miércoles, 8 de octubre de 2008

El Profeta Leonardo


DE RE ECONÓMICA,
O FINANCISTA,

POLITIQUEROS
Y PRENSA SERIA


Cuenta Rudentius que Marco Polo —que descubrió el Oriente— tuvo una famosa entrevista con el Khan Abdar, un sultanejo desconocido de Pechikén, un reino situado entre Singapur y Bengala: la cual puso por escrito.

Como vio enseguida el viajero veneciano, el pequeño reino estaba muy atrasado en comercio, aunque muy adelantado en arte. Vivía prácticamente de la copia de manuscritos del Vedanta, ricamente miniaturizados por artistas que traían de China y del Japón: la misma hija del Rey, la princesa Betharis, era una notable calígrafa y miniaturista. Eran además habilísimos en burilar joyas. En el reino de Pechikén regía todavía el viejo uso del trueque. La gente iba al “bazaar” y cambiaba los productos que les sobraban por los que necesitaban. Esto era muy engorroso (¡oh, los largos viajes desde la montaña sagrada a la Capital, situada en el valle del río Rho!). Pero era sencillo: y uno de sus frutos era una sociabilidad admirable. La gente del reino prácticamente se conocía toda: los bribones eran fácilmente detectados, la gente honrada había construido sus defensas contra ellos, los cuales habían constituido una especie de bandas o partidos, organizados en orden a burlar la justicia. Pero los mismos jueces prevaricadores eran también conocidos.

El Rey pidió consejo a Marco Polo acerca del progreso de su país.

— Hay que hacer moneda, respondió el veneciano.

— ¿Qué es eso?

— ¿No venden en el bazaar grandes cargas de oro?

— Naturalmente, para los joyeros.

— Hay que comprarlo todo, y acuñarlo en piezas pequeñas de 10 adarmes; y declarar que cada pieza equivale a dos vacas o cuatro ovejas. ¿Ve Ud. lo que sucederá?

— No veo —dijo el Rey—. Lo que veo es que actualmente 10 adarmes de oro equivalen solamente a una vaca.

— ¡Yo veo! —exclamó el Ministro de Hacienda—. ¡Todo se simplificará maravillosamente! Actualmente nuestros millonarios poseen a lo más mil vacas, y eso requiere gran extensión de terreno, muchos peones, y muchos quebraderos de cabeza. Tener 500 piecitas de oro en un baúl será como tener mil vacas vivas. ¡Qué comodidad para comprar cosas en el mercado!

— ¿Y qué impedirá que cualquiera haga igual que yo, y gane una vaca por cada… ¿cómo llamas a eso? ¿moneda?

— Hay que grabar en cada piecita la cabeza del Rey y la inscripción “dos vacas”: y promulgar que a todo el que haga igual se le cortará la cabeza.

— Yo no quiero que se corten más cabezas en este país —dijo la princesa—; me horroriza.

— Cortar algunas cabezas es necesario para el gobierno, refunfuñó el Primer Ministro.

— No serán necesarias muchas, dijo Marco Polo.

El Rey reflexionó profundamente y pidió tiempo para pensarlo. Pero Marco Polo continuó:

— Esto es el principio: falta lo más importante. Después hay que hacer papeles con la cabeza del Rey, y la inscripción: “2 vacas”, “1 vaca”, “1 oveja”, “1/2 oveja”, “1/4 oveja”, “testaoveja”, “chinchulinoveja”, “pataoveja” y promulgar que cada papel equivale a tantos adarmes oro…

— ¿Cómo “equivale”? —dijo la princesa—. El papel no vale nada. La gente no lo va a cambiar por el oro.

— Hay que recoger manu militari todo el oro estampado y encerrarlo en el sótano de Palacio; y asegurar a la gente que hay tanto oro como billetes, y que en cuanto se presenten a cambiar papeles se les dará el oro. Apenas la gente vea que es así, se dedicará alegremente a amontonar papelitos…

El Ministro de Hacienda se frotaba las manos de gusto.

— El oro es raro y el papel es abundante —dijo—. Vamos a decir a la gente que basta con que haya un 30 por ciento de oro en el sótano para que todos los papeles valgan. Y nosotros solos vamos a poder hacer los papeles. El pueblo cree todo… Los papeles son livianitos.

— ¡Qué facilidad para los ladrones!, bramó la princesa.

El Ministro de Hacienda se hizo el desentendido.

— Eso no es todo —cortó Marco Polo—. No he llegado a lo más inteligente. Después hay que hacer “papeles de crédito”. Me explico, los hombres que tienen mucho papel moneda podrán escribir en un papel cualquiera con su firma que dan mil vacas papel, por ejemplo, y eso vale por mil vacas vivas.

— ¿Y si un bribón no tiene mil vacas ni siquiera mil vacas papel, y da un papel de crédito de esos?

