquí lo que se aprende en esta casa de enseñanza: amar a Dios y amar al prójimo. A Dios, como a Dios, y al prójimo, como a ti. No puede encontrarse nadie igual a Dios para poderte decir: «Ama a Dios como amas a ese otro». En cambio, en cuanto al prójimo, se ha encontrado una regla que te sirve, porque se ha encontrado alguien igual a tu prójimo, a saber, tú mismo. ¿Quieres saber cómo has de amar al prójimo? Mírate a ti mismo, y del mismo modo que te amas a ti ámalo a él. No hay modo de equivocarse” (cfr. O.C., 3: 670).

QUIÉN ES EL PRÓJIMO

“He de enseñarte muy cuidadosamente cómo has de amarte a ti mismo, porque después habrás de amar en la misma forma a muchos prójimos. Tú eres un solo hombre; tus prójimos son muchos. No debes entender como prójimo a tu hermano, tu pariente o afín. Prójimo del hombre son todos los hombres. Suelen llamarse prójimos los padres, los hijos, los suegros y los yernos; pero no hay nada tan prójimo de un hombre como otro nombre. Y si quisiéramos decir que sólo son prójimos los que han nacido de los mismos padres, entonces piensa en Adán y Eva, y todos seremos hermanos; y si todos somos hermanos en cuanto hombres, mucho más lo seremos en cuanto cristianos. En cuanto hombres hemos tenido un solo padre, que fue Adán, y una madre, que fue Eva; en cuanto cristianos tenemos un solo Padre, que es Dios, y una sola Madre, que es la Iglesia” (cfr. O.C., 3: 671).

EL VERDADERO AMOR DE UNO MISMO

1) El que ama la iniquidad, odia su vida

Es necesario examinar cómo nos amamos a nosotros mismos, puesto que debemos amar al prójimo en la misma forma.

“Si te preguntara si te amas a ti o no, indiscutiblemente que me contestarías que sí, que te amas. ¿Quién es el que se odia a sí mismo? ¿Conque dices que quién se odia a sí mismo? Luego no amas la iniquidad si te amas a ti, porque el que ama la iniquidad, y no soy yo quien lo dice, sino el Salmo, odia su vida (Sal. 10, 6). Luego, si amas la iniquidad, oye lo que te dice la Verdad, y no así como a oscuras, sino muy claramente, te odias a ti mismo. Y cuanto más dices que te amas, más te odias, porque el que ama la iniquidad odia su vida.

“Hombre, ¿cómo es que te pierdes a ti mismo? Pues, si te amas a ti en tal forma que te acarreas la perdición, a buen seguro que perderás también a los que amas como a ti mismo. No quiero, pues, que ames a nadie; perece tú solo. O corrige tu amor o aléjate de todos” (cfr. O.C., 4: 671).

2) “Ama bien a tu prójimo, y basta”

“Me dirás: «Amo al prójimo como a mí mismo». Lo oigo, desde luego, lo oigo. Quieres embriagarte con él, porque lo amas como a ti mismo, y dices: «Pasémoslo bien hoy y bebamos lo que podamos…» Hombre humano eres, mejor diría, hombre bestia, puesto que amas lo que aman ellas. Dios hizo a las bestias con el rostro inclinado a la tierra, buscando en ella su pasto; a ti te erigió sobre el suelo con dos pies. Quiso ver tu cara desde arriba. No vaya, pues, en desacuerdo tu corazón y tu rostro. Es más, oye la verdad y óbrala; en la Iglesia oyes decir: «Arriba los corazones»; no mientas, pues, en esta casa de la enseñanza. Cuando lo oigas, contesta y haz que tu respuesta sea verdadera. Ámate a ti y ama al prójimo como a ti mismo. ¿Qué otra cosa es tener el corazón hacia arriba sino lo que antes he dicho: Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu entendimiento? Y, siendo dos preceptos, ¿no bastaría con decir sólo uno? Sí, bastaría con uno si lo entendieras bien. Porque en otra ocasión la Sagrada Escritura nos habla por medio del Apóstol: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro precepto en esta sentencia se resume: Amarás al prójimo como a ti mismo. El amor no obra el mal del prójimo, pues el amor es el cumplimiento de la ley (Rom. 13,9-10). No parece que hable en absoluto sobre el amor de Dios, sino que dice que el amor del prójimo es suficiente para cumplir la ley. Cualquier otro mandamiento está recapitulado en esas palabras y se cumple con ellas. ¿Con cuáles? Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ahí tienes un solo precepto.

