martes, 13 de diciembre de 2016

Reportajes


Ha llegado a nuestra mesa de trabajo este reportaje,
 que nos parece interesante compartir.

ENTREVISTA AL
HERMANO FRANCISCANO

ALEXIS BUGNOLO, O.M.C.
Por Luis Álvarez Primo

Nos encontramos en Richmond, New Hampshire, Estados Unidos, en las instalaciones del Saint Benedict Center donde se desarrolla su Conferencia Anual bajo el título “Keeping the Counter reformation going” (Manteniendo vivo el espíritu de la Contrarreforma). Como parte del programa, asisitmos a la presentación de la iniciativa: “A true work of mercy: A new order of Crusaders” (Una verdadera obra de misericordia: una nueva orden militar de cruzados). Para conocer más al respecto entrevistamos a su inspirador el hermano franciscano Alexis Bugnolo. Director del gran Archivo Franciscano, traductor de la obras de San Buenaventura, y de San Francisco de Asís, y responsable de la extraordinaria y magnífica edición de los cuatro libros con el comentario de San Buenaventura al libro de las sentencias de Pedro Lombardo. El Hermano Bugnolo es quizá el más grande medievalista experto en las cruzadas en el mundo hoy.

Luis Álvarez Primo: Hermano Alexis, ¿podría informar a los católicos argentinos con más detalle sobre esta iniciativa, esta nueva orden militar de cruzados católicos?

Alexis Bugnolo: La Ordo Militaris Catholicus es una iniciativa de defensa y seguridad internacional de católicos para hermanos y hermanas católicos que sufren persecución a causa de su fe, y cuya defensa y liberación requiere intervención militar y acciones de seguridad en el marco de las leyes nacionales e internacionales en los lugares donde se solicite y se permita nuestro ingreso.

LAP: ¿Dónde se encuentra la Orden?

AB: A fin de cumplir con los objetivos de nuestra asociación religiosa, hemos constituido en los Estados Unidos una Sociedad Anónima en Wyoming (a Wyoming C-Corporation) , con el nombre legal de Ordo Militaris Inc, (“Private Military Corporation”) para llevar a cabo las iniciativas de defensa y seguridad que la Asociación decida emprender. Ya está a poco de concretar la adquisición de un campo de entrenamiento en un monasterio abandonado.

LAP: ¿Cómo se vincula esta orden con los cruzados de antaño?

AB: Se inscribe en la tradición de los valientes católicos de la Edad Media, quienes dejaban familia, hogar y nación para ir al extranjero al rescate de cristianos perseguidos por su Fe, dando su vida y miembros. Aquellos católicos tenían claro el derecho y el deber de armarse en defensa del reino incoado de Cristo, de la Iglesia y de la Fe. Los cruzados, a diferencia de la mayoría de los católicos de hoy, no habían sido desarmados intelectual, psicológica, moral y espiritualmente por la masonería, como sucediera en la modernidad bajo el liberalismo y su perversa doctrina de la tolerancia, hasta el día de hoy. Sin el derecho a defendernos con las armas no somos verdaderamente libres. Tal es la prisión mental e ideológica en que la masonería ha metido a los católicos, haciéndonos perder el sentido común católico. De ese molde, de esa prisión ideológica masónica, de esa cerrazón mental, debemos liberarnos. De manera que hemos emprendido esta iniciativa de defensa y seguridad muy concreta, a fin de armar voluntarios que se integren a milicias para socorrer a católicos y cristianos en situación de grave riesgo; por ejemplo, hoy en Irak, donde todavía están siendo masacrados por ISIS o DAESH. En Irak hasta hace poco había más de tres millones de cristianos y católicos, asentados ahí desde hace 2000 años, que vivían en paz. Hoy, después de tanta destrucción y genocidio, sólo quedan seiscientos mil y en estado de extrema necesidad, tanto de ayuda humanitaria como de soluciones de seguridad, que sólo una asociación privada militar puede ofrecer legalmente.

LAP: ¿Qué recepción tiene esta iniciativa entre los católicos?