— No se puede permitir que la gente vaya a revisar las casas a ver si hay o no hay, reforzó la princesa.

— ¿Qué se hace, entonces?, dijo el Rey.

— ¡Bancos!

— ¿Sarebbe a dire?, dijo el intérprete.

— Se guardan en el sótano de Palacio grandes cantidades de papel moneda, se les da un pequeño premio: y se presta el papel a otros, cobrándoles un premio mayor. Cuando la gente ve que eso marcha, entra. Entonces, ya no es necesario siquiera el papel moneda. Basta tener un papel de crédito por un millón de vacas.

— No hay un millón de vacas en mi Reino, dijo el Rey.

— No importa —dijo Marco Polo—. Basta que existan en el papel de crédito.

— ¿Y quién dará los papeles de crédito?

— Los financistas.

— ¿No será el Rey?, gritó la princesa.

— En todo caso, por medio del Ministro de Hacienda, que será un financista.

— ¿Y qué es un financista?

— Uno que hace papeles de crédito, ya lo dije. No él mismo con sus manos, naturalmente: para eso hay calígrafos. Es el que tiene el poder de mandarlos hacer.

— ¿De dónde le viene el poder?

— Del Rey, naturalmente. Todo poder viene del Rey, dice el Libro.

— De Dios, exclamó el Rey.

— De Dios por medio del Rey sin intermediarios, dijo el veneciano.

— Eso es nuevo para mí, agregó el Rey.

— Así es: le estoy explicando el progreso del mundo.

— Me parece que tantos papeles es ocasión de muchos líos y robos, aseguró la princesa.

— Robos siempre habrá, dijo Polo. Pero así por lo menos se añade pulcritud. Se hacen al menos con limpieza: nada de asaltos en el camino, armas, gritos y “la bolsa o la vida”. Los caminos se tranquilizan extraordinariamente.

— Se intranquilizarán las ciudades…

— Eso es parte del progreso moderno. Pero falta la mejor parte, que yo llamaría el Acuenta-Dé. Ya se pueden hacer papeles de crédito a cuenta de las futuras generaciones de pechinkeses, ¡que respondan ellos!… a cuenta de la explotación de una mina de oro que está o puede estar en el nacimiento del río Rho, que no se sabe dónde es; a cuenta de los bienes que posee actualmente el sagrado Brahmanismo y sus monjes, a cuenta, en fin, del trabajo de los esclavos que tendremos en el año 2050.

— ¡Pero acabamos de abolir la esclavitud por el acta de “Deus nos”! —dijo la princesa—. ¡Era una cosa horrible!

— En la forma en que se usaba, sí. Pero ha de venir otra mucho más decente. Todos los trabajadores del país serán de hecho esclavos sin saberlo, y muy contentos con ello. El Estado cuidará de todas sus necesidades…

— ¿También los sacerdotes?, gritó el primer Brahmán.

— No, los Sacerdotes Primeros o Alta Casta. No se aflija —replicó el europeo—. El Estado cuidará de todas sus necesidades, como iba diciendo, y ellos trabajarán toda la vida para el Estado en lo que él les mande.

— ¡Pero eso es socialismo!, reflexionó el Rey, que era leído.

— No es necesario el socialismo crudo. Se puede hacer en forma mucho más refinada y civilizada. Incluso se lo puede bautizar Democracia, Libertad y Capitalismo del Pueblo.

El Rey reflexionaba profundamente y daba del pie en un trípode con aromas que había a su derecha.

— ¡Artificial! —dijo al fin—. Muy artificial, por de pronto… Todo eso no se puede mantener sin un gran aparato…

— Desde luego —concedió el otro—. Pero el aparato se construye sin dificultad por medio de los politiqueros.

— ¿Qué es eso? ¿Hay de eso aquí?

El veneciano sonrió.

— ¿No conoce Su Majestad algunos sujetos que no saben o no quieren trabajar, que no son ni siquiera hombres, y que se sienten hombres e incluso hombres importantes discurseando en las plazas y arreglando el mundo entero con palabras altisonantes, haciéndose “homenajes” unos a otros, quejándose plañideramente de los males del pueblo, y juntando gente que siga lo que ellos llaman sus “plataformas”?

— Uno conocí personalmente —reconoció el Rey— que se pasó la vida haciendo eso, y ahora que es viejo no ha cesado aún: pero siempre me pareció un bufón. De hecho, la gente en general lo tiene por un payaso.

— Ahí tiene Ud., añadió Marco Polo.

— Pero esa es gente inútil, no tiene peso ninguno. ¿Cómo van a crear este aparato durísimo que sería menester?

— Pero, Majestad, ¿no hay estafadores en el país?

— Claro que los hay.

— ¿No hay bandas de malhechores en los caminos?

— Por desgracia.

— Pues toda esa gente se fundirá con los politiqueros en cuanto promulguemos la ley del “Gobierno - del - pueblo - para - el - pueblo - en - pro - del - pueblo”.

