domingo, 22 de marzo de 2009

Catequesis dominical


LA LUCHA CONTRA EL PECADO O
LA RESISTENCIA A LAS TENTACIONES

Naturaleza de la tentación

Llamamos “tentación” a toda solicitación al pecado. En toda tentación podemos distinguir tres elementos:

1º) La sugestión, o idea del mal sugerida por el enemigo: de ordinario, suele ser una idea atractiva, acomodada a los gustos y tendencias desordenadas de nuestra naturaleza;

2º) La delectación, o placer que el hombre siente enseguida en la parte viciada de su naturaleza. Esta delectación puede ser doble: a) irreflexiva, cuando es instintiva, y acompaña a la sugestión adelantándose al acto de la razón; b) reflexiva, cuando es advertida por la razón;

3º) El consentimiento de la voluntad, por el cual el alma cede a la tentación y acepta el pecado propuesto.

La sugestión y la delectación irreflexiva constituyen la tentación propiamente dicha y no son pecado; sólo la delectación reflexiva y el consentimiento de la voluntad producen el pecado.

Causas o fuentes de las tentaciones

Las tentaciones provienen de tres causas o fuentes: la carne, el mundo y el demonio.

A. La carne

I. Qué hay que entender por “carne”. — Por “carne” entiende San Pablo nuestra naturaleza viciada, cuerpo y alma, tal como la recibimos de Adán después del pecado original por el nacimiento según la carne (Gal. 5 16-25). También la llama “hombre carnal” (1 Cor. 3 1-3), “hombre animal” (I Cor. 2 14) y “viejo hombre” (Ef. 4 22; Col. 3 9).

A la carne, u hombre carnal, o viejo hombre, opone San Pablo el “espíritu”, u “hombre espiritual”, o “nuevo hombre”, designando así también a nuestra naturaleza, cuerpo y alma, pero regenerada ya por el Bautismo, por la acción del Espíritu Santo, gracias a los méritos de Jesucristo, el “Nuevo Adán”.

Por tanto, la carne, o el viejo hombre, somos nosotros mismos, con el desorden que dejó en nosotros el pecado de nuestros primeros padres; y el espíritu, o nuevo hombre, somos también nosotros mismos, tal como nos ha restaurado Jesucristo por la gracia del Bautismo.

II. La carne, fuente de tentaciones. — La carne o viejo hombre, y el espíritu o nuevo hombre, tienen tendencias diametralmente opuestas: “la carne tiene deseos contrarios a los del espíritu, y el espíritu los tiene contrarios a los de la carne” (Gal. 5 17; Imitación de Cristo, III, 54). Por consiguiente, sus obras son también diametralmente opuestas: “Las obras de la carne son fornicación, impureza, lascivia, idolatría, magia, enemistades, discordia, celos, enojos, riñas, disensiones, envidias, homicidios, embriagueces, glotonerías y cosas semejantes… Al contrario, los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia, modestia, castidad” (Gal. 5 19-23).

El espíritu, o naturaleza regenerada por la gracia, nos lleva a buscar nuestro fin y felicidad en Dios, por la conformidad a su santísima voluntad; mientras que la carne, o naturaleza viciada por el pecado, nos empuja, por una triple tendencia que llamamos triple concupiscencia, a buscar nuestro fin y felicidad fuera de Dios y contra la voluntad de Dios, ya en los bienes de este mundo (concupiscencia de los ojos), ya en los placeres de la carne y de los sentidos (concupiscencia de la carne), ya en las satisfacciones del orgullo y de la voluntad propia (concupiscencia del espíritu o soberbia de la vida). Por eso la carne es para nosotros, por su triple concupiscencia, una solicitación incesante al pecado, es decir, una fuente de tentaciones.

B. El mundo

I. Qué hay que entender por “mundo”. — Por “mundo” entendemos el conjunto de hombres que adoptan y erigen como regla de vida las inclinaciones de la carne o viejo hombre. Olvidando su destino eterno, o no creyendo en él, piden su felicidad a la tierra y a la vida presente. Son, unos sabiéndolo, otros sin saberlo, los auxiliares y los instrumentos del infierno para arrastrar las almas al pecado y a su condenación eterna.

II. El mundo, fuente de tentaciones. — El mundo es una fuente de tentaciones:

1º) Directamente, por sus persecuciones y sus burlas: — persecuciones que desencadena contra la Iglesia, a fin de impedir su acción apostólica y salvífica sobre las almas, y contra las naciones cristianas, a fin de hacerles perder su fe y sus instituciones y costumbres cristianas; — burlas con las que trata de amedrentar, muchas veces con éxito, a quienes quieren vivir según la Ley de Dios y de su Iglesia, apartándolos de esta manera, por el respeto humano o el “qué dirán”, de la vida cristiana.

2º) Indirectamente, por la influencia perniciosa de su espíritu y de sus escándalos. Por espíritu del mundo entendemos el conjunto de máximas, de costumbres y de ilusiones que rigen a los mundanos; es un espíritu diametralmente opuesto al espíritu de Jesucristo y de su Evangelio. Por escándalos del mundo entendemos todo lo que, por su parte, es ocasión de pecado y causa de ruina para las almas: su prensa, su radio, sus conversaciones, sus fiestas, sus modas, sus espectáculos, sus diversiones, sus desórdenes, etc.

“Todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (1 Jn. 2 16): mundo y carne se prestan mutuo apoyo, ya que el mundo es todo aquello que, fuera de nosotros, incentiva y estimula nuestra triple concupiscencia. Gracias a la complicidad de la carne o viejo hombre, la influencia del mundo penetra en todas partes, incluso en los lugares más santos, pues encuentra en nosotros un aliado.

C. El demonio

I. Qué hay que entender por “demonio”. — Por “demonio” entendemos el ángel rebelde caído. “Demonio” es un nombre colectivo que designa a todos los espíritus infernales coaligados, bajo la dirección de Lucifer, para ruina de las almas.

1º) El demonio es enemigo de nuestras almas por varias razones: a) Por odio contra Dios: no pudiendo combatir a Dios directamente, lo combate indirectamente atacando al hombre, que es el retrato vivo de Dios (puesto que fue creado a su imagen y semejanza), y su creatura privilegiada; b) Por envidia al hombre: el demonio está celoso de ver al hombre en un estado superior al suyo, con vida sobrenatural, y llamado a ocupar en el cielo el trono que él mismo perdió para siempre; c) Por ambición personal: el orgullo, que lo perdió, le inspira un deseo desenfrenado de ser como Dios, y por consiguiente de suplantar el imperio de Dios sobre las almas.

2º) El demonio es un enemigo temible en sí mismo, no sólo a causa de su odio contra nosotros, sino también: a) Por su superioridad de naturaleza: se encuentra dotado de una inteligencia y de un poder natural muy superiores a los del hombre; y tiene además en su favor la experiencia de los siglos; b) Por su perfecta armonía con nuestros dos enemigos, el mundo y el viejo hombre, con los que se entiende admirablemente.

3º) Sin embargo, no debemos temer demasiado al demonio, por los siguientes motivos: a) Porque Jesucristo lo ha vencido y encadenado por su muerte en cruz: ya no puede nada contra nosotros sin el permiso de Dios, como lo prueban múltiples hechos de la Sagrada Escritura (historia de Job, de los posesos de Gergesa, etc.); su cualidad de réprobo no le permite alcanzar sino victorias temporales, y hace de él un eterno vencido; b) Porque Dios nos ha provisto de múltiples socorros contra el demonio, sobre todo en la persona de la Virgen Inmaculada, “terrible a Satanás como un ejército en orden de batalla”, y en la persona de los Santos Ángeles; c) Porque nuestra alma, en su santuario íntimo, la voluntad, es una ciudadela inaccesible: Satanás no puede entrar en ella y hacernos daño alguno a no ser que nosotros se lo permitamos dándole entrada por nuestro consentimiento. Se asemeja a un perro encadenado que ladra mucho para asustar, pero que no puede morder sino a los incautos que se acercan a él.

II. El demonio, autor de tentaciones. — La Sagrada Escritura afirma en múltiples textos, que una gran parte de las sugestiones que nos empujan al pecado vienen del demonio. San Pedro nos amonesta: “Sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo, el diablo, anda girando como león rugiente alrededor vuestro, en busca de presa a quien devorar” (1 Petr. 5 8). San Pablo nos enseña que nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra los espíritus de las tinieblas (Ef. 6 11-12).