“Ya habéis visto cómo se ha reducido todo, y, sin embargo, seguimos siendo perezosos. Eran dos los mandamientos y han quedado reducidos a uno solo. Ama a tu prójimo y basta. Pero ámalo como te amas a ti mismo, no como cuando te odias a ti mismo” (cfr. O.C., 5: 672).

LA VERDADERA FELICIDAD DEL HOMBRE

“Cuando quieras saber cómo has de amarte a ti mismo, escucha: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento». Del mismo modo que el hombre no ha podido hacerse a sí mismo, tampoco puede hacerse feliz. Hizo al hombre algo que no es hombre, y algo que también no lo es le ha de hacer feliz. Entonces el hombre, viendo que él no puede ser feliz por sí mismo, se equivoca y ama otras cosas que le den esa felicidad. Ama todo lo que juzga puede hacerlo feliz.

“¿Qué es lo que os parece que ama y lo que cree que le dará la felicidad? El oro, la plata, las posesiones; en una palabra, el dinero, porque todo lo que poseen los hombres en la tierra y todo aquello de que son señores se reduce a dinero…

“Luego lo que amas, ¡oh hombre!, es el dinero, y el dinero es lo que crees que te hará feliz, y por eso lo amas mucho. ¿Sí? Pues entonces, si amabas al prójimo como a ti mismo, divide con él tu dinero. Andabas discutiendo lo que eras; ya apareció, ya lo has visto y ya te has podido entender; no estás dispuesto a dividir con el prójimo tu dinero”.

San Agustín

sábado, 29 de agosto de 2009

Económicas


LA CRISIS NACIONAL Y GLOBAL

APRENDER A DISTINGUIR

Resulta obvio: el título que encabeza esta nota gira en torno a una circunstancia que involucra a todos, o más bien a casi todos los países del orbe. Las opiniones de “economistas académicos” y las de los que no lo son, difieren tanto en aspectos fundamentales como en aquellos que no revisten siquiera entidad secundaria. No acuerdan entre ellos, ni siquiera los tributarios de unas mismas escuelas: no podría esperarse entonces que surja un mínimo acuerdo al menos entre las figuras más autorizadas. Por lo tanto, en su conjunto, han dicho todo o casi todo lo que con alguna seriedad o careciendo absolutamente de ella pueda haberse dicho.

En lo que respecta al segundo conjunto, denominado también por Paúl Krugman el de los “economistas convencionales”: (periodistas, políticos, empresarios, mercaderes, y hasta ideólogos indoctos de esos que no toleran verse excluidos del convite) ,vale decir todos los que tengan acceso a los medios de difusión (acceso que no comporta haber adquirido derecho alguno) algo han dicho y es de esperar que sigan diciendo. Por ello no tiene sentido.

Quedan pendientes por cierto algunos aspectos que no tienen importancia menor, como:
1) Profundidad y extensión territorial del fenómeno; y
2) el tiempo durante el cual se prolongará este fenómeno indeseado y el que demandará recuperar niveles de actividad, empleo e ingresos satisfactorios.


Sin duda que no pueden distraer la atención de nadie las disimilitudes existentes entre los llamados países desarrollados y los denominados emergentes. Gobernantes y empresarios deben aprender a distinguir estas diversidades, tanto como todas aquellas que tengan su origen en las diferentes y múltiples estructuras. Ahora bien, las incógnitas a resolver escapan de las manos de los economistas: es más tarea de adivinos, ajenos a las disciplinas científicas. No es lo nuestro.

BANDIDOS CON PODER

Pero, sí debemos ocuparnos de lo que ocurre dentro de nuestras fronteras.

