martes, 30 de abril de 2013

Cultura de la vida


EL ODIO Y LA MENTIRA
DE LOS ABORTISTAS
  
  
Un país inquietante y gris, que se cae a pedazos, un Estado que destruye ya no lo que toca, sino hasta lo que mira, ahora arrancó contra la vida. Digo, contra lo que quedaba de la vida, o sea contra el inicio de la vida.
  
De las otras vidas, la de los niños y los adultos ya se habían ocupado o des-ocupado y agraviado bastante.
  
Quedaba sí, la vida más inocente y desamparada que pueda imaginarse, como es la del embrión en el vientre de la madre.
  
Y contra ella fueron.
  
Ferozmente, según acostumbran.
  
Claro que viniendo de los K sólo se puede esperar lo peor, porque para eso están, y ese es su credo, odio, muerte, mentira.
  
En cambio llaman un poco la atención, apenas un poco más, los medios, los periodistas y sobre todo las mujeres de los medios. Y no es que tuviéramos buenas expectativas acerca de Ruiz Guiñazú, Sarlo, Ripoll, o Plager, o tantas otras que declararon su felicidad por haber abortado, o por su fervor abortista. Pero sobre todo en el primer caso, debemos preguntamos no sólo sobre el porqué de ese odio tremebundo, sino también acerca de la manera de expresarlo. Fondo y forma en el entramado del odio, preocupante declaración de la más grande hostilidad  hacia la vida.
  
Escuchándolas, uno diría que nada parece aplacarlas fuera del aborto. Para ellas no hay otro camino diferente al de matar. Niegan a la mujer embarazada las mínimas formas de apoyo ya sea psíquico, humano, social, tampoco aceptan la posibilidad de la adopción, porque en el fondo desconocen la caridad, “parecería —bien dice Conrad— que la selva se hubiera apoderado de sus corazones”.
  
Por eso cada vez que se hace pública una cuestión vinculada a la defensa de la vida (ya sea al comienzo o al final) salen de sus cuevas las vanguardias del cambio, los que “abren las cabezas” de la sociedad, legisladores, escritores, comunicadores, filósofos y otras yerbas exigiendo que “otros” (generalmente los médicos) maten inmediatamente a la persona en cuestión.
  
No deja de ser extraño que para estos tipos (y tipas), para los paladines de los derechos humanos, matar pueda ser considerado la solución.
  
Algunos dicen que como la ciencia les va achicando el verso y no tienen argumentos científicos válidos en que fundar esa exigencia tremebunda de muerte y de muerte inmediata, solo les quedan la ideología y… los gritos. Por eso gritan cada vez más fuerte, y agravian cada vez más bajo.
  
Pero en estos últimos años, los descubrimientos científicos acerca del comienzo de la vida son de tal precisión y jerarquía  que ignorarlos, o negar esas certezas, no se puede lograr así nomás, ni siquiera con los chillidos de un zoológico entero.
  
Valgan a modo de ejemplo —entre muchos— dos o tres hallazgos de la biología y la genética absolutamente concluyentes.
  
En primer lugar en el cigoto, la primerísima forma de vida unicelular, fruto de la unión de óvulo y espermatozoide, ahí, ya están activos siete genes. Pensemos que esa célula es además la más especializada que pueda existir, en el sentido de que ninguna otra célula poseerá jamás las mismas instrucciones a lo largo de la vida del individuo que acaba de ser creado.
  
Debemos decir que a partir de la formación del cigoto y en el proceso que sigue a partir de ahí, la célula primordial tiene autonomía para auto duplicar el material genético, además lo hace siguiendo pasos coordinados de complejidad creciente y mediante una progresiva diferenciación hacia formas cada vez más complejas y siempre con una orientación definida que ni se puede detener ni puede retroceder hacia etapas anteriores. Es decir que a partir del conocimiento de la dinámica del desarrollo embrional se puede ver que desde el inicio se trata de un organismo autónomo poseedor de todas las herramientas  para alcanzar su pleno desarrollo.
  
Por si esto no alcanzara, el genetista inglés Jeffrey a fines de los noventa hizo un descubrimiento realmente extraordinario, él probó que a partir del estadio de 3 (TRES) células ese individuo es único, rigurosamente diferente de cualquier otro individuo. Él fue quien descubrió la denominada huella digital de ADN contenida en las partes del ADN que no contiene genes y demostró que la posibilidad que se repita esa huella en otro individuo es un número casi inexpresable, y dificultosamente imaginable, tanto así como uno en 5000 billón de billones.
  
El último argumento que mencionaremos, tiene que ver con la inmunidad celular. Específicamente con las llamadas moléculas HLA (Human Leucocyte Antigen). Carossella, un científico argentino radicado en Francia, descubrió que, pocos días después de que se forma el cigoto y antes de que se implante, en el cuerpo materno se origina la molécula HLA-G que permite la implantación del huevo fecundado en el útero, sin que lo destruyan las células defensivas maternas.
  
Es decir que el cuerpo de la madre reconoce en el feto características inmulógicas claramente distintas a las suyas y sus defensas lo destruirían a no ser por la molécula HLA-G que permite la tolerancia feto maternal.
  
Bastarían estas tres referencias científicas para acabar con tanta mentira repetida hasta el hartazgo. Una de sus ficciones preferidas, es  la que dice que la mujer con su cuerpo hace lo que quiere, —la ciencia, recién lo vimos,  demuestra todo lo contrario— que no es su sino otro cuerpo y otra persona, nueva y distinta lo que está en su vientre.
  