El demonio obra sobre nuestros sentidos o sobre nuestra imaginación para arrastrar nuestra voluntad al mal, ya directamente insinuando la tentación en el alma por sí mismo, ya indirectamente por medio del mundo. No hay norma fija para saber cuándo la tentación proviene del demonio o de otras causas; pero podemos deducirlo por algunos indicios: — cuando la tentación es repentina, sin que se haya puesto una causa próxima o remota capaz de producirla; — cuando es violenta, tenaz y obsesiva; — cuando no tiene respeto de ninguna circunstancia: tiempo sagrado, dedicado a la oración, o lugar sagrado, como la iglesia, etc.; — cuando produce profunda turbación en el alma; — cuando incita a la desconfianza hacia los Superiores, o a no comunicar al director espiritual nada de cuanto ocurre.

I. Dios no es jamás autor de la tentación. — Dios no puede tentarnos en el sentido de “inducirnos al pecado”: “Ninguno, cuando es tentado, diga que Dios le tienta porque Dios no puede jamás dirigirnos al mal; y así Él a ninguno tienta. Sino que cada uno es tentado, atraído y halagado por la propia concupiscencia” (Sant. 1 13-14); pero a veces nos pone a prueba, es decir, nos coloca en situación de probarle libremente nuestro amor y fidelidad, y nos proporciona ocasiones para practicar la virtud y adquirir méritos eternos; y en ese sentido dicen a veces las Escrituras que Dios nos tienta, esto es, nos prueba (Sab. 3 5-6).

II. Dios solamente permite la tentación. — Dios ha querido permitir que la tentación entrase en el mundo y agravas nuestro estado de prueba, porque en su sabiduría infinita ha preferido que se vuelva en provecho de las almas de buena voluntad. A este fin:

1º) Nos rodea con una providencia enteramente paterna, y “no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas, sino que con la tentación nos proporciona las fuerzas para poder resistirla” (I Cor. 10 13);

2º) Nos asegura socorros múltiples y sumamente eficaces para triunfar sobre las tentaciones y encontrar en ellas maravillosas ocasiones de progreso espiritual: — Él mismo se da a nosotros como Compañero y Hermano de armas, viviendo incesantemente en medio de nosotros por la Sagrada Eucaristía, y dentro de nosotros por la gracia santificante; — nos da a su Madre Inmaculada, que encarna en su persona, al punto más elevado, la lucha siempre triunfante y victoriosa contra el mal bajo todas sus formas; — nos da a sus Ángeles y a sus Santos para que sean nuestros poderosos auxiliares mediante la oración; — nos da su Iglesia con su segurísima dirección, su oración y su sacrificio perpetuo, sus sacramentos y sacramentales.

Padre Jesús María Mestre

sábado, 21 de marzo de 2009

Hablemos, Lucas, de filosofía


ARISTÓTELES
O EL FILÓSOFO


No podrá haber Restauración Nacional, sin una tarea continua de rehabilitación de la inteligencia. Para ello, urge presentar a la contemplación de los argentinos la imagen de los verdaderos arquetipos, porque una sociedad es lo que impone que sean sus modelos. Y a nuestra Patria —como heredad del Occidente Cristiano— le corresponden legítimamente los del Mundo Clásico. Tal el caso de Aristóteles. Nuestro homenaje al Filósofo con palabras de Jordán Bruno Genta, que como él, “llenó sus vigilias de serena sabiduría”.

Platón, ante el grupo de jóvenes atenienses, habla, piensa, sueña. Todos los que lo escuchan, ardiente la mirada y el corazón ligero, no han nacido en Atenas. Algunos vienen desde las islas del Egeo: en el viaje, fueron diciéndose los versos de Ulises y encontrando en el hexámetro de Homero, un anticipo heroico de la eterna Grecia. Venidos de las tierras lejanas, más allá del mar, al llegar a Atenas, todos son atenienses.

La ciudad los conquista con sus estatuas de una blancura nueva, deslumbrante y atenuada; con la línea sencilla y magnífica de su Partenón; con la belleza radiante y serena, demorada sutilmente sobre todas las cosas. Y por sobre la sugestión de esta belleza que ninguna ciudad poseyó nunca, ésta es la Atenas donde Sócrates ha muerto; donde se repitieron las palabras de Heráclito, oscuras, bellas y falaces; la Atenas de los sofistas de ambiguas enseñanzas que la más rigurosa especulación filosófica iba a desmentir; la ciudad de la sabiduría.

Entre los jóvenes que escuchan a Platón, que se ha puesto a meditar en su teoría de las Ideas y despliega la bellísima imagen de la reminiscencia, hay uno más pensativo que los otros que trata —marino que podrá navegar los más profundos mares—, de no dejarse arrastrar por el canto de las sirenas, probando el agua salobre; mirando las rocas hostiles; la sonrisa de espuma, fugaz y traidora de Anfitrita; el rostro viril del mar.

Este joven se llama Aristóteles. Va a ser humilde y fiel discípulo de Platón, hasta que, elevado a la forma pura del pensamiento, va a penetrar con la más sorprendente capacidad para el análisis de la esencia de las cosas, desdeñando las creaciones bellísimas pero inciertas, para mostrar la excelencia suma de la más alta ciencia, de la ciencia que distingue y jerarquiza: la Metafísica.

No hubo poeta embriagado con sus propios sueños, más exaltado que el severo y contenido Aristóteles, creando su sistema; recogiendo la multiplicidad de los seres y las cosas en un cuento único; mostrando los perfiles interiores; señalando la escala ascendente que culmina en el Ser que Es, máxima perfección, motor inmóvil.

Aristóteles no es un soñador; su exaltación es fría y tensa. No es un creador, como el poeta.

Pero él posee la clave secreta de todo lo creado, puesto que sabe el lugar propio de cada cosa y conoce el camino más difícil, el itinerario de la mente humana que conduce a la contemplación de la Verdad.

Liberada de todo lo contingente y perecedero, de la esclavitud de los sentidos, he aquí que la Inteligencia del hombre puede alcanzar su más alta perfección, contemplando, lúcida y plenamente dueña de sí, en el Acto Puro, principio y fin, la suma de todas las perfecciones.

Aristóteles es la pasión de la sabiduría, una pasión sin ardientes transportes porque se pone a sí misma su límite, para no dejarse arrastrar y esclavizarse.

Aristóteles representa el esfuerzo del conocimiento puro y desinteresado; el alerta más severo de la inteligencia que logra ser fiel al propio ser de ella misma; el ascetismo de la sabiduría.

Hace dos mil quinientos años que Aristóteles se impuso a sí mismo la dignidad altísima de ese esfuerzo. Hoy volvemos a sus páginas maestras a recoger la doble enseñanza de su verdad y de su pasión.

La juventud capaz de cumplir un destino vuelve a Aristóteles como se vuelve a los versos de Homero. Porque ella sabe que del progreso sólo puede hablarse en el orden de la técnica, de lo meramente instrumental, pero en el orden de las cosas eternas —el pensamiento, el arte— el progreso no existe y sólo es válido aquello que, nacido en el tiempo perecedero, supo dejar un mensaje para todos los tiempos.

Jordán Bruno Genta

viernes, 20 de marzo de 2009

Entomológicas


LAS MOSCAS K

“El cielo de los matreros, miren qué oscuro que está”
Osiris Rodríguez Castillo

No son pocos los que se preguntan con una mueca incrédula, cómo pudo darse que a Cristina Fernández le construyeran una realidad de papel de seda y brillantina, sin que un solo destello del mundo verdadero, pudiera filtrarse en la vana irrealidad de su cerebro.

Los más antiguos, y algunos no tanto, recordarán que la cosa no es nueva y que ya existió por ejemplo el llamado diario de Yrigoyen redactado e impreso para complacer las —si se quiere infantiles— necesidades de ensoñación de un presidente a quien el país real le pasaba por el costado y con el que, según algunos, nunca debía rozarse.

Otros, acaso los más leídos, nos hablarán de los atareados sirvientes del régimen que reescribían continuamente la historia en 1984, la novela de Orwell, desfigurando pasado y presente para que todos los planes se hubiesen cumplido de acuerdo a los deseos de hoy, aunque solamente en la mente de los escribas y en ese imaginario mundo, contado para los muchos, en las hojas de papel.