Aquí son muchos y grandes los desaciertos en los que han incurrido los que hoy ejercen un poder que nadie les dio, y que lo han tomado en una suerte de golpe comando más propio de bandas de delincuentes desorganizadas y carentes de todo parámetro ético; persiguen la posesión del botín que tienen al alcance de la mano por única disposición del soberano que presume de tribuno republicano. De ética pública no se atisba el más mínimo rastro, se la busque por donde se quiera. En síntesis, los gobernantes son bandidos movidos únicamente por el afán de dinero y de poder. Poder que han ejercido en todo ámbito sin recato, freno o estilo.

El ex presidente, dueño del poder real, no se ha privado de exceso alguno y no hay sector de la economía que no haya destruido. Es tal el desaguisado que ha provocado en todos los ámbitos que ni él mismo, si tuviera algún día la dignidad y la voluntad de arreglarlo no sabría por dónde empezar ni cómo hacerlo. Este es el resultado de haber saqueado el patrimonio nacional y despojado a los habitantes de sus bienes. Quedaron a salvo los amigos de la pareja gobernante que pudieron, asociados a ellos, acumular ingentes fortunas.

Dejo en claro que no intento atribuirles los daños ocasionados por un fenómeno tan indeseado como incontrolable cual es el de la sequía que asuela aún a nuestra tierra. Sí les imputo en cambio haber destrozado lo mejor de la actividad agropecuaria, saqueado las arcas públicas y aquellas que tenían por fin sostener entidades de bien público destinadas en particular a mantener y solventar necesidades de los sectores más carenciados. Es también grave la responsabilidad que les cabe por haber consentido el despojo de industrias y recursos naturales asociados con empresarios que hasta ayer ostentaban caras adornadas con forzadas sonrisas de apariencias angelicales; esta es otra variante de las bandas de bandidos a las que ya aludimos.

LAS UBRES MÁS SUCIAS

Este panorama descripto es del dominio público. Nadie lo ignora ni el menos avisado. Callan muchos por temor a perder la innumerable cantidad de planes que se cuentan entre los mecanismos más corruptores de las virtudes de un pueblo; planes trabajar, jefes y jefas de hogar y otros muchos que al menos desalientan la virtud del trabajo honesto y forzado. Paralelamente proliferan bandas de menores analfabetos en las letras pero abocados a graduarse en el comercio de armas, tráfico y consumo de drogas y siga el muestrario.

Pero todo tiene su razón de ser: El jefe máximo de la banda se encuentra frente a unas elecciones que de perderlas implicarían su muerte política; es así que a caballo de uno de los más perversos sistemas políticos que ha conocido el hombre —la democracia liberal alumbrada por la masonería y alimentada por el sufragio universal que es la leche que mana de las ubres más sucias de la historia— no se ha detenido frente a las maniobras y artilugios con fines electoralistas que se le podrían haber ocurrido. No puedo negarle al hombre que imaginación tiene; tanta como desprecio a los gobernados y a las instituciones.

Va de suyo que el cuadro se enmarca en el desprecio absoluto al bien común, que tanto significa y que se supone que él y su banda ignoran. Si lo supieran no tendríamos derecho a salir en defensa de los desprotegidos, como lo hicimos párrafos arriba. Si lo supieran tampoco tendríamos derecho a proclamar, como raíz única de nuestra identidad la defensa de nuestra tradición hispano-católica.

Alejandro Vera Barros

viernes, 28 de agosto de 2009

El racismo del que no se habla


EL ESTADO AGRESOR
DE ISRAEL


A las penurias que está padeciendo la humanidad, ahora se le agrega la imposición ineludible del “sentimiento único”. Un avance del imperio mundial sobre los espíritus, paradójicamente en plena exaltación liberal del racionalismo. Tal cual como en el mundo infeliz de las viejas novelas futuristas, donde se afirmaba la contradicción (el maligno Big Brother nos ama; la guerra es paz) y borraban la noticia inconveniente cambiando el periódico de ayer.

En la reciente Cumbre de la ONU contra el Racismo, se produjo un gran escándalo por las acusaciones del presidente de Irán al Estado de Israel. Los representantes de la Unión Europea abandonaron el recinto, al que tampoco habían concurrido aliados de los israelíes, como Estados Unidos, Alemania, Holanda, Italia y Polonia. Y grupos de manifestantes, disfrazados, perturbaron el discurso. El presente comentario sólo se propone situar los hechos en el razonable quicio. Por de pronto, no es la primera vez que se dicen cosas fuertes en reuniones internacionales, donde incluso a veces se han registrado insólitas actitudes violentas, incluyendo zapatazos. Conforme a noticias firmes que tienen estado público, quedaba claro que en la referida situación lo cuestionado fue expresión del mandatario de un país a punto de sufrir agresiones del ofendido.