Si hasta dentro del fatigoso repertorio de payadas y mentiras, se las ingeniaron para incluir al pensamiento mágico. Parece que, según esta gente, llegado a un determinado número de semanas de gestación, acaso por obra y gracia de algún encantamiento, surge un ser humano. Lo que antes era un montón de células, una nada, ahora, de golpe, es un hombre. A nadie puede escapar lo ridículamente absurdo del planteo, que ignorando las certezas o negando las evidencias biológicas, es lo mismo, intentan ponerle distintas fechas al comienzo de la vida, exclusivamente para  acomodar el momento del aborto a lo que les convenga, ó les venga en gana.  Es evidente que también el odio miente.
  
Pero es que también los datos epidemiológicos dicen otra cosa respecto a proteger la salud de la madre. En Irlanda, por ejemplo, donde el aborto es ilegal casi siempre, la tasa de mortalidad materna es 5 por cada cien mil nacidos vivos, tres veces inferior a la de Reino Unido, 13 por cien mil nacidos vivos, y a la de Estados Unidos, 17 por cada cien mil nacidos vivos, países en los que aborto es ampliamente permitido. Chile, donde el aborto está muy limitado, tiene una de las tasas de mortalidad materna más bajas de América latina, más baja que en Cuba en donde el aborto no tiene restricciones.
  
Naturalmente esta breve información científica no pretende abarcar en su totalidad un tema de esta magnitud y gravedad. Si dar algunos elementos para tratar de desenmascarar tanta falsedad agresivamente repetida sin otro propósito que justificar un crimen.
  
El registro Eurocat informa que en Francia el 96% de los fetos Down es abortado. Al respecto hace pocos años un diputado parisino declaraba. “La verdadera pregunta que me hago es por qué queda ese 4 por ciento”. Está claro que el hombre sin Dios, parece estar recorriendo todas las profundidades del horror y todo indica que se siente cómodo y hasta satisfecho en ese territorio. Esa progresiva acentuación del espanto que se acercaba, la percibía Salvatore Quasimodo:
  
“Eres aún aquel de la piedra y de la honda, hombre de mi tiempo.  Yo te he visto, dentro del carro de fuego.  Te he visto, con tu ciencia exacta dispuesta al exterminio.  Eras tú, sin amor, sin Cristo”.
  
Miguel De Lorenzo
  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estiamdos, hace unos años atrás leí un artículo que en la ex Unión Soviética, el aborto estaba permitido pero el estado ante esta situación hacía todo lo posible para que la mujer embarazada no aborte, le brindaban toda la ayuda posible. Lejos estoy de alabar dicho régimen pero me quedó la inquietud, nosotros en que categoría estamos?
saludos
Rodrigo Stehl

shl2008 dijo...

Cada vez que surge este tema, realmente me revuelve las tripas. Aún cuando la enfrento, puedo aprender a convivir con mucha basura progresista actual; pero con este asunto, no hay vuelta que darle: me arruina el día cada vez que surge. Trato de pensar bien de la gente, y quiero pensar que quienes defienden el aborto son gente profundamente equivocada, porque la opción que me queda es pensar con son verdaderos hijos de su madre, que -por suerte para ellos- decidieron no abortarlos. Lo peor del caso es que nuestra dirigencia política, en mayor o menor medida, lo apoya. Son honrosísimas excepciones las que se pronuncian sin tapujos a favor de la vida. Saludos, shl2008

Anónimo dijo...

DE NEGRO VA LA SEÑORA
SIEMPRE VESTIDA DE NEGRO
Y NO ES POR SU MARIDO
QUE HACE RATO QUE SE HA MUERTO.
LLEVA LUTO POR LA PATRIA
QUE ELLA HA IDO PARIENDO,
DESTRUYENDO CON SU IRA
LO QUE OTROS ERIGIERON.

MUJER SIN CONCIENCIA ALGUNA,
VACIA DE AMOR O AFECTO,
NO ACEPTANDO UNA OPINION,
UNA PALABRA, UN CONSEJO.
ABRIGA SU SOLEDAD
ACUMULANDO DINERO,
POBRE, POBRE ESTA SEÑORA
QUE NO TIENE NADA BUENO.

VA CAYENDO POCO A POCO
SU DELIRIO SE AGIGANTA
Y YA SE SIENTE UNA REINA
RODEADA DE ORO Y DE PLATA,
CON SUS SUBDITOS AL PIE
TODOS CON CABEZA GACHA
Y ELLA UNA DIOSA SE CREE
Y VA CON LA FRENTE ALTA .

¿NO SE CANSARA –PREGUNTO-
DE DISCURSEAR CON TAL SAÑA
CARGANDO LA TINTA EN COSAS
QUE NO TIENEN IMPORTANCIA?
¿NO SE MIRARA AL ESPEJO
Y DIRA QUE ESTOY HACIENDO
ESTOY CANSADA QUE SIEMPRE
ME DIGAN LO QUE YO QUIERO.

LA LOCURA DEL PODER
LA CODICIA Y LA AMBICION
LLEVADAS A TAL EXTREMO
UN FINAL HA DE TENER.
PORQUE AL LLEGAR TAN ARRIBA
ESTA SOBERBIA MUJER,
SOLO UNA COSA LE QUEDA
Y ES SIMPLEMENTE…………CAER.

Ana Cordeyro

Manfredo dijo...

Hace mucho tiempo me pregunto qué diferencia hay -aparte del sexo- entre las aborteras y el doctor Mengele. Personalmente y teniendo en cuenta lo dicho por la historia oficial, no encuentro diferencias, excepto que el doctor Mengele, además de ser varoncito, no asesinó a sus hijos.