Es cierto que en nuestro país con la misma intención, mucha información ha sido ocultada y deformada en los medios y en diarios que, como “Clarín” y “Página/K”, mostraban únicamente el lado soleado, real o no, del jardín. Aunque aquí el dato curioso en todos los casos, está dado por el mismo gobierno, que era —y sigue siendo— el que paga por engañar y ser engañado.

Lo que figura en esas hojas algo amarillentas eso es lo que se debe aceptar y aunque la novela luzca precariamente construida, contiene los elementos básicos del género. A saber, hay un rey y una reina bondadosos, justos, ricos, sabios y bellos que luchan por el bienestar del pueblo y hay enemigos muy pero muy perversos dispuestos a impedirlo a través de mil pases mágicos y conjuras todopoderosas y ocultas.

Algunos dirán, con cierta razón, que tal como está planteada la historia no pasaría de historieta y que como tal estaría destinada a ser consumida por un público promedio de 10 ó 12 años y que no sería esa la edad más apropiada para ocupar la presidencia de un país. Contra esta última objeción sólo podríamos argumentar que en general los chicos a esa edad aman la verdad y el bien y rechazan la mentira, y que difícilmente pagarían a alguien para que los engañe, condiciones éstas que no suelen poseer los actuales príncipes.

En este sentido, San Agustín, que frecuentó como pocos las profundidades del alma del hombre, escribía que había conocido a muchos hombres que querían engañar, pero a ninguno que quisiera ser engañado. Es casi innecesario aclarar que ni siquiera uno de los mayores sabios doctores de la Iglesia pudo concebir que, pasados más de mil años, y en un país remoto, regido por una más bien exótica forma de gobierno —a saber, la democracia conyugalista—, se darían esas circunstancias donde los que gobiernan ¿gobiernan? el país viven autistas en medio de las mentiras que compran cada mañana.

Sí, sí, ya sabemos que la trampa estuvo dirigida no sólo al matrimonio feliz, sino a la parte acaso más ingenua de la población, aquella que de tan engañada creía vivir en el país de maravillas.

Hoy, no obstante el terrible empujón que la sociedad y las circunstancias dieron al matrimonio presidencial, mostrándoles de frente la absurda situación en que se han encerrado, y cómo quedaron acorralados entre la necedad y la soberbia, a pesar de todo seguimos escuchando “ya comprenderán… hay que darles tiempo… ya comprenderán…”

Pero llegados aquí, y para tratar de entender el modo de operar del matrimonio de presidentes, no encontramos nada mejor que consultar a un retorcido, porque solo un mal bicho puede estar a la altura de las circunstancias que estamos tratando. Claro, pensamos en Sartre. En su obra “Las Moscas”, Egisto el protagonista, a fuerza de trampear, acaba creyendo las mentiras que él mismo había inventado. A esto el francés llama mentira de “mala fe” que sería el que se miente a sí mismo y finalmente lo cree.

Pero aquí aparece una diferencia no menor, que separa aún la ficción sartreana de nuestra dupla presidencial. Así es, en “Las Moscas”, la mujer de Egisto le señala a éste claramente la verdad: “Los muertos están bajo tierra, no nos dañarán tan fácilmente. ¿Olvidas que tú mismo inventaste estas fábulas para engañar al pueblo?” Es decir, en la obra, uno de los dos personajes centrales, conserva cierta ligazón con la realidad, que no le impide mentir, pero dándose cuenta de lo que hace a la luz de su conciencia.

Muy por el contrario, en el desdichado caso argentino todo indicaría que no es así. Se trataría siguiendo al existencialista, de duplicación de la mala fe, que se instala en un país cuando los presidentes son dos y ambos creen solo en las fábulas.

Viendo que el cielo se ha puesto oscuro —como dice el poeta uruguayo— han recuperado los soliloquios, esta vez con aspecto de conferencia de prensa. Se sostienen como siempre en el oscuro principio de la infalibilidad de sus locas opiniones, sólo que en la noche, que ya se hizo, y pensando que los precipicios existen, lo mejor sería detenerse.

Miguel De Lorenzo

jueves, 19 de marzo de 2009

Glorioso San José


EL “ACORDAOS” A SAN JOSÉ

Acordaos, oh castísimo Esposo
de la Virgen María
y amable protector mío San José,
que jamás se ha oído decir
que ninguno haya invocado
vuestra protección
e implorado vuestro auxilio
sin haber sido consolado.
Lleno, pues, de confianza
en vuestro poder,
vengo a vuestra presencia
y me encomiendo a Vos
con todo fervor.
¡Ah! no desécheis mis súplicas,
oh Padre putativo del Redentor,
antes bien acogedlas propicio,
y dignaos acceder
a ellas piadosamente.

Glorioso San José,
Patrono de la buena muerte,
ruega por aquellas personas
que han muerto en este día.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Testigo de cargo


ESPAÑA-ARGENTINA

Mi buen amigo ARP me envía un informe sobre la situación de la población española que es estremecedor. El poco crecimiento que se observa se debe principalmente a los inmigrantes. Aún así, la población española está cerca de presentar crecimiento cero. Y la pirámide poblacional está a punto de invertirse. Hay ya un millón de mayores más que de jóvenes y dos millones de personas de más de ochenta años.

La tasa de crecimiento, que tiene que ser de 2,1 hijos por mujer solo para conservar el número de habitantes, está en 1,32, record únicamente igualado por Italia y Grecia. Cada año hay menos matrimonios y más rupturas matrimoniales.

Pero lo más importante de todo esto viene ahora: España y Grecia son los únicos países de Europa que no tienen ley de protección familiar. Es decir, que al Estado español, sucesivamente gobernado por socialistas de izquierda y populares de derecha no le interesa la cuestión de la familia ni de la población. Sencillamente eso: no le interesa, no es política de Estado ni entra en ningún pacto de los tres o cuatro que se han firmado después del de la Moncloa.

Muchas veces hemos dicho que Zapatero y Kirchner son dos seres infinitamente iguales. Los dos, politiqueros de segunda, llegaron al poder gracias al azar. El uno por una bomba oportuna, el otro por un dedazo fortuito. Los dos son tercos como una mula y para recular tienen que golpearle los hechos en la cara: una bomba en Barajas, una perdida elección de Catamarca. Los dos tienen prioridades prototípicas de zurdos progresistas de la especie más bajuna y les falta total y absolutamente cualquier atisbo de grandeza. Por eso Zapatero se dedica a crispar a la sociedad resucitando los odios de la guerra civil y Kirchner hace polvo el ejército y mediante horrores jurídicos mantiene en la cárcel a quienes cumplieron su deber.

Ahora tenemos una nueva prueba de su identidad: los dos promueven el aborto, la píldora del día siguiente (cuando, pasada la borrachera, las damas de este tiempo advierten lo que les pasó. Debiera llamarse píldora de la resaca), la vasectomía y la equiparación del matrimonio con las tristes coyundas de dos seres del mismo sexo (perdón, quise decir género).

Pero a Kirchner, como a Zapatero, la familia, la familia en serio (no digamos ya la familia numerosa) lo tiene absolutamente sin cuidado. En sus años de gobierno no ha tenido tiempo para poner en vigor ni la más mínima norma de protección, ni siquiera de fomento. Salvo un ridículo aumento de ciertas asignaciones familiares.
Son hombres, pues, que se definen no solamente por lo que les importa, sino sobre todo por lo que no les importa. Lástima que el que pagará esos gustos y esos disgustos es el país que en un tiempo fue la República Argentina.


Aníbal D'Angelo Rodríguez

martes, 17 de marzo de 2009

Bandera de la Patria mía


LA BANDERA DE FACUNDO

Juan Facundo Quiroga es uno de esos hombres que sólo pueden evocarse épicamente. Tal vez fuera necesario escribir cabalgando, o cabalgar las letras hasta domar con ellas su figura. Porque todo en él fue combate: todo ruido de espuelas y de cascos; todo ir y venir marcialmente desde su alma hacia el mundo.