Pero hay más y es algo desproporcionado, que no se compadece con la conducta observada en cosas mucho más graves. Se trata pues de un revuelo teñido de hipocresía, parcialidad y obsecuencia, que no se compadece con el silencio o la absoluta inoperancia de la ONU, frente a agravios infinitamente más importantes. Como las blasfemias sacrílegas propaladas por la televisión israelí contra los más sagrado de la Religión Católica; el inhumano arrasamiento de Gaza y el Líbano, o las confesas torturas de Estados Unidos. Por ejemplo, la asfixia simulada de prisioneros de Al-Qaeda en 266 ocasiones (cfr. “La Nación”, 21 de abril de 2009).


AMENAZANTE ETNOCRACIA

Es obvio que los calificativos lanzados por el presidente de Irán a Israel, se inscriben en las tensas relaciones de ambos países. Con los inmediatos antecedentes del cercamiento de pueblos, privándolos, como en Gaza, de alimentos y remedios con mortandad de mujeres, ancianos y niños. Las fuentes de agua cegadas en el Líbano… los bombardeos de poblaciones indefensas, los asesinatos selectivos. Hubo, es cierto por parte de Irán, una dura acusación de racismo en la Cumbre referida. Pero sobre el particular, vienen al caso las conclusiones esclarecedoras del distinguido profesor de la Universidad de Tel Aviv, Shlomo Sand, consignadas en un reciente artículo del diario “La Nación”. El catedrático judío, con gran libertad de espíritu, percibe en Israel una visión que califica de “monolítica y etnonacional”; lo que lleva a convertirlo en un pueblo circunscripto, vuelto sobre sí mismo. Esto hace del actual Israel un Estado étnico, de rasgos liberales, pero etnocracia al fin, que discrimina un cuarto de la población civil del país. El mito de la “nación eterna” le impide a Israel crear un concepto de ciudadanía moderna, porque continúa encasillado como el Estado de los judíos (y no sólo de los que allí viven, sino de los del mundo entero). (“Historia oficial y espíritu crítico”, “La Nación”, del 8 de abril de 2009).

Hay algo especialmente humillante para nosotros, que Israel agraviada reaccione a su manera, no es cosa que pueda espantar ni sorprender. Sí extraña y avergüenza que la DAIA haya obligado al Gobierno nacional a dar explicaciones, por la actitud de la delegación nacional que no abandonó la Conferencia. Lo cual dio pie para que las autoridades se disculparan… jactándose nada menos que de haber expulsado de nuestro país al Obispo Richard Williamson, por antisemita. ¿Cómo? ¿No era que la versión oficial había sido que se le pedía su egreso del pais por no tener en reglas los documentos inmigratorios y los vinculados a sus actividades profesionales?

Casimiro Conasco

miércoles, 26 de agosto de 2009

Actualidad


¿EXISTE TODAVÍA
LA LEALTAD?


Es curioso que “lealtad” sea una de las palabras más repetidas en la boca de nuestros políticos, y más en estos tiempos: “lealtad peronista”, “lealtad partidaria”, etc. Los psicólogos tienen su explicación, pero lo cierto es que es una paradoja: una virtud declamada y al mismo tiempo grotescamente despreciada. Veamos el carnaval de las candidaturas con que nos agobian los diarios.

Si se declama tanto, ¿será que aún queda algo de aprecio por la misma…? La realidad parece mostrar otra cosa. La lealtad no sólo no existe como realidad en el ámbito político, es algo en extinción en todos los ámbitos: en el laboral, en el religioso, en el educativo… Parecería hoy reducida a la caricatura del “amor a la camiseta”, con toda la “profundidad” que ello denota. Es más común la fidelidad a la “azul y oro” que la matrimonial, por de pronto es más estimada socialmente; entonces, ¿qué podemos esperar de la lealtad política?

