martes, 17 de marzo de 2009

Bandera de la Patria mía


LA BANDERA DE FACUNDO

Juan Facundo Quiroga es uno de esos hombres que sólo pueden evocarse épicamente. Tal vez fuera necesario escribir cabalgando, o cabalgar las letras hasta domar con ellas su figura. Porque todo en él fue combate: todo ruido de espuelas y de cascos; todo ir y venir marcialmente desde su alma hacia el mundo.

Su lanza en ristre —siempre dispuesta a clavarse en el ofensor de Dios y de la Patria— fue el signo de una vida hecha milicia, como enseña la Biblia: por eso, no pudieron historiarlo los liberales, y lo redujeron a una leyenda oscura de bárbaro sanguinario. Pero otra cosa es la realidad.

Hay en Facundo una ascendencia noble, un lejano presagio de la sangre: la estirpe de Recaredo que convirtió a su pueblo y fue por eso llamado El Católico. Señor de la tierra, con ese señorío natural y heredado, la aristocracia era su rasgo definitorio. Cuesta decirlo a quienes han desfigurado las palabras y los hechos; pero eso era Quiroga: un aristócrata, que es decir un virtuoso, un enamorado del honor y de la hazaña.

“Sé que es Usted un buen patriota y un hombre de coraje —escribíale San Martín, de quien fuera destacado granadero—; …he apreciado y aprecio a Usted por su patriotismo y buen modo de conducirse”.(1) Y el mismo Sarmiento sostendrá de su admirado enemigo: “…ha pasado a la historia, y reviste las formas esculturales de los héroes primitivos, de Ayax y de Aquiles”.(2) Es que había en Facundo algo de mágico, que fascinaba aun al adversario. Una fuerza exuberante que sujetaba y arrollaba al mismo tiempo; una virilidad incontenible —desbordante en cien marchas y contramarchas, en arengas a los llanistas, en entreveros imprevistos— y ante la cual, hasta los mismo oficiales de Paz —lo reconoce éste en sus “Memorias”— no podían evitar palidecer. “El que habla —le escribe a Vélez Sarsfield— no conoce peligros que le arredren, y se halla muy distante de rendirse…”(3) Es el orgullo legítimo del guerrero, del Jefe que es capaz de plantearle a sus hombres esta opción de hierro: “¡Soldados!: no hay otro punto de reunión que el campo de batalla. Allí nos debemos encontrar todos, ¡todos!, de pie o caídos, ¡vencedores o muertos!”(4)

Y fue este ímpetu agreste el que lo movió indignado —con una fuerza que parecía sostenida por los ángeles— a enfrentarse con los peores enemigos de la Fe, los logistas rivadavianos.

Época difícil aquella, y similar en mucho a la nuestra; época de apostasías y claudicaciones, de deslealtades y reformas histéricas. Pero allí estaba Facundo, nunca como entonces caballero cristiano. “Sentado con honor en la balanza de la justicia —diría Marechal— …abriendo y cerrando el día con la Señal de la Cruz… así lo miro y su estatura crece. El sol está en su barba que no ha mesado nadie sino el viento…” Y se plantó seguro de sí mismo —tacuara en mano—, montó su moro legendario e hizo ondear una bandera que todavía recuerdan en Los Llanos: ¡RELIGIÓN o MUERTE! Era el grito de rabia de un pueblo sacudido por la impiedad, el grito alado de un Caudillo Católico dispuesto a no transar; era la voz de la raza que traía ecos de Lepanto contra los ruidos de la Revolución. Frente a ese pabellón irrepetible, bien podría decirse lo de Santa Teresa:

“Todos los que militáis
debajo de esta bandera
ya no durmáis, no durmáis
que no hay paz sobre la tierra…”

Vencedor aun en la derrota, su destino iba a jugarse trágicamente en un recodo polvoroso de la Patria. Sabía que iba a la muerte, y no la rechazó. Cuando le avisaron que lo aguardaban partidas de salteadores para asesinarlo, respondió duramente: “A una voz mía, se pondrán a mis órdenes”.

Y no se equivocaba totalmente…

Porque la cabeza ensangrentada de Facundo —hoy más que nunca— sigue preguntando imperativamente: “¿¡Quién manda esta partida!?” Nosotros que lo sabemos, porque sus muertes no han cesado todavía, nos hemos encolumnado decididamente, irreversiblemente, detrás de su bandera.

Antonio Caponnetto

Notas:
(1) San Martín, Cartas a Quiroga del 3 de mayo de 1823 y diciembre del mismo año. Citada por Peña, David, “Juan Facundo Quiroga”, Eudeba, 1971, págs. 67-68.
(2) Sarmiento, Domingo Faustino, “Obras Completas”, Tomo XLVI. Cit. por Barisani, Blas, “En torno a Sarmiento”, Ed. Reina y Madre, 1961, pág. 27.
(3) Juan Facundo Quiroga, Nota a Vélez Sarsfield, Campamento en el Posito, 22 de enero de 1827.
(4) Quiroga, Juan Facundo, Arenga a sus soldados. Cit. por Peña, David, ob. cit., pág. 156.

domingo, 15 de marzo de 2009

Padres de la Patria


1981 - 15 de marzo - 2009

ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO
DEL PADRE CASTELLANI


“Bienaventurados seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren y, mintiendo, dijeren toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos entonces y saltad de gozo, porque es grande vuestra recompensa en los cielos” (San Mateo, cap. V)

Fue mi maestro y era mi amigo. Las puertas del cielo se abrieron ya para él; y en la tierra nosotros, los sobrevivientes que tanto lo quisimos (y a quien tanto le debemos) rogamos ahora a Dios Nuestro Señor por su noble alma.

Personalidad originalísima, sin lugar a dudas, la de nuestro máximo pensador católico argentino, el Padre Castellani. Compleja, polifacética personalidad intelectual y de las letras; restauradora en este siglo XX ateo y negador que vivimos; personalidad impar bajo cualquier aspecto que se la considere (incluso a juicio de sus adversarios ideológicos o detractores religiosos).

Hasta el último día se mantuvo sereno el excepcional Maestro de tres generaciones nuestras; lúcido, firme en las convicciones, ortodoxo y cordial con la Cruz de sus males a cuestas; luchando quijotescamente contra las modernas herejías en la descristianizada y “democrática” Argentina liberal contemporánea —siempre “desfaciendo entuertos”— no obstante la notoria salud declinante que desde tiempo atrás lo aquejaba. Su fina espiritualidad —pese a su vejez— no lo abandonó nunca. No decayó jamás su fe comprometida con el mensaje evangélico de Jesucristo: “Hijo de Dios Padre y Segunda Persona de la Santísima Trinidad” —mal que les pese a no pocos de nuestros “hermanos separados” (sic)— que volverá al fin de los tiempos, cumpliéndose, así, en plenitud, la Promesa parusíaca en cuya realización próxima el genial santafesino ex-jesuita creyó firmemente siempre.

Temperalmente hablando, Castellani era un hiperemotivo típico, de reacciones francas, apasionadas y directas; un hombre total, auténtico hasta en su original atuendo: con sotana, boina vasca y cinturón militar. Audaz en ocasiones y tímido en otras; caballeresco por dentro y por fuera, pero, a la vez muy afectivo, sensible de alma en extremo. ¡Amigo leal y entrañable!

Desde el punto de vista intelectual, Castellani fue —por su talento— un extraordinario prodigio desde muy joven y su genio brilló no sólo en la Argentina, sirviendo incondicionalmente a la Iglesia tradicional en medio de la crisis que hoy la sacude. Abarcó todos los secretos del saber divino y humano, sobresaliendo como teólogo de rara penetración dogmática en Europa; como metafísico insigne y como profesor de filosofía (en Buenos Aires y en Salta). Ensayista, psicólogo, crítico literario, periodista inimitable… autor hasta de novelas y cuentos con mensaje religioso, etc. Y escribió, además, proféticas poesías autobiográficas desgarradoras, dignas de una antología que sus discípulos de ayer le debemos agradecer y aplaudir.

La salvación del país en bancarrota fue un constante “leit-motiv” obsesivo para él: amó a Dulcinea —o sea, a la Patria terrenal idealizada— católicamente, hasta su muerte. Egregio caudillo de bravos legionarios “cristóbales”, los diagnósticos que escribió en vida sobre las causas de la actual postración argentina son notables (sensacionales y acaso escandalosos para no pocos dirigentes políticos ingenuos o inadvertidos que aún lo combaten). Su profunda caridad como la de San Pablo (Saulo de Tarso), le hizo acuñar —sin romanticismo alguno— esta certera definición evangélica del patriotismo: “Si los sujetos que viven en un mismo campo geográfico se odian cordialmente unos a otros, no se puede decir que allí exista patria; porque «si no amas a tu prójimo, al cual ves, ¿cómo amarás a la patria a la cual no ves?». En amor al prójimo se resuelve prácticamente el amor a la patria; y si no es amor al prójimo, nada es”.