AB: Algunos reaccionan positivamente y se acercan para colaborar de diverso modo. Otros, a pesar de que se llenan la boca hablando de la Vendée o de los Cristeros, se escandalizan o disimulan con escepticismo o se dan aires de superado pragmatismo.

LAP: ¿Qué distingue a esta iniciativa de otras de carácter humanitario?

AB: Nuestro esfuerzo es de carácter transnacional en el marco de las leyes y convenciones internacionales y se lleva a cabo en aquellos lugares donde nos lo solicitan. No tiene carácter político-partidario. Tiene una clara impronta moral y espiritualidad católicas, y un método de colaboración e intervención privado distinto de los programas y políticas de los estados nacionales soberanos. En una palabra, reitero, aspiramos a aportar soluciones específicas en materia de defensa y seguridad con la más elevada rectitud moral, y conscientes de que nuestra época tiende a ver en la religión un problema de seguridad más que una solución.

LAP: ¿Quiénes integran la Orden?

AB: Esta sociedad religiosa está conducida por veteranos de guerra norteamericanos católicos que desean servir a Jesucristo, Rey de Reyes y Príncipe de la Paz. Se integran con el grado militar obtenido al dejar el servicio activo. Ofrecemos a los veteranos de guerra norteamericanos o de otros países, con convicciones cristianas profundas y arraigadas, un modo único de aportar su experiencia profesional, sus habilidades y vocación al servicio de la defensa de hermanos en Cristo, indefensos y desamparados, en distintos lugares del mundo. También recibimos a aquellos que tengan vocación de adquirir experiencia militar y una formación moral católica sólida, a fin de cooperar en los fines de la Orden. Aspiramos a la formación de capítulos o subsidiarias de la Orden en otros países. Disponemos de una Regla que organiza y dirige la Orden. Un Gran Maestre, un Consejo de Doce Miembros y Consejos de Comandantes de Campo que se integran conforme las circunstancias de cada operación. Hay tres grados dentro de la Orden y un proceso y una ceremonia de iniciación que culmina en una promesa temporal estipulada de servicio. En nuestra página pueden informarse sobre cómo incorporarse, como colaborar, etc.

LAP: ¿Cómo se financian?

AB: Al tiempo que asumimos esfuerzos de asistencia humanitaria, en forma directa o a través de la provisión de soluciones de seguridad, llevamos adelante una robusta estrategia de negocios a fin de poder sufragar nuestros servicios y apoyar iniciativas humanitarias en curso, que requieran soluciones de seguridad en zonas de alto riesgo. Para lo cual ya hemos emitido y ofrecido al mercado dos series de acciones para inversiones de capital ‒no para la financiación de gastos corrientes u operativos‒ acciones serie “Y01- Y99” para la adquisición de una Campo de Entrenamiento y acciones serie “T01-T99” para la apertura de Capítulos en diversos lugares del mundo y, naturalmente, recibimos donaciones de diverso tipo.

LAP: ¿Existe hoy alguna entidad católica similar en el mundo?

AB: En la actualidad, y a través de todo el mundo occidental, no se registra una iniciativa cristiana de este tipo que combine seguridad y defensa junto a ayuda humanitaria, en un auténtico espíritu católico, en parte debido a que las obras de beneficencia clásicas o sin fines de lucro están legalmente excluidas de los programas de defensa y seguridad, y en parte porque desde hace algunos siglos las actividades de defensa y seguridad con carácter humanitario han caído en el olvido.

LAP: ¿La Orden aspira a difundirse por el mundo católico?

AB: Como dije antes, como parte de nuestra estrategia transnacional, buscamos establecer capítulos o subsidiarias en el extranjero a fin de aprovechar las diversas ventajas que ofrece una presencia internacional, así como la riqueza y variedad de recursos y talentos específicamente católicos de quienes comparten y valoran nuestro esfuerzo dentro del mundo católico.

LAP: ¿Por qué la Ordo Militaris se han dado la forma jurídica de una Sociedad Anónima o “Corporation”?

AB: Hemos establecido una sociedad privada militar, la Ordo Militaris Inc, con la forma jurídica de una Sociedad Anónima (Corporation C) asentada en Wyoming con fines de lucro, a fin de poder operar dentro de la ley de los Estados Unidos, con acceso a contratos de defensa, financiamiento de iniciativas cristianas de seguridad y defensa lícitas en el extranjero, y entrenamiento y formación de voluntarios que deseen servir con nosotros en misiones en el exterior.