En la conciencia cauterizada del argentino medio la falta de lealtad ni siquiera se contempla como pecado, es una realidad más que parece que deberíamos aceptar con los tiempos que han cambiado. No se guardan lealtades que antes eran obligantes.

Siempre me impresionó, por ejemplo, leer que de Louis de Wohl, sin dudas gran autor hagiográfico, se señale en la nota biográfica de sus libros que siendo alemán de nacionalidad trabajó como espía inglés durante la Segunda Guerra. ¡Es como exhibir que le metía los cuernos a su mujer o que mató de disgusto a sus padres! Y ojo que me molestaría lo mismo si siendo inglés hubiese espiado para Alemania.

Me consta que sus libros le han hecho bien a mucha gente… pero hay algo no me cierra. El Cid, a pesar de que su rey, Alfonso, era un pelandrún, como diría mi suegra, siguió guardando su palabra y su fidelidad… no se pasó al enemigo; altri tempi.

Parecería que todo se transforma en un objeto descartable: si soy jefe, a fulanito lo uso mientras me sea útil, después lo saco y si te he visto no me acuerdo; si soy un subalterno, lo mismo. ¿Lealtad a quien bien me sirvió?

Melancólico, creyendo “como a nuestro parecer, / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”, releo un asombroso fragmento del Tratado del Espíritu Santo de San Basilio Magno. Lo comparto:

“Miremos este cuadro: De los dos lados, terrible, la flota se lanza contra la adversaria; después, en el brillo de una implacable cólera, se lanzan unos contra otros y comienza la batalla. Imagina, si quieres que una violenta tempestad dispersa las naves, que una densa obscuridad caída de las nubes se entretiene, tapando la vista hasta el punto de hacer imposible toda distinción entre amigos y enemigos, porque en la confusión general no se reconocen los pabellones. Añadamos a este cuadro, para darle aún más animación, un mar turbado que se hunde e inflama, cayendo de las nubes violentas cataratas y una terrible agitación de olas levantadas por marejadas enormes. Y he aquí que de todas partes, los vientos se ponen a soplar en la misma dirección. Para la flota entera es la colisión. Entre aquellos que están en la línea de batalla, unos traicionan y se pasan al enemigo en el curso del combate, otros son obligados, todo a la vez, a avanzar contra el asaltante y a masacrarse entre sí bajo el golpe de la revuelta que suscitan el rechazo de la autoridad y el deseo de cada uno de ser el amo. (…) Ya no se oye la voz del comandante, ni la del piloto, es un desorden y una confusión terrible, porque el exceso de desgracias, trayendo la desesperación de sobrevivir, suprime todo temor de cometer faltas. Añade a esto una extraordinaria, una loca pasión por la gloria, tanta y tan buena que el navío tiene a bien irse a fondo, mientras la tripulación continúa disputándose el primer lugar.

“Y ahora, pasa de la imagen al mal que es su modelo (…) ¿La tormenta de la Iglesia no es más salvaje que el tumulto del mar? Todo límite puesto por los Padres se encuentra desplazado, todo fundamento, todo lo que servía de muralla a los dogmas de la Fe está quebrantado, todo lo que se levantaba sobre las bases podridas es trastornado, la menor sacudida los derriba. Nos lanzamos unos sobre otros y nos tiramos unos a otros. Si el enemigo no ha sido el primero en alcanzaros, de vuestro auxiliar viene la herida. Y si herido quedas tirado, tu camarada de combate te pisará al pasar. No estamos unidos más que en la medida en que probamos un odio común. Una vez pasado el enemigo, nos miramos unos a otros como enemigos…”

Hasta aquí el gran Basilio.

No estamos unidos más que en la medida en que probamos un odio común.

¡Esto está escrito en el siglo IV! ¡El siglo de los doctores de la Iglesia, el siglo de oro de la Patrística! ¿Qué nos quedará a nosotros?