En otro orden de ideas, para nuestra madura generación de abuelos que peinan canas y para el país joven de ahora —el de nuestros hijos y nietos—: ¿qué significado tendrá, me pregunto yo, el alto magisterio cultural y religioso asumido en vida —sin beneficio de inventario y en grado heroico de virtudes— por el Padre Leonardo Castellani? Bien. Al caer enfermo (hace casi un lustro) y después de sufrir una dolorosa operación quirúrgica, lo visité una tarde en su departamento de la calle Caseros. Lo encontré pálido, enjuto, envejecido, rezando en la oscuridad. Ante una optimista pregunta mía con respecto a sus trabajos en general, me contestó palpando las negras cuentas de un rosario que apretaba entre sus descarnados dedos: “Lo único que en adelante me interesa, Peco, es prepararme a bien morir; en cuanto a mi obra escrita: ¡bah! Antes tendrá que padecer la suerte natural de las semillas: pudrirse bajo la tierra para que, Dios mediante, aparezcan —si llueve— los verdes brotes de la planta. Estamos todos sometidos, Peco, a esa inexorable ley biológica que es al mismo tiempo sobrenatural: morir para resucitar. Y también, por supuesto, deben cumplir dicha ley nuestras obras humanas”.

Tal la visión prospectiva que, sobre sí mismo, nos dejó el grande hombre a quien hoy lloramos con hondo pesar.

El Padre Castellani, por voluntad inapelable del Altísimo, ha finalizado santamente, sufridamente, su periplo en este “valle de lágrimas” que para él fuera nuestra patria. Es cierto. Pero como en la épica leyenda del Cid Campeador ganará todavía —aunque en espíritu e inteligencia— muchas batallas después de muerto en la larga guerra por la Reconquista de la Argentina, de cuya ardua empresa Castellani fue, enhorabuena, su principal y quizá más tesonero Adelantado bajo el conocido seudónimo de “Militis Militorum”. “Dios juega con trampa —sentenciaba desde San Juan en el año 1962—; tiene en la manga el As de Espada, la carta de la Resurrección. Cuando esté más oscuro, sabed que por allí amanece”. Máxima ésta de prosapia claramente lugoniana, según se ve.

Y bien: las puertas del cielo se abrieron ya para nuestro grande amigo, a los 81 años de edad. Y en la tierra, a quienes somos sus sobrevivientes discípulos y admiradores que tanto lo quisimos, nos toca rezar con fervor a la Santísima Virgen María por su bienaventuranza eterna… hasta la Resurrección de la Carne.

Federico Ibarguren

Nota: Estas líneas fueron publicadas en el nº 42, del año V de la segunda época de “Cabildo”, aparecido el 15 de mayo de 1981, tres meses después del fallecimiento del Profeta de la Argentina.

sábado, 14 de marzo de 2009

In memoriam: Don Juan Manuel


MARZO: GLADIOS,
ROSAS Y RESURRECCIÓN

Marzo es un mes natural y marcial según su raíz etimológica, descendiente del dios guerrero Marte, con su leyenda mortífera referida a los fatales Idus para el desprevenido Imperator Julio César, no obstante su valor, pericia militar y prudencia cívica. Tal vez sea cierta la leyenda según la cual varios adagios premonitorios le avisaron que la traición no podía ser detenida por su “muy leal Décima Legión” y que su obra iba a quedar trunca. Tal vez…

Lo cierto es que fueron designios del Señor Dios de los Ejércitos con águilas y gladios cesarianos los que prepararon la cuna de Cristo en el mundo mediterráneo de la Roma eterna, que al decir de Ortega y Gasset, “era el proyecto de organización universal”.

Pero hay mucho más en los presentes Idus de este Año de Gracia de 2009, por lo que estas semanas se llenan de plena fertilidad. En su transcurrir, con el fin de mes, nos llega la Semana de Pasión. Y de ahí, horas hasta el Viernes de la Pasión de Cristo Jesús, sin el cual no hay Victoria sobre la muerte en la Pascua. Ella es un llamado matutino que nos ha de levantar siempre, siempre. Aparece entonces ante nosotros la pregunta eterna: ¿“Ubi est mors victoria tua’’?

Desde el atalaya de estos pensamientos miremos en la lejanía astronómica a uno de los gigantes de la Patria Grande, cuyo tránsito hacia Dios se produjo el 14 de marzo de 1877. Nos referimos a Don Juan Manuel de Rosas, ante cuya memoria se inclinan los albos, cuanto oribistas, pendones orientales, haciendo propio lo que de su tierra expresara León Degrelle, poeta y cruzado heroico: “el Pasado del país nuestro es el fondo de nuestra conciencia y nuestra sensibilidad…”, agregando el Jefe de la Legión Walona: “no somos más que una unidad con los demás hombres de nuestra Patria…”

He aquí el por qué de estos párrafos dedicados al Restaurador, que configura al Héroe por excelencia. Así lo describe el mártir Jordán Bruno Genta: “…es el escogido para una difícil obediencia, para una suprema fidelidad. Su fuerza eleva a los pueblos hasta merecer la grandeza de su misión y los hace capaces de conquistar la libertad de la soberanía y el derecho a un nombre propio en la Historia Universal”.

Enfoquemos ahora su estampa de protagonista. Rosas “era el hombre más de a caballo de toda la Provincia”. Le sobraba personalidad. Su prestigio afirmado en su trato con la gente fue tomando estatura política desde 1820, y cuando su primer gobierno. Éste se acentuó con la “Campaña del Desierto”, en la que sembró simiente de trabajo y civilización como Julio César en las Galias, y en la que mostró la disciplina rígida impuesta a sus “Colorados del Monte”, cuerpo militarizado similar a la Décima Legión preferida por el Caudillo Romano de la antigüedad.

El advenimiento al gobierno del “Gaucho de los Cerrillos” ya se había abierto cuando acaeció el infame asesinato de Manuel Dorrego (1828), víctima de las maquinaciones inglesas en los días en que era seccionada la Provincia Oriental, tierra a la que contribuyera a liberar con su ayuda al General Lavalleja. Pocos años después, en febrero de 1835, la Patria “se sacudía espantada” ante el crimen cometido con el séquito y la persona del “Tigre de los Llanos”, General Juan Facundo Quiroga, que tenía la gloria imperecedera de haber resistido las concesiones mineras a Inglaterra y enfrentado las masónicas leyes rivadavianas a lanza y sable, llevando al frente la bandera de la tradición en la cual lucía la divisa “Religión o Muerte”.

La sangre de su mejor amigo derramada en Barranca Yaco hirió a Don Juan Manuel de tal manera, que hasta en las líneas de algún manuscrito de esas horas se observan rasgos especiales. Para enfrentar el caos y castigar a los criminales acepta la gobernación con la Suma de Poder Público. Era el 7 de marzo de 1835.

Desde ese momento y hasta 1852 fue el Restaurador de las Leyes, el César de la Patria Grande. Orientó su gestión de gobierno con una política nacionalista y americana. En lo económico terminó con el liberalismo aduanero, disponiendo normas de protección.

Su decreto del año 1835 fue “más proteccionista que la política establecida por Artigas”, golpeando fuertemente a las importaciones con recargos especiales, con lo que benefició a las tejedurías y a los agricultores criollos. Cabe señalar en cuanto al mercado interior la exoneración del pago a los productos pecuarios uruguayos y a los que “por tierra” llegaran desde Chile.

La disolución del Banco Nacional, instrumento del comercio inglés y de la oligarquía unitaria, merece ser destacado con unos párrafos del decreto rubricado por el Restaurador. Leamos: “Esta institución ha contaminado a la provincia…
(se ha convertido en) árbitro de los destinos del país… y de la suerte de los particulares… dio rienda suelta a todos los desórdenes que se pueden cometer con una influencia tan poderosa…”

Cuando el expansionismo inmoral de Francia e Inglaterra envolvió las orillas del Plata, Rosas fue brazo poderoso en la defensa del “Sistema Americano”. Era la Patria Grande de la edad heroica que los historiadores plumíferos de las logias declararon baldía.

Hoy, don Juan Manuel de Rosas regresa, y su figura cobra dimensión y presencia cuando vemos degradarse las soberanías nacionales sometidas a los poderes mundialistas como la OTAN, el Banco Mundial, el G8, el FMI y las Cortes Penales Internacionales, establecidas con sentido siniestro por la tiránica sinarquía globalizadora.

Por ello, hoy más que nunca, le decimos al Ilustre Restaurador: ¡PRESENTE!