Para mayores informes, pueden verse los siguientes enlaces:


Anexo:
La Regla de la Ordo Militaris Catholicus



1. A todos los católicos que desprecian una vida mediocre, la cual consiste en vivir para sí, y a quienes aspiran a mantener, proteger y servir la Fe Cristiana y el Reino de Nuestro Señor Jesucristo, en la tierra, mediante la defensa y la liberación de sus hermanos católicos, aún a riesgo de su propia vida y cuerpo, y a quienes han llevado una vida mundana, en la cual el servicio a Jesucristo no era su única ambición, los exhortamos a asumir la Compañía y la Hermandad de la Cruz con hombres a quienes Dios ha elegido de una masa de perdición y a quienes ha ordenado, a través de su Graciosa Misericordia, defender a la Santa Madre Iglesia, urgiéndolos a unirse en su compañía para siempre.

2. Por sobre todas las cosas, quien vaya a ser miembro de nuestra Orden debe unir en su profesión de fe, un espíritu de resuelta prontitud y diligencia junto a una firme determinación en la perseverancia, las cuales son manifestaciones de valor, santidad y nobleza, que si se preservan sin mancha en la vida, les hará merecedores de un lugar en la compañía de los mártires que dieron sus vidas por Cristo Jesús.

Aquí comienza la Regla de la Ordo Militaris Catholicus

3. Que todos los católicos que renuncian a su propia voluntad para servir al Soberano Rey del Universo, Cristo Nuestro Señor, para la salvación de sus almas, y durante un período estipulado de tiempo en esta Orden, se esfuércen en todo tiempo y lugar, con pureza de deseo, a fin de escuchar Misa diaria, doquiera se hallen, y si eso no fuere posible, recen doce Padrenuestros con un Requien Aeternam por las almas necesitadas. Y reciban la sagrada Eucaristía con las debidas disposiciones; si es necesario, después de piadosa confesión.

4. Si un soldado u otro hombre de cualquier condición desea dejar atrás la masa de perdición y abandonar una vida mundana y compartir nuestra empresa, no se le consienta ser recibido inmediatamente, pues como enseña el apóstol San Pablo, “Prueba cada espíritu para ver si es de Dios”. Pero si se lo hallare aceptable para cualquiera de los grados de pertenencia, léasele esta regla en voz alta, y si manifiesta voluntad de observarla celosamente, y agrada al Maestro o a su Delegado y a los Hermanos del lugar reunidos en capítulo, permítasele solicitar su incorporación a la Orden con un corazón puro, poniendo su mano derecha sobre el Evangelio, prometiéndose así, con rodilla genuflexa delante de la Cruz de Nuestro Señor:
Por el amor a Jesucristo, Nuestro Rey y Señor, prometo el servicio de “x” número de años con el grado de -------------------- (grado de servicio) en defensa de mis hermanos cristianos y para la liberación de personas, propiedades y tierras, aún a riesgo de mi vida y miembros; para cuyo propósito prometo obediencia al Maestro de la Orden y sostener la Cruz de Cristo. A lo cual todos los hermanos reunidos responderán:
Deus Vult! No hay mayor amor que dar la vida por amor a los hermanos! Fiat! Fiat! Amen!” Después de lo cual el Maestro o su Delegado dará al nuevo hermano una cruz de madera que deberá besar con reverencia. Ya de pie, que el Maestro o su delegado le impongan la insignia de Nuestra Orden diciendo: Benditos los hombres que merezcan portar nuestra insignia. Que sean suyos el honor y la gloria en el mundo por venir. Y que los hermanos le den la bienvenida.

5. Que en la Orden haya tres grados de servicio: Hombre de Voluntad, Hombre de Servicio y Hombre de Listas. El Hombre de Voluntad provee a sus propios gastos y no recibe salario; el Hombre de Servicio no busca salario pero acepta de la Orden un aporte para gastos; y el Hombre de Listas por las necesidades de su familia acepta un módico salario. Que el primero sea honrado, que al segundo se le agradezca y al tercero se lo respete.