Sería demasiado fácil imaginar y criticar a los “compañeros”, a los “correligionarios” o a cualquier otro bicho pululante; sería demasiado fácil si no fuese algo que nos duele también en carne propia. Si alguna vez nos emocionamos escuchando que “yo tenía un camarada”, hoy deberíamos llorar porque muchos de los camaradas que alguna vez tuvimos, aquellos que llenaban las plazas los 20 de noviembre o los 2 de abril, no murieron heroicamente, sino defeccionaron acomodándose a los tiempos. Y algo peor, ni siquiera fue por una “desenfrenada pasión por la gloria”, la más de las veces, la causa fue una rastrera ambición económica, o de poder, o de algo aún más infame. Y, si es posible, algo todavía más execrable, probablemente ni se dieron cuenta de que hacían algo malo, porque los hombres sabemos encontrarnos excusas con facilidad.

Ni por asomo me voy a detener en la poca hidalguía de Lugo pidiendo exámenes ADN, no vale la pena; menos aún me preocupan los excesos de Mr. K., o el encumbramiento de Guevara, Nacha; hay ejemplos más cercanos y dolorosos que nos cuestionan como Judas: “¿seré yo Señor?” ¿Seré el próximo? Si acaso no estamos en la lista de los “desleales” a Nuestro Señor, a su Iglesia, a la Patria, a nuestra familia, a nuestros maestros, a nuestros amigos, es simplemente porque nos sostuvo Su mano. Si no, sería imposible: la lealtad hoy es una Gracia “sobrenatural”.

¿Nos queda simplemente llorar el bien perdido? Sí, lloremos, no queda otra opción si es que lo único que nos une es el odio al adversario común. Ni esas lágrimas, ni el odio (por más justificados que sean) son capaces de hacer algo más.

Una vez que pase el enemigo, nos miraremos unos a otros como enemigos No sabemos si pasarán estos enemigos, si se recambiarán, cambiarán sus caras, o si se quedarán hasta el fin. No lo sabemos.

Nuestra historia reciente nos enseña esto: las divisiones que sufrimos sistemáticamente en nuestras filas, aquellas que nos han destrozado, aniquilado, no hablan de otra cosa que de falta de verdadera caridad. “Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo de Pedro…” seguimos repitiendo sin recordar lo principal: “¿Por ventura Pablo ha sido crucificado por vosotros?” Y también es “lo principal” que el ser del Crucificado nos debe unir sustancialmente más que lo que nos desunen las diferencias que puede llegar a haber entre nosotros; muchas de ellas lícitas, dentro de lo opinable.

La falta de unión que exhibimos durante los últimos 50 ó 60 años no es otra cosa que una terrible “falta de lealtad a nuestro Rey”. “Ya no se oye la voz del comandante… el exceso de desgracias, trayendo la desesperación de sobrevivir, suprime todo temor de cometer faltas”. Y esa carencia de todo temor de cometer faltas es el supremo pecado que esteriliza los aciertos parciales que pudiésemos llegar a conseguir: la soberbia.

Conclusiones:

1. Que Dios nos ayude… porque los de afuera ya nos han devorado. Radio Colonia promociona su cobertura de las próximas elecciones diciendo algo así: “Mentiras, fraude, corrupción y más mentiras; Ud. necesita saber la verdad sobre las elecciones en Argentina, escuche Radio Colonia”.

2. No perdamos la Esperanza, porque la victoria final es del Señor de los Ejércitos, también y mejor conocido como el Buen Pastor.

Franco Ricoveri

martes, 25 de agosto de 2009

Internacionales


MALOS MODALES

LARRIQUETA SE CONFIESA

El Sr. Daniel Larriqueta ha escrito dos libros correlativos: “La Argentina Renegada” y “La Argentina Imperial”, de amena lectura y sólida base documental, que tratan de la colonización española y portuguesa de nuestro continente.

Lamento sinceramente encontrarme en una posición diametralmente opuesta con sus concepciones políticas. En efecto, el autor, que se desempeñara como funcionario durante el alfonsinismo, se declara liberal y demócrata (“me parece imposible un patriotismo al margen de la democracia”, dice). Refiriéndose a la cultura que surgió en Buenos Aires debido a su apertura al Atlántico y al Occidente y la recepción de la Ilustración —de la cual precisa que “el pensamiento católico es su enemigo”— dice que “me asusta que bajemos las banderas de su pensamiento liberal, transgresor, insumiso frente a la sombra amenazante del conservadurismo tucumanés que acampa en los suburbios y predican los censores, con o sin mitra”. Sin embargo, en otra parte reconoce lealmente que “El retoño indiano más esplendente era, sin duda, la Iglesia. Contra toda polémica allí estaba su inmenso desarrollo para testimoniar el sentido espiritual de la fundación hispana del Nuevo Mundo”.