Luis Alfredo Andregnette Capurro

viernes, 13 de marzo de 2009

Voces de los de enfrente


WILLIAMSON, EL DOGMA
DEL HOLOCAUSTO

Y LA MORDAZA

La cantidad de muertos no es lo que importa. Si no murieron en cámaras de gas, igual merecen nuestro respeto. El escándalo en torno a los dichos de Richard Williamson tiene por fin preservar un dogma celosamente cultivado, y de una indudable utilidad política.

“Lo que nos gobierna no es todavía un estado policial, pero están acorralándonos, aquí y en los EE.UU. El Estado policial dio un gran salto adelante con el 11 de Septiembre, y espero que ninguno de nosotros crea que el 11-S fue algo parecido a lo que nos pintaron. Por supuesto que las torres se derrumbaron, pero no a causa de los aviones, sino por una demolición profesional, realizada con una serie de cargas explosivas desde arriba hacia abajo... Esta es una mentira global, la más tremenda mentira de tiempos recientes. Para esclavizar nuestras mentes, y convencernos de que el Estado policial es bueno y necesario”.

¿Se trata de las declaraciones de un anarquista, de un fanático de las teorías de la conspiración, de algún ayatolla radical? No. Son palabras del obispo católico Richard Williamson, durante una misa en su Inglaterra natal, en Diciembre de 2008.(1)

Cuando se analiza el discurso de Williamson en torno al “Estado policial”, el engaño masivo al que son sometidos los ciudadanos, y la precisa denuncia en torno a las patrañas del 11-S, es extraño leer crónicas que describen a su orden religiosa como retrógrada y medieval, paralizada en consignas conservadoras.

Hace pocos días, este controversial sacerdote sufrió un disgusto luego de conceder una entrevista a la TV sueca desde su residencia argentina. El Gobierno, días después del escándalo internacional que se desató porque el religioso dijo que “las evidencias históricas dicen que no hubo cámaras de gas” en la Alemania de Hitler, decidió conminarlo a abandonar territorio argentino. La decisión fue celebrada en casi todo el arco político, en los medios y por supuesto entre los voceros de la comunidad judía internacional. La descripción que dieron los medios lo pinta sin piedad: es un “obispo nazi” que “niega el Holocausto”.

Percepciones comunes y revisionismo

El episodio y la reacción gubernamental aparecen como desproporcionadas. ¿Por qué es grave disentir sobre detalles históricos de matanzas del pasado, y no es grave cometerlas en el presente? El Gobierno, por caso, no expulsó a ningún diplomático israelí durante el último y devastador ataque a territorio palestino. Y nadie, en estos años, declaró “persona no grata” a Bush, Rumsfeld y otros notorios genocidas de Iraq, Afganistán y otros territorios.

Es preocupante que se instale la cultura de la “negación del Holocausto” como un crimen de opinión, como un delito de la palabra tal como existe en Alemania, Francia y Austria, donde hay académicos e investigadores procesados y encarcelados por “negacionistas”. ¿Quién tiene autoridad para decidir que sobre ciertos hechos históricos ya no se puede debatir o investigar?

Williamson es estigmatizado por calificativos como “ultraconservador”, “lefebvrista” o “antisemita”, pero sus puntos de vista sobre el Holocausto son cuidadosamente estudiados. Pueden contrariar las percepciones comunes que tenemos sobre el genocidio de judíos en Alemania, pero no las perspectivas de los historiadores revisionistas, que cada vez son más.

Durante las últimas décadas, los revisionistas —que tímidamente empezaron con unos pocos autores— han acumulado una increíble y cada vez mayor cantidad de argumentos científicos en contra de la versión oficial del Holocausto. Por caso, las dudas en torno a la existencia de cámaras de gas las planteó por primera vez el historiador inglés David Irving hace ya bastantes años.

¿Qué dijo realmente Williamson? El video con sus declaraciones es transparente. En primer lugar, no niega el Holocausto, sino que debate sobre la cantidad de muertos: afirma que según sus estudios “murieron entre 200 y 300 mil judíos, y probablemente ni uno solo en cámaras de gas”. El obispo rechaza explícitamente la palabra “antisemita” durante la entrevista, y sólo se limita a explicar las razones técnicas por las cuales un experto norteamericano en cámaras de gas concluyó que muy improbablemente hayan funcionado en Auschwitz cámaras de gas. Se trata de El informe Leuchter, que tiene más de 20 años. La historia merece un breve desarrollo.

El informe Leuchter

Todo empezó con los juicios a los que fue sometido el ciudadano canadiense Ernst Zündel,(2) acusado de “difundir falsedades sobre el genocidio” y mentir sobre las muertes de millones de judíos. Zündel fue defendido por otros revisionistas, quienes lograron contratar al máximo experto mundial en cámaras de gas: el ingeniero yankee Fred A. Leuchter, que construye y mantiene cámaras de gas para ejecuciones en Estados Unidos y Canadá. Leuchter viajó a Polonia con un equipo de especialistas y visitó los llamados “Campos de Exterminio” de Auschwitz, Birkenau y Madjanek, en los que habrían sido gaseados cuatro millones, un millón y doscientos mil judíos respectivamente, según Simon Wiesenthal, cifras aceptadas como “reales” por los historiadores ortodoxos.

Lo que se desprende de los análisis de Leuchter es que una cámara de gas requiere de extremos cuidados y avanzada tecnología para funcionar a nivel de ejecuciones individuales, como sucede en Estados Unidos. Por lo tanto, es mucho más complicado pensar en hacer funcionar cámaras de gas para ejecuciones masivas.

Es largo detallar todos los estudios técnicos y consideraciones que se realizaron en el lugar, pero la conclusión fue que las condiciones de aislamiento ambiental de las presuntas cámaras eran absolutamente incompatibles con el supuesto de que se usaban para gaseamientos masivos, pues el vapor tóxico hubiera escurrido causado estragos, matando a todos los presentes, operarios y presos por igual.

Por éstas y otras evidencias, la conclusión de Leuchter —insospechable de ser un neo nazi— fue lapidaria: “Después de la revisión de todo el material y de la inspección de todos los lugares correspondientes a Auschwitz-Birkenau y Majdanek, encuentra el autor que las pruebas son abrumadoras: no hubo cámaras de gas para la ejecución en ninguno de esos lugares correspondientes”.

¿Suena disparatado, ideológicamente manipulado o fomentado desde el racismo y el odio? No. Es sólo un informe técnico. Fue terminado el 5 abril de 1988, y significó un duro golpe por los propagandistas oficiales del dogma.(3)

De números y consideraciones morales

Cuando Williamson pide “pruebas” sobre el Holocausto, puede sonar provocativo, pero sabe de lo que habla. Nadie niega los horrores de la persecución del gobierno nazi a judíos, gitanos y otras minorías, y de que hubo miles de muertos. Sin embargo, la cifra “oficial” de seis millones de muertos judíos es una “verdad comúnmente aceptada” pero difícil de probar.

En realidad, según muchos libros y documentos, la cifra de seis millones apareció como un “slogan” que reforzaba las demandas de ayuda y resarcimiento, antes incluso de que terminara la guerra. Los seis millones se convirtieron en un eficaz “sound bite” para la industria de las indemnizaciones que todavía se prolonga, y para la erección mundial del Holocausto como “el mayor de los horrores”.

Las cifras que muestran los documentos oficiales están más cerca de los cálculos de Williamson que de “la historia oficial”: la Cruz Roja, por caso, terminada la guerra informó oficialmente que los judíos muertos entre 1939 y 1945 fueron unos trescientos mil.

Luego están los cálculos en torno al nivel de la población. Es lógico pensar que un descenso de seis millones en la población judía mundial impactaría significativamente en los censos. En 1959, el profesor Einar Aberg publicó en Suecia un cálculo estadístico, en el que la cifra de 6.000.000 de judíos muertos no correspondía con la información de fuentes como la American Jewish Comittee y la Statistical of the Synagogues of America. Los muertos no aparecen (o mejor dicho, no “desaparecen”) en las estadísticas, que muestran una población mundial de judíos relativamente estable en poco más de quince millones durante los años de la guerra. Una caída de seis millones era técnicamente imposible de ser compensada con mayor cantidad de nacimientos. Sería imposible “aun cuando todo judío fisicamente apto se hubiese dedicado exclusivamente día tras día, durante las 24 horas, en los años de 1939 a 1949 a la procreación con cada una de las mujeres de su raza”, razona Aberg.

El debate de los historiadores es mucho más largo y complejo. Pero no hace falta extenderlo aquí, porque el punto es que trescientos mil muertos judíos es de todos modos una cantidad horrorosa de víctimas. Y que hayan muerto en cámaras de gas, por inanición o fusilados importa poco a los efectos de homenajear su memoria.

Entonces, ¿por qué tamaña reacción de indignación por las opiniones de un obispo? ¿Es irrespetuoso investigar y preguntarse hasta dónde es verdad lo que hemos escuchado en forma hipnótica durante tantos años?