— ¿Sarebbe a dire?, preguntó el intérprete.

— ¡Imposible! —gritó la princesa—. ¿El pueblo va a gobernar? Y entonces, ¿quiénes serán los gobernados?

— ¡Claro que así es imposible! —aseveró el europeo—. Pero hay que hacerle creer al pueblo que él es el que gobierna…

— ¿Y quién gobierna? ¿Los politiqueros?

— Nosotros: toda la estructura o aparato de “los representantes del pueblo”, cuya sutil organización estoy explicando penosamente —y ya se me acaba la paciencia— a Su Majestad.

— En definitiva, gobernarán los ricos, concluyó el Rey.

— No sólo ellos, Majestad: se necesitan también “hombres de acción”, es decir, esos hombres movidos, duros, voluntariosos, mandones, peleadores, engreídos, sin escrúpulos y despreciadores de los sabios, que tampoco deben faltar en el país.

— La gente no va a aceptar todo eso, razonó el Rey.

— No aceptará si no acudimos al Libro. Aquí el Gran Brahmán será nuestro aliado.

— Me parece que la religión se va a oponer a todo eso. Lo mejor es eliminarla. Con la fuerza se puede eliminar. Un gobierno enérgico lo puede todo, reflexionó el Ministro de Hacienda.

— No conviene entrar en ese lío. Se toma de la religión lo que conviene, y sin mudar un verbo ni una tilde de las sagradas ceremonias, se las hace servir a los altos intereses de la Nación entera. Para eso se inventaron las sagradas ceremonias, explicó Polo.

— Se producirá un cisma —opinó el Gran Sacerdote—. Se dividirá mi feligresía en hombres realmente religiosos, hombres religiosos a medias, y hombres religiosos de palabra…

— No, si se hace con delicadeza —replicó el teorizante—, por medio de los “periodistas”. ¿Vio Su Majestad a esos que venden hojitas con noticias en el mercado? Basta con concederles el privilegio del “anonimato”, que hace tanto tiempo reclaman: a no firmar sus hojitas y no ser responsables de cuanto dicen, y se convierten en “periodismo”, o sea el Cuarto Poder del Estado.

— ¡Otro poder! —exclamó el Brahmán—. Por supuesto que ese poder dependerá de los sacerdotes…

— Hay que dejar que escriban allí los sacerdotes vistosos —comentó el filósofo—, no esos que se la toman en serio. No hay inconveniente en que digan allí lo que quieran algunos Sacerdotes Lustrosos. Su Eminencia incluso, que sabemos escribe como los propios ángeles.

— ¡Ay, ay, ay ay, ay! —dijo el Rey—. ¡Ay, ay, ay, ay, ay! Me duele la cabeza. Y mandó que todo lo dicho se pusiese por escrito con el título de “Teoría del Estado”.

Lo que pasó luego exigiría un libro. A la muerte del Rey Ahdar le sucedió su yerno Adbud, y a la muerte de la princesa Betharis, el nuevo Rey implantó la “Teoría del Estado”, reuniendo una Convención Constituyente, que promulgó todos sus principios. Lo que pasó fue estupendo: el Reino se puso todo en movimiento, como animado de una vida extraordinaria. Se empezaron a producir toda clase de cosas nuevas y pintorescas —artísticas, si se quiere— aptas para los escritores de novelas. Por ejemplo, el Payaso Primero del Reino llegó a Primer Ministro, una Contadora Pública a Rectora de la Universidad, se entregó toda la enseñanza superior a las mujeres, las cuales apasionadamente “hacían” política en cuerpo y alma, y pusieron de Primer Sacerdote a un hombre manifiestamente burro, y avariento por añadidura, en tanto que unos cuantos estudiosos aislados, ermitaños digamos, todos echados de la Universidad, no hacían más que protestar inútilmente por medio de oscuros vaticinios. Antes de morir, la princesa Betharis reconoció: “Este país está todo en movimiento: como un queso con gusanos”.

En el pueblo existía la convicción de que el Reino era en realidad gobernado desde afuera: que el poderoso Imperio de los Grandes Ríos los explotaba hábilmente a todos ellos en realidad, y tenía para ello sus personeros pagados entre la nueva nobleza del país, pero no podía nada contra eso, fuera de dejar de trabajar, lo cual traía el hambre. Mientras todo lo que pasaba fue más o menos carnavalesco, la gente se consolaba riendo en unos espectáculos que los bufones llamaban “revistas”. Pero de repente estalló la guerra civil que se llamó de los Ganímides, ocasionada justamente en una palabra de un loco que entonces ejercía de Sumo Sacerdote. De esa guerra civil la historia todavía no ha dicho la última palabra —que sin duda ha de ser Ruina, Desolación, y Fieros Males— ni se puede decir que esté acabada. Porque el Reino de los Grandes Ríos tiene en reserva un jefe “revolucionario” para usarlo hábilmente en el momento en que el Gobierno de Pechikén no le guste.