Su lanza en ristre —siempre dispuesta a clavarse en el ofensor de Dios y de la Patria— fue el signo de una vida hecha milicia, como enseña la Biblia: por eso, no pudieron historiarlo los liberales, y lo redujeron a una leyenda oscura de bárbaro sanguinario. Pero otra cosa es la realidad.

Hay en Facundo una ascendencia noble, un lejano presagio de la sangre: la estirpe de Recaredo que convirtió a su pueblo y fue por eso llamado El Católico. Señor de la tierra, con ese señorío natural y heredado, la aristocracia era su rasgo definitorio. Cuesta decirlo a quienes han desfigurado las palabras y los hechos; pero eso era Quiroga: un aristócrata, que es decir un virtuoso, un enamorado del honor y de la hazaña.

“Sé que es Usted un buen patriota y un hombre de coraje —escribíale San Martín, de quien fuera destacado granadero—; …he apreciado y aprecio a Usted por su patriotismo y buen modo de conducirse”.(1) Y el mismo Sarmiento sostendrá de su admirado enemigo: “…ha pasado a la historia, y reviste las formas esculturales de los héroes primitivos, de Ayax y de Aquiles”.(2) Es que había en Facundo algo de mágico, que fascinaba aun al adversario. Una fuerza exuberante que sujetaba y arrollaba al mismo tiempo; una virilidad incontenible —desbordante en cien marchas y contramarchas, en arengas a los llanistas, en entreveros imprevistos— y ante la cual, hasta los mismo oficiales de Paz —lo reconoce éste en sus “Memorias”— no podían evitar palidecer. “El que habla —le escribe a Vélez Sarsfield— no conoce peligros que le arredren, y se halla muy distante de rendirse…”(3) Es el orgullo legítimo del guerrero, del Jefe que es capaz de plantearle a sus hombres esta opción de hierro: “¡Soldados!: no hay otro punto de reunión que el campo de batalla. Allí nos debemos encontrar todos, ¡todos!, de pie o caídos, ¡vencedores o muertos!”(4)

Y fue este ímpetu agreste el que lo movió indignado —con una fuerza que parecía sostenida por los ángeles— a enfrentarse con los peores enemigos de la Fe, los logistas rivadavianos.

Época difícil aquella, y similar en mucho a la nuestra; época de apostasías y claudicaciones, de deslealtades y reformas histéricas. Pero allí estaba Facundo, nunca como entonces caballero cristiano. “Sentado con honor en la balanza de la justicia —diría Marechal— …abriendo y cerrando el día con la Señal de la Cruz… así lo miro y su estatura crece. El sol está en su barba que no ha mesado nadie sino el viento…” Y se plantó seguro de sí mismo —tacuara en mano—, montó su moro legendario e hizo ondear una bandera que todavía recuerdan en Los Llanos: ¡RELIGIÓN o MUERTE! Era el grito de rabia de un pueblo sacudido por la impiedad, el grito alado de un Caudillo Católico dispuesto a no transar; era la voz de la raza que traía ecos de Lepanto contra los ruidos de la Revolución. Frente a ese pabellón irrepetible, bien podría decirse lo de Santa Teresa:

“Todos los que militáis
debajo de esta bandera
ya no durmáis, no durmáis
que no hay paz sobre la tierra…”

Vencedor aun en la derrota, su destino iba a jugarse trágicamente en un recodo polvoroso de la Patria. Sabía que iba a la muerte, y no la rechazó. Cuando le avisaron que lo aguardaban partidas de salteadores para asesinarlo, respondió duramente: “A una voz mía, se pondrán a mis órdenes”.

Y no se equivocaba totalmente…

Porque la cabeza ensangrentada de Facundo —hoy más que nunca— sigue preguntando imperativamente: “¿¡Quién manda esta partida!?” Nosotros que lo sabemos, porque sus muertes no han cesado todavía, nos hemos encolumnado decididamente, irreversiblemente, detrás de su bandera.

Antonio Caponnetto

Notas:
(1) San Martín, Cartas a Quiroga del 3 de mayo de 1823 y diciembre del mismo año. Citada por Peña, David, “Juan Facundo Quiroga”, Eudeba, 1971, págs. 67-68.
(2) Sarmiento, Domingo Faustino, “Obras Completas”, Tomo XLVI. Cit. por Barisani, Blas, “En torno a Sarmiento”, Ed. Reina y Madre, 1961, pág. 27.
(3) Juan Facundo Quiroga, Nota a Vélez Sarsfield, Campamento en el Posito, 22 de enero de 1827.
(4) Quiroga, Juan Facundo, Arenga a sus soldados. Cit. por Peña, David, ob. cit., pág. 156.

domingo, 15 de marzo de 2009

Padres de la Patria


1981 - 15 de marzo - 2009

ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO
DEL PADRE CASTELLANI


“Bienaventurados seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren y, mintiendo, dijeren toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos entonces y saltad de gozo, porque es grande vuestra recompensa en los cielos” (San Mateo, cap. V)

Fue mi maestro y era mi amigo. Las puertas del cielo se abrieron ya para él; y en la tierra nosotros, los sobrevivientes que tanto lo quisimos (y a quien tanto le debemos) rogamos ahora a Dios Nuestro Señor por su noble alma.

Personalidad originalísima, sin lugar a dudas, la de nuestro máximo pensador católico argentino, el Padre Castellani. Compleja, polifacética personalidad intelectual y de las letras; restauradora en este siglo XX ateo y negador que vivimos; personalidad impar bajo cualquier aspecto que se la considere (incluso a juicio de sus adversarios ideológicos o detractores religiosos).

Hasta el último día se mantuvo sereno el excepcional Maestro de tres generaciones nuestras; lúcido, firme en las convicciones, ortodoxo y cordial con la Cruz de sus males a cuestas; luchando quijotescamente contra las modernas herejías en la descristianizada y “democrática” Argentina liberal contemporánea —siempre “desfaciendo entuertos”— no obstante la notoria salud declinante que desde tiempo atrás lo aquejaba. Su fina espiritualidad —pese a su vejez— no lo abandonó nunca. No decayó jamás su fe comprometida con el mensaje evangélico de Jesucristo: “Hijo de Dios Padre y Segunda Persona de la Santísima Trinidad” —mal que les pese a no pocos de nuestros “hermanos separados” (sic)— que volverá al fin de los tiempos, cumpliéndose, así, en plenitud, la Promesa parusíaca en cuya realización próxima el genial santafesino ex-jesuita creyó firmemente siempre.

Temperalmente hablando, Castellani era un hiperemotivo típico, de reacciones francas, apasionadas y directas; un hombre total, auténtico hasta en su original atuendo: con sotana, boina vasca y cinturón militar. Audaz en ocasiones y tímido en otras; caballeresco por dentro y por fuera, pero, a la vez muy afectivo, sensible de alma en extremo. ¡Amigo leal y entrañable!

Desde el punto de vista intelectual, Castellani fue —por su talento— un extraordinario prodigio desde muy joven y su genio brilló no sólo en la Argentina, sirviendo incondicionalmente a la Iglesia tradicional en medio de la crisis que hoy la sacude. Abarcó todos los secretos del saber divino y humano, sobresaliendo como teólogo de rara penetración dogmática en Europa; como metafísico insigne y como profesor de filosofía (en Buenos Aires y en Salta). Ensayista, psicólogo, crítico literario, periodista inimitable… autor hasta de novelas y cuentos con mensaje religioso, etc. Y escribió, además, proféticas poesías autobiográficas desgarradoras, dignas de una antología que sus discípulos de ayer le debemos agradecer y aplaudir.

La salvación del país en bancarrota fue un constante “leit-motiv” obsesivo para él: amó a Dulcinea —o sea, a la Patria terrenal idealizada— católicamente, hasta su muerte. Egregio caudillo de bravos legionarios “cristóbales”, los diagnósticos que escribió en vida sobre las causas de la actual postración argentina son notables (sensacionales y acaso escandalosos para no pocos dirigentes políticos ingenuos o inadvertidos que aún lo combaten). Su profunda caridad como la de San Pablo (Saulo de Tarso), le hizo acuñar —sin romanticismo alguno— esta certera definición evangélica del patriotismo: “Si los sujetos que viven en un mismo campo geográfico se odian cordialmente unos a otros, no se puede decir que allí exista patria; porque «si no amas a tu prójimo, al cual ves, ¿cómo amarás a la patria a la cual no ves?». En amor al prójimo se resuelve prácticamente el amor a la patria; y si no es amor al prójimo, nada es”.