La expulsión de Williamson es sólo un capítulo más del acoso político y judicial contra quienes se atreven a revisar la historia oficial. Si el Holocausto se impone como un dogma a fuerza de mordaza, algo huele mal en este mausoleo.

La narrativa de los ganadores

El Holocausto ha sido durante cincuenta años una narrativa efectiva para introducir los puntos de vista de los ganadores de la guerra. Tiene los ingredientes ideales para impactar las conciencias de millones de teleespectadores: como toda película exitosa de Holywood, cuenta con villanos perfectamente odiosos —Hitler y sus lugartenientes—, atrocidades memorables —cámaras de gas, trenes de la muerte, pilas de cadáveres y mucha violencia— y un final feliz: los aliados-héroe que derrotan a los malos y liberan a las víctimas.

Es una historia simplificada que oculta convenientemente las atrocidades cometidas también por el bando ganador (los Aliados), el protagonismo del “tercero ignorado” (la Unión Soviética) y los padecimientos sufridos por otros pueblos y minorías involucrados en el conflicto. Es un relato en “formato TV”, desconectado de la historia, fácilmente transmitible y reproducible en museos, fotos, artículos, películas.

La reacción desmesurada contra los pocos que se atreven a poner en tela de juicio esta urdimbre de historias construida durante décadas, intenta mantener la salud del dogma acallando la voz del revisionismo. Para esta corriente, la historia del Holocausto es una propaganda de guerra creada inicialmente por los Aliados para satanizar a los alemanes y elevar la moral de los soldados. Luego, los sionistas difundieron esta propaganda con la intención de cobrar grandes indemnizaciones para financiar la creación de un hogar nacional judío en Palestina. Además, los revisionistas dicen que:

- El trato de los alemanes hacia los judíos no fue diferente al trato que daban los aliados a sus enemigos en la guerra. A su vez, muchos alemanes y judíos murieron no por la represión del régimen, sino por los bombardeos aliados.

- Los judíos sufrieron los desastres de la guerra, la separación y deportación a campos de concentración, las muertes por epidemias, ejecuciones, represalias o hasta masacres. Pero todos esos sufrimientos los padecieron también otras naciones o comunidades durante la guerra así como también los alemanes y sus aliados.

Polémica o lógica, creíble o no, esta perspectiva “igualadora” de las cualidades morales de todas las partes en la guerra es la enemiga mortal del dogma. Contra ella disparan quienes acusan aquí y allá a los “negacionistas”. Y disparan ferozmente.(4)

Porque, como señala el pensador judío Gilad Atzmon,(5) la narrativa del Holocausto es políticamente vital para la “supremacía moral” de Occidente. Es la historia que explica por qué el eje Estados Unidos - Israel personaliza el “bien” y sus enemigos “el mal”. Es el apoyo ideológico del expansionismo, y una invalorable herramienta para “marcar el campo” y provocar “efectos de sentido” en las audiencias en torno al carácter de personajes y eventos en el mundo (recordemos la analogía de Saddam Hussein con Hitler, y el llamado a rescatar a los iraquíes de “su Auszchwitz”).

El dogma del Holocausto tiene otra ventaja adicional: al funcionar como un argumento autosuficiente contra el racismo, el totalitarismo y el nacionalismo, y al haber combatido Hitler contra los comunistas rusos, también el centroizquierda de todo el mundo adhiere a su “mensaje”.

De horrores y hogueras

Pero sólo la repetición hipnótica, y la inflación de cifras y detalles macabros, le da al Holocausto su pretendido aire de “el mayor de los horrores”. Nada nos obliga a pensar que la represión nazi fue más horrorosa y dañina que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la invasión de Vietnam o la reducción de Palestina a un campo de concentración masivo. Pudiera serlo, pero sólo la investigación, los documentos históricos y la palabra de estudiosos neutrales puede establecerlo.

Con el dolor y la tragedia humanas no valen especulaciones mezquinas de etnia o de nación: se trata de trabajar creando conciencia para evitar nuevos genocidios, no de ver quién arroja más muertos sobre la mesa. Las víctimas de la Segunda Guerra son de toda la Humanidad. Si algún grupo pretende arrogarse el papel de “damnificado mayor”, es natural que se despierten suspicacias.

Si no se puede revisar el dogma del Holocausto, más razones tenemos para desconfiar de su veracidad. En primer lugar, porque es fácil asociar la estructura habitual de la propaganda imperial con los descubrimientos de los historiadores revisionistas: los mismos “sound bites”, los mismos trucajes de pruebas, las mismas “armas de destrucción masiva”, los mismos “villanos irredimibles” y el mismo “ejército liberador”. Y en segundo lugar, porque es evidente la explotación política del dogma para asegurarle al eje Estados Unidos - Israel el monopolio de la condición de “liberador” y “víctima”, respectivamente. Y también, por supuesto, el monopolio de las “políticas de exterminio” legítimas, es decir, aquellas empleadas contra quienes “se lo merecen”.

Por eso, el escándalo en torno a los dichos de Williamson es una verdadera muestra de intolerancia y persecución política. La lapidación pública del obispo se parece más a la quema en la hoguera de Giordano Bruno, que a un acto de humanismo y corrección política.

Además, no es ocioso pensar en una represalia por la conducta en general “poco apropiada” de Monseñor, teniendo en cuenta su campaña en torno a los atentados del 11 de Septiembre, otro gigantesco “montaje narrativo” sobre el que se multiplican los libros de denuncia y las pruebas que refutan la versión oficial. Aquí también hallamos un cóctel noticioso de impacto, que combina elementos reales con mentiras, falsas pruebas y evidencias sustraídas, un villano demonizado y la escenificación de un “ultraje” que requiere reparación. ¿Será todo pura casualidad?

Claudio Fabián Guevara

Publicado originalmente en: http://blogs.clarin.com/cuba/2009/2/23/williamson-dogma-del-holocausto-y-mordaza

Notas:
1) Un video completo traducido sobre este mensaje se puede ver en http://911allthetruth.wordpress.com
2) Zündel es explícitamente un simpatizante de Hitler como líder político, y escribió libros narrando aspectos de su personalidad normalmente desconocidos. Pero sobre todo la campaña de este hombre nacido en Alemania estuvo dedicada a aliviar a sus conciudadanos del sentimiento de "culpa colectiva".
3) Le costó caro. Fred Leuchter fue sistemáticamente perseguido y descalificado, y hasta se filmó una película sobre su vida titulada: “Señor Muerte”. Por su parte, Ernst Zündel fue declarado culpable por el Jurado, el 11 de mayo de 1988, “por difundir noticias falsas, a sabiendas, sobre el Holocausto”. Fue sentenciado a nueve meses de prisión, y se le concedió libertad bajo caución después de haber firmado una orden mordaza, prometiendo no escribir ni hablar sobre el Holocausto. Se juntó en la historia con el destino de Galileo.
4) Además de los casos de estudiosos enjuiciados y encarcelados por “negacionismo” del Holocausto en diferentes países, son frecuentes además las intimidaciones, los despidos y sobre todo las campañas de desprestigio y descalificación. Hay un verdadero ejército cuidando por la “salud” del dogma. El propio término “negacionistas” es en sí mismo descalificante.
5) La crítica de Gilad Atzmon al “mito del Holocausto” es demoledora. Nacido en Israel, también critica las políticas del Estado israelí y defiende la causa palestina. Vive exiliado en Londres y su trabajo se puede leer en http://www.gilad.co.uk

miércoles, 11 de marzo de 2009

Económicas


PLUTÓCRATAS DEL MUNDO, UNÍOS

¿No son acaso los ricos los que os oprimen
y os hacen comparecer ante los tribunales?
Santiago, 2, 6.

Decía el Maestro Jordán B. Genta en su Edición Crítica del “Manifiesto Comunista” que “el terror comunista no sería más que el instrumento político de la idolatría del dinero”, y citaba a Pío XI, quien en “Quadragesimo Anno” (1931) manifestaba que “así como a la libertad de mercado ha sucedido la hegemonía económica, a la avaricia del lucro ha seguido la desenfrenada codicia del predominio. Toda la economía ha llegado a ser horriblemente dura, cruel, inexorable, determinando la servidumbre de los intereses de grupo y desembocando en el imperialismo internacional del dinero”.

Coincidiendo con estas ideas, W. Kleon Skuosen escribe en “The Naked Capitalist” (El Capitalista Desnudo), avalado por dieciséis años de experiencia en el FBI, que “el poder, cualquiera sea su origen, genera un apetito insaciable de mayor poder. El poder que proviene de la riqueza anhela alcanzar el poder político y viceversa. Era casi inevitable que los super ricos algún día pusieran su empeño en controlar no sólo su propia riqueza, sino también la riqueza de todo el mundo.
“Para lograr esto estaban completamente dispuestos a nutrir la ambición de conspiradores políticos ávidos de poder que estaban obligados a derrumbar todos los gobiernos existentes y levantar una dictadura de alcance mundial según el modelo socialista”.