Esto es lo que pude sacar en limpio del sabio Rudentius.

R.P. Leonardo Castellani, S.J.

Aviso



Porque alguien tiene que decir la Verdad.

lunes, 6 de octubre de 2008

Poesía que promete


SÚPLICA PARA
LA IGLESIA MILITANTE

¿Es que perdió su rumbo
la nave de la Iglesia? ¿Es que a porfía
se nos ha puesto a andar de tumbo en tumbo
ebria y alzada la marinería?

¿Qué fue de la pasada
misión de iluminar la mar ignota?
¿Quién le dejó, Señor, así trocada,
su derrota en derrota?

¿Qué viento amotinado
rasgó sus velas y quebró su quilla
y la azotó sobre el acantilado
lejos de Ti, mi Dios y de Tu orilla?

¿Qué capitán, Señor, adormecido,
por culpa y obra de la democracia
le quitó su vigor y su sentido
y la gracia velera de Tu Gracia?

Todavía esperamos que en tu pía
solicitud nos salves del naufragio.
El diablo nos acecha día a día
¡escúchanos, Señor, nuestro sufragio!

¡Y que Santa María,
Nuestra Señora, la Corredentora,
si fuera necesario,
nos tienda nueva vez en esta hora
el Santo salvavidas del Rosario!

Ignacio B. Anzoátegui

domingo, 5 de octubre de 2008

Cartas de Lectores


A TODOS MIS OBISPOS
PADRES Y PASTORES


Soy un fiel común y del común. Nací en el seno de la Iglesia Católica y Apostólica a la que pertenezco desde mi bautismo en 1922, hacen, pues, ¡86 años!

Las ovejas están descarriadas. El maligno las devora. La legislación del aborto y de la educación sexual son horrores que atentan contra Dios, la ley natural y los prójimos todos. Se ha privado a los padres de la potestad de educar a sus hijos, potestad arrebatada por un Estado totalitario que lleva a las almas de niños y jóvenes al destructor camino de la falsa y prematura sexualidad —sexualismo—, al desprecio de la responsabilidad progenitiva y a aceptar como familia a uniones aberrantes.

Las voces de los pastores son pocas, muy pocas, y no logran hacerse oír por falta de acompañamiento unánime; en suma no son eficaces ni suficientes.

Las madres de los pañuelos blancos, con su odio pertinaz, muestran por contraste el camino perseverante que deberían seguir nuestras madres, con amor y con pañuelos rojos, símbolos éstos de la sangre mártir de los niños arrebatados a la vida antes de nacer, y de la inocencia perdida en las almas desviadas de los pequeños por culpa de la enseñanza oficial, unificada y destructora.

A los fieles es necesario se nos llame a orar, pero esto no resulta suficiente. La Cristiandad nació con el ora et labora y deberá renacer así en la patria. Necesitamos ser convocados por los pastores de manera unánime, con voz clara, coherente, firme y eficiente; pero ser llamados a la acción, es decir a hacernos visiblemente presentes ante el poder político mostrando que somos, que tenemos derechos y exigimos su respeto.

Padres obispos, por favor y por Dios, en forma unida convóquennos físicamente a ponernos de pie en todo el país, campos, pueblos y ciudades, calles, plazas, rutas, con fecha y día. Llámennos. Iremos. El Señor y Nuestra Madre Santísima harán el resto con creces.

Coronel Juan Francisco Guevara

viernes, 3 de octubre de 2008

Respuesta a Marcos Aguinis


EL IMPUTABLE
AGUINIS


Sr. Director:

En la edición del viernes 3 de octubre de 2008, “La Nación” dedica la casi totalidad de la página 19 a una nota de Marcos Aguinis titulada “Contra el odio a los judíos”; escrita, según el estrambote que la cierra, “con el fin de […] darles vigor a la amistad y la concordia nacional”.

De sobra conozco las democráticas reglas que tornan impensable el que se me conceda análogo espacio para desbaratar los desaguisados múltiples del infortunado escrito. Pero como en el mismo se me alude expresamente, debo conjeturar que —en aras del proverbial derecho a réplica— habrá algún sitio para estas prietas líneas aclaratorias.

Sostiene Aguinis que he puesto “en circulación una extraorinaria ensalada: que la presidenta […] es judía, porque su verdadero nombre y apellido es Elizabeth Wilhelm”; que “está al servicio de los mandos plutocráticos de la judeomasonería, y alimenta y acompaña la revolución gramsciana, preñado su entorno de antiguos asesinos terroristas a cuyos sones cabalistas todo vejamen nacional se consuma”. Por todo lo cual —y algunos otros cargos que desliza indirectamente— sería yo un “inimputable redactor de Cabildo”.