En otro orden de ideas, para nuestra madura generación de abuelos que peinan canas y para el país joven de ahora —el de nuestros hijos y nietos—: ¿qué significado tendrá, me pregunto yo, el alto magisterio cultural y religioso asumido en vida —sin beneficio de inventario y en grado heroico de virtudes— por el Padre Leonardo Castellani? Bien. Al caer enfermo (hace casi un lustro) y después de sufrir una dolorosa operación quirúrgica, lo visité una tarde en su departamento de la calle Caseros. Lo encontré pálido, enjuto, envejecido, rezando en la oscuridad. Ante una optimista pregunta mía con respecto a sus trabajos en general, me contestó palpando las negras cuentas de un rosario que apretaba entre sus descarnados dedos: “Lo único que en adelante me interesa, Peco, es prepararme a bien morir; en cuanto a mi obra escrita: ¡bah! Antes tendrá que padecer la suerte natural de las semillas: pudrirse bajo la tierra para que, Dios mediante, aparezcan —si llueve— los verdes brotes de la planta. Estamos todos sometidos, Peco, a esa inexorable ley biológica que es al mismo tiempo sobrenatural: morir para resucitar. Y también, por supuesto, deben cumplir dicha ley nuestras obras humanas”.

Tal la visión prospectiva que, sobre sí mismo, nos dejó el grande hombre a quien hoy lloramos con hondo pesar.

El Padre Castellani, por voluntad inapelable del Altísimo, ha finalizado santamente, sufridamente, su periplo en este “valle de lágrimas” que para él fuera nuestra patria. Es cierto. Pero como en la épica leyenda del Cid Campeador ganará todavía —aunque en espíritu e inteligencia— muchas batallas después de muerto en la larga guerra por la Reconquista de la Argentina, de cuya ardua empresa Castellani fue, enhorabuena, su principal y quizá más tesonero Adelantado bajo el conocido seudónimo de “Militis Militorum”. “Dios juega con trampa —sentenciaba desde San Juan en el año 1962—; tiene en la manga el As de Espada, la carta de la Resurrección. Cuando esté más oscuro, sabed que por allí amanece”. Máxima ésta de prosapia claramente lugoniana, según se ve.

Y bien: las puertas del cielo se abrieron ya para nuestro grande amigo, a los 81 años de edad. Y en la tierra, a quienes somos sus sobrevivientes discípulos y admiradores que tanto lo quisimos, nos toca rezar con fervor a la Santísima Virgen María por su bienaventuranza eterna… hasta la Resurrección de la Carne.

Federico Ibarguren

Nota: Estas líneas fueron publicadas en el nº 42, del año V de la segunda época de “Cabildo”, aparecido el 15 de mayo de 1981, tres meses después del fallecimiento del Profeta de la Argentina.

sábado, 14 de marzo de 2009

In memoriam: Don Juan Manuel


MARZO: GLADIOS,
ROSAS Y RESURRECCIÓN

Marzo es un mes natural y marcial según su raíz etimológica, descendiente del dios guerrero Marte, con su leyenda mortífera referida a los fatales Idus para el desprevenido Imperator Julio César, no obstante su valor, pericia militar y prudencia cívica. Tal vez sea cierta la leyenda según la cual varios adagios premonitorios le avisaron que la traición no podía ser detenida por su “muy leal Décima Legión” y que su obra iba a quedar trunca. Tal vez…

Lo cierto es que fueron designios del Señor Dios de los Ejércitos con águilas y gladios cesarianos los que prepararon la cuna de Cristo en el mundo mediterráneo de la Roma eterna, que al decir de Ortega y Gasset, “era el proyecto de organización universal”.

Pero hay mucho más en los presentes Idus de este Año de Gracia de 2009, por lo que estas semanas se llenan de plena fertilidad. En su transcurrir, con el fin de mes, nos llega la Semana de Pasión. Y de ahí, horas hasta el Viernes de la Pasión de Cristo Jesús, sin el cual no hay Victoria sobre la muerte en la Pascua. Ella es un llamado matutino que nos ha de levantar siempre, siempre. Aparece entonces ante nosotros la pregunta eterna: ¿“Ubi est mors victoria tua’’?

Desde el atalaya de estos pensamientos miremos en la lejanía astronómica a uno de los gigantes de la Patria Grande, cuyo tránsito hacia Dios se produjo el 14 de marzo de 1877. Nos referimos a Don Juan Manuel de Rosas, ante cuya memoria se inclinan los albos, cuanto oribistas, pendones orientales, haciendo propio lo que de su tierra expresara León Degrelle, poeta y cruzado heroico: “el Pasado del país nuestro es el fondo de nuestra conciencia y nuestra sensibilidad…”, agregando el Jefe de la Legión Walona: “no somos más que una unidad con los demás hombres de nuestra Patria…”

He aquí el por qué de estos párrafos dedicados al Restaurador, que configura al Héroe por excelencia. Así lo describe el mártir Jordán Bruno Genta: “…es el escogido para una difícil obediencia, para una suprema fidelidad. Su fuerza eleva a los pueblos hasta merecer la grandeza de su misión y los hace capaces de conquistar la libertad de la soberanía y el derecho a un nombre propio en la Historia Universal”.

Enfoquemos ahora su estampa de protagonista. Rosas “era el hombre más de a caballo de toda la Provincia”. Le sobraba personalidad. Su prestigio afirmado en su trato con la gente fue tomando estatura política desde 1820, y cuando su primer gobierno. Éste se acentuó con la “Campaña del Desierto”, en la que sembró simiente de trabajo y civilización como Julio César en las Galias, y en la que mostró la disciplina rígida impuesta a sus “Colorados del Monte”, cuerpo militarizado similar a la Décima Legión preferida por el Caudillo Romano de la antigüedad.

El advenimiento al gobierno del “Gaucho de los Cerrillos” ya se había abierto cuando acaeció el infame asesinato de Manuel Dorrego (1828), víctima de las maquinaciones inglesas en los días en que era seccionada la Provincia Oriental, tierra a la que contribuyera a liberar con su ayuda al General Lavalleja. Pocos años después, en febrero de 1835, la Patria “se sacudía espantada” ante el crimen cometido con el séquito y la persona del “Tigre de los Llanos”, General Juan Facundo Quiroga, que tenía la gloria imperecedera de haber resistido las concesiones mineras a Inglaterra y enfrentado las masónicas leyes rivadavianas a lanza y sable, llevando al frente la bandera de la tradición en la cual lucía la divisa “Religión o Muerte”.

La sangre de su mejor amigo derramada en Barranca Yaco hirió a Don Juan Manuel de tal manera, que hasta en las líneas de algún manuscrito de esas horas se observan rasgos especiales. Para enfrentar el caos y castigar a los criminales acepta la gobernación con la Suma de Poder Público. Era el 7 de marzo de 1835.

Desde ese momento y hasta 1852 fue el Restaurador de las Leyes, el César de la Patria Grande. Orientó su gestión de gobierno con una política nacionalista y americana. En lo económico terminó con el liberalismo aduanero, disponiendo normas de protección.

Su decreto del año 1835 fue “más proteccionista que la política establecida por Artigas”, golpeando fuertemente a las importaciones con recargos especiales, con lo que benefició a las tejedurías y a los agricultores criollos. Cabe señalar en cuanto al mercado interior la exoneración del pago a los productos pecuarios uruguayos y a los que “por tierra” llegaran desde Chile.

La disolución del Banco Nacional, instrumento del comercio inglés y de la oligarquía unitaria, merece ser destacado con unos párrafos del decreto rubricado por el Restaurador. Leamos: “Esta institución ha contaminado a la provincia…
(se ha convertido en) árbitro de los destinos del país… y de la suerte de los particulares… dio rienda suelta a todos los desórdenes que se pueden cometer con una influencia tan poderosa…”

Cuando el expansionismo inmoral de Francia e Inglaterra envolvió las orillas del Plata, Rosas fue brazo poderoso en la defensa del “Sistema Americano”. Era la Patria Grande de la edad heroica que los historiadores plumíferos de las logias declararon baldía.