6. Que todos los nuevos hermanos que alcanzaron rango militar en el mundo antes de su profesión de fe, conserven su rango en la Orden. Quienes fueron oficiales, que revisten entre los comandantes de campo: Los religiosos o clérigos que revisten como nuestros comandantes de consejo. Y que todos aquellos que se distingan en la batalla reciban el debido reconocimiento y honor.

7. Es obligación del Maestro y del Consejo decidir en todas las cosas relativas a la Orden; pero es deber del Consejo de Comandantes en el Campo planificar y ejecutar todas las operaciones militares y de seguridad decidas por la Orden. Que el Maestro sea uno y que los miembros del Consejo sean 12; que el Consejo de Comandantes sea integrado por tantos como sea necesario y útil y que todos los hermanos les obedezcan.

8. Que todos los hermanos con buena salud se abstengan de comer carne los viernes, en honor de la Pasión de Nuestro señor, excepto en Navidad, y que ningún hermano permita que otro se emborrache en ninguna época del año. Que nadie consuma nada que pueda alterar la disposición natural del cuerpo a su pureza o de la mente a la sobriedad.

9. Que todos los hermanos celebren las fiestas en honor de los patrones de Nuestra Orden con misa y una comida en común, siempre que esto sea posible.

10. Que ningún hermano provoque a enojo u ofensa de otro; tratando todos de mantener la paz y moviendo a la reconciliación cuando haya habido ofensa.

11. Que ningún hermano blasfeme o tome en vano el Nombre del Señor y de los santos, tratando de desarraigar ese vicio en los hábitos del habla. Y sopórtense unos a otros con paciencia sin desviarse de lo que es recto y justo en la Fe Católica.

12. Que ningún hermano transgreda la modestia cristiana, ni permita que otro lo haga; y que ninguno se permita nada conducente al vicio de impureza.

13. Que todos mortifiquen la carne tanto como sea necesario a su constitución particular; y que ninguno induzca a otro a la glotonería o el vicio.

14. Que todos los hermanos civiles, se esfuercen para entrenarse en las artes militares y en el discernimiento requerido para el  uso de las armas para el bien y no según las pasiones. Que custodien y protejan los bienes de la Orden y no permitan su mal uso o saqueo por parte de hermano o de enemigo. Y mantengan los equipos de combate en buen estado y listos para su uso.

15. Que todos los hermanos se encomienden a sí mismos y sus obligaciones a la Protección de la Sagrada Virgen María, bajo cuyo manto y por esta Regla hemos colocado a Nuestra Orden, y a todos aquellos a quienes servimos por amor a su Hijo. Amén.

Recomendamos que todos los que desean unirse a Nuestra Orden, primero lean este corto artículo sobre la obligación moral que se impone mediante la Promesa de cumplir nuestra Regla. Pledge of our Rule.
© 2016, Ordo Militaris Inc. All rights reserved.

Para comunicarse con el autor de la entrevista: luis.alvarezprimo@gmail.com

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin perjuicio que la posición afeminada de la Iglesia sobre todo en lo que respecta a los musulmanes ha sido letal para los católicos (y peor con este Papa que no termina de recibir degenerados, tránsfugas, etc) me parece que no es momento de tomar las armas sobre todo por la clara desventaja que tenemos hoy.La idea es buena pero inoportuna según mi ver.
PACO LALANDA

Catolicos Alerta dijo...

Esto me suena a "masonería blanca" tipo Opus Dei. es RARO, MUY RARO.

Anónimo dijo...

Seran entrenados para intervenir en paises que los entrenadores ayudaron a destruir...En fin daría ganas de reir si no fuera doloroso. En el ambiente católico la confusión es clarisima

Anónimo dijo...

Si no se le permite el ingreso estatal entonces los Cruzados no avanzan? Si un estado x no deja liberar a los catolicos perseguidos entonces reculan? mm

Anónimo dijo...

Los comentarios aquí muestran una gran ignorancia de la Fe Católica, la Historia Católica y el verdadero espíritu del Valor Católico.