Repasemos al respecto algunos hechos:

Año 1913. Se crea la Reserva Federal Norteamericana, legalizando así la más inaudita intervención en la soberanía norteamericana, al permitir que un grupo bancario privado tuviese el derecho a la emisión de billetes y a la acuñación de monedas. Financiada por las bancas Schiff, Warburg y Kuhn & Loeb.

Año 1917. Estalla la Revolución Bolchevique, financiada por las mismas bancas.

Año 1918. Bernard Baruch, banquero, asesor de los presidentes de Estados Unidos desde 1912 hasta 1965, dictó el sexto de los catorce puntos de la declaración del presidente Wilson, conforme al cual había que acudir en ayuda de la Rusia bolchevique con todos los medios. Durante la presidencia de Harry S. Truman, el subsecretario del ministerio de finanzas, Harry Dexter White fue desenmascarado por el FBI como un agente soviético. No fue detenido, sino nombrado director-gerente del Fondo Monetario Internacional. El fiscal Herbert Brownell Jr. comprobó oficialmente que Truman sabía que era un agente soviético cuando lo nombró.

Año 1956. Se funda el Club de Roma, alrededor de Giovanni Agnelli, presidente entonces de la FIAT, que sostiene la teoría de que los grandes espacios vacíos (Australia, Amazonia, nuestra Patagonia), que deben ser explotados “para beneficio de la humanidad”.

Aurelio Peccei, descollante personalidad del Club, es propulsor de la teoría de la “sociedad internacional” y de la necesidad de instalar un “gobierno mundial”.

Anteriormente, en el año 1954 comenzaron a reunirse los Encuentros Bilderberg, teniendo como antecedente el discurso de Joseph Rettinger, Secretario del Gobierno polaco en el exilio en Londres durante la Segunda Guerra Mundial, el 8 de mayo de 1946, en el Real Instituto de Asuntos Internacionales, advirtiendo la necesidad de la unidad europea, para mantener el sistema colonial. Éste se reunió con el Príncipe Bernardo de Holanda, quien en definitiva los presidió.

A estos encuentros concurrían miembros de la familia Rockefeller y posteriormente del Club de Roma. Días después de uno de estos encuentros, en una propiedad de los Rothschild (Megeve, Francia, en abril de 1974), fue “elegido” Canciller de Alemania Occidental uno de sus participantes, Helmut Schmidt. En circunstancias similares fueron “elegidos”, en su momento, los primeros ministros de Inglaterra Edward Heath (conservador) y Harold Wilson (laborista).

En 1972 Nelson Rockefeller (republicano) organizó una serie de reuniones de altos directivos de empresas de Estados Unidos de primer rango internacional e internacionales, para elaborar líneas de acción a efectos de alcanzar un mayor coordinación entre las grandes potencias “democráticas” superindustrializadas, y se entrevistó con Jimmy Carter (demócrata), por ese entonces gobernador de Georgia.

El 23 de octubre de 1973 tuvo lugar en Tokio la reunión inaugural de la Comisión Trilateral (CT), con la presencia de representantes de empresas industriales de Estados Unidos, Japón y Europa Occidental. En ella se pasó a postular un nuevo sistema internacional. También concurrieron a la misma Jimmy Carter y otras 18 personas que luego formaron parte de su gobierno.

En 1975 se armaron comisiones para trazar un plan de acercamiento entre la CT y el comunismo soviético, y Carter emitió declaraciones públicas, en el sentido de concretar una alianza con Europa Occidental y Japón, pues esos países estaban “preparados para desempeñar un papel en la formación de un Nuevo Orden Internacional”.

En 1976 fue “elegido” presidente de los Estados Unidos, con Sol Linowitz, uno de sus acompañantes, su asesor de derechos humanos y, según Narcotráfico S.A., funcionario de la United Fruit Cie. —luego United Brands— y director del Marine Midland Bank.

El 18 de junio de 1982 tuvo lugar la reunión inaugural de Diálogo Interamericano, ONG de las Naciones Unidas, que elaboró el “Proyecto Democracia”, cuyas propuestas eran: aceptar los dictámenes del FMI, las premisas del Nuevo Orden Mundial, el fin de las soberanías nacionales, la promoción del maltusianismo, la aplicación de los derechos humanos para terroristas y separatistas étnicos, etc.

Fue presidida por Sol Linowitz y contó con la presencia de David Rockefeller —presidente del consejo del Chase Manhattan Bank y Teniente Coronel de Inteligencia del US Army—, y directivos del Marine Midland Bank, y por Argentina, de Raúl Alfonsín, José María Dagnino Pastore (ministro de Economía del Proceso), Oscar Camilión (ministro de Defensa de Menem) y José Octavio Bordón (embajador en Washington del Sr. K.). Linowitz fue acusado por el Senador por Georgia Larry McDonald por su relación con el Instituto Marxista de Estudios de Política y por promocionar el gobierno de Salvador Allende fuera de Chile (“Somos”, 18 de marzo de 1977. Cit. Carlos Acuña, “Verbitsky, de La Habana a la Fundación Ford”). También en Narcotráfico S.A. puede leerse que United Brands “se ha unido a American Express (en la que alcanzó una posición regente Henry Kissinger), el más eficaz porteador secreto de dinero del mundo”, la que “reúne los recursos delictivos y de contrabando de United Brands y las redes financieras que crearon y financian a los Montoneros en Argentina y a otras organizaciones terroristas”, y “Kissinger, Linowitz y Rockefeller organizaron el modo de arbitrarle fondos abundantes a todos los movimientos terroristas de Iberoamérica”.

De paso, Frank A. Capell reveló en “The Review of the News” (de marzo de 1974) “que el Secretario de Estado Henry Kissinger fue un agente soviético, registrado con el seudónimo de «Boris» en la lista de los agentes principales de ODRA, servicio secreto soviético mantenido en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, mientras se desempeñaba como Sargento de Inteligencia del US Army”. Un informe de “Cabildo” de enero de 1984 menciona que algunos depósitos para las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo…, por ejemplo los de Amnesty International (es decir MI6, Inteligencia Británica) y CELS, cubiertos por la Fundación Ford (es decir CIA), se realizan en el Marine Midland Bank (140 Broadway - Nueva York - 10015 - USA).

Resulta conmovedor comprobar que personas de ideas aparentemente enfrentadas, pueden dejarlas de lado y reunirse alrededor de un mismo espíritu, aunque éste sólo signifique un montoncito de dólares para unos, y el dominio del mundo para otros.

Luis Antonio Leyro

martes, 10 de marzo de 2009

Eclesiales


LA IGLESIA CLANDESTINA:
APORTANDO MÁS DATOS

SECRETOS EN LA MONTAÑA

La revista “Mensaje” (www. mensaje.cl) órgano oficial de los jesuitas chilenos, nos informaba tiempo atrás que ya podía verse la película Secretos en la Montaña, que relata y exalta la historia de dos cow-boys putos. Quizás piense alguno que dicha revista nos advertirá sobre el hecho de que la laureada película constituye una acción más para difundir la contranatura, y realice entonces una cristiana reprobación de la sodomía.

Nada de eso. La crónica, que puede consultarse en la precitada web, demuestra la visión del problema que tienen los jesuitas chilenos. Lo único que al parecer les interesa, como aquel periodista que inquiría a Jacinto Benavente, es preguntarse cómo empezaron en sus prácticas homosexuales los dos vaqueros; los cuales, de poder contestarles les hubieran dicho: “preguntando, Padres”.


TEATRO VOCACIONAL

El 29 de enero de 2006, en el Foro Social Mundial, reunido en Caracas, Fray François Hutard O.P. intervino en la escenificación de un juicio en el que resultaba imputado Estados Unidos (culpable realmente de muchas cosas, pero no de la que suponen los marxistas), teniendo el susodicho a su cargo el importante papel de juez. El veredicto fue el que necesariamente era de esperarse en ese lugar y con esa gente, sabiendo además que el jurado estaba integrado por comunistas tan frenéticos como el mismo Fray Hutard, y dos funcionarios del gobierno cubano: Raúl Suárez y José Luis Toledo (cfr. “Argenpress” del 30 de enero de 2006). Con la sentencia condenatoria se dió por terminada esta experiencia sobre las tablas de Fray François, pero no su carrera como cómico.

En ese mismo día, en otro acto, esta vez en El Poliedro de Caracas, hubo una actuación del Hermano Marcelo Barros, benedictino, y aunque sea difícil de creer, Prior del Monasterio de la Anunciación de Goiás (Brasil).