Hoy, don Juan Manuel de Rosas regresa, y su figura cobra dimensión y presencia cuando vemos degradarse las soberanías nacionales sometidas a los poderes mundialistas como la OTAN, el Banco Mundial, el G8, el FMI y las Cortes Penales Internacionales, establecidas con sentido siniestro por la tiránica sinarquía globalizadora.

Por ello, hoy más que nunca, le decimos al Ilustre Restaurador: ¡PRESENTE!

Luis Alfredo Andregnette Capurro

viernes, 13 de marzo de 2009

Voces de los de enfrente


WILLIAMSON, EL DOGMA
DEL HOLOCAUSTO

Y LA MORDAZA

La cantidad de muertos no es lo que importa. Si no murieron en cámaras de gas, igual merecen nuestro respeto. El escándalo en torno a los dichos de Richard Williamson tiene por fin preservar un dogma celosamente cultivado, y de una indudable utilidad política.

“Lo que nos gobierna no es todavía un estado policial, pero están acorralándonos, aquí y en los EE.UU. El Estado policial dio un gran salto adelante con el 11 de Septiembre, y espero que ninguno de nosotros crea que el 11-S fue algo parecido a lo que nos pintaron. Por supuesto que las torres se derrumbaron, pero no a causa de los aviones, sino por una demolición profesional, realizada con una serie de cargas explosivas desde arriba hacia abajo... Esta es una mentira global, la más tremenda mentira de tiempos recientes. Para esclavizar nuestras mentes, y convencernos de que el Estado policial es bueno y necesario”.

¿Se trata de las declaraciones de un anarquista, de un fanático de las teorías de la conspiración, de algún ayatolla radical? No. Son palabras del obispo católico Richard Williamson, durante una misa en su Inglaterra natal, en Diciembre de 2008.(1)

Cuando se analiza el discurso de Williamson en torno al “Estado policial”, el engaño masivo al que son sometidos los ciudadanos, y la precisa denuncia en torno a las patrañas del 11-S, es extraño leer crónicas que describen a su orden religiosa como retrógrada y medieval, paralizada en consignas conservadoras.

Hace pocos días, este controversial sacerdote sufrió un disgusto luego de conceder una entrevista a la TV sueca desde su residencia argentina. El Gobierno, días después del escándalo internacional que se desató porque el religioso dijo que “las evidencias históricas dicen que no hubo cámaras de gas” en la Alemania de Hitler, decidió conminarlo a abandonar territorio argentino. La decisión fue celebrada en casi todo el arco político, en los medios y por supuesto entre los voceros de la comunidad judía internacional. La descripción que dieron los medios lo pinta sin piedad: es un “obispo nazi” que “niega el Holocausto”.

Percepciones comunes y revisionismo

El episodio y la reacción gubernamental aparecen como desproporcionadas. ¿Por qué es grave disentir sobre detalles históricos de matanzas del pasado, y no es grave cometerlas en el presente? El Gobierno, por caso, no expulsó a ningún diplomático israelí durante el último y devastador ataque a territorio palestino. Y nadie, en estos años, declaró “persona no grata” a Bush, Rumsfeld y otros notorios genocidas de Iraq, Afganistán y otros territorios.

Es preocupante que se instale la cultura de la “negación del Holocausto” como un crimen de opinión, como un delito de la palabra tal como existe en Alemania, Francia y Austria, donde hay académicos e investigadores procesados y encarcelados por “negacionistas”. ¿Quién tiene autoridad para decidir que sobre ciertos hechos históricos ya no se puede debatir o investigar?

Williamson es estigmatizado por calificativos como “ultraconservador”, “lefebvrista” o “antisemita”, pero sus puntos de vista sobre el Holocausto son cuidadosamente estudiados. Pueden contrariar las percepciones comunes que tenemos sobre el genocidio de judíos en Alemania, pero no las perspectivas de los historiadores revisionistas, que cada vez son más.

Durante las últimas décadas, los revisionistas —que tímidamente empezaron con unos pocos autores— han acumulado una increíble y cada vez mayor cantidad de argumentos científicos en contra de la versión oficial del Holocausto. Por caso, las dudas en torno a la existencia de cámaras de gas las planteó por primera vez el historiador inglés David Irving hace ya bastantes años.

¿Qué dijo realmente Williamson? El video con sus declaraciones es transparente. En primer lugar, no niega el Holocausto, sino que debate sobre la cantidad de muertos: afirma que según sus estudios “murieron entre 200 y 300 mil judíos, y probablemente ni uno solo en cámaras de gas”. El obispo rechaza explícitamente la palabra “antisemita” durante la entrevista, y sólo se limita a explicar las razones técnicas por las cuales un experto norteamericano en cámaras de gas concluyó que muy improbablemente hayan funcionado en Auschwitz cámaras de gas. Se trata de El informe Leuchter, que tiene más de 20 años. La historia merece un breve desarrollo.

El informe Leuchter

Todo empezó con los juicios a los que fue sometido el ciudadano canadiense Ernst Zündel,(2) acusado de “difundir falsedades sobre el genocidio” y mentir sobre las muertes de millones de judíos. Zündel fue defendido por otros revisionistas, quienes lograron contratar al máximo experto mundial en cámaras de gas: el ingeniero yankee Fred A. Leuchter, que construye y mantiene cámaras de gas para ejecuciones en Estados Unidos y Canadá. Leuchter viajó a Polonia con un equipo de especialistas y visitó los llamados “Campos de Exterminio” de Auschwitz, Birkenau y Madjanek, en los que habrían sido gaseados cuatro millones, un millón y doscientos mil judíos respectivamente, según Simon Wiesenthal, cifras aceptadas como “reales” por los historiadores ortodoxos.

Lo que se desprende de los análisis de Leuchter es que una cámara de gas requiere de extremos cuidados y avanzada tecnología para funcionar a nivel de ejecuciones individuales, como sucede en Estados Unidos. Por lo tanto, es mucho más complicado pensar en hacer funcionar cámaras de gas para ejecuciones masivas.

Es largo detallar todos los estudios técnicos y consideraciones que se realizaron en el lugar, pero la conclusión fue que las condiciones de aislamiento ambiental de las presuntas cámaras eran absolutamente incompatibles con el supuesto de que se usaban para gaseamientos masivos, pues el vapor tóxico hubiera escurrido causado estragos, matando a todos los presentes, operarios y presos por igual.

Por éstas y otras evidencias, la conclusión de Leuchter —insospechable de ser un neo nazi— fue lapidaria: “Después de la revisión de todo el material y de la inspección de todos los lugares correspondientes a Auschwitz-Birkenau y Majdanek, encuentra el autor que las pruebas son abrumadoras: no hubo cámaras de gas para la ejecución en ninguno de esos lugares correspondientes”.

¿Suena disparatado, ideológicamente manipulado o fomentado desde el racismo y el odio? No. Es sólo un informe técnico. Fue terminado el 5 abril de 1988, y significó un duro golpe por los propagandistas oficiales del dogma.(3)

De números y consideraciones morales

Cuando Williamson pide “pruebas” sobre el Holocausto, puede sonar provocativo, pero sabe de lo que habla. Nadie niega los horrores de la persecución del gobierno nazi a judíos, gitanos y otras minorías, y de que hubo miles de muertos. Sin embargo, la cifra “oficial” de seis millones de muertos judíos es una “verdad comúnmente aceptada” pero difícil de probar.

En realidad, según muchos libros y documentos, la cifra de seis millones apareció como un “slogan” que reforzaba las demandas de ayuda y resarcimiento, antes incluso de que terminara la guerra. Los seis millones se convirtieron en un eficaz “sound bite” para la industria de las indemnizaciones que todavía se prolonga, y para la erección mundial del Holocausto como “el mayor de los horrores”.

Las cifras que muestran los documentos oficiales están más cerca de los cálculos de Williamson que de “la historia oficial”: la Cruz Roja, por caso, terminada la guerra informó oficialmente que los judíos muertos entre 1939 y 1945 fueron unos trescientos mil.