Es bueno tener en cuenta estas palabras que permiten refutar a aquellos que reniegan de nuestros orígenes hispano-católicos. Más aún, aportan datos muy interesantes para ilustrar a quienes de la conquista sólo registran los excesos de algunos de los conquistadores. Rescatemos dos de esos datos:

1) el hecho de que los Reyes Católicos firmaron, el 20 de junio de 1495 una Real Cédula por la cual “declaraban libres a los hombres del Nuevo Mundo“, es decir, decidieron no trasladar la tradición esclavista, dando así a “los nativos del Nuevo Mundo la jerarquía de vasallos libres de la Corona de Castilla”, y

2) el hecho de que Juan de Matienzo, oidor de la Audiencia de Charcas, el 28 de noviembre de 1567 escribe al Rey, remitiendo su “Gobierno del Perú”, exponiendo sus ideas, entre ellas “la construcción de una justicia que amparase por igual los derechos de los españoles y los indígenas”.

En fin, lo que deseaba evidenciar mediante estos breves ejemplos, era nuestro origen católico, de donde surge una legislación que tiene en cuenta la dignidad creatural del hombre. Todo ello gracias a la Iglesia, que tiene hoy que enfrentar reiterados ataques, progresivamente más virulentos, no sólo en nuestra Patria, sino en todo el mundo.

TOYNBEE DEPONE

Buena prueba de esto son los grandes carteles que han aparecido en los buses de Londres con la inscripción “There´s probably no God, now stop worrying and enjoy life”; esto es, probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida; y luego en España, tal como se puede ver leer en la nota que Aníbal D´Angelo Rodríguez publicara en el nº 80 de “Cabildo”.

De alguna manera esto me trajo a la memoria unas meditaciones de José Ortega y Gasset, de un curso dictado entre 1948 y ´49, luego publicadas en 1960 como “Una Interpretación de la Historia Universal”, examen de la obra de Arnold Toynbee. Allí nos dice Ortega que: “en las primeras páginas de su libro, sin darnos tiempo al primer respiro, Toynbee nos arroja a la cara su odio personalísimo a la idea de nación, y su fe bastante vaga en no sabemos qué cosa llamada a sustituirla […] Esas no son good manners, Mr Toynbee, esas no son buenas maneras”.

Algo parecido sucede con la inscripción de marras, que además de insolente, no es tan nueva ni tan progre. Personalmente la escuché hace algo menos de medio siglo. Pero infinitamente más importante es el hecho de que un judío de Alejandría, entre el 50 y el 30 AC, advirtiendo sobre el deslumbramiento que podía ejercer la cultura brillante del ambiente —una especie de Ilustración de su tiempo— y la seducción del paganismo, hablando como quien negara toda Trascendencia, escribió en Sabiduría 2, 6: “Venga, entonces, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud”, para luego refutarlo en 2,21: “Así razonan ellos pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido”.

Toynbee fue director del Real Instituto de Asuntos Internacionales (RIIA); reitero que ésta es, en definitiva, la sociedad secreta ideada por Cecil Rhodes, quien ordenó en su testamento: “establecer un fondo para el establecimiento, fomento y desarrollo de una sociedad secreta, cuyo verdadero fin y objetivo será la extensión del poder británico sobre todo el mundo”, y cuyas filiales son el Council on Foreing Relations (CFR) en Estados Unidos y el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI).

HUXLEY SE DROGA

Recordemos que uno de los principios del Imperio Británico es la Estrategia sin Tiempo, de desgaste —la Estrategia Fabiana— así llamada por el general romano Fabio Concuctator, quien la empleó para vencer a Aníbal. Propone su empleo la Sociedad Fabiana de Londres, a la que perteneció Aldous Huxley. Él mismo, como se recordará, fue discípulo de Toynbee, oficial de Inteligencia de Churchill durante la Segunda Guerra Mundial, participante de un proyecto en California y luego en Harvard para experimentar con marihuana, peyote y Ácido Lisérgico, cofundador del Instituto Esalen de California (1962), fundador de sectas adoradoras de la diosa Isis, profesor del Instituto Tecnológico de Massachussetts, encargado fundamentalmente del estudio de la manipulación de la conducta individual y social, -y un etc. muy largo.