Lo que tuvo a su cargo fue la apertura de la representación titulada “No al Imperialismo. No al ALCA”, que contó con la presencia de una hija del Che y del tirano local, Hugo Chávez. La multitud, descripta por la propia prensa cubana como una “marea roja” que “con camisetas, gorras y banderas rojas, se levantan de sus asientos, corean consignas, chiflan”, canta enfervorizada “La Internacional” junto al Hermano Barros, símbolo según esa misma prensa de “que algo nuevo está verdaderamente surgiendo desde abajo y a la izquierda, de que la memoria sigue viva” (ibidem).

En semejante marco, el benedictino glosó su peculiar teología, según la cual, “los grandes iniciadores de los caminos espirituales como Jesucristo y Mahoma propusieron una revolución” (cfr. “Trabajadores”, periódico digital cubano, 30 de enero de 2006).

Por si algo faltaba, cuando un soldado venezolano le pide la bendición, él se niega a dársela diciéndole: “Nuestra revolución no necesita de bendición. Es ella la que nos bendice a todos nosotros”.

Barros viene de lejos revolcándose en el error. En anteriores ocasiones,como en su mensaje al Vº Encuentro de Cristianismo y Homosexualidad, de Torremolinos, Málaga, ha calificado a la Iglesia Católica de: “etnocéntrica, machista, colonizadora y violenta”, y en premio a tan estricta ortodoxia, posteriormente, fue uno de los invitados especiales a un seminario realizado en Puerto Iguazú, que fuera organizado por el Obispo diocesano Monseñor Joaquín Piña Batllevel (cfr. “La Nación”, 21 de febrero de 2005).

Cuanta razón tenía Anzoátegui cuando dijo, “siempre ha habido curas tontos, otros en cambio fueron locos, pero los peores de todos fueron los tontilocos”.


LA DIARREA DE POCHO

El Padre Brizuela, autotitulado Pocho, alcanzó efímera notoriedad en la prensa adicta al oficialismo como anfitrión de Kirchner en su visita a La Rioja del 4 de agosto de 2005. En aquella augusta circunstancia Brizuela pronunció un discurso en el que aclaró que se había comprado un traje nuevo para recibir al Presidente, pero que por comer mucho no le cerraban los botones. Más recientemente, en el llamado Seminario de Formación Teológica, reunido en la misma provincia riojana entre el 9 y el 11 de febrero pasado, confesó sus problemas gastrointestinales diciendo: “Hoy no comí por el miedo de que me dé diarrea”. Pero no todo fue alta teología. Pocho saludó a Hebe de Bonafini (la misma que dijo que el difunto Papa Juan Pablo II “era un cerdo” y “debía arder en el infierno”) cuya presencia agradeció y dijo que lo “estremeció”.

Luego citó laudatoriamente a León Gieco (el mismo que le dedicó una canción a Romina Tejerina, homicida de su propio hijo) y se pronunció por la Revolución “que establecerá la igualdad aboliendo las diferentes clases sociales”.

Para que nada faltara, mencionó al marxista Eduardo Galeano, recordó a Monseñor Angelelli como “profeta de América”, hasta que culminó con un encendido elogio al “Che” Guevara. Después de fustigar el uso de las estampitas como elemento de devoción popular, cantó loas al indigenismo, al Obispo de Viedma —Monseñor Laxague—, y a dos pastores protestantes presentes en el “evento ecumenista”.

La verdad es que con curas, obispos, pastores, alfaquíes y brujos, como los que realizan estos eventos verdaderamente no se necesitan demonios.


FIDEL DE FIESTA

El Consejo Mundial de Iglesias (CMI), voz cantante y sonante de las iglesias protestantes, se solaza con la asunción a los gobiernos de Chile y de Bolivia de la atea Michelle Bachellet y del cocalero Morales.

Así, el diario oficial del Partido Comunista Cubano, “Granma”, en su edición del martes 21 de febrero de 2006, publicó al respecto las declaraciones elogiosas de Samel Kobia luego de la reunión del CMI realizada en Porto Alegre, Brasil, donde también participaron, además de pastores rojos varios, destacadas figuras del comunismo internacional, como por ejemplo la invitada del Almirante Jorge Godoy, Rigoberta Menchú, y el premio nobel Adolfo Pérez Esquivel.

Lamentablemente, a esta tenida del anticristianismo y por ende del abortismo y de la contranatura, asistió como observadora una delegación del Vaticano.

Verdaderamente, para observar los desvaríos de toda esta gentuza bastaba con ingresar a la web. Mejor hubiera sido que la Santa Sede remitiera una legión de arcángeles arcabuceros.

Fernando José Ares

lunes, 9 de marzo de 2009

Mirando pasar los hechos


FUERTE APACHE

Junto al destape inmoral y la miseria inducida, frutos de la “Democracia” restaurada hace un cuarto de siglo, la perversión resultante produjo hace unas semanas su espantosa primicia. Una variante de la “ruleta rusa”… esta vez apuntando al otro, para asesinarlo recreativamente.

En este caso la víctima fue un gendarme elegido al azar. De tal modo cayó por un tiro en la nuca otro servidor del orden, desprevenido, a mano de evidentes alucinaciones adictivas. Ocurrió en “Fuerte Apache”, un sitio siniestro cuya denominación por sí misma evoca salvajismos incoercibles.

El gendarme fue asesinado porque sí, por un “joven” depravado, buscando ganar prestigio y puntaje entre las barras criminales del lugar. Entonces, las “autoridades” y los psicologistas se están devanando los sesos por averiguar la índole de semejante monstruosidad y encontrarle remedio, mientras ante sus narices pululan todas las causas. Las incitaciones al vicio, a la depravación y el odio, en un medio creado y alimentado por la perversidad de una oligarquía plebeya y descarada que desde la opulencia del poder confina en la miseria más indigna a infelices seres, a la par adulándolos, para colmo del sarcasmo.

En tal ámbito tenebroso, el propio ministro de Justicia de la Nación empeña sus esfuerzos por despenalizar el consumo de drogas. Y para más, un drogadicto afamado es elegido por el Gobierno como icono de la argentinidad; al paso que desde la televisión y la radio supervisadas por el COMFER se emiten brutales incitaciones a la perversidad.

Mientras, al compás, los demás medios siguen resaltando al detalle los crímenes de todo tipo de reincidentes, siempre favorecidos por libertades amparadas en las más inicuas e increíbles garantías para la delincuencia.

La sociedad no olvida que el actual mandamás impuso en la Corte Suprema de Justicia —contra la tenaz oposición de prudentes juristas— a un ministro de los llamados “garantistas” que ha tenido la audacia de presentarse ante el Senado de la Nación asistido por un peligrosísimo sujeto, convicto de secuestros extorsivos.

Juan Esteban Olmedo

domingo, 8 de marzo de 2009

Reflexiones cuaresmales


LA LIMOSNA

¿Qué podremos imaginarnos más consolador para un cristiano que tuvo la desgracia de pecar, que el hallar un medio tan fácil de satisfacer a la justicia de Dios por sus pecados? Jesucristo, nuestro Divino Salvador, sólo piensa en nuestra felicidad, y no ha despreciado ningún medio para proporcionárnosla. Por la limosna podemos fácilmente rescatarnos de la esclavitud de los pecados y atraer sobre nosotros y sobre todas nuestras cosas las más abundantes bendiciones del cielo; mejor dicho, por la limosna podemos librarnos de caer en las penas eternas. ¡Cuán bueno es un Dios que con tan poca cosa se contenta!

De haberlo querido Dios, todos seríamos iguales. Mas no fue así, pues previó que, por nuestra soberbia, nos habríamos resistido a someternos unos a otros. Por esto puso en el mundo ricos y pobres, para que unos a otros nos ayudáramos a salvar nuestras almas. Los pobres se salvarán sufriendo con paciencia su pobreza y pidiendo con resignación el auxilio de los ricos. Los ricos, por su parte, hallarán modo de satisfacer por sus pecados, teniendo compasión de los pobres y aliviándolos en lo posible.

Ya ven, pues, cómo de esta manera todos nos podemos salvar. Si es un deber de los pobres sufrir pacientemente la indigencia e implorar con humildad el socorro de los ricos, es también un deber indispensable de los ricos dar limosna a los pobres, sus hermanos, en la medida de sus posibilidades, ya que de tal cumplimiento depende su salvación. Pero será muy aborrecible a los ojos de Dios aquel que ve sufrir a su hermano, y, pudiendo aliviarlo, no lo hiciera.

Para animarlos a dar limosna, siempre que sus posibilidades lo permitan, y a darla con pura intención solamente por Dios, voy ahora a mostrarles cuán poderosa es la limosna ante Dios para alcanzar cuanto deseamos, cómo la limosna libra, a los que la hacen, del temor del juicio final, y cuán ingratos somos al mostrarnos ásperos para con los pobres, ya que, al despreciarlos, es al mismo Jesucristo a quien menospreciamos.