Luego están los cálculos en torno al nivel de la población. Es lógico pensar que un descenso de seis millones en la población judía mundial impactaría significativamente en los censos. En 1959, el profesor Einar Aberg publicó en Suecia un cálculo estadístico, en el que la cifra de 6.000.000 de judíos muertos no correspondía con la información de fuentes como la American Jewish Comittee y la Statistical of the Synagogues of America. Los muertos no aparecen (o mejor dicho, no “desaparecen”) en las estadísticas, que muestran una población mundial de judíos relativamente estable en poco más de quince millones durante los años de la guerra. Una caída de seis millones era técnicamente imposible de ser compensada con mayor cantidad de nacimientos. Sería imposible “aun cuando todo judío fisicamente apto se hubiese dedicado exclusivamente día tras día, durante las 24 horas, en los años de 1939 a 1949 a la procreación con cada una de las mujeres de su raza”, razona Aberg.

El debate de los historiadores es mucho más largo y complejo. Pero no hace falta extenderlo aquí, porque el punto es que trescientos mil muertos judíos es de todos modos una cantidad horrorosa de víctimas. Y que hayan muerto en cámaras de gas, por inanición o fusilados importa poco a los efectos de homenajear su memoria.

Entonces, ¿por qué tamaña reacción de indignación por las opiniones de un obispo? ¿Es irrespetuoso investigar y preguntarse hasta dónde es verdad lo que hemos escuchado en forma hipnótica durante tantos años?

La expulsión de Williamson es sólo un capítulo más del acoso político y judicial contra quienes se atreven a revisar la historia oficial. Si el Holocausto se impone como un dogma a fuerza de mordaza, algo huele mal en este mausoleo.

La narrativa de los ganadores

El Holocausto ha sido durante cincuenta años una narrativa efectiva para introducir los puntos de vista de los ganadores de la guerra. Tiene los ingredientes ideales para impactar las conciencias de millones de teleespectadores: como toda película exitosa de Holywood, cuenta con villanos perfectamente odiosos —Hitler y sus lugartenientes—, atrocidades memorables —cámaras de gas, trenes de la muerte, pilas de cadáveres y mucha violencia— y un final feliz: los aliados-héroe que derrotan a los malos y liberan a las víctimas.

Es una historia simplificada que oculta convenientemente las atrocidades cometidas también por el bando ganador (los Aliados), el protagonismo del “tercero ignorado” (la Unión Soviética) y los padecimientos sufridos por otros pueblos y minorías involucrados en el conflicto. Es un relato en “formato TV”, desconectado de la historia, fácilmente transmitible y reproducible en museos, fotos, artículos, películas.

La reacción desmesurada contra los pocos que se atreven a poner en tela de juicio esta urdimbre de historias construida durante décadas, intenta mantener la salud del dogma acallando la voz del revisionismo. Para esta corriente, la historia del Holocausto es una propaganda de guerra creada inicialmente por los Aliados para satanizar a los alemanes y elevar la moral de los soldados. Luego, los sionistas difundieron esta propaganda con la intención de cobrar grandes indemnizaciones para financiar la creación de un hogar nacional judío en Palestina. Además, los revisionistas dicen que:

- El trato de los alemanes hacia los judíos no fue diferente al trato que daban los aliados a sus enemigos en la guerra. A su vez, muchos alemanes y judíos murieron no por la represión del régimen, sino por los bombardeos aliados.

- Los judíos sufrieron los desastres de la guerra, la separación y deportación a campos de concentración, las muertes por epidemias, ejecuciones, represalias o hasta masacres. Pero todos esos sufrimientos los padecieron también otras naciones o comunidades durante la guerra así como también los alemanes y sus aliados.

Polémica o lógica, creíble o no, esta perspectiva “igualadora” de las cualidades morales de todas las partes en la guerra es la enemiga mortal del dogma. Contra ella disparan quienes acusan aquí y allá a los “negacionistas”. Y disparan ferozmente.(4)

Porque, como señala el pensador judío Gilad Atzmon,(5) la narrativa del Holocausto es políticamente vital para la “supremacía moral” de Occidente. Es la historia que explica por qué el eje Estados Unidos - Israel personaliza el “bien” y sus enemigos “el mal”. Es el apoyo ideológico del expansionismo, y una invalorable herramienta para “marcar el campo” y provocar “efectos de sentido” en las audiencias en torno al carácter de personajes y eventos en el mundo (recordemos la analogía de Saddam Hussein con Hitler, y el llamado a rescatar a los iraquíes de “su Auszchwitz”).

El dogma del Holocausto tiene otra ventaja adicional: al funcionar como un argumento autosuficiente contra el racismo, el totalitarismo y el nacionalismo, y al haber combatido Hitler contra los comunistas rusos, también el centroizquierda de todo el mundo adhiere a su “mensaje”.

De horrores y hogueras

Pero sólo la repetición hipnótica, y la inflación de cifras y detalles macabros, le da al Holocausto su pretendido aire de “el mayor de los horrores”. Nada nos obliga a pensar que la represión nazi fue más horrorosa y dañina que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la invasión de Vietnam o la reducción de Palestina a un campo de concentración masivo. Pudiera serlo, pero sólo la investigación, los documentos históricos y la palabra de estudiosos neutrales puede establecerlo.

Con el dolor y la tragedia humanas no valen especulaciones mezquinas de etnia o de nación: se trata de trabajar creando conciencia para evitar nuevos genocidios, no de ver quién arroja más muertos sobre la mesa. Las víctimas de la Segunda Guerra son de toda la Humanidad. Si algún grupo pretende arrogarse el papel de “damnificado mayor”, es natural que se despierten suspicacias.

Si no se puede revisar el dogma del Holocausto, más razones tenemos para desconfiar de su veracidad. En primer lugar, porque es fácil asociar la estructura habitual de la propaganda imperial con los descubrimientos de los historiadores revisionistas: los mismos “sound bites”, los mismos trucajes de pruebas, las mismas “armas de destrucción masiva”, los mismos “villanos irredimibles” y el mismo “ejército liberador”. Y en segundo lugar, porque es evidente la explotación política del dogma para asegurarle al eje Estados Unidos - Israel el monopolio de la condición de “liberador” y “víctima”, respectivamente. Y también, por supuesto, el monopolio de las “políticas de exterminio” legítimas, es decir, aquellas empleadas contra quienes “se lo merecen”.

Por eso, el escándalo en torno a los dichos de Williamson es una verdadera muestra de intolerancia y persecución política. La lapidación pública del obispo se parece más a la quema en la hoguera de Giordano Bruno, que a un acto de humanismo y corrección política.

Además, no es ocioso pensar en una represalia por la conducta en general “poco apropiada” de Monseñor, teniendo en cuenta su campaña en torno a los atentados del 11 de Septiembre, otro gigantesco “montaje narrativo” sobre el que se multiplican los libros de denuncia y las pruebas que refutan la versión oficial. Aquí también hallamos un cóctel noticioso de impacto, que combina elementos reales con mentiras, falsas pruebas y evidencias sustraídas, un villano demonizado y la escenificación de un “ultraje” que requiere reparación. ¿Será todo pura casualidad?

Claudio Fabián Guevara

Publicado originalmente en: http://blogs.clarin.com/cuba/2009/2/23/williamson-dogma-del-holocausto-y-mordaza

Notas:
1) Un video completo traducido sobre este mensaje se puede ver en http://911allthetruth.wordpress.com
2) Zündel es explícitamente un simpatizante de Hitler como líder político, y escribió libros narrando aspectos de su personalidad normalmente desconocidos. Pero sobre todo la campaña de este hombre nacido en Alemania estuvo dedicada a aliviar a sus conciudadanos del sentimiento de "culpa colectiva".
3) Le costó caro. Fred Leuchter fue sistemáticamente perseguido y descalificado, y hasta se filmó una película sobre su vida titulada: “Señor Muerte”. Por su parte, Ernst Zündel fue declarado culpable por el Jurado, el 11 de mayo de 1988, “por difundir noticias falsas, a sabiendas, sobre el Holocausto”. Fue sentenciado a nueve meses de prisión, y se le concedió libertad bajo caución después de haber firmado una orden mordaza, prometiendo no escribir ni hablar sobre el Holocausto. Se juntó en la historia con el destino de Galileo.
4) Además de los casos de estudiosos enjuiciados y encarcelados por “negacionismo” del Holocausto en diferentes países, son frecuentes además las intimidaciones, los despidos y sobre todo las campañas de desprestigio y descalificación. Hay un verdadero ejército cuidando por la “salud” del dogma. El propio término “negacionistas” es en sí mismo descalificante.
5) La crítica de Gilad Atzmon al “mito del Holocausto” es demoledora. Nacido en Israel, también critica las políticas del Estado israelí y defiende la causa palestina. Vive exiliado en Londres y su trabajo se puede leer en http://www.gilad.co.uk

miércoles, 11 de marzo de 2009

Económicas


PLUTÓCRATAS DEL MUNDO, UNÍOS

¿No son acaso los ricos los que os oprimen
y os hacen comparecer ante los tribunales?
Santiago, 2, 6.