No es la primera vez que Aguinis manifiesta su destemplado odio contra la revista católica y nacionalista que dirijo, propendiendo lisa y llanamente a su clausura. Apunto al pasar dos ocasiones. El 1 de diciembre de 1985, en un reportaje gráfico concedido en Mendoza a Andrés Gabrielli; y más virulentamente aún el 29 de agosto de 1986, desde las columnas del órgano sionista “Nueva Presencia”, cuando investido ya de funcionario alfonsinista, propuso “la eliminación de ese veneno que infecta a la sociedad argentina”. Mes y medio después, en efecto, a “Cabildo” se le cancelarían las franquicias postales, obstaculizando de hecho su libre circulación. Los términos recién transcriptos permitirán calibrar al lector, siquiera someramente,el verdadero alcance de “la amistad y la concordia” pregonadas por Aguinis. Otrosí el amplio concepto que lo asiste sobre la libertad de expresión.

Lo sorprendente ahora es que me atribuya la invención de una “ensalada”, que bien quisiera yo fuera fruto de mi magín antes que retrato de la cruda realidad. Porque al margen de la imperfecta cita que hace de mis escritos, y del error intencional de afirmar que he sostenido que la presidenta es judía, la verdad es que —ante el cúmulo de evidencias incrementadas en estos años— nada cuesta probar que los Kirchner cultivan la mejor relación con los lobbies israelíes, fuera y dentro del país. Como nada cuesta probar el apoyo masónico del que goza esta gestión, la revolución gramsciana que groseramente ejecuta, los homicidas del terrorismo marxista que la acompañan y el vejamen nacional que se consuma a diario. ¿Puede negar alguien —y es apenas un magrísimo enunciado— los connubios reiterados y públicos de Cristina con entidades internacionalistas hebreas como el Congreso Judío Mundial, el Comité Judío Americano o la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela? ¿Puede negar alguien la atroz puesta en marcha del Decreto 1086/05 o la Ley Nacional de Educación, de explícitos cuanto ominosos postulados gramscianos? ¿Puede negar alguien la declaración oficial de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, publicada en el Nº 68 de la revista “Símbolo”, de noviembre de 2007, dando su beneplácito al oficialismo triunfante y advirtiendo que “ahora vamos por más”? ¿Puede negar alguien que se cuentan por racimos los antiguos guerrilleros y sus secuaces que integran hoy el poder del modo más inverecundo y rencoroso jamás imaginado?

No; no he sido yo el fabricante de esta sórdida y tenebrosa “ensalada” que indigesta, intoxica, enherbola e incrimina a la patria. Apenas si podría blasonar de ser uno de los testigos y cronistas de tan perverso revoltijo.

Aguinis, en cambio, tiene antecedentes suficientes como para contarse en la lista de los condimentadores y sazonadores de tan amarga pócima. Ya hombre público del Alfonsinato, aquel engendro contracultural del PRONDEC lo tuvo como ideólogo. Ya bestsellerista avezado del odium Christi, “La Cruz invertida” lo tiene por culpable. Ya oportunista del negro oficio de destruir a las Fuerzas Armas, la “Carta esperanzada a un General”, lo tuvo por artífice.

No podría, pues, en conciencia, corresponderle la gentileza de la inimputabilidad que creyendo agraviarme me adjudica. Antes bien, su figura y su trayectoria, integran la nómina de los imputables de los que algún día deberán rendir cuentas ante Dios y la Nación Argentina.

ANTONIO CAPONNETTO
Director de Cabildo

jueves, 2 de octubre de 2008

Cinematográficas


“Batman, el caballero de la noche”

BATMAN
LEYÓ A
SOLZHENITSYN


“¡Si todo fuera tan sencillo! Si en algún lugar existieran personas acechando para perpetrar iniquidades, bastaría con separarlos del resto de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien del mal pasa por el centro mismo del corazón de todo ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo fragmento de su propio corazón?” (Alexandr Solzhenitsyn)

Creo que lo más conveniente será aclarar, de entrada, que Batman: el caballero de la noche (Christopher Nolan, 2008) no es una “película para chicos”. En absoluto. Tampoco puede catalogársela como una de esas estupideces de acción o de aventuras o de superhéroes, adocenados productos más dirigidos a primates mascapochoclos que a espectadores sensibles y con capacidad de pensar. Nada de eso. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera es una “película de Batman”; en todo caso, es una película de El Guasón, la primera de ellas —y la última, si consideramos que el talentoso actor australiano Heath El patriota Ledger murió sin verse en la pantalla convirtiendo a El Guasón en uno de los villanos más villanos de la historia del cine—. Estamos, sí, ante una obra de arte compleja y cerebral y oscuramente retorcida, que trasciende en toda la línea al original espíritu de los personajes de la legendaria historieta del dibujante Bob Kane en que se inspira con tamaña libertad.