Bajo cualquier aspecto que consideremos la limosna, ella es de un valor tan grande que resulta imposible que comprendamos todo su mérito; solamente el día del Juicio Final llegaremos a conocer todo su valor. Si quieren saber la razón de esto, aquí la tienen: podemos decir que la limosna sobrepuja a todas las demás buenas acciones, porque una persona caritativa posee ordinariamente todas las demás virtudes.

Leemos en la Sagrada Escritura que el Señor dijo al profeta Isaías: “Vete a decir a mi pueblo que me han irritado tanto sus crímenes que no estoy dispuesto a soportarlos por más tiempo: voy a castigarlos perdiéndolos para siempre jamás”. Se presentó el profeta en medio de aquel pueblo reunido en asamblea, y dijo: “Escucha, pueblo ingrato y rebelde, he aquí lo que dice el Señor tu Dios: Tus crímenes han excitado de tal manera mi furor contra tus hijos, que mis manos están llenas de rayos para aplastarlos y perderlos para siempre. Ya ven, les dice Isaías, que se hallan sin saber a dónde recurrir; en vano elevarán al Señor vuestras oraciones, pues Él se tapará los oídos para no escucharlas; en vano llorarán, en vano ayunarán, en vano cubrirán de ceniza vuestras cabezas, pues Él no volverá a vosotros sus ojos; si los mira, será en todo caso para destruirlos. Sin embargo, en medio de tantos males como los afligen, oigan de mis labios un consejo: seguirlo, será de gran eficacia para ablandar el corazón del Señor, de tal suerte que podrán en alguna manera forzarlo a ser misericordioso con ustedes. Vean lo que deben hacer: den una parte de sus bienes a sus hermanos indigentes; den pan al que tiene hambre, vestido al que está desnudo, y verán cómo súbitamente va a cambiarse la sentencia pronunciada contra ustedes”.

En efecto, en cuanto hubieron comenzado a poner en práctica lo que el profeta les aconsejara, el Señor llamó a Isaías, y le dijo: “Profeta, ve a decir a los de mi pueblo, que me han vencido, que la caridad ejercida con sus hermanos ha sido más potente que mi cólera. Diles que los perdono y que les prometo mi amistad”.

Oh, hermosa virtud de la caridad, ¿eres poderosa hasta para doblegar la justicia de Dios? Mas ¡ay! ¡cuán desconocida eres por la mayor parte de los cristianos de nuestros días! Y ello, ¿a qué se debe? Proviene de que estamos demasiado aferrados a la tierra, solamente pensamos en la tierra, como si sólo viviésemos para este mundo y hubiésemos perdido de vista, y no los apreciásemos en lo que valen, los bienes del cielo.
Vemos también que los Santos la estimaron hasta tal punto la caridad para con los demás, que tuvieron por imposible salvarse sin ella.

En primer término les diré que Jesucristo, que en todo quiso servirnos de modelo, la practicó hasta lo sumo. Si abandonó la diestra de su Padre para bajar a la tierra, si nació en la más humilde pobreza, si vivió en medio del sufrimiento y murió en el colmo del dolor, fue porque a ello lo llevó la caridad para con nosotros. Viéndonos totalmente perdidos, su caridad le condujo a realizar todo cuanto realizó, a fin de salvarnos del abismo de males eternos en que nos precipitara el pecado. Durante el tiempo que moró en la tierra, vemos su corazón tan abrasado de caridad, que, al hallarse en presencia de enfermos, muertos, débiles o necesitados, no podía pasar sin aliviarlos o socorrerlos.

Y aún iba más lejos: movido por su inclinación hacia los desgraciados, llegaba hasta el punto de realizar en su provecho grandes milagros. Un día, al ver que los que lo seguían para oír sus predicaciones estaban sin alimentos, con cinco panes y algunos peces alimentó, hasta saciarlos, a cuatro mil hombres sin contar a los niños y a las mujeres; otro día alimentó cinco mil. No se detuvo aún allí. Para mostrarles cuánto se interesaba por sus necesidades, se dirigió a sus apóstoles, diciendo con el mayor afecto y ternura: “Tengo compasión de ese pueblo que tantas muestras de adhesión me manifiesta; no puedo resistir más: voy a obrar un milagro para socorrerlos. Temo que, si los despido sin darles de comer, van a morir de hambre por el camino. Hagan que se sienten; distribuyan estas pocas provisiones; mi poder suplirá a su insuficiencia” (San Mateo, XVI, 32-38). Quedó tan contento con poderlos aliviar, que llegó a olvidarse de sí mismo (…)

Leemos en la Sagrada Escritura que Tobías, santo varón que había sido desterrado de su tierra por causa de la cautividad de Siria, ponía el colmo de su gozo en practicar la caridad para con los desgraciados. Cuando creyó llegado el fin de su vida, llamó a su hijo junto al lecho de muerte: “Hijo mío, le dijo, creo que dentro de poco el Señor va a llevarme de este mundo. Antes de morir tengo que recomendarte una cosa de gran importancia. Prométeme, hijo mío, que la observarás. Da limosna todos los días de tu vida; no desvíes jamás tu vista de los pobres. Haz limosna según la medida de tus posibilidades. Si tienes mucho, da mucho, si tienes poco, da poco, pero pon siempre el corazón en tus dádivas y da además con alegría. Con ello acumularás grandes tesoros para el día del Señor. No olvides jamás que la limosna borra nuestros pecados y preserva de caer en otros muchos. El Señor ha prometido que un alma caritativa no caerá en las tinieblas del infierno, donde no hay ya lugar para la misericordia. No, hijo mío, no desprecies jamás a los pobres, ni tengas tratos con los que los menosprecian, pues el Señor te perdería. La casa, le dijo, del que da limosna, pone sus cimientos sobre la dura piedra que no se derrumbará nunca, mientras que la del que se resiste a dar limosnas será una casa que caerá por la debilidad de sus cimientos”; con lo cual nos quiere manifestar que una casa caritativa jamás será pobre: por el contrario, que aquellos que son duros para con los indigentes, perecerán junto con sus bienes.

Sermón del Santo Cura de Ars

viernes, 6 de marzo de 2009

Guerra justa contra el marxismo


SEPULCROS
BLANQUEADOS


La impostura oficial, abocada a glorificar a los guerrilleros marxistas que le declararon la Guerra Revolucionaria a la Argentina con el apoyo internacional de varios Estados Terroristas, desde el cubano hasta el soviético, ha recibido el pasado Martes Santo una nueva bendición del Cardenal Bergoglio. El Martes Santo, para que la profanación fuera completa. Cuando el centro de toda contemplación y de toda conducta cristiana, no debía ser otro sino el misterio de la inminente resurrección; cuando las lecturas del día remitían al profeta Isaías definiendo la vocación del siervo de Dios como el oficio de ser luz para las naciones (Isaías, 49, 1-6); cuando la tierra se prepara para el sepulcro y el cielo para la gloria, el Cardenal y los suyos celebraron la memoria de quienes se alistaron con el ateísmo.

Fue en San Patricio, más que parroquia —como la de la Santa Cruz, como tantas otras— verdadero museo de la propaganda anticatólica y antro de agitación irreligiosa. Aguantadero de siniestras organizaciones, podio de fariseos, teatro de la amnesia, vidriera de la malaventurada progresía.

La verdad es muy distinta a la versión amañada que dan gobierno y clerecía. Angelelli, Mujica, las monjas francesas o los palotinos, integrantes todos de la nómina de “mártires” que el Cardenal considera beatificables si no canonizables, eran activos militantes de las bandas terroristas, traidores consumados a Cristo y a la Iglesia. Compañeros de ruta, socios y cómplices de los innúmeros crímenes cometidos por los rojos; desembozados o agazapados miembros de los forajidos pelotones de erpianos y montoneros. Ellos mismos lo han testimoniado con desparpajo y abundancia de pruebas. Ellos mismos, sabiéndose impunes y poderosos, han reivindicado las sangrientas trapisondas. Como lo hiciera en el 2000 Ernesto Jauretche, precisamente en relación con el papel de los palotinos. Ésta es la verdad, se busquen para encubrirla o edulcorarla los eufemismos que se buscaren.

Sin embargo, para tales apóstatas abundan los homenajes “litúrgicos”, los servicios interreligiosos, las “misas” ecuménicas, los santuarios con votivas lumbres, las trágicas parodias rituales de un sincretismo atroz, en el que convergen judíos, masones, herejes y vulgares patanes. Todo suma a la alucinación colectiva de una feligresía errática a la que le han trastrocado el sentido más hondo de la vida martirial.