Decía el Maestro Jordán B. Genta en su Edición Crítica del “Manifiesto Comunista” que “el terror comunista no sería más que el instrumento político de la idolatría del dinero”, y citaba a Pío XI, quien en “Quadragesimo Anno” (1931) manifestaba que “así como a la libertad de mercado ha sucedido la hegemonía económica, a la avaricia del lucro ha seguido la desenfrenada codicia del predominio. Toda la economía ha llegado a ser horriblemente dura, cruel, inexorable, determinando la servidumbre de los intereses de grupo y desembocando en el imperialismo internacional del dinero”.

Coincidiendo con estas ideas, W. Kleon Skuosen escribe en “The Naked Capitalist” (El Capitalista Desnudo), avalado por dieciséis años de experiencia en el FBI, que “el poder, cualquiera sea su origen, genera un apetito insaciable de mayor poder. El poder que proviene de la riqueza anhela alcanzar el poder político y viceversa. Era casi inevitable que los super ricos algún día pusieran su empeño en controlar no sólo su propia riqueza, sino también la riqueza de todo el mundo.
“Para lograr esto estaban completamente dispuestos a nutrir la ambición de conspiradores políticos ávidos de poder que estaban obligados a derrumbar todos los gobiernos existentes y levantar una dictadura de alcance mundial según el modelo socialista”.

Repasemos al respecto algunos hechos:

Año 1913. Se crea la Reserva Federal Norteamericana, legalizando así la más inaudita intervención en la soberanía norteamericana, al permitir que un grupo bancario privado tuviese el derecho a la emisión de billetes y a la acuñación de monedas. Financiada por las bancas Schiff, Warburg y Kuhn & Loeb.

Año 1917. Estalla la Revolución Bolchevique, financiada por las mismas bancas.

Año 1918. Bernard Baruch, banquero, asesor de los presidentes de Estados Unidos desde 1912 hasta 1965, dictó el sexto de los catorce puntos de la declaración del presidente Wilson, conforme al cual había que acudir en ayuda de la Rusia bolchevique con todos los medios. Durante la presidencia de Harry S. Truman, el subsecretario del ministerio de finanzas, Harry Dexter White fue desenmascarado por el FBI como un agente soviético. No fue detenido, sino nombrado director-gerente del Fondo Monetario Internacional. El fiscal Herbert Brownell Jr. comprobó oficialmente que Truman sabía que era un agente soviético cuando lo nombró.

Año 1956. Se funda el Club de Roma, alrededor de Giovanni Agnelli, presidente entonces de la FIAT, que sostiene la teoría de que los grandes espacios vacíos (Australia, Amazonia, nuestra Patagonia), que deben ser explotados “para beneficio de la humanidad”.

Aurelio Peccei, descollante personalidad del Club, es propulsor de la teoría de la “sociedad internacional” y de la necesidad de instalar un “gobierno mundial”.

Anteriormente, en el año 1954 comenzaron a reunirse los Encuentros Bilderberg, teniendo como antecedente el discurso de Joseph Rettinger, Secretario del Gobierno polaco en el exilio en Londres durante la Segunda Guerra Mundial, el 8 de mayo de 1946, en el Real Instituto de Asuntos Internacionales, advirtiendo la necesidad de la unidad europea, para mantener el sistema colonial. Éste se reunió con el Príncipe Bernardo de Holanda, quien en definitiva los presidió.

A estos encuentros concurrían miembros de la familia Rockefeller y posteriormente del Club de Roma. Días después de uno de estos encuentros, en una propiedad de los Rothschild (Megeve, Francia, en abril de 1974), fue “elegido” Canciller de Alemania Occidental uno de sus participantes, Helmut Schmidt. En circunstancias similares fueron “elegidos”, en su momento, los primeros ministros de Inglaterra Edward Heath (conservador) y Harold Wilson (laborista).

En 1972 Nelson Rockefeller (republicano) organizó una serie de reuniones de altos directivos de empresas de Estados Unidos de primer rango internacional e internacionales, para elaborar líneas de acción a efectos de alcanzar un mayor coordinación entre las grandes potencias “democráticas” superindustrializadas, y se entrevistó con Jimmy Carter (demócrata), por ese entonces gobernador de Georgia.

El 23 de octubre de 1973 tuvo lugar en Tokio la reunión inaugural de la Comisión Trilateral (CT), con la presencia de representantes de empresas industriales de Estados Unidos, Japón y Europa Occidental. En ella se pasó a postular un nuevo sistema internacional. También concurrieron a la misma Jimmy Carter y otras 18 personas que luego formaron parte de su gobierno.

En 1975 se armaron comisiones para trazar un plan de acercamiento entre la CT y el comunismo soviético, y Carter emitió declaraciones públicas, en el sentido de concretar una alianza con Europa Occidental y Japón, pues esos países estaban “preparados para desempeñar un papel en la formación de un Nuevo Orden Internacional”.

En 1976 fue “elegido” presidente de los Estados Unidos, con Sol Linowitz, uno de sus acompañantes, su asesor de derechos humanos y, según Narcotráfico S.A., funcionario de la United Fruit Cie. —luego United Brands— y director del Marine Midland Bank.

El 18 de junio de 1982 tuvo lugar la reunión inaugural de Diálogo Interamericano, ONG de las Naciones Unidas, que elaboró el “Proyecto Democracia”, cuyas propuestas eran: aceptar los dictámenes del FMI, las premisas del Nuevo Orden Mundial, el fin de las soberanías nacionales, la promoción del maltusianismo, la aplicación de los derechos humanos para terroristas y separatistas étnicos, etc.

Fue presidida por Sol Linowitz y contó con la presencia de David Rockefeller —presidente del consejo del Chase Manhattan Bank y Teniente Coronel de Inteligencia del US Army—, y directivos del Marine Midland Bank, y por Argentina, de Raúl Alfonsín, José María Dagnino Pastore (ministro de Economía del Proceso), Oscar Camilión (ministro de Defensa de Menem) y José Octavio Bordón (embajador en Washington del Sr. K.). Linowitz fue acusado por el Senador por Georgia Larry McDonald por su relación con el Instituto Marxista de Estudios de Política y por promocionar el gobierno de Salvador Allende fuera de Chile (“Somos”, 18 de marzo de 1977. Cit. Carlos Acuña, “Verbitsky, de La Habana a la Fundación Ford”). También en Narcotráfico S.A. puede leerse que United Brands “se ha unido a American Express (en la que alcanzó una posición regente Henry Kissinger), el más eficaz porteador secreto de dinero del mundo”, la que “reúne los recursos delictivos y de contrabando de United Brands y las redes financieras que crearon y financian a los Montoneros en Argentina y a otras organizaciones terroristas”, y “Kissinger, Linowitz y Rockefeller organizaron el modo de arbitrarle fondos abundantes a todos los movimientos terroristas de Iberoamérica”.

De paso, Frank A. Capell reveló en “The Review of the News” (de marzo de 1974) “que el Secretario de Estado Henry Kissinger fue un agente soviético, registrado con el seudónimo de «Boris» en la lista de los agentes principales de ODRA, servicio secreto soviético mantenido en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, mientras se desempeñaba como Sargento de Inteligencia del US Army”. Un informe de “Cabildo” de enero de 1984 menciona que algunos depósitos para las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo…, por ejemplo los de Amnesty International (es decir MI6, Inteligencia Británica) y CELS, cubiertos por la Fundación Ford (es decir CIA), se realizan en el Marine Midland Bank (140 Broadway - Nueva York - 10015 - USA).

Resulta conmovedor comprobar que personas de ideas aparentemente enfrentadas, pueden dejarlas de lado y reunirse alrededor de un mismo espíritu, aunque éste sólo signifique un montoncito de dólares para unos, y el dominio del mundo para otros.

Luis Antonio Leyro