Ayudado en los guiones por su hermano Jonathan, el director y guionista inglés Christopher Memento Nolan viene como Del Potro, con cuatro excelentes títulos consecutivos bajo el brazo: Noches blancas (2002), Batman inicia (2005), El gran truco (2006) y la que nos ocupa en la presente nota, estrenada casi simultáneamente en cuarenta países en julio de este año como The Dark Knight —y nótese la sugestiva ausencia de la palabra “Batman” en el título mismo.

En todas estas películas, Nolan parte de situaciones y temáticas sencillas, para luego ir enredando y sorprendiendo al espectador con tramas que se fortalecen de complejidad y significación a medida que avanza el relato.

En ese sentido, Batman: el caballero de la noche puede resultar complicada más que compleja, sensación que en todo caso despejará una segunda vista.

La negra imaginación de Nolan se apoya en los lugares comunes de las anteriores entregas de Batman y sus archienemigos —recuérdense las recargadas versiones de Tim Barton (Batman, 1989, y Batman regresa, 1992), como así también los discotequeros, oligofrénicos y putoides bodrios de Joel Schumacher (Batman Forever, 1995, y Batman & Robin, 1997)—, para destruirlos y hacer con ellos otra cosa. ¿Qué puede llevar a los seres humanos hasta su propio límite?, parece preguntarse y preguntarnos el autor con esta excepcional parábola fílmica. ¿Hasta qué extremos morales puede presionarse a un alma noble e irreprochable para que se cumpla aquello de que no hay peor corrupción que la corrupción de los mejores?

Y es nada menos que El Guasón quien parece tener la respuesta a estos interrogantes. El Guasón, más malo que nunca en esta composición siniestra de Heath Ledger, es más una entidad espiritual —demoníaca, por supuesto— que un hombre de carne y hueso. De origen ignoto y empaque roñoso y grasiento, vestido prácticamente con harapos y pintarrajeado con una máscara repugnante, alejado años luz de las payasescas interpretaciones que del personaje lograron los grandes César Romero y Jack Nicholson, este Guasón consigue hacer caer en sus trampas a la idealista trinidad que pretendía salvar de la Mafia a Ciudad Gótica. Así, el Teniente Jim Gordon (Gary Oldman), el Fiscal de Distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart) y Batman (Christian Bale) entran en el juego de este personaje casi imposible de vencer. Porque al Guasón pergeñado por Christopher Nolan no le interesan ni el poder ni el dinero ni las mujeres, y tampoco es un psicópata asesino. Es, simplemente, el agente del Mal por el Mal Mismo.

En palabras que le pido prestadas a don Enrique Díaz Araujo, este Guasón es un Rebelde de la Nada, la personificación perfecta de la anarquía y la revolución. Y esta interpretación sociopolítica no es antojadiza ni está fuera de la cosmovisión de la película: lejos de eso, lo insinúa el mismo Guasón al hablar de sí. Y al respecto ténganse en cuenta las milagrosas referencias que hace el guión a la Dictadura como una institución clásica, no sólo posible sino en ciertos casos necesaria. Y ni qué hablar de ese irrefutable y explícito mentís al sufragio universal que emana de la escena de los barcos —mucho más detalles no puedo revelar—, acaso uno de los más angustiantes y posteriormente esperanzadores momentos que se hayan visto en el cine y que consigue salvar del nihilismo a una película tenebrosa como pocas.

Frente al horror, frente al caos en que se va convirtiendo la Ciudad, Batman aparece como en un consciente e impotente segundo plano, como si estuviese desdibujado a sabiendas por los hacedores de la película. Forzado a la tortura e imitado por quijotescos seguidores, pensando en un estratégico retiro y arrastrado por El Guasón más allá de su propio límite —como son arrastrados asimismo el Teniente Gordon y el Fiscal Dent, quien devendrá en el dilemático monstruo Dos Caras, con el alma y el rostro equilibradamente desfigurados—, Batman tendrá que hacerse pecado en su propia carne para salvar el Bien Común. Asistirá a la inconcebible destrucción de la batiseñal —¡a hachazos, y propinados por el mismísimo Teniente!—. Se volverá un vigilante nocturno perseguido, apenas un ilegal. Por eso será “mucho más que un héroe”, como dictan las palabras de despedida.

Pero… ¿qué clase de héroe? El espectador avisado —y me abstengo de revelar un elemento clave que hace a la ética del poder— podrá advertir que los buenos de esta película no entonan precisamente un decidido canto de amor a la verdad.

No obstante, y parafraseando el epígrafe con que encabecé este artículo, Batman destruye su propio corazón para salvar el de todos nosotros. Vale la pena concelebrar semejante inmolación desde una butaca y entre las protectoras sombras del cine. Porque afuera de la sala está demasiado oscuro.