Para el montonero Taiana, el Cardenal y sus acólitos tienen pronta la preocupación por sus presuntos padecimientos en tiempos de la “dictadura”. Para sus víctimas inocentes, el mutismo, la desaprensión y el olvido. Para el protervo Telerman, las visitas de cortesía y los recíprocos augurios. Para quienes padecen su gestión, desde los tiempos de Ibarra, edificada en el apoyo a la cultura de la muerte, la contranatura, la subversión y la blasfemia, no hay pastorales tan caritativas ni beneplácitos efusivos.

La tenida de San Patricio no sólo fue una fiesta de la nueva y ficta historia oficial. Fue casi —porque el paralelismo es inevitable— la sombría consolidación de lo que en las negras horas de la Rusia leninista se dio en llamar Iglesia Renovada, con el traidor Alexander Vedensky a la cabeza; esto es, una asamblea dócil y funcional a los requerimientos del bolchevismo. La Iglesia deja de ser así “la basura” identificable con “la dictadura”, poniéndose del lado de los marxistas, y llorando con ellos los comunes muertos de una guerra inicua que supieron librar codo a codo. Los sepulcros de los demonios se blanquean. Quienes lo hacen posible se convierten en sepulcros blanqueados. Ya se sabe qué dijo de ellos el Señor.

El miserable de Kirchner conoce bien los trucos. Por eso asiste a estas funciones de “su” iglesia católica, como asistió ayer a los sacrilegios del sodomita Maccarone, o a la toma de posesión del oficialista Monseñor Romanín o a los despliegues canallescos del Padre “Pocho” Brizuela. La Iglesia Renovada es ahora, para Kirchner, su nueva madre y maestra. Y ella, como una barca invertida y maldita, lo recibe en su seno, le da la mano y lo acoge con holgura. Navegan en bajamar o en aquerónticas aguas. Con esta “iglesia”, claro, no miente al decir que “nunca tuvo problemas”.

Pero en la patria hubo católicos a quienes, por odio a la Fe, mató arteramente la guerrilla marxista. La misma a la que sirvieron los palotinos, las monjas francesas, Angelelli y Mujica. Católicos cabales, asesinados por ser testigos valientes de la Cruz. Católicos como Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri. Católicos como tantos humildes soldados o policías, abatidos a mansalva, sin tiempo a veces para musitar una oración. Católicos como los guerreros de Tucumán, que portaban escapularios en sus pechos y ataban el rosario al caño del fusil. ¿Qué Misa celebró públicamente por ellos, Cardenal Bergoglio? ¿Qué llanto derramó por sus memorias, qué consuelo para sus deudos, que confortación para sus familiares, qué homenaje visible y orgulloso tributó en el altar para sus conductas de combatientes de Dios y de la Patria? ¿Qué santuario alberga sus restos y ante ellos su responso y su homenaje? ¿Qué proceso de beatificación promueve o acompaña Usted, para quienes por luchar por el Amor de los Amores, mató el odio desalmado y oscuro? ¿Qué secreta lista de mártires integran estos gloriosos caídos para que ninguno de sus nombres egregios resuenen entre los muros posesos del templo de San Patricio? Al final era cierto. Existe el Evangelio de Judas. Pero no es un apócrifo de la gnóstica secta cainista. Es una triste realidad que parece escribir a diario la Jerarquía nativa.

Caídos en la guerra justa contra el marxismo: primero por sus almas hemos elevado esta Semana Santa nuestras más encendidas plegarias. Y no habrá pastor medroso ni gobernante crápula que puedan impedir que lleguen, piadosas e invictas, ante el Dios de los Ejércitos.

Caídos en la guerra justa contra el marxismo: a la diestra del Padre, donde no llegan las felonías del clero ni las crueldades de los resentidos, descansen en paz.

Caídos en la guerra justa contra el marxismo:

¡Presentes!

Antonio Caponnetto

Nota: Este editorial pertenece al Nº 55 de nuestra Revista, correspondiente al mes de abril de 2006.

jueves, 5 de marzo de 2009

El profeta de la Argentina


BUENAS NOTICIAS:
SE VIENE EL APOCALIPSIS

Periodista: Para finalizar con los temas relacionados con la religión sería interesante que nos hablara de uno de los temas por los cuales usted, a través de los años, ha demostrado mayor interés: el Apocalipsis.

Padre Castellani: A mí me llamó la atención desde chico. A los nueve años empecé a leer todo lo que había sobre el Apocalipsis porque me cayó en las manos un libro sobre el tema ilustrado por Gustavo Doré, el francés. El mismo tenía figuras e ilustraciones y yo, por ver las mismas, acabé por leer el libro que me pareció como de cuentos de hadas. Claro, no entendí el significado profundo de este libro, que es el último de las Sagradas Escrituras. Después seguí leyendo, ya más seriamente, todo lo relacionado con el Apocalipsis. Me pareció que lo más serio que me llegó es el tomo dedicado al tema de Cornelio Alápide, último tomo del libro que escribió sobre toda la Escritura. Cuando yo era maestrillo en El Salvador sufrí una operación, y esa vez no pude ir a Mar del Plata donde habían ido todos los demás compañeros. Me quedé en el cuarto y de la biblioteca de los maestrillos tomé esa obra de Cornelio Alápide y leí el Apocalipsis solamente. Entonces me quedó grabada la interpretación que daba sobre las visiones del Apóstol San Juan y dicha interpretación la escribí en un libro que tenía, un “Manual del Cristiano”. Anoté en el margen las interpretaciones y, después, seguí estudiándolo siempre. Leyendo el Apocalipsis. Rechazando algunas cosas y autores y aceptando otras. Hasta que me hice una idea más o menos clara de lo qué es el Apocalipsis.

Periodista: ¿Cuál es esa interpretación?

Padre Castellani: Hay una tendencia, que hubo siempre, a considerar todo el Apocalipsis como la historia de la Iglesia. Desde su fundación hasta sus últimos años. Esa tendencia por San Agustín y por San Alberto Magno. También por Santo Tomás. Ellos creyeron que las etapas de la vida de la Iglesia se contenían en el Apocalipsis cuyo final es la parusía, o segunda venida de Cristo. De manera que a mí me parece que ésa es la opinión recta. Las siete iglesias que aparecen al principio del Apocalipsis representan siete estadios de la vida de la Iglesia. Pero en forma simbólica. Es muy difícil; eso se puede aceptar o se puede rebatir, porque muchos los rechazan, dicen que no. Ahora, todo él está escrito en forma de metáforas y símbolos y hay que tratar de interpretar esas imágenes si uno quiere interpretar, o entender, el Apocalipsis. Pero es un libro muy difícil y uno no puede estar muy seguro de lo que entiende, pues puede parecerla que una cosa es así y equivocarse.

Periodista: De acuerdo a su interpretación, ¿cuál sería, pues, la actual etapa, la última Iglesia?

Padre Castellani: Esta es o la penúltima o la última. La última no me parece mucho, porque antes de la Parusía debe venir el anticristo y existir una gran apostasía en el mundo. Ahora la gran apostasía se podría ver hoy, quizá, porque hay una “recesio”, dice San Pablo. Una separación. Pero esa palabra que significa separación en latín, en griego es apostasía. Eso se podría ver hoy día pero, también, se podría negar. Porque en muchas partes de la Iglesia no hay apostasía, hay Fe. Jesucristo dijo: “¿Cuando el Hijo del hombre vuelva creéis que encontrará la fe en la tierra?” De manera que no encontrará la fe; pero, Él habla de la fe organizada en la Iglesia y no de la fe suelta, en algunos individuos. Ahora el anticristo no se ve todavía. Si bien hay algunos casos de gran infidelidad en muchas personas, no se ve encadenada en un hombre que tenga poder sobre todo el mundo. Que ésa es la noción del anticristo. No es una noción que esté en el Apocalipsis pero está en la tradición apostólica, en algunos, en muchos Santos Padres. Eso de que vaya a haber un monarca de todo el mundo, a eso tiende el mundo de hoy, a la unificación. El mundo va a la unificación de las naciones en una sola nación. Incluso hay un partido en Inglaterra y otro en Estados Unidos que trabajan para eso, para la unidad en una sola nación, para abolir las fronteras y depender de un gobierno único, los Oneworlders. Esa es la idea del anticristo para los Santos Padres, para los cuales no hay unificación posible de todo el mundo si no es por obra de Jesucristo. Y eso recién va a suceder cuando venga, por segunda vez, Jesucristo.

Periodista: Esa unificación bajo el poder del anticristo tendría alguna similitud con lo que algunos denominan “sinarquía”.

Padre Castellani: Sí. Así la llaman ahora.

(Tomado del libro “Conversaciones con el Padre Castellani”, de Pablo José Hernández. Colección “Diálogos polémicos”, edit. Hachette, año 1977)