ADORNO ENLOQUECE

Director de la Escuela de Investigación Social de Franckfurt, filial de la Sociedad Fabiana, fue Theodor Adorno, musicólogo y agente del MI 6, autor de “El Hombre Autoritario”, al que define como todo aquel que considere que la vida debe regirse por principios metafísicos como la verdad, la razón, la moralidad, o Dios, y de “Introducción a la Sociología de la Música”, en donde teoriza sobre las ventajas del rock. Visitó Estados Unidos en 1939 para introducir un programa radial en la Universidad de Princeton (ésta, junto con Harvard, Yale y Columbia forman la base de la infiltración cultural británica en Estados Unidos), principio de transformación de la radio en medio de subcultura.

DEBIÓ TRABAJARSE ANTES

Claro está, no es tan sencillo no encontrar algún tipo de resistencia a todo esto. Carlos Camean Ariza, por ejemplo, (cfr. “Cristo Hoy”, 23/29 de agosto), ante la aplicación de la “educación sexual desde las salas de 4 años hasta el nivel terciario”, y ante la pregunta de “que deberían hacer los padres en desacuerdo con tales medidas”, respondió: “que debió trabajarse antes”. Acerca de qué buscan los sectores poderosos de los adolescentes y jóvenes, agregó: “sencillamente corromperlos. Un pueblo corrompido es más fácil de manejar. Y si lo logran desde la niñez tienen asegurado el éxito”. “Estos sectores no sólo son concientes, sino que [tienen] una actitud lamentablemente planeada y diseñada para que los padres y la Iglesia pierdan autoridad sobre los chicos”; “lo que tenemos que hacer es preguntarnos qué nos está pasando que no podemos influir en la sociedad y en los políticos”.

Sólo podría contestar que estos ataques a la Religión y a la Educación son claros ejemplos de la Guerra Política Cultural y de la Estrategia sin Tiempo, cumpliendo las clásicas misiones de desinformación, diversión, saturación de consignas, fragmentación social, para llegar a la adaptación gradual al deterioro moral progresivo y apatía ciudadana, plan diseñado por el Standford Research Institute, también parte de la red Tavistock de Estados Unidos, y que rige entre nosotros desde la instalación del Proyecto Democracia de las Naciones Unidas (aceptar las condiciones del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional Internacional, Organización Mundial de Comercio, etc.), cuyos dirigentes curiosamente no son elegidos democráticamente, sino por Imperialismo Internacional del Dinero, y ejercen su acción totalitaria sobre todo el mundo.

Para evitar esto no debemos hacer el juego a estos individuos y sus agentes locales. Debemos volver a nuestros orígenes hispano católicos, y recordar que en los Proverbios Salomónicos 11, 29, se lee: “El que perturba su propia casa heredará viento y el necio será esclavo del sabio”. Clarito, ¿no?

Luis Antonio Leyro

lunes, 24 de agosto de 2009

Poesía que promete

EL ÁNGEL

Que el hombre no sea indigno del Ángel
cuya espada lo guarda
desde que lo engendró aquel Amor
que mueve el sol y las estrellas
hasta el Último Día en que retumbe
el trueno en la trompeta.

Que no lo arrastre a rojos lupanares
ni a los palacios que erigió la soberbia
ni a las tabernas insensatas.

Que no se rebaje a la súplica
ni al oprobio del llanto
ni a la fabulosa esperanza
ni a las pequeñas magias del miedo
ni al simulacro del histrión;
el Otro lo mira.

Que recuerde que nunca estará solo.

En el público día o en la sombra
el incesante espejo lo atestigua;
que no macule su cristal una lágrima.

Señor,
que al cabo de mis días en la Tierra
yo no deshonre al Ángel.

Jorge Luis Borges

(tomado de su libro “La cifra”,
Buenos Aires, 1981)