Marcelo Di Marco

miércoles, 1 de octubre de 2008

Guiones de estilo


ASÍ ERA
NUESTRO CAUDILLO

Faustino Moreno Villalba nació en Carpio de Tajo (Toledo) en 1933. En su temprana juventud ingresó en el Seminario de Toledo, donde se ordenó sacerdote. Ejerció su ministerio en distintos pueblos de la diócesis de Toledo. En 1969 se estableció en Madrid y ejerció en la parroquia de Santa María la Blanca, y posteriormente en la de San Saturnino, de la cercana población de Alcorcón. Su apostolado preferido, según cuenta, ha sido con la juventud y los obreros, y a nivel general ha reparado en fomentar la vida eucarística entre sus feligreses.

Le ha gustado también indagar en los archivos parroquiales y averiguar la historia de sus antepasados, convencido de que esa historia serviría de estímulo para que vivieran su cristianismo en el presente con más generosidad y agrado. Ha escrito diversos libros, entre los que cabe destacar la “Historia de Alcorcón”, que no existía anteriormente, “Narraciones alcorconesas”, “Alcorcón poético”, “Nuestra Señora de los Remedios”… y posteriormente “Franco, héroe cristiano en la guerra”.

— Entre su intensa actividad se encuentra su dirección en la revista “Alcorcón Gráfico”. ¿qué intenta reflejar en sus páginas?

— El presente de Alcorcón, su evolución desde todos los aspectos. Quiero que sirva de acta mensual de la evolución histórica del pueblo. La revista es pluralista, ya que recoge todas las tendencias y opiniones que quieran manifestarse a través de sus páginas, aunque predomina la tendencia nacional. Por ello es evidente que no tenga ningún tipo de apoyo oficial.

— Centrándonos en su último libro, ¿por qué ha escrito “Franco, héroe cristiano en la guerra”?

— Me ha movido a escribirlo un sentimiento interior de tratar de hacer justicia a un hombre que creo se merece el agradecimiento de todos los españoles, incluido el de sus enemigos. En España, después de su muerte, se ha actuado respecto de él con conductas indignas. Así pues, y como acto de desagravio y reparación, he tratado de informarme e investigar sobre sus orígenes y trayectoria tanto en su vida particular como en la sociedad, descubriendo que ha sido tan ejemplar y tan digna de imitar que me siento orgulloso de haberlo descubierto y publicado.

— ¿Por qué el título “Franco, héroe cristiano…”?

— Porque trato de exponer cómo a través de su vida hasta el primero de abril de 1939, que discurrió primero en la guerra de África y luego con la española, brillaron sus virtudes cristianas junto con las cualidades del héroe en la guerra. Esas cualidades lo hacen, por ello, protagonista.

— ¿Qué relación tenía Franco con la Iglesia?

— La de un hijo con su madre. Lo mismo que fue un ejemplo de hijo natural para con su madre doña Pilar, así lo fue con la Iglesia.

— ¿Y la relación de la Iglesia para con él?

— En un principio y hasta el Concilio Vaticano II, la Iglesia estuvo de lleno con él, aprobó toda su legislación e incluso fue alabada, llegando Pío XII a declarar: “El Caudillo Francisco Franco es el hijo predilecto y el más querido por la Iglesia entre los jefes de Estado”. Después del Concilio, Franco está con toda la doctrina de él emanada, aunque lo sorprenden algunas corrientes que emergen.

Esto mismo también le ocurre a los obispos españoles. Hay que hacer notar que algunos prelados, como Tarancón, intentan hacer ver que ellos ya estaban en la vanguardia del postconcilio incluso antes de que éste se celebrara, cosa que no era cierta porque antes del Concilio estaba en la línea de Guerra Campos… Posteriormente a la muerte de Franco aparecieron sectores ingratos con su memoria. Hay que poner de relieve que dichos sectores son los menos comprometidos con el Evangelio. Es de notar que éstos pidieron incluso en una Asamblea conjunta celebrada en Madrid que la Iglesia pidiera perdón por su colaboración con Franco durante la guerra. Ahora se han aliado, casi inconscientemente, para postergarlo al olvido.

— ¿Le cae bien el calificativo de «Cruzada» a la guerra española?

— Según prelados eminentes y sabios religiosos le cae de lleno.

— ¿Qué entendía Franco por justicia social?

— La correcta y adecuada participación de todos los españoles en los frutos o bienes materiales y espirituales de España. Sus ideas de justicia social le venían de las Encíclicas y de la Falange.

— ¿Qué entendía por progreso?

— El conducir a España de ser la última potencia mundial a la novena, como así lo consiguió.

— El ciudadano ¿tomó conciencia de este progreso?

— Sí, pero los políticos actuales, con su demagogia, quieren dar a entender que este cambio sin Franco también se hubiese producido.

— ¿Se puede hablar de Franco héroe cristiano en la paz?

— Este título es un proyecto para un próximo libro, porque él dio a España la era más larga de paz y prosperidad, y lo consiguió brillando por sus virtudes cristianas tanto en sus relaciones para con todos los españoles como en sus relaciones con el extranjero.




Nota: Esta entrevista, realizada por Antonio Lucena, fue publicada por la revista “Fuerza Nueva” en su nº 897, de septiembre de 1985.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Santo Súbito


HOMENAJE A S.S. PÍO XII

PASTOR ANGELICUS


A CINCUENTA AÑOS
DE SU PIADOSO TRÁNSITO


(1958 – 9 de Octubre – 2008)

“No, ahora no morirá Cristo entre las humillaciones del Calvario. La fe conseguirá la victoria sobre la apostasía […] Con su gracia divina le levantaremos un trono y lo haremos adorar por las almas y por todos los pueblos de la tierra”.

(Cardenal Pacelli. Congreso Eucarístico Internacional. Buenos Aires. 1934)


PROGRAMA DE HOMENAJES


Viernes 3 de Octubre

19.30 hs.: Solemne Misa en la Iglesia Catedral de La Plata.

Celebrada por el R. P. Hernán Remundini.

20 hs: Dr. Hugo Verdera

“La leyenda negra contra Pío XII”

Jueves 9 de Octubre

18 hs.: Inauguración de una muestra gráfica sobre la vida y

pontificado del Siervo de Dios Pio XII.


20 hs.: Prof. Juan José Alonso Grela

“Pío XII. Imagen de un santo de su tiempo”.

Viernes 10 de Octubre

18 hs.: Proyección del documental

“Congreso Eucarístico Internacional de 1934”


20 hs.: Proyección del documental

“Pastor Angelicus”

Viernes 17 de Octubre

20 hs.: Sra. Marta Olivero

“La revolución anticristiana, a la luz del magisterio de Pío XII”

Viernes 24 de Octubre

20 hs.: Dr. Mario Caponnetto

“Pío XII y la moral médica: un pensamiento precursor”

Viernes 31 de Octubre

20 hs.: R. P. Fr. Gustavo del Santísimo Sacramento, cap. r.

“Pío XII y los grupos de oración”



“Cuando uno se acerca sin prejuicios ideológicos a la noble figura de este Papa, además de quedar impresionado por su elevado nivel humano y espiritual, es conquistado por su vida ejemplar y por la extraordinaria riqueza de sus enseñanzas”.

(S.S. Benedicto XVI. Castelgandolfo. 18 de septiembre de 2008).


SALÓN “SAN FRANCISCO DE ASÍS”

CATEDRAL DE LA PLATA

Calle 51 entre 14 y15


Consultas:

Centro de Estudios Gral. Manuel Belgrano

Calle 44 Nº 828/30

Tel.: (0221) 483-7846




domingo, 28 de septiembre de 2008

El Alcázar invicto


DOCUMENTAL SOBRE
EL ASEDIO
DEL ALCÁZAR
DE TOLEDO
Y SU LIBERACIÓN

El siguiente video es una película documental del NO+DO, al cual le han sido quitados los títulos y (en forma inexplicable), el final.

Veamos de qué se trata, antes de seguir:



Como vemos que ha sido abruptamente cortado, les ofrecemos a continuación el final, en otro vídeo —coloreado pero lamentablemente de menor calidad— que pueden descargar desde el siguiente enlace:

VIDEO DEL ALCÁZAR


Pidámosle a Nuestra Señora del Alcázar, cuya imagen alumbra estas líneas, que sepamos ser dignos del legado de los héroes.


Valientes defensores del Alcázar,

¡Presentes!


Todos los Caídos por Dios y por España,

¡Presentes!


sábado, 27 de septiembre de 2008

Poesía que promete


BLASÓN DE ESPAÑA

  • I

Las piedras del Alcázar de Toledo
—piedras preciosas hoy— vieron un día
al César, cuyo sol no se ponía,
poner al Mundo admiración y miedo.

Sillares para el templo de la Fama,
palacio militar, a su grandeza
el arte dio la línea de belleza
que una vez más desdibujó la llama.

Hoy, ante su magnífica ruina,
honor universal, sol en la Historia,
puro blasón del español denuedo,

canta una voz de gesta peregrina:
“¡Mirad, mirad cómo rezuman gloria
las piedras del Alcázar de Toledo!”

  • II

General Moscardó: Guzmán el Bueno,
la suprema lealtad el mundo llama.
Mas hoy tiene la lengua de la Fama
de Guzmán el Mejor el aire lleno.

Insuperable hazaña —se decía—
los muros de Tarifa contemplaron.
Y, para nunca más volver, pasaron
aquel hombre y la España de aquel día.

Maravillosamente desmentido
fue tal decir. A la asombrada Historia
tu pobreza sin nombre desengaña.

Hoy fue más grande que el ayer ha sido.
No faltó España a la suprema gloria,
ni otro Guzmán a la tremenda hazaña.

Manuel Machado
el Bueno